domingo, 18 de noviembre de 2018

QUIÉN APAGA LA LUZ

Luces a solas
Imagen de
BlogHogar.com


QUIÉN APAGA LA LUZ

Pero aún es tarde,
porque la oscuridad reina en silencio.

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ

  Desde hace días en casa no hay nadie, salvo yo. Esta noche, al bajar la escalera, una luz interior del dormitorio se encendió. No recuerdo cómo accioné el interruptor. Apago y recorro el pasillo a oscuras. Otra vez percibo un respirar de sombra. Un instante después están encendidos todos los puntos de luz. Las formas de la casa se definen. Inquietud. En la casa no hay nadie, salvo yo. Lo repito en el cuarto de baño, mientras veo un rostro asustado que se mira a sí mismo en el espejo. Hace una hora consumía un tiempo de soledad, monótono y previsible.
  En la casa no hay nadie. Digo y miento. Yo, tampoco estoy.

(De Cuentos diminutos)







viernes, 16 de noviembre de 2018

HABITACIÓN DE HOTEL

Espera
Edward Hopper (1822-1967)

HABITACIÓN DE HOTEL


   Viaja mucho. Completa itinerarios por ciudades distintas y lejanas. Pero apenas abandona la habitación del hotel donde se aloja. Es una costumbre perdurable. Nació el día en que encontró en el espejo del cuarto de baño el rostro del huésped anterior. Fue él, con gesto tranquilo, quien desveló su identidad y quien, tras una larga charla cuajada de intimismo, facilitó contactos con identidades encerradas en otros espejos. Resultan interlocutores amenos, que buscan el aire fresco de la confidencia..
   Sigue en ruta. Hoy es el día de las librerías y tiene un acto literario en Albacete. Ya sonríe, mientras prepara el equipaje, adivinando trazos del nuevo huésped. Alguien con quien compartir la soledad habitada de los espejos, esa calle que espera transeúntes.

(De Cuentos diminutos)



miércoles, 14 de noviembre de 2018

ANDONI SARRIEGI. DIARIO DE UN VAGO

Diario de un vago
Andoni Sarriegi
Ediciones Liliputienses
Colección Desalmados eruditos
Cáceres, 2018


MIRADAS AL YO

   La imparable crecida del decir fragmentario sigue incorporando nombres nuevos e impulsos editoriales que diversifican el cauce genérico habitual. Así sucede con el sello Liliputienses, especializado en poesía hispanoamericana que aporta a su catálogo el volumen Diario de un vago. Una nota biográfica final da cobertura al periplo biográfico de Andoni Sarriegi. Su primer contacto con la escritura, a finales de 1988, se produce en las páginas del periódico Última Hora. Era el arranque laboral de un quehacer mantenido en más de cuarenta cabeceras, hasta especializarse en el periodismo gastronómico. Mientras, ha ido hilvanando aforismos, que fueron apareciendo en la revista La Bolsa de pipas  y que ahora se compilan, como si fuese un libro de pintxos, tras una larga condimentación de más de tres lustros.
   No viene mal el contexto biográfico para entender mejor el entorno natural en el que afloran estos frutos verbales. Tras un título condescendiente con el humorismo autobiográfico, Sarriegi aporta un florilegio de citas que no pierde el aire solemne, hasta la rabona final del brasileño Romario: “Es que si no salgo  por las noches, no meto goles”.
   Los aforismos de Andoni Sarriegi cultivan el decir natural, un coloquialismo intimista que está convencido de que los ingredientes básicos del fragmento son la exposición directa, sencilla, del enunciado y la intensidad compartida de lo previsible, capaz de hallar rincones en las aceras más recorridas de lo laborable: “Damos por hecho muchas cosas, pero sé de algunos gatos sin ningún interés por los ratones”. Este itinerario de brevedades certifica que quien sale al día sabe que cualquier faceta de la existencia exige depuración y análisis; así la convivencia con el entorno familiar o laboral es un continuo sumidero de reflexiones porque entraña la complejidad del laberinto. Nadie sabe dónde están las puertas. Todos somos el yo y otro y en esa convivencia afloran ángulos que presentan trazos nuevos.
  Frente al mensaje objetivo y reflexivo, Andoni Sarriegi confía en lo intuitivo, sabe que en la vivencia más insulta y anodina hay una hendidura para el humor y para dejar que el ánimo respire unos segundos en la superficie: “Ningún pensamiento se merece más de dos segundos”; y siempre es preferible la intensidad. Con esa aceptación de lo cotidiano, conviene no perder el paso y no tomarse demasiado en serio. La existencia es así: “Obviedad: siempre estamos a punto de morirnos” y hay que tener el balance resuelto en pocas palabras: “la madurez dura dos días”.
   Como ejercicio punzante del pensamiento, el aforismo cultiva la paradoja y la contradicción. Su ingenio y capacidad de síntesis contradicen esa solemnidad del vuelo alto que asciende en apariencia hacia el pensamiento profundo. Andoni Sarriegi despoja sus textos mínimos de consideraciones elitistas y emplea como materiales de uso la reticencia irónica y la acuarela luminosa del humorismo, aliñado a menudo con el son agridulce de la crítica: “A mí no me gustan las fiestas porque me pongo perdido de gente”, “Nada agota tanto como fingir que se trabaja”, “Mira, ni me cae bien ni me cae mal, pero es una persona inhumana”, “Hay que saber enloquecer dignamente”, “Yo, por el Futuro no paso”.
   Tras la lectura de Diario de un vago, uno sospecha que el trazo autobiográfico del libro no se refiere a una identidad concreta y que dibuja muchos de los tics que nos definen a diario, en la parada laboral de cada amanecida. Así que es difícil sustraerse a la de complicidad, a ese gesto furtivo que suele perdonar nuestra torpeza. Conviene prevenir: “Mirar al suelo, a veces, te lleva a levantar la cabeza".    







