miércoles, 19 de agosto de 2026

POÉTICA

POEMA

 

     
 
E-mail
 
El mensaje conciso,
sin tallo emocional,
sin hojarasca;
sólo el misterio
de la transparencia
y el hilo concesivo
del discurso coherente.
Que el teclado perciba
desnudez, eficacia,
y la respuesta fiel
del mensajero.
 
           JOSÉ LUIS MORANTE

martes, 18 de agosto de 2026

RODOLFO SERRANO. HOTEL EN LAS AFUERAS

HOTEL EN LAS AFUERAS
Registro de viajeros
Rodolfo Serrano
Prólogo de José Luis Morante
Lastura ediciones
Madrid, 2025

 

DESDE EL PONIENTE

  
   Una luz amarilla y gastada alumbra la distancia entre la madurez y el camino de vuelta de la senectud. Es un recorrido vital que enseña a bajar la voz y moldea, en la esfera de todos los relojes, el instante gastado de un presente continuo. Ya no resulta necesaria la prisa. El ahora convierte su cronología en un lugar doméstico, una sala de estar con ventanas a la memoria y con tertulia sensitiva con el pasado. Lo vivido muda en constante página en reconstrucción, donde todo tiene la textura de lo contingente. Solo las cuestiones esenciales de cada ecuación diaria preservan las incógnitas sin resolver.
   La palabra poética se convierte en crónica vital. Mira, con los ojos casi cerrados, un futuro que se diluye lentamente, mientras sus pasos rezagados conducen a ninguna parte. Mañana es un horizonte especulativo, un tranquilo páramo mesetario ajeno al maquillaje ampuloso y grandilocuente de la celebración. El pensamiento secuencia su fluir apoyado en la lógica de lo real, en la percepción sensible que depara el juego de impresiones de lo cercano. Así que la poética se convierte en una invitación a la confidencia sobre los procesos vitales que conducen al escepticismo y la decepción, al umbral del olvido.
   Siempre que regreso al quehacer literario de Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947) el yo poemático muestra un cálido carácter confesional. El poema se convierte en un espejo privado que necesita ahondar en lo que permanece y en la validez de la experiencia. Los versos alumbran un espacio compartido, una senda llena de sensaciones que recorre los paisajes interiores de la naturaleza humana. La voz explora los rasgos del sujeto marcados en el tiempo e indaga en la identidad de quien sale a descubierta desde la meditación para acercarse a sí mismo.
   Abunda en el poemario Hotel en las afueras la soledad desnuda de quien hace recuento de algunos paraísos perdidos: el amor, la belleza, la pasión, el deseo o aquellas arquitecturas sentimentales que cobijaban sueños, ilusiones y esperanzas.  La voz de quien recapitula sobre la existencia como estela de adversidad y pérdida. Casi todo lo que tuvimos está detrás. El acontecer dibuja los relieves de un áspero mundo que muestra las cicatrices del trascurrir, mientras sobrevuela un aire denso, de melancolía y nostalgia. La felicidad parece una vivencia ajena, un reflejo fósil encerrado en resina. Como sugiere el título, se busca un refugio compartido, una trinchera a resguardo para suturar las heridas abiertas y proseguir ruta en el tablero de lo cotidiano, con la esperanza puesta en la evocación, aun cuando la memoria haya convertido en hábito la tristeza como ensimismada compañía. Toca vivir rebobinando fragmentos, siendo fiel en lo posible a los restos del naufragio.
  Los lectores que busquen la razón del poema en Hotel en las afueras percibirán en la sensibilidad de Rodolfo Serrano una nítida cercanía con los poemas de Raymond Carver, el poeta que vivía la esperanza como una función esencial de la conducta diaria, como la búsqueda de algo indefinido que detendría el tiempo, como sucede en los reductos visuales y el cromatismo frío de Edward Hopper. Añadiría también, en la afectuosa genealogía de magisterios, a Ángel González, el inolvidable poeta de la generación del medio siglo, autor de Palabra sobre palabra, y a Karmelo C. Iribarren, siempre aplicado en el terco quehacer de inventar al lenguaje una barra de bar con lluvia fuera, un centro indispensable de emoción. Son poetas que, en el deambular de la conciencia y en su capacidad de comprender, abren una ruta de salida, un minifundio que cura la cellisca desapacible de la soledad, un espacio de penumbra y sueño donde el camarero sabe los nombres de pila de sus parroquianos y deja la penúltima por cuenta de la casa.
    El cuerpo no se acostumbra nunca a dormir solo. Necesita el oxígeno del poema para buscar un hueco a los andenes solitarios donde solo la niebla espera la llegada del último tren; donde las habitaciones de una noche prestan la mano alzada de sus espejos a los desconocidos; o  marcan la silueta de un cuerpo tumefacto que muestra en su epidermis las magulladuras de los sueños que nunca alzarán vuelo. Cae la tarde; con el pulso tembloroso de la melancolía, una mano cansada escribe versos de amor y de nostalgia, historias de pasiones inventadas en las que se abrazan sombras invisibles.
   En los registros de la poesía meditativa nunca tienen problemas de convivencia la filosofía existencial, hecha de certezas provisionales, y la llama encendida de los sentimientos. La buena poesía nunca se sale por la tangente; es una suma al contado de latidos asimétricos, pensamientos y sueños dispuestos a arrimar el hombro a los muros de la realidad. Y esa lluvia de polen deja su evidente resultado en Hotel en las afueras, donde cada poema nombra con lucidez las páginas manoseadas de lo cotidiano. La conciencia del personaje lírico encaja con la vestimenta del perdedor. Alguien que se mueve a contracorriente, sin nadie al lado en quien depositar un brazo sobre el hombro. Apura a solas el cigarrillo de la resignación, como si entre la noche hubiera consumido una historia de amor que se diluye con la luz del día. Si duele, queda el poema, los silencios escritos que dicta el corazón. Cae la tarde y alguien escribe sobre la piel de la añoranza, mientras contempla el vuelo de algún pájaro sin nido. En su mirada, la encendida plenitud de quien aspira un resplandor de amanecida porque “la vida, y el poema y los amores / son, todo,  sombras, de la misma luz”.    
     
JOSÉ LUIS MORANTE



 

Rivas, primavera de 2024

lunes, 17 de agosto de 2026

PELDAÑOS

Ascensión al vacío

 
 PELDAÑOS

Alguien
            cae
     en
         su
primera caída
 
ALEJANDRA PIZARNIK
 
 
Inadvertido nadie, ángel que acaba de llegar y ya regresa.
 
 
Durmió en la umbría de lo real un largo sueño y amaneció cubierto de musgo.
 
