sábado, 31 de diciembre de 2016

CUENTECILLO DE NOCHEVIEJA

Es cielo y es azul


DIAGNÓSTICO

   Su curtida experiencia en la consulta no supo definir las extrañas lesiones. Ni siquiera cuando acercó las recientes radiografías al foco de luz, o leyó en voz baja los prolijos informes del analista. Con la paciente voz del paternalismo, preguntó de nuevo al protagonista. Palabra a palabra, recibió la misma respuesta. El paciente se había caído en un sueño. 

(Del libro en preparación Cuentos diminutos)


viernes, 30 de diciembre de 2016

RESPUESTAS AL CUESTIONARIO CHAMFORT

San Agustín (Florida USA)

CUESTIONARIO  CHAMFORT


¿Recuerda cuándo empezó a escribir a aforismos de una forma
consciente, es decir, comprometido con el género en cuanto autor?

  No recuerdo una fecha exacta, pero los primeros aforismos de mi libro Mejores días (Mérida, 2009) nacieron hacia 2005, ya como textos autónomos para integrarse en un libro futuro. Antes  escuché con frecuencia que muchos de mis poemas tienen un cierre aforístico; así que no fue una decisión brusca en mi escritura.

¿Cuál es su método de creación y composición de aforismos? ¿Los
corrige de forma concienzuda, o prefiere respetar la primera
intuición?

  No existen fórmulas fijas. Por lo general suelen presentarse con un detonante concreto: una vivencia, una lectura, un asunto laboral… Así alcanzan una primera redacción que después modifico varias veces. La intuición  es una brújula perezosa y poco fiable.

 ¿Cuáles son sus aforistas de cabecera?

Mis estaciones de vuelta son dos, Friedrich Nietzsche y Elias Canetti.  Pero no monopolizan mi mesilla, dejan sitio a los moralistas franceses o a clásicos y coetáneos que me dejaron el alborozo intacto de un descubrimiento.

 Dígame su aforismo favorito, aquel que envidia no haber escrito usted.

Los gustos cambian con el discurrir temporal y la estructura del género no invita a la memorización, como un poema rimado; más bien a la reflexión. Los estados de ánimo también regulan las preferencias. El que hoy prefiero no es el de ayer y mañana será sustituido por otra lectura. Este de Ramón J. Sender se escucha muy bien: “El error de haber nacido se corrige siempre”.

 ¿Recuerda el mejor aforismo sobre el aforismo que haya leído?

En la edición que Renacimiento hizo de los aforismos de F. Nietzsche existe un índice temático, y sería fácil elegir una respuesta. Sin embargo la cualidad esencial del aforismo es su diversidad. No me gustan los aforismos que se miran su propio ombligo. Así que callo cualquier aforismo narcisista.  

 ¿Qué lugar ocupa el aforismo en su actividad creadora, respecto a
otros géneros?

Desde que abrí el blog “Puentes de papel”, el 30 de diciembre de 2011, la práctica aforística ha ganado musculación y presencia. Su filosofía concisa y su ajuste léxico  muestra grandes afinidades con el tiempo binario de internet. Además es un género sedentario en mi trabajo que comparte espacio con la crítica y la poesía en buenas relaciones de vecindad.

 ¿Cree que se está produciendo en España cierta burbuja aforística?

   No. Aquí no sirve la especulación. Los falsos materiales no pueden disimularse; por tanto los espejismos apenas salen a la superficie. En las últimas décadas, se han constituido nuevas colecciones que invitan al lector a sumarse al género. Y también hay una mayor solicitud de frutos aforísticos por parte de los editores. Así que parece que hay una cosecha cualitativa.

¿Qué influencia cree que pueden haber ocasionado ciertos fenómenos
sociales (como la publicidad o las redes sociales) en el actual boom
del aforismo?

Ya he comentado en una respuesta anterior que vivimos tiempos de celeridad comunicativa y el aforismo se ajusta bien a este trayecto en ruta. Un cantar de gesta en el blog es ilegible; un haiku o un aforismo invitan a una degustación al paso. Son aperitivos creadores que no sacian el hambre de buena literatura pero diluyen sus efectos.

 ¿Qué virtud y qué peligro puede tener el aforismo respecto a otros
géneros literarios?

Consignaría como virtudes la precisión, el fondo argumental incansable, la facilidad de lectura y el afán comunicativo. Los peligros también son explícitos: el tono solemne de púlpito y dogma, la obviedad, el razonamiento sin matices…

 Para terminar, obséquieme con un aforismo inédito, nunca antes
publicado en ningún otro sitio.

Debo ser generoso con su paciencia. Dejo dos:

“Antes del alud, elogiaba la belleza impasible de aquella roca”

“Cuando el lunes se despista deja en los espejos una sonrisa dominical”

                                                          
                                             Cuestionario Chamfort de José Luis Trullo 
para la revista digital EL AFORISTA 
www.elaforista.com

                                               

jueves, 29 de diciembre de 2016

ÁNGEL PETISME. EL DINERO ES UN PERRO QUE NO PIDE CARICIAS

El dinero es un perro que no pide caricias
Ángel Petisme
Premio Miguel Labordeta 2015
D. de Educación, Cultura y Deporte
Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2016
DENUNCIA Y COMPROMISO