martes, 13 de noviembre de 2018

LOS ERRORES DIARIOS

En el castro de las Cogotas
(Cardeñosa, Ávila)
Fotografía de
Rubén Sánchez Santana

LOS ERRORES DIARIOS 


   Cometo a diario errores de textura diversa. Los completo, añadiendo las pérdidas como azaroso hábito. Soy un torpe genético, que merece un monumento por su definitorio discurrir. El hecho gratifica a quienes no me quieren, porque lega a mi identidad el papel principal en el desvarío. Y alegra también a los que me quieren, porque pugnan por cobijarme en la superficie cenagosa del caso perdido, entre la ternura y la resignación.
  Me equivoco a diario y pierdo cosas, aunque anuncio, con fidelidad extrema, propósitos de enmienda. Pero nuncan se cumplen; no pasan de ser el epitelio de una ilusión sin mácula. Nada cambia y acabo de perder en algún sitio el final de este cuento.

(De Cuentos diminutos)



lunes, 12 de noviembre de 2018

HETERÓNOMOS

Yacimiento vetton
(Castro de las Gogotas)
Fotografía de
Rubén Sánchez Santana
HETERÓNOMOS


 Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.

Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.

A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.

El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

(De Rotonda con estatuas, Madrid, 1990)                                    



sábado, 10 de noviembre de 2018

TEMBLOR DE OTOÑO

En compañía
(Sierra Norte de Madrid)
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia

TEMBLOR DE OTOÑO


Vivir es creer.
El más crédulo de los mortales es aquel
que se halla persuadido de su incredulidad

AMBROSE BIERCE


. Sospecho que buscamos en medio del bosque un paso de cebra.

. El pacto autobiográfico. Esa forma de contar una vida de verdad, donde casi nada es cierto.

.  Existir no es más que ir dejando hojas muertas sobre la senda.

.  Habla mucho, con palabras ligeras cuyo significado está en fuga.

.  Pensamiento y emoción mal sumados, dejan la sospecha de una doble contabilidad en el poema.

 . Con las ojeras propias del caso, delata su estado civil: cansado.

 . Los  sinceros pueden redactar catálogos de defectos sin recurrir a las bibliografías.

. El pragmático no es más que un idealista contrariado.

. Sobre el asunto no hay más que dos opiniones; una es la del resto del mundo.

. Era tan cuidadoso con su porvenir que hasta que no tuvo un epitafio, que expresase su grandeza de  ánimo, no se suicidó.

. Si callo, me repito.

