viernes, 18 de enero de 2019

SIHARA NUÑO. GRAFÍA DEL CUERPO

Hipopotomonsesquipedafiofobia
Sihara Nuño
Editorial Baile del Sol, Col. Sitio de Fuego
Tegeste, Tenerife, 2017


Anatomía
Sihara Nuño
Editorial Polibea
Col. Toda la Noche se oyeron...
Madrid, 2018

GRAFÍA DEL CUERPO

   La marea digital y las contingencias biográficas de creadores asentados en el espacio peninsular proporcionan sustratos renovados al suelo del presente. Ante esta situación, la inacabable dictadura de las etiquetas críticas ayuda a ubicar enfoques y obliga a diseccionar posicionamientos estéticos que abren turno al debate. Frente a los poetas de la literatura oficial, que cuentan con el beneplácito de la tradición, existe otra manera de entender el poema, más compleja y, a veces, cuestionada por su hermetismo. Esta indefinición requiere atravesar la capa superficial de los recorridos menos diáfanos para la necesaria clarificación del fondo.
  Son pocos los itinerarios que desdeñan el gregarismo y hacen del lenguaje un texto ambiguo, con significado plural. De este empeño participa Sihara Nuño (México, 1986) para quien las palabras son embriones que colonizan el centro de todo. En su quehacer, integra poemas en revistas y antologías y las entregas Poemas para leer después de un tiempo (2009), Los cerdos también sonríen (2016), Los monstruos se disfrazan de flor (2016), La casa que nos habita (2017) y los dos quehaceres más recientes, que se yuxtaponen de forma natural, Hipopotomonstrosesquipedaliofobia (2017) y Anatomía (2018). Ambas conforman un tramo indagatorio continuista, que justifica esta perspectiva crítica, como si pertenecieran a un mismo segmento escritural.
 La poeta sabe que el desconcertante título Hipopotomonstrosesquipedaliofobia busca una clarificación urgente. Alude al síndrome que sufren los que cultivan un miedo irracional a las palabras largas, técnicas o impronunciables. Así que el libro sería una estrategia, con mucho de catarsis, para regular la ansiedad, confrontar fobias y liberar los miedos. De este modo la escritura trazaría una senda necesaria para buscar en la subjetividad armonía y salud. Los poemas refuerzan una poética lúcida que adquiere en sus planteamientos la racionalidad del ensayo y el empeño por hilvanar un discurso comprensible y objetivista. El poema postula en su dicción exactitud técnica; plantea renovar la expresión incorporando términos científicos que abren nuevos procesos cognitivos.
  Las composiciones plantean indagaciones del yo en las que el cuerpo se convierte en un espacio conjetural. Se verbaliza la percepción del desgaste, los elementos de la finitud, la enfermedad con sus rincones sombríos de trastornos y patologías. La voz poética es consciente de la putrefacción del ser, del desorden crónico de la fisiología y su ronco rumor entre las células. Son las voces desapacibles del miedo a vivir, ese glosario con diccionario de urgencia, un refugio capaz de poner lindes entre el cuerpo y el ser, estableciendo entre las dos identidades puentes de convivencia. Eso es automedicarse: “Buscar la salvación cuando nada nos libera”.
   Escribió Wallace Steven: “El pensamiento es una infección. / En el caso de ciertos pensamientos, / se convierte en una epidemia”. Dejo aquí los versos porque justifican la sensación de que Anatomía preserva el clima escritural y no estrangula el acercamiento al cuerpo como propuesta semántica. De esa contingencia parte Luisa Etxenique al abordar el prólogo; la biología corporal es el epitelio del poema. Las palabras definen el cuerpo, su causalidad, su modo de trascender la textura sensible para llegar a la emoción y el pensamiento, para abrir senda desde la célula al organismo que hace de la poesía su materia nutricia. El magma físico, desde Hipócrates y Galeno, impulsa un sondeo demorado y una nueva formulación expresiva. Es un reconocimiento a la desnudez. Una introducción en el caos que madura hacia adentro con una pulsión expansiva; que hace de cada parte biológica un código cifrado que es necesario resolver: “Comprendí sin saber qué pero comprendí, / aprecié el valor de sudar algunos llantos, de saberme lluvia y carne, / lluvia humanizada / lluvia aspirando a ser el ciclo del agua, / como si pudiera evaporizarme, / como si la liberación del dolor en realidad nos liberara.”
  La propia anatomía  exige un bosquejo objetivo y distanciado, un dibujo mental que borra lo descriptivo para que afloren en libertad intuiciones “palpando paredes que no existen” y salgan a la luz dimensiones ocultas”
   Sihara Nuño amplía el concepto de poesía como herramienta comunicativa hacia una conciencia abierta del lenguaje. Incide en la veta experimental del muro léxico y en su apertura a la posibilidad. Sus versos exponen entrelazados que aglutinan dicción renovada, textura emotiva y una sensibilidad argumental marcada por lo biográfico como núcleo irradiador. No descuida, sin embargo, mecanismos internos para velar lo personal, aunque esta clave parezca contradictoria o paradójica. las palabras abren puertas para acercarse a las raíces más oscuras de la identidad, a dejar en sus versos el tacto vivo de una subjetividad porosa, la grafía del cuerpo.



