lunes, 26 de junio de 2017

KARMELO C. IRIBARREN. MIENTRAS ME ALEJO

Mientras me alejo
Karmelo C. Iribarren
Prólogo de Luis Alberto de Cuenca
Visor, Poesía
Madrid, 2017
PASOS A DIARIO 

   Frente al ideal romántico de la imaginación en vuelo, la realidad despliega su conciencia de existir a ras de tierra, hecha de contradicciones y asimetrías. Y éste es el decorado habitual que recrea la escritura de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959). Desde Bares y noches, muestrario de amanecida editado en 1993, el poeta ha firmado once libros de poesía y ha reunido sus composiciones en antologías como La ciudad, el volumen Seguro que esta historia te suena, que integra la poesía completa escrita entre 1985 y 2012 y anticipa numerosos inéditos o la selección más reciente, con prólogo de Luis García Montero, Pequeños incidentes; además ha explorado géneros con una saludable indefinición semántica como la autobiografía y el aforismo. En todas estas facetas creadoras se percibe una poética estrictamente personal, definitoria de un verbo individual, aunque claramente enmarcado en la línea realista. Así lo constata, al perfilar la sensibilidad del poeta, Luis Alberto de Cuenca en un prólogo sin arabescos, en el que resulta palpable su disponibilidad afectiva hacia los logros literarios del donostiarra: “Este nuevo libro de K. es tan sabio, sencillo, efectivo y emocionante como los anteriores. tal vez tenga un sabor otoñal que se deriva del paso de los años, pero eso es lo normal cuando escribimos desde la certeza, siempre agobiante de que nos queda menos tiempo, de que vamos haciéndonos mayores”.
  Los breves poemas de Mientras me alejo trazan una semblanza, una “foto de carne” del protagonista verbal, cercano y reconocible en sus actos cotidianos, que siempre adquieren una perfecta verosimilitud. Desde esos posos de verdad nos llega la crónica personal de un sujeto sin épica, que comparte con el lector la condición de hombre común y que se muestra tal cual es en sus palabras con la apariencia laboral del paseante cercano con quien compartimos un microrrelato, un incidente sentimental, una anécdota contada con escasa voz que corrobora los efectos secundarios del estar de paso.
   Desde ese patrimonio sosegado que nos deja en las manos las sombras del tiempo, sin ceremonias, casi inadvertida llega la conmoción del poema, como un soplo de aire todavía fresco, como el destello de una memoria selectiva. El tiempo se aplica en su discontinuidad natural de abrir los sentidos con impresiones sedentarias.
   Se ha dicho con frecuencia que el sistema poético de Karmelo C. Iribarren busca una expresión subjetiva y confesional a partir de unos puntos cardinales como el amor y los sentimientos, la visión del mundo a través de rostros anónimos que miran la vida con las manos en los bolsillos, o el fluir acompasado del recuerdo.
  En el ahora, nada es extraordinario; y sin embargo su inmediatez es punto de concurrencia para una meditación inagotable. Sin afectaciones, la escritura se hace reflejo de una realidad cuyos límites moldean el azar y la incertidumbre; todo es rutina, pero todo es aleatorio y propaga el temblor de lo desconocido. 
 Al hilo del reconocimiento público que ha adquirido en los últimos años la poesía de Karmelo C. Iribarren, el poeta podría haber optado por la mutación drástica y por los insistentes renuevos de la moda. Sin embargo sus poemas solo aspiran a presentarse con la cara de siempre, limpia, escéptica, algo crepuscular, sin maquillaje, acaso solo tras unas gafas de sol que conceden cierto cobijo anónimo, que le dan un aire de individuo enigmático, de alguien que sabe mucho de la vida.  


domingo, 25 de junio de 2017

MANUEL NEILA. BAJO EL SIGNO DE ATENEA

Bajo el signo de Atenea
Diez aforistas de hoy
Manuel Neila (Edición)
Renacimiento, Colección A la Mínima
Sevilla, 2017

BAJO EL SIGNO DE ATENEA


   La literatura en femenino sigue siendo para algunos polemistas una encrucijada conceptual, uno de esos asuntos bizantinos que permanecen flotando como nubes perpetuas. Pero lo evidente es simple: la escritura no tiene sexo sino calidad; por tanto, la condición de mujer en sí misma no aporta rasgos sustanciales al quehacer literario. Eso no borra contingencias como la escasa presencia del aforismo escrito por mujeres en la larga senda de la paremia en castellano. Solo el aforismo disperso de María Zambrano, rescatado por Antoni Marí entre sus obras filosóficas, y la relevante aportación a esta estrategia narrativa de Dionisia García, coetánea de la generación del 50, sobresalen en la travesía temporal del siglo XX. Así que la propuesta del poeta, ensayista y aforista Manuel Neila para constatar el cauce relacional entre voz femenina y aforismo en los primeros lustros del siglo XXI es un acierto de peso.
   En la introducción de Bajo el signo de Atenea Neila suma a la cuestión de género otro asunto obligado en los estudios sobre el género hiperbreve: la indefinición terminológica. Es otro escollo no superado que admite una interpretación plural y la coexistencia de amplios matices dentro del aforismo. La modalidad expresiva no es un discurso homologado sino una propuesta creadora donde cada autor se transforma en un explorador semántico. El sujeto que escribe refuerza en su taller el carácter subjetivo de enunciados y contenidos.
   Tras explorar la cosmovisión femenina en el tiempo y el claro empeño en forjar una identidad que no sea secundaria y moldeada por los valores masculinos imperantes, el antólogo concreta la nómina de autoras que conforma esta antología en el paréntesis finisecular y en el tramo inicial del nuevo siglo. Su título se inspira en el aserto  Bajo el signo de Aries que Nietzsche empleara en 1905.
   Manuel Neila recurre a la cronología para ordenar su selección. Por edad, abre la muestra la profesora y ensayista Carmen Canet, y son compañeras de páginas Isabel Bono, Ana Pérez Cañamares, Erika Martínez, Gemma Pellicer, Carmen Camacho, Victoria León, Eliana Dukelsky, Azahara Alonso y Raquel Vázquez. Es un plantel diverso en el que son evidentes las apuestas personales del antólogo en las representantes de la generación más joven, Victoria León y Raquel Vázquez. Hasta la fecha, ambas solo han anticipado muestras de su trabajo y no cuentan todavía con un primer libro.
   La representación es muy atinada, ya que las páginas dedicadas a cada nombre presentan un itinerario biográfico, un breve ideario sobre la escritura y una selección muy numerosa de aforismos editados e inéditos. Ello permite un trazo bien marcado. El ideario, como sucede al formular una poética, describe los cimientos de la mirada y su forma de dialogar con el lenguaje. En la particular caligrafía de cada autora hallamos la evolución del cauce recorrido y las coordenadas de escritura. La madurez de Carmen Canet está marcada por la experiencia, busca el enfoque original e inteligente en el que, de cuando en cuando, abre una brecha lúdica la ironía. Isabel Bono expande en el decir sereno del enunciado breve una iluminación de la travesía existencial. Ana Pérez Cañamares entiende el aforismo como una certeza que mira de reojo; en él se expande lo paradójico, como si buscase enunciar los contrastes del discurrir. Gemma Pellicer establece vasos comunicantes entre la caligrafía aforística y el microrrelato; de esta indagación nace un aforismo narrativo que despliega en su cortedad un discurso nuevo, dando pie a la naturaleza cambiante del texto. Carmen Camacho denomina “Minimás” a estas breverías. Los textos reafirman la persistente indefinición genérica en sus interrogaciones. Buscan agitar el lenguaje para que aflore otra realidad, muchas veces engarzada desde la intuición. Para Erika Martínez el aforismo mezcla materiales filosóficos y poéticos. Sus contornos se rompen con frecuencia para diseminar significados en los que no se esquiva lo paradójico a través de la sugerencia y la elipsis:” Conquistar no las horas, sino su costado”. Victoria León entiende el concepto como expresión de una experiencia psicológica; se escriben desde adentro hacia afuera porque son una manifestación introspectiva que integra destellos siempre cercanos al autorretrato moral. Eliana Dukelsky lo considera expresión de un fluir interno y constante con amplio interés por cualquier estela temática; en sus coordenadas resalta la hibridez entre géneros y su afán indagatorio que implica al yo en una continua búsqueda desde la experiencia de la escritura. El ángulo de visión de Azahara Alonso nace de la propia escritura y reformula su certeza con una imagen sugerente: “el aforismo sujeta los pensamientos con chinchetas de tinta”, los textos promueven en su labor cualidades como la formulación "sencilla, elegante y precisa”. La antologada más joven es Raquel Vázquez quien ya muestra un itinerario plural que abarca el microrrelato, la poesía y el aforismo. En sus textos breves, todavía inéditos en libro, emerge la reflexión irónica y el esqueje significativo que postula una mirada al entorno para captar su temblor en un claro empeño de comprensión.
  Bajo el signo de Atenea es una conjunción de propuestas que se interrelacionan entre sí porque están marcadas por un tiempo histórico y por una sensibilidad de época. En sus aforismos habita lo diverso, ningún asunto queda fuera de foco porque los materiales lingüísticos conjugan lo subjetivo y particular de la experiencia biográfica con los claroscuros colectivos.  La antología permite acercarse a procesos creadores en marcha que han hecho de su voz una carrera contra el tiempo, una indagación en el ser con el humilde formato del aforismo, con precisión concisa y con el pulso íntimo de sus capacidades expresivas.