(Aforismos sin dedicatoria)



jueves, 8 de noviembre de 2018

FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN. TACHA

Tacha
Francisco José  Martínez Morán
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2018

DERRUMBES


   A la hora de abordar la caligrafía poética de Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981), Doctor en Literatura Comparada e impulsor de eventos culturales, es inevitable referirme a la antología Re-generación (Valparaíso, 2016). Allí compilé las veinticuatro voces que bajo mi criterio –una sistematización siempre subjetiva y parcial- definían la primera promoción del Siglo XXI y allí estaba el poeta con una muestra lírica perteneciente a los libros Variadas posiciones del amante (2006), tras la puerta tapiada (2009) y Obligación (2015). Conviene reseñar que en su escritura también encuentran lugar propio el relato, cultivado en el libro Peligro de vida (2010) y la ficción narrativa, presente en su primera novela Amistades comunes (2018).
  En la construcción de su voz, el escritor maneja algunos caracteres que lo singularizan, sin declaraciones programáticas o dogmas estéticos: la opción por el poema breve, en algunos casos, casi lacónico y proclive al aforismo, la vigencia de un personaje poético con afinidades biográficas y la inmersión en un coloquialismo existencial que busca sentido al temporalismo. Leemos en el cierre del poema inicial, “Botánicas tardías”: “Trabajo. Certifico mi existencia. / Empiezo a ser yo más de lo debido”.
   Muestran los versos una sensibilidad cercana y confesional, nacida de esa extrañeza contemplativa que deja la percepción en vela. Existir es habitar una estratigrafía de angustia e incertidumbre. La composición traspasa apariencias para moldear una indagación filosófica a partir de las palabras. Escribir es también devanar los significados, como si en ellos habitara una amanecida diáfana. Imaginación y memoria se entrelazan para hilvanar respuestas a un itinerario temporal que se despliega entre la evocación y el ahora. Si en el poema “Vencejos dando vueltas en el patio” se hace una lectura de la fugacidad de cada instante vivencial, un método compositivo que también aflora en “Fundado en hechos ciertos”, composición que acaba con un verso memorable, de los que no se olvidan, el poema “Fe” abre la mirada hacia otro devenir para acariciar la piel volátil de un recuerdo.
   Cualquier poema transita por referentes culturales cercanos. En cada escritor convergen el continuo paseante de la biblioteca y el autor, esta circunstancia se percibe en “Desque vemos el engaño” cuyos versos se nutren de un conocido pensamiento lírico de Jorge Manrique; el clásico asocia la travesía biográfica como una senda que va acumulando pérdidas y erosiones, “como un tiempo en llaga”. De ese registro marcado por la verdad última del ser, que tiñe las palabras con un sesgo estoico y crepuscular, se contagia el poema que clausura el primer apartado, “Los símbolos antiguos”.
   El tramo siguiente integra en su pórtico un amplio despliegue de citas. Son apuntes que inciden en un mayor registro metapoético. La escritura se convierte en centro reflexivo en el que los quehaceres del sujeto lírico lo transforman en un escribano interpuesto y en cronista de lo transitorio. Protagoniza una labor volátil, una búsqueda de lo simple que convierte el devenir en tanteo. Leemos en “Poética penúltima”: “ Testimonio del mundo hecho pedazos: / eso es ahora el verso. / No más irremediable / que antaño, sino más / preciso, más exacto en la constancia / del fragmento que nunca / formó parte de un todo comprensible “.
   La canción como composición lírica recurrente, desde su origen provenzal ha mantenido una temática amorosa; pero su evolución en el tiempo ha trastocado referentes y ha integrado en su contexto asuntos diversos; sus limpias estaciones de otros días incluso admiten el desatino existencial que crea incertidumbre y desarraigo. Francisco José Martínez Morán dedica a su cultivo un apartado completo. Se percibe una tendencia al decir lapidario, como si despojase a los versos de bifurcaciones digresivas para centrarse en un planteamiento dubitativo: “A tus puertas cerradas me detengo, / pero no quiero abrirlas, ni que nadie / desde dentro pregunte a qué he venido”
  Tacha es un nombre propio, cuya piel de tinta evoca a José Hierro. Suena fuerte, sereno, sustantivo, como si confirmase una presencia omnisciente que unifica los pasos del libro, aunque no se muestre hasta el tramo de cierre. Pero el lector descubre de inmediato que Tacha es tachadura, un sustantivo de amplia variedad de sinónimos. Recuerdo tres o cuatro: mácula, tizne, defecto, oprobio. Son significados que expanden un estar pesimista; la senda umbría que anticipa el derrumbe. Son indicios que confirman la pérdida y el fruto estéril de cualquier búsqueda: “Todo se llama, al cabo,  / de la misma manera: en su universo / de meses sin palabras, cada día / es una prueba fiel del desencanto “.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

