lunes, 30 de junio de 2014

AZUL CON NUBES


 
AZUL CON NUBES
 
Dócil sombrilla.
Se despliega una nube.
Cubre mi sed.

domingo, 29 de junio de 2014

LUIS FELIPE VIVANCO. UNA RECUPERACIÓN.

Unas pocas palabras necesarias
Poética y poesía de Luis Felipe Vivanco
Andrés Romarís Pais
Visor Libros, Madrid, 2014
EL POETA CALLADO

   La literatura española de la primera mitad del siglo XX soportó tras el trienio de la Guerra Civil una escisión insondable. La lucha fratricida condicionó las biografías literarias de la época con numerosos efectos colaterales derivados de la toma de partido. Pero fue la Generación de 1936 –Miguel Hernández, Rosales, Panero, Ridruejo… - la que acabaría padeciendo con más rigor aquel trasfondo infame. A ella pertenece Luis Felipe Vivanco, autor con Luis Rosales de la antología Poesía heroica del Imperio (1940) una panorámica parcial de la poesía del momento, complementada por otras muestras elocuentes del bando vencedor, como Antología de la poesía sacra de Ángel Balbuena Prat, y Poesía en armas de Dionisio Ridruejo.
  Al itinerario de Luis Felipe Vivanco y a su evolución en el tiempo, el profesor Andrés Romarís Pais, Licenciado en Filología Románica y con acercamientos de interés a Rafael Morales, José Luis Hidalgo, Carlos Sahagún y José Ángel Valente, dedica el ensayo Unas pocas palabras necesarias, subtitulado Poética y poesía de Luis Felipe Vivanco. Es la labor investigadora de casi una década que recurre al criterio cronológico para analizar cada tramos escritural. 
   El poeta había nacido en San Lorenzo del Escorial en 1907 y fallece en 1975, cuando alumbran los madrugadores destellos históricos de la transición, donde la monarquía sustituye al oscuro régimen franquista. Ya en la adolescencia, Vivanco descubre su amanecer poético; aquellos tanteos juveniles comprenden un periodo que dura desde 1924 a 1932; la fase aglutina probaturas y tanteos y será sometida a una laboriosa reescritura posterior, así que estos pasos tiene más interés sociológico que literario y acusan reminiscencias y magisterios asentados como Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, cuyas sombras dejan sitio también a libros tempranos de las voces del 27.
   Entre 1933 y 1937 Luis Felipe Vivanco escribe sus dos primeras entregas publicadas, Cantos de primavera y Tiempo de dolor. Son obras en las que ya se define un pensamiento estético que Lucía Cerutti encuadra en la etiqueta “ Poesía del ser”; son entregas con fuerte entramado simbólico y afinidades manifiestas con el cauce de pensamiento que llena las páginas de la revista Cruz y Raya. En las composiciones de ambos libros se entrelazan naturaleza, sentimiento religioso y emotividad amorosa. Estos rasgos perduran en los textos de postguerra, como si el vínculo al ideario de los vencedores hubiese anquilosado su evolución creadora.
  En 1945, tras la boda del poeta con María Luisa Gefaell, se percibe una mutación en la escritura. El punto de inflexión es el poemario Los caminos, obertura de un ciclo de madurez que integra cuatro obras, hasta 1974. Sigue manteniendo lazos generacionales con Rosales, Panero y Vivanco, pero su palabra poética se mantiene al margen de los movimientos estéticos de posguerra, tanto de la poesía desarraigada como del verbo social de Celaya y Otero, en busca de una poesía del misterio y del conocimiento, definido como "realismo intimista trascendente".
  Prosas propicias cierra la obra; es un epílogo inacabado en el que se recupera la indagación formal y el poema en prosa, acaso por la influencia de Juan Larrea, a quien el poeta analiza y traduce. En lo personal, esta última década es un paréntesis complejo en el que sitúa en las antípodas del régimen, al que considera una larga e inacabable mentira.
  En la introducción, el profesor Romarís precisa con acierto el objetivo principal de este ensayo: mantener viva la aportación poética de Luis Felipe Vivanco, porque “un escritor no muere cuando su corazón deja de latir sino cuando su palabra deja de ser leída”. Unas pocas palabras  necesarias constituye un acceso directo; enmarca la tarea escritural en un contexto histórico y contribuye a diluir algunos tópicos sobre el inicial alineamiento ideológico para centrarse en su legado literario y en su concepción estética de que la poesía no es un sueño, un esqueje imaginario de la realidad sino un intenso diálogo constitutivo y esencial del hombre con su ser temporal.

sábado, 28 de junio de 2014

A SOLAS.