 
Anda cerca. La voz del ramaje predice la música del vuelo.
 
 
En la lisura del espejo las plumas son esquirlas.
 
 
En la enésima inmersión aprendió a  aletear bajo el agua
 
Con dedos de aurora moldeó un sueño: se hizo hombre.
 
 
Cansancio. Alas cosidas.
 
 
A la intemperie, el ángel solo practica el vuelo raso.
 
 
He visto un nuevo poblador de azules. No es igual que yo. Sus alas son más sólidas. Se llama Ícaro.
 
 
Desnudez; el excesivo equipaje ralentiza el vuelo.
 
Sentido de lo mágico. el pez volador quiere ser ángel.

(Aforismos en la escalera)




sábado, 15 de agosto de 2026

POESÍA Y CRÍTICA

Recorridos

 

LA CRÍTICA COMO PLACER LECTOR


   En su tarea de hacer lectores, la crítica traza juicios sobre la realidad literaria, pero también construye trampantojos y confunde al lector cuando se pliega a intereses editoriales concretos; el crítico entonces se convierte en un hacendoso comercial que puerta a puerta enaltece las invisibles cualidades de un producto.
 
   Ya he comentado en varios sitios las razones privadas que justifican mi dedicación a la crítica. La lectura frecuente de autores como Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Jaime Gil de Biedma o Luis Cernuda propician la idea de que la escritura de varios géneros convive sin problemas de vecindario y es un hecho natural en la tradición literaria. Poesía y crítica en mi caso se ensamblan sin disidencias; la crítica no es un subproducto, prolonga el pensamiento teórico dedicado a mi propia poesía. El quehacer crítico debe ejercerse sin ningún dogmatismo, sabiendo que la obra literaria tiene un sentido plural y que los aportes de nuestra visión analítica tienen una vigencia limitada y parcial. El crítico es un lector intuitivo que poco a poco completa una personalidad intelectual.     
 
   El ejercicio de la crítica me ha deparado momentos de gran felicidad y ese es uno de sus efectos más reseñables; casi tanto como algunos sujetos comunes de carne y hueso, ha marcado mi vida el persistente contacto con identidades imaginarias con un alto poder de persuasión que han clarificado y dado consistencia a las relaciones de mi yo con los otros.
   En tiempos  de incurable materialismo es hermoso pensar que la lectura nos concede la posibilidad de construir un abismo; de sustituir el mundo real por un mundo ficticio.


(Apuntes sobre la crítica)



viernes, 14 de agosto de 2026

EL IMPOSTOR

El otro
Madrid

 

EL IMPOSTOR

 

Un sueño es la mitad de una realidad

JOSEPH JOUBERT

 

   Sin ángulos muertos, se vio a sí mismo en los meandros del sueño prodigando actitudes insólitas. Cerró los ojos ante la imagen patibularia. Su comportamiento estaba lejos del molde de rigidez victoriana que se atribuía. Era un impostor. Debajo de la historia existencial permanecía el registro intacto de otra biografía. Necesitaba una purificación extrema, mientras sentía en el pecho la punta de aguja de la desolación. Empezó por no respirar. Ahora sabe que solo cuando duerme es él. En el sueño en silencio retornan las cosas a su funcionamiento natural.


(De Cuentos diminutos)


 

 

jueves, 13 de agosto de 2026

EFI CUBERO. RIZOMA

Rizoma
Efi Cubero
Introducción de Javier del Prado Biezma
Imagen de portada: Paco Mora
Editorial Mahalta, Colección Poesía
Ciudad Real, 2023

 

EL TRABAJO GUSTOSO

  
   Efi Cubero reúne en Rizoma una amplia muestra de su trayectoria poética, alentada por la jovencísima editorial castellano manchega Mahalta. Consigna un desvelado quehacer en el tiempo, pleno de pulsión emocional y estética. La poeta y ensayista de Granja de Torrehermosa organiza su mapa creativo en ámbitos temáticos, como si la materia verbal estuviera formada por estratos. Las capas sedimentarias alumbran indagaciones en las posibilidades del lenguaje y responden a claves existenciales, cuajadas de misterio, por las que el yo se adentra en sí mismo para dejar constancia de su identidad. El interminable fervor de Efi Cubero ha impulsado un balance creativo formado por las entregas Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) y Solo inclasificable 2021). Un largo proceso que aglutina también las composiciones inéditas, no conocidas en libro todavía.
  Efi Cubero acentúa el proceso para vivir la esencia de las cosas, esos temas centrales que conforman la compleja urdimbre de Rizoma. Los poemas se cobijan sin enunciar de qué libro proceden; conforman apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Rizoma”, “Ver”, “Hora Prima”, “Travesía”, “Lugares habitados”, “Natura”, “Huellas”, “Creación” y “Amar”. De este modo, percibimos los muros de una casa de tiempo y de silencio, un ámbito transcendente empeñado en la persecución de la belleza. Efectos profundos y sutiles en la sensibilidad de un sujeto verbal con fuerte sentido de su autonomía estética.
  La introducción “Leyendo Rizoma, bajo el enigma del poema”, firmada por la palabra sabia del poeta, ensayista y profesor Javier del Prado Bizdma, yuxtapone sondeos interpretativos. Esboza un análisis de intensidad y concisión emotiva, en el que se desvela esa red transversal de los matices. Insiste el profesor en la semántica fuerte de “Rizoma” como “tallo subterráneo hinchado de jugo y de gérmenes de vida”; una proyección de la raíz hacia el mundo aéreo que mantiene su oculta esencialidad, su imprevisible dimensión extemporal. La palabra despliega un paisaje conceptual que desvela y muestra la piel abierta de la ontología, la plenitud intacta de lo oracular que se resiste a la brújula analítica del pensamiento y a su empeño de exactitud filosófica. La introducción nada deja en barbecho. Recorre con profunda conjunción estelar cada una de las secciones para determinar sus rasgos distintivos, sabiendo que la estructura es lo que permanece, más allá de la contingencia y lo coyuntural.
  La nota de la escritora responde, con didáctica concisión, al origen del título y a los criterios de selección de esta poesía de la extrañeza que aglutina como material magmático entorno natural, pensamiento filosófico, realidad transcendida, mística interior y decurso vital. Todos son lugares del poema, estaciones de llegada de la conciencia, pulsaciones de incertidumbre de las que emerge una poética y una disposición a la palabra: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”.
  Quien escribe, pone en vigilia su forma de percibir y ver; se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca “enlazar lo distinto para unirse en un todo”. Desde la soledad y la extrañeza el sujeto verbal se hace voz, semilla germinal de una armonía íntima y sin contornos.
  Construir la escritura es dibujar un código de acceso al núcleo del silencio. Los poemas transcriben incertidumbres; se deslizan por una senda de evocaciones, imágenes y enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles los afanes diarios de una perspectiva ecléctica, de una contemplación que se condensa, donde las certezas son un afán continuo de claridad y transparencia, es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del tiempo: “La mirada resuelve / la extrañeza de ser… / O el extravío”.
   En cada sección se exploran sendas argumentales en las que el devenir existencial se define como vértice central. Vivir es un caminar continuo, sin desplazamientos, que hace posible la revelación y el encuentro, la fugacidad de un tiempo en continuo deseo de huida. El incansable andar empuja a mediodías y ausencias, a percibir las marcas en el aire del azar que sostiene nuestros pasos. Junto al yo, el sueño de la naturaleza, la materia que aporta cercanía y conocimiento en la compleja urdimbre de su apariencia: “Por el delgado filo / de transparentes márgenes / busco cobijar los códigos brumosos / de la naturaleza que intento comprender.”
   En el variado contexto escritural de  Rizoma la preocupación metaliteraria está presente en “Sílabas”, “De paz”, o en algunos poemas del apartado “Creación” que definen una manera de mirar el mundo llena de lucidez, nunca abstracta o distante. La epifanía verbal es un proceso, el justo equilibrio entre trabajo, acierto expresivo e inspiración: ”Alumbrar, pulsar en lo acertado / para sentir el alma allí donde se oculta. / Aquí donde la vida se revela, / desnuda, intraducible…”
   El apartado final hace del amor camino propio. Un tantear continuo en la profundidad de la entrega, en el deseo y en el espacio simultáneo del nosotros, en la incansable travesía de las estaciones. Después de la partida queda el desvelo del recuerdo, la reivindicación de que en la ausencia también se permanece, tras los pasos inciertos de la evocación. El rumor elegíaco impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”.   
    Por la identidad poética de Rizoma asoma, vivo y pleno, el movimiento incesante de la belleza. La voz que aspira a llegar a ser. La ontología resiste la neblina diaria. Las palabras se deshojan; podan lo transitorio para mostrar una fondo de efectos profundos. Las floraciones versales contemplan un presente único en el que se entrelazan periplo biográfico y obra; el desvelo de la música callada de silencio, el intacto perfil que deja en la memoria un brillo inacabable.