jueves, 17 de enero de 2019

GLORIA DÍEZ. FE DE VIDA

Gloria Díez
Fotografía de
Manu Ridocci


Entrevista con GLORIA DÍEZ

Hace unas semanas asistí a una lectura poética de Gloria Díez (Asturias, 1949). Percibí en ese evento en la Biblioteca Mario Vargas Llosa una sensibilidad aguda y el escribir a trasmano de quien sabe que el tiempo rescata la palabra exacta, que hay que moverse con lucidez y pasión, sin más brújula que ser coherente con la propia obra. Me acerco de nuevo a la poeta y periodista para abordar su itinerario lírico, un dominio abierto que sigue caminando.


   Su andadura comienza a principios de los años ochenta con Mujer de aire, mujer de agua (Rialp, 1982). ¿Qué supuso publicar en una colección tan emblemática?

Fue un regalo del destino. Y vino de la mano de Luis Jiménez Martos. Yo escribo desde los catorce años. Cuando Jiménez Martos me “descubrió”, tenía ya cinco libros “en el cajón”. Lo que ocurre es que estaba en un momento de pujanza profesional. Y el periodismo activo puede ser arrollador.


El silencio posterior convirtió la escritura en espera. ¿Fueron incompatibles quehacer laboral y taller literario?

Mi silencio solo fue hacia el exterior. No tenía tiempo para frecuentar los ambientes literarios, para unirme a lo que entonces se llamaba irónicamente “una cuadra”, en alusión a los hipódromos, pero la poesía es mi forma de entender el mundo, literalmente, y a eso no se le puede poner freno. Seguí escribiendo. ¿Cómo podría no hacerlo?


Sin embargo, la poesía sigue fluyendo hasta componer una segunda estación, Dominio de la noche, trabajo ilustrado con los inquietantes grabados de Piranesi (1720-1778) cuya fantasía constructiva deja una sensación de enclaustramiento y desolación. ¿Son rasgos que la palabra poética de Dominio de la noche también asume?

Es una buena apreciación. Creo que eres una de las personas que mejor han entendido ese libro. Refleja mi particular “noche oscura”. Y en contra de lo que podría pensarse, creo que no es una etapa agradable, pero si la atraviesas…el grano que no cae en la tierra no puede florecer. Así están hechas las cosas. 


En el prólogo de Dominio de la noche Victoria Lafora habla de su poesía como una puerta abierta a la incertidumbre, como crónica de un tiempo de batallas perdidas…

Victoria Lafora es una extraordinaria compañera de profesión, una entrañable amiga, otro regalo de la vida…juntas vivimos momentos convulsos de este país, cuando cada día parecía que iba a ser el último, que todo podía venirse abajo. Se pueden perder batallas, y ganar otras “a los puntos”, pero yo nunca me entregué. Y ese fue mi triunfo.


A pesar de que el libro contiene las estrías del dolor también es evidente el esfuerzo regenerativo de una voluntad que intenta remontar vuelo. Qué hermosa definición del quehacer creador contienen estos versos: “Poesía, un farol diminuto / para cruzar abismos”

Eso es exacto. La poesía es luz en lo más profundo de la tempestad. Luz diminuta, reflejo de una intuición que no sirve para “entender” el paisaje completo, pero que te susurra “sigue”, “vive”.

  
 La eficacia estética de sus libros procede de una dicción cuidada e intimista. Son texturas también presenten en Inocente ceniza, tercera entrega, donde la elaboración lingüística es sobresaliente: musicalidad, dicción precisa…¿No cree que en la actualidad hay un desmesurado prosaísmo que se hace pasar como poesía?

Tengo un profundo respeto por la prosa poética y por la poesía llamada “prosaica”. Lo que me importa es que sea una escritura honesta, dispuesta a crecer. No es muy inteligente creer que has llegado a la meta cuando has recorrido los primeros cincuenta metros. Eso no te ayudará a seguir. 


Pese al título, los poemas de Inocente ceniza concluyen con un mensaje de esperanza; la ceniza no será ceniza sino vuelo, renacer, abono, sementera. ¿La poesía es también una manera de percibir rendijas de luz?

Para mí, la única manera de percibir esas rendijas, y la única manera de acercarse a ellas. Los “grandes” incluso se bañan en luz.



miércoles, 16 de enero de 2019

ANTONIO CRUZ ROMERO. UNA HABITACIÓN DE HOSPITAL CON VISTAS AL MAR

Una habitación de hospital con vistas al mar
Antonio Cruz Romero
Letras Cascabeleras, Poesía
Cáceres, 2018