A SOLAS

   Ahora creo saber que aquella historia comenzó a mis espaldas. Alguien se empeñó en asignarme un difuso papel de protagonista central. El bronce y el granito escribieron mis rasgos. Y aquí sigo, a la espera, condenado a dialogar con el silencio, como un Stanley del fracaso que no encontró nunca a Livingstone.

viernes, 27 de junio de 2014

NUEVO ELOGIO DE LA LIBRERÍA ALBERTI


ELOGIO DE LA LIBRERÍA ALBERTI

                                           Para Lola Larumbe
 
   Ayer por la tarde, jueves 26 de junio,  se realizó el último encuentro con autor de la Librería Alberti, donde tuve la fortuna de dialogar hace unos meses con Javier Lostalé sobre mi poemario Ninguna parte. La cita fue ejemplar, reconciliatoria y animosa. Se presentaba el volumen de relatos Mansa chatarra, del poeta Francisco Ferrer Lerín, y actuaron como disertadores el escritor Félix de Azúa, el editor y prologuista de la selección, José Luis Falcó, y el responsable de la editorial Jekyll and Jill. Por si fuera poco, se incorporaron al coloquio final el ensayista y académico Francisco Rico y su móvil. Vaya, para dejar que la sonrisa y el buen humor compartieran mi silla de tijera.
  Fue una hora y cuarto de intensa literatura, de frase inteligente y de asuntos para recordar, con intervenciones aforísticas y contradictorias, con esos juicios de valor sobre el ahora que resumen cincuenta telediarios.
   No me importó el regreso interminable a Rivas en un metro atestado de ensimismados usuarios del whatsapp, esa aplicación de mensajería que anula conversaciones cercanas para lanzar estupideces y trivialidades al espacio digital ; eso sí, gratuitas y con iconos multicolores. Qué cruz de días.
  La responsable directa de esta felicidad de oyente complacido es Lola Larumbe. Su librería es campo abierto para cualquier género literario que tenga calidad y necesite el diálogo con inquietos lectores. Sin esa casa del libro de la calle Tutor, junto a Moncloa, Madrid sería un poco más oscuro, un río sin rumor, chatarra mansa.

 

jueves, 26 de junio de 2014

LOS VUELOS OLVIDABLES.


LOS VUELOS OLVIDABLES
 
A quienes volaron a ninguna parte

   Sin causa aparente, primero desaparecieron de mis sueños. Luego quedaron fuera de ese amanecer con luz de los afectos. Más tarde se hicieron olvidables, como tercos efectos secundarios que borró algún calmante. Hoy regresó su imagen, estático perfil convertido en silueta, sobre una barandilla que mira hacia otro tiempo.

miércoles, 25 de junio de 2014

SECRETOS CONFESABLES

Oropesa del Mar, Castellón, junio 2014
Fotografía de Adela Sánchez

SECRETOS CONFESABLES
 
¿Su afición favorita?
 
Tengo varias aficiones, aunque no siempre recomendables: el insomnio, la literatura. el coleccionismo de propósitos y sueños y la desconfianza en las obligaciones impuestas... Hablaría también de los paseos junto al mar, de largos viajes y del callejeo por ciudades desconocidas. Sé que son aficiones comunes y dicen poco sobre la originalidad de mi existencia. Soy un autómata de lo rutinario.
 
¿Miente?
 
Sí, claro. Pero en esta entrevista juro decir la verdad y sólo la verdad, como un político posibilista en campaña electoral. ¿Podemos?
 
¿Qué considera la felicidad perfecta?
 
Mi quehacer laboral de profesor de Ciencias Sociales me ha proporcionado algunas certezas, tras años en el aula; puedo decir con algún conocimiento de causa que ese país no existe en ningún mapa; es un lugar imaginario de coordenadas variables que admite su ubicación en sitios interiores. Como las auroras boreales, suele verse cada quinientos años, más o menos, aunque yo prefiero las visitas semanales...
 
¿Su mayor logro?
 
Vivo conmigo desde la prehistoria y he conseguido una serena relación de inquilino civilizado. Soy un vecino tolerante con mis manías que aspira a seguir habitando las mismas costumbres, los sentimientos de siempre  y esas convicciones que el uso diario ha desgastado.
Es un buen logro.

martes, 24 de junio de 2014

CIUDAD DE SIEMPRE.

Madrid, junio, 2014
Fotografía de Irene Morante
CIUDAD PRIVADA

             A quien camina solo

   Una vez más regreso a la ciudad de siempre,
descifro con premura
un largo itinerario de recuerdos,
mientras sube, con ardor renovado,
la hiedra de otros días
desde un lejano sueño hasta la boca.
Pero nada es igual, aunque contemple ileso
el dócil deterioro
de antiguos edificios maquillados de tiempo.
No logro adivinar qué signos, que paredes,
ocultan las hogueras del pasado;
no hay rastros inmutables, no hay indicios
de una felicidad remota en la memoria.
Cuánta mano vacía, cuánta ausencia;
quedaría conforme siquiera vislumbrando
una imprevista huella, algún reflejo.
Se reiteran mis pasos por calles desoladas,
mi soledad se enquista en noche,
suena el reloj de un campanario.
Aburrido neón de pupila naranja
vierte sobre mi busca un guiño cómplice.
Una difusa luz precede al día.
La llegada del alba desvanece
una ciudad cuyo enclave es olvido.

