viernes, 17 de abril de 2026

GRATITUD (Apuntes del diario)

Después de la alegría
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 
DEL RINCÓN, EN EL ÁNGULO CLARO

Hay cosas que no se pueden pagar a plazos. La gratitud, por ejemplo.

Los actos literarios dejan una abrumadora estela de sensaciones. Ayer presenté en la Biblioteca Mario Vargas Llosa,  de Madrid, el libro de aforismos Oficio de callar, editado por Mahalta. Conmigo, como guías de viaje que anotan contingencias, experiencia lectora y empatía crítica, Gloria Díez y Juan José Martín Ramos. Ambos desgranaron el paisaje abierto del libro. Y lo hicieron desde un mirador de plenitud y horizonte expandido. Conmigo, esa mudez que se enreda en la garganta como un anzuelo que punza las palabras necesarias. La combustión afectiva.

Me imagino, sonámbulo, a la sombra de unos cuantos magisterios reiterados, atrapado en la memoria de sus libros. Vuelven a mí las lecturas de Javier Lostalé, Efi Cubero, Francisco Caro, Ezequías Blanco, César González de Sepúlveda, Carlos d´Ors, Ricardo Virtanen, Álvaro Hernando, Rocío Expósito, Marga Mayordomo, Alberto Ávila, Ana María Reyes ... El cántico poroso de la poesía contemporánea y su diversidad.

No sé cómo se moldean los recuerdos, pero hoy tengo las manos llenas de barro perdurable. Respiro y siento la limpieza del aire. ¿Cómo pensar el mundo sin los amigos?

   

jueves, 16 de abril de 2026

OFICIO DE CALLAR

Oficio de callar
José Luis Morante
Mahalta Ediciones
Ciudad Real, 2026


HOJAS NUEVAS


 Bajo el limo, en las honduras de la ambigüedad, la superpoblación de anfibios.

El silencio mantiene una precintada fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.

Cuando los hechos mueren percibimos el rastro compensatorio: las nubes volanderas de efectos secundarios.

Pertenezco al tropel inconfundible de los solitarios. En mí, la vocación de ignorancia. El nada sé de quienes no saben.

Tras la decepción, los deseos internos alquilan emplazamientos periféricos, esperan días de niebla para volver al centro.




miércoles, 15 de abril de 2026

MÓNICA PICOREL. FUI UN ÁRBOL EN UN BALCÓN MINÚSCULO

Fui un árbol en un balcón minúsculo
Mónica Picorel
Ediciones Baile del Sol, Colección Poesía
Tenerife, Islas Canarias, 2026

  