sábado, 24 de junio de 2017

DEMOLICIONES

Entre los días

DEMOLICIONES


   Están ahí, evidentes, tangibles, dispuestas a gritar con sus voces antiguas, manchadas con el polvo saturado de los malos recuerdos. Recorren ateridas nuestra voz para que las propague como un cauce azaroso entre los juncos.  Y tienden sus contornos pesarosos en las aceras de los días al paso, para que los que escuchan se detengan callados un instante y pongan en su mano unas monedas, la calderilla triste de la compasión. 


viernes, 23 de junio de 2017

MARÍA ÁNGELES ROBLES. UNA SENDA EN LA PENUMBRA

Una senda en la penumbra
(Hacia el corazón del Japón)
María Ángeles Robles
Ediciones de la Isla de Siltolá, Levante
Sevilla, 2014

CON EL ESPÍRITU DEL HAIKU

   La imagen del Japón contemporáneo ha fortalecido un buen número de clichés. Son consideraciones arquetípicas que dejan su vigencia en el tiempo y emparentan al país del sol naciente con el haiku, lo ceremonioso, la alta tecnología, el espíritu normativo social, el manga, la gastronomía de algas y pescado crudo y el respeto a la tradición. Seguramente hay más, pero con estos vértices trazados por la inmediatez  componemos una estampa sugerente con un soporte asentado en la realidad. Se puede contrastar de inmediato con Una senda en la penumbra. Hacia el corazón de Japón, dietario sentimental escrito por María Ángeles Robles. Hasta la fecha, el perfil creador de María Ángeles Robles se ceñía a quehaceres vinculados a la prensa, con especial incidencia en las páginas culturales dedicadas a la literatura, el cine y los eventos de autores. La gaditana ha impulsado abundantes colaboraciones en medios del sur y ha creado la revista digital CaoCultura que es hoy un referente sobre el espacio literario andaluz.
  He empleado, con las limitaciones propias de la terminología, el aserto “Con el espíritu del haiku” como título de esta reseña porque las notas reunidas en Una senda en la penumbra no son apuntes cronológicos al uso sino la exposición sosegada de una sensibilidad que muestra el devenir estacional y una recurrente admiración por los variados estratos del magma japonés.
   Para viajar a un lugar solo se necesita cerrar los ojos y oír las pulsaciones del interior. María Ángeles Robles lo sabe y así va naciendo, como renovados brotes naturales, una escritura secuencial que sustituye la anécdota por la impresión y las descripciones por la mirada lírica. Bajo los apartados estacionales (otra concomitancia con la estrofa clásica japonesa) la autora perfila sendas, como si fuese completando en un acto de contemplación un cálido trayecto circular. Los sentidos miran y dan fe de sus percepciones, con la ortografía propia del pensamiento. De este modo, lo inesperado se hace visible para mostrar estelas que se adentran en el matiz, en aquellos aspectos que parecen frágiles y transitorios y adquieren a través de la escritura singular consistencia.
   La autora deja esta crónica con diferentes estrategias narrativas. Hay prosas breves, con un claro sentido poético y contenido simbólico y también hay poesía que nos llega desde el esquema métrico del haiku siempre capaz de reunir los elementos dispersos del entorno con el rumor callado de la sensibilidad que se busca a sí misma en el paisaje: “Cae la nieve / y el corazón palpita/ Flor de retama”, “Flor del almendro / tu blancura de nieve / derrite el tiempo”.
  La cultura japonesa no es uniforme y en su legado son muchos los instantes de esplendor. De esa mirada al quehacer creativo de sus escritores destellan abundantes anotaciones, a veces como posos naturales de lecturas, lo que justifica la amplia bibliografía final, y otras como síntesis escueta de una página feliz, de un pensamiento, de una anécdota que adquiere su pleno sentido en la memoria del lector. En las breves notas de Una senda en la penumbra María Ängeles Robles elabora una experiencia interiorizada que evita las demoliciones de lo transitorio. En su soledad callada busca los trazos más singulares de una geografía que sobrevive en el ideal de un viajero sedentario que no necesita recorrer distancias sino escuchar las voces del corazón, esas que encienden la luz cuando caminamos a oscuras en lo diario y es necesario abrir una ventana. Desde su claridad regresa el sol, el nuevo día.


jueves, 22 de junio de 2017

ELOGIO DE LA IDENTIDAD

Clausuras
Fotografía de
Rosa María Hernández


PROPÓSITOS

                                           Para María Fernández Cuello

Ser uno mismo;
salir del laberinto.
Quitar candados. 




