lunes, 18 de noviembre de 2019

OJOS DE LUNES

Café matinal
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia



OJOS DE LUNES


El toldo del tragaluz es un oxímoron.

Entre los misterios de su inteligencia, ese empeño en ocultarse a diario.

Un ejemplo de fidelidad  extrema; mantuvo siempre un inquebrantable compromiso con la estupidez.

Cuando aletea, el optimismo recuerda la mínima vibración de una libélula.

Esas voces que ganan altura cuando callan.

Acabó identificando su belleza con el vacío; en ella, todo es nada.

Tan avaro que cuando respira se queda con el oxígeno y con el anhídrido carbónico.

(Aforismos de lunes)




domingo, 17 de noviembre de 2019

DESAPARICIONES Y OCASOS

Refugio
Imagen
de
Internet



DESAPARICIONES Y OCASOS

  Desde hace varias semanas, no estoy. Ignoro si la ausencia es un ocaso momentáneo, o una voluntariosa fuga hacia los pedregales de ninguna parte. Así que ando aplicado, con las varias ausencias que conformo, en la tarea de encontrarme. No sé vivir a solas, sin esa voluntad que me despierta en medio de la noche recordando el inventario de asuntos pendientes.
   Durante algunos años pensé que daba cuerpo a un sujeto central e indivisible, destinado a vivir en el monolito de mi identidad. Nunca imaginé esa atracción interna por la vida nómada. Me doy prisa en la búsqueda, antes de que empiece a olvidarme. 

(De Cuentos diminutos)




sábado, 16 de noviembre de 2019

HIRAM BARRIOS. APÓCRIFO (AFORISMOS)

Apócrifo
Hiram Barrios
Prólogo
de
José Luis Morante
Editorial Naveluz
Colección La Hormiga
México D. F, 2018 



PRÓLOGO

Quien calla nunca es trivial;
quien habla lo es casi siempre.

HIRAM  BARRIOS


   Entre las incertidumbres del siglo XXI las formas literarias breves han conseguido reconocimiento inesperado y una resonancia especial que acrecienta su práctica. Son un signo de época. Conceden una percepción súbita de la realidad cuyo carácter, temporalista y mudable, tiene consecuencias inmediatas en los quehaceres del lenguaje. Sucede con el haiku, esa japonería aclimatada al castellano cuyo mensaje da cauce a la impresión instantánea, el microcuento, ficción de argumento resolutivo; y el aforismo, una miniatura reflexiva repleta de connotaciones.
   Hiram Barrios (México, D. F., 1963) creador plural, traductor y docente en ejercicio en las aulas del Instituto Tecnológico de Monterrey se adentró en la tradición literaria paremiológica en Lapidario. Antología del aforismo mexicano (1869-2014). Era un balance de la aportación cultural de autores foráneos, con algunas voces del exilio español asentadas tras la guerra civil, y firmas de otra geografías. El escritor definía el proyecto con tono humilde, “como un trabajo liminar, exploratorio y en construcción” y lograba un libro riguroso, de didáctica unitaria que sondeaba vínculos entre escuelas y autores en un paréntesis temporal de siglo y medio. Una obra excelente para un momento donde el ciberespacio está cambiando las reglas del género y las posibilidades de recepción.
  Con Apócrifo Hiram Barrios se integra en la práctica aforística aportando su versión particular de la economía verbal. La decodificación lectora concede al título, como elemento paratextual,  una tripe función: identificadora, referencial y distintiva. Así que antes de adentrarnos en el cuerpo de la obra conviene recordar las dos connotaciones básicas del término. En su acepción académica, alude a un adjetivo que califica lo simulado, inexistente o fingido; la etimología popular emplea el término para encuadrar comentarios u opiniones subjetivas que carecen de fundamento, que siembran rumores que no se pueden constatar. Así pues, Hiram Barrios pone bajo sospecha la práctica de este género de intensidad, que busca ahorrar pasos entre la niebla de lo digresivo.
  La observación estimulada por el rótulo no desdice la naturaleza singular del género. El aforismo preserva la autonomía de cada fragmento y la pluralidad de inquietudes semánticas. El escritor establece para los rasgos temáticos y formales del corpus una ruta de lectura de quince secciones. Su primer tramo es “Diario o culto” tiene una base testimonial, como si el yo biográfico personificara al protagonista en sus interacciones cotidianas con un entorno que difunde estrategias cognitivas: “Los mejores aforismos los escupo en la calle. En el asfalto está mi aforística”. Los breves nacen de circunstancias concretas y dejan constancia de una subjetividad que respira a pie de calle. Pero el cauce natural del aforismo es la contradicción;  si el sujeto busca a ras de suelo la huella firme de algunas certezas, esta actitud es compatible con “las videncias del oráculo”. La intuición predice. Esta clarividencia desconfía del logos: “Un hombre, a solas con su pensamiento mucho tiempo suele ser peligroso”, “No pensar como medida preventiva”, “Los mensajes más oscuros son los que alumbran más”. La construcción de los aforismos integrados en “microhistorias” dibuja un perfil de cercanía con el relato ultracorto, no solo por la precisión extrema del lenguaje sino por el carácter ambiguo y la capacidad de sorprender mediante una visión no convencional del hilo argumental. Así lo constatan estos ejemplos textuales: “Cordura. Antes escuchaba voces. El psiquiatra me recetó pastillas: ahora son las voces las que me escuchan”; “Irresistible. Mi esposa es atenta y complaciente: una delicia de mujer. Por eso busco amantes.”; “El legado. Pelearán hasta matarse por los bienes del difunto. Los males se heredan por igual.”
  Otra modalidad de frontera con el aforismo es el epitafio. Entre ambos abundan los motivos conectores e igualatorios: egocentrismo, solemnidad lapidaria, posicionamiento temporal. Queda recalcado en abundantes aciertos expresivos: “El genio. Lo enterraron vivo, siempre adelantado a su tiempo”, “El librepensador. Luchaba por la verdad. Su obra lo desmintió”.
   Escribir aforismos es alzar un entorno de habitaciones soleadas con una buena orientación que propicie borrar sombras y convoque al desaprendizaje para que el trazo sutil de la existencia avance con nutrientes nuevos, inmediatos, volátiles y el activo destello del relámpago.
   En el remanso de Apócrifo siempre hay sitio para la gota de claridad inesperada en la que se despliega la capacidad oratoria de la inteligencia y el necesario silencio: “Callemos mejor para entendernos”. Así afloran las aristas de un tiempo fermentado que el aforismo se empeña en moldear para lijar sus distorsiones. Es un quehacer continuo y atomizado, con voluntad, con fe, sabiendo mientras camina que “el aforismo es un atajo”.