EL PESO DEL AIRE


   La poética de Mónica Picorel (Bilbao, 1970), cercana todavía a su amanecida, ha publicado en poco más de un lustro las entregas Las otras geografías (2020), Vida secreta de otros animales (2023) y, en colaboración con el poeta Misael Ruiz, Interacciones (2025). Asentada con fuerza en Baile del Sol, estrena la reciente compilación de poemas, Fui un árbol en un balcón minúsculo, con prólogo del poeta Diego Roel. La introducción recurre a San Juan de la Cruz para adentrarse en un reflejo verbal impresionista y cómplice. En las breves líneas de “dar a la caza alcance” el excelente poeta Diego Roel, autor también de la síntesis de contracubierta, no adelanta juicios críticos sino sensaciones lectoras; no testifica las líneas coherentes de un discurrir que exhibe la prudencia verbal de lo teórico, sino que se deja mecer por los efectos de la imagen y por el aliento onírico de la evocación surrealista. Roel vuelve al magisterio del místico abulense para recordar que el hablante lírico expresa la pulsión del alma hacia la verdad. Se ama el poema leído. No se acotan parámetros creativos; a lo sumo, el material lírico se asoma al brocal que muestra la hondura y el asombro del lenguaje.
   También  la cita de portada de Misael Ruiz elude la placidez del dogma para insistir en el nomadismo existencial de quien no dispone de caminos hechos sino que afronta un estar de búsqueda e inquietud, una dubitación de raíz metafísica, plasmada después en el poema: “Vivimos entre escombros / una belleza esquiva / nos acompaña hasta el final”.   
   Mónica Picorel organiza el libro en tres tramos lectores, de los cuales, el primero es el más extenso. Emprende ruta con una dicción cálida, empeñada en evocar un tiempo áureo, que muestra un interlocutor cercano, dispuesto a compartir un jugoso patrimonio de metáforas plásticas: “Volvías a casa / entre tus manos un majal / la plata del mundo palpitante / abrías la puerta y caían plumas / volvías al hogar como el buen padre / que aprende la hiel del animal sorprendido”. La textura intimista de los versos transporta a otras coordenadas espaciales, donde el decir se desprende de vivencias intactas del imaginario, captadas en escenarios atemporales, como la infancia. El poema sugiere acciones. Alguien está. Alguien, también, convierte la contemplación en una forma especial de ruptura de la normalidad. Estar transforma el hábito en plenitud: “Mi don es ser /aunque no sea la misma y sea todas y ninguna / aunque huela como huelen algunas casas que se vacían a escondidas”.
  La realidad se transforma en un ámbito de levitación. Los elementos se abandonan en un vuelo onírico, capaz de medir el peso del aire. El yo pierde la precisión de la forma para diluir rasgos y adentrarse en un paisaje de plenitud y ensimismamiento, ajeno, volátil, que mira hacia adentro. La voz figurativa del poema se viste de emociones y sentimientos para fortalecer su resonancia con asociaciones de impacto y de una fuerte carga sensorial.
   El poema breve busca lo esencial, a veces suena con la contundencia del aforismo: “Te he llamado hasta que la noche / ha dejado a mis pies / la mortaja de tu nombre”. Pero no pretende propagar certezas sino vaciar un espacio, contraer la existencia en unos pocos trazos indefinidos que se imponen al silencio de los otros. Otras veces, la semántica del poema adquiere una intensa fuerza absorta en el deseo, mostrando un cálido erotismo: “Aquí dos cuerpos con ambición de piedra angular / y acude el deseo con su traje oceánico / es la voluntad de la carne ser solo carne”.
   Un adjetivo exótico “Marcescente”, que procede del vocabulario botánico, sirve de título a los textos agrupados en la segunda sección. El significado se refiere a fragmentos agostados que, tras secarse, permanecen estáticos, formando parte del vegetal. También la cita de la Premio Nobel Louise Glück plantea esa relación cómplice de sujeto y mudez floral. Mónica Picorel asienta en el poema una genealogía personal que muestra su andar de puntillas por lo permanente. Todo es perecedero, ajeno a cualquier verdad absoluta, leve y callado como el vuelo de un pájaro. Alrededor se acumulan estampas de una realidad evanescente, que no tienen un enunciado argumental. Son mínimas intuiciones. Muestras de vida, pálpitos que se hacen ocaso o renacen, sin mostrar su verdadera naturaleza.
  También el amor y el deseo se funden para habitar la caligrafía versal con una presencia fuerte, ajena al verbo enunciativo, como si la idea se resistiera a ser causa directa del lenguaje que explica el mundo desde la lógica.
   No hay un hilo conductor que avance y se retraiga hasta una conclusión final. El poema se expande sin rutas lógicas. Busca formulaciones ajenas al periplo del sujeto. Simplemente habla o se calla. Está, respira, duerme. Se renueva o escucha al silencio y su fuerza de convicción y pone en el mantel una voz audible, un poco de extrañeza.
   “El falso fruto” compone un apartado final en el que persiste la composición breve, tras una cita de Mark Strand sobre la identidad. No somos quien pensamos. La existencia es molde en construcción, la azarosa impostura de hacer habitaciones al paso. Alguien cerca respira un estar triste, que dibuja hormigas en los dedos y la nada hace del frío un corazón de invierno. De igual modo, el yo lírico recrea una convivencia que ofrece y pone arder, que guarda lo vivido en la memoria como si fuera un sueño eventual, que alguien dejó un día entre los oscuros posos del café.
  Lo metaliterario toma asiento en los versos, no para esbozar teóricas solemnes, sino para que el lenguaje orbite en torno a la extrañeza. El poema se hace contraluz del cuerpo, fragmenta el frío, busca fallas donde ocultar el sentido: “Que la palabra que callo me defienda / que sea en la pérdida / que dignifique esta casa / este cajón para los días sin manzanas / este vórtice para tanto peaje / que sea hebra que me ate al ausente…”. De nuevo las imágenes cristalizan en los pliegues del poema, buscan un espacio expresivo que oculta su sentido, que indaga dónde radica la belleza y qué mantiene su arquitectura efímera, la justa medida del silencio que emboza las palabras. Lejos del enunciado autobiográfico y con un aditamento retórico pleno de imágenes, la poesía de Mónica Picorel explora registros meditativos y fragmentarios; pregunta dónde hay nieve y gelidez y frío que se hace calor entre las manos, exacta dimensión de la palabra que no se dice.

JOSÉ LUIS MORANTE




 

martes, 14 de abril de 2026

PASEO POR RIVAS (EL YO SIN NADIE)

Bajo la realidad
Fotografía
de
Dreamstime 

 

SALIR AL DÍA

   En el discurrir diario no pierde vigencia una cuestión controvertida: la función social de la creación literaria. O lo que es lo mismo, las oscilaciones que caben entre un arte ensimismado y autónomo, encerrado en su fulgor purista, y un arte incardinado en un contexto, que engloba las condiciones históricas que lo generan y el periplo biográfico del protagonista real.

  La escritura da cauce a las palabras de la conciencia y a sus interrogantes. Los poemas hilvanan un pensamiento reflexivo que cuestiona el sentido y coherencia de los actos del sujeto. El hombre a solas consigo mismo debe descubrir su propia condición y desechar falsificaciones e imposturas.
 
   Deslizando sobre las palabras una apacible complicidad, la música de jazz constituye un fondo sonoro para el cotidiano devenir. Es un aroma lenitivo que convierte el desvelo en un paréntesis de conocimiento e indagación. Es un escenario para los afectos en cuyo ámbito se borra la nebulosa atmósfera del abatimiento y los embates de la melancolía, para alzar la frágil arquitectura de los sueños.
 
  El mundo azul y la mirada limpia del niño, cuando los sueños parecen al alcance de la mano, va acumulando claroscuros en la experiencia. El peso de lo vivido nos deja un aire de tristeza, un semblante canoso y miope,  apropiado para escuchar la voz rota de un saxo.
 

Apuntes del diario  

lunes, 13 de abril de 2026

PAPEL MOJADO (VARIACIONES SOBRE UNA POÉTICA)

Librería El Aleph
(Calle Ferraz, Madrid, con el editor Juan José Martín Ramos)

 

PAPEL MOJADO
 

La percepción poética es una forma de conocimiento. En la conquista del aprendizaje meditación, lectura, sosiego y piel.
 
 
No me parece agotado el concepto de poesía estacional; pero es una cualidad compatible con la adhesión del haiku a las causas del corazón.
 