LA HERIDA DE VIVIR


   Siempre asocio el nombre de Antonio Cruz Romero (María, Almería, 1978) con la traducción al castellano de la última poesía neerlandesa, un espacio lingüístico casi silenciado por completo en la cartografía literaria del presente, resignado a convertir al inglés en el cauce renovador de la lírica. Pero el traductor almeriense personifica un quehacer marcado por la diversidad: es autor de relatos, novelista, antólogo y editor, aunque el rasgo esencial de su perfil creador es la poesía. Retorna al género con la entrega Una habitación de hospital con vistas al mar, un aserto explícito que convierte el mar en paradójico horizonte del dolor.
   Algunos lectores recordarán el cuerpo de afinidades entre el joven poeta y el profesor Hilario Barrero, que aporta al libro la ilustración de cubierta y algunas imágenes interiores. Entre ambos nombres se ha establecido en el tiempo una senda común que integra publicaciones, traducción –y recuerdo aquí La esperanza es una cosa con alas, compilación poética de Emily Dickinson, editada y traducida al castellano al castellano por Hilario Barrero- y aportes de inéditos en las respectivas revistas. En fin, que ambos poetas han establecido un jubiloso viaje de amistad y poesía, una contingencia emotiva que vuelve a constatarse al integrar el nombre del escritor toledano en el pórtico de citas, del que también forman parte Hugo Claus y el conocidísimo principio aforístico de Wittgenstein: “Los límites del lenguaje son los límites de mi mundo”.
 La poesía de Antonio Cruz tiene desde su inicio un sesgo narrativo, con un fuerte sustrato biográfico. El canto elegíaco está marcado por la desesperanza, como si el sujeto verbal tomase conciencia de que se ha cumplido en la identidad un ciclo de erosión, en el que muestran las desapacibles mutaciones. Ser es abrir la puerta a la incertidumbre. El dolor coloniza el espacio existencial. Es un largo pasillo cuyas paredes expanden humedad y silencio. Huele a convalecencia y enfermedad y marca una fecha en el calendario, casi real en su precisión crítica: 25 de enero, como si fuese necesario recordar cuándo la cirugía se instaló en el corazón sentimental para reiterar en cada latido el significado del otro, el dolor compartido, la inquietud.
   El verso se despoja de utillería léxica, para convertirse en la palabra de una crónica fría. Como en los poemas desolados de Karmelo C. Iribarren o en los fragmentos mínimos de Chantal Maillard, dos referentes coetáneos que enuncia el mismo personaje al dar fe de vida de su tácita soledad. Se ha acostumbrado a leer el desapacible idioma de la herida: sus efluvios, el trazado aleatorio de la cicatriz, la invisible convulsión de las células. La densa lluvia va dejando paso a un cielo abierto, a una contemplación más distante que poco a poco convierte al olvido en epicentro y deja dentro un nuevo espacio para mirar la amanecida; la aurora trae un punto de luz al día siguiente, como si los sentidos necesitasen pasar página y prodigar contornos y formas nuevas: “La tarde camina en dirección opuesta al invierno, / como deseando alcanzar la primavera; / quizá por un camino equivocado; quizá solo el tiempo lo habrá de dilucidar. / Puede que ya todos estemos durmiendo”
  Como una larga meditación existencial en torno al tránsito y la desesperanza, la poesía de Antonio Cruz Romero alerta sobre la decrepitud que acecha cada recorrido existencial. Es un acto de introspección, con una fuerte apoyatura cultural, en el que el yo poético descubre su fragilidad, esa necesidad de construir el mundo desde la presencia del otro, de compartir el paso también en los naufragios y de abrir juntos la ventana al paisaje que deja el sustrato de los días, sabiendo que alzamos una minúscula estatura.
 Sin más: “Aquí solo somos / el insignificante zumbido de un insecto / que ilusos creemos imprescindible para volar”.      



martes, 15 de enero de 2019

ANTES DE LA TORMENTA

Marejada
(Florida, 2013)
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia


AFORISMOS A PIE DE MAR



En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.


La autobiografía convierte a otro en protagonista.


Los minimalistas dogmáticos pueden confundir un haiku con un cantar de gesta.


El agónico vocacional tiene una visión cabizbaja de la realidad inmediata.


Cerca del mar todo se borra, salvo el silencio roto y el efecto emocional de la contemplación.


Contra los insectos utiliza el reproche  didáctico.


No siempre fue pasado e invisible.


La conciencia egoísta piensa que un cielo menesteroso cobija a los demás.


El insomnio acumula ruidos con cautelosa paciencia.


Las falsas verdades dejan ruinas que se veneran largo tiempo.


Cuando despierto regreso de un oasis que no existe; entre las manos tengo un puñado de arena.


A diario la realidad comparece con la piel sucia y agujeros en la suela de los zapatos.

(Mínima selección de autor)




lunes, 14 de enero de 2019

LOS LUNES INFINITOS

Amanecida
( Volver al día)
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia




EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES   

Mientras mis amigos los seres invisibles
                        crecen en número, crecen.

                                                             LUISA CASTRO                           


El arte de vivir los lunes
requiere cierta práctica y algo de teoría,
saber de estratagemas y confabulaciones
y adjetivar la prosa cotidiana
con una terca voluntad de estilo.
Incontables acechan
los peligros desde el primer café,
crecen cuando un olor
anuncia escuetamente la leche derramada,
se reproducen con duración de días laborables
y en guardia se mantienen,
tal seguros precintos,
entre los pasajeros del tren crepuscular
que nos devuelve a casa,
al reclamo del lecho hospitalario.
El arte de vivir los lunes
sobrevive y se esconde
en vacuas reflexiones como ésta:
nada es eterno, salvo un lunes.