   Cuando recorro las calles literarias de Ángel Petisme lo hago siempre con la imagen del poeta junto a una guitarra, como si no fuera posible entender la textura de su obra sin el tacto firme de la música. Y recuerdo de paso aquella  reflexión de Juan Ramón Jiménez recogida en Ideolojía, título global de sus aforismos: “El paisaje del músico está todo hecho de vagas ondas líricas que van y vienen; el del poeta tiene la imprecisión del ensueño de las palabras”. Así que el aragonés unifica una realidad creadora implicada en esa doble condición.
   No sorprenderá al interlocutor habitual de Ángel Petisme el uso de un rótulo tan explícito para esta entrega, El dinero es un perro que no pide caricias. En su médula está la aseveración de un modo de vida que hace de lo material el centro giratorio de la existencia. Así funcionan los engranajes aceitosos de la sociedad capitalista que basa su fulgor en la desigualdad social y en la concentración de la riqueza en unas pocas manos, unos protagonistas jerárquicos que, además, tienen el control político, social e informativo de toda la estructura colectiva. Esta situación mantiene un equilibrio moroso que solo despierta con la denuncia y el compromiso activo. Y a ello se aplica en palabras y poemas Ángel Petisme, para quien el lenguaje no es un florecer de enunciados gratuitos sino una toma de posición, el suelo de cultivo donde cavar trincheras reivindicativas.
  Así lo constata, sin aderezos retóricos pero con un amplio bagaje culturalista, esta salida reconocida con el Premio Miguel Labordeta. El libro aglutina cuatro composiciones largas que sugieren ciclos estacionales narrativos. El de amanecida “Un minuto caliente” –título de una canción de Red Hor Chili Peppers- es un largo recorrido personal en torno a la música como gesto activo y a sus principales protagonistas, según mantiene el cristal transparente de la memoria del poeta: los versos miran el gastado traje de la historia para hallar el principio de esos desajustes que generan, desde su amanecida, sábanas de sombra y oscuridad sostenida. El paso argumental traza una senda, deja al descubierto las voces de los que iniciaron desde la música un largo lamento acusatorio, un mantra plural que suena en el tiempo entonado por gargantas que forman parte de un único coro. Nadie se queda solo porque suena una voz de multitudes, un reguero de música que llena el camarote de la soledad, mientras enseña que los trovadores perviven, aunque no estén, como si fueran impasibles compañeros generacionales, las mejores mentes, las que abren senda para que otros prosigan en la búsqueda de sensaciones para ser felices, al menos por un día. Un discurrir del tiempo hecho canción que asiente a pronunciar las sílabas culpables de una verdad furiosa, que parece sin más un largo aullido contenido en la letra de una canción lejana: Tu sueño del futuro es un proyecto comercial.
 Si el primer poema era una larga evocación de nombres propios que hicieron de la música una estrategia de resistencia activa, el segundo, “Dinero y poesía” proclama un análisis que contrapone dos realidades antitéticas cuya naturaleza es un vivero de confrontación continua. Dinero y poesía se miran con desprecio y solo se soportan si cada una de ellas cierra los ojos y respira en otra parte. La poesía –la verdadera poesía, no la complaciente palabra lírica de los adaptados- busca un espacio atemporal e intangible, mientras el dinero asienta su fortaleza en lo matérico y en la complicidad de un submundo infectado. Entre las dos quedan al paso sus estrategias de afirmación sobre las que cada conciencia debe definirse, sin interferencias.
   En esta inmersión en el acontecer del dinero que va gestándose en las distintas civilizaciones desde el metal noble hasta el papel, también hay sitio para lo autobiográfico y para la evolución mudable del lugar propio. La revolución en cualquier faceta de la creación o de la existencia pasa por la de uno mismo como afirmaba Wittgestein: “revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo”.
   El poeta forma parte de un entorno crecido en el acontecer. Zaragoza es lugar colectivo que en sus etapas ha ido acogiendo el laboreo de pueblos y civilizaciones hasta construir una gran babel donde el presente es reflejo tedioso de los mismos desajustes que muestran otros sitios. La ciudad requiere hacer sitio a la utopía y poner en sus calles un sitio al sol, renacido y diáfano como un monte perdido antes del diluvio que ha borrado de sus muros cualquier síntoma de decadencia. Conviene reencarnarse en el espíritu de Rimbaud y Baudelaire, modelos del espíritu decadente, y protagonizar esa ruptura con lo viejo y manido y asumir ese afán de contenido social de la escritura que reivindica el compromiso del poeta con su tiempo histórico.
   Esa belleza gastada por el tiempo, como el cabo de una vela, de la ciudad deshabitada  se contrapone con el hermoso plano urbano de Venecia, paradigma de celo arquitectónico. Así la ciudad se convierte en destino final para la huida que permite ausentarse del tiempo y escuchar sus ecos como si fuera una gran ilusión, un espejismo ajeno a lo real en el que es posible no morir de belleza sino de verdad.
   Cierra el libro un título propicio a la estridencia, “Revolución”. La voz verbal no quiere que su sonido llegue mitigado y escueto hasta la página sino que se convierta en pancarta y recorra las calles del siglo XXI. Los versos proclaman su homenaje a los días de acampada en Sol y a aquel espíritu que inundó las aceras de Madrid para proclamar su ilusión por un cambio real y una sociedad distinta en el que las voces proclaman a coro que “sí se puede”, desde una crítica severa y expresada con un lenguaje cotidiano: “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir,  / decía una pintada junto a la boca / del metro.  Dormimos bien poco aquellas noches: / estábamos soñando el futuro con los ojos abiertos”
  El dinero es un perro que no pide caricias es una cuerda tendida entre el compromiso y la revolución. Sus versos no quieren asentarse en el cuerpo de letra de la página escrita por la caligrafía del sosiego que habla de integración y conformismo. Busca un muro donde dejar su aullido, donde asentar las huellas de un tiempo marcado por la crisis, que excluye, ignora, y desahucia. La de Ángel Petisme es una poesía en voz alta, una riada expandida y fuerte, con una profunda veta de humanidad, que pone de relieve el empuje incansable de una conciencia activa.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

INQUIETUD

Simetrías


INQUIETUD

                                         Cuando duerme la luz

Tensan sus hilos
inquietas sombras negras;
esparcen miedos.


martes, 27 de diciembre de 2016

RAQUEL VÁZQUEZ. EL HILO DEL INVIERNO

El hilo del invierno
Raquel Vázquez
Hiperión, Poesía
Premio "Nueva Valencia"
Madrid, 2016