JOSÉ LUIS MORANTE




 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 

miércoles, 12 de agosto de 2026

LA EXPERIENCIA DE LA LIBERTAD (ENTREVISTA)


 
Entrevista
LA EXPERIENCIA DE LA LIBERTAD — GACETA
 
José Luis Morante
 
 
 
¿Qué  motiva a escribir? ¿Necesita algo en especial para hacerlo, taza de café, cigarrillo…?
Creo que el mejor umbral de la escritura es la lectura. Es el cauce que permite poner en marcha un procesor creador, siempre complejo y con muchos elementos aleatorios. No suele ser lo mismo abordar la poesía que el ensayo, el cuento que la narración autobiográfica. Cada género impulsa un tratamiento singular. Me acompañan en ese diálogo con las palabras algunos cuadernos blancos, abundantes lápices y libros abiertos sobre la mesa.
El proceso de la escritura ¿es disfrutable o agobiante?
Para mí la literatura resulta un quehacer sumamente grato. Contiene en su geografía una manera de ver el entorno y, por tanto, es una piel natural que cobija cada uno de los actos del proceso de escritura. Con frecuencia los resultados no están a la altura y entonces se produce una evidente frustración que requiere nuevos esfuerzos.
¿Qué escritores han influido más en usted?
Como poeta he sentido siempre como norte la generación del 50. En ese grupo literario suenan fuerte las voces de Jaime Gil de Biedma, Ángel González, José Manuel Caballero Bonald… Pero no son únicos referentes; mis poemas deben mucho a la mirada ética de Antonio Machado, al intimismo confesional de Luis Cernuda y a poetas figurativos que me han ido dictando los rasgos comunes del poema: esa aleación de sentimiento y avance reflexivo que marca el territorio del yo.
¿La inspiración es algo fundamental en un poeta?
Es un concepto prestigiado por la tradición que alcanzó un culto casi conventual en el romanticismo. Hay que ser cauto con esa voz ajena que parece tomar posesión de nuestra identidad y hacer que las palabras leviten. Si es bueno que un impulso desconocido deje el temblor del verso, mucho más efectivo resulta que el chaparrón nos pille bajo el techo de la biblioteca, en esa mesa sosegada donde las palabras caminan, buscan sitio, se empeñan en decir…  
¿Cuál debe ser la actitud del creador en relación con el lenguaje?
Como elemento natural, necesita un cuidado extremo en su empleo. El lenguaje es un caladero de amplia riqueza matérica. Pero la poesía es más que palabras. Transmite ideas, sensaciones y sentimientos, desvela incertidumbres, formula preguntas y clarifica conocimientos y extravíos. Es un lenguaje más allá del lenguaje.
¿Hasta qué punto es trascendental en su obra la niñez?
La infancia es un asunto literario de amplio tratamiento en la poesía contemporánea; pero no tiene una caracterización trascendente en mi trabajo. Convive con otros motivos de la experiencia existencial como la percepción del tiempo, el declive de los sueños, la firmeza del afán colectivo, el amor y la muerte… Son los temas de siempre, esos que una y otra vez afloran en cada escritor para que se vayan revitalizando con esquejes y brotes.
¿Para poder escribir poesía considera necesario enmarcarse dentro de un contexto literario? ¿Conocer a Rilke, Baudelaire, Neruda, Rimbaud, Horacio?
Sí, no existe el poeta adánico, nadie viene del vacío y echa a andar como un Lázaro etéreo sobre la superficie del lenguaje. La poesía es conocimiento y técnica, formación y experiencia. En ese largo proceso se van afirmando estaciones fuertes, como las que usted cita, y rincones más secundarios que también aportan miradores creativos llenos de interés.
¿Cuál es la función de la poesía?
Descubrir en su devenir que el poema no tiene objetivos pactados para ser poema; en su escritura se van sumando hilos argumentales que sirven para que el sujeto se conozca a sí mismo, sea un ciudadano comprometido con su tiempo y haga una lectura histórica de su papel y comunique a los demás aquellos silencios interiores que nos definen.
¿Necesita el escritor poseer conciencia social?
En la medida en que el hombre no es un náufrago solitario, perdido en el océano del tiempo, existe una conciencia social que define el ser colectivo. Y en esa conciencia social el sujeto focaliza su papel de ciudadano, aprende a compartir incertidumbres, arrima el hombro a la causa de todos.
¿Cuál le parece a usted que es la fuerza y cuál la fragilidad de la poesía?
Las palabras están ahí; definen al sujeto que las pronuncia, hacen de la poesía una voz en el tiempo capaz de transportar un mensaje que aspira a lo perdurable. Muchas veces ese mensaje se borra en el devenir, se convierte en una estela leve en la superficie del agua. Y así da fe de su fragilidad, de que cada paso que damos nos acerca un poco más a un horizonte de ceniza y polvo. 
¿Quién le interesa más de los jóvenes escritores, de las nuevas voces?
La vigencia de lo digital ha convertido el campo poético en un incontable vivero de nombres propios; así que cada enumeración sería siempre un ejemplo parcial de jóvenes que inician ruta. Hay que ser humildes y saber que solo dominamos pequeñas parcelas creativas. Queda mucho por descubrir. En cuanto a nombres propios concretos, hice mi apuesta como crítico publicando la antología Re-generación (Valparaíso Ediciones, Granada, 2016), una selección de jóvenes poetas españoles que empezaron a publicar a comienzos del 2000 hasta 2015.   
¿Qué hay que hacer para merecer el nombre de poeta?
Mirarse al espejo de lo diario con humildad para no confundir nunca la poesía con un mercadillo verbal. El poeta es, no se deja la piel por estar; no importa si no consigue visibilidad, si tiene poca repercusión lo que hace, si el mercado da la espalda… Hay que alentar palabras y conseguir, como soñaba Juan Ramón Jiménez, que las raíces vuelen y las alas arraiguen.
¿Cuál es para usted el mejor escritor?
El que se define a sí mismo como protagonista de un quehacer inacabado y complejo, que a menudo parece un callejón sin salida, el que cada amanecida echa a andar para encontrar a cada palabra el sitio justo. El que después de tanto esfuerzo sabe que el fruto es mínimo y da las gracias, duerme y vuelve a caminar al día siguiente por el surco abierto de la búsqueda.

