miércoles, 19 de septiembre de 2018

CASA VACÍA

Conversaciones sin voz
Archivo general de internet



CASA VACÍA

No, no entro. Porque si entro no hay nadie

ANTONIO PORCHIA

Para
 Gloria Sánchez Linares
porque su voz sonríe

   En esta casa ya no vive nadie pero están todos los moradores que ocuparon sus habitaciones. Escucho su fisiología desperdigada en pasos, susurros, toses o gemidos. De cuando en cuando callan, como si se hubiesen mudado por unas horas a otro lugar. 
   Siempre regresan. Esta noche olvidaron cerrar la puerta de la entrada y apagar luces. Alguien me despertó. No supe qué decir; me siento extraño ocupando una casa vacía. Ellos me reconfortan y justifican mi presencia: “alguien debe soñarlos”.

(De Cuentos diminutos)




martes, 18 de septiembre de 2018

JOSÉ ALCARAZ. VINO PARA LOS NÁUFRAGOS

Vino para los náufragos
José Alcaraz
XI Premio de Poesía Antonio Gala
Ayto de Alhaurin El Grande
Ediciones Alhulia
Salobreña, Granada, 2018
NAVEGACIONES DEL YO


   Desde 2014, José Alcaraz (Cartagena, 1983) ha sabido armonizar la dirección de la editorial Balduque, en colaboración con María del Pilar García, con la praxis literaria poética. Su trayecto integra los títulos La tabla del uno, Edición anotada de la tristeza, Un sí a nada y el libro ganador del Premio Antonio Gala Vino para los náufragos.
   Dos sustantivos parónimos, vals y Walt, sirven al poeta para un texto de apertura en el que germinan algunas incisiones críticas relevantes. Alcaraz es un poeta intimista, que toma lo contingente como material de uso, para articular un poemario reflexivo, que enfoca el entorno circundante. De este modo, el hermoso título puede contener dos referentes: el que inspira el aserto es un verso del poeta impresor Manuel Altolaguirre, extraído de un párrafo autobiográfico; y la nota de autor vuelca el marbete en lo afectivo al dedicar esta compilación de poemas al abuelo, maestro vidriero, fallecido hace solo unos meses.
   José Alcaraz dispone su libro en tramos asimétricos que mezclan poemas más largos con esquemas formales muy breves. Esa libertad compositiva casi siempre comparte el verso libre y la autonomía argumental. Así, en el primer apartado, un único poema recorre al verso dilatado de Whitman para entonar una vitalista cadencia musical, “con más sentimientos que teorías”. Queda así un claro homenaje a la luminosa voz celebratoria del poeta de Hojas de Hierba. El verso se transforma en esbozo de vida, se ramifica, marca un contexto, deja sitio al despliegue verbal para mostrar un rostro curtido por los días, que se cierra con un guiño irónico, como si fuese el cierre de un soneto infinito que requiere la benevolente cuenta del lector: Contad si son… y está hecho”.
   El avance del libro no pierde el tono confesional, esa intrahistoria subjetiva que requiere evocación y memoria, que acerca los figurantes principales del drama vital hasta el pensamiento para retener una felicidad frágil, gastada por el discurrir. Lo cotidiano se hace una épica de gestos, como si la existencia prodigara rincones para dejar asombro. El recuerdo se hace senda, dispersa una claridad luminosa.
   Más allá de lo emotivo, en el poema también hay una continua cristalización de la senda metaliteraria. Escribir es buscar, hacer de las palabras ángulos abiertos en cuyo deambular contruyen entramados de imágenes. Los poemas se hacen reflejos, equívocos contornos de una realidad en la que instaura el yo borrando diferencias entre el quehacer ajeno y las indagaciones personales. El poema se hace “Fe de erratas”: “No sé quién soy: quién estoy siendo. / No sé de dónde vengo: de dónde no vengo. / No adónde voy: adónde debo ir”. El poema, por tanto, es expresión del caminar, una manera de ir marcando en las aceras cotidianas las huellas leves de la voluntad.
   En Vino para los náufragos la implicación indagatoria también está presente en las secciones de cierre. En su andar pautado conviven pensamiento y experiencia, despliegue del paisaje y ese transitar interior que exige un continuo regreso. Quien pronuncia da voz a una identidad mudable. En ella se enquistaron las navegaciones del tiempo, las incesantes voces del naufragio.  



lunes, 17 de septiembre de 2018

PIEDRA SOBRE PIEDRA (aforismos)

Canchales




PIEDRA SOBRE PIEDRA

Despiertas y estás ahí, o no.


El entorno demuestra que ser normal es un atrevimiento.


Lo sórdido desde la poesía se convierte en una etiqueta: realismo sucio.