José Luis Morante





viernes, 15 de noviembre de 2019

ÁNIMO A FLOTE

Equilibrios
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


ÁNIMO  A FLOTE

A todos los que a diario
abren las manos para que nada se hunda



Si miras con atención el lugar que ocupas, donde estás no hay nadie.



En el apagado discurrir del tiempo, adanes primigenios que aguardan todavía una manzana.


El  verbalismo artificioso encala la escritura, pinta fachadas de víspera de feria.


En la madeja de la gratitud se apelmazan los hilos sueltos.

  
Los viernes aseguran un tedio prometedor, hecho de puntos suspensivos.


 En la poesía bucólica, espontánea colaboración de una coral ecológica: piedras, juncos, pájaros y nubes…

  
La poesía es un yo caligráfico, angustiado por su propia identidad.


Aversión a la lógica. Un pensamiento único y en continuas tareas de agitación.


Sabe aceptar disculpas; mantiene con la sordidez una amistad vitalicia.


La autonomía imaginativa del sueño requiere folios blancos por su inclinación a lo imposible.


El subconsciente poético confía en el potencial de los precursores.


Punto de fuga. Nostalgia de un lugar que no existe.

(Selección personal)



miércoles, 13 de noviembre de 2019

MIGUEL CATALÁN. SUMA Y SIGUE

Suma y sigue
Miguel Catalán
Prólogo de Carmen Canet
Epílogo de José Luis Trullo
Ediciones Libros al Albur
Sevilla, 2019


INSISTIR, PERSISTIR


   El inesperado fallecimiento de Miguel Catalán (Valencia,1958-2019), Doctor en Filosofía, profesor universitario, ensayista y autor de una abundante producción paremiológica compilada en el volumen Suma breve (Trea, 2018) despertó el sentir solidario de muchos compañeros del decir breve que homenajearon Al escritor a través de las páginas de la revista digital El Aforista.com. Y sirve también de homenaje la compilación Suma y sigue –qué título más atinado- que se abre con una breve introducción de Carmen Canet titulada “La ética en persona”. Tan vehemente titulación refrenda la desconfianza en el ahora. Es sabido que vivimos un tiempo de valores crepusculares, que pospone los elementos actitudinales marcados por la ética, para enaltecer el positivismo funcional y el individualismo atroz que preside nuestro tiempo. Miguel Catalán era rigor y afecto, compromiso con el ser, alejado del estropicio bullanguero del estar.
  Carmen Canet recuerda la presentación de la antología Concisos en Madrid que supuso la posibilidad de intercambiar saludos y proyectos futuros con los antologados. Así nació ese intervalo afectivo y la colaboración en Diccionario Lacónico (Sequitur, 2019), una impresionante obra colectiva impulsada por Miguel Catalán que amaneció hace unos meses y en la que estuvo trabajando durante treinta años. Como recuerda la escritora almeriense asentada en Granada, era “un libro de amistad” de ingenio, de laconismo y poda., un ejercicio de reflexión que buscaba la esencia bajo el epitelio de las palabras.   
  El conjunto seleccionado en Suma y sigue, libro inédito que estaba en prensa cuando fallecíó el escritor, continúa perfilando la propuesta fragmentaria de Miguel Catalán. Como escribí en mis anotaciones sobre su obra aforística completa “permite definir con lúcida solvencia el carácter ontológico del aforismo y su evolución en el discurrir. El término siempre está vinculado a un territorio de intersección entre literatura y filosofía que es base común de todas las entregas”.
   En la contundente concisión de sus textos se acoge la verdad de la experiencia y se abre las manos a la formulación activa de la paradoja como contraste ante una realidad de límites difusos y de cimentación movediza. Las paradojas son semilla en los surcos sentimentales que enriquecen el barbecho de la temporalidad y son lluvia frecuente en los campos semánticos que aglutina la existencia en la plaza diaria de lo colectivo. Eso da pie a organizar los textos por enunciados representativos que ponen en su formulación una clave temática: “Amor atlético”, “Demasiada dignidad”, “Reminiscencias del bachillerato”, “Malas noticias para la posteridad”… Al percibir esos enunciados, asoma la cabeza la ironía, como si la partitura de la trascendencia se interpretara en tono menor, en ese tono que transforma el decir filosófico en hilachas de sentido común.
   Los nuevos aforismos de Suma y sigue postulan la complejidad del trayecto cotidiano; formulan un diálogo de asimetrías entre lo subjetivo y la realidad del entorno. Sus temas se asoman  a las costuras de la experiencia. Se llenan de matice, aunque estos a veces sean contradictorios o definan estados de ánimo dispares, como si en su amanecida la escritura plegara pasos a la condición de ser.
   Ya se ha comentado que el libro se cierra con un epílogo de José Luis Trullo, aforista, director de la mejor revista dedicada al género e incansable editor. Las palabras del andén final, acogidas bajo el epígrafe “Despedida (sin cierre)" recuerdan afectos compartidos, intercambios de libros y palabras de aliento en proyectos comunes, siempre alumbrados por la cartografía meditativa del aforismo. El coordinador editorial de Libros al Albur resalta la generosidad de Miguel Catalán y la particular estética del escritor en torno al decir breve: “Era el suyo un aforismo muy característico, que se aleja de las fórmulas clásicas para indagar en formatos mixtos”. Acierta plenamente Trullo en su mirada crítica; Miguel Catalán expande el aforismo y lo acerca a la cita o la reflexión sociológica, lo convierte en anécdota o suma a su carga expresiva enunciados lúdicos.
   Suma breve descubría el excelente volumen conceptual del decir fragmentario de Miguel Catalán y catapultó a su autor a las primeras filas de aforismo contemporáneo. Suma y sigue quiere ser una prolongación esencial, un mínimo muestrario que ahora ve la luz por primera vez y contiene la introspección reflexiva de un escritor múltiple, la palabra afectiva de quien insiste en alzar la voz en la oquedad poblada del silencio.