 
Percibir el vacío como existencia cóncava; posibilidad de alojar dentro.
 
 
A veces la fuerza creadora no recuerda. Confunde identidades: poeta y artesano.
 
 
El texto expande experiencia estética. Aposa una contemplación transformada en vivencia interior.
 
 
Dar aliento al atajo, esa comunicación directa entre poema y receptor que cultiva la empatía y el afán de compartir.
 
 
Perdura la imagen de alguien decepcionado por mi pregunta. No sabe que en la espesura de la realidad el desconcierto es una respuesta.

Lo nada significativo, ese rastro cuajado de belleza.

(Variaciones sobre una Poética)
 
 

domingo, 12 de abril de 2026

UN RARO COMÚN

Invitación al laberinto
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

CONFINAMIENTO


Es un raro común; construye en cada casa un laberinto.

Los mejores aforismos carecen de punto final.

Su cabeza tiene un hueco dispuesto, por si alguna vez encuentra inteligencia.

Los monosílabos propenden a la discursividad temática.

Suele arropar sus mensajes con la vaga bruma de la sinceridad.

 Al caminar, ser dueños también en el extravío.

 Solo es poeta cuando calla.

(Pisadas)




 

 

sábado, 11 de abril de 2026

CRÍTICA CON GUANTES DE BOXEO

Golpes bajos
Archivo digital 
FREEPICK

 

CRÍTICA CON GUANTES DE BOXEO

 

 No entiendo la pretensión de algunos lectores que exigen a la crítica que use, en su ejercicio, guantes de boxeo. No entiendo la aversión por el juicio reflexivo y cordial. Parece que el tono prudente, que ejercita la benevolencia y elude descalificaciones, es solo un exceso de amiguismo, un muestrario de subordinación, una invitación a la mentira. Según ellos, solo son veraces las reseñas que crean efectos secundarios, aquellas que golpean con resentimiento la piel formal, las vísceras argumentales o los recursos ortográficos…Hay que ser un crítico de pelea, de los que disparan con el colt del teclado y luego soplan sobre el suplemento calándose el sombrero de la suficiencia. Así que para el futuro debo ser “Menos Morante y más García”.




     

viernes, 10 de abril de 2026

142 REVISTA CULTURAL, Nº 29, ABRIL, MAYO, JUNIO, 2026


 
142 REVISTA CULTURAL
Nº 29, ABRIL-MAYO-JUNIO, 2026
Publicación Trimestral
Dirección: Paco González Fuentes y Ferran González
COMPRAS Y SUSCRIPCIONES:
  www.142revistacultural.com
 
   Con la cuidada prestancia formal, y el diseño y maquetación de Cristina Jiménez y un sumario fértil, que justifica la diversidad de intereses y se convierte en fragmentado espejo de la coyuntura cultural del presente, retorna a las librerías 142 REVISTA CULTURAL, cuyo número 29 integra el intervalo temporal de primavera (abril, mayo y junio de 2026).
  Rasgo central de la publicación es el abanico de entrevistas. En él afloran diálogos con Antonio García López sobre los personajes de la Dana, Rosa Rius Gatell, acerca de los ensayos de Montaigne, Jordi Panyella, quien revisa el caso abierto de Salvador Puig Antich. Además, Carmen Sánchez Gijón explora la presencia de filósofas silenciadas en el pensamiento español, la escritora mexicana Laura Baeza comparte claves de su taller literario, Mercedes Serna actualiza la obra de Sor Juana Inés de la Cruz y Joan Vines diserta sobre la genialidad creativa del músico Joan Sebastian Bach. Por último, en clave policial, Miguel Ángel González explora los asentamientos e itinerarios de la mafia siciliana en España.
  La fluencia editorial del país permite  elegir títulos relevantes entre las propuestas de lecturas, rescatando novedades de Llucia Ramis, Anna Hope, Francesca Albanese, George Makaki, Pablo Llanos y Enmanuel Carrère, entre otros. 
  Retornan las colaboraciones habituales de Aitor Francos, Mauricio Wiesenthal, Mario Satz, Ara de Haro, Ernesto Pérez Zúñiga, Antonio Sánchez Millán y Anna Miralles. En páginas centrales la poesía camina con paso firme, a través de una entrevista al poeta y traductor Eduardo Moga, a cargo de Lola Irún, y selectas composiciones de Marga Mayordomo y Alberto Pellegatta.
  Pido disculpas, si esta vez hablo de mí porque cierro senda en el espacio poético rememorando las peripecias de la antología Re-regeneración (Valparaíso, 2016), en el artículo "La poesía del Siglo XXI. Asientos reservados". Anuncio de paso que me incorporo a la redacción de la revista como colaborador permanente. Un honor y una inmensa alegría que agradezco a todo el equipo de este hermoso proyecto cultural y en especial a sus directores Paco González Fuentes y Ferran González.

jueves, 9 de abril de 2026

UN LUGAR LUMINOSO

Salón de lectura

 

LA VOZ SAPIENCIAL DEL AFORISMO


No hay que confundir el aforismo con un género didáctico, empañado en convencer con la solvencia de una fórmula matemática. Casi siempre calla. Su criterio de verdad es lo que omite.

La ausencia de una codificación monolítica añade diversidad a su compleja estructura expresiva y confirma una significativa paradoja: menos es más.

En su desarrollo en el tiempo, son palpables la popularización del género y un ahora pletórico que fija la alianza entre razón y sentimiento con solidez definitiva.

Prefiero el aforismo confidencial. El que propone un diálogo con la intimidad del individuo y es cauce revelador de una conciencia.  El aforismo es la distancia justa entre el pensamiento y las cosas.