      Población activa, Gijón (1994)

lunes, 23 de junio de 2014

KARMELO C. IRIBARREN. LA CIUDAD.

La ciudad
(Antología poética 1985-2014)
Karmelo Iribarren
Prólogo de José Luis Morante
Renacimiento,  Sevilla, 2014

PALABRAS A LA TERCERA EDICIÓN DE LA CIUDAD

   Para que una edición crítica sobre un escritor no se convierta en una operación de quirófano sobre las constantes vitales de la escritura se requiere una conexión emocional. No se puede escribir desde la nada. Debe darse entre el creador y el estudioso una cercanía afectiva que, en la mayoría de los casos, se enriquece más tarde con los pormenores afectivos de la amistad. Esa es la contingencia que me deparó el sondeo de  los territorios literarios de  Luis Felipe Comendador, Joan Margarit, Luis García Montero y Eloy Sánchez Rosillo. Y me ha sucedido lo mismo al escribir palabras introductorias sobre la poesía de Karmelo C. Iribarren.
   Amanece la tercera edición de La ciudad, una amplia selección que incorpora a la antología poética de 2008 composiciones de Atravesando la noche, Otra ciudad, otra vida, Las luces interiores, La piel de la vida y doce inéditos de un título en el taller; es una ampliación muy notable que además integra, gracias a la confianza del poeta, mi prólogo, firmado con la alegría del lector cómplice que busca claves y sentido para recorrer este itinerario con provecho. Aquí dejo un fragmento del mismo:    

CUANDO LA CIUDAD DUERME

   " Un hombre callejea, con andar sosegado, por el laberinto peatonal de una ciudad mientras se diluyen los contornos de edificios y transeúntes. Sobre los escaparates encendidos, crece en su espalda una sombra azul, dibuja irreverentes siluetas en movimiento. Hay en las despobladas aceras charcos de la lluvia nocturna en los que, poco a poco, la tinta blanca de la aurora encuentra sitio para una nueva representación. Amanece sobre los tejados. El hombre silencioso vuelve a casa, aunque no sabe si es demasiado tarde o muy temprano; la calle se puebla de pasos y toses que tienen la sonoridad y el ritmo improvisado de las piezas de jazz. Entre la claridad y el silencio, asciende el manso humo de lo cotidiano. Así, con esa ambientación de serie negra, en un impreciso decorado que puede reconocerse en cualquier sitio, se edifican muchas de las composiciones que prefiero de Karmelo C. Iribarren (Donostia, 1959). De igual modo, siento una incansable afinidad por su personal búsqueda, sin artimañas, de una lírica esencial que hace suyo aquel axioma de que ciencia y poesía tienen la misma obligación de precisión y claridad. Una formulación de traje parecido tiene una disertación crítica de Gabriel Ferrater en la que defendía que el contenido poemático debe tener, al menos, tanto sentido como una carta comercial..."

domingo, 22 de junio de 2014

MIRADAS SIN LUZ

Madrid, invierno de 2014
MIRADAS SIN LUZ

                     Para Javier Sánchez Menéndez,
                    desde el fondo de armario de un domingo

Vacío de palabras, con ese gesto de quien dice todo con los ojos.

Sí, sí, un itinerario ensamblado: cinco libros; cinco autoediciones.

Los malos poemas tosen; tienen respiración errática.

Afinidades de una ecuación igualadora. Le pregunto “quién eres”. Aplaza su respuesta. Duda. Su identidad se difumina. Es la mía.

La ingenuidad limpia los días con un poco de alcohol.
 

sábado, 21 de junio de 2014

ACANTILADOS



ACANTILADOS

     Para Esperanza Hernández

Ahora vivo debajo,
con vocación de sima.
A tientas me desplazo
sin que se marquen huellas
ni dejen una imagen
los lugares de paso.
Nada sucede aquí.
Nada sucede.