HILOS EN BLANCO Y NEGRO

   El año literario llega a puerto y una de las características más relevantes de su trascurso ha sido la proliferación de antologías para dar voz coral a la primera generación del siglo XXI. Casi todas han mostrado un paisaje plural. Sin embargo, las selecciones son parciales y han dejado fuera de página a itinerarios singulares que antes o después se afianzan como travesías renovadoras. Así sucede con el corpus lírico de Raquel Vázquez (Lugo, 1990), Licenciada en Filología Hispánica por la universidad de Santiago de Compostela y autora de Por el envés del tiempo, Pinacoteca de los sueños rotos, Luna turbia, Lied de lluvia para una piel ausente, Si el neón no basta y la entrega que ahora comentamos, El hilo del invierno, un nutrido equipaje en un lapso temporal que apenas sobrepasa el lustro.
   En su última entrega, la poeta se acoge a un paratexto enjundioso: Cortázar, Bekett, Faulner, que no clarifica demasiado las sombras tutelares, así que corresponde ir desgranando El hilo del invierno, sortear referentes culturales y hallar las líneas cromáticas de su visión estética. El poema de apertura, “Sapere aude” postula una situación de desamparo y soledad en la que la voz poemática está frente a sí misma; busca sentido a ese recorrido por lo transitorio que postula incertidumbre: “Saber que cada roce / de piel, cada palabra es un milagro / insuficiente, azaroso, ya efímero. / Y lo es del mismo modo que nosotros: /esa película, la eternidad. / Y su fundido en negro. / Existe vida – y no / apenas simulacro - / solo en los ojos que no niegan a la muerte”. Existir es caminar sin tregua hacia la última costa y solo aceptando esa premisa alcanza el tiempo su encaje mudable.
   Pero la voz del sujeto nunca se formula a espaldas de un trayecto colectivo, recoge pasos que comparten senda y contingencia, que van apurando los signos de identidad de una época en crisis, donde se han ido asentando en los diccionarios de la angustia sustantivos de complejo significado. De esa llamada social se nutren poemas como “Recortes” con un cierre magnífico: “Recortarán la luz / y diremos que nunca había amanecido.”; o “Sufijos telefónicos” que muestra la cronología sucesiva de la barbarie en Guernica, Nagasaki, Sarajevo, Basora o Alepo, esos topónimos escritos con sangre que tallaron el mármol de la muerte y que imponen su evidencia en la conciencia de todos. Son sitios malditos, inútiles andenes de un cauce paradójico, en el que que sigue manando el mismo miedo y la sombra tenaz del silencio y la noche. Cada lugar es un punto de inflexión y de impotencia en el que se van apagando luces y esperanzas. Con ese mapa de carreteras desplegado en tantos sitios dispersos, es difícil aspirar a que crezcan semillas de esperanza y buscar todavía sueños que aspiren a cumplir su amanecida. El bagaje del apartado inicial está marcado por las coordenadas del dolor.
   En el paisaje interior de “Hilván de cielos”, apartado central del libro, el sentimiento amoroso constituye un andén de llegada; la ausencia del otro vuelve amarga la luz, clausura el estar diáfano del mediodía y deja entre los dedos la sensación desapacible de un tacto de nieve. De ese estar en el desamparo nace un abismo que va creciendo dentro como un páramo en el que las palabras reinician titubeos con perseverancia: “Pero no es nada fácil saber qué permanece, / nombrar lo fugitivo. / Cuando mi mano está / irremediablemente acostumbrada / a la siempre presente caricia de tu ausencia“.
  Unos versos de Roberto Juarroz clarifican el título de la sección de cierre, “Hilván de saltos”: “Hay que dar un salto. Pero todo salto vuelve a apoyarse. / Habría que ser un salto”. Es una manera de dejar sitio a la voluntad que va dejando una caligrafía esperanzada en las palabras. La evidencia está ahí, con su piel de óxido, como están los muros que cortan los sueños de los sin papeles que buscan sitio en las ciudades del progreso, como están en la imaginación del náufrago las costas acogedoras de una isla cercana: “Al menos si el sonido es luz que se levanta, / quedará alguna voz donde permanecer, / hacer de cada sueño / tinta: palabra a la que aferrarse. / Antes de ese final / que ya mismo comienza. / Que poco a poco traza el hilo del invierno”.
  Sin duda, la percepción crítica sobre los trazos que deja la poesía joven necesita distancia cronológica. Su proceso creador debe abordarse con elementos objetivos que confirmen las vibraciones iniciales y el hecho natural del crecimiento. Y así lo refrenda El hilo del invierno por su sentido orgánico, por el acierto en elegir  residuos y connotaciones sombrías de nuestro tiempo y por la intensidad y consistencia que emiten sus símbolos e imágenes. Por tanto, no especulo cuando digo que Raquel Vázquez es uno de los nombres de confianza del espacio poético actual, una de sus realidades más logradas.
   

lunes, 26 de diciembre de 2016

ENTRE CARÁMBANOS

Invierno en la sierra
Fotografía de
Javier Cabañero

ENTRE CARÁMBANOS

 A los que entrecierran los ojos del afecto

La nieve y los carámbanos propician una mirada estrábica.

Alquiló una sonrisa respetable para fingimientos y usos cívicos.

Tarde de café con reproches y una burbuja onírica que respalda el pasado común.

Ese tenso diálogo entre una cobardía expansiva y el remordimiento.

Su optimismo sugiere que la lógica cierra el camino al caos.

Músculos vigorosos, épicos, espartanos, para transportar un paraguas.

Un largo proceso de aprendizaje para masticar chicle.

Tartamudez de ideas.

De su ignorancia aprendí mucho.

Es tarde; el momento justo de hacer casi todo.

¿Vidas? Patéticas imitaciones que súbitamente se desvanecen.

( A sorbos )


sábado, 24 de diciembre de 2016

DÍAS NAVIDEÑOS

Plaza mayor


DÍAS NAVIDEÑOS

                            También aquí
                                                         ese paso fugaz de quien celebra

Cada detalle 
ocupa su lugar
en el recuerdo.


viernes, 23 de diciembre de 2016

VACÍOS, DESAPARICIONES Y OCASOS

Un vacío diáfano


VACÍOS, DESAPARICIONES Y OCASOS

   Desde hace varias semanas, no estoy. Ignoro si mi ausencia es un ocaso momentáneo, o una voluntariosa huida hacia los pedregales de ninguna parte. Así que ando aplicado, con los varios sentidos que tengo todavía, en la tarea de encontrarme. No sé vivir a solas, sin esa voluntad que me despierta en medio de la noche recordando a media voz el inventario de asuntos pendientes.
   Durante algunos años pensé que daba cuerpo a un sujeto centrípeto e indivisible, destinado a vivir en el monolito de una identidad única. No imaginé esa atracción interna por la vida nómada, ni el deseo de hacer de lo habitable un vacío diáfano.
   Me doy prisa en la búsqueda, antes de que empiece a olvidar el campo ralo de mi ausencia. 