miércoles, 21 de junio de 2017

CANTOS DE FORTALEZA. ANTOLOGÍA DE POETAS VENEZOLANAS

Cantos de fortaleza
Antología de poetas venezolanas
David Malavé Bongiorni y Artemis Nader (Compiladores)
Prólogo de Rodolfo Häsler, epílogo de Rafael Arráiz Lucca
Kalathos Ediciones, Alcobendas, Madrid, 2016 
VERSOS DE TIERRA

   La poesía no se ausenta, aunque las condiciones históricas de la época en que se escriba difundan casi un estado de emergencia e incertidumbre. Cuesta pensar en la situación política actual del país latinoamericano sin que se haga inmediato en la retina un desfile de imágenes del conflicto social, el grito de la calle y la dura represión auspiciada por el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro. En este contexto, como escribiera Blas de Otero, quedan la palabra y la poesía; así lo muestran los compiladores que dibujan un mapa lírico de Venezuela en el trabajo de catorce poetas representativas de distintos idearios.
   David Malavé Bongiorni, editor de Kalathos, subraya en el umbral la notable ausencia de poesía venezolana en el exterior y la necesidad de crear una estrategia concertada para difundir talentos. Así nace casi en clave lúdica este muestrario de trayectos cruzados con la pretensión de ser piedra angular de la poesía femenina, un quehacer convertido en pulso y sentimiento sobre la cronología de un momento histórico sombrío.
   El poeta y traductor Rodolfo Häsler ofrece en su liminar un enfoque diacrónico sobre las poetas en la historia latinoamericana. Sondea la arteria para cifrar sus presencias más notorias. La nómina adquiere un perfil sólido y representativo en el que cuajan como espacios imprescindibles sor Juana Inés de la Cruz, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Gabriela Mistral. Ellas son el sustrato que avala con su magisterio el discurrir generacional en los distintos países. También adquieren el vigor del canon en Venezuela para ceder turno a quienes inician trayecto en la década del setenta y del ochenta; es una promoción donde sobresalen Edda Armas; Cecilia Ortiz, Márgara Russotto, Yolanda Pantin y Laura Gracco. Son ángulos de exploración en los que adquiere cuerpo la conciencia de lo femenino y la indagación en lo existencial que en Cantos de fortaleza se resuelve desde enfoques autónomos.
   Inicia la selección María Clara Salas (Caracas, 1947). Doctora en Filosofía y con amplia cosecha, su obra sondea temas perdurables que se definen en lo cotidiano: el ser temporal, la erosión del tiempo, la otredad, el pulso sostenido entre sueño y realidad…  Son núcleos expresivos de un intimismo figurativo y coloquial, que no teme al verso dialogal porque sabe que cada poema se habla a sí mismo y comparte incertidumbres y lugar de paso en lo diario.
   Rafael Arráiz Lucca, responsable del texto crítico final, acuñó un aserto que resulta útil para entender este fresco poético: “El coro de las voces solitarias”. Todas comparten el puente común de la poesía pero cada voz sostiene su opción estética para desplegarse en singular. La recopilación de Cecilia Ortiz (San Casimiro, 1951) resalta su búsqueda de la imagen sorprendente y la entidad del simbolismo sobre lo anecdótico; también la importancia de la naturaleza como código de señales frente al sujeto capaz de conceder al entorno una realidad enriquecida. La poeta tantea con la mirada el sentido final de la escritura que hace de la palabra un territorio cognitivo.
  La ruta creadora de Belkys Arredondo Olivo (Caracas, 1953), poeta, periodista y editora, arranca en 1998. Su muestra abarca  poemas breves y prosa poética y ha sido antologada en distintos países. Su poesía es directa, con la voz fuerte del canto que nunca posterga la variedad de estratos temáticos en su desarrollo. En sus poemas el amar y el creer aguzan sus preguntas sobre las pulsaciones de lo cotidiano.
   Amplia germinación tiene la trayectoria de Yolanda Pantin, quien personifica un protagonismo estelar en la cartografía actual. Así lo testifica País. Poesía reunida (1981-2011), volumen editado en España por Pre-textos en 2014. En su lírica adquiere contundencia un trasfondo reflexivo por el que lo subjetivo y lo personal muestran la travesía de una experiencia transcendida.
   Solo veinte años tenía Edda Armas (Caracas, 1955) cuando amaneció su temprana incursión Roto todo silencio, poemario reeditado hace apenas un año. La poeta, que acomete tareas de gestión e imparte talleres literarios, tiene una amplia presencia en revistas y antologías y ha impulsado la edición independiente. Sus  versos recorren caminos de retorno con una mirada narrativa que entrelaza anecdotario y pauta reflexiva.
   Las voces anteriores constituyen el cimiento primero de un muestrario que no presenta quiebras experimentales ni cambios de rumbo sino un cauce fluido que adquiere en su transcurso mutaciones individuales. Así, la poesía de María Antonia Flores (Caracas, 1960) busca en la palabra una sustrato sensorial, o concede voz, como sucede en el excelente poema “Mirada antigua”, a una genealogía femenina que moldea en el tiempo su identidad plural. En su escritura percibimos un variable entrelazado temático que conjuga percepción sensible, reivindicación del ser existencial, a resguardo de la soledad y con un epitelio de resistencia, y un registro formal amplio.
   En Patricia Guzmán predomina un diálogo con la tradición y un misticismo renacido que emparenta su lírica con el cántico. Así se percibe en su propuesta más reciente,  El  almendro florido. En su estela creadora también abren bifurcaciones el intimismo y la presencia sentimental de lo cercano, como si la existencia discurriera en un claro diálogo entre protagonista lírico y entorno.
   El quehacer de Sonia Chocrón destila poesía, narrativa y guiones para cine y televisión; son dominios alternos y complementarios. En su estela lírica encuentra cauce una dicción comunicativa que busca referentes culturales en el cine y en las aportaciones de la tradición oral.
   La década del sesenta está ampliamente representada en Cantos de fortaleza por la obra de Claudia S. Sierich, Gabriela Kizer, Jacqueline Goldberg, Gina Saraceni, Carmen Verde Arocha y Eleonora Requena. Son travesías que aportan sensibilidades donde cala, junto a la indagación individual que parte de la experiencia cotidiana, el rumor de lo colectivo y los fragmentos de la intrahistoria común. Así se afianzan poéticas entre el pesimismo y la luz, aunque como escribe Gabriela Kizer late el propósito de que la senda grabada por el poema no sea nunca la crónica del desconsuelo.
   Asentado el paisaje versal, firma el epílogo Rafael Arráiz Lucca. El crítico opta por el repaso en el tiempo para recuperar en la biblioteca la aportación femenina consignada. En ella son indicios claros la pluralidad, la ausencia de cualquier localismo y el empeño individual que ahuyenta cualquier gregarismo.
  Los nombres reunidos en Cantos de fortaleza tejen pasión literaria y ángulos de un paisaje cultural que disuelve cualquier pesimismo sobre el espacio del presente. la poesía sigue brotando en las condiciones más adversas, se incardina en la sombra y en el extrañamiento para curar heridas. Los poemas dan fe de lo vivido en su sentido más cotidiano e inmediato. Sobre las cuartillas grises del lenguaje, las poetas de Venezuela anulan palabras, tiempo y esperanza.
   

