lunes, 23 de octubre de 2017

TACTO DE FRÍO

Cobijo
(Arquitecturas rurales, Sierra de Gredos)

TACTO DE FRÍO

Un sol opaco
-muda voz en el muro-
resguarda frío.



sábado, 21 de octubre de 2017

IDA GRAMCKO. SOL Y SOLEDADES

Sol y soledades
Ida Gramcko
Selección y prólogo de
María Antonieta Flores
Kalathos Ediciones
Madrid, 2017

ITINERARIOS

   El cierre del itinerario biográfico de Ida Gramcko el 2 de mayo de 1994, tras un largo internamiento hospitalario que anunciaba el derrumbe cuando todavía no había cumplido los setenta años, sumía al devenir histórico de la poesía venezolana en una severa orfandad. Su ausencia asentaba en la conciencia del lector las coordenadas creadoras de un legado aglutinador, hecho con facetas como la poesía, el relato, la crónica en prensa, la dramaturgia y el ensayo. Pero el lugar principal que Ida Gramcko ocupa en el ámbito literario latinoamericano tiene su plaza principal en la obra poética. Una muestra de su amplia producción se recoge en la antología Sol y soledades, con selección y prólogo de María Antonieta Flores.
   El prólogo descubre un avance significativo de las circunstancias personales de la escritora: la vocación temprana, su formación filosófica –tan perceptible en el enfoque de los poemas- y su dependencia afectiva del periodista  José B. Benavides, compañero de viaje hasta su muerte en 1985. La actitud de Ida Gramcko personifica la asunción de un destino literario; concibe el camino vital enhebrado al poema, como un designio impuesto a la urgencia de ser; no puede entenderse de otro modo el recuerdo que fecha el primer poema a los tres años. Y que prosigue en el tiempo dando vida a los principales libros de la autora que obtuvieron numerosos reconocimientos, algunos tan destacados como el Premio Nacional de Literatura, en 1977,  por su obra completa. El análisis e interpretación de esta escritura a cargo de María Antonieta Flores traza una senda central con este aserto: “Toda obra responde a un destino  y una alquimia”; es un enunciado que adquiere la fuerza de un aforismo. Supone que la energía creadora emana de la propia identidad como principio genesíaco y se transforma en una resonancia profunda que pone cauce a la sensibilidad.
  Frente al rupturismo vanguardista, siempre sometido a una fecha de caducidad temporalista de otras propuestas literarias, Ida Gramcko prefiere caminar sobre huellas asentadas. Como otros compañeros de la generación del 42 –aunque ella optó por la singularidad y el discurrir en solitario- recupera una estela tradicional hispanista que enlaza sobre todo con la mística y las sombras tutelares del Barroco.
  El meditado acercamiento crítico de María Antonieta Flores no reduce el papel activo de cada lector al sondear el sedimento expresivo de esta obra que tiene su punto inicial en las composiciones de Umbral (1942), un cántico tejido a partir de la emoción que guarda afinidades estéticas con los libros siguientes, Cámara de cristal y Contra el desnudo corazón del cielo. pertenecientes a un mismo ciclo escritural, las composiciones de esta etapa dan voz a un discurso verbal intimista y reflexivo, con escuetas referencias culturales. Pero toda obra literaria es una senda cognitiva que va yuxtaponiendo espacios reflexivos; en las composiciones de Poemas (1952) la escritora nos deja una ontología de la percepción. Supone una transición entre el espacio subjetivo del yo y la presencia fuerte de lo exterior: “Metáfora increíble: / el silencio / a través de la cual tanto nos dicen / los objetos. / Ninguna cosa es un cerrado límite / todo puede ser nuestro, / descubrirse, / revelar su secreto”. La crítica ha resaltado con frecuencia esa dimensión filosófica que busca en la semántica una forma de responder a las continuas formulaciones de la incertidumbre. Pero esta indagación en el poema nunca es abstracta, mantiene siempre una lucidez precisa y un evidente desarrollo formal. En las composiciones de Ida el verbo mantiene un pulido formal que ensaya la rima y que hace de la métrica versal un elemento más de identidad literaria. El poema es orden, espacio limitado, construcción, simetría.
   La lírica de Poemas  muestra una alta coherencia  en su arquitectura, recuerda un universo cerrado que contiene una alta plasticidad sonora, abierta a la sugerencia. De ella recupero esta poética inadvertida: “Recuérdate palabra, / como eres, como estás, pulcra y redonda, / no el agua más el agua y tras el agua / y con el agua sin más pie ni alfombra”.
   El verso luminoso de Poemas impulsa a buscar en los siguientes libros otros recursos expresivos como el fragmento en prosa, empleado en Poemas de una psicótica; o el poema dramático La hoguera se hizo luz. El poema en prosa permite verbalizar intuiciones y retornar a un espacio interior donde duerme una potencia oscura que requiere un autoanálisis iluminativo. La expresión del dolor psíquico expande la conciencia hacia una superación trascendente; las palabras dan voz a un misticismo que enlaza con la vía iluminativa de la mística, o la poesía catártica de W. Blake. En esta dimensión poética de las tormentas del espíritu se abren pasadizos entre el mundo visible de la enfermedad y entidades etéreas y oníricas como el diablo o el ángel, en cuya configuración parece próximo el magisterio de R. M. Rilke, el autor de  Elegías de Duino.
  Los prosemas convierten la realidad en pulpa incolora; impregnada de angustia la propia sensibilidad femenina adquiere una condición nebulosa. El yo asomado al espejo es un rostro de bruma.
   Con el poema homónimo de la antología Sol y soledades retorna la voz más clásica y tradicional. Una composición garcilasista recrea el canto celebratorio de la luz solar y sus cuajadas cualidades. La limpia claridad concede al ser un azul impoluto y una presencia pura y protectora que aleja de las sombras. Ese sol esplendente es también símbolo del fulgor amoroso que mana desde el interior para prodigarse como lumbre soñadora.           
   Elemento central de la poesía del Siglo de Oro, el poema dramático ha tenido escasa fortuna entre las sucesivas promociones del siglo xx. Es un rasgo más que define el quehacer solitario de Ida Gramcko, quien en La hoguera se hizo luz abre la voz a un coro lírico en torno a Juana de Arco. La heroína de Orleans se dibuja como personaje central, cuya individualidad se engrandece  por su rechazo a cualquier aspiración terrenal. Su sentido espiritual de la existencia siembra piedad ante el vencido y hace de la fe una razón de vida. El poema revela un excelente dominio formal y supone la recuperación de una voz múltiple, frente al subjetivismo que hace del monólogo fuente central del discurso.
   Desde Sol y soledades (1966) hasta el último paso, Treno (1993) la poeta prosigue itinerario con incansable afán; quiere que florezca la poesía como un árbol luminoso capaz de transfigurar lo humano.
   Sirve de coda a esta antología, con nota conclusiva de María Antonieta Flores, algunos fragmentos, integrados en el volumen de ensayo El jinete de la brisa, que recogen enunciados básicos del ideario. El epílogo instaura a la poesía en lo inefable, un destino asumido que construye otra realidad de palabras que instaura nuevas relaciones entre seres y cosas. El poema es construcción y refugio.
  En este universo lírico la tradición se convierte en un sistema de correspondencias. Despliega en sus entregas itinerarios canónicos como el legado renacentista y barroco, y hace del afán de perfección de los modelos neoclásicos un espejo de belleza formal; pero también reaviva el modernismo y su carácter simbólico en convivencia con la tradición órfica. De este modo, su ideario estético constituye un vínculo con el pasado, que apenas exulta la novedad y la sorpresa, más allá de las nuevas combinaciones que adquiere la geometría del poema. En su búsqueda constante, Ida Gramcko nos recuerda que cada voz es un comienzo, un centro de gravedad que desaloja lo perecedero.