           Ninguna parte, Sevilla 2013

viernes, 20 de junio de 2014

RODRIGO OLAY. LA VÍSPERA

La víspera
Rodrigo Olay
Ediciones de La Isla de Siltolá
Sevilla, 2014
ESPERA
 
  El paso inicial de Rodrigo Olay (Noreña, Asturias, 1989) sorprendió a la crítica por su madurez formal y por la coherencia de tono de su argumentación amorosa y contemplativa. Se tituló Cerrar los ojos para verte y fue reconocido en 2010 con el Premio Asturias Joven de poesía y, dos años después, con el Premio de la Crítica de Asturias. Olay se convertía en voz destacada de la última fila cuya identidad definía rasgos como la claridad figurativa, el intimismo, la corrección técnica y la querencia natural por la tradición literaria.
  Amanece ahora, en La Isla de Siltolá, su segunda salida, La víspera, una compilación de poemas escritos entre 2011 y 2014. En su obertura se mencionan citas de Vicente Gallego y Javier Almuzara, dos precedentes muy próximos, aunque no disonarían otros como Víctor Botas, Luis Alberto de Cuenca, Miguel d’Ors, o José Antonio González Iglesias, itinerarios sólidos que aglutinan clasicismo y modernidad al abordar la existencia cotidiana como sustrato argumental.
  Rodrigo Olay elige el ahora como tiempo comunicativo y lo hace desde una poética auroral, que busca lo diáfano. Así cierra su reflexión sobre lo metaliterario: “Un poema es poema / si puede acompañar –si recordarse- / a quien sabe que ya es breve su tiempo. / Si pudieran  tus versos ser los últimos”.
  El poeta sabe que ser original no es hollar laberintos sino abordar lo de siempre con otros ojos. Muchos de sus poemas son un elogio de la lectura. A veces ejercicios de taller que vigorizan una estrofa cerrada, un soneto, una décima Es el caso, por ejemplo de “El último  poema de Nick Carraway”. Otras veces, como sucede en  “Endecasílabos” la apropiación de versos ajenos se convierte en una propuesta lúdica para adivinar el origen, como si la autoría singular se hubiese diluido en el tiempo para convertir cada endecasílabo en patrimonio común.
  El poeta emplea el mismo título, “La víspera”, en la composición de arranque y el poema epilogal. Pero la semántica de ambos poemas se contradice. En el poema, “la víspera” es espera, un horizonte luminoso que aglutina claridad y esperanza y tiene el perfil convincente de la alegría, es un cinco de enero, una carta sin abrir, un cuerpo a punto de mostrarse en la plenitud de su desnudo. En el cierre, la víspera es umbral de la desaparición, la densidad del miedo, el desamparo de la despedida, el cumplimiento de un itinerario que ha ido dejando indicios de su paso.
  En la poesía más joven, cada salida augura una indecisa transición, un inacabado ejercicio de avance y tanteo. Rodrigo Olay protagoniza una inequívoca trayectoria. Su propuesta estética aporta sólidas razones: un mensaje transparente, la correspondencia de la propia voz con una bibliografía anterior, el cuidado en el molde como ejercicio estimulante  y los varios argumentos que aglutina el desorden visible del ahora. 
  Rodrigo Olay no es un visitante ocasional de las estanterías. Llega para quedarse.  Su poesía convierte en personal el sello distintivo de otros maestros, tiene el encanto de mostrarnos una sensibilidad que descifra lo cotidiano y su continua aspiración a la belleza.

jueves, 19 de junio de 2014

UNA CALLE VACÍA

Londres
Fotografía de Javier Cabañero


UNA CALLE VACÍA

               Para Ramón Eder

   Hoy recorren mis pasos esa calle
que no esconde ningún itinerario.
Todas las calles fluyen dócilmente
al mar que es cualquier sitio,
cierran con parsimonia una distancia;
pero ésta alarga al infinito su trazado,
pretendiendo ignorar dónde concluye.
   Amo el cuello sumiso de sus verdes farolas,
los reflejos chillones de sus autos a plazos,
su cal, que habitan líquenes y musgos,
y amo sus papeleras -cielos para despojos-,
singulares regazos donde nada perturba
el aliento feliz de lo caduco.

          Población activa, 1994

martes, 17 de junio de 2014

PAULA BOZALONGO. AURORA.

Diciembre y nos besamos
Paula Bozalongo
XXIX Premio de poesía Hiperión
Madrid, 2014