martes, 12 de noviembre de 2019

NIEBLA DENSA

Borrados
Fotografía
de
3lentes.com



NIEBLA DENSA

Andar es no moverse del lugar que escogimos

MARÍA VICTORIA ATENCIA

  Aunque desempeñe su labor comunicativa habitual,  o sea un asunto privado, la escritura  necesita un contexto previo, un encuadre correcto que no desfigure sus bordes. Sin él la ternura se convierte en erotismo y el erotismo simula ser pornografía. Su comprensión requiere, por tanto, una mentalidad expandida para comprender que los mensajes contienen otras percepciones de la realidad; sus palabras emergieron en un espacio y tiempo concretos.

  Valoro mucho la confianza, esa luz que oculta la niebla, esas gotas frescas que alejan la sed.

  El optimista es proclive a la grandilocuencia; cree que la amistad es fuerte, como la raíz de una secuoya. Así que sufre un terrible efecto erosivo en su ánimo cuando descubre que la reptante fuerza que imaginaba es solo un hilo suelto, el expandido temblor de una telaraña.

  Desvela el tiempo una paciente labor de sondeo para alumbrar identidades, tramas y personajes que reconstruyen con fidelidad nuestras relaciones sociales. En ellas, la soledad camina una propuesta introspectiva, elegíaca e intimista.

  El ahora se convierte en tiempo narrativo de una identidad incierta. Soy una estela que pregunta con insistencia, en primera persona, al despertar de su memoria por sus indicios sentimentales.

  Los otros son aproximaciones esporádicas. Tanteos afectivos.

(Diario de otoño)



lunes, 11 de noviembre de 2019

LA GRIETA





LA GRIETA

   Con terco sosiego, inadvertida, la grieta se adhirió una mañana a la pared frontal del dormitorio. Cuando la descubrí era solo un hilo negro, un poso de sombra. Poco a poco aumentó su tamaño hasta convertirse en grafía desapacible. A través de su trazo puede verse un paisaje cambiante que en los días ventosos deja en el dormitorio arenas y hojarascas, ramas leves, esquejes de rosales.
   Sobre la pared, la grieta sigue aumentando. Concede a mis sentidos la fugaz sensación de abarcar todo. Hoy, al despertar, mostraba la aletargada arena del desierto.

(De Cuentos diminutos)




domingo, 10 de noviembre de 2019

EL OTRO

Distancias
Imagen
de
Pictame.com


EL OTRO

Le conozco muy bien, sé lo que piensa
-por más que la certeza suene a pedantería-.
Ama cuanto yo amo y a menudo acostumbra
a confundir rutina y existencia;
como yo justifica el razonable precio
por encima del cual se vendería,
como yo gesticula, como yo decepciona;
si aparezco vencido él no oculta sus síntomas
de claro agotamiento y he de anotar
con cuánta diligencia
acude a mi llamada silenciosa.
Hablaría del amigo perfecto para el viaje.

Lo impide su manía de guardar la distancia.
Siempre está al otro lado del espejo.

                (De Población activa, 1994)



sábado, 9 de noviembre de 2019

SONIA CHOCRÓN. TOLEDANA / BRUXA


Toledana / Bruxa
Sonia Chocrón
Cubierta e ilustraciones interiores
de
Juan Vicente Gómez Landaeta
Kalathos Editorial
Madrid, España, 2019
 MUTACIONES DEL YO


