miércoles, 16 de octubre de 2019

EDDA ARMAS. FRUTA HENDIDA

Fruta hendida
Edda Armas
Prólogo de María Ángeles Pérez López
Cubierta e imágenes interiores de Fernando Adam
Kalathos Ediciones
Madrid, 2019



APETITOS, RENUNCIAS


   La presencia de Edda Armas (Caracas, 1955) en el espacio lírico de Venezuela se define muy pronto, en 1975, cuando sale al día su primera cosecha Roto todo silencio. El libro aglutina casi cincuenta textos que enlazan aporte sensorial e indagación reflexiva. Así nacía un discurrir fecundo formado hasta el presente por dieciséis poemarios. Un cuerpo sólido que ha recibido notables reconocimientos y está representado en antologías como la imprescindible Rasgos comunes, poesía venezolana del siglo XX (Pre-Textos, 2019), con selección, prólogo y notas de Antonio López Ortega, Miguel Gomes y Gina Saraceni. En esa muestra se define un breve ideario de Edda Armas, psicóloga social, gestora de eventos culturales, profesora de talleres, editora, antóloga y poeta, y se apunta el giro de trayecto desde una expresión concisa hacia un ángulo de visión con mayor densidad narrativa.
  El camino personal integra en 2019 Fruta hendida, salida que cuenta con el prólogo “Si la memoria es una fruta y es un país” de María Ángeles Pérez López, poeta, profesora universitaria y directora del Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca. Edda Armas refuerza el carácter simbólico del título con un aforismo acogido entre las líneas iniciales: “escribe en el deseo de hilvanar lo esencial con memoria de espinas”. Con selecta dicción, el prólogo enuncia que Fruta hendida, cuya imagen de cubierta reproduce un hermoso bodegón de Fernando Adam, hace de las líneas del discurrir contenida materia de lenguaje. Lo real muda en lo inasible intacto; perdura, permanece, se asienta en los pliegues de la evocación como atinada valoración del instante. Al cabo, como escribe Sylvia Miranda en el poema “Arar”: “Toda fruta es una palabra”.
   En el apartado “Cuando evocar se hace fruta” el sujeto poético incide en el desgaste horizontal del tránsito, hecho anclaje de grietas y erosiones. Aún así, los elementos cercanos, con su textura heterogénea, asoman a la mirada del yo como terapias sensoriales capaces de alejar los fantasmas mudos del conformismo. Nunca son formas ornamentales. La belleza está ahí, tangible y transparente, mostrando al sol el hilo de la vida propicia a conjurar el infortunio. Los poemas no ocultan las derruidas paredes, pero tras las grietas del día perciben una hondura fértil en la que se cobija la esperanza. En el interior de las palabras nace un querer renacer, una energía etérea, como el pasar mudable de las nubes, donde adquieren fuerza brotes nuevos. Lo perdido retorna, compone dentro un paisaje interior, es una fruta hendida que contiene la pulpa vivencial de la experiencia y la claridad sensible del retorno. Esa sensación de patrimonio intacto abre los sentidos a una contemplación gozosa de frutos y aromas. Queda todavía mirar hacia adelante: “Las flores abiertas nunca secan”.
   La sección “Carbunclo de fructosa” integra una línea aclaratoria:”Seres que arrima la marea”. Es una clave iluminadora que advierte de quiénes son los protagonistas que habitan los poemas. Así, la composición “Mar de origen” alienta un homenaje al padre, el escritor Alfredo Armas Alfonzo, protagonista de un recorrido literario ejemplar. Se advierte de inmediato el impulso germinal en la vocación de Edda Armas, quien también se hace indagación en el poema a partir del nombre propio. Son compañía en el libro abierto de la memoria el recuerdo de Elizabeth Schön, la callada vigilia de árboles y pájaros en ese jardín umbrío que siembra los recuerdos de aromas familiares, o la arquitectura castellana de Salamanca. En ella, la piedra tallada grava, con terquedad, el sueño transitorio de monstruos, mitologías y personajes históricos. Retornan ecos de Fray Luis de León y Miguel de Unamuno; llegan hasta el ahora como sueños recurrentes y transitorios que a nadie pertenecen.
   A esa sucesión de perfiles se incorporan Francisco de Asís, Tamara del Jesús o Frida Kalho. Son voces que perseveran como fragmentos mínimos de otros días y que dejan su lección vital sobre lo desvaído, como si fuesen manos que sostienen y dan raíces a los días marcados por la desposesión.
   Como estación final del poemario, el apartado “Si fruta fuese país” expande una meditación sobre el dolor. La sensorial metáfora que enlaza fruta y país se resiste al derrame del gris sobre las cosas. Se perciben en el árbol familiar las raíces secas y crecen las ausencias. Es necesario sujetarse al vacío y encontrar casa en otra parte. Quien permanece, soporta el filo punzante de las despedidas o mira el caos con las pupilas de la infancia, en cuyo trasfondo duerme en silencio la conciencia carnal de la experiencia.
   Fruta hendida conforma un cuerpo tonal de colores y luz frente al abatimiento y la disgregación. Niega la desoladora contingencia de un tiempo de derrumbes para mirar una naturaleza esclarecida por la belleza y el conocimiento. Hace de la palabra un sentir vivo de canto y esperanza, de regresos que vuelcan su mirada en el cristal del tiempo.