ÉL NO ESTÁ AQUÍ

Ausencia
Archivo general de internet


ÉL NO ESTÁ AQUÍ


Hoy
se me ha perdido el mundo. 
Es mi propio extravío
lo que busco

MARTHA KORNBLITTH

   Él no está aquí. Está su desilusión, como un espejo al fondo del pasillo donde nadie se mira, por falta de luz tibia. Está el cansancio, que se anticipa al lunes y se apila en la noche de los jueves. Está el dudoso oficio de algún sueño volátil y está el sabor salobre del pasado.
   Pero él no está aquí.

(De Cuentos diminutos)



martes, 6 de noviembre de 2018

AUTOBIOGRAFÍA EN BLANCO Y NEGRO

Las torrebanas
(EL Bohodón, Ávila)
EL PUEBLO


   Una vez, fue mi pueblo, mi casa, mi lugar.  Forjaron sus paredes vulnerables adobes y barderas. Alineaba sus tejas en pendiente para dormir la nieve del invierno. Ya no tiemblan mis manos si recuerdo las torrebanas y el manso dormitar de la laguna, si me adentro en mi casa y recorro callado la  cuadra y el lagar, el corral, la escalera tronchada del palomar doméstico y aquel recinto oscuro del doblado.
   Allí en el pueblo - no sé por qué- siempre me veo como un niño callado, solitario, sin nadie, que ha aprendido a leer con extraña impaciencia y resguarda sus ojos en los frágiles bordes de una página escrita. 