  La voluntad creadora de Sonia Chocrón (Caracas, Venezuela, 1961) expande una sostenida convivencia de géneros. Aglutina novelas, relatos, guiones de televisión y cinematográficos, y completa quehacer con una amplia dedicación poética. Tan extenso trabajo está refrendado por un largo inventario de premios. Su legado poético suma ahora, en el catálogo de la editorial Kalathos, dos salidas, Toledana y Bruxa, ambas integradas en un único volumen.
   Precede a los poemas de Toledana una mínima nota que alude a una leyenda medieval castellana, que serviría como fuente inspiradora de las composiciones. Raquel, una hermosa judía de Toledo, capital por entonces de las tres culturas peninsulares, inspira en el rey castellano Alfonso VIII una fuerte pulsión amorosa. esa relación trastoca el buen hacer del rey e impulsa la reacción del pueblo. Para eliminar el influjo que consume la voluntad del monarca, los vasallos deciden dar muerte a la hermosa muchacha.
   De tan romántico argumento se nutren los poemas del libro. Sonia Chocrón renuncia a la crónica sentimental para hilvanar la historia en primera persona, a través de una dicción, de corte sefardí antiguo, que retorna al ambiente de época. El monólogo dramático permite recuperar la identidad de la amada. En ella fermenta una intensa reflexión cuando el amor convulsiona, como si la intimidad moldeara una nueva naturaleza. Toledo, ese entorno urbano sobre el Tajo que aglutina  sinagogas,  mezquitas y templos cristianos, se hace escenario cómplice; parece que las piedras tuviesen alma y comprendieran que el cauce sentimental vivifica y llena los sentidos de transparencia. De ese estar toma conciencia la voz del poema: “Soy Raquel de las cumbres de Toledo / la amamantada con leche y miel / casa fértil ya bendicha por las madres / ancestrales de mi fe….”. Los versos describen un ánimo en revuelo, que deja alas a la pasión. Ese estado contradictorio aliña tristeza y alegría, agua cautiva y manantial remansado.
   La escritora divide el avance argumental en tres tramos; si en el primero la voz de Raquel relata con emotivo afán el despertar de la semilla del deseo, el segundo apartado, con cita prologal de El Cantar de los cantares,  mitiga el tono sentimental para clarificar el pensamiento y los efectos de la temporalidad en el muro sentimental. Es hora del encuentro para que el abrazo encuentre suelo fértil, aunque deba ser motivo de escándalo. De esa contradicción entre la fuerza pasional del cuerpo y la voz de la razón, que avisa preventiva, afloran sensaciones de soledad y angustia que rompen el sosiego: “Yo te inquiero alma mía / huésped de mi cuerpo caprichoso / ¿No sabes que no puedes? / ¿No sabes que no debes?”.
  La sección de cierre se abre con dos versos de Gabriel Bocángel. Como si el destino quisiera cumplimiento y razón en el estar, la desazón anida en las palabras. Sin la plenitud confirmatoria del amor, Raquel se siente un cuerpo a la intemperie, una voz dubitativa que explora rumbo entre la sombra, que firma pactos con la finitud como si la muerte se adelantara y solo fuera posible la conmoción del amor en la oscuridad. No hay consumación sino celda de reclusión, camino hacia el largo destierro del final. El amor renacido y fresco es solo evocación y deseo, un comienzo imposible.
   Publicado por primera vez en 1992, y finalista del premio Internacional de Poesía Juan Antonio Pérez Bonalde, Toledana es una celebración de la inocencia, un canto al amor que recupera el verbo dormido de la lengua sefardí para dar al sentimiento, más allá de las normas jerárquicas, de la diferencia de fe, o de la posición social, un protagonismo en primer plano.
   La incomprensión social de la experiencia amorosa –aunque apenas se manifiesta en el poemario, más allá de algunas reflexiones del yo poético- el fracaso emocional y la aridez del estar solo generan una fuerte mutación en el relato lírico. La inocencia se transforma en sombra. Ese cambio vislumbra, veintisiete años después, un nuevo poemario, Bruxa, en el que se refugian las aristas más desapacibles de la conciencia, como si asistiéramos al advenimiento de alguna plaga bíblica. La hermosa muchacha es ahora la bruja, la hacedora de ritos que siembran dolor y miedo. Así lo corrobora en el espejo la voz conforme  de quien se muestra ante sí misma: “Pertenezco a un ejército de infames / metódicos / Vivimos agazapados observando / en nuestros resquicios / para que los buenos / no huelan nuestros nervios.”
  La perspectiva ética de Bruxa traslada los poemas a la dicción del presente, lo que enriquece los niveles de lectura. Ya no es solo el fluir de un relato emotivo individual que muestra su orfandad sino la atmósfera de grisura de un presente desapacible que  llena sus resquicios de derrotas e inconformismo: “Esta es mi ciudad / Una villa fantasma / Un valle impuntual / perra callejera / Tus basureros / Tu estiércol…”   La existencia se convierte en un fallido intento de entender el brumoso fluir del tiempo: “Penetro la oscuridad para entender / lo oscuro / Y rasgo el mal / para entender el mal”
   Así se va haciendo evidente en lo cotidiano un estado de desafección. Cada gesto evidencia los pliegues de la sombra, las voces callejeras del dolor, la ilusión del amor hecha jirones, como si padeciera un hechizo, o habitara un infierno doméstico que no dejará sitio a la claridad de otro futuro.
   Uno de los poemas esenciales de Bruxa es “Sorcellerie”; da voz a una emotiva poética sobre la utilidad de las palabras y su función esencial: “No escribo poesía / solo voy al estanque de las palabras y escojo / nuevas, o viejas y olvidadas / y las junto como si ensartara un abalorio / de muchas cuentas / y ambiciones / Mundo, hombre , amanecer / Cielo, hambre fin / porque todas mis fórmulas mágicas / y líquidos, hilados y envueltos / están en mi lenguaje” Otra vez el lenguaje se plantea como elemento esencial del sujeto. Es el catalizador adecuado para trazar los límites de  pensamientos y percepciones en la suma vital.
   En ese estar en la sombra, la memoria mitiga la sed y recupera los hilos de luz de un tiempo áureo, cuando el amor era la clave básica de la identidad. En el poema “Mutaciones” leemos: “No siempre fui yo / la infiel / Una vez fui otra / en un tiempo lejano…” Siempre la condición básica del existir es la finitud, todos estamos abocados a un caminar transitorio que también sobrevuela sobre sentimientos y emociones.
  En los poemas de Toledana y Bruxa Sonia Chocrón convierte el sentir amoroso en un Jano bifronte. En su poesía, la calidez del sustrato intimista se hace rumor de nieve. Constata que lo más hondo del yo confidencial también es materia expuesta a la intemperie; amanecida que en el instante del comienzo ya contiene la opacidad fría de la noche.