martes, 15 de octubre de 2019

NEVADA

Alud en la ruta del Cares
Imagen de
Diario de León


NEVADA


  En la atroz ventisca, casi desfallecido, busco resguardo tras una roca. Frente a mí un espacio inclinado de blancura intensa, sin rasgos, sin marcas, sin huellas. Cierro los ojos largo tiempo, casi adormecido por el alud. Tarde, junto a mí aprieta su piel, densa, tangible, fría, un animal. Sigo con los ojos cerrados. No importa si es oso, perro, lobo o ciervo. Allí permanecemos uno al lado del otro mientras cae la noche y pasa la tormenta.
  La compañía es refugio, camino hacia el vacío, el acto salvador que nos anuda.


(De Cuentos diminutos)


domingo, 13 de octubre de 2019

JEAN PORTANTE. LA REINVENCIÓN DE LA SOMBRA

La reinvención de la sombra
Jean Portante
La Garúa Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2019



EL TEMBLOR DE LA PÉRDIDA


   El periplo creador de Jean Portante (Luxemburgo, 1950) da voz a un amplio despliegue que integra poesía, novela, traducción y colaboraciones habituales en medios de comunicación. Sospecho que ese activo abanico literario se cimenta en una pulsión afín, que actúa como catalizadora: la escritura es el cuaderno blanco de un nómada; una forma de mirar la realidad y de dejar memoria de sujetos, paisajes y sucesos. Eso justifica de entrada la dedicatoria de La reinvención de la sombra al pueblo de san Demetrio, el municipio italiano donde vivieron sus padres, destruido por un terremoto en los primeros días de abril de 2009.
 La escritura del volumen se ordena en seis tramos heterogéneos, tanto en su línea argumental como en su formato expresivo. El primero, “Lo que adviene o no adviene” aborda el papel de testigo desde el trazo objetivo. Incide en el estar como pautada contemplación que ayuda a saber quiénes son los demás y quién es ese intruso que habita en nuestros espejos. Hay que percibir para abrazar indicios y abrir grietas por donde se deslicen las palabras. Para dejar testimonio de la destrucción y el vacío. Esa visión entornal describe la sombra y la desposesión como indicios callados del misterio. En un instante llegó la incertidumbre como larga noche que tendió sobre las cosas su oscuridad más densa. La conmoción del temblor traza una línea firme entre la vida y la finitud. Se hace espanto en el que desaparece la semilla del tiempo. Nada permanece en su sitio, solo el propósito de un destino cumplido que condena a la nada o al exilio.
   La destrucción enciende la necesidad de partir, hay que dejar la casa para buscar el sur, un refugio ajeno cuyos contornos nunca se definen. Desde ese enfoque nacen las composiciones de “El fabricante de sur”. Más intimista, la palabra focaliza los pasos de una presencia en el túnel, empeñado en un quehacer obsesivo y tenaz. Los versos reiteran, como mantras, la oración del inicio: “Cae una hoja y se diría…” El estar es búsqueda, indagación en lo temporal, esfuerzo para bucear entre las sombras. La respiración desvela por qué el aire es una lluvia de cenizas y muerte; de manchas que borran el azul del cielo. La hoja se convierte en permanente símbolo de la caída, en invierno, en tacto frío que no sabe encontrar el porqué.  Como si la vida se retractara de lo luminoso, las voces se cobijan en un espacio interior. Lo que permanece fuera ya es pasado, un antes del temblor que solo respira en la memoria. Solo así se concibe el jardín, solo así retornan los brotes nuevos y el olor y las formas. El presente niega la inocencia, tose con el rencor de quien solo tiene entre las manos el rastro de algún sueño. Los días contienen esos instantes en los que el sujeto descubre los restos de otra existencia, como quien abre un cajón y se recrea contemplando viejas fotografías. Son el patrimonio afectivo de otra época, cada vez más insólita y lejana, como un rumor oscuro que se va apagando en el callado círculo del día.