Entrevista de
Mario Urquiza Montemayor
La experiencia de la Libertad


Madrid, 15 de marzo de 2019



 

martes, 11 de agosto de 2026

FUERA DE LUGAR

Laberintos
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


FUERA DE LUGAR

 

Tras el regreso, después del largo viaje, hay un tiempo propenso al desconcierto. En él me siento fuera de lugar, con las manos extendidas,  mostrando documentos invisibles a alguien que nos detiene en la frontera.

 Cada existencia oculta sus ángulos muertos, laberintos de niebla.

 El misterio de lo cotidiano requiere un semblante plural.

 Siempre está ahí. Conforma el cupo estable de amistades con ánimo de lucro.

 Rompen la tregua del sueño los dedos de la aurora. El día todavía está lejos.

 Ahí delante no hay nada salvo tú, una zona de sombra infranqueable.

Los tópicos se jaztan de su supervivencia.

Nadie como el silencio para eludir las frases hechas.


(Aforismos con ducha)




 

 

lunes, 10 de agosto de 2026

PENÉLOPE

La Iliada
Homero
Alianza Editorial
Madrid

 

       Penélope
 
 
Antes de que la rosa de los vientos
desperdigara por la lejanía
treinta y dos direcciones,
respirabas el afán de Penélope,
ese tejer paciente que adivina
cuándo se cumple el tiempo de regreso,
la destreza de Ulises con el arco,
la roja espera de los pretendientes.

(De La noche en blanco, 2006)





viernes, 7 de agosto de 2026

GOYA GUTIÉRREZ. CONJUNCIÓN DE LAS AGUAS

Conjunción de las aguas
Goya Gutiérrez
Prólogo de Neus Aguado
Ediciones Contrabando
Colección Marte 25
Valencia, 2025

 