Soy un escritor realista. Sueño mucho.


La puerta entre realismo y realidad es el lenguaje, un conserje imprevisible.


No hay frontera más infranqueable que la estupidez. Suma a diario piedra sobre piedra.


También en el afecto mantiene su vocación de austeridad.


Sensibilidad en carne viva.


La ignorancia asfixia la libertad de ser.



sábado, 15 de septiembre de 2018

PULSACIONES (POÉTICAS)

Pulsaciones
(Antología poética, 1990-2017)
José Luis Morante
Prólogo de Rosario Troncoso
Takara Editorial, Colección Wasabi
Sevilla, 2017



CARTOGRAFÍA DE LA MADUREZ


Envejecí de golpe y cayeron las piedras

                    OSWALDO FLORES

   El poeta de Aguilar de la Frontera Vicente Núñez, tan aficionado al sofisma, escribió: “Cualquier lectura de un texto es válida. Excepto la de su autor”. Es una afirmación contundente que en mi caso invita al desconcierto. Defiendo exactamente la postura contraria: “El poeta es el primer lector de su poesía. Conoce la raíz de cada verso y las observaciones particulares de su contingencia”. Como admiro la obra del cordobés, mi disentimiento busca de inmediato entre ambas opiniones polares un ecuador conceptual, un eje de simetría en el centro: “Cada lectura es válida en sí misma; aporta una respuesta más, un reflejo, una certidumbre”
Quien recorra los poemas de Pulsaciones percibirá que esta recopilación, respetuosa con la cronología editorial de mis libros, se apoya en unos pocos núcleos de fuerza. Recalca, con acierto, esta opción el prólogo de Rosario Troncoso, poeta y editora de la antología. La concepción existencial del sujeto poético muestra vínculos con el discurso de viva voz del tipo humano que protagoniza el andar biográfico. No hay despersonalización de la trayectoria vital; cultivo la dinámica continua de un aprendizaje que ha superado esa confrontación romántica entre escritura y vida. La identidad no es una aleación momentánea. Tampoco es un sendero lineal la expansión hacia el otro.
   Desde el título, las composiciones de Enemigo leal cobijan una ironía sutil que desaloja afirmaciones serias y literales; escribí ese libro en un momento de desencanto. En ese marco buscó sitio una relación social apelmazada que, poco a poco, fue encontrando su estación final. Quité sentimentalismo de aquella fractura afectiva y acepté que la amistad tiene una naturaleza efímera y tiende a diluirse en el tiempo.
   Me gusta pensar que el tipo humano que habita mis poemas se inserta en un paisaje cultural; forma parte de una tradición de valores que debe perdurar en la degradación. Abundan las composiciones que sondean la cualidad ética de la escritura. El poeta está inserto en un marco histórico y sus enunciados definen un paréntesis cronológico; adquieren, por ello, el carácter de una representación.
   Toda antología personal supone un deslizamiento de onda variable. En esta superficie de abarcable diversidad el motivo amoroso constituye un núcleo central. El amor es un cristal- transparente o con niebla- que deja a descubierto el lenguaje contradictorio de la realidad. Entre la plenitud y la ausencia han ido escribiéndose  los poemas de la noche en blanco y Ninguna parte.
   Los poemas finales acogen una poesía de madurez que tiene un carácter más intimista y simbólico. Ellos ponen materia a un ideario estético que no es sino un puñado de certezas con límites difusos. Mis poemas hablan de mí; son textos domésticos, si los dejo en la calle vuelven solos a casa. Buscan sitio en el lugar de siempre, ese rincón llamado yo.


viernes, 14 de septiembre de 2018

EL SECUESTRO

Desde dentro
Imagen de
José Luis Morante


EL SECUESTRO

Lo que está en ti dormido
es lo que no te deja dormir

FRANCISCO FERRERO

  La continua asimetría de cambios y un entorno vocero diluyó alegrías y generó en su estar un miedo endémico. Para preservar la propia identidad construyó, en alguna parte de la casa, una habitación del pánico. Pronto, se instaló allí; se convirtió en un yo sin territorio. A diario mantenía la forma física con algunos ejercicios. Después consumía el tiempo sobre la cama, intentando entender las razones de aquel secuestro. Ahora, desde dentro, vislumbra la calle. Comienza a sonreír. Prepara con paciencia un plan de fuga.