   No hay en “Los errores de la luz” un cambio temático, pero sí un cuidado mayor en la distribución estrófica. Todos los poemas integrados en este conjunto presentan la misma disposición versal. Perdura el sur como espacio mítico y celebratorio frente a la parquedad visual del lugar de la pérdida. Son los espacios tallados por la luz contrapuestos a los linderos ocres de la sombra y a sus calles repletas de extrañeza.
   El cauce de La reinvención de la sombra integra en su tramo final el despojado estilo de la crónica. Las composiciones se convierten en fragmentos de un diario que ubica los pasos nefastos de la catástrofe. Retornan los lugares del terremoto y sus efectos, y esa impotencia de quien sabe que el lugar de la infancia, tan repleto de destellos vivenciales, quedará para siempre sepultado bajo los escombros: “El terremoto ha quebrado mis raíces. / ¿Cómo vivir con tantas raíces en ruinas?”
   Conviven en las secciones del libro las traducciones de Jorge Miralles, Víctor Rodríguez Núñez, Carlos Clementson, José Reyes de la Rosa, Antonio R. López, Suzana Cella, José Reyes y José María Olguera. Todos ellos convierten las versiones al castellano no en meros ejercicios de literalidad expresiva sino en secuencias básicas de una historia que enlaza belleza y destrucción. Como en un ejercicio de desposesión que fragmenta y anula hasta definir la nada, el devenir se convierte en un catálogo de imágenes que lastra los sentidos de impotencia.
   Más que la reconstrucción de un evento trágico desde la mirada de un poeta, La reinvención de la sombra da voz a la pérdida de un espacio interior. Los poemas confrontar el largo instante de la epifanía y el asombro con la nube negra de la finitud. Las palabras rehúyen la divagación para sentirse asideros de lo que permanece. Para vibrar de nuevo con la quietud de una semilla que aguarda en la mañana, significante, activa, fuerte, otra amanecida.

 

viernes, 11 de octubre de 2019

CARENCIAS FÍSICAS

Caballo de Troya
Fotografía
de
Internet



CARENCIAS FÍSICAS

Haber nacido me arruinó la salud

CLARICE LISPECTOR

  Mi ausencia de sentido del humor se incrementa cuando aparecen algunas carencias físicas como la otitis; la pérdida auditiva transforma voces y ecos en veces y ocas, una alternativa verbal que no oculta la magia del relato.

   Hay sueños que estremecen por su voluntad de personalizarse en cuerpos concretos. Nacen desde la urgencia y recorren distancias entre la realidad y el deseo con el paso eficaz de quien no teme nieves ni humedades.

   Cuando discuto conmigo, me cuesta refutar mis argumentaciones.

   Esa precisión matemática de internet que contabiliza con exactitud el número de amigos, que me pregunta qué estoy pensando y que avisa, con paquetería de urgencia, quién cumple años, me deja entre las manos la certeza de que caminamos hacia un mundo feliz, hacia esa sociedad tecnológica hecha de exactitud donde vivir es lo de menos, pura contingencia.

   Comienzo hoy una etapa de colaboración literaria con una revista mexicana de hermoso diseño. Debo trazar un camino poético de voces relevantes. Es uno de esos encargos que sumergen en la claridad de la alegría. El ahora contiene muchos y buenos poetas, amigos y maestros.

   La salud ignora su naturaleza de paréntesis; es una funambulista sobre un cable sin red.