SECRETOS DEL AGUA

   Goya Gutiérrez (Cabolafuente, Zaragoza, 1954), coeditora y directora de la revista Alga, profesora durante muchos años y poeta con un valioso tapiz lírico que integra, desde la carta de presentación De mares y espumas hasta el libro más reciente Pozo pródigo, más de una decena de poemarios, complementados con algunas plaquettes y con la práctica de otras facetas expresivas como la novela, los comentarios críticos y la fotografía.
  Las composiciones que aglutina Conjunción de las aguas acogen una precisa introducción de Neus Aguado, titulada “En esta casa transitoria”. El prólogo recuerda la tradición de símbolos que ha multiplicado el agua, como elemento primordial y generador, como elemento matérico capaz de moldearse en tres estados. Es asombro y temblor inaugural de claridad y transparencia del transitar existencial; aglutina lo emocional y sensitivo, las inquietas corrientes cambiantes que conforman la conciencia profunda del sujeto. Escritos desde la necesidad y la búsqueda, los textos para Neus Aguado ”fortalecen una voz madura, capaz de transitar entre lo explícito y lo oculto. Se escribe para explicar lo inexplicable y reivindicar la belleza y el amor de forma absoluta". Los versos se empeñan en “recordar que la belleza en su sentido más amplio habita en nosotros”.
  En todos los tramos orgánicos de Conjunción de las aguas emerge una semántica común: el agua representa el cauce existencial, vislumbra un fluir continuo. De este modo, prevalece una mirada introspectiva que aglutina sensaciones y aportes enunciativos. Así queda constancia en la sección inicial, “Aguas”, con citas de dos magisterios de la poesía simbólica: Juan-Eduardo Cirlot y José Ängel Valente. Los poemas aportan una mirada integradora al trazar el perfil indagatorio del sujeto poético; la introspección es una tarea básica del estar, un sentimiento primigenio que bucea en sí mismo para capturar el ansia de ser: “La poeta lo sabe   y hace que las palabras / se enciendan    que caldeando como estrellas/ puedan evocar    el tiempo que se estira / que se ciñe a tu cuerpo    y a tu mente”.
  Desde el trazado inicial, se hace palpable un culturalismo asumido como patrimonio individual: el largo viaje de Ulises a Ítaca conforma un recorrido cuajado de conocimiento. Quien retorna “debe anudarse al mástil de la corriente en curso para sobrevivir” y para no perder los destellos de luz de la mirada. Las posibilidades en el retorno se multiplican. Afloran espejismos y atajos de un viaje que, de cuando en cuando, retorna al pasado por la evocación para vislumbrar la casa abandonada y el resplandor dormido de otro espacio vital.
   Llama la atención en este primer apartado la recuperación de un recurso visual que ralentiza el verso y alarga su respiración: los versos integran espacios blancos que funcionan como silenciosas comas, como si la idea se fragmentara y quedara estática y congelada, tal vez cansada de ser en su interior un cauce fluyente.
   Ese recorrido por la semántica del agua se percibe como concepto contradictorio, capaz de enlazar epifanía y muerte, aurora inaugural y desapacible negrura.  Se suceden las paradojas y se constata que el agua se hace símbolo de esperanza. Su claridad es savia vigorosa y energía. Guarda dentro una pulsión capaz de revitalizar los días agostados y llenarlos de nuevos propósitos que sean sostén de belleza y vida.
  El apartado “Contracorriente” postula, tras las dos citas cuajadas de acierto de Piedad Bonnett y César Simón, la necesidad de crear un espacio habitable que conlleve la singularidad y tenga la extrañeza de la libertad. Se trata de gestar una identidad al margen. Buscar sitio a contracorriente. Quien recorre el fluir, moldea la voluntad capaz de sobrevivir en la intemperie y adentrarse en la memoria de la naturaleza para comprender “la suave cadencia de su voz”.
   El poema fragmentado “Márgenes” arropa un introito de contenido metaliterario. En los márgenes rezuman las palabras y su expresiva diversidad.  Allí están las voces explícitas y las reprimidas, las que profundizan en el desconcierto y la desolación y las que propagan dogmas y espejismos. Todas se dan la mano en su constancia verbal y sugieren permanencia y vitalismo en el cambiante florecer del lenguaje.
   La luminosa concisión del poeta venezolano Rafael Cadenas sirve de entrada a la sección de cierre “Conjunción de las aguas”.  La composición puede leerse como un conjunto de variaciones en torno al paralelismo entre agua y existencia. Cada tesela expresiva busca brillos mínimos en la permanencia de secuencias vitales. Los textos aportan al flujo temporal una significación de claridad perdurable y eclosión de vida. Las palabras pronuncian un conjuro poético que concede al yo el don de seguir, la resistencia a cualquier quebrantamiento.
   Goya Gutiérrez anota en una reflexión final su propio sesgo interpretativo de  Conjunción de las aguas. Todavía cercanos en el tiempo a la fecha de publicación del libro, los demoledores efectos de la dana que provocó muertes y destrucción en la Comunidad valenciana, la trama argumental hace del agua fuente de inspiración en un doble sentido: físico y simbólico. La escritura asume un concepto central del pensamiento de Zygmunt Bauman, desplegado en el ensayo Modernidad líquida: los cimientos clásicos de existencia y sociedad han perdido solidez, estabilidad y firmeza. Nos condenan a un estado de inseguidad e incertidumbre que provoca la fragilidad menesterosa de vínculos y afectos. Todo es un fluir precario, provisional, absurdo, que abre puertas a la soledad y a lo efímero. La realidad se hace sombra. Quedan las voces del poema para conjugar la esperanza, la libertad  de prolongar esperanzas y sueños, la puereza auroral de sostener el agua y trazar un cauce puro.


jueves, 6 de agosto de 2026

MÁSCARA

Carnaval veneciano


 

 

MÁSCARA

Reposa en el sillón, inoperante,
mi trasnochada máscara de oficio.
Por su silencio asciende
la falsedad creíble,
el material que integra
lágrimas y sonrisas,
el que elude por miedo,
el que pone la brida en el galope,
el que nos colma el vaso
de sanas intenciones
y cordiales deseos,
el que deja razones suficientes
para justificar la amanecida.
 
Su logrado artificio
oculta las estrías.
Se hizo con materiales resistentes.
Con ella se completa mi disfraz.   

   (De la antología Mapa de ruta)



miércoles, 5 de agosto de 2026

MIRAR ATRÁS

Miradas
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

MIRAR ATRÁS
 
 
El pesimismo predice esos trayectos que acaban sin pasos.
 
*
 
Ser lo que uno es, sin fecha de caducidad.
 
*
 
Existir supone confianza en la racionalidad cartesiana del  caos.
 
*
 
En la prudencia de la poda, los huesos y cartílagos del crecimiento.
 
*
 
Soy un nómada obsesivo; me gusta huir de mí.
 
*
 
 
José Luis Morante
 
Aforismos DEL MAR
 
 
 
 
 
 
 

martes, 4 de agosto de 2026

JUAN RAMÓN MANSILLA. Nước (Cuaderno de Vietnam)

Nước (Cuaderno de Vietnam)
Juan Ramón Mansilla
Poema de contraportada: José Luis Morales
Fotografías de Juan Ramón Mansilla
Ediciones Búho Búcaro de Poesía
Colección Plaquette Poesía, nº 66

INVITACIÓN AL VIAJE

  
   Nacido en la localidad conquense de Tribaldos, en 1964, y docente de larga práctica en las aulas, como profesor de Historia, Juan Ramón Mansilla cobija una poblada senda de entregas poéticas, iniciada en el umbral de siglo con Los días rotos y El rostro de Jano. Ambas salidas abrían cauce a una voz figurativa, alejada del hermetismo experimental, que confiaba en los poemas como espacios comunicativos de claridad en el avance argumental. Un propósito estético que ha sido santo y seña de todo el legado poético del autor hasta el libro Manual para sacar un conejo de la chistera, editado por Mahalta en 2025 en el catálogo poético que dirige, con atinado rigor, el poeta Francisco Caro.
  La plaquette Nước (Cuaderno de Vietnam), cuya traducción literal sería Agua (Cuaderno de Vietnam) recupera en el subtítulo una explícita invitación al viaje, entendido con una doble polisemia: como desplazamiento y recorrido de un espacio geográfico concreto; y como metáfora existencial que convierte el latido diario en constante fluir: “Duermes.  La arcilla que somos se hace ala”. La emotiva dedicatoria de esta selección poética insiste en esa doble semántica: “Para Maite, compañera de ese viaje y de este más largo de la vida”.
   Las citas, extraídas de nombres propios de canon oriental, profundizan en el concepto de viaje, más allá de la mera observación de las características topográficas. No es una apropiación sensorial sino un proceso que transforma la percepción en paisaje interior, en profundidad y estado de ánimo. Juan Ramón Mansilla aporta además un buen puñado de fotografías. Las imágenes construyen secuencias al paso, componen un paisaje vitalista, enlazando detalles fugaces que, de este modo, adquieren quietud y permanencia. Ante el viajero se expande un territorio nuevo, ajeno al hábito y la costumbre, a la música callada de lo cotidiano: “Esta mañana han prolongado los mirlos / su canto. ¿Presienten que nos iremos / y, durante unos días, nos faltará su música?”. Así comienza un nuevo estar del protagonista lírico, inmerso en las contingencias del transitar; una geografía desconocida que añade a la retina nuevas sensaciones. Todo es apacible amanecida. Una epifanía luminosa que contrasta con la grisura previsible y la anemia del gastado presente, cuyo horizonte deja en ocasiones la sospecha de ser una línea perdida en el cansancio, con la desolación de un territorio inhóspito.
  En el poema “Pagoda del pilar único”, bajo la luz cognitiva del budismo, el lenguaje de la introspección tiene un efecto germinativo. La palabra busca la esencia invisible de los elementos del entorno; su razón de ser; esas respuestas que cobijen unas briznas de luz tras el cristal de la conciencia. Los versos conjugan sucesivas preguntas ante  la fugacidad del tiempo, aunque también sean efímeras tentativas de la madurez, ante la presentida ceniza existencial en los dedos del aire. También la escritura no es más que un cúmulo de papelería dispersa y volandera. De esa sensación de vulnerable levedad de la materia se moldean algunos haikus: “Hojas de otoño. / Tirados en el suelo / cuántos ocasos”; “Cauce del río. / Encima de la luna / croan las ranas”.
   El conjunto poético Nước (Cuaderno de Vietnam) integra poemas inspirados en la toponimia del paisaje; pero también composiciones que dibujan el curso del pensamiento. Bajo el amparo de la memoria se cobijan lugares de paso que respiran la brisa de un aire sosegado. En ellos, la luz se hace presente, abre una ventana al conocimiento. Quien ha sumado pasos en amorosa compañía, retorna con la sensación de ser otro en el sostenimiento de la identidad, de haber purificado su existencia y haber cauterizado la sed. 