(Del libro en preparación Cuentos diminutos

jueves, 22 de diciembre de 2016

LA TORRE DE MARFIL

Muralla 
Ávila, 2015
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

  EREMITAS DIGITALES

   Acostumbrados al paso lento de la edición tradicional que llevaba el manuscrito hasta la imprenta, el blog sorprende por su disposición e inmediatez para acoger cada uno de los escritos seleccionados, sean estos asuntos personales o impresiones lectoras. Las entradas se suceden con apremio y  la escritura no conoce descanso; nada queda del latido acompasado que, con morosidad, analizaba las pautas de un momento histórico o los estados de ánimo de una identidad concreta. Hay que aceptar un axioma de partida: lo que se publica no se somete al mutismo de la distancia para que acreciente sabores y cualidades. El blog exige una caligrafía de la urgencia que no se extravíe en digresiones; marca un itinerario sin rotondas con la promesa de una receptividad colectiva, tangible y medida con exactitud por el contador de visitas que además nos deja una cartografía diferenciada de lectores habituales y esporádicos.
   Como en cualquier manifestación escrita, la función última del blog es caminar juntos sobre la geografía del lenguaje, superar ese nuevo formato de aquella vieja torre de marfil, de aquel exilio en lo individual, meditando la quiebra de ilusiones vitales y el aplazado viaje a tantos paraísos perdidos. La pantalla encendida del ordenador nos convierte ahora en tercos eremitas digitales.

                                                   

                                                       

miércoles, 21 de diciembre de 2016

APUNTE AL PASO

Puente
Fotografía de
Javier Cabañero
Madrid, 2016


APUNTE

                                                   También cuando la niebla

Pienso en ti casi siempre;
las otras veces pienso en ti.



lunes, 19 de diciembre de 2016

GIULIANA CALABRESE. EN ITALIANO

Giuliana  Calabrese
(Madrid, 2016)


Giuliana Calabrese es doctora en Literatura Española por la Universidad de Milán con una tesis sobre la poesía de Luis García Montero. Actualmente es becaria postdoctoral en la misma universidad y se dedica al estudio de la poesía contemporánea en castellano y de su traducción y recepción en el ámbito italiano, con especial atención al análisis de los mayores premios poéticos españoles. Ha presentado diversas comunicaciones en congresos nacionales e internacionales y ha publicado sus artículos sobre poesía actual y traducción en diversas revistas y obras colectivas. Colabora como traductora y lectoras con algunas editoriales italianas y su traducción al italiano del soneto de Unamuno “Tus ojos son los de tu madre, claros...” obtuvo una mención de honor en el ámbito del II Premio de traducción poética de la Universidad de Bolonia (2014).



AFORISMOS  DE  JOSÉ LUIS MORANTE

Traducción al italiano de GIULIANA CALABRESE


 Minucia interna; no encuentro en mi interior nadie en quien confiar.
Minuzia interna: dentro di me non trovo nessuno di cui fidarmi.

  
Si miras con atención el lugar que ocupas, donde estás no hay nadie.
Se osservi con attenzione il posto che occupi, dove sei tu non c’è nessuno.

 En el apagado discurrir del tiempo, adanes primigenios que aguardan todavía una manzana.
Nel placido scorrere del tempo, adami primigeni che attendono ancora una mela.


En la madeja de la gratitud se apelmazan los hilos sueltos.
Nella matassa della gratitudine si addensano i fili sciolti.

  
En la poesía bucólica, espontánea colaboración de una coral ecológica: piedras, juncos, pájaros y nubes…
Nella poesia bucolica, spontanea collaborazione di una corale ecologica: sassi, giunchi, uccelli e nuvole...

 Carne tranquila. Senectud.
Carne tranquilla. Vecchiaia.


En las conversaciones con desconocidos los intermediarios más eficaces son la elusión y el silencio. 
Nelle conversazioni con gli sconosciuti gli intermediari più efficaci sono l’elusività e il silenzio.


La poesía es un yo caligráfico, angustiado por su propia identidad.
La poesia è un io calligrafico angosciato dalla sua stessa identità.

  
La autonomía imaginativa del sueño requiere folios blancos por su inclinación a lo imposible.
L’autonomia immaginativa del sogno necessita di fogli bianchi per la sua inclinazione all’impossibile.


 El subconsciente poético confía en el potencial de los precursores.
L’inconscio poetico confida nel potenziale di chi ci precede.

  
Punto de fuga. Nostalgia de un lugar que no existe.
Punto di fuga. Nostalgia di un luogo che non esiste.

(Versión de Giuliana Calabrese, Milán, 2016)
                                                                                                

sábado, 17 de diciembre de 2016

ACERCA DEL SUEÑO

A dos voces
Fotografía de
Javier Cabañero

ACERCA DEL SUEÑO
                      
                  Para Irene
  I
      
Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.

II
          Para Ana

Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.