                    
                                           (De Población activa, 1994)




domingo, 13 de enero de 2019

OXIGENACIÓN (Ventanas del diario)

Ventanas
(Madrid, 2019)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana



OXIGENACIÓN

Con quien no esté un poco cansado de todo
no vale la pena dialogar

NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA

Imagen interior que no se desvanece: las pupilas de mi padre guardaban dentro un sol apagado, una noche en continuo titubeo.

Hace unos años escribí este aforismo: “No están fuera ni dentro. No están”. Y estos días lo recordé por su precisa manera de definir esas presencias que guardan detrás de su sonrisa una extraña distancia. Nunca sé si son cercanía o lugar lejano, periferia o centro.

La revista ha crecido mucho y extrema ahora, según su director, el criterio selectivo de los colaboradores: solo Premios Cervantes o Premios Nobel. Los afluentes epigonales de Campoamor lo tiene duro. Yo, también.

Hay fotografías que no concuerdan con la realidad; ocultan seres deshabitados.

Escenarios visuales de Madrid donde pueblan aceras los zapatos gastados de mi soledad. Cuesta de Claudio Moyano, palacio de cristal del Retiro, calle Toledo, Plaza Mayor y Campo del Moro, el patio interior del Reina Sofía, templo de Debod,  calle Alcalá, parque del Oeste… Son marcos urbanos que comparten la melancolía del paseante. Sitios que hay que merecer. Muchos pasos son transitorios, carecen de entidad para perdurar; aunque yo sea un optimista y vea espejismos en los encuentros.

No se requiere una especial clarividencia para saber que la madurez reblandece cualquier tipo de avidez sexual, pero concede máxima solidez a la ternura.

Esa disparidad en la percepción del otro es una escuela abierta. Hoy aprendí que hay gente que percibe en una pregunta inocua un golpe que deja en coma. Insólito y clarificador para mañana: no hay más preguntas. Se cierra el turno.

Empleó años en ser un palimsepsto de la estupidez. Ahora personifica un dato empírico: no todos tenemos el cerebro en la cabeza.

Fauna doméstica; esa gente que entiende la amistad como echar  migas de pan a las carpas y barbos del Retiro.

(Oxigenación. Ventanas del diario)



sábado, 12 de enero de 2019

JOSÉ LUIS ZERÓN HUGUET. ESPACIO TRANSITORIO

Espacio transitorio
José Luis Zerón HuguetPrólogo de Jordi Doce
Huerga & Fierro Editores, Poesía,
Madrid, 2018


TIERRA FIRME

   El excelente liminar del poeta y traductor Jordi Doce, que abre las páginas de Espacio transitorio,  permite recordar la visión literaria de José Luis Zerón Huguet (Orihuela, 1965), con quien cobró peso una de las aventuras literarias más duraderas de los años noventa: la revista literaria Empireuma. Sobre el afán poético escribe Doce: “La contemplación obsesiva de este mundo conlleva un grado de extrañeza –de extrañamiento- que nos permite tomar conciencia del tejido complejísimo y a la vez coherente de la realidad, con sus luces y sus sombras, su juego de contrarios, su infinito juego de espejos”.
  De este empeño de búsqueda y desciframiento nace la poesía de Espacio transitorio, denso poemario que integra tres secciones con una textura similar. El primer tramo, “La canción del tránsito” marca su epifanía con un referente cultural de la tradición judeocristiana: Lot. Es nombre que adquiere una notable carga simbólica; la identidad del sujeto contiene en su estar un afán de búsqueda y exploración, una tendencia existencial a borrar el sedentarismo para habitar otras geografías al paso, aunque es necesario no mirar atrás y hacer del tiempo un presente continuo, también en la carencia. De esta forma fluyen las composiciones con un claro enfoque narrativo. Los enunciados poéticos visualizan distintos protagonistas cuya contingencia siempre coincide en compartir las contradicciones de lo real, ese espacio inexplorado que codifican a menudo el miedo y la incertidumbre. Pero allí también está la tierra firme, un territorio de esperanza que alberga claridad y distancia.
  El tramo central del poemario “Extravíos” añade al hilo argumental el paso de los otros, esas presencias que dejan sombra en el imaginario social y que afirman en sus itinerarios sensaciones contradictorias que obligan al yo a aceptar lo gregario o a disentir en las sendas abiertas porque son con frecuencia distancias ilusorias, pasos que caminan hacia ninguna parte. Sobresale en este apartado el poema “La niña de Sebrenica” que sobrecoge por su mirada social y por ese enfoque del superviviente que quiere olvidar lo que ya forma parte irremediable de su identidad; aceptar la derrota es exigir a la conciencia la asunción de la culpa y el miedo, abrir los ojos al sinsentido de seguir a pesar del odio, la infamia y la muerte, con los ojos ateridos de frío. Ese desamparo por los sueños rotos, que siembra el tacto ártico de tantas geografías, está presente en otras composiciones como la inspirada por los niños asesinados en Hula (Siria). En ellas el miedo se convierte en cercanía y sombra, en ese monstruo que quiebra el sosiego y que provoca la disolución de cualquier esperanza, que hace de la memoria opresión y derrumbe.
  Esa palabra angustiada deja sitio en “Adhesiones” a una voz de amanecida que abre sus sentidos a la luz. Es el propósito de firmar una tregua con la memoria, de hacer de lo cotidiano casi un espejismo de salvación, aunque el muro siga en pie, opaco y clausurando la esperanza,  la voz sabe que solo es libre “aquel que rompe el espejo donde se mira exhausto”, que supera el feroz aprendizaje de la tristeza en pos de una estela más propicia para seguir en ruta.
  El poema “Réquiem” clausura esta entrega de José Zerón Huguet con una voz versicular que postula la visión de un paraíso perdido, que deja en lo diario una sensación de derrota y fracaso, de ocupar un espacio transitorio. Siente la palabra como una estrategia defensiva, como un refugio contra el tiempo. Al cabo: “El mundo mendiga conocimiento y un lenguaje para sobrevivir a la imperfecta belleza de la discordia”.