(De Cuentos diminutos)





jueves, 13 de septiembre de 2018

MONTSE ORDÓÑEZ. LA ORILLA DE LOS NADIE

La orilla de los nadie
Montse Ordóñez
Imagen de cubierta:
David Pujadó
Promarex Ediciones
Barcelona, 2018


DESDE LA ORILLA


   En estos tiempos de ecosistemas digitales, cuajados de individualismo y asepsia cultural, Montse Ordóñez (Barcelona, 1974) mantiene un continuo laboreo intelectual. Impulsa el quehacer de artistas plásticos cubanos, fomenta enlaces entre estrategias creadoras como fotografía y expresión literaria, coordina talleres y sellos editoriales como Ediciones Cumbres, y apoya algunos proyectos escénicos. Un activismo que no anula su vocación poética, adelantada en publicaciones de estados Unidos, Chile y España, que ahora deja en las librerías el poemario La orilla de nadie. La colección de poemas se presenta con cubierta del fotógrafo David Pujadó y contiene un contundente paratexto prologal en citas de Lou Andreas Salomé, Thomas Bernhard y Chantal Maillard; son sensibilidades literarias que optan por la singularidad frente al gregarismo y por enfocar la realidad con un incisivo sentido crítico.
   El título La orilla de los nadie concede sitio a los que recorren las transitadas aceras de la inexistencia. Abre una lógica enunciativa donde se insertan todos los apartados del poemario, que comparten en su denominación despojamiento formal y un significado de ambiente o localización. El primero, “Orilla” sale a descubierta con un texto en prosa que glosa la intemperie. Estar es permanecer abocado a un temporalismo finito; las identidades se diluyen para hacerse, primero, memoria y evocación y, después, disolución y olvido.
  El poema homónimo, “La orilla de los nadie” puede servir como clave argumental de la sensibilidad que impulsa las composiciones. El trayecto vivencial es un devenir de ciclos crepusculares. Su cumplimiento deja en la retina un espesor de miedos y derrumbes.
  Este estar erosivo infecta también la epidermis de los sentimientos. Las presencias cercanas que un día fueron cobijo y ternura se hacen un día senectud e intemperie. Así se va encogiendo el ánimo para dibujar sobre las cosas un velo de grisura. En esta cronología agónica, ¿es todavía posible la esperanza? En el poema “Balada triste de poeta”, del apartado “Margen” deja en la estela de los días unos hilos de luz: “…No todo está perdido, queda el movimiento de las hojas de los árboles, un atisbo de locura y algún verso de poeta”. Tomar conciencia de la desolación humaniza al sujeto poético, le hace más cercano, como acerca al lector la existencia de una voz intimista y cordial, que rechaza el hermetismo o la senda experimental, para dejar en los versos un aporte testimonial de lo vivido, aunque ese vivir tenga a veces la sensación de habitar un tiempo extraño, e impulsado por sensaciones que hieren la piel.
   Desde ese horizonte sin brújula que crea en el caminante la sensación de deriva, la palabra se convierte en enunciado del desconcierto, hace inventario de un estar laboral que va minando sueños y que va consumiendo el propio territorio personal hasta ocupar los límites. Respirar se hace entonces una metáfora de la negación, esa meta última del confín.
   La vida oferta una pluralidad de miradores, es una encrucijada de caminos y hay que optar por una única travesía: la que conduce al equilibrio, la que encalla en la orilla un territorio personal saturado de signos que nunca renuncia a la amanecida de mañana.



      

miércoles, 12 de septiembre de 2018

FACHADAS Y REFLEJOS

Sobre el cristal
(Londres, 2010)
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia


REFLEJOS


Soy permanente
sucesión de mí mismo.
Tiempo borrado.

                                     (Del cuaderno Nubes)


martes, 11 de septiembre de 2018

ZOOLOGÍA ABISAL

Anémonas
Observatori Astronòmic
UV-NASA


ZOOLOGÍA ABISAL

Es recomendable permanecer muy quietos,
inmóviles, para empezar a viajar 

RAFAEL ARGULLOL

   En la oscura inmovilidad del trasfondo, una misma savia sostiene el impulso de las anémonas abisales. Seducidas por la metáfora del viaje, en su quietud, sueñan cada noche descubrir la superficie; un despertar convertidas en peces voladores.

(De Cuentos diminutos)



lunes, 10 de septiembre de 2018

J. M. COETZEE. SIETE CUENTOS MORALES

Siete cuentos morales
J. M. Coetzee
Traducción de
Elena Marengo
Literatura Ramdom House
El Hilo de Aruiadna
Buenos Aires, 2018