En los ambientes literarios de los años años cincuenta se hizo fuerte una polémica sobre la naturaleza de la poesía. Vicente Aleixandre defendía que la poesía era comunicación y Carlos Barral aseveraba que la poesía era conocimiento. Conciliador el aforismo es comunicación y conocimiento.


miércoles, 8 de abril de 2026

JORNADA LABORAL

Mesa de trabajo

 

JORNADA LABORAL

 

   Nunca hay excepciones. Cuando habla consigo se miente a cada instante. Confinado en esa actitud, el reloj insomne le obliga a un inacabable fingimiento, empeñado en demostrar que se cree a sí mismo. Su cuerpo se resiente. Sobrelleva un gravoso cansancio. Desempeña a diario una doble jornada laboral.

 

(De  Cuentos diminutos)


martes, 7 de abril de 2026

NUBE

Nubes algodonosas
René Magritte

 

NUBE
 
Conoce la indigencia
el pacto con mi sed adormecida.
Al abrir la mañana,
nada pido, por tanto;
tal vez el mapa blanco de una nube
que dibuje al descuido su textura,
la letra detenida de una niñez ingrávida.
 
Y que la nube un día
sea vuelo que no duerme el cansancio,
secreto fugitivo
que recorre el azul estepario;
lluvia fértil saliendo de la noche
para poner de nuevo
entre los párpados
un temblor auroral,
la claridad pujante del comienzo.

   (Del libro Nadar en seco, 2022)

domingo, 5 de abril de 2026

PAISAJES MENTALES

Navadijos, Sierra de Gredos
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

AFORISMOS PARA UNA JOVEN POETA

 

A menudo la vida carece de sentido, es abstracta y compleja. La literatura no. 

Considera cada libro como un ejercicio de aprendizaje. 

Todo escritor soporta el previsible anclaje de la lectura. 

La realidad tiene signos secretos. 

Bajo la gota fría, el trazado del sendero se diluyó. Rumbo incierto.

Amo las noches de doble fondo, en las que caben vigilia y sueño. 

Esa manía de la memoria de revisar apuntes atrasados. 

Siempre que concluyo un libro, firma la escritura discreta del aprendizaje.

La verdad no es un área reservada para soledades ariscas. 

Cuando avanzo hacia ti te desvaneces. 

Consumo la relación incierta del autista y su temporada en el invierno. 

Un porte sólido. De fantasma. 

Cuando tenía veinte años, Jaime Gil de Biedma no era un poeta cualquiera. Era el poeta. 

La biblioteca, ese amplio gremio de deudas contraídas. 

Crepúsculo, aleteo, sopor, engarce, azul… palabras con reputación asentada. 

Los malos poemas tosen; tienen respiración errática. 

Una página: conspiración entre sustantivos comunes, verbos fríos y adjetivos ecuánimes. 

Ya no recuerdo; el final de una biografía deja sitio para mucho olvido.                                                  

José Luis Morante

                                                      

 

 

sábado, 4 de abril de 2026

LARVA

Mutaciones
Fotografía
de
Archivo general de internet

 

LARVA


   Atrapada en una soledad silvestre y en un oficio infame, la piel curtida de su mal carácter fue agrietándose con el tiempo. Destiló un carácter enfermo, inhabitable, como un denso pasillo sin final. Fue un cambio perceptible, que contagió al frío de su rostro en los espejos.
  De cuando en cuando abre los ojos en la sombra y exige claridad, esa ilusión etérea de las cosas que muestran pujanza, tacto firme y cercanía.
   La luz, acurrucada, nunca acude. Resiste. Deja lejos su cáscara vacía. Tiene miedo, también.




viernes, 3 de abril de 2026

EPITAFIOS DE NINGUNA PARTE

Disgregación
Archivo general de internet

 

 
PIEDRA CALIZA
     (Epitafios)
 
    Debo el título a un poema de W. H. Auden;  PIEDRA CALIZA es una roca cuya aparente dureza se disgrega con facilidad.
 
 
 
“He soñado con la realidad. Con qué alivio me he despertado.”
                                                                                              STANISLAW  J.  LEC
 
 
La muerte no  es nada,
cuando existimos ella no existe
y cuando aparece, nosotros desaparecemos.
                                                                                       EPICURO
 
 
                                   I
 
En su artesana construcción del silencio,
la muerte no reconoce
ninguna otra verdad.
 
                                   II
 
Otra noche.
Sobre mí  prosigue su labor
la luna quieta.
Carezco de otra luz.
 
                                   III
 
Queda mi nombre
y la serenidad de este paisaje
que no sabe quien fui.
 
                                   IV
 
Agudizo mi vocación fantasma.
Miro sin comprender
y reclamo razones para estar en la nada.
No hay respuestas;
la pureza del aire
habita el desamparo.
 
                        V
 
Un manto de raíces y una brizna de sol,
pero las formas se han desvanecido
en el escaso jugo de una tierra estéril.
Estoy con otras sombras y nos une
la mansa convivencia,
el aire de familia
de los que nada piden al futuro.
 
                        VI
 
Vuelven los ecos y dibujan mapas,
un recorrido de memoria y sueño
que convierte al que fui
en terco pasajero de otra ruta
que ya no identifico.
El pasado se puebla
de restos arqueológicos.
 
VII
 
Ahora vivo debajo de las cosas,
con vocación de sima.
A tientas me desplazo
sin que se marquen huellas
ni dejen una imagen
los lugares de paso.
Nada sucede aquí;
nada sucede.
 