   
   




viernes, 20 de octubre de 2017

APARICIONES

Luz débil
Fotografía de Archivo

APARICIONES


   Como si necesitase propagar las nociones del miedo, su desastrada imagen regresa de improviso. Recuerda un destello diluido que va perdiendo intensidad. Hay en su gesto un estar apocado. Conjetura que estoy en ese tiempo en el que los fantasmas no son pesadillas sino compañía. 

(De Cuentos  diminutos)


jueves, 19 de octubre de 2017

JORGE CASTRO VEGA. EL MISMO RÍO

El mismo río
Jorge Castro Vega
Editorial El Clú de Yaugurú
Montevideo, Uruguay, 2017


INDAGACIONES


   El quehacer literario de Jorge Castro Vega (Montevideo, 1963), poeta, crítico literario y miembro del Poder Judicial con destino en Montevideo, donde ejerce como juez, se fundamenta en la poesía, con una salida temprana, Primera línea. Aquel paso aparece con un fuerte impulso vocacional, cuando no había cumplido veinte años. Iniciaba así un fecundo trayecto jalonado por las salidas, Poesía de sitio, Poesía involuntaria, y Poesía certificada, libros que refrendan desde el título el sustrato lírico de su voluntad creadora y aportaban composiciones al balance Poesía arbitraria. Antología personal, editado en 1989. El autor continua con un impulso sostenido que germina en nuevas propuestas, Con motivo de Ana, Un poco de sol y Cosas que pasan hasta proyectar su voz en el ahora que busca sitio en El mismo río.
   En esa indagación constante de la propia voz que supone el ejercicio poético, en la mirada escritural de Jorge Castro Vega  hay continuidad con el trayecto intelectual del realismo hispano de la Generación del 50, sobre todo a partir de los magisterios de Jaime Gil de Biedma y Ángel González. Son referentes marcados en las citas iniciales, como si impulsaran al lector hacia la hondura confesional e intimista. El tejido existencial requiere el sondeo de la palabra poética.
   Es sabido que la cercanía expresiva con otras voces constituye muchas veces un claro homenaje; así, el primer poema, que sirve de pórtico al conjunto, recupera un conocido verso de Jaime Gil de Biedma, “A la afición en general” para una enumeración que pone al descubierto las mutaciones de la identidad.
  Jorge Castro Vega busca en sus breves composiciones la eficacia expresiva de un lenguaje coloquial, donde pervive casi inadvertido el aporte culturalista. Con escaso aditamento retórico, los versos hilvanan un hilo argumental que se enriquece a menudo con finales abiertos, como sucede en el poema “Secreto a voces”, que concluye: “Y es cierto / que casi se cae. Se habría caído / si la noche no hubiera hecho / lo que hizo “. El soplo misterioso del cierre propicia el papel activo del lector, como un buen microrrelato. Al cabo, la escritura es siempre un ejercicio de alquimista, un laboral con las palabras en las probetas de la incertidumbre.
   La evocación deviene núcleo principal de muchas composiciones de El mismo río. Los versos recorren la distancia del pasado para recuperar vivencias de una sensibilidad que nunca duerme porque sabe que la infancia es la única patria que no requiere aduanas ni pasaportes: “Es tan redonda la infancia / que no cabe en ninguna palabra”.
  Sorprende por su enfoque entre la ironía y el didactismo de las fábulas, el aparado “versos felinos”. El gato como protagonista central del argumento dispara el impulso imaginativo e impulsa a realizar una lectura simbólica de su comportamiento doméstico. No es ingenuo emparentar los hábitos de animales y hombres, al cabo “A falta de ratones- confiesa-, los pájaros / son buenos”. Un tratamiento similar hallamos en los poemas de cierre, donde de nuevo se enlazan actitudes humanas con elementos del entorno. Leemos al inicio del poema “la puerta del cielo”: “El rico mira al camello / y al ojo de la aguja. / El camello observa al ojo de la aguja / y de reojo/ al hombre rico”
   El perfil personal de Mario Benedetti, su obra plural y su compromiso ético han condicionado durante años la recepción de la poesía uruguaya en el ámbito hispanohablante, respaldado por otros autores también celebrados y cercanos como Cristina Peri Rossi y Rafael Courtoisie. Pero el bagaje intelectual contemporáneo de Uruguay es amplio, dispone de una sorprendente nómina de voces femeninas, y anima perdurables propuestas de interés. En ellas se integra Jorge Castro Vega con una estética definida por la factura conversacional, que no elude los elementos prosaicos y se inscribe en un discurso comunicativo y enfocado a lo existencial. La vida pasa, las voces del poema permanecen.


miércoles, 18 de octubre de 2017

CONCISOS (ANTOLOGÍA DE AFORISTAS CONTEMPORÁNEOS)

Concisos.
 Aforistas españoles contemporáneos
Selección de
Mario Pérez Antolin
Prólogo de Carlos Aganzo
Editorial Cuadernos del Laberinto
Madrid, 2017

SELECCIÓN PROPIA


El egoísmo hace del yo apócope del nosotros.

Tiene una memoria prodigiosa, capaz de hacer real una mentira.

En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.

La autobiografía convierte a otro en protagonista.

Los minimalistas dogmáticos pueden confundir un haiku con un cantar de gesta.

Los cementerios de coches abundan del retorcimiento manierista.

Los viajes largos en los niños desperezan el pasmo; en los adultos, el cansancio.

El agónico vocacional tiene una visión cabizbaja de la realidad inmediata.

Cerca del mar todo se borra, salvo el silencio roto y el efecto emocional de la contemplación.

Aforismo, un zumbido de avispas.

(De  Concisos, antología de aforistas contemporáneos)









martes, 17 de octubre de 2017

RUTINA A CONTRALUZ

Contraluz
(Toledo, 2017)
Fotografía de
Hilario Barrero

CONTRALUZ

                                       Claros días de lo posible

                                                         JUAN VARO


Cierro los ojos.
Feliz monotonía;
sueños humildes.




lunes, 16 de octubre de 2017

GLORIA DÍEZ. DOMINIO DE LA NOCHE

Dominio de la noche
Gloria Díez
Prólogo de Victoria Lafora
Grabados de Giovanni Battista Piranesi
Editorial Doce Calles, Madrid, 2012