MIRADA CREPUSCULAR


   Hay personajes ficcionales que adquieren un perfil tan real en sus apariciones que amplían su espacio literario y exploran otros tramos argumentales. El Premio Nobel J. M. Coetzee publicó en 2003 la novela Elizabeth Costello. Alentaba una ficción narrativa ocupada en primer plano por una escritora anciana, de extrema lucidez intelectual, con un carácter nómada y dispuesto a exponer sin censuras sus pensamientos sobre los animales, cuyos derechos reivindica continuamente; pero sus intereses integran también otros núcleos discursivos como el sexo, la nutrición vegetariana, los desajustes sociales o las preocupaciones profesionales de la escritura. Elizabeth Costello había aparecido por primera vez en La vida de los animales, libro editado en el cierre de siglo; y más tarde en la novela Hombre lento, aparecida en 2005.
  En Siete cuentos morales J. M. Coetzee da un nuevo impulso al personaje para sondear los desajustes de nuestro tiempo en el tramo final de la existencia. Como si plantease una entrega ética, que no oculta su finalidad didáctica, el autor pone en boca de la escritura reflexiones y claves que definen una sociedad a la intemperie.
   El primer relato, fechado en 2017, sorprende por su levedad argumental; solo un apunte sobre el miedo que siente una mujer al acercarse cada día a una verja custodiada por un perro guardián, Una y otra vez siente la misma humillación aflorando en su dermis y aunque intenta hablar con los dueños nada cambia, salvo su modo de mirar el problema; el odio que el perro siente ante su presencia es ahora el mismo odio que ella siente por la ferocidad animal.
   Los libros de relatos suelen componer mosaicos temáticos con piezas sin conexión aparente; por ello “Una historia” recrea una infidelidad amorosa y el afán de normalidad de una rutina doméstica que apenas deja huellas en los afectos. La mujer implicada en esa infidelidad solo siente en cada cita amorosa una culminación del deseo, un placer exento de cualquier consecuencia moral, como si la situación fuera del matrimonio fuera un elemento virtual, un espejismo del cuerpo que deja en sus ojos un destello de alegría permanente. No siente ningún gesto perverso en su actitud, solo la dicha de saberse amada por dos hombres distintos y la posibilidad de dar a cada uno lo mejor de su belleza.
   Solo a partir del tercer cuento aparece de forma expresa Elizabeth Costello; en “Vanidad” la familia se reúne para conmemorar el sesenta y cinco cumpleaños materno. El afecto de todos añade una sombra de sospecha cuando advierten en la protagonista cambios pintorescos en el arreglo y actitudes poco asimilables desde lo previsible. Son solo gestos de autonomía de quien quiere preservar en el tiempo su forma de estar ante el mundo. También en el cuarto relato, “Una mujer que envejece”   retorna su carácter solitario y su reivindicación de una independencia vital en la senectud, cuando la mirada crepuscular se acrecienta y debe elegir entre el proteccionismo filial o la autonomía existencial que aprenda a caminar sin prisas hasta la última costa. No quiere visualizar un futuro tenebroso sino seguir caminado por la senda de la coherencia, con idéntico modo de pensar y sentir.
    El proceso de senectud y derrumbe de la escritora también se palpa en los restantes cuentos. La madre elige una libertad de movimientos que no someta a sus hijos al quehacer piadoso de cuidar sus rarezas, pero los achaques se agrandan.  Eso explica la elección de una aldea castellana de la montana para vivir entre gente desconocida, que emplea su intelecto de forma distinta. El compromiso animalista de Elizabeth no admite la pasividad. Llena su casa de gastos semisalvajes y de un discapacitado rural que por su comportamiento exhibicionista vive alejado de la familia.
   También la última pieza del libro convierte a la identidad animal en núcleo enunciador a través de un relato bifurcado que mezcla apuntes ensayísticos, fragmentos autobiográficos y reflexiones del hijo ocupado en dar sentido a los papeles de la madre, antes de la pérdida del sentido racional de la escritura.
   J. M. Coetzee es un escritor plural. Ha adquirido resonancia internacional a través de sus novelas, pero sus cuentos –mínimos, depurados, exigentes y con interiores afines a los intereses nucleares del escritor- conforman mosaicos de compleja armonía. Seducen por su sobriedad y por mostrar las entrañas de una escritura crítica, que asegura sin paliativos que la realidad es un problema de lacerante irresolución, casi un laberinto hamletiano que casi nunca guarda sitio y hay que saber buscarlo. 




domingo, 9 de septiembre de 2018

ALGO DE VALOR

Grietas
Imagen:
Crack In Concrete  Wall Stock Photo



ALGO DE VALOR

Hay gente que se cree que todo
 lo que hace con cara seria es razonable

G. C. LICHTENBERG

   Había contagiado su existencia un insólito afán acumulativo. Vivía con la certeza de ser depositario de un derecho excluyente y privado. Todo le pertenecía. También al respirar, guardaba oxígeno y anhídrido carbónico.
   Murió pronto, pero no se redujo su voraz posesión. Ahora, la cara seria de su voluntad guarda, inane, un valor subterráneo, esa profunda grieta del vacío.