                        VIII
 
Callé.
Después de todo,
cobijo la pereza.
En el silencio, nadie;
un estar sin contornos que tantea
 y mide con desgana
el transcurrir del tiempo.
 
 
IX
 
Camino dentro
de un dédalo de calles
y paisajes extraños
tras un rastro invisible.
Prosigue la deriva;
es terca voluntad
que empuja hacia otra parte.
En un tiempo sin tiempo,
ensordecido,
busco un lugar
para empezar de nuevo.
 
 
 X
 
Epitafios;
un triste empeño en seguir hablando
cuando  se consumió
mi turno de palabra.
 
 
                                   JOSÉ LUIS MORANTE



 

                                  

jueves, 2 de abril de 2026

ARQUITECTURAS VERBALES

Duración
(Sierra de Gredos, Arquitectura popular, Navadijos, Ávila)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

   Nacido en El Bohodón, Ávila, en 1956, José Luis Morante  ha escrito una decena de poemarios, recopilados en las antologías Mapa de ruta (2010), Pulsaciones (2017) y Ahora que es tarde (2020), con reconocimientos como  el Premio Luis Cernuda, el Internacional de Poesía San Juan de la Cruz, o el Premio Hermanos Argensola.

   Entre sus entregas en prosa están el diario Reencuentros, el libro de entrevistas Palabras adentro y Protagonistas y secundarios, selección de artículos y reseñas. Ha preparado las ediciones Arquitecturas de la memoria, de Joan Margarit, Ropa de calle, de Luis García Montero, e Hilo de oro, de Eloy Sánchez Rosillo; también prologó libros de Luis Felipe Comendador, Herme  G. Donis, Javier Sánchez Menéndez y Karmelo C. Iribarren. Ha publicado los volúmenes de aforismos Mejores días (2009) y Motivos personales (2015), la edición de Aforismos e ideas líricas (2018) de Juan Ramón Jiménez y la antología 11 Aforistas a contrapié (2020). Su último libro de aforismos ha sido publicado por la editorial Mahalta en abril de 2026. A Oficio de callar pertenecen los siguientes aforismos 

 

OFICIO DE CALLAR 

                                                                                               

Convirtió en sedentaria la prudencia verbal; no aventura palabras si no es en presencia de su diccionario.
 
***
 
Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono,  que lo que pensamos oculta lo que somos.
 
***
 
Su cerebro contiene dos ideas; son tan opuestas en su curvatura que entre ellas cabe un sistema filosófico.
 
***
 
Al florecer el día  rompe la quietud del reloj un aforismo. Sorbos cortos.
 
***
 
Basta mirar las ventanas abiertas de lo diario para saber que me recusan y no estoy.
 
***
El puño cerrado de quien corta rosas.
 
***
 
Una pobreza sin desplome, capaz de ceder, con mínima nostalgia,  la vieja cama del faquir.
 
***
 
El silencio y su fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.
 
***
 
El prudente convierte en coma cualquier punto final.
 
***
 
Esa nada autosuficiente, empeñada en la forja de discípulos perdidos.
 
***
 
Bricolaje: mañosos protocolos de la poesía visual.
 
***
 
Soy un lector disperso que ensaya alternativas para volver gozoso al mismo libro
 
***
 
El optimista define el caos como una narración abierta, sin ataduras.
 
***
 
Conocer a nuestro sujeto literario acrecienta el refugio opaco de la autocensura.
 
***
 
 
 

miércoles, 1 de abril de 2026

EPIFANÍA

Ternura
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


EPIFANÍA

 

 Ordinal  necesario,
la pulcritud se aplica en dar textura y forma
al poema feliz.
Es  palabra con alas que despierta
el hilo en el ovillo
de los sueños.
 
El  poema desciende luminoso,
anuda pies en la belleza
y remoza pequeños propósitos baldíos
pues no contiene lastre
y conoce remedios
contra el cerco de cualquier decepción.
 
Auroral, el poema
asordina la angustia
y no marchita pasos
en la tierra de nadie
del chantaje afectivo.
 
Sus palabras exigen
que tenga la avidez
salina de lo intenso
y disloque en el aire
toda asepsia expresiva.
Que soporte la ley
gravitatoria y se mantenga
sobre la cuerda frágil de sí mismo,
como un don disponible
que sostiene el azul
y todo empieza.  
 
Debe saber también,
hecho gesto final,
guardar los extravíos
bajo el techo solar
de la esperanza.
 
    (Del libro Nadar en seco, 2022)




lunes, 30 de marzo de 2026

EN CLAVE AUTOBIOGRÁFICA

José Luis Morante
(El Bohodón, Ávila, 1956)
Retrato digital

Cortesía
de
César Rodríguez de Sepúlveda


EN CLAVE AUTOBIOGRÁFICA
 
 
Yo nací (perdonadme)
con la televisión en blanco y negro.
La realidad mermada,
cobró lustre ficticio entre las vísceras
del dichoso artilugio.
Retraído el asombro,
poco tiempo después holló la luna
el ballet pintoresco del primer astronauta.
La guerra de Vietnam sembró de rojo
el miedo del monzón;
la tristeza alargó su cinta métrica
con inborrables signos,
y el niño que yo fui cruzó la calle
para desvanecerse.
 
Como soplo de aire
que aventara las ramas
con una floración de duermevelas,
devanaron los años
una quietud insomne,
repleta de tareas.
Nada sobra al olvido.
 
Envejeció conmigo
la dudosa verdad de vuelo corto
y ahora lo vivido es polvareda
que se oculta detrás.
La nada vuelve.
 