martes, 20 de junio de 2017

TODOS, EN NINGUNA PARTE

itinerarios
Archivo personal

                                          TODOS, EN NINGUNA PARTE


   Todos somos los inadvertidos habitantes de Ninguna parte, un municipio sin impuestos y sin padrón municipal, donde a diario salimos a comprar razones para aguardar los viernes del futuro. Cada uno de sus vecinos persigue la quimera de la felicidad, esas huellas en la arena que al final de trayecto nos dicen que la meta fue cada paso que hilvanamos para llegar a nuestro interior, ese sitio lejano que siempre está en el horizonte de las esperanzas.
   Mi libro Ninguna parte es la crónica viva de esa convivencia plural. Si me asomo a su casco antiguo, cada una de sus construcciones está llena de patologías. Así he denominado la primera sección del poemario, que tiene como hilo argumental la erosión del tiempo en el entorno más próximo, cuando los días incrementan la dependencia de lo fisiológico; el desgaste nos convierte en seres dependientes y vulnerables que hacen de la incomunicación una resignada espera en la que se va ratificando el final. La existencia entonces se torna oscuramente dramática y dispara el sentimiento de culpa.
   Mucho más optimista, como adecuada para la visita turística del sol de las amanecidas, es el barrio “Deshielo”. Sus poemas habitables hacen del amor y la amistad una forma de estar en compañía y compensar carencias. Los sentimientos son hálito fundamental para seguir el viaje o para recorrer trayectos que mudan paisajes y afectos. Poemas para pasar las horas en habitaciones con luz.
   La existencia, como decurso temporal, conlleva una inevitable cesación. El epitafio no es sino la voluntad de seguir hablando cuando consumimos el turno de palabra que de este modo se convierte en rebeldía frente al silencio. También en Ninguna parte está esa zona reservada para los ausentes, para los que dejaron la solemnidad de una idea sobre el mapa del tiempo.
   Nunca entendí la poesía como algo misterioso e inefable, sólo al alcance de iluminados que esperan la azarosa llegada de la inspiración. Creo en ese trabajo intelectual que transforma lecturas y vivencias en expresión lingüística. Esta consideración del ideario poético está presente en el último apartado, el frondoso parque que he denominado “Y todo lo demás…”. Tal zona boscosa difunde impresiones sobre asuntos internos de la literatura: el mensaje, la expresión comunicativa, la distancia entre idea y logro, la identidad del yo lírico…Literatura
  Pretendo que Ninguna parte, por su constitución interna, sea expresión fiel de una mirada de pautas crepusculares, cuyos contenidos mezclan imágenes y sentimientos. Son los ojos del ocaso, aunque no olvido que el anochecer siempre tiene un inseparable enlace con la amanecida, una íntima simbiosis. Nos quedan la palabra y la esperanza.


lunes, 19 de junio de 2017

LUIS MIGUEL RABANAL. LOS POEMAS DE HORACIO E. CLUCK

Los poemas de Horacio E. Cluck
Luis Miguel Rabanal
Huerga & Fierro Editorial
Madrid, 2017 

ÓSMOSIS 

   Para que la oscuridad del dolor no se convierta en patetismo declamatorio, su expresión literaria exige una perspectiva. Lo sabía muy bien  el poeta catalán Joan Margarit al emplear como clave argumental de su poemario Joana la enfermedad y muerte de su hija; y lo sabe Luis Miguel Rabanal al indagar sobre circunstancias existenciales complejas y compartir la lucidez de su fiebre en Los poemas de Horacio E. Gluck.
   En las líneas introductorias de “Humo”, la caligrafía barroca de Andrés González emplea esta expresión: “un poemario místico, bendito, sacrílego también, como debe ser el agua fuera de mayo”; el prologuista también sondea la identidad del protagonista lírico, Horacio Estanislao Cluck, como imagen especular del yo biográfico y su memoria encendida. En suma, una advertencia al lector de que, como en libros anteriores, en su amplia trayectoria poética Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957) cultiva una heterodoxia de sombra alargada que transita por las diferentes secciones de esta propuesta lírica.
   Desde la voz de un yo desdoblado arranca el apartado inicial en el que encuentra sitio una dicción limpia que desvela intimismo y transparencia. En ella fluye la conciencia de lo transitorio, el hilo débil que nos va acercando a un tiempo cumplido y que requiere hacerse perdurable en el quehacer de “Los constructores de palabras”. Desde su empeño, nace el poema cuyos rasgos muestran fragilidad y añoranza, un discurso emotivo de quien se siente náufrago a la deriva y conoce “el desastre de no pertenecer / a lugar alguno, / como los vencejos de agosto”.
   La segunda sección emplea como única forma el poema en prosa. La reflexión difunde  una estela de voces en la que escuchamos la transpiración de varias identidades, aunque prevalece una voz femenina asociada al recuerdo y al deseo, un deseo declinante que poco a poco se convierte en soledad vencida, como si el ahora solo dejase sitio a los recuerdos de otra cronología más propicia. La forma se emplea de nuevo en las composiciones del cuarto apartado en el que prosigue “Desnudos” su variada caligrafía reflexiva.
  La verdad aseverativa de la derrota requiere un comienzo, la reformulación de una esperanza. Así parece anunciarse en el aserto que aglutina el tercer apartado “Imploró llamas y adivinos”. Porque el amor no basta y el presente despliega su grisura con su magra cosecha de sueños por cumplir, es necesario desplegar. La muestra final “El viaje” establece un claro paralelismo entre el viaje y el itinerario vivencial, en la línea de tantos autores clásicos; los poemas recuerdan el discontinuo gotear de la memoria para dejar estampas adormecidas de otro tiempo, con una geografía cómplice y cercana. Si el cuerpo de la amada es el primer plano del laberinto en el tiempo que permite sobrevivir a la incertidumbre, también se hace presencia la contemplación del propio destino con la mirada del observador que descubre los claroscuros y asimetrías de la identidad. El pasado ha perdido su luz onírica y ahora aparece como expresión de una mentira a la que no se puede regresar; lo mismo sucede con la casa que añade moho y derrumbe a sus cimientos o con las vivencias del discurrir siempre confrontadas con la grisura de la soledad.
  En Los poemas de  Horacio E. Cluck  asistimos a un largo proceso de análisis interior. La derrota invita a reacomodar lo cotidiano y salir al día para buscar al yo trasterrado. Fiel a sus constantes poéticas, Luis Miguel Rabanal despliega intimismo y nos revela esas sombras de arena que duermen en la biografía del yo escindido. En ella se guarda un calor de vida ya gastada, la sensación compleja de haber sido.


domingo, 18 de junio de 2017

ALICE MUNRO. MI VIDA QUERIDA

Mi vida querida
Alice Munro
Fotografía archivo WordPress
Lumen, Barcelona, 2013

LA HUMILDAD  DEL RELATO.