LA PERCUSIÓN DEL TIEMPO
 
   El Premio Hiperión de poesía es un certamen proclive al descubrimiento. En sus mejores convocatorias suele dejar sobre el tablero nombres desconocidos que pasan a convertirse a corto plazo en esperanzada realidad. Así ha ocurrido en la XXIX convocatoria, que premia el libro Diciembre y nos besamos, epifanía poética de Paula Bozalongo.
   La escueta biografía apenas deja sitio a dos o tres pormenores. La poeta ha nacido en 1991 en Granada y es estudiante de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Nos hallamos, sin más, ante una primera entrega, sin los titubeos previos de cuadernillos o colaboraciones en revistas, que recurre para iniciar trayecto a dos pilares: Wislawa Szymborska y Joan Margarit, dos estéticas que aglutinan intimidad existencial y coloquialismo.  También la poética de Paula Bozalongo apuesta por el deje confesional y el poema breve; sus versos se caligrafían con la tinta natural del diálogo que hace del encuentro con el interlocutor una confidencia: "estamos en diciembre / y hay tormentas que rasgan / su duelo en el cristal / para que no te olvides / de quererme en invierno ".
   Con buscada sencillez, los poemas recurren los meandros del cauce sentimental, esas orillas dispersas que van quedando al filo de los días y conforman el patrimonio sentimental de cada identidad, aunque no falta la mirada al entorno y la percepción del desajuste. Por ejemplo, esa inquietud que expande el callejero erosionado de Sarajevo, marco de la barbarie de la guerra de los Balcanes, y escenario permanente de la mejor poesía de Izet Sarajlic.
   En los rastros del instante habitan sensaciones encontradas y de nuevo en Diciembre y nos besamos el cauce argumental explora la temporalidad y su relación con la vida diaria en sus rincones más umbríos. La ausencia propaga vacío, esconde soledad y frío, deja en la sombra el humo alarmado de la incertidumbre. Y esa temperatura en la conciencia encuentra su reflejo en el poema porque cada verso es la formulación de un derecho de réplica, hace que nos escuche la percusión del tiempo. Es sabido que la poesía es un asunto de palabras justas, de voces que iluminan y escriben con pulsión firme en el papel incierto de las horas.
  Paula Bozalongo acaba de llegar, pero llama a la puerta de la poesía con gesto sereno y contundente. Diciembre y nos besamos ofrece una certera muestra de poesía cristalizada en torno a los alrededores del amor. Para que un poeta sea él mismo, siempre igual y siempre diferente, necesita fijar su voz  en la página escrita; esta amanecida desprende ilusión y esperanza, la nítida estela de una voz nueva.

domingo, 15 de junio de 2014

POSTAL NOCTURNA.


POSTAL NOCTURNA


Cuando fuerzan los cierres
de estancos y farmacias
y las alarmas gimen
ante la enhiesta sombra del semáforo,
cuando un sol de neón fulge en la calle
con claridad enferma,
Katty Juárez,
ex-alumna novicia y cinco detenciones,
nombrada por consenso
amatoria maestra de bachilleres tímidos,
al cierzo de los años
encallado bajel de las esquinas,
los veintidós cumplidos,
besos de acíbar y en los labios grana,
enciende un cigarrillo, empuña el bolso
y se lanza al trabajo a pecho descubierto,
con el aire flamante de mariscal de campo,
de quien contempla el mundo
subida en un tacón.

    Población activa, Gijón, 1994

viernes, 13 de junio de 2014

NÍSPEROS Y PÁJAROS.

Nísperos, Rivas, 2014
NÍSPEROS Y PÁJAROS


. Él y él; nísperos y pájaros.

. El patético humor que genera la siesta.

. Tras lo que dice, nada que decir.

. Ese voraz desasosiego de la incertidumbre.

. Lecturas que nos convierten en albaceas testamentarios.

. Los optimistas perciben adornos en las manchas de humedad de la pared.

jueves, 12 de junio de 2014

HETERÓNIMOS

En la buhardilla (Rivas, 2014)
Fotografía de Dolores Leis Parra
 
HETERÓNIMOS

   Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.

   Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita día y noche
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
("Acaso sea el invierno..."
es razón suficiente para explicar el cosmos)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.

A veces llora, y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre cansado
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil unas livianas gotas de mi nube.

   El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida,
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera, al doblar una esquina
y, tras justificarme torpemente,
"hallé la puerta abierta y me aburría",
me despido gozoso y luego marcho,
el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero,
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

                       Rotonda con estatuas, Madrid, 1990

miércoles, 11 de junio de 2014

JOSÉ IGNACIO MONTOTO. INCERTIDUMBRES.