Sigo al borde de mí;
soy un mapa menguante
enclavado en la espera.
Ya no quedan preguntas perentorias.
El futuro es de otros.

   (Nadar en seco, 2022)


  
 

domingo, 29 de marzo de 2026

DESDOBLAMIENTOS

René Magritte

  

EL TIEMPO SIN VOZ

PARADOJAS

 

Los códigos cifrados.
El pájaro y la jaula.
La lluvia en los poemas.
El mar de tierra adentro.
La ceguera y los libros,
aquella afinidad entre mi padre y Borges.
La idea que cobija el borrador.
Esa ilusión etérea de las cosas reales.
Las rosas sin olor, las flores secas.
El tiempo y la quietud de cada instante.
La luz y el corazón de las tinieblas.
Los días que amanecen y no estoy.

 

He tenido un sueño muy extraño. Todo alrededor era un extenso espacio de silencio, un tiempo sin voz. Alzo los ojos y allí están mis carencias dinámicas y orondas, repletas de vida, con el mismo entusiasmo de siempre. Sí, soy yo, no hay duda. 

Cuánto “no sé” en las respuestas de algunas amistades en retirada. 

Me reconoció por la voz y me abrazó con fuerza, pero había perdido su entusiasmo vital. No sé por qué me pidió perdón mientras me comentaba que durante años había vivido en él un estúpido de oficio, con una intensa vida laboral. Me dejó en las manos una inquietud desconcertante que tardaré tiempo en enfriar. 

Qué pronto se hace hábito el trastorno crónico. 

Los impostores de identidades digitales se detectan de inmediato, como los falsos lectores que han leído todas las novelas de Borges. 

Se preocupa tan poco de mí que siempre contesta con lugares comunes. Actos reflejos que significan lo mismo si viajo a Madrid o a Tokio. Pero su actitud no pasa inadvertida; percibo que para mí hace muchos meses que es invisible y solo escribe libros sin palabras.

El tiempo moldea en mí un perfil de isla ártica.

(Anotaciones del diario)  



sábado, 28 de marzo de 2026

BOSQUE ADENTRO

Un claro en el bosque
Archivo fotográfico
de internet

 

AFORISMOS CON RAÍZ

 

Esos amigos que parecen puzzles en los que no encaja ninguna pieza.
 
Un anclaje en el agua.
 
Queda la versión íntegra de su historia personal. Nada con un fondo gris.
 
Solidaridad de papelera, que deja sitio de inmediato a todo lo que sobra.
 
El topo defiende la semejanza cromática.
 
Solo percibe las palabras propias. Las voces ajenas son ruidos abruptos.
 
Me dedicó en seis meses tres adjetivos, dos adverbios y cuatro preposiciones. Un despilfarro austero.
 

viernes, 27 de marzo de 2026

ALERGIA

Adán y Eva en el Paraíso
Pinacoteca, Museo del Prado de Madrid

 

ALERGIA

 

   La serpiente padece una alargada alergia a la manzana, por lo que mantiene su guarida en un distante rincón del Paraíso, a conveniente lejanía de mordeduras en el árbol del bien y del mal. De cuando en cuando se cruza ante sus ojos el desnudo resplandor de Eva
   El reptil aprovecha el encuentro para elogiar la buena cualidad de aperitivo con panes y peces que tienen las raíces, los pequeños roedores y algunos gusanos de las hendiduras. El perfil de la hermosa muchacha asiente, pero sus hábitos alimenticios se han emancipado y dan la espalda al consejo.
  La soberbia solitaria de dios aprieta los puños sin rendirse. No entiende el absentismo laboral de la serpiente y, acostumbrado a estar solo, tampoco soporta el sedentarismo remansado de Adán y Eva. Cada mediodía tiene un final idéntico; la expulsión suspendida nada enciende, es ahora una pavesa inmóvil.


jueves, 26 de marzo de 2026

LA SEMILLA

Mañana fotográfico
de internet
Dreamstime
 

LA SEMILLA
 
En la fragilidad de la semilla
hay un rumor en curso,
donde pliega sus alas el prodigio.
En él escarban
futuro las raíces
y vislumbran los troncos
tercas ramas
que buscan en el aire
el golpe sostenido de la luz.
 
Somos en la semilla
reflujo de estaciones
y sombras anegando
un tragaluz con pájaros.
 
A resguardo, consigo,
suelo adentro,
en la semilla insiste
el pulso cardinal de otra semilla.

                     (inédito)



miércoles, 25 de marzo de 2026

INTERROGATORIO

Conversaciones sin voz
Archivo digital
Freepick

 

CASO CERRADO

 
   Pregunta otra vez, con el chisporroteo del cansancio. Sin mover los labios:
-¿Edad?
-No sé desde qué año mi madre sospechó que esta minúscula existencia tendría algún futuro…
  Calla y suspira. Cierra otra vez los ojos. La nueva pregunta tarda en abrirse paso. Cuando llega, arrastra sílabas inaudibles…
-Tampoco hay datos de tu vida laboral.
-No los hay, claro, es inexistente aunque, de cuando en cuando, el pensamiento urgía a inventar recorridos en la calle, al encuentro de un futuro oficio. No llegó nunca. Después me detenía en cualquier parque, esperando que la voluntad durmiese contraída.
   Agacha la cabeza y entreabre la boca humedecida. Se acerca un poco al empujar la voz:
-¿Sabes la fecha del suicidio?
Las palabras, a oscuras, responden por mí:
-Morí hace poco, cuando prescindí de la ingrata tarea de respirar; todavía escucho los restos náufragos de una conversación al otro lado. Las dudas gotean sin enigmas ni claves. En torno a mí, una página blanca sin tipografía ni extrañeza. Soy un caso cerrado.

