Soy
un diletante a quien da pereza emprender la tarea de rehabilitar algunas
amistades convertidas en pedregal. El
escepticismo siembra artrosis en el pensamiento. El
crítico hace apología de la ambigüedad con un lugar común: “estilo peculiar”.
Cuando nos cae encima no sabemos si acudir al servicio de urgencias del centro
de salud, o al confesionario de una iglesia, para que nos den la absolución. A
diario en las redes sociales, el botón del pánico. Alguien enciende un mechero
para quemar una identidad y de inmediato un voluntariado entusiasta muestra su
disposición a ser verdugos. Es gente en apariencia normal, que guarda dentro
el más oscuro de los ascos. Aprendo
a abrir el paraguas en el orvallo de la adversidad.
(Apuntes del diario)
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