(De Cuentos diminutos)






sábado, 8 de septiembre de 2018

PUNTOS DE FUGA

Parque natural de Cabanes
(Mediterráneo, Castellón)


PUNTOS DE FUGA

                                                      El sueño que no se alimenta de sueño desaparece

                                                                                              ANTONIO PORCHIA
     

El horizonte
nos guarda lejanías;
puntos de fuga.





viernes, 7 de septiembre de 2018

ALGORITMOS CONTABLES

Fantasía
Imagen de
Mobtomas-WordPress.com

ALGORITMOS CONTABLES

El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno, por la compañía

MARK TWAIN

   En internet, la amistad no pasa de ser un asunto numérico. A efectos contables, la máxima amistad es una suma de cinco mil, un todo exacto, una cifra final, como aquellos cien mil hijos de San Luis. Yo me voy acercando a ese balance colmado y el asunto me obliga a elegir bien a estos últimos compañeros de viaje con un mínimo proceso de valoración.
   Antes, hago sitio y despejo. Borro a todos los afectados por mudez digital; de ellos jamás supe nada, ni siquiera por qué llamaron a la puerta de madrugada. También despido con pañuelo al viento a los que sobredimensionan el emoticono, teniendo un idioma entero a su disposición.  Y ahora, que estoy en esa edad en la que ignoro “dónde habita el deseo”, quito silla también a las presencias que compiten en cuerpos al sol y musculatura hormonal; lo mío es un derrumbe crepuscular que sobrellevo entre páginas, con esperanza y sin convencimiento.
  Y sigo en el muro, caminando a solas, en el filo ominoso de algún algoritmo que nos borre y nos deje en la niebla con voz de margarita deshojada: “se ve, no se ve, se ve, no se ve...”. En este sueño de vanidad, con palmadas de aprobación y estima, no sé cómo será sentirse un proscrito virtual, una pelusa anónima que remonta el vuelo y se instala en un sitio invisible.
  Hay que saber decir: me da lo mismo; sigo en ruta, también por omisión.





jueves, 6 de septiembre de 2018

FELIX TRULL. LÍNEAS DE FLOTACIÓN

Líneas de flotación
Felix Trull
Imagen de cubierta:
acuarela del autor
Ediciones Libros al Albur
Sevilla, 2018


INTERFERENCIAS
  
   Felix Trull –heterónomo literario del editor José Luis Trullo- reúne en Líneas de flotación un compendio de trescientos textos breves. El título, sugerente y atinado, se inspira en una cita de Rafael Pérez Estrada que sirve de arranque a esta entrega aforística. Su avance aleatorio, como es norma en las entregas paremiológicas, no exime al volumen de crear con trazo firme el autorretrato de una sensibilidad insomne, que asume indagaciones e interferencias de una realidad desapacible con creciente vitalismo.
   Javier Recas, uno de los mejores investigadores de esta estrategia literaria, define al aforismo como un relámpago de lucidez, inspirándose en un pensamiento taoísta. Bajo esta sombrilla conceptual se refugian también el análisis plural y la hondura, aunque el paseo minimalista nunca pierda el aspecto sintético. Con este discurso estético los aforismos de Felix Trull sondean los aspectos de un tiempo vivencial sometido a continua disolución. El transcurrir encadena elementos, sensaciones introspectivas y percepciones. Recurre al lenguaje para enunciar consideraciones que recrean una modesta negación de lo efímero. No se trata de entender sino de encontrar, de hacer del aprendizaje un estar que libera de cualquier asepsia y convierte la calma en vislumbrar eufórico. Un esbozo significativo clarifica esta actitud del sujeto verbal: “Es una suerte que la vida me quede tan grande; eso me ahorra las apreturas que atenazan a los Espíritus Profundos y a las Altas Inteligencias, y me permite vagar de aquí para allá, soñando que soy una mariposa que sueña que es Felix Trull”. No exento de ironía, el apunte reivindica el deambular semántico del aforismo, no para adquirir una densidad metafísica en el pensar sino para borrar fronteras entre realidades y sueños, para crear una identidad renovada y leve, dispuesta a aceptar la textura mudable del discurrir vital.
   Me gusta el título, obliga a reconocer que la línea de flotación fundamenta su trazado en la intersección entre el casco del barco y la superficie removida del agua; del mismo modo, los aforismos de Felix Trull entrelazan un dualismo argumental que aproxima la identidad subjetiva del yo y el entorno social como emisor continuo de mensajes. Y entre los dos la tinta contemplativa del aforismo, descubriendo dimensiones que resultan complementarias en el tiempo.
  Los buenos aforismos mitigan su voz lapidaria para transformar las certezas en un puede ser matizado. En ese tono se formulan muchos enunciados aseverativos de Felix Trull. Algunos están llenos de extrañeza lírica: “Vivo con la ilusión de que todo es real, incluso tú, que nunca sabré si existes”; otros son coordenadas reflexivas que no desdeñan el relativismo de quien conoce: “No hemos venido a la vida a entenderlo todo, sino a gestionar lo incomprensible sin perecer en el intento”; “Quizás para ver bien haya que mirar menos”; “Postulo, frente al seco saber o el áspero ignorar, el húmedo y suave mantenerse en la duda”.
   Como testifica su labor editorial en Libros al Albur, Feliz Tull suma a la efervescencia del aforismo actual el expresivo aporte de Líneas de flotación. Sus esquejes regalan la fértil heredad de lo sencillo, ese lugar donde conviven tiempo y experiencia anecdótica. Desde los espacios abiertos del aforismo, escritor muestra una inclinación natural al cuestionamiento; hace de la duda una consigna, la tarea inmediata que sigue al despertar.