     (De Mapa de ruta, Granada, 2010)     

                                   

viernes, 16 de diciembre de 2016

ÁNGEL TALIÁN. EL SOL SOBRE LA NIEVE

El sol sobre la nieve
Ángel Talián
Editorial Balduque
Cartagena (Murcia), 2016


EN EL OTRO COSTADO


  Cada discurso poético enciende una luz. Muestra, a través de las ventanas del lenguaje, la representación de un entorno poliforme que debe plasmarse –en los signos lógicos de lo previsible- con rasgos objetivos y en concordancia con las formas presenciales de la realidad. Pero frente al mimetismo figurativo está la poesía como conflicto, el verbo rupturista que disgrega la norma para abordar otras líneas de fuerza y plantear una epistemología de lo visible. La realidad desaparece y se convierte en imagen de una imagen, en otra identidad cargada de valor cognitivo y sentido previo, que no es una réplica sino una configuración con contornos renacidos de un mundo apresurado y contingente.
  Esta pretensión expresiva define el modelo poético de Ángel Talián (Madrid, 1985), Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, protagonista de abundantes iniciativas culturales, escritor de relatos, y  autor de las entregas La vida, panorámica –accésit del Premio Adonais- , Estar solo, y La paciencia salvaje.  En este libro, editado hace unos meses por Amargord, encontramos una datación nítida del afán de taller en el excelente prólogo de Ana Gorría : “El autor articula su voz en diálogo con una tradición de gran amplitud que no es solo contestada sino reformulada y ampliada en esa vocación íntima y pública que anima el poemario y que es el epicentro de su núcleo. Los poemas que componen el libro dan forma a una voz en proceso cuya principal arma es el fragmento, la suspensión del sentido, el paralelismo y el encadenamiento del sentido”
  En El sol sobre la nieve, el escritor encauza una labor singular a partir de un marco situacional que hace suyo aquel verso de Adrienne Rich: “Las palabras son mapas”. Y ese plano desplegado postula un largo viaje al espacio norteamericano de la sociedad postindustrial que emerge en el otro costado del océano. Desde el inicio, el largo viaje fusiona entorno y orografía interior, un entrelazado de percepciones donde se guardan los latidos maleables de elementos al paso que parecen hacer del ahora un reclamo nostálgico. El recorrido del protagonista verbal se desdobla; amplifica su rutina en un cristal porque el regreso reitera minucioso el tiempo consumido de la ida y sus parámetros contingentes. Y entre la partida y el retorno se expande un largo paréntesis de andenes habitables para que el yo exprima sus horas con la sensación de estar interpretando un papel aleatorio. Es preciso descubrir motivaciones y sentidos.
  Así hilvanan los poemas un espejismo vivo en que se levantan topónimos urbanos prestigiados por la tradición cultural de la generación beat, aquella leva que formaron Kerouac, Cassady, Corso o Allen Ginsberg. Pero no se trata de mimetizar aquella explosión lingüística en libertad de San Francisco sino de dar forma a otra travesía capaz de convertir la visión de “Aullido”, emblemático manifiesto epocal de Allen Ginsberg, en “Maullido” casi un poema río que funciona como crónica. Sus versos exploran con pupila crítica los signos más palpables del ahora, sin complacencia, con afán de analizar paradojas y contraluces, sintiendo el tacto frío del sol sobre la nieve.
  La poesía última de Ángel Talián culmina una obra poética salpicada de originalidad, con una singular acuñación, ya bien palpable en La paciencia salvaje, donde los poemas funcionan como secuencias hechas metáforas de la espera. En las palabras de Ángel Talián  una conciencia en tránsito busca el legado objetivo de lo inerme para transformarlo en existencia. 
   El pensamiento se acerca y revisa, deja la voluntad en reposo. Entonces nieva y aparece el poema.




jueves, 15 de diciembre de 2016

AFORISMOS CON CHARCOS

Cuando bajo los ojos


AFORISMOS CON CHARCOS


Tomé el paraguas y tuve una extraña sensación de extravío. No sé si busco un transporte público o una academia de observación costumbrista.

Sobrevalora su inteligencia elevando el tono de voz.

El falso techo de las utopías es una superficie de escayola.

En los titulares de prensa el griterío pancartero que reclama el derecho a decidir, esa fantasmagoría colectiva que exalta el ADN,

Un día se citó con su pasado. No lo reconoció. Había cambiado de aspecto.

El aserto "muchas gracias" se ha convertido en una rareza enunciativa.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

INCERTIDUMBRE

Calle Laberinto

INCERTIDUMBRE

                                                    Con Juan de Mairena


Vuelven las dudas;
un círculo cuadrado,
conmigo dentro. 


martes, 13 de diciembre de 2016

JESÚS CÁRDENAS. LOS REFUGIOS QUE OLVIDAMOS

Los refugios que olvidamos
Jesús Cárdenas
Anantes Gestoría Cultural
Sevilla, 2016

HUELLAS


   A punto de cerrar el año literario, regreso a la poesía Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1973), Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, docente en ejercicio, colaborador habitual en distintas publicaciones literarias y autor de un horizonte creador que arranca en 2005 con la entrega Algunos arraigos me vienen y cuya salida más reciente es Sucesión de lunas, una compilación de poemas amanecida en 2015.
  Conviene recordar algunos aspectos esenciales del discurso lírico de Cárdenas. Para el poeta el lector es siempre un interlocutor, por tanto recorta sus temas con nitidez, con una expresión que moviliza sensaciones y sentimientos. El verso cartografía paisajes interiores que habitan la memoria y exponen el fondo de ideas de una sensibilidad que adquiere sentido mientras vislumbra meandros existenciales, en los que casi nunca se hacen sólidas certezas irrefutables.
  Los refugios que olvidamos integra cuatro apartados que mantienen una similar atmósfera elegíaca. El primero, “La humedad”  describe la aspiración del sujeto verbal al encuentro con su identidad. Quien mira es dueño de un patrimonio onírico y hace del sueño un bien firme y cálido, un aliento que impulsa a salir a la amanecida. Fuera, la realidad muestra su desgaste; en ella se percibe la condición mudable de cada existencia, ese afán de belleza que rompe el discurrir y del que apenas queda una mínima estela. Percibir supone adentrarse en las sombras, mirar la orografía del dolor, recorrer encrucijadas de contraluces, sentir el tacto de la soledad. Así lo constata el poema “Belleza breve”: “El pasado velado por la nieve tupida / un señuelo del tiempo, gélida la soledad / y desnuda como la rama; / la mancha del invierno dañando la memoria “. En el estar de incertidumbre el puente hacia el amor se convierte en paso firme y hace de la otredad el único refugio, una luz cercana que convierte el tiempo en un territorio habitable que preserva los signos, que salvaguarda mirada y tacto.
  La imagen de fugacidad de la existencia tiene una atinada expresión en las hojas secas, en ese reposo amarillo que se mueve en las manos del viento, desgajado de la solidez de las ramas, como si solo fuese retiro y caducidad. Esa visión sirve de contrapunto al amor y a su capacidad de reinventarse y de protagonizar un nuevo ciclo de vida Los días de su aurora se van haciendo lejanía y olvido hasta que una nueva epifanía conmueve el epitelio y lo sacude, como si la existencia solo alcanzase su plenitud en otra identidad y en otra entrega. Pero las cicatrices permanecen detrás. Son un sustrato manso de ceniza que recuerda en la claridad crepuscular esa sensación de renuncia y derrota. De ese espejo da testimonio firme la palabra: “En el filo del verbo tornadizo / un rastro de cascotes agoniza / por donde la imagen concertada / se apodera de todo. Imposible / habitar, por igual, el desconcierto, justa desesperanza y la cautela / de nuestros pasos sin un grito ronco “
  El poema se convierte en reflejo de lo real, mira debajo de su dermis y percibe si ilusiones y sueños perduran intactos, puestos a resguardo en los refugios que crea el corazón, o fueron borrándose, como quien juega todo a fondo perdido y solo queda la noche, la constatación de un engaño que convierte la vida en un fin de etapa, en el tecleo de una lluvia cansada.