La cuerda rota
José Ignacio Montoto
Renacimiento, Sevilla, 2014

 
INCERTIDUMBRES
 
   Con La cuerda rota, libro ganador del premio de poesía Andalucia Joven, José Ignacio Montoto (Córdoba, 1979), articulista, crítico y gestor cultural, se integra con fuerza en la abierta senda de la lírica actual, un espacio amplio y remozado donde se aglutina un fecundo cauce de iniciativas y propuestas.
   El recorrido que completa La cuerda rota dibuja una línea continua, que se inicia en el andén de partida –prólogo- y busca un lugar de llegada –epílogo- para que entre ambos puntos se cobije la distancia vivencial que define, con trazo directo, un soliloquio sentimental hecho de soledad. En él se mide el transcurrir de un tiempo de desamor.
   El plano urbano sirve de marco. Ese laberinto de cristales y escaleras mecánicas de una gran superficie, atestada de franquicias y carteles publicitarios. Una paradoja aceptada que define nuestro tiempo: grandes espacios donde cada sujeto deambula entre una multitud de solitarios que inunda los templos de consumo y que soportan un entorno relacional complejo, donde signan las horas del reloj las agujas del mutismo y el desconcierto. El yo contemporáneo es tedio y prisa, un digno imitador del hombre deshabitado.
   El poema “Autopista azul”, con narratividad pautada, enuncia esa llegada del vacío, como si fuese fruto de un legado ancentral que se va cumpliendo en cada ser concreto. En él vuelve a germinar la historia reiterada de las relaciones; la erosión y el desgaste de los puentes al otro. Para protagonizar esta situación anímica el autor elige un yo femenino, como si buscara tomar distancia y objetivar el intimismo; la introspección vela la casuística concreta para dejar un argumento escueto en el que la mirada limpia de la infancia comienza a enturbiarse y las esquirlas del desamor rompen los espejos.
  El segmento central del poemario adquiere un tono digresivo. Las estrofas versiculares conceden a las composiciones la aparente prosodia del poema en prosa, que admite bien la apoyatura cultural; se citan nombres propios con claros significados  añadidos: Bécquer, Nicanor Parra, Alejandra Pizarnik…
  Un texto clave del poemario es el que da título al conjunto, “La cuerda rota” con una meditada reflexión sobre el desamor. Otro texto que resalta por su firmeza compositiva es “Retrato sin espejo con Rosa”. Como si el acontecer sometiese a los sentimientos a un severo estiaje, las palabras describen las dolorosas punzadas de la pérdida y muestran, al mismo tiempo, la resistencia activa del sujeto para preservar en la memoria el tiempo compartido y los pasos dados en torno al amor.
  El epílogo, formado por el poema “Quitamiedos” caligrafía la estela marcada en el transcurso existencial; como si fuese un itinerario en círculo, el escenario de salida reaparece para reconstruir el inicio del desamparo, la certeza de estar sola frente a una multitud que ignora los viajes interiores del corazón.
  La poesía de José Ignacio Montoto transita por la indagación, viaja con naturalidad por un estilo que emparenta con el poema relato para completar una historia en versión femenina, y lo hace con la impronta de la buena poesía; un tono sostenido de cuidada exposición traza una historia cercana y verosímil. Nos rodea el silencioso abrazo del vacío.

lunes, 9 de junio de 2014

JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN. LECTURAS.

Lecturas buenas y malas
José Luis García Martín
Renacimiento, Los Cuatro Vientos
Sevilla, 2014

LECTURAS
 
   La primera reseña realizada por José Luis García Martín amaneció en la revista Jugar con fuego en 1975. Desde aquella época hasta ahora, da a conocer con regularidad sus inquietudes lectoras hasta convertir el quehacer crítico en clave esencial de su personalidad literaria. El continuo desembarco en la página escrita ha ocupado los principales suplementos nacionales y periódicos como El Correo de Andalucía y la Nueva España. Además ha convertido en norma el compilar antologías de reseñas, en volúmenes como La poesía figurativa, Biblioteca circulante, En el punto de mira o Gabinete de lecturas.
   En Lecturas buenas y malas, como ha sucedido otras veces, el escritor no se limita a compilar reseñas sino que añade entrevistas, artículos breves, incluso reflexiones o máximas. En el prólogo “Criticar por criticar” los aforismos cumplen la función de un manual de instrucciones. En ellos se expone una filosofía crítica de inmediato interés; son excelentes breverías que aglutinan humor y paradojas.
   El lector García Martín hace balance con escepticismo confidente. El quehacer aglutina lecturas provechosas y dedicaciones prescindibles, porque la literatura es un punto de encuentro con lo imprevisible y no un púlpito para escuchar solemnidades y dogmas. Por eso, el poeta y profesor despliega ante el mapa de ruta algunas reflexiones que no conviene perderse: “Nadie verdaderamente inteligente  se dedica a la crítica”, “Sin capacidad de entusiasmo no hay buen crítico; sin un punto de sadismo tampoco”, “Las reseñas no forman parte de la crítica sino de las relaciones públicas”, “Un poeta mayor de treinta años que lea fundamentalmente poesía nunca escribirá nada que merezca la pena”. No cito más. Que quien se acerque al libro descubra por sí solo el poder de seducción de estos aforismos y adivine la necesaria dosis de humor para no tomarse estas anotaciones como escrupulosos principios; son una invitación a adentrase en las páginas sin esquemas prefijados.
   Lecturas buenas y malas es fruto de un habitual de las librerías, así que las secciones que lo integran apuntan una diversidad genérica en la que conviven escritos sobre novelas, diarios y poesía. A esta última dedica por completo el apartado “Algo de poesía”, comentando nuevas entregas de nombres asentados en el parque lírico, por los que percibimos una querencia natural y una sólida fidelidad lectora: están los regresos de Miguel d´Ors, Andrés Trapiello, Eloy Sánchez Rosillo, Felipe Benitez Reyes, Luis García Montero… Todos ellos seleccionados ya en La poesía figurativa  y en antologías que han ido trazando el mapa poético de las últimas décadas.
   García Martín tiene bien ganada su independencia de criterio. Persiste en valorar un poemario no por la jerarquía de quien lo firma sino por los méritos escriturales de los poemas. Si tiene que decir “no”, dice no, aunque la ponderación afecte a un Premio Cervantes como José Manuel Caballero Bonald, o  a poetas de la aristocracia editorial como Antonio Martínez Sarrión o Pere Ginferrer.
   Ya he comentado que no existe una mirada lectora monolítica y que queda sitio para la novela, incluso la novela histórica que acoge acontecimientos enaltecidos por la ensayística. El plural interés convierte la literatura en un "Arca de Noé" donde conviven novelas, sociedad literaria, desbarres críticos, diarios o entrevistas en las que se fogean el criterio y los ánimos que caligrafían las reseñas. Y todo con los añadidos de un dato de interés para el investigador, una pincelada humorística,  o la sana intención de "dar al César lo que es el del César", es decir, de formular juicios de valor sin aspavientos.
  La buena crítica nunca es una actividad subalterna; supone una equilibrada combinación de cualidades. En este volumen de José Luis García Martín cada reseña es un ámbito inteligente y divertido,  una mesa despejada que busca la cordial compañía del lector.  