viernes, 11 de enero de 2019

SÍNDROME DE LA TINTA

Sombras en la pared
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia

SÍNDROME

Manifestación objetivable, el examen físico
Indicios de un síndrome

SIHARA NUÑO

Esa afección
que me quema por dentro
es el poema.




        




jueves, 10 de enero de 2019

ALBERTO ÁVILA MORALES. ATENTAMENTE VUESTRO

Atentamente vuestro
Alberto Ávila Morales
Ediciones Libros del Mississippi
Madrid, 2019


LA MANO DEL TIEMPO

   La personalidad creadora del madrileño Alberto Ávila Morales mantiene en el tiempo un quehacer plural. Aglutina un largo trayecto de cantautor, con hitos personales como la participación en el escenario sonoro del festival de Benidorm de 1980, en el que consiguió el Premio a la Mejor Letra de Canción y un papel muy actIvo en homenajes, como el promovido por el Ateneo de Madrid a la figura de Miguel Hernández, en el centenario. El cauce poético integra las entregas Para Isabel. Gritos de amor contra el alzhéimer (2011), La muerte de Dios (2015) y Del Humor al Amor, al Horror (2016). Son estelas que proyectan una voz directa, con fuerte acento coloquial, que identifica en el ejercicio literario la textura sentimental del sujeto poético. La poesía evoca un recorrido existencial, sortea sombras en sus afectos e ilusiones; y no olvida los efectos de las duras circunstancias biográficas de la enfermedad, claro condicionante de su primera entrega, que se convierte en un grito desesperado contra la impotencia y el derrumbre mental, sumido en el silencio tenaz de la memoria..
  La última labor literaria del escritor se integra en el recién nacido catálogo de Libros del Mississippi, un sello coordinado por Antonio  Benicio Huerga, quien tras muchos años de quehacer editorial en la imprescindible Huerga & Fierro, continúa el rastro de sus progenitores de forma independiente, alentado poesía y narrativa breve.
  El aserto Atentamente vuestro se apropia de la forma adverbial para recordar la mente despierta, el afán de mantenerse en vela frente a las sensaciones cotidianas y el sentido solidario, no exento de ironía, de formar parte de un estado social que habita el hombro con hombro de lo colectivo. Una nota de autor advierte que los textos no eluden las connotaciones personales. El poemario es un aviso para navegantes; todos estamos en el último viaje, somos inocente ceniza que aventará el viento del olvido, así que conviene advertir que en nuestras manos solo se contiene el billete de ida, y es bueno caminar en compañía.
  En los poemas emerge una escritura incisiva e irónica que, tras un aparente confesionalismo, hace un balance despojado de trascendencia. Habitamos una realidad anodina, alzada con materiales humildes. Vivir es ir sumando pasos y propósitos, muchas veces baldíos. Leemos en el poema “Lo que me queda por hacer”: “Comerme una excusa. / Diez improperios. / Multiplicar por uno  lo que me dieron, / por diez lo que me quitaron. / Gritar en silencio. / Asentir a voz en grito / y poner el reloj de la vida a menos cuarto. “
  El libro desenvuelve un hilo argumental compartido: el sustrato existencial. En él se dibujan los trazos de un yo poético que, recordando las páginas autobiográficas de Pablo Neruda, confiesa que ha vivido. Las palabras conforman un largo soliloquio fragmentado en el que predomina la sombra del vacío. La realidad decepciona; la calma que forma la inercia de lo cotidiano es solo el umbral que aguarda la tormenta. La expresión prosaica da voz al caos organizado de lo doméstico, a los azarosos relieves que encuentra quien pone los pies sobre el suelo. Del poema que da título al libro proceden estos versos: "Inspiro levemente y como puedo / ese aire tal vez emponzoñado / de aquellos que a mi lado subyacentes / lo espiraron sin saber del todo “  En el poema se oye el murmullo mental desnudo de quien es consciente de ser  una pieza de barro cuya fragilidad busca un refugio contra el tiempo.
   Tras dos años silencio aparece Atentamente vuestro, cuarta salida del quehacer escritural de Alberto Ávila Morales. Reanuda tarea con un verso reflexivo, sin digresiones, con frecuencia impregnado de una austera tristeza que recuerda las cosas diluidas en la memoria, que asume con entereza y lucidez el limitado sustrato del discurrir. Caligrafía intimista para la acera gris que abre una estrecha calle sin salida.