JOSÉ LUIS MORANTE
         

viernes, 8 de noviembre de 2019

ENEMIGOS LEALES

A solas
Fotografía
de Internet

LOS HECHOS CONSUMADOS


   Gracias a mi torpeza,
al cómplice silencio de los días lluviosos
y a los buenos oficios de enemigos comunes,
has conseguido un odio a la medida;
apenas se vislumbra.
Surgen imperceptibles
las miradas oscuras, asesinas,
en las cosas que amo;
el sonido quebrado de una cuerda vocal
ofertándome aliento;
el brillo delator de tu pupila
en mis desolaciones.

   Nada que objetar: eres libre y eliges.
Sabes muy bien qué ganas o qué pierdes.

                      (De Enemigo leal (Sevilla, 1992) 






jueves, 7 de noviembre de 2019

PUNTO CIEGO

Interruptor
Fotografía
de
Internet
PUNTO CIEGO

 Metódico en la queja, como el espasmo de una brisa fría, recorrió los años explicándose a si mismo que aquella lámpara, cobijada entre telarañas y polvo, se había fundido.
  Era el cuarto al completo un punto ciego. Ninguna inteligencia práctica pulsó nunca el interruptor.

(De Cuentos diminutos)  


miércoles, 6 de noviembre de 2019

JOHN KINSELLA. EL SILO. Una sinfonía pastoral

El silo
Una sinfonía pastoral
John Kinsella
Traducción de
Katherine M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez
La Garúa/ Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2019

SINFONÍA PASTORAL

   El quehacer editorial de La Garúa en su nueva singladura abre ruta a otros ámbitos literarios. Muy grata sorpresa resulta descubrir en su catálogo de novedades El silo. Una sinfonía pastoral, el más conocido poemario de John Kinsella (Perth, Australia, 1963). La entrega despertó una notoria afinidad crítica, como hito central en su actividad creativa, cuando se publicó en 1995. Hay un dato más que avala la calidad del escritor australiano; fue el desaparecido crítico Harold Bloom quien seleccionó y escribió la introducción del periodo poético de amanecida de John Kinsella en el volumen Peripheral Ligt (2004).
  Al leer el subtítulo, resulta inevitable el eco de la Sinfonía Pastoral de Beethoven, esa obra de sensaciones que acumula recuerdos de la estancia en el campo y que hace de la naturaleza una llanura de libertad expandida. También provoca una vinculación consciente con lo rural el sustantivo desnudo del título; el silo define el almacén de grano donde duerme la cosecha tras el ciclo estacional de la recogida.

  Nos hallamos ante un poemario de regreso al entorno afanoso del terruño y esa percepción cuaja en un estilo descriptivo, casi enfocado a la objetividad de la crónica. El epígrafe del primer apartado “Sobre el arribo a una casa desierta en lo profundo del campo” materializa el umbral a una forma de vida marcada por la soledad y la quietud, donde la contemplación convierte al sujeto en un receptor de los sentidos. El poema retiene lo observado, se hace refugio de elementos e imágenes que provocan espacios reflexivos y estados de ánimo. Como quien cierra los ojos para focalizar mejor las imágenes, los versos reescriben los rasgos del paisaje.
   El relieve campestre visualiza en el segundo apartado los ojos de la muerte como un contrapunto de los ciclos de labor. En el conjunto “De por qué talaron los últimos árboles a orillas del arroyo” son abundantes los ejemplos de fragilidad y finitud. Loros, conejos, serpientes, alimañas o árboles suman el tiempo crepuscular que hace de la existencia una estación final. Hay poemas que simbolizan los quiebros existenciales y adquieren un fuerte contenido simbólico. De ese nutriente nacen las composiciones enlazadas que evocan la niñez como etapa de asombro y la apertura de una mirada, primero fascinada por la caza y después avocada a sellar el cañón de la escopeta y a dejar el arma dormido en un rincón. Toda pulsión es también poda, como esos árboles crecidos en medio del prado que un día se cortan para dejar sitio a los pastizales.
   Si el renglón figurativo de John Kinsella nunca pierde su voz testimonial, resalta también en su trazado la fuerza de las imágenes; el preciso laconismo de la desnudez para dibujar cuadros visuales: “A pesar de su linfática naturaleza / la niebla aparece de súbito y extiende / su mortaja recia sobre la granja”. Desde esa opacidad llega la vida y los continuos incidentes domésticos, esas mínimas incisiones en el silencio del día, como el vuelo de una bandada de pinzones, que marca la azarosa navegación del tiempo.
   Siempre resulta llamativo en el poemario el afán didáctico de las titulaciones. En el tercer apartado, casi asoma un punto de ironía en el epígrafe del conjunto: “Beber en la cantina de un hotel campestre”. Todo el conjunto mantiene una sensibilidad celebratoria. Así se hace evidente en el tríptico inicial “de parranda”, donde las labores de esquileo concluyen ante la espuma rebosante de las cervezas. es una manera de sentir que la tierra respira mientras traza su propio periplo de barbecho, semilla, plenitud y cosecha.          
   El velado de lo biográfico concreto permite al poeta sincronizar con la voz colectiva. Los poemas dejan sitio a las facetas plurales de lo cotidiano, como si fuesen cuadros habitados por lo múltiple. En El silo se yuxtaponen escenas que protagonizan personajes secundarios que alzan el muro de lo social. En ellos conviven cazadores, esquiladores, moteros, jóvenes que rebuscan envases entre la chatarra o esas presencias femeninas que tienen una insólita fortaleza masculina.
   Anarquista, vegano, pacifista y practicante asiduo del ecologismo, John Kinsella  hace de su ideario poético una lente que acerca al medio ambiente, que despoja a las composiciones de aderezo culturalista, que busca difundir argumentos donde se oye el latido de una forma de vida que ya pide el regreso 

   

martes, 5 de noviembre de 2019

VIDA LABORAL

Campo de otoño
(Sierra de Gredos, Navadijos, 2019)
Fotografía
de
Rubén Sánchez Santana

VIDA LABORAL 



Esos amigos que parecen puzzles en los que no encaja ninguna pieza.