miércoles, 5 de septiembre de 2018

OTRA CIUDAD, LA MISMA



A pájaros
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


OTRA CIUDAD, LA MISMA

En este mundo, nada está en su sitio,
empezando por el propio mundo.

EMILE CIORAN


. Es septiembre; las aceras congregan un contagio de prisas. Como si yo caminase a trasmano, pongo lentitud en la mirada y en los zapatos.  Estos días tengo la cabeza y el corazón a pájaros.

. En el metro, alguien habla en voz alta. Otro asiente a intervalos. Una multitud aleatoria conectada con oídos atentos en la distancia. Solo yo permanezco fuera de cobertura. Quité el sonido al móvil y, cuando lo enciendo, me he perdido seis llamadas, pero no respondo. Además, una nube gris de mensajes me recuerda los asuntos literarios que hay que programar. Debería ayudarme más a mí mismo; solo, no puedo.

. Pido un café con leche y abro un libro de Emile Cioran, uno de los regalos de mi cumpleaños. Apenas leo unas líneas. Elijo un ventanal que testifica el tránsito incesante. Frente a mí asientos vacíos, recuerdos de identidades que querría abrazar, y esa caligrafía de la ausencia que escribe en lluvia oblicua. Madrid conmigo. Otra ciudad, la misma. Y yo no estoy.

. En el bullicio, los magros tesoros del mendigo. Dos cartones intactos de vino peleón, colillas, el saco de dormir y un desamparo que no ocupa sitio y que mira furtivo, mientras tiende la mano. El periódico dice que el verano turístico en Madrid ha sido excelente; en su intemperie, el mendigo lo ignora…Las cifras turísticas siguen creciendo como termitas fagocitando los barrios antiguos. 
  No debo escribir un diario íntimo; no sé fingir naderías, me mana la tristeza y hay que ser optimista, aunque no sepamos para qué.

(Apuntes de verano)






martes, 4 de septiembre de 2018

GABRIELA ROSAS. AGOSTO INTERMINABLE

Agosto interminable
Gabriela Rosas
Editorial Eclepsidra,
Colección Vitrales de Alejandría
Caracas, Venezuela, 2008