La decisión del sanedrín literario sueco de conceder la antorcha del Nobel 2013 a la canadiense Alice Munro ha prodigado en los medios de comunicación de todo el mundo abundantes informaciones biográficas. Nacida en Wingham, provincia de Ontario, en 1931, pasó su infancia en un ambiente rural del gélido interior canadiense, con severas dificultades económicas familiares. Tras establecerse en Vancouver ejerce distintos oficios y a partir de 1950 va cimentando un sólido trayecto escritural en el que el cuento se convierte en centro creador de su escritura. Pero, como recalca la autora una y otra vez, su existencia sólo cobra sentido en la escritura, donde no pocas veces la letra pequeña de lo autobiográfico actúa como venero temático. Es en el cuento, un género mayor del siglo XX, donde habita lo esencial de un sentir literario.
  En Munro el cuento tiende a describir historias sin épica, con el énfasis apagado de lo cotidiano. Así sucede en su reciente colección de cuentos Demasiada felicidad, cuyos trayectos accionales requieren un desarrollo temporal  de media extensión para precisar las circunvalaciones de actitudes vivenciales siempre de paso. Los cuentos abordan instantáneas de protagonistas y secundarios empeñados en una carrera de fondo de metas difusas. Lo contingente acecha, siembra estados de angustia capaces de cambiar el rumbo de una voluntad que no se guía por ideas abstractas sino por motivaciones de escasa relevancia. Y lo mismo ocurre en su última entrega Mi vida querida, donde volvemos a percibir una estética singular en el aliento creativo de la escritora canadiense.
   Ni espacio ni tiempo precisan datos exactos. De esa atemporalidad emerge la geografía de  lo doméstico. Son espacios estrechos para supervivientes que reiteran tareas habituales en intervalos cronológicos en los que apenas cabe la sorpresa. Y, sin embargo, ésta reclama un espacio secreto de la intimidad individual como si fuera materia central de un submundo hermético.
   En los cuentos de Alice Munro cobran un relieve singular los perfiles femeninos, siempre llenos de complejos estados emocionales, en la paciente espera de lo extraordinario. Mujeres, atentas y receptivas, crecen hacia dentro mientras muestran su cansancio ante una realidad manipuladora y llena de cicatrices, que de cuando en cuando se ilumina con una relación personal, con un deseo cumplido, con la calma resolución de un conflicto sin tregua, o con el espejismo de una felicidad que nunca dura demasiado.


           


sábado, 17 de junio de 2017

SIMULACIONES Y MOTIVOS PERSONALES

espuma

SIMULACIONES Y MOTIVOS PERSONALES

Cada náufrago reclama para sí la madera raída.

Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.

Estoy aquí, creo, aunque desconozco la ubicación exacta del aquí.

Los aforismos marcan la piel del agua, como la huella frágil de una verdad.

Para la confidencia íntima, personal, directa, un tono de voz sobrio alejado del aspaviento.

Percibo contornos con la precisión ambigua del miope.

Cada día el desconcierto, la indagación sobre una realidad cambiante y fragmentaria.

Con los años el escepticismo muda en benevolencia.

Sucede que regresas cada vez que te nombro.

No sé apaciguar mi obsesión por relojes y calendarios.

En la íntima discordia entre el yo y la nada, tomo partido.

Un nombre propio que acumula letras en minúscula. Nadie, en suma.

Mientras busco, dejo abierta la puerta para el regreso.

            (De  Motivos personales, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015)
 
 

 

 

 

viernes, 16 de junio de 2017

LA COLECCIÓN WASABI

Títulos de la colección Wasabi
Takara Ediciones
Dirección:
Rosario Troncoso  y Carmen  Sotillo

SOBRE PULSACIONES

   Hay idearios estéticos que entienden la escritura lírica como un ejercicio de modesta sumisión a funciones verbales, y existen autores que entienden la poesía como un organismo vivo hecho de latidos y pulsaciones, en el que habita un protagonista ficcional que aglutina sedimento vital, emociones y pensamientos y que va mudando en su identidad en el devenir de un tiempo contradictorio. Pertenezco a estos últimos.   Junto a mi trabajo en el aula, ha ido creciendo la literatura. El itinerario creador comienza en 1990 con la publicación del poemario Rotonda con estatuas, un libro intimista cuyos versos reforzaban cierta sensación de desamparo, como si lo real demasiadas veces solo ofertara el tacto frío de la intemperie. Es un motivo recurrente del autor que vuelve a tener presencia en obras como Enemigo leal, Población activa o Causas y efectos; al cabo, la poesía no es sino una forma de aspirar a la verdad, un intento de resolver incertidumbres y obsesiones de la intimidad personal.
   En esta selección propia, acogida bajo el título Pulsaciones, habita una amplia muestra del discurso poético. El balance incorpora, junto a los poemas más representativos de los libros editados entre 1990 y 2013, una compilación de inéditos que pone ante el cristal la poesía de madurez. Recluida en el ahora, la materia del poema se polariza en la distancia que recorren en común sujeto y entorno. Más allá del viaje interior del ser ante el espejo de su existencia, la ventana de las palabras muestra la niebla de lo diario. El poeta no es ajeno a las preocupaciones de un tiempo histórico en el que son caminos hacia ninguna parte los retos de la inmigración –argumento central del poema “Nómadas”- la barbarie del terrorismo fundamentalista – impulso de los versos de “Francotirador”- o el diagrama oblicuo independentista que agrieta, distorsiona y socaba la idea de un país común como espacio múltiple de convivencia – preocupación expresada en poema “España”- y sobre todo la vocación del yo por hacer de los sentimientos una auténtica esperanza. Los años han pasado, pero en el mapa de ruta no han variado las estaciones principales  que corroboran su identidad poética. Antonio Machado, Blas de Otero, Ángel González o Jaime Gil de Biedma, junto a algunos poetas contemporáneos, cuyos reflejos pausados iluminan el taller literario son los pilares básicos sobre los que se levanta Pulsaciones, un libro que se desliza con el ritmo sosegado del diálogo, con la voz de quien sabe que en cada amanecida, bajo la ventana ensombrecida del desgaste y la decepción, hay que empezar de nuevo. 
         

jueves, 15 de junio de 2017

CONSEJOS DE AMANECIDA

Vaivén de la luz



CONSEJOS

Tanto naufragio en verso,
tanta huella en el agua,
tanto demonio suelto entre papeles,
incomodan mi estancia en la tranquila
pensión de solitarios terminales.
El huésped más antiguo
sugiere a la patrona mi partida inminente,
antes de que mis gestos nos descubran
a un vengador destino
y peligre la idílica existencia.
Otros (más generosos)
desde el primer momento me perdonan
y juran rescatarme de un mañana infeliz;
me recomiendan cosas de provecho,
que, por ejemplo, escriba un guión de cine.
Lo intentaré. Palabra.

  (De Pulsaciones, 2017)


miércoles, 14 de junio de 2017

EN CADA VIAJE ESTÁN...