miércoles, 9 de enero de 2019

OJO SIN FONDO

Ciudad sin nadie
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia



OJO SIN FONDO

Todo se precipita en un ojo sin fondo

OCTAVIO PAZ

Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

(De Cuentos diminutos)




martes, 8 de enero de 2019

DIAS DE SIEMBRA

Viento fuerte
(Daytona, Florida, 2013)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


DÍAS DE SIEMBRA

                                                 Para Antonio Benicio Huerga

El viento empuja
una semilla frágil.
Lejos, el árbol.



lunes, 7 de enero de 2019

PAULA GIGLIO. LA RISA LOCA DE LOS ÁNGELES

La risa loca de los ángeles
Paula Giglio
I Premio centrifugados de poesía joven
Ediciones Liliputienses
Cáceres, 2018


DESDE LEJOS


    La primera convocatoria del Premio Centrifugados de Poesía Joven deja en el entorno literario hispano una voz nueva, Paula Giglio (Córdoba, Argentina, 1988), Licenciada en Filosofía por la Universidad de Córdoba, es autora de los libros de poesía Ella, naturaleza (2012), En el cuerpo (2016) y Un lugar para mis piernas largas (2018) y en 2017 fue seleccionada para participar en la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires. También tuvo un papel activo en la trigésimo tercera edición del Festival de Poesía de Trois-Rivières (Canadá). No es, por tanto, una desconocida en la geografía expandida del poema, aunque viene bien que se incorpore a la colección de poesía de Centrifugados que, desde hace años, es insistente ventana frente al cambio de estaciones del paisaje latinoamericano y sus distintas tonalidades.
  En el prólogo “Hoy llueve sobre el mundo”, Robin Myers traza unas notas breves sobre el perfil de Paula Giglio, a partir de la arquitectura argumental de La risa loca de los ángeles. El poema se enfrenta sin más a una historia de amor desde lejos, cuyos polos orbitales son Buenos Aires y París; y en esa cartografía amorosa “la capacidad admirable de quedarse con lo irresuelto y defenderlo” para saber dónde y ser conscientes del lugar de acogida.
  El apartado “Correspondencia” opta por la voz directa, testimonial, que abre la palabra a las sensaciones y al rumor discontinuo de la evocación. Para la soledad, el recuerdo es un monolito que da forma al otro. Sin el rastro difuso de quien se fue, las cosas pasan porque pasan, como esos repuntes de la fisiología que justifican la tos o que conforman un ecosistema personal hecho de hábitos rutinarios. La soledad es una forma de habitar la extrañeza, ese clima que difunde en las horas su dureza invernal, que convierte una carta o una llamada telefónica en una revelación que hace soportable cualquier espera.
  Las cartas proyectan hacia afuera la voz y la palabra del otro; desde París las sensaciones conllevan además de la lejanía, esa necesidad de adaptarse a otro paisaje humano, a otro ritmo vital, a otro espacio humilde que tiene las goteras del desarraigo. En ese estar trasterrado nada es pertenencia, todo invita a eexplorar la conciencia y a buscar calles transitables, al borde  del frío.
   Paris es un arquetipo urbano, una ciudad que más allá de su morfología urbana, ha creado una textura sentimental que ha crecido en canciones y poemas. Así, el apartado “Bitácora” se abre con una invitación al viaje, un verso de Joan Margarit: “Esa parte de nosotros que permanecerá siempre en París”. Es tiempo del reencuentro y de descubrir la ciudad como protagonista principal y escenario sentimental del abrazo. Y allí viaja ella para sortear cualquier espejismo con el paso tangible de los lugares de la memoria, siempre proclives a comparar ambos espacios.
   Los poemas de Paula Giglio trasmiten una convicción de naturalidad, tienen una textura intimista, son “delgados desdoblamientos sobre la página” en la que el lenguaje no busca adornos ornamentales ni la ampulosidad de lo gratuito. Entre el presente y la evocación, comparten la sed emocional de la identidad  para disipar la niebla del yo solitario y dejar en el curso manso de lo real algunas cualidades oníricas, los valores explícítos que hacen del amor el núcleo básico de la identidad.  



domingo, 6 de enero de 2019

DÍA DE REYES MAGOS

Espera
Fotografía de
Pinterest

SEIS DE ENERO

             Para Irene y Ana, siempre

Algo me dice que en los gestos de un niño,
poniendo entre la sombra sus zapatos
y unos vasos de agua
para apagar la sed de esperados viajeros
está toda mi vida.