lunes, 3 de agosto de 2026

PARADOJAS

Paisaje interior
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


 
PARADOJAS
 
Los códigos cifrados.
El pájaro y la jaula.
La lluvia en los poemas.
El mar de tierra adentro.
La ceguera y los libros,
aquella afinidad entre mi padre y Borges.
La idea que cobija el borrador.
Esa ilusión etérea de las cosas reales.
Las rosas sin olor, las flores secas.
El tiempo y la quietud de cada instante.
La luz y el corazón de las tinieblas.
Los días que amanecen y no estás.

                  (Del libro Nadar en seco)



domingo, 2 de agosto de 2026

SANTOS DOMÍNGUEZ. LA HERIDA Y EL CUCHILLO

La herida y el cuchillo
Santos Domínguez
XXVIII Premio de Poesía
Ciudad de las Palmas de Gran Canaria
Ediciones La Palma
Colección Ministerio del Aire
Madrid, 2026
 

UNA HOGUERA DE LUZ

  
   Un luminoso texto de apertura del poeta sevillano José María Jurado, titulado “El guardián del fuego”, propone una temprana indagación de La herida y el cuchillo, nuevo libro de poemas de Santos Domínguez (Cáceres, 1955), reconocido con el XXVIII Premio de Poesía Ciudad de las Palmas de Gran Canaria. Ratifica la introducción: “Los poemas de Santos Domínguez, por la claridad y precisión de las palabras escogidas, por su dicción serena y su arquitectura equilibrada y solemne, sugieren una escucha hipnótica y sinfónica”.
   El título del poemario procede de un verso de Baudelaire “Soy la herida y el cuchillo” y agrupa un material poético organizado en tres apartados: ”Quemadura de sombra”, “Marca de aire” y “Una luz extranjera”. Desde las composiciones iniciales se percibe que el autor impulsa su escritura bajo el resguardo de la tradición literaria, siempre presente en citas y conocidas asociaciones expresivas. Así, el primer poema toma como aserto el celebrado título de Tomas S. Eliot y un inspirador verso de inicio para definir un paisaje verbal de pulida dicción y atmósfera sensorial. La poesía emerge desde una ambientación onírica, con personajes como la Sibila, El Rey Pescador, Artur Rimbaud o la poeta Anise Koltz, para transmitir la oscura cicatriz en la que el tiempo difumina vivencias y recuerdos. Lápidas, entierros, tumbas grises y ausencias dan un aire solemne a la despedida final; llenan los colores opacos del día de pompa y circunstancias para hacer del olvido el último lugar habitable. La existencia insiste en diluirse y formar parte de una densa niebla de olvido.
   El poema rastrea las estelas biográficas de aquellos que llegaron a la estación final para sentir que ahora el cansancio, por fin, ha encontrado sosiego. Lo vivido amalgama una sombra confusa que diluye límites y confunde, por ejemplo, la belicosa fuerza del troyano y la quietud de Ovidio en Ponto Euxino. El final de la vida es el aire vacío, igualatorio, que a todos nos espera. Un jardín otoñal donde encuentran cobijo las ausencias: “Con negra quemadura, /  nos apuñala el tiempo profundo de las sombras”.   
   Las composiciones de este primer apartado mantienen un aire solemne de elegía y despedida, encauzan aportes culturales y acogen una dicción selecta y luminosa, de vibrante cadencia musical, como si pretendieran cauterizar olvidos y alejar el sitio final, esa funesta geografía de la ausencia que aguarda a nuestra efímera condición.
   Las composiciones reunidas en la sección “Marca de aire” alientan un yo poético reflexivo, empeñado en formular, desde la soledad precaria de quien busca con el corazón y la cabeza, la estela incierta del propio destino. Alrededor, alza su tributo al continuo fluir un paisaje en ruinas, que es memoria de un tiempo de esplendor y ahora simbólico que recuerda nuestra condición transitoria. La realidad se muestra, dispuesta al ejercicio de la contemplación: “En los ojos del hombre la luz es un espejo / opaco y luminoso, / un cristal transparente, la delicada piel / de un mundo que respira incansable en el lienzo / y siempre estuvo aquí.”. Queda la belleza del arte, su manera de estar en cuadros y esculturas, como encendidas antorchas que iluminan símbolos e historias, esa estela de sueños escrita sobre el agua. Las distintas secuencias acercan con frecuencia conceptos esenciales como desolación, tiempo y muerte; la plenitud solo dura un instante; pronto esconde su fulgor para mostrarse como una raíz seca que dejó de existir: Quedan “La desazón, los límites, las interrogaciones / de un mundo doloroso incomprensible”
  El tramo de cierre, “Una luz extranjera” retorna a la memoria callada de las cosas. El tránsito temporal cambia el paso y lleva hasta la atardecida, pero no hay queja; queda la plenitud gozosa de los días, la quietud de esas sombras que van copando los espacios crepusculares de la existencia, que ponen distancia y silencio en las horas.
   Santos Domínguez deja en La herida y el cuchillo  una emotiva meditación sobre la condición de ser. Lo hace con la intensidad emocional de quien concentra en cada verso la calma y serenidad de la palabra justa, ajena a la estridencia biográfica, para que sea símbolo y conocimiento, un crecer en el tiempo, agua y claridad en lo hondo.