DESOLACIONES

 Casi a trasmano del laboreo poético actual que encuadra en tendencias y grupos, Gloria Díez, periodista y poeta, ha protagonizado una escueta andadura lírica que comienza a principios de los años ochenta con Mujer de aire, mujer de agua  (Rialp, 1982). El libro acogía una voz replegada en sí misma que compartía un discurso intimista. En ese discurso del protagonista verbal y su tentativa de definición sobrevuela una sensación de desvalimiento. Cuesta transcender los límites marcados por un entorno carencial: “La noche está plagada / de acechanzas. / El miedo y el amor / tienden sus redes, / para que tiemble, / solo, / con su fugaz presencia”. Dar cauce al itinerario vital es ir remansando sobre lo cotidiano una razón serena.
  Tras esa entrega, que focaliza su presencia en la Cuarta antología de Adonais (ediciones Riap, 1983), junto a voces emergentes como María del Carmen Pallarés, Julia Castillo, José María Parreño y Blanca Andreu, y en el número doble 169-170 de la revista malagueña Litoral, publicado en 1987 y dedicado de forma monográfica al yo femenino, sobreviene un dilatado paréntesis de silencio. La autora se aleja del foco de las publicaciones periódicas y son contados los nuevos versos editados, a pesar del abundante material inédito. Sin embargo, la poesía sigue fluyendo hasta componer una segunda estación, Dominio de la noche, un trabajo ilustrado con los inquietantes grabados de Piranesi (1720-1778), de quien resulta útil por su significado en el poemario recordar algunos datos. Grabador, arquitecto, arqueólogo e inventor, en sus trabajos habita el gusto por la arquitectura clásica, pero sus concepciones artísticas no siguen los parámetros racionales del Siglo de las Luces. Su fantasía constructiva deja en quien la percibe una fuerte sensación de enclaustramiento y desolación. Son rasgos que la palabra poética de Gloria Díez también asume.
   El análisis del prólogo corre a cargo de Victoria Lafora, cuyo perfil profesional como comentarista en medios audiovisuales y cronista parlamentaria es bien conocido. En “Batallas perdidas, batallas ganadas” define el libro como una caligrafía del dolor en la que está presente el esfuerzo regenerativo de un voluntad que intenta remontar vuelo, a veces con la impotencia de Sísifo, y otras con el sosiego de quien arrinconó en un sitio lejano los pasos de la adversidad. 
   El ahondamiento reflexivo en el dolor no busca la estridencia declamatoria. Los versos optan por una voz natural sencilla, estremecida. Elige esa opción desde el primer poema, al que pertenece este fragmento: “Caligrafía pálida / un álamo desnudo / alza sus blancos huesos / contra el último azul:/ su aleteo de plata / se sumerge en la sombra / como el ángel más tenue / se transforma en ausencia” .
  El poema se convierte en exploración indagatoria. Transitar la sombra es descubrir un mundo en suspenso, un cristal oscuro que oculta las respuestas y que contagia esa expresión umbría al entorno cercano. Todo se hace dominio de la noche, gelidez, tristeza. Sobre la piel arenosa de lo cotidiano sobrevuelan oscuros pensamientos que niegan la inocencia, aunque preserve en esa noche opaca la esperanza de una brizna de luz: “Heme de nuevo aquí / ya toda yerma.  / Haz en mí tu milagro / del pan y de los peces “.
  La eficacia estética de Dominio de la noche procede de una dicción cuidada e intimista que hace del heptasílabo blanco su cadencia habitual. En sus imágenes se preserva un clasicismo mitigado que muestra la valía de referentes culturales nunca resecos: Hipnos, Ulises, las Musas, Alicia, Pierrot, Colombina o Caronte…Son mimbres de una voz propia que acierta a dibujar ese ambiente baldío de una soledad enamorada, que hace de la poesía un pequeño farol, un destello en la sombra.




  


domingo, 15 de octubre de 2017

POÉTICA

Entre las ramas
Fotografía de
Javier Cabañero


POÉTICA

Preguntan mis amigos
-los pocos que me quedan;
aquellos que sospechan
que una sonrisa es triste,
los que cerca apuraron copas y adversidades,
los sitiados al norte por el mundo,
al sur por la cicuta cotidiana,
al este y al oeste por extraños,
semejantes en todo-
que cómo sobrevivo al triple salto
de escribir un poema
con los tiempos que corren.

Me tienta sumergirlos
en la desolación de una monografía
sobre los suplementos nacionales
(literarios, se entiente),
en la gélida hondura de mi espejo,
en la torre de Brainor,
o en la sección de libros
de grandes almacenes.
Mis amigos insisten,
y de nuevo un silencio
cicatero y reacio me contiene,
porque otra vez un verso
me ha sellado la boca
y oculta su mordaza
la posible respuesta.

     (De Población activa, Gijón, 1994)



sábado, 14 de octubre de 2017

DESDE EL ALERO

Aleros
(Londres, 2009)
Fotografía de
Javier Cabañero

DESDE EL ALERO

A Marisol Huerta, por su invitación al viaje

  Mi tiempo acumula itinerarios. Busco la luz azul de ciudades distintas y lejanas, aunque casi nunca abandono la habitación del hotel donde me alojo. Es una costumbre, como contemplar el adusto paisaje de cornisas y aleros. Nació en Londres, la amanecida en que encontré en el espejo de mi cuarto de baño el rostro del huésped anterior.
  Fue él, con gesto tranquilo, quien me desveló su identidad. Intimamos y, tras una larga charla cuajada de interés, me facilitó contactos con huéspedes encerrados en otros espejos.
 Todos resultan interlocutores amenos, que buscan el aire fresco de la confidencia. Sigo en ruta. La soledad de los espejos es una calle que espera transeúntes.

(De Cuentos diminutos)



viernes, 13 de octubre de 2017

SANDRA SÁNCHEZ. UNA MANZANA EN LA NEVERA

Una manzana en la nevera
Sandra Sánchez
Prólogo de Pablo A. García Malmierca
Piediciones, 2017 

AMANECIDA

  La aventura vital que ofrenda a la identidad es el material de trabajo de Una manzana en la nevera, el libro de amanecida de Sandra Sánchez (Oviedo, 1971). La autora no es una desconocida para muchos lectores. En su bitácora Letricidios premeditados ha ido adelantando una voluntad firme de conjugar la creación literaria con facetas diversas como el haiku, el aforismo, la reseña o los microrrelatos. Son frutos al paso que cosechan diferentes reconocimientos en concursos y certámenes y que han propiciado algunas publicaciones colectivas.
  La introducción de Pablo A. García Malmierca ajusta el enfoque de contexto de Una manzana en la nevera recuperando una de esas cuestiones bizantinas irresolubles: la existencia o no de una poesía femenina que busca su normalización presencial en antologías de género; pero más allá de la necesaria simetría de autores en cualquier selección representativa, lo que realmente importa recorrer es la sensibilidad de base del poemario, su apuesta por trazar unas líneas necesarias que aporten un mayor conocimiento del sujeto verbal y de sus conexiones con un entorno temporal; el poema requiere búsqueda y conocimiento a través de la expresión directa de sus vivencias y de su estar temporal en el ahora. Acierta el prólogo cuando define la voz de Sandra Sánchez como una “poesía desnuda, descarnada en muchas ocasiones, que toca el lenguaje directo en algunos aforismos, un discurso que busca la verdad”.
  El abundante material de biblioteca que la poeta pone en el umbral de sus versos es sobre todo una advertencia al lector: esos poemas aparentemente desnudos, sin la hojarasca retórica del aderezo metafórico, no nacen de la nada. Siguen huellas de otros que al cabo de los años han permitido moldear el modo de expresión que elige el buen verso. Esa es la razón de ser de las citas de Lewis Carroll, Alejandra Pizarnik, Gloria Fuertes o Marguerite Yourcenar.
  El hilo argumental se manifiesta con claridad de mediodía: Sandra Sánchez escribe un libro de amor; son poemas regidos por los sentimientos que nunca abandonan el barco de la poesía confesional. La materia textual se convierte, de este modo, en una celebración del otro como puerta de la realidad y sus posibles contradicciones. El sujeto condensa sus esfuerzos expresivos en encauzar un discurso intimista que solo requiere el golpe firme sobre la mesa de unas pocas palabras: “He comprado un corazón / y lo he armado con paciencia. / Me lo quedo, venía roto”. Así, con ese deje natural que parece nacido del lenguaje coloquial, quien nos habla se dispone a leer el mundo de los sentimientos y va construyendo una red afectiva en la que se siente atrapada, como si la voluntad necesitase madurar a resguardo en manos de un discurrir temporal que no regresa; esa incertidumbre del ser en la cronología encuentra nítida expresión en el poema “Cuánto”: “ Si hubo un día una raíz que buscó / agua y alimento / ¿Qué fue de esa primera razón / para existir?”, el tema permanece en otras composiciones como “Un día abrí los ojos” donde el largo inventario de indicios personales se va desvaneciendo en el callado azogue del espejo.
  La escritura como reflexión que adopta el pensamiento del sujeto en las palabras da pie a poemas como “Aprendiz” y “Deliriums Tremens” en los que un figurante escindido de si mismo se percibe como oficiante diario del rito de la escritura, acaso para recuperar la vibración y el sentido tras la erosión continua de los días, o para configurar los rincones ocultos de la propia identidad en los que se asientan deseos, recuerdos y contraluces que dan fe de la dimensión cambiante del yo.
  Pero la poesía de Sandra Sánchez se mueve por las leyes físicas de la introspección y en ellas se sugieren como campos de fuerza de lo cotidiano el amor, el deseo, y el empeño en ser a través del otro, como si la existencia no fuera posible sin alguien en el piso de al lado que requiere una disposición continua para el laboreo más elemental, para sacudir el felpudo del polco acumulado de la intemperie, o para bajar al contenedor de reciclaje las bolsas de basura.
 Una manzana en la nevera es un libro fresco, con la temperatura regulada por un uso de recursos expresivos como los juegos de palabras, la ironía o la intertextualidad de un culturalismo mitigado que nunca barniza el ser figurativo del poema. En él encuentran acomodo los resquicios de la memoria y la corteza agrietada de la intimidad que necesita siempre una ventana abierta a la esperanza, un frigorífico con la manzana del paraíso dispuesta a ser el postre del ahora.  