Un anclaje en el agua.

Queda la versión íntegra de su historia personal. Nada con un fondo gris.

Solidaridad de papelera, que deja sitio de inmediato a todo lo que sobra.

El topo defiende la semejanza cromática.

Solo percibe las palabras propias. Las voces ajenas son ruidos abruptos.

Me dedicó en seis meses tres adjetivos, dos adverbios y cuatro preposiciones. Un despilfarro austero.

(Aforismos de otoño)



lunes, 4 de noviembre de 2019

JOAN MARGARIT. VIVIR LA HERIDA

Joan Margarit
Imagen
 de
El Mundo/ Cultura


 VIVIR LA HERIDA

El tiempo para amar
es el del paso de las estaciones

JOAN MARGARIT         

   Nacido en Sanaüja en 1938, en la comarca de la Segarra, en Lleida, Joan Margarit compila en  El primer frío el corpus poético de amanecida. Abarca tres décadas de un proceso creativo sometido a continua revisión. El inicio rescata la poesía entre 1975 y 1995; pero las variables respecto a la edición original  son tan numerosas que sugieren una explicación detallada. La voluntad de hacer poemas despierta en Tenerife, donde la familia se había instalado en 1954, inaugurando una etapa cuyas instantáneas serán rememoradas con frecuencia. Ya en Barcelona, se matricula en la Escuela Superior de Arquitectura, aunque el deseo de protagonizar un destino literario es tan intenso que abandona las aulas para incorporarse al quehacer editorial. Sin embargo, no se cumplen sus inquietudes y vuelve a la universidad donde concluye la carrera de Arquitectura en la especialidad de Cálculo de Estructuras.
  Su formación científica arropa el planteamiento mental con que se acerca al material poemático: “Pienso que no es una coincidencia baladí que el Cálculo trate de lograr la máxima resistencia y estabilidad con el mínimo de material (en general acero y hormigón)  y que la poesía trate de decir el máximo con el mínimo de palabras: al igual que las matemáticas son las más exactas de las ciencias, la poesía es la más exacta de las letras”.
 El camino arranca en Crónica, libro en castellano del que se recuperan varias composiciones reescritas, con lo que la etapa en esa lengua queda prácticamente abolida. Después de cinco años el autor regresa a la poesía utilizando el idioma vernáculo. Firma una decena de títulos y cosecha abundantes premios que lo convierten en presencia relevante. También este segundo tramo ha sufrido un reajuste severo; del mismo se incluyen treinta y seis poemas bajo la denominación Restos de aquel naufragio.
  Será el poemario Luz de lluvia el que inaugure la etapa en la que el poeta reconoce plenamente la voz y en la que se integrarán Edad roja, Los motivos del lobo y Aguafuertes. El aserto “El primer frío” figura en esta entrega en una composición que tiene como hilo argumental un debate entre arte y vida que es, en último término, uno de los ejes orbitales. Bajo el supuesto estético de que el poema debe modelar un interior habitable, hay una estricta concordancia entre el yo existencial y el sujeto poético. La palabra da fe de lo vivido; el pasado es sustrato para que afloren los indicios de una realidad vital. El cúmulo de experiencias da paso a una meditación en la que predomina el sentimiento elegíaco y la certeza de una temporalidad ineludible que condiciona las distancias entre lo subjetivo y la otredad.
  La escritura, como cualquier cosmovisión singular, cimenta un conjunto de obsesiones que se expanden mediante variables; recurre a la clarividencia del matiz. En la exposición de la intimidad hay unos cuantos personajes referenciales: Raquel, Joana, Tío Luis…Cada uno cumple una función emancipadora del aporte sentimental del yo. Raquel – o Mariona- es la culminación de lo amoroso, el erotismo y la plenitud de una convivencia que no está libre del envejecimiento pero que ha proporcionado al yo un asidero. Joana – la hija minusválida- es, en su fragilidad y en su condición vulnerable, el detonante de un aprendizaje que no concluye ni siquiera con su desaparición; connota el invierno del dolor, el rostro de una belleza profunda y desconocida, la cercana presencia de la muerte. Tío Luis participó en la batalla del Ebro y tuvo un comportamiento heroico salvando a uno de sus compañeros; en la grisura  de la posguerra es la figura en la que lo ideal encuentra sitio, cuando el proceso de resignación y la renuncia a la utopía parecen haber desvanecido la posibilidad de una causa. Tío Luis es la  ética que se resiste a claudicar.  En los poemarios reunidos hay una confluencia de contenidos; se repiten temas: la indagación en los aspectos biográficos y las travesías de la memoria, las sombras de espacios interiores como el vacío, las pérdidas o el cansancio, la música, el mar, los viajes, o la ciudad. Dentro de cada motivo lo simbólico sale reforzado. La música se asocia con frecuencia a un tipo concreto de melodía: el jazz, la individualidad de sus intérpretes, el marco peculiar de las veladas en el que era posible hallar un  refugio a trasmano de la inercia diaria. Lo mismo sucede con la ciudad aunque es Barcelona –son frecuentes las localizaciones populares- el espacio urbano es sobre todo la descripción de estados anímicos asociados al transitar diario. Desde una lucidez que objetiva la emoción, se busca una expresión precisa, alejada del hermetismo, que se decanta por lo coloquial y que propende a lo narrativo con una cuidada secuenciación rítmica en la que no hay cambios bruscos.
   El primer frío nos da la versión definitiva de un discurso poético que busca su razón de ser en  dejar trazos de una identidad articulada en días sin retorno. La fugacidad, esa sencilla estela que precede al olvido y anticipa la despedida general, habrá permanecido inalterable. Recostada en el papel, la palabra expresa un instante concreto que convierte al poema en una huella.