Amanecida

ACERCA DEL SUEÑO

                               a mi hija Irene

I     

Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.

II


Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.

      (De Mapa de ruta)

martes, 13 de junio de 2017

APUNTES EN RUTA

Simetrías
Archivo fotográfico de
Miguel Ángel Martín y Rosa María Hernández(Varsovia, 2017)
APUNTES AL PASO

Algunas ideologías tienen placas de hielo que  propician la conducción temeraria.

Heterodoxias del viaje: exiliados, trasterrados, inmigrantes, temporeros, turistas…

Los desnortes son inevitables también en amistades con alto coeficiente intelectual.

De cerca, la perfección se desactiva.

Hay opiniones que al ser expuestas levantan una colina de babel.

En el laberinto el método más eficaz de orientación es caminar hacia ninguna parte.

Cada fachada tiene la espesura del pasado.

Tantos estímulos demuestran que el arte mira de reojo a la realidad. 

Amanece y el autoengaño sigue ahí. 

En el último paso de cada recorrido está lo inacabado, esa incertidumbre que pronuncia: hay que volver.


lunes, 12 de junio de 2017

SEÑALES DE AYER

Paco Ibañez


SEÑALES

              A quien viaja conmigo

Entonces yo escuchaba con frecuencia
voces de cantautores,
tenía el pelo largo y gafas grandes,
y el pedigrí de nuestra democracia
vivía en la trastienda del golpismo.

Con brumosa nostalgia
hoy transito de nuevo un pasado en declive,
que tiene tentativa de inventario
con señales de morse.

Más o menos entonces descubrí
-sin paratextos y sin convenciones-
que Arcadia era tu cuerpo

                 (De Pulsaciones, Sevilla, 2017)


domingo, 11 de junio de 2017

ESTAR EN EL REGRESO

Estar en el regreso  (Rivas)
Fotografía de Dolores Leís


UMBRAL

                                                          Llegué tarde; detrás de mí 

Abro. Me esperan
el oro de los nísperos,
la sed del césped.



domingo, 4 de junio de 2017

EXTRAVÍOS Y ENCUENTROS

Varsovia

EXTRAVÍOS Y ENCUENTROS

Para quienes regresan


  Uno de los hábitos que practico con alevosa continuidad es el extravío. Cada jornada pierdo llaves, cartera, canas sobre una almohada que soporta el peso de los años, ilusiones, amigos… A veces hay suerte y consigo recuperar lo extraviado. Como si el tiempo vital tendiera puentes entre extravíos y encuentros. Otras veces solo recupero el malhumor erosivo que me produce una práctica desaforada que lleva a la carencia.
  La última pérdida es una amistad. Era temprana como un brote reciente y se mostraba pujante a la espera de frutos. Tampoco sé por qué murió de pronto la llama de su estar y el tacto del afecto se hizo humo.
  Así que he decidido desaparecer por unos días para que no se repitan más los extravíos. Despliego el mapa y descanso. Dibujo un recorrido para regresar cuando escuche el rumor claro de un optimismo renovado. Por lo que perdí; plumas y bolígrafos, que tantas dudas anotaron con fidelidad irreprochable; por mi cuaderno blanco que esperó con paciencia de monje zen algún verso aceptable; por la nueva amistad, que exigía en sus ojos una lectura atenta y emotiva.
  Así que estoy en paradero desconocido, haciendo caso al poeta Vicente Núñez que escribió: "Viajar es ir creando ciudades", un aforismo que invita a dibujar nuevos pasos. Ni siquiera el sueño sabe dónde estoy. Opto por el silencio. Ya era hora.





sábado, 3 de junio de 2017

JAIME GIL DE BIEDMA. DIARIOS

Jaime Gil de Biedma
Diarios 1956-1985
Edición de Andreu Jaume
Lumen, Barcelona, 2015