lunes, 5 de noviembre de 2018

JUAN MANUEL URÍA. LA CIENCIA DE LO INÚTIL

La ciencia de lo inútil
Juan Manuel Uría
Trea, Aforismos
Gijón, Asturias, 2018

EN TORNO AL POEMA


   El decurso estético del aforismo contemporáneo está marcado por su indefinición genérica. El término contiene una semántica expandida. Acoge filosofía y poesía, ludismo verbal y pensamiento ético, concisión plena y fragmentos que podrían cobijarse en un texto mayor. Así que en ese estado de epifanía y espera van amaneciendo las nuevas entregas aforísticas con solidez ejemplar, como si la estrategía atravesara un momento creador irrepetible.
   Juan Manuel Uría (Rentería, 1976) reúne en su taller literario géneros como la poesía –que inicia en 2005 con el poemario Puerta de coral-, el aforismo, cuya primera entrega Dos por la mañana, amaneció en 2015, y publicaciones híbridas como Harria, que aglutina imágenes y textos. Por tanto, su quehacer se configura desde la diversidad.
   El título La ciencia de lo inútil parece de entrada un aserto afín al destello reflexivo de Jean Cocteau: “Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué”. Integra fragmentos que conforman la primera entrega de una trilogía, un conjunto denominado Poética que tiene como pulsión indagatoria la exploración conceptual del fenómeno poético.
   La poesía ha prodigado aproximaciones que han adquirido en el tiempo un carácter canónico. Pero su esencia interna guarda el frescor de lo intacto. Por tanto, permite el tacto renovado de otras sensibilidades estéticas, que darían pie a indagar en otras cartografías conceptuales. La ciencia de lo inútil muestra un panorama heterogéneo. Sus fragmentos adquieren la imagen de una superficie líquida en reposo en la que van emergiendo círculos concéntricos que propagan su vibración hasta alcanzar de nuevo la quietud. En su despliegue cabe la reflexión filosófica intuitiva: “Escribir para saber qué es la poesía. Aproximarse lo más posible como una mano se acerca al fuego, como un niño que aprende a hablar”. No se trata de marcar límites exactos sino de avanzar, de promover tanteos que sometan la voluntad pensativa a un desvelado aprendizaje conjetural.
   José Manuel Uría no olvida el paso natural del aforismo, ese gesto escueto y despojado de cualquier digresión en el que se marca el destello: ”El poema, si es verdadero, ha de ser de todos, como el pan”; “Crear puentes a través del lenguaje poético. Unir”; “El poema en los ojos de quien sabe mirar”; “El poema acompasa el tiempo y ahueca el espacio para que entres en él”; “No entiendo nada. Y nace en mí una flor. Y no me lo explico”
   El poeta no es ajeno al contexto histórico que marca la contingencia biográfica. Así se ha comentado con frecuencia en sustratos reflexivos como poesía y compromiso, el papel ético del poema, o la superación del arte por el arte para entender la escritura como posicionamiento y tendencia ideológica. Es otro campo de estudio de La ciencia de lo inútil que deja entre los dedos aforismos repletos de densidad: “El poema es conciencia hecha palabra”; “El poema no tiene más utilidad que ser poema. Hacer sentir el pensamiento, la semilla del latir, la conciencia de la verdad que se dice a sí misma”.
   En la cobertura argumental, lo metaliterario protagoniza otra preocupación reiterada. Sobre la ciencia del lenguaje Wittgenstein  dictaminó un principio básico: los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Juan Manuel Uría comparte esa situación enunciativa para sondear los estratos de un ámbito que nombra el mundo y lo perfila; que objetiva el pensamiento y convierte la palabra en un método para el conocimiento de la realidad. Por tanto, “El lenguaje poético  no precisa de una estructura; sólo de un espacio y de una fuerza gravitatoria galvanizada por un sueño. Por un espejo. Por el poeta que habla”; “salvarse a través de la palabra. Entrar en ella y sentirse uno con el lenguaje”; “El lenguaje extiende la realidad sobre una mesa de disección”. También se clarifica la función del yo biográfico: “Tarea del poeta en cada nueva generación: buscar el mejor nombre de las cosas. Reescribir la realidad. Recrear el mundo”.
   En los pasos de La ciencia de lo inútil  no hay un guión que marque una línea  continua. La ruta es invisible y se va haciendo al paso, con esa lógica que marca el aleatorio discurrir del pensamiento activo. Se abren ventanas al esqueje lírico: “La poesía es el lirismo de un corazón que da forma al pensamiento; ciencia del pensar que comprende muy bien el sentido profundo del amor”, la introspección existencial, impulsada por esa “necesidad de abrir una ventana y decir el mundo. decirse. Necesidad de explicar el mundo para uno mismo, buscar el encaje de las cosas, pensarse en un sitio mejor”; por citar algunos de los planos que conforman el espacio textual. La palabra perdura en su afán, abre estelas en el agua, se hace vida y lenguaje. Es sencillo: se trata de esperar esa brisa que permite el vuelo y abre paso al silencio.



sábado, 3 de noviembre de 2018

MULETILLAS ABOMINABLES

Menú de media tarde
Archivo general de Internet



 “TÚ, TRANQUILO”


   Existen muletillas conversacionales abominables, como aquel monstruo de pasos árticos que congelaba el ánimo de los montañeros extraviados. Son muchas e indigestas; guijarros para un primer plato. Pero, de todas ellas, una alcanza la máxima puntuación en mi rechazo. Es el enunciado: “Tú, tranquilo”.
   Lo pronuncian, con cuidadoso estrépito, individuos singulares, capaces de superar, desde el púlpito de su identidad, cualquier aleatoria circunstancia. Antes de vocalizar las dos palabras, respiran hondo, dejan sus brazos en laxa simetría y exentos de cansancio reconvienen: “Tú, tranquilo”.
   Y yo cierro los ojos, ahuyento el tímpano hacia cualquier rumor de fondo y vuelvo a preguntarme por qué nunca adivinan que mi tranquilidad solo depende de que se busquen sitio cuanto antes en un país lejano, sin atlas de regreso, con horas confortables para mirar la espina dorsal de algún espejo y pronunciar sin pausas: “Tú, tranquilo”.