jueves, 12 de octubre de 2017

APUNTES AL PASO (AFORISMOS)

Una ventana abierta
Fotografía de
Adela Sánchez Santana
(Archivo personal)

APUNTES AL PASO

Cada aforismo es fruto de un compromiso con la realidad

Si escribir significa una escapatoria, ¿de quién huyo?

Dejó su poesía una sola línea de prosa.

Ramas quebradizas, astilladas antes de que fueran árbol.

Cuido la fisiología maltrecha de la vejez, su continua agitación mental, las palabras entumecidas de un tiempo sin alegaciones

Hoy me desperté con un verso entre los dedos. Era la avanzadilla de un poema.

El gesto teatral de tantos ideales de solidez gaseosa.

Es tonto. (Siempre que puedo evito los superlativos).

                                                                                        (Inéditos)










lunes, 9 de octubre de 2017

ÁNGEL GONZÁLEZ. FE DE VIDA

Ángel González, poeta

ÁNGEL GONZÁLEZ. FE DE VIDA.


   Abundan los estudios críticos que consideran a la Generación del 50 como epicentro del panorama lírico contemporáneo. Esa promoción de límites abiertos incluye en su núcleo a Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez y Ángel González; son autores de obra sólida, voces matizadas, con un estilo singular y reconocible. Compañeros de vocación creativa, casi todos protagonizan la imagen generacional más recordada: el homenaje a Antonio Machado en Colliure el 22 de febrero de 1959, al cumplirse el vigésimo aniversario de su muerte. Aquel encuentro canaliza una andadura creativa conjunta, con amplias afinidades.  
   Ángel González nace en Oviedo, en 1925. En su niñez vive el acontecer hostil de la contienda de 1936 y más tarde los condicionantes biográficos de la posguerra, cuyo rigor alcanzará exacta precisión en su literatura. La entrega inicial, Áspero mundo, es un libro intuitivo; el protagonista verbal comparte circunstancias vitales que avanzan impulsadas por una sensibilidad emotiva. Ceñido a límites concretos y finitos, el yo poético es el resultado de un proceso vital; esta gestación demorada lo sitúa en un ámbito de inquietud, un áspero mundo, hecho de desajustes y  pérdidas, pero también abierto a la esperanza, a los pasos que buscan el sol de la mañana. Esta amanecida poética está influida por dos lecturas tempranas, Segunda Antología, de Juan Ramón Jiménez, y Poesía española contemporánea, una muestra seleccionada por Gerardo Diego que matiza temas y perfecciona el tratamiento formal. Sin embargo, hay composiciones que cogen el testigo de la poesía social – Blas de Otero, Gabriel Celaya, Eugenio de Nora, José Hierro…- y hacen suyas las preocupaciones del hombre de la calle, los laberintos de la existencia individual en una geografía histórica. Esa ética solidaria es una constante en Sin esperanza, con convencimiento; sus versos no ignoran los desajustes de la realidad. En esta entrega aparece un recurso muy utilizado por el autor, la ironía, cuyo aprendizaje se atribuye al libro de José Agustín Goytisolo Salmos al viento. El reiterado empleo de la ironía supera la idea de mero procedimiento expresivo, se convierte en parte de lo expresado: la realidad es contradictoria e irónica en sí misma. En Grado elemental el sustrato ideológico se define, de forma explícita, a través de un sujeto textual que expone preocupaciones e intereses en una época que exige una mirada crítica. Los poemas inciden en el cuestionamiento de las estructuras sociales a partir de una aproximación racionalista. Ese factor didáctico se muestra con un tono paródico, en el que abundan las alusiones intertextuales. Todavía en 1965, tras publicar Grado elemental, consigna: “Al margen de las discusiones y de la polémica, yo sigo teniendo fe en esa poesía crítica que sitúa al hombre en el contexto de los problemas de su tiempo y que representa una toma de posiciones respecto a estos problemas. Más que posible, esa poesía me parece inevitable”. También el intimismo se preserva y es semilla germinativa de las composiciones de Palabra sobre palabra. Como herramienta del yo, la palabra posibilita conocimiento y comprensión y delimita el entorno; pero esa función básica enaltece su semántica en el poema porque relaciona elementos y proporciona claves. El poeta empleará el título en 1968, en Seix-Barral, cuando aglutina en un solo volumen el corpus lírico editado. En él son palpables la continuidad y unidad interna de una poesía que restablece simetrías entre contenido y expresión
   Poco antes de su  asentamiento en Estados Unidos comienza una segunda etapa lírica en la que se intensifican, como señaló Emilio Alarcos Llorach, los rasgos irónicos, el aparente prosaísmo y una progresiva objetivación del yo que toma distancia y vela el testimonialismo biográfico. La entrega que marca este giro es Tratado de urbanismo, que amanece en 1967 y se reedita en El Bardo, la colección dirigida por José Batlló, en 1976. Esta segunda edición aporta un breve liminar firmado por Martin Vilumara, que resalta la continuidad de algunos recursos de escritura: el afán comunicativo, el enfoque irónico y la pupila escéptica ante una realidad contradictoria.
  Sólo siete poemas forman el libro Breves acotaciones para una biografía, libro editado en Las Palmas, en 1969. La mínima selección diversifica sus argumentos; se reflexiona sobre el hecho de escribir: “Escribir un poema se parece a un orgasmo: / mancha la tinta tanto como el semen, / empreña también más, en ocasiones “; y regresa lo vivencial, siempre con un toque irónico. Son rasgos que permanecen en Procedimientos narrativos, con una clara deriva hacia el juego conceptual. Se rechaza al poeta ensimismado en su interior para volcarse en un ámbito más general, hecho de imágenes hilarantes, en cuya expresión se preserva el sentido crítico.