EL POETA- POEMA

   Concluye en su introito Andreu Jaume, editor de Diarios (1956-1985), que Jaime Gil de Biedma preparó el recuento autobiográfico con voluntad crítica, con el firme propósito de que fuese un testamento de claves interpretativas. Esta valoración otorga al volumen Diarios espacio singular y una íntima relación con Las personas del verbo, que aglutina toda la obra poética, y con El pie de la letra, donde se integran artículos y ensayos. Esta indagación intimista nace de un afán de “adiestramiento en la literatura” como activo ejercicio de aprendizaje y búsqueda de un lenguaje para precisar y comunicar las gradaciones de la experiencia.
  Las vicisitudes de imprenta son conocidas. En 1974 amanecía Diario del artista seriamente enfermo que más tarde, ya en 1991 y en edición póstuma, se integraría en Retrato del artista en 1956. A este perfil del poeta-poema se suman aquí los textos inéditos. Son dos diarios fechados en 1978 y en 1985 que constituyen, y otra vez recurro al editor, el retrato tardío de una sensibilidad renacida tras una estrepitosa crisis de identidad por no hallar asiento en un entorno cívico convencional.
  En la organización percibimos el deseo de un orden; un afán de simetría por trazar con veracidad los afanes de un protagonista implicado, que inicia el recorrido biográfico con Retrato del artista en 1956. Es el tramo autobiográfico más vitalista; en ese tiempo el poeta está trabajando en “Las afueras”, conjunto poético integrado en la obertura Compañeros de viaje y comienza su relación con la Compañía de Tabacos de Filipinas, empresa familiar en la que desarrollará todo su periplo laboral, con numerosos viajes de negocios y una agenda vital de libertad y descubrimientos.
  Las anotaciones de Retrato del artista en 1956 se convierten en un atlas de geografía humana. En él emerge un yo en crecimiento con inquietudes literarias, muy cercano en lo intelectual al grupo de amigos de Barcelona, sobre todo a Carlos Barral. Todo da fe de una intensa pasión por vivir; los días en Manila muestran sin sombras una continua búsqueda de relaciones y encuentros sexuales, no carentes de morbo y confrontados con la moral católica. También aflora la conciencia social y la evidencia de una jerarquía asumida en la que cada vez soporta peor la prepotencia colonial, esa insólita desnudez de derechos que tiene la mano de obra indígena. Las secuencias refuerzan su rechazo a una forma de vida aristocrática que fomenta el poder económico desde la explotación de los más débiles y crea en su interior un vacío ante las severas condiciones de supervivencia de los más humildes.
  La realidad política española desde la distancia adquiere una atinada definición. Se aprecia el desarraigo interno y la ausencia de peso en la política internacional que aísla al integrismo franquista. El poeta escribe: “España es un país enfermo, enquistado en sí mismo”.
  La misión de Jaime Gil de Biedma en la Compañía General de Tabacos de Filipinas se expone en el informe sobre la administración general, un texto de fuerte contraste con la perspectiva general del diario. Se trata de un trabajo técnico sobre la fisonomía de la empresa, sus activos mercantiles y el funcionamiento operativo del personal. Apenas queda sitio para el enfoque confidencial que solo retorna en el apartado “De regreso en Ítaca”, cuando la estancia en Filipinas concluye. La implicación con la geografía asiática ha sido intensa. Mas el poeta ampara una sensibilidad mudable y las nuevas anotaciones acogen el clima de relación, las lecturas y el afán literario. Sitio especial concede el poeta a su temporada de convalecencia en la Nava de la Asunción, un municipio próximo a Segovia, a causa de la tuberculosis. El moroso tiempo mesetario ralentiza los días y da ocasión a un análisis del yo verdaderamente demorado que integra facetas diversas, desde la sexualidad apaciguada hasta los problemas de composición o las acuarelas familiares que permiten conocer el retablo de presencias cercanas y su empatía con el poeta.
   Más que las vicisitudes del ego son los trabajos y días literarios los que rigen el enfoque tonal de Diario de “Moralidades”, segmento que abarca desde 1959 a 1965. El cauce vitalista, no exento de polémica por una sexualidad desbocada y oscura, se hace remanso sedentario para adentrarse en la conversación pausada entre biografía y escritura. Lo que se estima ahora es el apunte de taller, aunque de cuando en cuando se desgranen textos  que bosquejan rutinas de la casa familiar de la Nava.
   En esos meses concluye varios proyectos, entre ellos un ensayo crítico sobre Jorge Guillén, publicado en 1960. Es la etapa de definición del grupo de Barcelona a través de gestos colectivos como el homenaje en Colliure a Antonio Machado, en el vigésimo aniversario de su muerte, la preparación de la antología de Josep María Castellet, o la realización de lecturas y encuentros que dan a  conocer sus idearios estéticos.
   Es el tiempo también de escritura poética  de Compañeros de viaje, su carta de presentación. Las anotaciones revelan la lenta elaboración de los textos, el pulido final y el sesgo racional de una obra que va creciendo con lentitud, muy lejos de la intuición sentimental, con un sólido trabajo de organización y lecturas afines.
   Por otra parte, los contactos con Carlos Barral, Josep María Castellet y otros poetas del medio siglo facilitan el conocimiento público de sus creaciones. Son días de cielo claro. Cuando arranca 1960 sus apuntes lectores gestan un criterio crítico pleno de solidez. En él, Antonio Machado adquiere una significación tutelar, que influye en una expresividad directa y en el sentido ético del poema; lo mismo sucede con los compañeros de viaje. Con afines supuestos estéticos forjan el catálogo de la colección Colliure, que habrá de convertirse en pórtico editorial de la lírica emergente. También es valorado de forma positiva Luis Cernuda; en cambio cuestiona las últimas salidas de Juan Ramón Jiménez.
   El periodo acogido discurre hasta 1964 y en él perduran los peculiares caracteres del ego, aunque los párrafos se hacen más esquemáticos. En ellos se alternan los estados de ánimo, las crisis físicas y amorosas, las lecturas y los avances de poemas que van adquiriendo todos los elementos de la versión final. Asimismo prosiguen los contactos promocionales y el deambular por enclaves peninsulares, con especial incidencia en la costa. La identidad del yo se asienta en claroscuros que transmiten su inestabilidad afectiva. Mientras lee a Catulo y los poemas epigramáticos de la Antología palatina que servirán para encontrar el tono de “Pandémica y Celeste”.
  En el diario de 1978 la textura de la realidad ha sufrido significativas mutaciones. Desde 1972, en los estertores de la dictadura, viaja al litoral porque adquirió una casa en Ultramort, en la comarca del Empordà y allí fija su retiro residencial. Se asienta la convivencia sentimental con Josep Madern, salvo algunos esporádicos encuentros ocasionales y sus preocupaciones cotidianas se mantienen, tanto en la empresa, como en el taller de autor que tanto acrecienta enlaces con la segunda generación poética de posguerra.
  De cuando en cuando, los síntomas de la enfermedad condicionan su salud o empujan al poeta a temporadas de ánimo sombrío. Pero la radiografía general de este periodo se expone con tranquila objetividad, como si el autor fuese trazando una estela de sueños cumplidos, a pesar de su conocida inestabilidad emocional, a pesar de sí mismo.   


viernes, 2 de junio de 2017

KARMELO C. IRIBARREN. HACIENDO PLANES

Haciendo planes
Karmelo C. Iribarren
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2016

RUMOR DE VIDA

   Leo Haciendo planes de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) como si fuese la primera vez que dialogo con la voz del poeta. No quiero adentrarme en este callejero poético con juicios previos, con esas miradas de autosuficiencia de quienes especulan con lo previsible. La sencillez es una tierra de nadie que suele alejar a los que buscan ostentosos escaparates de naderías Y mantengo esta actitud porque quiero recorrer los poemas de Karmelo C. Iribarren con el hedonismo satisfecho del que descubre una geografía literaria proclive al asombro y se siente en una isla; en ella, como un náufrago privilegiado, reivindica en soledad un carpe diem, reformulado con sereno intimismo por Luis Alberto de Cuenca en la cita de inicio: “Vive la vida con sus alegrías / incomprensibles, con sus decepciones / (casi siempre excesivas), con su vértigo”.
  De este ideario llega, con cadencia de fruto antiguo, la lluvia que resuena en el primer poema. Es un repicar suave, tangencial, que hace temblar el epitelio del tambor con el tacto personal y rutinario de lo cotidiano. Así nace el poema, un texto que tiene en su materia menguante el tono menor de la cercanía y que no inventa excusas para sentarse a una mesa común y compartir luces y sombras, ese rumor de vida de un destino sin secretos ni estridencias, formulado en la barra del bar, que mantiene la claridad del agua.
  De esa proximidad nace la certidumbre de que el entorno –lugar con grietas que tiende a la grisura y repite trajes laborales- está repleto de versos, una poesía que se ajusta a la media voz y que parece definirse con brillo precario. Karmelo C. Iribarren se sienta con ella para descubrir sus líneas esenciales, con formulación escueta y despojada, pero capaz de transmitir (no encuentro otra perífrasis para mi asentimiento) la emoción de lo auténtico.
  El poeta no niega que toda biografía bosqueja una labor de tramas conocidas y que su cumplimiento genera un punto de decepción. Por tanto es necesario que la existencia remonte vuelo, al menos en el poema. La vida casi nunca ofrece nada a cambio, obliga a acodarse en el escepticismo y hace que la ironía muestre al tiempo un itinerario continuo en el que los pasos marcados no tienen mucha trascendencia. Así va tejiendo en la progresión temporal su tapiz a de erosiones.
  Tras la lectura queda claro el punto de partida del poema: el ahondamiento en la expresión concisa, sin márgenes florecidos, solo una trocha central en la que van amaneciendo sensaciones que se ciñen de inmediato al discurso narrativo, con una continuidad natural. Una poesía donde suena la escala armónica de quien se sienta a observar el momento revelador de tres o cuatro callejuelas que resumen el mundo  y nos acerca las paradojas de una realidad compartida, que depara emoción y certidumbres. Lírica de focalización intimista que pone luz al manso discurrir de los relojes con la humilde voluntad de una cerilla.