JOSÉ LUIS MORANTE




sábado, 1 de agosto de 2026

EL MURO

Muro disuasorio
Frontera entre Ceuta y Marruecos

 
EL MURO
 
No es mucho –nada tengo-;
estoy con los que miran
la palidez opaca y vertical.
Busco su enigma,
piel de  hendidura y roce,
en tanto la razón,
se vuelve fósil.
 
Solo el óxido asciende
hasta su altura.
Los días que amanecen requieren otra luz;
callados se preguntan
en qué lugar
camina el horizonte.
La distancia es ahora
el esqueleto gris de lo posible.
Aquí la transparencia
no moja las espaldas;
y tampoco sostiene
un reflejo de nubes,
las migajas del vuelo
 
Una lluvia de arena
dispersa sus indicios
y dibuja ceniza en nuestras espera.
Comienza la vejez
cuando no hay sueños.
Con despojos salobres
sedimenta el desierto
al otro lado.
Abrazaré mañana su vacío.
 

     (Del libro Nadar en seco)


 

viernes, 31 de julio de 2026

TEOREMA DE LA CONFIANZA

Con Gloria Díez y Juan José Martin Ramos
Biblioteca Mario Vargas Llosa de Madrid, 
4 de junio de 2026 

 

TEOREMA DE LA CONFIANZA

 

Confío en la existencia diaria, ese azar demediado entre intenciones y resultados.

Confío en la retina de aquellos que perciben un sol a medianoche.

Confío en las esfinges que no guardan secretos.

Confío en el sentido estético de los laberintos, en esa arquitectura que ubica en el sitio justo las entradas de urgencia.

Confío en la presencia incansable de lo que pasa desapercibido.

Confío en la inconsistencia de los ciclos que exploran lo real, ese deambular por los calendarios que lleva desde el almendro en flor a la rugosa cáscara del fruto.

Confío en los que abrazan cuando no estoy y me confunden conmigo.


(Aforismos  de gratitud)




miércoles, 29 de julio de 2026

CON LOS OJOS DE UN NIÑO

Mirar las cosas con los ojos del niño
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

PAN CON MIGA 

(Apuntes sobre el aforismo)

 

 

 El yo plural

 Cada sujeto personifica una identidad mudable, una vida ondulante, por decirlo con un aserto de Ramón Eder. La escritura aforística no pasa de ser la sombra larga de una fisonomía nómada, que traslada la unicidad de lo diverso. Un estar en los extremos buscando el centro. 

 Con Lemuel Gulliver

 Cuando duermo, las miniaturas cognitivas de la biblioteca trasladan mis aforismos a Liliput, esa nación insular ficticia de ubicación aleatoria. Allí, sus claves interpretativas ganan altura.

 Intimismo

 El tono confidencial habla de todos. Recrea el intimismo de un hombre concreto que habita callejones entre luces. Su estar en primer plano difunde rasgos de otros hombres concretos. Cada gota de agua imita formas, texturas y humedades de otras gotas.

 En la diana

 La conciencia reflexiva coteja el entorno desde la síntesis. Constata un compromiso con las palabras. Da forma una meditación fragmentada. Lo mínimo es un dardo.

 Vocación

No recuerdo una fecha exacta, pero los primeros aforismos de mi libro Mejores días (Mérida, 2009) nacieron hacia 2005, ya como textos autónomos para integrarse en un libro futuro. Un anticipo se editó en el cuaderno Sueltos (Amargord, Madrid, 2006) Antes escuché con frecuencia que muchos de mis poemas tienen un cierre aforístico; así que no fue una decisión brusca en la escritura personal sino un ejercicio de libertad y obediencia; de confianza en lo fragmentario para desobedecer la monotonía del todo desde las partes.

Elogio de la soledad

 En la soledad llama al timbre el decir breve. Suele presentarse con un detonante concreto: una vivencia, una lectura, un asunto laboral… Así alcanzan una primera redacción que después modifico varias veces. La intuición es una brújula perezosa y poco fiable, aunque siempre llena de matices. Con algo que decir.

Sobre el hermetismo

El enfoque de la frase corta requiere concentración, saber acotar el sentido. El aforismo no es un topo que busca sombras en medio de la noche.

Elementos de riesgo

La columna verbal del aforismo soporta dos elementos de riesgo: el sobrepeso y el esqueleto invertebrado.

Tradiciones

Las pautas arbitrarias del gusto propio se contrarrestan con la tradición. Mis estaciones de vuelta son mapas con una cartografía urbanizada. Friedrich Nietzsche, Elias Canetti, Wilde, o Chesterton no monopolizan mi trayecto; dejan sitio a los moralistas franceses, a clásicos y coetáneos que acercan al afán renacido de mis pasos el alborozo intacto de un descubrimiento. Ellos propician la voz cómplice, el verbo inconformista o la estricta reflexión.

Una novela de ideas

Con tantas definiciones válidas, me gusta pensar que en esas convergencias y divergencias cabe la propuesta de entender el aforismo como una novela de ideas, una ficción cuyo narrador omnisciente es la conciencia del sujeto que deja hablar a sus convicciones éticas y estéticas y cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad y soporta un continuo amotinamiento de los elementos textuales. El carácter autónomo de cada texto concede al hilo argumental un rumbo imprevisible.

Sin derroche retórico

En el centro indagatorio del aforismo la búsqueda de la transparencia, la voluntad de orden de los cantos rodados y la apelación a la empatía lectora sin derroches retóricos. Ascetismo verbal.

Procesos

Extendidos en el tiempo de la digresión, hay procesos tediosos y aburridos. El aforismo es el racimo, no la fermentación.

La vida es sueño

Calderón confinó en un aserto metafísico las vicisitudes del despertar: la vida es sueño. Y el axioma prosigue senda en el devenir. Se impone así la idea de la representación. La escritura necesita una máscara, un escenario que siembre pasos en situaciones ideales.

Disfraz

El aforismo testifica esas situaciones y es preciso elegir el disfraz del personaje. Toca ponerse el vestido pintoresco del payaso, el velo etéreo de la evocación o la chaqueta gris del moralista. Abro el ropero.