   Las nuevas obras coinciden con su estancia en Nuevo México, donde desarrolla una intensa experiencia docente. Como es sabido, la eclosión del discurso novísimo, tras  la aparición  de la antología Nueve novísimos poetas españoles, promulga la relevancia del hecho estético frente a la actitud moral, vigente en los modelos del realismo social. Esta opción no afecta al posicionamiento lírico de Ángel González, quien publica en 1977 Muestra corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan.  A nadie escapa la intencionalidad paródica del enunciado ni la presencia de textos confrontados con el ideario dominante. Como confirman composiciones como “Oda a los nuevos bardos”, existe una expresa distancia crítica; no comparte el abandono de preocupaciones éticas ni el difuso compromiso con el marco contextual.
   En Prosemas o menos el desvanecimiento del presente y la temporalidad son los detonantes poéticos iniciales. Sobrevuela la certeza de que somos efímera materia que se va consumiendo en la renovada cadencia de los días. El libro aporta además un nuevo escenario, Albuquerque, ciudad donde el yo poemático es testigo del ciclo estacional. Forma el epílogo una muestra de textos en la que es común la referencia bíblica, una excusa cultural,  despojada de sentido religioso. Y el cierre vuelve los ojos a lo metaliterario, con generoso homenaje a los magisterios de Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén y Blas de Otero. 

   El último tramo de su escritura es el más elegíaco. Se define por una aguda conciencia del tiempo, cuyos efectos configuran una visión moral hecha desde la meditación serena. En él se integran Deixis en fantasma, Otoños y otras luces y el libro póstumo Nada grave.
   Los poemas de Otoño y otras luces componen una lúcida aceptación del destino; modulan un recorrido vital que desemboca en el curso bajo de la senectud; hay, por tanto, un tono crepuscular que preludia la despedida. En esa moratoria la evocación de presencias (hay una sentida glosa al compañero de generación Claudio Rodríguez) y lugares se convierte en palabra salvadora; los versos mantienen el resplandor, empeñados en oír los latidos naturales del pasado.
   Antes de la salida en Visor, se adelantan poemas de Nada grave en la revista Litoral que en 2002 dedica un monográfico al ovetense, coordinado por Susana Rivera. Nihilista y desesperanzado, Nada grave  es un libro de cierre, editado en mayo de 2008, unos meses después del fallecimiento del poeta. Sus veintiocho composiciones comparten un idéntico enfoque: la muerte es una realidad omnisciente, ominosa, sombría; un túnel angosto que nos lleva a la nada. Atrás quedan recuerdos y cicatrices vitales y el estar fugaz de todo lo que amamos. Todos los textos reiteran la profunda crisis del protagonista textual. La arquitectura formal es severa, se extrema la precisión y se anulan otros recursos como la ironía, mientras que se usa con frecuencia la paradoja para dar el perfil del yo frente a sí mismo en la última hora.

   Recuerdo el itinerario creador del poeta, mientras regreso a Asturias, para hablar en la Cátedra Ángel González, de la Universidad de Oviedo, mañana martes, diez de octubre, en el edificio histórico de la calle San Francisco, junto a la profesora e investigadora Araceli Iravedra. Así que todos entenderéis la emoción y la esperanza de que mis palabras constituyan un pequeño homenaje personal a un magisterio fuerte, que sigue en cada verso, con rumor sosegado, hablando al corazón de la memoria.    





domingo, 8 de octubre de 2017

PAISAJES INTERIORES

Páramo
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

DESOLACIONES

                                                  Un árbol solo


Dentro de mí
paisajes dilatados,
disfraces, sombras.





sábado, 7 de octubre de 2017

JUGAR CON FUEGO . POESÍA Y CRÍTICA (1975-1981)

Jugar con fuego. Poesía y Crítica 1975-1981
Introducción de Pablo Núñez
Epílogo de José Luis García Martín
Colección Facsímiles
Renacimiento, Sevilla, 2016


HISTORIA DE UNA REVISTA LITERARIA

   El camino con vistas más despejadas para conocer los rincones literarios de una época histórica es el de las revistas culturales. Su voluntad de presentar un horizonte abierto y su empeño por aglutinar diferentes enfoques creativos ofertan el todo de un paisaje plural, un sólido inventario de lugares de interés.
  La editorial Renacimiento en su colección Facsímiles despierta de su sueño en los estantes la colección completa de la revista Jugar con fuego. Recupera su laboreo poético y crítico entre 1975 y 1981, con prólogo de Pablo Núñez y epílogo de José Luis García Martín.Ya es asunto de manual que a mediados de los años sesenta la escritura social-realista entra en crisis y comienza una nueva estética en el discurso lírico hispano, acogida tras el “Novísimos”: es una tendencia que no tarda en constituirse como columna vertebral del momento y que en la década de los setenta origina una desbordada epigonía en la que todo resulta repetición y mimetismo. Es en ese momento cuando nace la revista Jugar con fuego, un proyecto alentado por el yo plural de José Luis García Martín.
  En el prólogo, el poeta y antólogo Pablo Nuñez desglosa la historia de esta revista publicada en Avilés (Asturias) entre 1975 y 1981. La publicación amanece pocos meses antes de la muerte del dictador. Es un momento de extremo vitalismo social y de notable incertidumbre por el final del franquismo que iría dando paso con extrema lentitud al asentamiento de la transición democrática. Tras las páginas de la revista está el solitario impulso de un poeta emergente, José Luis García Martín, autor hasta ese momento de un único libro, Marineros perdidos en los puertos, quien forja su identidad tras varios heterónimos. Lejos de cualquier gregarismo, José Luis García Martín aloja en las páginas de Jugar con fuego el rastro fuerte de la generación del 50, materia posterior de su tesis doctoral, y se identifica con un ideario escasamente formalista, enalteciendo voces singulares que a comienzo de los años 80 se acogerán en la antología Las voces y los ecos. Pero la revista sirve sobre todo para que el poeta adelante composiciones inéditas de su nuevo libro y para que vean la luz numerosas reseñas que habrán de convertir a su autor en el crítico esencial de la poesía figurativa, cuyo momento de máximo apogeo dará lugar a la poesía de la experiencia, con Luis García Montero como cabeza visible del supuesto grupo literario.
   Jugar con fuego es una revista de tendencia, no practica el eclectismo habitual ni da voz a colaboradores voluntaristas. También se percibe en sus notas críticas, donde Bernardo Delgado (heterónimo de García Martín) comenta novedades. Firmadas por otras máscaras como Alfonso Echeverría, no faltan entrevistas a personajes centrales: Aquilino Duque, María Victoria Atencia, José Bento…
   Otro juego especular que practica Jugar con fuego son los poemas apócrifos, donde García Martín se apropia del tono poético de conocidos autores –Brines, Botas, Sandro Penna o Luis Antonio de Villena…-  para renovar matices con poemas de su autoría.
  La década del sesenta establece una cronología compleja y productiva, muy condicionada por el trazado histórico del fin del franquismo y por la amanecida de la monarquía constitucional que inauguraba la Transición política. Son hechos que suponen una renovación profunda en la vida social pero que apenas dejan efectos secundarios en el devenir de la literatura. Tampoco en los secuenciados números de Jugar con fuego. La revista añade a la historiografía literaria la reivindicación de autores integrados en una tradición que todavía enlaza con el ahora, como la ya citada generación del 50, y sobre todo da un valor máximo a la mirada inquisitiva de su director. El poeta y crítico supo buscar un itinerario alternativo a la crecida culturalista y comenzó a configurar un taller de autor donde hallaron un acuerdo máximo géneros como la poesía, el diario o la crítica. De este modo, Jugar con fuego resulta decisiva para entender el legado intelectual de José Luis García Martín, una suma que tras su aparente dispersión genérica constituye una sólida unidad que sigue caminando hasta el presente con espléndida madurez.