(Fuera de guion. Casi cien microrrelatos, Editorial Lastura, 2024)







 

martes, 24 de marzo de 2026

ATARDECER EN EL NILO

El oro del crepúsculo
(Egipto, navegación por el Nilo, marzo de 2026)
Fotografía
de
Adela Sánchez santana

 

ATARDECER SOBRE EL NILO

 

Cuando decae la tarde sobre el río,  la realidad parece un decorado a punto de desmontarse.
 
Sueños en construcción entre el aparejo formal de los afectos.
 
Mis ilusiones sospechan que soy un escenario monótono y predecible.
 
En los espejos del Nilo los itinerarios del tiempo se bifurcan entre la antigüedad y el presente.
 
Descifro jeroglíficos, pero hay significados que nunca relleno con la palabra justa.
 
Sobre la cubierta del barco navegando plenitud existencial, entre las riberas del ser y la nada.
 
Si pides un favor al tiempo, las manecillas del futuro se atascan en lo inasible.
 
Cuando estoy solo, hablo demasiado.
 
Dejé de fantasear para centrarme en la imaginación.
 
Según todos los indicios, tampoco al despertarme desperté.
 
Durante el insomnio, aquella noche se contó a sí mismo la historia no vivida de su biografía.

Cuaderno de viaje





lunes, 23 de marzo de 2026

FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN. CUADERNO DEL QUE CALLA

Cuaderno del que calla
Francisco José Martínez Morán
La Garúa Editorial / Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2026


EN NOMBRE DEL SILENCIO

 

   Con título paradójico, prosigue senda poética con el libro Cuaderno del que calla Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981). Recuerdo a los posibles lectores los trazos biográficos esenciales del poeta: Doctor en Literatura Comparada, Licenciado en Filología, investigador literario, gestor cultural y docente en ejercicio. Su espacio creador levanta vuelo en 2006 con Variadas posiciones del amante, reconocido con el Premio Nacional de poesía Félix Grande. Desde entonces cultiva con pasión la poesía, publicando las entregas Tras la puerta tapiada (2009), Obligación (2013), Tacha (2018), Los cuadernos del frío (2021), No (2021) y Fábula del fragmento (2023). Como narrador incorpora a la editorial canaria Baile del Sol la novela Amistades comunes (2018). Colabora en revistas y radio y dirige la colección de poesía de la Universidad de Alcalá de Henares.
  Hablaba al comienzo del texto del carácter paradójico del título y explico brevemente mi consideración. El cuaderno es una herramienta de trabajo en la que el escritor reúne apuntes al paso y organiza la materia verbal; es, por tanto, el umbral de la palabra; una despierta vocación de memoria que se opone a la sílaba quebrada del que calla. Desde esa pauta y con una hermosa dedicatoria a la poeta Marina Casado, compañera sentimental y autora del breve texto de contraportada, se compilan ochenta y siete poemas breves, organizados en cinco secciones: “De un cuaderno sin luz”, “Parafernalia”, “De un cuaderno sin frutos”, “De un cuaderno cerrado” y “Tumbado”; todos con trazos meditativos de despojamiento y desnudez.
   El poema inaugural del apartado “Cuaderno del que calla” emparenta con el vislumbre lacónico del aforismo: “Terminará la luz / y no te habrá bastado.” Ese afán de definir el poema con la soledad habitable y el carácter íntimo del pensamiento moldean los versos con mínimos recursos. La voz, limpia y precisa, derrama transparencia. Es lenta y premiosa. Se adentra en las lindes de la noche hasta sentir el tacto de lo perdido, el frío de un cielo desmembrado. Sabe que el despertar supone aceptar la quiebra que conforma la perspectiva del yo poético: “Cuanto te gustaría que lo roto / ya no formase parte de quien eres, / que no fuera tu sangre y tu osamenta, / que no constituyese / el único sentido de tus años”. 
   El tono introspectivo de las composiciones hace del tiempo y sus certidumbres uno de sus vectores básicos. Los textos moldean soledad, ratifican sensaciones de hondura, asumen la caducidad, liberan sombras. Buscan respuestas, a través de la escritura, que hagan más habitable la casa, que aligeren la presión ominosa del pasado y diluyan la banalidad de quien percibe los puntos de cruce del entorno. Como si la representación hubiera concluido, toca bajar el telón, asumir las exactas dimensiones del teatro y abandonar las tablas para buscar sitio en otra parte: “vuelvo porque ya me he marchado para siempre”.
   Lo cotidiano forjó usos habituales. En torno a las cuerdas de sujeción del atardecer pende una monotonía hecha quietud, de la que conviene liberarse. Este afán se recoge en el segundo apartado, “Parafernalia”. Hay que recuperar la sensación de ser otro y estrenar un vacío en el que ya no este cobijado un pasado común, repleto de incisiones y recuerdos. Promesas e ilusiones conspiraron para ser Ícaro y habitar la caída, el error y el desengaño. Para ascender por los peldaños de un futuro imprevisible en el que no estarán los pasos del nosotros. ´Solo serán compañeros de viaje la “despresencia” y el olvido.
    Llega un tiempo de hastío y queda entre las manos, como enuncia el título del tercer apartado, la austera caligrafía de “Un cuaderno sin frutos”. Se impone, como tercos garabatos infantiles, la plenitud cansada de lo frágil. Los espejos resguardan quejas. Son apuntes de una realidad testimonial y objetiva que habla de soledad y carencia, de la triste penumbra del pasillo sin nadie. Todo el apartado amplifica con sus breves trazos la sensación de naufragio, ese dejarse arrastrar por un oleaje que no deposita en ninguna playa. Solo perduran algunas emociones como escueta terapia contra la conciencia de la ruina. Todo parece conspirar alrededor. El yo se hace refugio de sí mismo.   
   El apartado “De un cuaderno cerrado” atestigua un camino de vuelta. Otra vez el paso encuentra norte, una presencia firme que tiende la mano a la esperanza. La noche deja sitio al tacto rosado de la primera luz, aunque todavía perduren indicios de frustración y desconcierto, las reiteradas versiones de una misma decepción. Una orfandad cercana a la que conviene poner distancia, para que suene en el transitar de la mañana el rumor de la brisa que tiembla entre las ramas.
  La composición final de “Tumbado” reúne, con ritmo entrecortado, las huellas del yo frente a sí mismo: “Yo estoy tumbado / y así seguiré”. La quietud parece un horizonte estable y monocromo. Todo está en pausa. Espera, mientras el tiempo se desliza con vocación de ausencia. La realidad es un extraño hueco inhabitable. 
   Francisco José Martínez Morán vislumbra en las composiciones de Cuaderno del que calla el paisaje fallido de la realidad, sus luces mínimas, los trazos de un tiempo que se desvanece. Queda el silencio y la evocación, el parpadeo de la memoria, donde apenas se cobija el frío. Mas la vida persiste, reclama la mirada y pone en la ventana luz diáfana, la taza de café para el regreso.
 
