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| Nước (Cuaderno de Vietnam) Juan Ramón Mansilla Poema de contraportada: José Luis Morales Fotografías de Juan Ramón Mansilla Ediciones Búho Búcaro de Poesía Colección Plaquette Poesía, nº 66 |
INVITACIÓN AL VIAJE
Nacido en la localidad conquense de Tribaldos,
en 1964, y docente de larga práctica en las aulas, como profesor de Historia,
Juan Ramón Mansilla cobija una poblada senda de entregas poéticas, iniciada en
el umbral de siglo con Los días rotos y El rostro de Jano. Ambas
salidas abrían cauce a una voz figurativa, alejada del hermetismo experimental,
que confiaba en los poemas como espacios comunicativos de claridad en el avance
argumental. Un propósito estético que ha sido santo y seña de todo el legado
poético del autor hasta el libro Manual para sacar un conejo de la chistera,
editado por Mahalta en 2025 en el catálogo poético que dirige, con atinado
rigor, el poeta Francisco Caro.
La plaquette Nước (Cuaderno de Vietnam), cuya traducción literal sería Agua (Cuaderno de Vietnam) recupera en el subtítulo una explícita
invitación al viaje, entendido con una doble polisemia: como desplazamiento y
recorrido de un espacio geográfico concreto; y como metáfora existencial que
convierte el latido diario en constante fluir: “Duermes. La arcilla que somos se hace ala”. La emotiva
dedicatoria de esta selección poética insiste en esa doble semántica: “Para
Maite, compañera de ese viaje y de este más largo de la vida”.
Las citas, extraídas de nombres propios de
canon oriental, profundizan en el concepto de viaje, más allá de la mera
observación de las características topográficas. No es una apropiación
sensorial sino un proceso que transforma la percepción en paisaje interior, en
profundidad y estado de ánimo. Juan Ramón Mansilla aporta además un buen puñado
de fotografías. Las imágenes construyen secuencias al paso, componen un paisaje
vitalista, enlazando detalles fugaces que, de este modo, adquieren quietud y
permanencia. Ante el viajero se expande un territorio nuevo, ajeno al hábito y
la costumbre, a la música callada de lo cotidiano: “Esta mañana han prolongado
los mirlos / su canto. ¿Presienten que nos iremos / y, durante unos días, nos
faltará su música?”. Así comienza un nuevo estar del protagonista lírico,
inmerso en las contingencias del transitar; una geografía desconocida que añade
a la retina nuevas sensaciones. Todo es apacible amanecida. Una epifanía
luminosa que contrasta con la grisura previsible y la anemia del gastado presente,
cuyo horizonte deja en ocasiones la sospecha de ser una línea perdida en el
cansancio, con la desolación de un territorio inhóspito.
En el poema “Pagoda del pilar único”, bajo la
luz cognitiva del budismo, el lenguaje de la introspección tiene un efecto
germinativo. La palabra busca la esencia invisible de los elementos del
entorno; su razón de ser; esas respuestas que cobijen unas briznas de luz tras
el cristal de la conciencia. Los versos conjugan sucesivas preguntas ante la fugacidad del tiempo, aunque también sean
efímeras tentativas de la madurez, ante la presentida ceniza existencial en los
dedos del aire. También la escritura no es más que un cúmulo de papelería
dispersa y volandera. De esa sensación de vulnerable levedad de la materia se
moldean algunos haikus: “Hojas de otoño. / Tirados en el suelo / cuántos
ocasos”; “Cauce del río. / Encima de la luna / croan las ranas”.
El conjunto poético Nước (Cuaderno de Vietnam)
integra poemas inspirados en la toponimia del paisaje; pero también
composiciones que dibujan el curso del pensamiento. Bajo el amparo de la
memoria se cobijan lugares de paso que respiran la brisa de un aire sosegado. En ellos, la luz se hace presente, abre una ventana al conocimiento. Quien ha sumado
pasos en amorosa compañía, retorna con la sensación de ser otro en el sostenimiento de la identidad, de haber purificado su existencia y
haber cauterizado la sed. 
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