Respiraciones

Los aforismos respiran, como si concluyesen una inmersión bajo el agua de los significados y entraran en la luz, todavía con la humedad dormida en sus palabras.

En primera persona

El discurso principal de un libro de aforismos acepta bien el mirador directo de la primera persona; los incisos aislados nunca derogan el cauce principal que suele adaptarse al extraño viaje de la confidencia. A veces, la veracidad genera una obsesión de proximidad que hace aconsejable la laboriosa tarea del narrador omnisciente, a quien hay que exigir una claridad sin derroches retóricos.

Rayuela

Las compilaciones de aforismos son proteicas, abiertas, discontinuas, como la rayuela, ese juego infantil que se practica a saltos.

Estridencias

En la crítica aforística hay que desconectar de inmediato esa alarma interior del amiguismo. Más que aviso para despertar es estridencia y quiebra.

Hipótesis

El aforismo establece una hipótesis verosímil, una verdad creíble que desarrolla un cauce verbal construido desde la experiencia, sea ésta biográfica o literaria.

Mutaciones

El aforismo crece y evoluciona. Soporta las mutaciones del tiempo y no puede ignorar la piel fragmentada de la realidad. Cuando hace balance de su contingencia siente dentro la voz callada del superviviente.

Carta de navegación

En la escritura breve no es posible la desconexión vital; la estela autobiográfica es una brújula, una carta de navegación.                                                        

 

                                               JOSÉ LUIS MORANTE

(Madrid, 2019)

                                                

lunes, 27 de julio de 2026

FRANCISCO CARO. AQUÍ

Francisco Caro
(Piedrabuena, Ciudad Real, 1947)

  

COORDENADAS

 
Aquí
Francisco Caro
Mahalta Ediciones, Colección Poesía
Ciudad Real, 2020
 
   La labor poética de Francisco Caro (Piedrabuena, 1947) adquiere perfil definitorio en la antología Este nueve de enero, una compilación de trayecto, realizada en 2019. La selección recoge los poemas más conocidos y dibuja la evolución en el tiempo del dinamismo literario impulsado, con paso sosegado,  por el escritor castellano-manchego. En ese volumen se hacen suelo básico las resonancias del existir, esa expresión cotidiana, evocadora y reflexiva donde confluyen incisiones biográficas y el merodeo de la temporalidad. Así se define un ideario estético que fusiona intimismo y afán comunicativo, indagación en la identidad y esa ambivalencia contradictoria que propicia el diálogo entre sujeto y entorno, convertido en un refugio abierto.
   El poeta entrega ahora, en el complejo año de la pandemia que tanto ha transformado la condición de ser, el libro Aquí con una nota indicativa que advierte sobre la entidad literaria de esta obra. Las composiciones más tempranas se fechan en 1998 y las más actuales son de 2020; por tanto, a primera vista, no es un libro unitario sino un balance en el tiempo que postula una voluntad expresiva sostenida, articulada desde una expresión diáfana, desnuda y emotiva.
  El discurrir natural del poema deja como apertura una cita de Eliseo Diego: “Hay días en que el tiempo acude manso / y al lado de la luz”. Una reflexión relevante, empñada en recordar que la cotidianeidad del hablante lírico está siempre condicionada por la estela de contingencia y fugacidad del devenir. El ahora se percibe como un espacio de apertura, cuajado de vivencias aurorales que conforman la propia geografía del sujeto y las pulsaciones vitales del pensamiento: “Es aquí donde espero / a que nadie me nombre, a que calle / la prosa para siempre, aquí nací, en estas tierras cuarzo de interior…”. En la palabra se asienta la conciencia de pertenecer a un espacio afectivo, donde se entrelazan sensaciones existenciales que definen el presente como un tapiz sin brumas; un manantial de vida que siembra en las palabras frescor y transparencia, el rumor del origen. Evocarlo no exime de trazar una estela de leve melancolía. Los días de infancia, siempre alumbrados por la pura inocencia de la amanecida, son ahora un regreso cuajado de recuerdos. Desde esa voz evocadora nacen composiciones como “Verano de 1956”, “La fragua de Ángel” o  “El cine de Antonio”. Los poemas dibujan instantáneas pobladas por nombres propios que perduran, en las manos del tiempo, ocupando la escena de un modo personal y creíble, pleno de luz y mediodía.
  La presencia cálida del intimismo avanza en el cauce del tiempo hacia un verso más indagatorio, marcado por las dimensiones del discurrir vital. Cada amanecida es paradójica porque alienta una búsqueda de lo perdido y aporta un patrimonio afectivo en el que lo diario adquiere transcendencia y sentido. El poema construye, con serenidad y epitelio emotivo, su arquitectura de sensaciones. Quien vive yuxtapone búsquedas y sondeos, el veneno preciso de la decepción, la verdad sospechada de lo transitorio, la suma de derrotas que se van guardando en los rincones menos visibles su zumbido callado, su indolencia: “hoy que vuelvo / a escuchar su zumbido, su deseo / de paz o enemistades / ya sé que son las mismas, / que todo muere sé, que todo permanece, / que soy el mismo miedo, que acaso soy el mismo”.
  Al cauce central del temporalismo se adhieren otros sustratos temáticos, entre los que se vislumbra el afán metaliterario, si cabe, con un deje irónico, que resalta en la entrega Cuaderno de Bocaccio, aparecida en 2010, el mismo año de Paisaje (en tercera persona). Se divaga sobre los aspectos formales, la brevedad, el sentido comunicativo y dialogal de las palabras y esa noción conceptual de la escritura como proyecto inacabado, como conjetura que resguarda la luz debajo de la dermis oscura del sentido, sin tener que recurrir a aderezos retóricos ni trucos de magia. Alguna vez he leído que los versos figurativos amplifican el realismo desde la sugerencia. Es una excelente definición que hago mía de inmediato. El sujeto verbal no emplea un realismo enunciativo, busca para la arquitectura del yo protagonista andamios nuevos y anula marcas gastadas de etiquetas tópicas.
    En la práctica poética de Aquí la memoria es un epicentro fundamental, desde la sentida dedicatoria de la amanecida: “Con mis padres, Teresa y Leónides, en memoria. Con mis hijas, Ana y Julia. Antes, después”. Su paso indagatorio conecta pasado y presente, como orillas de un desahogo vivencial que nunca atenúa los pasos de la incertidumbre. Los poemas alzan andamios, van poblando la cartografía del recuerdo con los trazos cómplices de un yo cambiante que  salió a la mañana para percibir “el mundo en el instante que comienza”. Mientras, el tránsito diario dispersa las hojas de los días, esa fronda perecedera que abriga la condición de ser.



José Luis Morante