      

viernes, 6 de octubre de 2017

JUAN GOYTISOLO. ENSAYOS SOBRE JOSÉ ÁNGEL VALENTE

Ensayos sobre José Ángel Valente
Juan Goytisolo
Edición de Claudio Rodríguez Fer
Universidad de Santiago de Compostela, Serie Puntocero
Santiago de Compostela, 2009


ÉTICA DEL LENGUAJE


   El ensayista y profesor Claudio Rodríguez Fer, responsable de la Cátedra José Ángel Valente de la Universidad de Santiago de Compostela, preparó en 2009 un conjunto de análisis críticos de Juan Goytisolo focalizados en la personalidad y la obra de José Ángel Valente. El libro destinado al circuito universitario tuvo una circulación invisible y creo necesario recuperar su enfoque por la permanente actualidad valentiana. Juan Goytisolo aporta al esquema crítico enfoques de interés y aprovecha el trayecto para hablar de sí mismo con perspectiva similar a sus mejores novelas y ensayos.
  El objeto de estudio es el pensamiento estético de Valente, cada vez más alejado de la promoción generacional del medio siglo que tuvo su foto de grupo en el conocido homenaje a Antonio Machado, celebrado en Colliure en 1959. El escritor es un creador solitario, empeñado en ensuciar su propio nido como protagonista de una particular experiencia de soledad e independencia. Conforma una cima congruente, de legítimo valor y ejemplaridad por la plenitud de su materia verbal.
   El análisis no podría realizarse sin recuperar autores de referencia como María Zambrano, Miguel de Molinos y Fray Luis de León, a los que es obligado añadir la materia esplendente de la mística. De ello se ocupa el avance “Palmera y mandrágora”, un ensayo donde se reflexiona sobre la dimensión imaginativa de la palabra poética que enlaza lo visible y lo invisible como derivaciones complementarias.
Un título esencial en el corpus de Valente, Material memoria justifica una aproximación pausada donde se constata la maduración del poeta y su capacidad para asimilar lecturas que se convertirán en elementos indispensables de una expresión radical y renovadora. El hábitat poético retorna a iluminar la experiencia mística y su inmanencia en el apartado homónimo “Experiencia mística y experiencia poética.
  Con el verbo sentimental de la despedida, Juan Goytisolo, tras la desaparición del escritor, recrea los lazos amistosos reforzados durante décadas y las convincentes afinidades éticas y literarias. la escala de valores del poeta forja un lenguaje nítido y polisémico. Intolerante por convicción y crítico con cualquier componenda que prime el estar frente al ser literario, Juan Goytisolo reivindica la libertad de pensamiento de José Ängel Valente en cada uno de estos apuntes críticos. Perdura el retrato con trazos singulares que hacen de esta obra una baliza de calidad perenne frente al mercadeo de prestigios provisionales y la trivialización de la actualidad literaria. La ética del lenguaje de José Ángel Valente sigue en pie. Y tuvo en el inconformismo crítico de Juan Goytisolo un valedor incansable.




jueves, 5 de octubre de 2017

AUTOLECTURA DE "PULSACIONES"

cartel de lectura
Autora
Gloria Díez


                                       Autolectura de Pulsaciones[i]

   Una antología no es una aleatoria colección de piezas sino un libro unitario con una meditada articulación formal, unos contenidos elegidos y un tono marcado desde el título. Alude Pulsaciones al latido común entre literatura y vida de casi tres décadas de escritura, desglosado en ocho poemarios que mantienen aquí una disposición cronológica, con el añadido de inéditos que hablan de esencialidad y despojamiento; ser claro, ser preciso.
   En mi escritura prevalecen unos cuantos temas que imponen su presencia de manera más o menos continua. La entidad del personaje y las sucesivas variantes de su dimensión existencial ya está en “Heterónomos”, el único poema que aporta Rotonda con estatuas, amanecer poético editado en 1990; la fisonomía del sujeto inspira también composiciones de entregas posteriores como “El otro” y “Autobiografía”.
   No basta con existir; muchas veces ocupa la atención lo antagónico, aquello que conspira contra las previsibles coordenadas del deambular cotidiano. El enemigo está ahí, forma parte de nuestra soledad; su lucidez pone en duda convencionalismos y contradicciones, descubre la fragilidad de los dogmas. Son las pautas de Enemigo leal, donde la ironía también es una forma de aceptar los hechos consumados.
   La lógica utilitaria inspira el título de Población activa cuyo primer poema “El arte de vivir los lunes” objetiviza el tedio con un tono frío, acto para confirmar la sospecha de un horizonte limitado: hoy como ayer, mañana como hoy. Las similitudes entre el yo biográfico y el ser literario abundan en Población activa, Causas y efectos y la noche en blanco con referentes sentimentales que hacen de la convivencia una indagación sostenida, aunque sea en Causas y efectos donde el anecdotario biográfico cobre mayor presencia: los días de infancia, la presencia del padre, el aprendizaje sentimental y la fuerza de enlace con la realidad. Si manipulamos la proclama de Rimbaud que convertía al yo en otro, la nueva declaración es igualmente válida: el otro es yo.
   El espíritu romántico de Gustavo Adolfo Bécquer tuvo conciencia de que el sueño como principio de aclaración es núcleo una actitud poética. No son pocos los momentos en  que me resulta difícil imaginar qué cosas sucedieron o cuáles son fragmentos oníricos. Escribí “Acerca del sueño” en Causas y efectos describiendo esa sensibilidad sutil y etérea, cuando la realidad sale de su letargo para explorar interiores.
   Fernando Pessoa añadió una nueva dimensión al viaje; el supuesto enriquecimiento que depara el camino se convierte en un copioso inventario de pérdidas; desde este registro escribí los poemas de Largo recorrido que emplea como único metro versal el endecasílabo para subrayar la monotonía.  En la poesía realista el empleo frecuente de la primera persona, tan apropiado para el tono meditativo, tiende a confundir el ser poemático y el biográfico. Son entidades distintas, aunque emparentadas por evidentes conexiones: el primero se nutre del fondo de experiencias, vivido o imaginario, de quien escribe.
   En  La noche en blanco el yo poético se enfrenta a un estado temporal de vigilia. Fármacos y técnicas de relajación para conciliar el sueño han fracasado y anida en las papilas ese sabor acre de la noche desplegada donde los relojes laten con obstinada pereza. En ese lapso el sujeto se aplica en la construcción de otra presencia, crea un ser con el que accede a estratos emocionales: asistimos al despliegue de los sentimientos hacia un ideal que hace suyo un aserto de Julio Cortázar: “creo que soy porque te invento”.
   Ese conocimiento se inicia junto al mar, siempre símbolo de plenitud y apertura.  Los entornos naturales tienen algo de verdad inmutable que existe frente a las formas cambiantes; en ellos percibimos un ritmo sosegado, vivificador, que se transmite al espíritu. La plenitud que amplía los contornos del sujeto también aparece en ámbitos  como los esteros de Doñana, la sierra de Gredos o el hayedo de Tejera Negra, que sin nombrarse está en el poema “Hayedo”. La palabra no se atiene a las exigencias de la descripción; busca intersecciones porque hay una identificación entre el paisaje físico y la receptora del deseo; sobre esta idea versa el poema “Hipérbole” Ella se convierte en centro y toma el paso calmo de las horas. Es una presencia necesaria que impregna los tejidos del yo; alrededor están los objetos domésticos, el ámbito cercano que nos pertenece. También otras circunstancias que, en apariencia, no nos rozan pero que representan la cara más amarga de la ciudad. Están en poemas como “Autopista” o “Chabolas”, donde la mirada social incide en la desposesión y el vacío. Cada proyecto personal está condicionado por la creciente jerarquía social que condiciona el libre albedrío. A la tesis de Jean Paul Sastre “estamos condenados a ser libres” hay que añadir que tal destino no habla de condiciones sombrías.
   Una ironía próxima al sarcasmo está presente en “Resaca”, una pieza influida por el verbo nihilista de Fonollosa. El pacto de convivencia, casi de modo inadvertido, va perdiendo su capacidad de asombro y poco a poco el espejo refleja renovados rasgos de la soledad. Cuando la incomunicación se evidencia, el diálogo con el otro enmudece. Se descubre que la creación es una simple estrategia para superar ese estado de islas.
   Llega la amanecida; vuelve el ahora y el tedio, la rutina de lo laborable: el análisis superficial de la realidad. Hemos buceado en los interiores de un espejismo y corresponde el repliegue en lo individual. El final de la historia tiene el regusto de la melancolía por el sentido agónico del poema epílogo que se inspira en este haiku de Bashoo: “Habiendo enfermado en el camino,/ mis sueños/ merodean por páramos yermos”.
   Como en anteriores poemarios, hay una trama argumental y un motivo central reordenando el discurrir de los poemas. En este caso, el argumento es el aprendizaje de la decepción. Más que un desánimo amoroso individual, se habla de un estado vital; Joan Margarit ha definido este estado con una precisión demoledora: ”Llega el tiempo de no esperar a nadie”.  
   Las citas introductorias pertenecen a tres poetas por los que siento especial devoción: Raymond Carver alienta una escritura que es siempre consciente de la fragilidad de cualquier asidero; los versos de Joan Margarit proponen que estamos abocados a una situación carente de épica, en la que sin embargo es posible descubrir grietas que permiten respirar otra atmósfera; la cita de Gonzalo Rojas es una propuesta de acercamiento que sugiere la soledad superable. Otro préstamo de Gerardo Diego recuerda lo intangible, aquello que desafía el sentido de la memoria. Es escaso el sustrato cultural explícito; sólo una leve mención a La Odisea en el poema “Penélope” que rescata la conocida espera de los pretendientes. Más que la conducta grandilocuente de los héroes homéricos de La Iliada, me fascina la actitud de esa mujer que es modelo de fidelidad y firmeza; la serena espera de Penélope rebosa dignidad; obtiene la justa recompensa del regreso porque no aceptó nunca la separación y alzó con los recuerdos el andamiaje de la esperanza.
   Añado unas mínimas consideraciones sobre el enfoque formal. Si en Largo recorrido el verso normativo era el endecasílabo, ahora es el heptasílabo la medida versal más frecuente. El arte menor acelera la cadencia lectora y da levedad al poema, una circunstancia que también potencia el despojamiento de adjetivos en los títulos. Recurro al poema breve, que busca la intensidad en un mínimo desarrollo narrativo e incrementa el ritmo conversacional, fluido y comunicativo. Nunca he gastado energías en convertir una composición en un acertijo o en un enigma inútil.
   Esta visión no anula otras. Pertenezco a los que piensan que un poema no es una respuesta sino una pregunta.