   En su etapa de madurez el mapa creador se ha ido poblando de estaciones  poéticas de visita obligatoria: este tramo actual arranca con Joana, que constituye por su temática y objetivación del dolor un hito central; un eje de simetría. Con él, la sensibilidad lírica del escritor consiguió en 2008 el Premio Nacional de Poesía y provocó un magisterio activo, con amplios efectos en las voces emergentes que deben renovar el discurso lírico en catalán y en castellano. Tras No era lluny ni difícil / (No estaba lejos, no era difícil) se presenta ahora en la misma colección  y en formato bilingüe Amar es dónde, una salida cuya voz asume de inmediato la visión crepuscular; vuelve los ojos hacia el páramo de los días idos. Esta reflexión sobre el ser transitorio de la conciencia y la terquedad del tiempo no desgrana sensaciones quejosas o frustrantes; es sabido que la buena poesía considera la queja una cuestión inútil porque da al sufrimiento una densidad matérica que contamina el epitelio vital de gravedad y desasosiego. La experiencia depara un aprendizaje cognitivo que fortalece y redacta un didáctico manual de supervivencia, un ideario escrito con la tinta clara de la lucidez. En su arquitectura de la memoria, cada estar aprende a construir andamiajes y forjados, busca una protección segura que entibie frente al cielo raso: “Pero la vida son también andamios, / humildes esqueletos hacia arriba”.
   El acontecer define la razón de ser de la palabra poética: “la inspiración proviene de la propia vida”, escribe Joan Margarit; los trabajos y días del sujeto y sus caminos interiores son el más fértil sustrato argumental. La observación directa de lo contingente concede a los versos un significado testimonial, un aire limpio de certeza y verdad. Comprender es entender. Este perfil de la escritura daría pie a una cuestión crítica sobre la que se vuelve con frecuencia sobre la identidad real del hablante lírico. Quien habita en los poemas tiene claras afinidades con el yo biográfico. Esta certeza da pie a considerar al protagonista verbal como un yo desdoblado, como un certero reflejo especular. De ahí la fuerza expresiva y emocional que transmite, esa cadencia cómplice que origina un estado de recepción que libera al lector de cualquier intemperie. Pasó el tiempo de las ilusiones para tomar asiento en el ámbito sosegado de las certidumbres, donde la soledad es un estado natural que apacigua carencias: “Ahora que sé que es seca y áspera, / la vida me resulta más amable. / La burla fue romántica: creer / que todo lo podía soportar / el entusiasmo de una convicción. / En lo alto de una roca queda un cielo poético / que mira de reojo. Nunca me ha protegido. / He sido un iluso, pero no soy un cobarde. / Soñar me ha obligado a aprender / a leer y escribir en las tinieblas. “
   El libro Amar es dónde aglutina más de cuarenta poemas, casi todos muy cortos y escritos con el lenguaje lúcido y directo de la primera persona. El aserto que da nombre a esta entrega proviene de la composición de apertura. En este poema homónimo el amor se define como una geografía atemporal que unifica el ayer y el ahora en una cronología suprarreal. Así lo definen incisivos los versos de cierre: “Amar es un lugar. / Perdura en lo más hondo: es de dónde venimos. / Y también el lugar donde queda la vida. “
   El pasado aparece como calendario habitual de la puesta en escena. Desde el ahora se vislumbra una lejanía repleta de señales cuyo reflejo perdura y llena de luz el cuarto oscuro de la memoria, aunque también el ayer se desvanece, es una estela escrita en el agua empeñada en dar voz a una etapa de plenitud arcádica: a distancia nunca se distinguen las grietas y desconchones; solo se percibe un paréntesis que fue completando el patrimonio afectivo del ser concreto y del yo como parte de un legado comunitario que a todos exige defensa y compromiso. Para el poeta la lengua propia, la que hablaron los padres y los abuelos, es el símbolo máximo de una identidad colectiva. Y eso propicia un tono crítico y defensivo frente a los que quisieron apagarla, como si ese gesto de mutilación cultural fuese un saqueo inadmisible que incluía la humillación de un país devastado.
   Esta recuperación de sensaciones e imágenes hace evidente la pérdida, ese rastro de ausencias que integra a los que no están y acoge en sus manos cambios y  mutaciones. El poema “Barcelona” deja una imagen del corazón urbano hecha banalidad y apariencia, como si el tejido de la historia fuera un simple despojo que no merece la pena consignar. Los espacios vividos ya no están en su sitio; han sufrido un doloroso desplazamiento tangencial: “Pero, en Montjuic, tengo dos hijas, / y ahora me ofende un gentío extraño / que se ciega en la fiesta innecesaria / de gélidos hoteles, de superfluos / escaparates. Suele, en los refugios, / hacer más frío que en ninguna parte, / desolada ciudad que haces de puta”.
   Joan Margarit ha creado en sus libros un  sujeto esclarecedor y sugerente, íntimo y confidencial que tiene confianza en la respiración pausada de las palabras y nos muestra las páginas escritas de una libreta abierta.  Así sucede en su poemario Un asombroso invierno (Visor, 2017). Su aporte es directo y no precisa ninguna retórica ampulosa para ofrecernos una visión introspectiva de la temporalidad del ser y de la continua opacidad de lo cotidiano. Nada es aleatorio; no hay más que un largo viaje que lleva desde el niño a la vejez y este principio lógico sirve para amar el dudoso acontecer que nos arropa, esa verdad dura y sencilla.
   En la edificación verbal de este largo itinerario en el tiempo resuena perdurable la voz clara de un poeta central. Joan Margarit escribe poesía necesaria porque es su única forma de vivir la herida existencial, de poner frente a la sombra indescifrable que moldean las manos del tiempo la luz humilde de una casa encendida, la última casa de misericordia.