                                                                  

jueves, 1 de junio de 2017

EL TIEMPO A CONTRALUZ

Contrasombra   (Toledo, 2017)
Fotografía de
Hilario Barrero 

A CONTRALUZ


Para María Fernández Cuello

Frente al cristal leo poemas de Antonio Machado. De sus heterónimos espero otro milagro de la primavera. 

Aprendo a ser el otro que ellos dictan.

¿Cómo resuelves tus deseos?-Dijo. Y no supe qué contestar; casi todos están por resolver.

Entre dos silencios un conflictivo intercambio de especulaciones.

Amistades con inicios eufóricos, tiempos muertos y finales calamitosos

Por mis aceras pasean ciudadanos de la imaginación y fantasmas reales. Los primeros son más sociables.

Relojes donde las horas tienen el carácter de un borrador y duración improvisada.

(Aforismos inéditos)






  

miércoles, 31 de mayo de 2017

CUENTOS DIMINUTOS (EN FAMILIA)

Abandonos
Fotografía de WORDPRESS

EN FAMILIA

La resignación es un suicidio cotidiano.

HONORÉ DE BALZAC

   En casa no nos gusta incomodar a nadie, señor comisario. Las cosas son como son. No hay indicios pero todos buscábamos algo. Mi madre buscó siempre el sosiego en la farmacia; mi padre en la mudez de un cigarrillo, convencido de que el cansancio y el frío están en las palabras; mi hermana, cuando niña, en el reclinatorio de la ermita y después en la esquina más rentable del polígono sur. Yo que no busqué nada, encontré un libro y en él sigo.
  Vivimos juntos el abuso feliz de sentirse en familia. Repare usted, señor comisario, que en nuestra casa los sueños nunca dieron ningún paso.

(De Cuentos diminutos)  


martes, 30 de mayo de 2017

JOSÉ LUIS CANCHO. LOS REFUGIOS DE LA MEMORIA

Los refugios de la memoria
José Luis Cancho
Papelesmínimos Narrativa
Madrid 2017

DISOLUCIÓN


   La memoria personal habla en pasado. Su arquitectura se ha ido alzando en el perdurar y no tiene otra raíz que las arenas movedizas del recuerdo. Sólidas o etéreas las secuencias vitales están ahí, como un magma sedentario; constituyen el patrimonio básico en la marcada estela de la identidad del sujeto. Ese afán de venir desde otro tiempo es la casilla de salida del texto autobiográfico Los refugios de la memoria de José Luis Cancho (Valladolid, 1952). Poeta, novelista, maestro durante una larga temporada, y residente en Pasaia, un municipio vasco, desde 1994, fundó las revistas Caballo Canalla a la Calle y Los infolios, la última junto al poeta y crítico Miguel Casado. Como narrador  escribió la trilogía El viajero junto al mar, Grietas e Indicios, que constituye una ficción autobiográfica introspectiva con muchos nexos de conexión entre el protagonista biográfico y el figurante verbal.
   También Los refugios de la memoria sondea el laberinto interior para recuperar los días de infancia y juventud, la militancia política, y solventar un balance literario con mirada crítica. Desde estas premisas entrelaza como centro narrativo el decurso individual con el tiempo histórico de los últimos años del franquismo. José Luis Cancho se integra muy pronto en los ambientes del compromiso y va a convertirse en un incansable activista de la oposición al régimen. Su militancia en la extrema izquierda, bien conocida por la policía política, marca un hito en los medios de comunicación de la época porque durante un interrogatorio cae al vacío al ser arrojado por la ventana de la comisaria. Sufre un gravísimo quebranto físico. Aquel ejercicio de brutalidad policial llevó a la denuncia de los torturadores – cuyos nombres y apellidos siguen ahí como ejemplos de horror e impunidad- y, tras la lenta recuperación hospitalaria, el militante es condenado a prisión, donde estará durante dos años, hasta la amnistía política decretada tras la muerte del dictador.
   Pero en la conquista de la libertad no hay ninguna épica porque sobreviene la decepción y la incertidumbre. El contexto social ha cambiado y la utopía revolucionaria se estrella contra un muro de intereses y contingencias circunstanciales que abre senda a la aplicación práctica del liberalismo burgués. Llega la soledad y esa voz clausurada que obligan a replantearse el rol del yo ante su vocación ética, mientras en la calle comienza la amanecida de la transición que obliga a pactos, acuerdos de mínimos y abundantes olvidos. Aquel gesto expansivo del compromiso languidece, y el estar cotidiano va ocultando la cabeza en la propia intimidad para sentirse ajeno al ideario que vertebró el discurrir biográfico durante tantos años.  Es la disolución, ir pisando sustratos de una realidad inadvertida en la que nada permanece como si cada instante fuese solo una espera pactada.
   Los refugios de la memoria es una reconstrucción que tiene una epidermis de tristeza –también de gratitud al puñado de sombras que hicieron solidario y habitable el trayecto-; quien se mira en el espejo lo hace con sincera desnudez, rechazando en todo momento el didactismo heroico o la mitificación. Cuando vuelve, como Ulises, es nadie. Queda un testigo que se mira a sí mismo con los ojos cansados del extraño: “Las imágenes giraban ante mí fundiéndose y superponiéndose como una noria desprovista de sentido, como en un movimiento sin progreso”. José Luis Cancho habla en voz baja de unos ideales que alentaron un sueño persona y que lo transformaron en “un lobo estepario”, un transeúnte sin casa ni ciudad, una sombra que ahora llega pujante y fuerte, con la precisa nitidez del destino cumplido, con ese halo que exige a los demás el abrazo entrañable de la complicidad y del respeto. Lo vivido conforma también una memoria colectiva, la estampa de una época donde rostros anónimos moldearon una esperanza, la brizna frágil de una amanecida.




lunes, 29 de mayo de 2017

ARQUEOLOGÍA DEL YO

yacimiento arqueológico de Las Cogotas
Fotografía de
Rubén Sánchez Santana

PIEDRA CALIZA

     (Epitafios)
   


He soñado con la realidad. Con qué alivio me he despertado.

                                                                                               STANISLAW  J.  LEC

  
                                   II

Otra noche.
Sobre mí  prosigue su labor
la luna quieta.
Carezco de otra luz.

                                   III

Queda mi nombre
y la serenidad de este paisaje
que no sabe quien fui.

                                   IV

Agudizo mi vocación fantasma.
Miro sin comprender
y reclamo razones para estar en la nada.
No hay respuestas;
la pureza del aire
habita el desamparo.

                                    V

Un manto de raíces y una brizna de sol,
pero las formas se han desvanecido
en el escaso jugo de una tierra estéril.
Estoy con otras sombras y nos une
la mansa convivencia,
el aire de familia
de los que nada piden al futuro.

                                 VI

Vuelven los ecos y dibujan mapas,
un recorrido de memoria y sueño
que convierte al que fui
en terco pasajero de otra ruta
que ya no identifico.
El pasado se puebla
de restos arqueológicos.

   (De Ninguna parte, Sevilla, 2013)