viernes, 30 de enero de 2026

ELENA PRIETO URBANO. SÁTUR Y LOS AGUJEROS NEGROS

Sátur y los agujeros negros
Elena Prieto Urbano
Ilustraciones de Nacho Gómez
Ediciones Rojo y Negro, Colección Erizo Blanco
Valencia, 2026

 

LA MISIÓN DEL VERANO

  
   La barriada de la Elipa, en el distrito de Ciudad Lineal,  con una rica tradición histórica que se fortalece en el siglo XIX, cuando los terrenos pierden su condición de arrabal  para prolongar espacios en la periferia de la ciudad de Madrid, sirve de marco narrativo a la novela infantil  Sátur y los agujeros negros, amanecida literaria de Elena Prieto Urbano. La escritora madrileña, nacida en 1977, es maestra y Licenciada en Psicopedagogía por la Universidad Complutense y ha compartido en su itinerario personal el ejercicio de la docencia y la escritura, por lo que conoce muy bien los parámetros que definen las actitudes y valores de la infancia actual. Se percibe de inmediato en el transcurso narrativo de Sátur y los agujeros negros, un acierto editorial del sello Olélibros en su colección Erizo Blanco, ilustrado por Nacho Gómez.
   Para el lector atento no pasará inadvertida la cita del físico y cosmólogo Stephen Hawking: “Recuerda mirar arriba, a las estrellas, y no abajo, a tus pies”. El universo es un espacio infinito e inexplorado todavía y proclive al asombro. Un  laberinto dimensional que estimula la imaginación y cobija en sus agujeros negros realidades imposibles. Enriquece, por tanto, la visión más superficial, esa mirada apresurada que se llena con la realidad cotidiana y no encuentra altura.
  La escritora elige para dar verosimilitud y cercanía a la narración la primera persona. Así implica al lector como depositario de las aventuras de Inés, una niña “de diciembre” que vive con plenitud en la angostura del barrio. Hilvana un relato que mezcla instantáneas familiares y los trazos más singulares de un carácter rarito, si se compara con los éxitos sociales de Adriana, su amiga colegial, una experta sabelotodo que mira el entorno con la suficiencia de quien es rubia, guapa e inteligente, por lo que siempre está dispuesta a asomarse a la torpeza ajena con la prepotencia del agraciado por el destino.
   La voz narrativa se hace testigo y protagonista curioso de la vida sencilla de unas cuantas calles y de sus habituales moradores. El vecindario entremezcla sitios mágicos como el cine Galaxia, un lugar ligado a los primeros tiempos del ambiente vecinal y tiendas y plazas donde se mueve el tiempo laboral. Pero casi todo lo interesante discurre en el horario colegial, telón de fondo de una prolongada rutina que entremezcla un tiempo habitado por personajes reconocibles como Carlos y Adriana, en el que unen sus lindes infantiles pasado y presente.
   Todo da un estrepitoso giro cuando entra en escena el viejo Sátur, un hombre sabio fascinado por el universo, que derrama en sus palabras insólitas historias sobre los agujeros negros que, de inmediato, encienden la imaginación de los niños. Su condición de solitario dispuesto a compartir saberes concita la atención de jubilados y oyentes ocasionales. A ellos se suma de inmediato la pandilla de Inés, quien se convertirá en muy poco tiempo en ferviente admiradora de su sabiduría espacial y que transformará a la niña y sus amigos en aplicados espías, dispuestos a conocer la personalidad de Sátur en el barrio.
   La plaza del mercado es el lugar de encuentro de los amigos, cuando se liberan del ambiente de casa y de la vigilancia de los adultos. Allí inician sus tareas de espionaje y van sumando datos biográficos sobre el viejo Sátur, con la colaboración de los comentarios de otros vecinos y con sus propios descubrimientos sobre las actividades habituales del maduro científico. Poco a poco, se ganan su confianza y asumen los quehaceres de ayudantes dispuestos a colaborar en la construcción de un extraño vehículo espacial al aire libre, hecho con sillones desechados y una copiosa chatarra. Quiere construir una nave capaz de viajar al espacio y explorar algún agujero negro, donde descubrir algún planeta escondido.
   El regreso, tras el verano, depara a Inés y sus amigos desagradables sorpresas. Sátur ha desaparecido y nadie sabe la razón. Poco a poco la rutina diaria comienza a trastocarse con otras contingencias desagradables como la venta del cine Galaxia para convertir el local en centro comercial.  La realidad impone su crudeza y sus consecuencias no pasan inadvertidas para los paisanos. Poco a poco empiezan a tomar conciencia y se preparan las primeras movilizaciones. La fuerza de la razón no paraliza el desalmado progreso y el borrado de tantas vivencias comunes. Es la mano áspera de la globalización que niega cualquier utopía y enciende el compromiso vecinal.
   El quehacer creativo de Elena Prieto en Sátur y los agujeros negros tiene trazos muy claros: personajes cercanos, de carácter bondadoso, que encienden la empatía lectora, vocabulario coloquial para abordar tramas que enriquecen su trazado lineal con asuntos complementarios: la vida del barrio y sus relaciones vecinales, la importancia de la ciencia, los asuntos colegiales como la curiosidad, el estudio, pero también los abusos de algunos alumnos ante los más pequeños, y el cariño y respeto a los mayores que atesoran una gran experiencia vital. Son asuntos de cuidado perfil que apuestan por asentar en el discurso ficcional actitudes solidarias y valores éticos, como la amistad, el compromiso o el afán cultural.
   La realidad necesita un poco de asombro; el que deja Elena Prieto entre las páginas de su primer libro. Así que solo cabe celebrar la publicación y dejar un abrazo de enhorabuena.

JOSÉ LUIS MORANTE



 

 

 

 

 

 

  

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