                                                

domingo, 3 de noviembre de 2019

EJERCICIOS SOBRE EL TRAPECIO

Suelo firme

EJERCICIOS SOBRE EL TRAPECIO

Es más fácil caminar juntos en el silencio
que en la oscuridad

GREGORIO LURI

. Nací en un lugar minúsculo. Es tan reducido que multiplico viajes a larga distancia, para que crezca mientras tanto.

. Para el funambulista el suelo firme es un accidente.

. Se multiplican los espectadores que miran de espaldas.

. Su preventiva timidez oculta a los demás su opción sexual. pero se delata en cada abrazo.

.  No encuentra terapias para curar una ternura afónica.

(Aforismos inéditos)





sábado, 2 de noviembre de 2019

ATARDECER EN RIVAS

Atardecer en Rivas
Autor desconocido
(Archivos de internet)



A baja altura
el cielo carmesí
sostiene vuelos.

                                  (Inédito)


viernes, 1 de noviembre de 2019

A PUNTO DE VER

A punto de ver
José Luis Morante
Prólogo de Susana Benet
Editorial Polibea, 
Colección El Levitador

Madrid, 2019


DESDE EL HAIKU



   La parquedad expresiva del haiku encontró sitio en mis cuadernos Pateras (Santander, 2006), editado por Ultramar con ilustración de cubierta de Emilio González Sainz, y en Nubes (Málaga, 2013),  integrado en la colección Corona del Sur del editor Francisco Peralto. Ambos quedan como anticipos del libro A punto de ver (Polibea, 2019) que vuelve a utilizar de forma monocorde el esquema versal del haiku para recoger cien textos escritos entre 2015 y los primeros meses de 2019; son fruto, por tanto de casi un lustro de escritura.
   En el misterio del haiku anida la idea de la existencia como viaje y camino iniciático. Una manera de palpar la esencia de ese deambular es la imagen. En ella cristaliza una visión fugaz que, sin embargo, permanece en el tiempo como un indicio depurado de la contingencia. Ese es el carácter que tienen las fotografías de Javier Cabañero Valencia y por eso me acompañan en A punto de ver. La foto de cubierta está hecha en el laberinto de Toris rojos en el templo de Fushimi Inari, en Kyoto. Es del verano del 2014. Su color y armonía sugiere la eternidad momentánea de la contemplación; pero también la posibilidad de adentrarse en la distancia. La foto en la que está Irene de espaldas, está hecha en Junio de 2016. Fue durante nuestra luna de miel en Australia. Concretamente en Cape Tribulation, en el Estado de Queensland al noreste del continente. Te pongo una traducción rápida de por qué se llama el "cabo de las tribulaciones". Perdona que la puntuación no sea muy allá, pero está copiada y pegada. Cape Tribulation fue nombrado por el navegante británico teniente James Cook el 10 de junio de 1770 (fecha de registro) después de que su barco se dirigiera a los arrecifes al noreste del cabo mientras navegaban cerca de él, a las 6 pm. Cook se alejó de la costa hacia aguas más profundas, pero a las 10.30 p.m., el barco encalló, en lo que ahora se llama Endeavour Reef. La nave se atascó rápido y gravemente dañada, y se necesitaron medidas desesperadas para evitar que se hundiera y que volviera a flote al día siguiente. Cook grabó "... el punto norte fue nombrado Cape Tribulation porque aquí comenzaron todos nuestros problemas".La tercera foto, la del que se ve un prismático y creo recordar que una especie de mástil con banderas, está hecha en el muelle de Sopot, cerca de la ciudad polaca de Gdansk, a orillas del mar Báltico. Fue hecha en agosto del 2017.No creo que haya algo de Polonia que no sepas, así que... Aparece como cubierta de la publicación una fotografía de Javier Cabañero Valencia………….
   El trabajo personal está precedido por un liminar de la poeta y antóloga Susana Benet, uno de las voces más representivas del haiku español contemporáneo, como refleja su libro La enredadera, edición completa de sus haikus publicada por la editorial sevillana renacimiento en 2015. Estas páginas introductorias muestran un enfoque diferenciado. Susana Benet describe con emotiva objetividad los matices del haiku clásico: en la creación literaria japonesa la agudeza expresiva de los tres versos tiene en su esencia un carácter estacional, depurado, próximo a la intuición en su contacto con lo real. No le interesan las circunstancias concretas del ser biográfico. Su percepción opta por la imaginación incontaminada donde los ciclos estacionales son estampas que permanecen en la conciencia.
  El núcleo mínimo del haiku adquiere en los poemas de A punto de ver un encuadre más subjetivo y conceptual. Adquiere así una textura profundamente humana, que muestra un momento de iluminación del pensamiento. Aún entendiendo que la experiencia germinal del haiku está en lo concreto, las palabras del haiku crean y recrean la voz de la conciencia que descarga en el esquema versal su ánimo, los contraluces de su realidad interior.  Busco coordenadas de simetría; se trata de ser subjetivo sin dejar de ser objetivo.
   Prestigiada por la tradición, la ventana formal compone un marco de diecisiete sílabas con la distancia justa del 5,7,5 que he respetado al máximo; pero he añadido al trébol verbal un título, como si así la secuencia adquiriese un cerrado desarrollo argumental. Busco en los títulos más el indicio que el enunciado explícito.
   El sentido constructivo del haiku responde a un pensamiento poético, a través del cual el texto adquiere un refuerzo progresivo de su significado. Es afán se percibe en las anotaciones aforísticas integradas como coda del volumen. La convivencia textual mantiene una fuerza cohesiva entre el haiku y el aforismo como esquejes complementarios del decir breve. Concluyo con la esperanza de que la parquedad expresiva no cierre el taller literario y muestre su frescura mental ante el lector. Como intuyera la pupila estética de Juan Ramón Jiménez: “No lo toques ya más / que así es el haiku”