                                                          
                                            



[i] José Luis Morante, Pulsaciones (Antología poética 1990-2017), Colección Wasabi, Takara Editorial, Sevilla, 2017. Prólogo de Rosario Troncoso.  


miércoles, 4 de octubre de 2017

QUEJAS MUDAS (AFORISMOS)

Erosión
Fotografía de
José Luis Morante
(Archivo personal)


QUEJAS MUDAS

 Qué difícil es
cuando todo baja
no bajar también

ANTONIO MACHADO

Como una empresa en crisis, el nacionalismo somete a la inteligencia a una severa restricción de plantilla.

Soporto a diario más proyectos de fronteras y aduanas, pero los veo como quien viaja de paso, en el asiento de atrás.  

La amistad, esa incansable empresa de mudanzas, tantas veces ocupada en descubrir mentiras, cinismo y resentimiento.        

Terminó un puzzle complejo y frágil, al alcance de cualquier animal doméstico.

Cuántas voces se amontonan en una ideología vacía.

Hasta la diáspora, mi patria fue la suya.

Se sienten felices cuando apagan la luz y los otros caminan a tientas.      

              

martes, 3 de octubre de 2017

CONTRA EL TIEMPO

El Bohodón (Ävila)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana
(Archivo personal)


CONTRA EL TIEMPO


Yo de niño tenía
la seriedad con luto de unas gafas de concha
y el flequillo uniforme
de un martes laborable.
Ya crecían en mí
diminutas raíces cuya savia era tinta.

El tiempo con sus dedos de catástrofe
oxidó aquel aspecto.
Pero bajo la piel desangelada
del ahora en ocaso
sigue firme
aquel destello frágil;
la mirada miope
que no pagara nunca el triste precio
de perder la inocencia.


         (Inédito de Pulsaciones)




lunes, 2 de octubre de 2017

LUIS TULSA. LAS PESADILLAS DE UN ARTISTA DEL SIGLO XXI

Las pesadillas de un artista
del siglo XXI
Luis Tulsa
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, 2017

INSISTENCIAS DEL YO


   Es el punto cero; el itinerario poético de Luis Tulsa (Valparaíso, Chile, 1993, graduado en  Filología Hispánica por la Universidad de Madrid comienza con Las pesadillas de un artista del siglo XXI. Es un poemario de una longitud inusual y título irónico que arranca de inmediato, sin citas de relumbre ni introitos amicales, con la prisa firme de una voz desbordada que no esconde una tendencia natural al prosaísmo y una ubicación sentimental en el mapa urbano del ahora, con sus calendarios previsibles y sus esquinas de desolación.
   La voz de Luis Tulsa podría ser –si se permite la convención de entrada- el monólogo fragmentado de una crónica de urgencia que hace del yo el testigo implicado que sale a descubierta. Explica sin más qué elementos y sensaciones se suman aleatorias a los sentidos y al espejo oxidado de la reflexión. El poema inicial concede al artista una condición precaria: quien habla es el sujeto apaleado que en todos los ángulos de la realidad recibe el trato menesteroso de un perro abandonado, de un inmigrante, de un ser anónimo que hace de la carencia su único vestido. La palabra entonces se convierte en testimonio de un jardín inhabitable como un cuadro renacido en las pupilas de El Bosco. La poesía no es más que catarsis, no el pasaporte al arte y la estética que concede a quien lo practica la condición aristocrática de un portador de la belleza: Ser en el poema es mostrar la cabeza apaleada.
   Quien se asoma al poema exige una comprensión de lo real también en sus parámetros de absurdo, desolación y malditismo. El sujeto se apresta a pasar su particular temporada en el infierno al lado del feísmo, incidiendo en actitudes que ridiculizan la normalidad como coordenada del conformismo. El protagonista verbal es el reverso del ciudadano integrado; está ahí para quebrar la norma, para hacer de su literatura estridencia y mácula, aunque para ello tenga que negar al crítico o buscar sitio en los rincones zafios.
  Es sabido que cada poeta que arranca senda busca la sombra de una genealogía y a medida que se avanza entre las páginas de Las pesadillas de un artista del siglo XXI se van haciendo más evidentes las afinidades o los ecos de otros poemas como es el caso de  “No vales para nada” que recupera uno de los más memorables poemas de José Agustín Goytisolo, una de las voces esenciales del medio siglo por su empleo de la ironía y por su poesía cívica y comprometida con la denuncia de una realidad social cariacontecida.
  De esa ironía se vale Luis Tulsa para caricaturizar a los intelectuales que esconden tras su solemne erudición mensajes de humo y conformismo. Pero este rechazo de la infantería intelectual puede llamar a engaño. Aunque Tulsa escribe un libro sobrio en su lenguaje que emplea expresiones coloquiales y vulgarismos, constatamos múltiples referencias eruditas que reivindican la pasión por las bibliotecas y el sustrato literario que entrelazan los versos; por tanto hay plena confianza en la capacidad sugeridora y metafórica de las palabras.
   Sobresale en el avance argumental del libro el recurso de la autonominación. El yo biográfico busca sitio en el poema. El rasgo estilístico ha tenido amplio cultivo en la tradición –Unamuno, Dámaso Alonso, Hierro, Blas de Otero, Ángel González…- y sigue cultivándose en la poesía reciente. Un cultivador insistente de la exaltación del yo es Manuel Vilas, cuyo magisterio en esta primera entrega de Luis Tulsa parece evidente.
  Sé que la poesía más joven no es el desierto dilatado que algunos suponen. Hay en su espacio temporal muchos nombres y cada uno acumula inevitables y provechosas peculiaridades. Luis Tulsa pertenece por edad a los nietos digitales de Poe y Baudelaire. Afronta la derrota diaria con birras, porros, rayas y algo de sexo –un vecino ejemplar, pongo por caso- pero este malditismo de periferia propaga una saludable fuerza expresiva. En ella convive el verbo derramado nerudiano y la invitación al derrumbe de Cernuda en “Bird in the night”;  muestra una realidad vivida como sombra y como huida. No queda sino refugiarse bajo el paraguas del lenguaje con la escueta compañía de las palabras y un poco de humor, hecho de mondaduras y algunas pesadillas.