    

viernes, 2 de noviembre de 2018

JOSÉ LUIS GÓMEZ TORÉ. EXTRAMUROS

Extramuros
(Escritos sobre poesía)
José Luis Gómez Toré
Libros de la Resistencia
Madrid, 2018

AFÁN LECTOR


   El volumen Extramuros reúne las bifurcaciones de un afán lector. Suma incisiones en la poesía contemporánea que hablan de gustos, magisterios y ausencias. Constituye un muestreo de biblioteca abierta que da fe de vida de un ideario poético. José Luis Gómez-Toré (Madrid, 1973) es autor de obra amplia que integra poesía, ensayo, textos dramáticos y ediciones. Es conocedor, por tanto, de las coordenadas esenciales que ubican el quehacer creador de nuestro tiempo.
  Una nota prologal define el carácter contingente de los textos; su procedencia es variada y recoge artículos, reseñas o ensayos breves de carácter general que se han ido escribiendo durante una década. Fieles al impulso original, apenas han sufrido modificaciones formales, salvo elementales mejoras que obvian repeticiones.
  Insisto aquí, pese a su brevedad casi aforística, en el umbral clarificador que configura el apartado “Apuntes para una Anti(Poética). Supone una interiorización explícita en el quehacer del sujeto que escribe y en los puntos de partida. Queda así plasmado el marco íntimo de quien busca en la tradición un camino pactado, grava firme, impulso para la propia trayectoria.
  Las calas temáticas, aunque se descubran aquí de forma tangencial, muestran algunos epicentros que revelan movimientos constantes en la indagación crítica. Están los nombres propios de Hölderlin, Antonio Gamoneda, Ángel Crespo y José Ángel Valente, referentes que unifican preocupaciones éticas, cuestiones metaliterarias y contextos sociales, y se focalizan algunos núcleos de interés como poesía, compromiso y sometimiento ideológico, la expresión de la violencia como radiograma creador de algunos poetas hispanoamericanos o el ámbito yuxtapuesto entre mística y poesía. Son cuestiones incansables que nunca desdeñan una nueva epifanía crítica.
 También se representan en las amplias lecturas de Gómez Toré los quehaceres de coetáneos, cuya obra no siempre coincide, con la actualidad más celebrada, ni con la que ocupa páginas centrales de suplementos o se reconoce con los premios más jugosos. El crítico prefiere el son inadvertido de la voz singular, esos escritos movidos por la intensidad de ser y el movimiento constante de la búsqueda, o los que interpelan la propia identidad evanescente. Así se suceden las aproximaciones a Olvido García Valdés, Eduardo Moga, Ada Salas, Jordi Doce, Óscar Curieses o Ana Garría. Son voces que excavan en sus idearios un cauce ontológico. Entienden lo estético al margen del propósito comunicativo. Sus poemas demandan una trasposición de espacio y tiempo, entrelazan experiencia trascendida y ruptura de la mera agitación sentimental que solo pretende despertar la emoción.
   Más allá de la valoración y del aplauso de aquella poesía que muestra la propia perspectiva, la crítica literaria es una investigación en marcha, un testimonio de conocimiento, expresión y comunicación. Una necesidad de responder a la sensibilidad literaria de un contexto histórico a través de valores y principios individuales para construir un espacio propio. Gómez Toré recuerda aquella cita de Blanchot; define la escritura como una forma de autoexilio, como un aprendizaje de la propia orfandad.


jueves, 1 de noviembre de 2018

EL REGRESO DE ADÁN

Desolación
Fotografía de
Internet

EL REGRESO DE ADÁN

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre

JOSÉ ÁNGEL VALENTE


   Ante el insistente empuje de la melancolía, una mañana de otoño Adán retornó al paraíso. Se adentró en sus espacios con la fuerza feliz de quien busca el lugar propio. No tardó en advertir que recorría un territorio de desposesión. Aquel sitio solo cobijaba abandono.
   En el centro del páramo se alzaba todavía el árbol del bien y del mal; miró aquella silueta y se hizo efectiva la soledad de un tronco calcinado y rijoso, cuyas ramas dormían en un suelo baldío.
   No aguantó más. Bajó los ojos y convocó el olvido, como si el paraíso no hubiese existido nunca. Después, se precipito hacia la salida. Sus pasos tropezaron con el ala inerte de algún ángel, el metal chamuscado de una espada herrumbrosa y una camisa oscura de serpiente. Ya en el umbral, aquellos restos inservibles le hicieron recordar un verso de Ida Vitale: Todo de pronto es nada.

(De Cuentos diminutos)