 JOSÉ LUIS MORANTE





domingo, 22 de marzo de 2026

REGRESO

Cosecha

 REGRESO A RIVAS

Aquí pierdo la voz, contemplo Rivas,
un nombre propio escrito en el asfalto,
un árbol que resguarda la memoria;
pulcra ciudad de espacios habitables,
igual y diferente a cualquier sitio.
Cada jornada intento sin demora
la gesta cotidiana de aventar el cansancio
de los días comunes,
mientras bruñida y fragil, a lo lejos,
una luna de plata abre la noche,
dibuja su contorno en el regazo
del cielo envejecido de Madrid.
Crece la sed aquí, varado en Rivas.
Busco en vano la esencia de las cosas,
acumulo renuncias e inquietudes
y despide mi mano el tren vacío
de la vida que parte, no sé dónde.


  (Antología Ahora que es tarde, 2020)


 

jueves, 12 de marzo de 2026

LECTURA PERSONAL DE OFICIO DE CALLAR

Oficio de callar
José Luis Morante
Mahalta Ediciones
Colección Axiales, nº 3
Ciudad Real, 2026


CARTOGRAFÍA DE LA MADUREZ

 

Envejecí de golpe y cayeron las piedras

                    OSWALDO FLORES

 
   El poeta de Aguilar de la Frontera Vicente Núñez, tan aficionado al sofisma, escribió: “Cualquier lectura de un texto es válida. Excepto la de su autor”. Es una afirmación contundente que en mi caso genera un sosegado desconcierto. Defiendo exactamente la postura contraria: “El autor es el primer lector de su escritura. Conoce la raíz de cada renglón y las observaciones particulares de su contingencia”. Como admiro la obra del cordobés, mi disentimiento busca de inmediato entre ambas opiniones polares un ecuador conceptual, un eje de simetría en el centro: “Cada lectura es válida en sí misma; aporta una respuesta más, un reflejo, una certidumbre, aunque sea desvaída”
  Quien recorra los aforismos de Oficio de callar percibirá que esta recopilación de breverías se apoya en unos pocos núcleos de fuerza. Recalca la concepción existencial del yo pensante; muestra vínculos con el discurso de viva voz del tipo humano que protagoniza el andar biográfico. No hay despersonalización de la trayectoria vital; cultivo la dinámica continua de un aprendizaje que ha superado esa confrontación romántica entre escritura y vida. La identidad no es una aleación momentánea. Tampoco es un sendero lineal la expansión hacia el otro de la convivencia social.
   Desde el título, los aforismos cobijan una ironía sutil que desaloja certezas fósiles e inamovibles; escribí con la tranquila caligrafía de la madurez, en un intervalo temporal de grandes cambios sociales. En ese marco buscó sitio una mirada que tiende a la introspección. Quité sentimentalismo, fracturas afectivas y acepté que la amistad tiene una naturaleza efímera y tiende a diluirse en el tiempo.
  Me gusta pensar que el tipo humano que habita en mis aforismos se inserta en un paisaje cultural; forma parte de una tradición de valores que debe perdurar frente a la degradación. Abundan las reflexiones que sondean la cualidad ética de la escritura. El escritor está inserto en un marco histórico y sus enunciados definen un paréntesis cronológico convulso; adquieren, por ello, el carácter de una representación.
   Toda ontología personal supone un deslizamiento de onda variable. En esta superficie de abarcable diversidad el motivo amoroso constituye un núcleo central. El amor es un cristal- transparente o con niebla- que deja a descubierto el lenguaje contradictorio de la realidad. Entre la plenitud y la ausencia han ido escribiéndose textos cortos de una introspección que tiende a la solitaria quietud de la edad madura, a su carácter intimista y simbólico. Ellos ponen materia a un ideario estético que no es sino un puñado de certezas con límites difusos. Mis aforismos hablan de mí; son textos domésticos, si los dejo en la calle vuelven solos a casa. Buscan sitio en el lugar de siempre, ese rincón llamado yo.