lunes, 12 de diciembre de 2016

MEJORES DÍAS

Mejores días
José Luis Morante
De la Luna Libro Ediciones, Aforismos
Mérida, 2009


                                        UN MODO DE RESPIRAR


    En esta muestra aforística, Mejores días, he optado por el ordenamiento cronológico frente al temático para subrayar la autonomía textual. Es el hilo continuo de los días el que ha puesto su orden natural. A esa independencia alude también el título. El aforismo imita a un paseante; callejea, pero no se dirige a ninguna parte concreta; cambia de dirección, como si su voluntad obedeciera a una brújula de ocurrencias.
  El desorden instaurado implica una pluralidad de motivos; apunta a la relación entre vida y escritura y describe un contexto histórico que aporta referencias y establece climas emocionales. Las preocupaciones son diversas; queda patente cómo el interés fluctúa y cómo el entorno enriquece nuestra mirada. El aforismo particulariza sobre ética, sociedad, sentimientos o literatura porque “nada de lo humano le es ajeno”.
   El estilo conciso marca también huellas afectivas que deben sortear los obstáculos pasajeros con los que nuestras incursiones tropiezan. Viajamos hacia los rincones de la conciencia; desde allí vislumbramos las posiciones que dan carácter al lenguaje: los pensamientos sugieren explicaciones, aunque sean humildes o parciales, aunque especulen con los significados.
  La cortedad en el decir exige la máxima tensión; la realización verbal parte del principio de economía y del rechazo de elementos aleatorios. Eso no anula una intensa carga poética.
  El suplicio de las moscas, un libro de Elias Canetti, es uno de los títulos que cuentan como impulso inicial hacia el género. Antes de su lectura, el aforismo tenía para mí un perfil de estatua: hierático y grave. Canetti fue un escritor prolífico, rellenó muchas páginas con aforismos, relatos mínimos y ensayos breves, que articulaban su pensamiento y expresaban el “modo de respirar” frente a la realidad cotidiana. Dos selecciones del Nobel búlgaro me han acompañado estos años, La providencia del hombre y El corazón secreto del reloj. He compartido su lectura con los aforismos de Lichtenberg, quien me proporcionó uno de esos principios vertebradores que nunca envejecen: “buscamos en la lejanía causas que suelen estar muy cerca, en nosotros mismos”. De Lichtenberg también es esa preferencia por una sensibilidad lingüística alejada del retoricismo y la preferencia por lo pequeño.
Esta búsqueda que nos concede un poco de luz es la que abre de manera directa las ventanas del conocimiento.
El aforismo es música, el último acorde que clausura una pieza.

                                                                       

  

domingo, 11 de diciembre de 2016

WISLAWA SZYMBORSKA. SENCILLEZ

Wislawa Szymborska (1923-2012)


WISLAWA SZYMBORSKA. DESDE AQUÍ.

   En la gelidez de la mañana en la sierra abulense - Gredos en la ventana es niebla y acuarela de nieve- recupero la voz de Wislawa Szymborska, Los versos prometen una manta de lana y un te con limón. Vuelvo a su último libro, Aquí, un poemario traducido por Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano, en 2009, incluido en el imprescindible catálogo de poesía contemporánea de la editorial Bartleby.
   El preciso enunciado, Aquí, sugiere inmediatez y refugio próximo; son cualidades que la poeta polaca, ganadora del Premio Nobel en 1996, hace suyas desde la amanecida de su quehacer literario, porque todos los textos de Wislawa Szymborska se formulan en un tono intimista, como quien comparte una contingencia o un pormenor vivencial, como quien define pensamientos al alcance de cualquier usuario, sin el clasicismo elitista de la reflexión filosófica y sin la formulación calculada del lenguaje científico.
   El devenir concede los instrumentos necesarios para entender lo que nos rodea, ya sea un asunto doméstico o las características generales de nuestro planeta: “La vida en la tierra sale bastante barata. / Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo. / Por las ilusiones, sólo cuando se pierden. / Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo. “
   El sistema de ideas parece haber sido dictado para vivir sin pretensiones, como si el mensaje directo, nítido y certero sortease cualquier circunloquio y eligiera siempre la línea recta. Tan escueto aderezo nos convence de inmediato de su pertinencia y además nos asegura que lo genial pertenece a otra voz y que quien nos habla tiene las mismas limitaciones que tenemos nosotros y el mismo riesgo de que una buena razón se vaya diluyendo sin remedio por nuestra pereza.
   Los poemas de Wislawa Szymborska dejan sitio a recursos expresivos como la personificación o el desdoblamiento de la identidad; nada es ajeno. Despierta, por ejemplo, una complicidad inmediata su incursión en el microcosmos, ese mundo invisible que pudiera tener su peculiar sociedad organizativa y que en su mínima existencia es capaz de condicionar múltiples latidos de seres superiores. Los misterios de lo cotidiano son tratados desde el coloquialismo y la sencillez; solo así se plasma en sus líneas un pensamiento firme, una huella en el frío, un fuerte abrazo.






viernes, 9 de diciembre de 2016

RECUERDO DE MI PADRE

Pasos entre la niebla

RECUERDO DE MI PADRE


Mi padre ponderaba la eficacia
como un tesoro extraño y valiosísimo,
escondido en el vientre de la tierra.
Solia levantarse muy temprano,
con el tictac grabado en la memoria
y dilataba, oscuro, una jornada
que concluía laso y taciturno.
Era su empeño inmune al frío o la canícula.
Por él estuve interno tantos años
con la sola misión de hacerme un hombre.
(Entendamos: un hombre de provecho,
un atinado buscador de logros )
Mas el esfuerzo no valió la pena.
Ël no tiene conciencia del fracaso.
Descubrió en la derrota
una patria feliz, compensatoria.