domingo, 8 de junio de 2014

IRENE AYER, MAÑANA, AHORA.

Con Irene, en la librería Alberti (Madrid)


ACERCA DEL SUEÑO (II)

     Para Irene, en su cumpleaños


Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros,
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista,
o una prenda de abrigo
en la inclemente fiebre del verano.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada
sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo
donde habita la luna del deseo.

                         Causas y efectos, Sevilla, 1997

sábado, 7 de junio de 2014

PUNTOS DE FUGA.

Playa de Torre de la Sal, Castellón 

 
 
PUNTOS DE FUGA
 
                               Para Susana Benet
 
El horizonte
abraza lejanías,
puntos de fuga.

jueves, 5 de junio de 2014

FRANCISCO FERRER LERÍN. VETA ONÍRICA.

Mansa chatarra
Francisco Ferrer Lerín
Edición de José Luis Falcó
Jekyll & Jill, Zaragoza, 2014

VETA ONÍRICA
 
   En los análisis críticos estamos habituados al agrupamiento gregario; la tarea creadora del solitario aparece siempre como indicio de disonante heterodoxia. Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) pertenece por edad a la promoción veneciana, pero rara vez aparece entre los integrantes de aquella Generación del Lenguaje, que encabezaran Pere Gimferrer y Guillermo Carnero bajo la batuta promocional de Josep María Castellet. Así que su quehacer literario es un demorado soliloquio, cuyo máximo refrendo fue el Premio de la Crítica, concedido en 2010 por su libro de poemas Fámulo (Tusquets, 2009).
  La senda biográfica no desdeña el sustrato pintoresco. Su padre, médico, y su madre, actriz, propiciaron una madrugadora inquietud intelectual, conformada en los jesuitas de Sarriá y después en los escolapios. Comienza medicina en la universidad para decantarse finalmente por la ornitología, una pasión que convive con la práctica del póquer, trabajos intermitentes de editor y la morosa traducción de Eugenio Montale, Tristan Tzara y Saint John Perse. Su perfil literario se mantuvo desvaído durante décadas, incluso llegó a especularse con su inexistencia, como simple heterónimo de Pere Gimferrer, aunque se multiplicaran en el tiempo salidas de poesía, novela y relatos.
   En Mansa chatarra el poeta, profesor y antólogo José Luis Falcó compila una nutrida colección de relatos dispersos en la obra, enriquecida con por una veintena de inéditos.. El más antiguo, “El monstruo”, procede de 1963, y el más reciente, “Domicilio, 21” data de 2013, estaba inédito en papel, aunque formaba parte del blog del autor. También el título de la selección se empleó por vez primera en 1969. La meritoria introducción de José Luis Falcó establece las coordenadas comunes de los textos “cuyo denominador común estriba en la procedencia onírica de su material literario. A la hora de realizar la selección, se ha entendido el espacio onírico como aquel que recoge fundamentalmente las nociones de sueño y ensoñación ".
  No me corresponde a mí establecer ahora una teoría del sueño; pero sí constato su tendencia a presentarnos planos deformes de lo real, donde un yo desdoblado se vislumbra a sí mismo en situaciones y actitudes fuera de norma, como si los límites de la razón precisaran otros territorios abiertos en los que hallaran cobijo contenidos con una fuerte carga simbólica.
   Pese al largo periodo de escritura que abarcan los relatos, en la persistente evolución de esta muestra no hay excesivos cambios de tonalidad. Francisco Ferrer Lerín deja cauce libre al lenguaje natural de los sueños y a las variables del asombro, una forma de restaurar el equilibrio entre realidad e imaginación. Su escritura amalgama vislumbres vivenciales e imágenes oníricas en las que el sedentarismo se quiebra para mostrar episodios sombríos, procesos fisiológicos asociados a ciclos naturales que transmiten sensaciones inquietantes, e historias mínimas que germinaron tras la lectura. Casi siempre queda velado el sustrato biográfico o el quehacer laboral como ornitólogo experto en aves carroñeras, aunque estén ahí con la voz confidente de la experiencia.
  El insulso mercado actual condena al catálogo de las editoriales más jóvenes a una circulación restringida. Sería una lástima que tal circunstancia se diera en este libro, editado con gusto por Jekyl l& Jill. La obra incorpora además algunas sugerentes fotografías y nos deja un primer plano, bien definido por José Luis Falcó, de un autor plural, con marcado acento personal, que saca a la luz su veta onírica; un sitio de cruce entre la realidad y lo mágico.        

miércoles, 4 de junio de 2014

EN EL AIRE LA MÚSICA.