DESDE LA PÉRDIDA



   En el umbral del verano. Cielo limpio, azul, sin nubes y un sol impulsivo que invita a buscar la indolente quietud de las sombrillas frente al mar. Viaja conmigo un nutrido equipaje de libros de poesía, para volver a sus páginas con el tiempo necesario. Entre ellos, Agosto interminable, breve propuesta poética de Gabriela Rosas.
   Desde hace algún tiempo su amistad y su quehacer literario integran la textura de mi trabajo crítico. La escritora personifica una presencia nítida que ha servido de pórtico para un fértil contacto con poetas y editores de Venezuela, un país hermano, maltratado hasta extremos insostenibles por el chavismo y su epigonía ideológica, lo que está provocando una crisis económica muy compleja y un exilio sangrante, que rompe familias y disgrega esperanzas sin futuro.
  El poemario es un diálogo que me acerca a la sensibilidad de Gabriela Rosas. Vuelvo a las páginas de Agosto interminable, cuyo título, sentencioso y explícito, proclama un gesto de rebeldía contra el discurrir y habla de carencia y hartazgo, como si el largo estar en la epidermis roja del verano rompiese las cualidades singulares del respirar diario.
 El personaje definido en los versos de Gabriela Rosas postula en su mirada una realidad insuficiente, alejada del esplendor estival y de la calidez celebratoria de los cuerpos al sol. Quien habla es una estela vulnerable a nostalgias y evocaciones. Nos deja entre las manos un código íntimo donde el decir confesional es tono poético característico. El sujeto verbal ha perdido rutas de plenitud para deambular en los meandros de un manso conformismo que precede al retorno. Es el tiempo de negociar tristeza y de dejar sitio a las sensaciones que testimonian los puentes rotos: “Con o sin heridas de muerte / Necesitas saber que queda tiempo/ Siempre hay un lugar / Una mancha de carmín en el cuello / Un sobrenombre / Una enamorada / Y buenos momentos / la vida es un soplo / Te lo he dicho / Es frágil y recta como las autopistas”.
   Cuando nada perdura, la geografía del pasado se convierte en lugar donde germina lo vivido; nace así la evocación, la necesidad de convertir lo transitorio en permanente, desde la escritura. Así renace la entrega amorosa, esos minutos interminables donde se trenzan brazos, labios y cuerpos, como un material gastado y prescindible que se agarra a sí mismo en la memoria: “Un hombre al final de la calle / Grita que mis ojos son túneles / Para ejercitar la soledad / Agosto se hace interminable “. Las palabras pronuncian lo perdido, se hacen huella y postal, dibujan las certezas de quien estuvo en ese espacio acotado de la felicidad.
   En los poemas finales, integrados en el apartado “Maromas”, el clamor de la soledad crece para dar fe de vida. Con tono imperativo, se busca vencer el aislamiento creando espejismos de cercanía o renaciendo al sueño, como un abrazo maternal, donde fue posible siempre aquel espacio habitable de la infancia; por eso la madre merece la calidez de la elegía o el canto fuerte que no requiere palabras.
   El horizonte temático expande su razón de escritura para integrar el recuerdo de los que se fueron –tan presente en el poema “Cafetal”-, el sencillo homenaje al magisterio de Santos López, o el asentimiento por una identidad marcada por las pérdidas. Cierra el libro el poema en prosa “Declaración”, que disuena en su molde formal pero cuyo hilo argumental sirve como coda afirmativa del sentir, ascua viva, herida de pulsión y belleza.
  Gabriela Rosas hace de Agosto interminable una estela que convierte el amor en principio existencial. En sus poemas conviven la dicción coloquial y la imagen que guarda el misterio de la intensidad y el tanteo imaginativo. Los sentimientos expanden sus nervaduras con sinceridad emotiva, con esa sabia conjunción de elegía y regreso. Volver es encontrarse, aunque no estés.



lunes, 3 de septiembre de 2018

HORARIO DE VERANO (AFORISMOS)

Halconera sureña
Imagen de
Pinterest



HORARIO DE VERANO

(Aforismos)


En mi casa, el toldo del tragaluz es un oxímoron.

Entre los misterios de la inteligencia, ese empeño en ocultarse a diario.

Un ejemplo de fidelidad  extrema; mantuvo siempre un inquebrantable compromiso con la estupidez.

Cuando aletea, el optimismo recuerda la mínima vibración de una libélula.

Esas voces que ganan altura cuando callan.

Acabó identificando su belleza con el vacío; en ella, todo es nada.

Tan avaro que, cuando respira, guarda el oxígeno y el anhídrido carbónico.

(Aforismos inéditos)



domingo, 2 de septiembre de 2018

REFUGIOS, FORTALEZAS

Ábside de la catedral
(Ávila)




FORTALEZA

         (En Ávila)

He perdido el anhelo difuso de ser otro.
Mi soledad encarna
la vulnerable piel de alguna fruta.
Llego al umbral
y en la roqueda erijo
-con temores y dudas, con heridas-
seguridad precaria.
Alzo una fortaleza
para que no me alcancen
reiterados presagios.
En la torre central guardo vigilias.

Espero tu llegada;
en mí tendrás cobijo.

     (De Mapa de ruta, Granada, 2010)