    

domingo, 1 de octubre de 2017

MURALLAS Y ERIZOS

Paseo del Rastro
(Ävila, 2012)
Archivo personal 

MURALLAS Y ERIZOS

                   Con C. Cavafis y Joan Margarit

   Retorno con frecuencia la poesía de C. Cavafis. Leo en voz alta versos que sobrepasan su condición de textos literarios para convertirse en principios  vivenciales, listos para aplicarse a la travesía diaria del mañana que empieza. Así me sucede con “Murallas”, una composición breve que suelo emparentar con otro poema imprescindible en mis hábitos lectores, “El erizo”, un acierto de Joan Margarit.
   En los dos se habla de un yo encerrado fuera del mundo, seguro, inaccesible, protegido en Cavafis por sólidas murallas y en Joan Margarit por la punzante piel del erizo.
  Ambos poemas dan voz a un figurante solitario, a resguardo; alguien que descubre que el mundo está fuera, y allí empieza la vida.






sábado, 30 de septiembre de 2017

EN LA VIGILIA

Soledad
Archivo personal



PÉRDIDA


Hunde tela y colchón una vigilia
de periódico abierto
que no te nombra ni te reconoce.
Una selva de imágenes tabaco
se desnuda de tallos, enralece
con una concisión minimalista.
La desmemoria empaña los vitrales.
En silencio, cuando duermen los otros,
exploro sus vestigios.
Nada guardo de ti. Sólo cenizas.
Inútiles descartes.

    (De La noche en blanco, Barcelona, 2006)



viernes, 29 de septiembre de 2017

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. QUIÉN LO DIRÍA

Quién lo diría
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquets Editores, Nuevos textos sagrados
Barcelona, 2015

INSISTENCIAS


   En el recorrido creador de Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) se perciben dos tramos escriturales, un primer segmento, inaugurado por Maneras de estar solo, ganador del Premio Adonais en 1978, en el que prevalece el sentir elegíaco, y una segunda fase, que arranca con el poemario La certeza, ganador en 2005 del Premio Nacional de la Crítica, en el que adquiere solidez la voz celebratoria y el estar conforme. Ambas actitudes se asumen con naturalidad, sin quiebros ni virajes, y refuerzan la idea de una evolución pautada y de un trayecto cohesionado. Las dimensiones internas de ambos periodos se analizaron con profundidad en la antología Hilo de oro, editada por Cátedra en 2014, y a ella remito a los lectores que quieran recorrer el ejemplar itinerario del poeta, dentro de un contexto histórico y biográfico. 
   Quién lo diría reúne composiciones fechadas entre 2012 y 2014 y pertenece de lleno a la segunda época, como se percibe de inmediato. Al cabo, la lírica de Eloy Sánchez Rosillo es agua clara, cumplida transparencia que insiste en el trasiego imparable de lo existencial. El poeta ha profundizado en un modo de decir donde resaltan la dicción precisa, un ritmo musical característico y una tendencia al poema breve, para depositar en sus lindes instantes vivenciales. El hablante verbal percibe el entorno y convierte su mirada en enlace relacional; las sensaciones sensoriales son detonantes de una reflexión interior en la que la experiencia se transciende y adquiere nuevo sentido. Con lenguaje exacto la anécdota pierde su carácter contingente para habitar en una dimensión atemporal. Veamos lo expuesto en el poema “Un vaso de agua”. El argumento sorprende por su sencillez; no hay juegos de manos: el protagonista se acerca a la ventana a media tarde para calmar la sed con un vaso de agua. Y ese gesto mínimo es el detonante de un suceso increíble: la transparencia, el juego de luz en el poniente se hace ley física para alborotar la memoria y dejar en el instante una sensación de plenitud y cumplimiento que justifica el tembloroso acontecer diario. La rutina más nimia se hace voz del poema, como si una realidad brumosa y desvaída cobrara nuevo aliento para dar testimonio de su existir. La ensimismada opacidad de los contornos aleja su melancolía si una pupila los contempla y los llena de luz, como si fueran formas oníricas que dejan cada día un patrimonio de asombro a compartir. Las señales de lo vivido  se convierten en honda certidumbre: la belleza sucede porque la crean los ojos de quien mira; porque la conciencia asume un voluntario papel de testigo que acoge esos instantes que se desvanecen como partes de un todo cambiante. Así perdura su temblor primigenio, ese secreto que convierte la caprichosa luz de cada instante en un momento único.La voz personal se hace remanso. En ella cobra fuerza un propósito firme que convierte la realidad en signo y sentido, en el cántico sereno de quien contempla con los ojos abiertos: “Existir, comprender, es esto sólo: / estar ante el misterio bien atento, / mirar todas las cosas y oír qué nos dicen, / saber que en ti se cumple cuanto ves, cuanto escuchas”.


jueves, 28 de septiembre de 2017

CANGILONES Y BÚSQUEDAS (AFORISMOS)

Agua
(San Agustín, Florida, USA)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

CANGILONES


A los que se empeñan en buscar a diario un poco de agua


Un poeta crepuscular, que olvida a diario el cansancio de ayer.



Minucia interna; no encuentro en mi interior nadie en quien confiar.


 Si miras con atención el lugar que ocupas, donde estás no hay nadie.


 En el apagado discurrir del tiempo, adanes primigenios que aguardan todavía una manzana.


El  verbalismo artificioso encala la escritura, pinta fachadas de víspera de feria.


En la madeja de la gratitud se apelmazan los hilos sueltos.


Los jueves aseguran un tedio prometedor, hecho de puntos suspensivos.


En la poesía bucólica, espontánea colaboración de una coral ecológica: piedras, juncos, pájaros y nubes…


En las conversaciones con desconocidos los intermediarios más eficaces son la elusión, la sensatez y el silencio. 


La poesía es un yo caligráfico, angustiado por su propia identidad.


Aversión a la lógica. Un pensamiento único y en continuas tareas de agitación.


Nostalgia de un lugar que no existe.


Estreno propósitos: subir a la llanura de un mar en calma las viejas traviesas del tren.


Los espejismos cuidan la apariencia; se revisten con cierta dignidad.


Cambio de piel. Una identidad nueva, proclive a la torsión, que se mira de espaldas.


Hay máscaras que expresan la identidad de quien las utiliza mejor que las propias facciones.

  
El absurdo en clave de física: una hormiga arrastrando una hoja que centuplica su tamaño.