Han pasado los años
y no sé de renuncias ni de claudicaciones:
jamás me fue posible vivir en otra casa
que no fuera tu sueño.

                   ( De Población activa, 1994)



sábado, 5 de enero de 2019

CONSTRUCCIÓN DEL YO

Crepusculo, río arriba
Fotografía de
Adela Sánchez Santana
 

CONSTRUCCIÓN DEL YO


Cuánto ridículo abarca la vista aérea del yo.

Habla de sí mismo con solvencia insólita, como si conociese la estructura nómada de las corrientes marinas, la temperatura interior de un volcán activo o la disolución exacta de la niebla.

Con la edad, el yo es un edificio de renta antigua; hay grietas visibles y parte de su estructura se ha venido abajo.

Publicidad monolítica; nunca cesa de anunciarse a sí mismo.

Inesperada aparición del otro. Suponía que era el único habitante de la galaxia, una identidad anfibia de Adán y Eva.

Silencio: estacionamiento subterráneo del yo.

(Entre sombras. Aforismos inéditos


viernes, 4 de enero de 2019

JULIO CÉSAR GALÁN. AHORA SÍ.

Ahora sí
Julio César Galán
Editorial Huesos de Jibia (HDJ)
Argentina, 2018



SELECCIÓN PROPIA


   Doctor en Ciencias de la Educación y profesor universitario con amplio quehacer docente, Julio César Galán (Cáceres, 1978), ensayista y poeta, alienta un trayecto lírico que hace de la experimentación norte de la escritura. Sus entregas, desde el poemario de amanecida Tres veces luz (2007) hasta el volumen Testigos de la utopía (2017), inciden en el ser magmático del lenguaje y en su capacidad para expandir estrategias formales y significados a partir del uso de recursos expresivos personales y de una heteronimia, que convierte el ser literario en un solista polifónico. Un ego proteico, capaz de acometer mutaciones identitarias que postulan singulares enfoques creadores y reflexivos.
   La selección Ahora sí permite adentrase en esta compleja trama creadora, mediante los poemas de cinco entregas ordenadas por fecha de salida editorial y representadas por composiciones de extensión variable. El crítico Antonio Ortega, siempre afín al magisterio decostructivista de Derrida y Barthes, aporta un texto de cubierta en el que expone su visual combativa respecto a la crítica tradicional, que para él no deja de ser una elemental interpretación programática y una tradición logocétrica; más allá de la infantil generalización que hace del bosque un ensamblaje de árboles iguales, deja dos o tres aseveraciones de interés: “se trata de mostrar las distintas vías de un poema en sus múltiples notas, versos excluidos, lecturas integradas, versiones, correcciones…”, contingencias que hablan del inacabamiento del poema y de la incierta realidad del mundo. Son dos ideas con vuelo, que deben constatarse a partir de la cribada selección de textos.
   El clima germinal de la antología se comenta con brevedad en la nota introductoria. En ella se contextualiza la retrospectiva que abarca un paréntesis de dos décadas, desde 1997 hasta 2017, y en el que se yuxtaponen seis entregas, aunque el paso inicial, El ocaso de la aurora, es considerado por el autor un trazado de tanteo, un aprendizaje reescrito parcialmente en la salida El primer día, por lo cual Tres veces luz, como se ha dicho, aparece como luz auroral.
  Los poemas iniciales siembran una sensibilidad evocativa e intimista. En su sencillez concentrada se perciben los reflejos de una entidad que humaniza las cosas y establece con ellas hacendosas correspondencias, que busca cobijo en sus fisuras para los desajustes del yo y confía en su recepción. En el estar del sujeto se hace fuerte el sentimiento crónico de irrealidad, un aprendizaje de las distancias que enseña a caminar, desde la constancia, hacia un horizonte lejano, sin la necesidad de mirar hacia atrás.   
  El segundo itinerario, Márgenes fue reconocido en 2012 con el Premio Villa de Cox. Las composiciones abren ventanas a un paréntesis existencial de tregua y mediodía. Es tiempo de mudanza, propicio al recuento y la rememoración, donde el vuelo sentimental mantiene su calma vertical que hace de la otredad paisaje franco; los versos son canto celebratorio, alba sin nieblas.
  El fluir como ejercicio de invención y alzada cobra fuerza en las composiciones de Inclinación al envés. Como si se abriese un nuevo ciclo, el poema aloja versos desechados y añade al pie de página apuntes digresivos que clarifican situaciones reflexivas. También aumenta el referente cultural, donde la lectura adquiere un carácter medular. El poema profundiza significados, como si velase claves, o el avance optara por desaprender y preguntarse de nuevo. Las palabras se borran para que sus significados se desvanezcan en la incertidumbre, como si la línea de horizonte abriese sus fisuras para alojar vacíos. Uno de esos vacíos es la enfermedad porque su impacto revierte la conciencia para dictar un tiempo de fragilidad y espera. Una nota (Página 49) habla de un centro poético construido desde la definición del horror, de ese descubrimiento en el cuerpo del tumor que hace recorrer en un instante la distancia entre joven y viejo, mientras queda patente que el dolor no enseña nada, salvo el miedo. Solo las palabras abrigan. Solo el poema.  
  En algunos momentos la textura que adquiere alguna nota a pie de página recuerda el quehacer de un diario. En su escritura se hilvanan fragmentos críticos, teselas metaliterarias o impresiones personales que clarifican la naturaleza del título; de este modo Inclinación al envés no es sino el empeño de fusionar en un punto de encuentro la sensación de estar dentro o fuera, la idea de hacer visible lo invisible, el trance de ser al mismo tiempo autor y protagonista del relato; en suma, el cauce paradójico de la escritura.
   Los poemas de El primer día recuperan textos antiguos y optan por la revisión y la reescritura para asumir sensaciones atemporales. La textura absorbente del pasado humedece el ahora y construye planos simultáneos. El verso es posibilidad, caligrafía subjetiva que deforma el sentido lógico para abordar itinerarios alternos, reconstruidos con el despliegue de elementos que convierten al poema en un espacio maleable, con pluralidad significativa.
 Una mirada abierta concede al título Testigos de la utopía una semántica de esperanza y cumplimiento. Con él cierra el singular proceso de su escritura Julio César Galán en torno a un núcleo básico, el viaje migratorio, una de las incisiones especulares de un tiempo arrumbado por los desajustes económicos y la aleatoria distribución del mercado laboral. De este modo el caminar hacia la lejanía se hace errancia y nomadismo obligatorio. El territorio se ocupa pero se acrecientan el desarraigo, la condición de extranjería y el estar solo, abocado a otro origen. Retornar es buscarse; del mismo modo, escribir el poema es tantear materiales para superar la contingencia, es fluir y alejarse de lo desechado, es crecer con otra savia que asciende sin cauces establecidos. 
   La poesía de Julio César Galán evidencia una cuidada elaboración en su propuesta formal, mantiene un singular sentido rítmico en el que se entrelazan el afán de ruptura y la tonalidad evocativa del discurso intimista. En Ahora sí se percibe el recorrido unitario, capaz de sumar tonalidades alternas que capturen la simetría emocional y el peso activo del lenguaje.
   La selección que acoge en su catálogo Huesos de Jibia enuncia la capacidad poética de Julio César Galán. Es una llamada a la disidencia de un lenguaje lineal, de esos trayectos acabados que no integran puntos de retorno. La antología reflexiona sobre las certezas existenciales y los claroscuros e imposiciones de un devenir que exige “hacer de la escritura poética un ejercicio de traducción”, una trasferencia de significados y significantes que hace de la posibilidad un proceso cumplido, un ahora sí.