PIANISTA

        Para Nuria Cubero

El lustre de charol
secuestra la mirada;
los dedos armonizan
la dócil simetría
de blancos y negros.
Encorvados escorzos interpretan
el son de los acordes.
Se desprende la música
como liviano esqueje;
adivina contornos
de un árbol escondido;
transforma en luz visible la raíz.
Ella libera notas,
yo soy el afán terco
que piensa una elegía.
Conciliatorio el tiempo se detiene
y retrasa mi búsqueda.


     La noche en blanco, Barcelona, 2005

lunes, 2 de junio de 2014

AITOR FRANCOS. CON BARTLEBY.

Un lugar en el que nunca he escrito
Aitor Francos
Renacimiento, Sevilla, 2013

CON BARTLEBY

  El tramo inicial del siglo XXI, como tiempo de edición, delimita una última hornada de voces en la que encuentra sitio Aitor Francos, (Bilbao, 1986). El poeta es Licenciado en  Medicina por la Universidad del País Vasco, ejerce de crítico ocasional en revistas como Zurgai y la publicación digital Koult, y su primera salida, Igloo, consiguió en 2011 el Premio Surcos; ahora nos deja en la misma editorial, Renacimiento, el poemario Un lugar en el que nunca he escrito. El aserto de esta segunda entrega remite de inmediato al libro de relatos de David Leavitt, Un lugar en el que nunca he estado, publicado en España por Anagrama en 2009.  
  Este conjunto de poemas emplea como obertura un legado plural en el que se amalgaman citas de procedencia dispar. Está Bertolt Brecht, paradigma del compromiso social en poesía, y Antonio Cabrera, ejemplo de indagación meditativa, junto a etiquetados más difusos y abiertos como los que impulsan José Fernández de la Sota, Martín López Vega, o Jesús Aguado. En cualquier caso, la voz escritural encuentra siempre refrendo en los estantes de la biblioteca para su recorrido por un entorno próximo, en el que se percibe un estado de tedio y confusión que apenas cuenta con vías de escape.
  El acontecer no es lineal y diáfano; se construye sobre percepciones fragmentarias que buscan en su expresión escrita un registro intermitente. El sujeto poético se vislumbra en el espejo de la identidad como un Bartleby tedioso, anotando renglones con un pulso irónico, como si el calendario laboral contagiase frío y fuese necesario disipar sus nieblas y ausencias de entusiasmo. Lo mismo que el apocado personaje de H. Melville, es un resistente a la acción; no pide cuentas ni justificaciones. Está ahí, junto a los otros; carece de respuestas y no desea pronunciamientos; acaso formula una experiencia vital conformada por sustratos de alucinación y engaño.
  Una característica formal que llama de inmediato la atención es el empleo continuo del soneto en verso blanco. Si su ilustre paisano Blas de Otero consiguió con la estrofa las más altas cotas de la poesía existencial de posguerra, Aitor Francos repite itinerario por los catorce versos de la estrofa para abordar la percepción de un entorno discontinuo y sombrío.
   El ideario figurativo, sólido y fértil en las últimas décadas, ha acostumbrado a la recepción de poesía bajo un guión lógico y narrativo. La lírica de Aitor Francos no permite ese enfoque; aunque en el libro hay una innegable unidad de tono, cada composición disputa el sitio de su autonomía textual para impulsar desde el conjunto una lectura metafórica del desamparo, una mirada con destellos irracionales. El poema no se retrae a un único sentido, exige la interpretación del lector que comprenda indicios, que nunca deje al margen una perspectiva personal. El escritor, tras cada impulso manuscrito, deja la borrosa identidad de un Bartleby desocupado que, como argumenta el saber antiguo de la tradición, “preferiría no hacerlo”.  

domingo, 1 de junio de 2014

ENTRE LIBROS.

La Rosaleda, Parque del Retiro (Madrid)
Fotografía de Adela Sánchez Santana

OFICIOS ARTESANOS

        Para mis hijas, Irene y Ana

Hasta que duerme el sol crepuscular
hago trabajos de jardinería.
Actos neutros, sencillos, repetidos:
corto el césped,
repueblo los parterres,
igualo la arizónica
y aplico la manguera unos minutos.
El tapiz verde se revitaliza.
Así el poema; palabras de labor
que me demandan
el respirar profundo
del oficio artesano.

     Ninguna parte, La Isla de Siltolá
     Sevilla, 2013