    (De Mapa de ruta, Granada, 2010)



jueves, 8 de diciembre de 2016

CRÍTICO DOCTUS

Detrás del yo

CRÍTICO DOCTUS

(En el espejo)


  Casi final del año literario y se desperezan los balances. Es la hora justa para que imparta su habitual lección el crítico doctus. Su tarea es universal y conocida: elaborar una intimidante selección de libros que asuma el legado de su inteligencia. No concede ni un gramo de su sabiduría al gusto popular, a ese lector voluntarioso de exigencias humildes.
  Solo quiere complacer a la pedantería de su yo, convertir la lectura en un lecho de hielo inhabitable.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

MANUEL NEILA. LA LEVEDAD Y LA GRACIA

La levedad y la gracia
Aforistas hispánicos del siglo XX
Manuel Neila
Editorial Renacimiento, Los Cuatro Vientos
Sevilla, 2016

CAMINOS DEL AFORISMO

   Pocos  críticos se abren paso en los caminos del aforismo contemporáneo con el entendimiento y la solvencia de Manuel Neila (Hervás, Cáceres, 1950). Ligado desde su juventud al ambiente universitario asturiano, se estrena como poeta con el libro  Clamor de lo incesante, que promueve su inclusión en la antología Las voces y los ecos, de José Luis García Martín. Tras una severa pausa creadora, el escritor reabre taller en el comienzo de los años noventa para protagonizar un fecundo itinerario en varios géneros, poesía, páginas autobiográficas y ensayo.
  El volumen La levedad y la gracia agrupa sus investigaciones en torno al aforismo, un género que radiografía en profundidad; para el poeta el texto breve no es una simple moda sino una estrategia expresiva sobre cuya evolución temporal ha preparado estudios dispersos en publicaciones como Turia, Clarín o Cuadernos Hispanoamericanos. La autonomía de cada sondeo concede a los capítulos el interés de lo diverso. No es una monografía coherente sino una secuencia de bifurcaciones cuyo nexo común es el aprecio aforístico. Arranca con una parada obligatoria en la semántica y caracterización del género y en su estar fronterizo entre el pensamiento y la poesía, entre la filosofía y la nota sociológica. De este carácter deriva un discurrir que carece de límites precisos, más allá de su estructura cerrada, y del uso de una terminología condicional y renovada en el tiempo. En su caminar, el aforismo inicia en Grecia su recorrido para perdurar en la Roma clásica y para fortalecerse en su cultivo como expresión del pensamiento medieval y renacentista. pero serán los moralistas franceses los que conceden a su práctica una solidez desconocida y asociada al pensamiento ético. El género llega  a los tiempos modernos como una práctica transversal que aglutina disertaciones de distintas ciencias, aunque siempre caracterizado por su carácter subjetivo y por la fragmentación enunciativa de su discurso. Son cualidades que impulsan un horizonte temático desplegado en ámbitos lingüísticos donde van apareciendo nombres propios que cultivan el aforismo con singular categoría. Ahí están los frutos de tantos autores que sondean el sentido del mundo y que convierten en tradición un discurso lógico renovado, un pensamiento ligado a la búsqueda de respuestas y actitudes morales. Otro apartado, titulado “Formas breves, aforismos, máximas y fragmentos” insiste en la naturaleza del aforismo y en su compleja sistematización en un único enunciado; ese esquema léxico ha prodigado análisis diversos que son útiles para entender el carácter mudable  y los factores que permanecen en su estela.
  Así arranca el aforismo moderno que aglutina en su cultivo un pensamiento universal, donde caben las cuestiones centrales del pensamiento occidental: la fragilidad de la razón, las inquietudes de la conciencia, las relaciones del yo con el ser solidario, las áreas metalingüísticas o el pensamiento crítico. Manuel Neila recoge un canon aforístico del siglo XX que amanece en el cambio de siglo, con la superación del monolitismo decimonónico y el despliegue de una cronología propicia a la crítica y a la fragmentación; construye una forma de pensamiento que encuentra en la parquedad formal una amplia cosecha reflexiva. El aforismo hispano integra en su esencia un carácter lírico en la práctica escritural de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, estelas que encontrarán seguimiento en autores como José Ängel Valente o Carlos Edmundo de Ory. En otros casos, se percibe una orientación metafísica, visible en José Bergamín, Ramón J. Sender y Max Aub, y continuada en Juan Gil Albert. Tratamiento específico merece la greguería de Ramón Gómez de la Serna, cuyo ludismo verbal y su riqueza metafórica conllevan un espacio propio y singularizado, aunque en algunos momentos se despliegue hacia el formato aforístico.
  Neila también sitúa en este mapa la aforística de Santiago Ramón y Cajal, cuyo perfil científico ha subordinado su aporte literario. Los aforismos de Charlas de café desprenden una lógica bienhumorada y cordial, pero disuenan en un legado tan bien representado como si fuese un paréntesis que no acaba de encajar en este canon. En cambio, es clarificadora la mirada a José Bergamín, acaso el aforista mejor dotado de su generación. Sus cohetes –título tomado de Charles Baudelaire- evidencian influencias de Jean Cocteau y Max Jacob, entre otros, y en ellos reposan los vectores de una ideología mudable, acorde con un periplo biográfico incardinado a un tiempo histórico. Para José Bergamín “Existir es pensar y pensar es comprometerse”. También es analítica la apertura a Ramón J. Sender; la pericia narrativa del aragonés no impugna su labor breve que está recogida en dos entregas, junto al volumen póstumo Toque de queda, con derivaciones más crepusculares, escritas con un aire interior más profundo. Otro referente de la historia aforística hispana es Ángel Crespo.  Neila incide en el carácter continuista de los aforismos de Crespo y su relación con la máxima neoclásica y el fragmento romántico. En ellos la imagen adquiere preponderancia, no se elude el discurso intimista y existe un nítido pensamiento sobre la temporalidad. El poeta manchego firma dos colecciones aforísticas, Con el tiempo, contra el tiempo y la invisible luz; ambas serán reeditadas por Pilar Gómez Bedate en un único volumen, Aforismos (1997), enriquecido con algunos inéditos.
  Si el legado poético de Antonio Machado conforma una tradición fuerte, cuyo magisterio es columna vertebral de la estética figurativa y del realismo coloquial, el pensamiento machadiano sirve de umbral para sacar al día el aforismo del siglo XX. Con su aire de filósofo estoico, que mira el entorno con benevolencia, Antonio Machado, a través de su alter ego Juan de Mairena, reflexiona sobre vecvtores centrales de la existencia y hace de la poesía palabra en el tiempo.
   Se me perdonará, para no dilatar esta reseña de manera excesiva, no interpretar con paso demorado en otros dos estadios reflexivos del trabajo de Manuel Neila, el aforismo hispanoamericano y el retablillo de aforistas contemporáneos. En el marco geográfico de la otra orilla selecciona el trabajo intelectual del cubano Enrique José Varona, el escueto pensar de Antonio Porchia, calabrés trasladado a Argentina en su etapa juvenil, donde impulsó su escueta obra y su notable presencia en el clima cultural, y la voz de otro moralista notable, el colombiano Nicolás Gómez Dávila, un tradicionalista exaltado. La selección de autores contemporáneos sabe a poco, como si fuese un simple ojear que acerca la voz de Ramón Eder, Eugenio Trías y Ángel Guinda, una mínima representación para una etapa áurea del aforismo, como demostró la antología de José Ramón González Pensar por lo breve, impulsada por Trea. 
  La levedad y la gracia permite sopesar el amplio centro que el aforismo actual ocupa en la ciudad del ahora, incide en los autores más relevantes de las dos orillas, Latinoamérica y el territorio peninsular. Y define la exigente voluntad de rastreo de Manuel Neila, su meticulosa disección de esta literatura del fragmento, ya sin matices, el crítico más importante del género.