sábado, 1 de septiembre de 2018

FRANCISCO BRINES. ELEGÍAS, REGRESOS

Francisco Brines (Valencia, 1932)
Fotografía de
El País


                                               ELEGÍAS, REGRESOS                                                 

   Francisco Brines (Valencia, 1932) reunió por primera vez su poesía completa en 1974. Tituló el conjunto Ensayo de una despedida, un aserto que refleja como realidad primaria del ser la temporalidad; estamos hechos de pérdidas sucesivas. El sintagma se ha mantenido en ediciones posteriores que añaden nuevas composiciones y algunos cambios poco relevantes. La última, la  antología Entre dos nadas crea un orden nuevo en el personal trayecto del poeta, ya que sus piezas han sido elegidas por casi trescientos lectores. Por tanto, esta colaboración múltiple y amistosa da fe de un cálido homenaje al que pone prólogo el poeta y crítico Alejandro Duque Amusco, quien se adentra en los registros con precisión de brújula. 
   Hay en toda la poesía de Brines una intensa coherencia, un pensamiento circular que se alimenta de redundancias. Los cimientos de su creación son el fluir temporal y la belleza; el tiempo es tránsito que nos va despojando hasta el vacío final y la oscuridad de la nada; la belleza aparece como un mirador que interrogar el entorno, que pone luz a los reflejos de la infancia y la identificación del hombre con la naturaleza. En ambos temas cobra sentido la palabra poética como revelación y vida. A través de la escritura se aspira lo real, una realidad que la memoria crea y dota de emoción; la palabra poética es también una respuesta vital que nos permite vivir el pasado en el ahora.
   Su primer libro Las brasas (1960) obtuvo el Premio Adonais, el más importante galardón de la posguerra. Las composiciones de esta amanecida ya son elegíacas. Están escritas desde la memoria de un sujeto que reflexiona sobre el paso de los días. Sentimientos y sensaciones se marchitan dejándonos entre las manos una menguada cosecha. En el presente la esperanza no tiene sentido.
  La segunda entrega, El santo inocente cambia de título muy pronto y se denominará Materia narrativa inexacta. Sombras del mundo clásico que hablan en monólogos dramáticos dan cuenta de las meditaciones del hombre, de ese sustrato común de la conciencia que permite que el amor sea en nuestro devenir un recurso liberador. Los poemas expuestos con la escueta narratividad del relato refuerzan la objetividad del discurso.
   El itinerario se enriquece en 1966 cuando se edita Palabras a la oscuridad, poemario que se alzó con el Premio de la Crítica. El título del mismo sugiere que el misterio de la noche es el interlocutor en quien el verbo deposita la emoción del mundo, esas perdurables impresiones del paisaje de Elca, la inquietante presencia de los otros o los signos desvelados de la soledad y la muerte.
   Aún no es un libro renovador. Aparece en 1971 e incorpora una importante veta satírica; predomina en él el conceptismo y el tono sentencioso. Hay abundantes procedimientos expresivos -parónimos, aliteraciones, rimas internas…- y utiliza un léxico novedoso, aunque también están presentes las habituales preocupaciones, como el derrumbe continuo de la carne.
   Insistencias en Luzbel aborda una poesía metafísica, centrada en el largo trayecto que va desde el engaño de la plenitud de la infancia hasta la nada. La vida entonces -como ya expusimos- se convierte en ensayo de una despedida; solo es vivida plenamente en el breve sueño de los sentidos donde hay una ética de lo celebratorio, un estoicismo que indaga en el carpe diem y que conjuga presente y captación de la belleza.
   Sus últimos libros son el patrimonio del poeta en el tiempo y tienen la mirada crepuscular de la elegía. En El otoño de las rosas un viajero en la parte final de su trayecto hace balance y sabe que el itinerario fue lo que vivió. El rescate es ocasión propicia para cantar el entusiasmo de haber sido.
   Un sujeto poético que nos comunica la estéril razón de la existencia es el protagonista de La última costa. Ya el título sugiere la perspectiva desde la que están escritas las composiciones. Se divisa la geografía de la costa cuando el mar nos ofrece su  distancia, como si no fuera posible el retorno y el viajero lleva consigo la memoria que le permite recuperar el territorio de la infancia y recrear las sensaciones que en el pasado la definieron.
  La antología consultada incluye algunos poemas del libro en preparación Donde muere la muerte. Su apertura “Brevedad de la vida” es un largo balance en prosa poética cuyo argumento deja el poso exacto de la aceptación: existir es el principio de la nada. Solo la escritura conjetura una posible salvación del olvido, un plano de permanencia en el recuerdo capaz de trascender la espalda fría del tiempo.
    En Selección propia, una antología editada en Cátedra, hay un estudio introductorio fundamental para entender su poética. Se titula “La certidumbre de la poesía”. El trabajo se hilvana a partir de un conjunto de reflexiones clarificadoras. A pesar del desagrado del poeta por analizar la propia poesía, sugiere que la poética nace de la praxis como los poemas nacen de la necesidad. Sus indagaciones se orientan hacia el proceso de creación. Cuando el tiempo nos destierra del paraíso de la infancia la palabra se convierte en una fortaleza que salvaguarda la dimensión individual del hombre. Los versos son refugio que permiten construir una nueva realidad que emana de nosotros mismos porque es interior y se nos otorga como una revelación. Así va apareciendo el mundo del poeta, sus concretas experiencias vitales expresadas con un lenguaje donde la intuición dirige la evolución expresiva de una obra que ha hecho de la precisión y la claridad norte y rumbo. Como Antonio Machado o Luis Cernuda, Francisco Brines es un poeta del tiempo. Su palabra es recuento del existir desde una conciencia ética, las huellas desgajadas que empiezan a borrarse en un tacto de arena.