jueves, 3 de enero de 2019

EN EL DORSO DEL JUEVES (Notas para un diario)

Aceras con voz
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia


                     EN EL DORSO DEL JUEVES

  Aunque desempeñe su labor comunicativa habitual,  o sea un asunto privado, la escritura  necesita el contexto previo, un encuadre correcto que no desfigure sus bordes. Sin él, la ternura se convierte en erotismo y el erotismo simula ser pornografía. Su comprensión requiere una mentalidad expandida. Los mensajes contienen percepciones de la realidad; sus palabras emergieron en un espacio y tiempo concretos.

 Valoro mucho la confianza, esa luz que oculta la niebla, esas gotas frescas que alejan la sed.

 El optimista es proclive a la grandilocuencia; cree que la amistad es fuerte como la raíz de una secuoya. Así que el ánimo sufre un terrible efecto erosivo cuando descubre que la reptante raíz es solo un hilo suelto, el mínimo temblor de una telaraña.

 El tiempo desvela una paciente labor de sondeo para alumbrar tramas y personajes que reconstruyen nuestras relaciones sociales. En ellas, la soledad camina por cualquier acera, como un joven con deportivos, introspectiva, elegíaca e intimista.

 El ahora se convierte en tiempo narrativo incierto. Soy una estela que pregunta en primera persona al despertar de la memoria por sus indicios sentimentales.

 Otros, esas aproximaciones esporádicas.

(Notas para un diario)




miércoles, 2 de enero de 2019

GEOGRAFÍA AÉREA

Equidistancias
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia

GEOGRAFÍA AÉREA

Mientras la noche se abre en las esquinas

FRANCISCA AGUIRRE


Los más reputados cartógrafos de A ubicaron el paraíso en B. Mientras, afamados estudiosos de B precisaban en A el exacto lugar del paraíso. En C se imponía la equidistancia; nunca hubo nociones geográficas unánimes: unos se inclinaban por describir sus formas en A, no faltaban los que insistían en señalar las coordenadas en B, y ganaba adeptos un tercer grupo que prefería no decantarse, porque alimentaban la sospecha de que el paraíso no está en ninguna parte.

(De Cuentos diminutos)





martes, 1 de enero de 2019

POR CAMINOS SIN NADIE

La buena compañía
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia



HACIA ÍTACA

                                                                    Pide que tu camino sea largo

                                                                                   Constantin Cavafis

Camino solo
por Ítacas sin nadie.
Siembro distancia.