martes, 6 de diciembre de 2016

INCIDENCIAS

Olor a lluvia


INCIDENCIAS

Toda la noche
habló por mí la lluvia.
Y tú dormías.



lunes, 5 de diciembre de 2016

DAVID DELFÍN. LA FÁBRICA DE ANTICUERPOS SI NO AMANECE

La fábrica de anticuerpos
si no amanece
David Delfín
Introducción de
Francisco Ruiz Noguera
Ediciones Carena, Barcelona, 2016

AMANECIDA

   Una cubierta llamativa y un título de complejo significado inciden en buscar de inmediato balizas señaladoras en las breves líneas de presentación de Francisco Ruiz Noguera, aunque también ayuda a clarificar las pretensiones poéticas de este libro el trayecto singular de David Delfín (Málaga, 1968) asentado en más de dos décadas de laboreo literario.
   El poeta y ensayista Francisco Ruiz Noguera clarifica la razón del poema: “Poesía de la búsqueda y el conocimiento”, una línea divisoria entre emoción y pensamiento que rompe con lo enunciativo al explorar enlaces entre percepción y signo lingüístico con un enfoque más conceptual, signo evidente de su anterior entrega de 2014  Los matemáticos no saben pilotar aviones. Ruiz Noguera integra esta salida en un espacio textual en el que se percibe una noción de cruce, una tierra baldía,  un contraste asimétrico entre lo real, lo deseado y lo onírico, que crea en los itinerarios  del protagonista verbal cierto sentimiento de indefensión.
   David Delfín recurre al poema en prosa para abordar un largo discurso reflexivo, jalonado en diez tramos textuales, que tiene como entorno de salida el estar del presente. El sustantivo no define una secuencia temporal concreta sino un estado de percepción, una definición de un vacío habitable, pero inhóspito donde el sujeto comparte espacio con los objetos cercanos. Apenas existen vínculos transitorios, no hay líneas de contacto, como si el pensamiento solo dispusiese de un prelenguaje para dar fe de sensaciones y los estímulos de la existencia se fuesen yuxtaponiendo en un magma informe. La voz emprende un extraño vuelo en el que se cumple un rito de navegación. Apenas muestra una percepción alejada, como si quien mira estuviese ubicado en un límite último que no permitiese singularizar lo conocido, dar sentido y orden.
   De ese propósito de alzar un hilo lógico a la contingencia participa el poema. Pero en su argumento no hay realidad sino visiones, un cúmulo de imágenes que  parece la raíz de una paisaje parcial y sus consecuencias estéticas. Lo que sucede no es más que un conjunto de señales diluidas que el lenguaje se empeña en recuperar como mensajes oscuros que fueron borrando sus significados. Hay una atmósfera estéril y un presente incierto, pero las voces están ahí, enquistadas en el rumor del día.  Fragmentario por la aparente desconexión entre las distintas partes del poema y abierto a la interpretación subjetiva, La fábrica de anticuerpos si no amanece desconcertará a muchos lectores y a críticos habituados a la constelación realista (como es mi caso), que buscan en las líneas de fuerza del poema un diálogo cercano, una propuesta cómplice, un movimiento de apertura hacia la sensibilidad del otro para el reconocimiento mutuo. El poemario es un trabajo personal y complejo, singularizado, que se empeña en vislumbrar poesía con una textura hecha de imágenes, que se ejercita en otros códigos en los que lo previsible no funciona, donde el poeta elude la sumisión comunicativa con continuos cambios de plano para recrearse en un surrealismo que da cauce a una conciencia en tránsito.