(Apuntes para el diario)



jueves, 10 de octubre de 2019

OTOÑO. VOCES Y ÁMBITOS

La brisa de la tarde
(Ávila, 2019)
Imagen
de
Adela Sánchez Santana



OTOÑO, VOCES Y ÁMBITOS

Si la brisa de la tarde
serenó luego los ánimos

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

   Concluyen dos semanas de insólita intensidad social y arranca otra forma de medir el tiempo con la mirada abierta al estar solo. Un discurrir propicio a descubrir voces y ámbitos en la callada quietud de la lectura, como enunciaba aquella primera novela de un jovencísimo Truman Capote.
   Abro fechas de entrega a trabajos pendientes y selecciono los libros finalistas de un concurso literario; trazo otros caminos que irán tomado asiento en este blog, cuando desplieguen sus ángulos ante los sentidos curiosos de quien busca conocer.
   Todo espacio vital se amplía en otros y nadie queda fuera de esa sensación de vecindad que impulsa a descubrir. Para enaltecer lo propio con conocimiento de causa es necesario frecuentar lo ajeno. Cada viaje por el conocimiento permite contrastar detalles y ambientes, deja que lo percibido muestre afinidades y diferencias. Un cambio de horizonte aloja elementos nuevos con los que la realidad se completa a sí misma. La posibilidad del encuentro busca una implicación directa. No quiero ser el testigo que mira acontecimientos a la distancia justa para que las emociones no se sobresalten. Pienso, como defendieron los románticos en su literatura, que cada paisaje no es más que la apariencia exacta de un estado de ánimo.
  Como en el entreacto del teatro, no acaba aquí la historia; recupero aliento y vuelvo a casa, a la mesa repleta de libros por leer, al silencio auroral de la poesía, a las cosas de siempre.

(Páginas del diario)

  

miércoles, 9 de octubre de 2019

VERÓNICA JAFFÉ. DE LA METÁFORA, FLUIDA

De la metáfora, fluida
Verónica Jaffé
Prólogo de  Igor Barreto
Edición de
Marina Gasparini Lagrange
Visor Libros / Fundación para la Cultura Urbana
Madrid, 2019 


PLUMA, CLARIDAD Y BLANCO


   La muy aconsejable lectura de poetas venezolanos contemporáneos fortalece la creencia de que el mapa lírico actual es una geografía creadora extensa, definida por su riqueza y diversidad. Entre las sendas más fuertes no existe un sustrato monolítico ni unitario sino un litoral abierto en el que cada escritor completa singladura con los propios interrogantes.
   Verónica Jaffé (Caracas, 1957) encarna un yo biográfico que articula un quehacer muy activo. Licenciada en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello, estudió Literatura Alemana y ha ejercido largo tiempo como docente e investigadora. Así mismo, dirigió revistas literarias y ha firmado un amplio trabajo ensayístico. Su cauce poético tiene su epifanía en 1991 con El arte de la pérdida y se prolonga con las entregas El largo viaje a casa (1994), La versión de Ismena (2000) y Sobre traducciones. Poemas 2000-2008 (2010) que aglutina aportaciones al espacio verbal de obras plásticas.
  Como traductora impulsa ediciones bilingües de Gottfried Benn, Else Lasker Schüler y sobre todo de Hölderlin, de quien versionó Cantos hespéricos (2016) en una bellísima edición enriquecida con imágenes. El prólogo del poeta Igor Barreto apela al magisterio crucial que Hölderlin ejerce en el ideario estético de Verónica Jaffé, “una poeta daimónica porque es dueña de una voz interior de sabiduría natural, no preceptiva”. Igor Barreto acerca también la sobrecarga tensional de una experiencia de indagación marcada por el exilio. No resultas ajeno a esta mirada el anquilosamiento en el devenir histórico de Venezuela de un poder autoritario, confrontado con la libertad individual y responsable de un larga incisión de la convivencia. No es una poesía de la denuncia sino el magma interior de una sensibilidad angustiada que hace del lenguaje instrumento conciliador y estrategia cognitiva de iluminación.
   Los apartados del libro se organizan con un criterio temporal. Los más tempranos corresponden a 2009 y muestran en su despertar un destello irónico, visible en los versos de “Poema, caracol”, composición con un cierre ético conclusivo: todos portamos caparazones en nuestra identidad, a veces como refugio y otras como necesarias excusas para resguardar contradicciones y conflictos internos.
   En otros poemas se oye la memoria. Deja sus sílabas entre el sueño y el despertar para recalcar la indefensión del sujeto frente a la intemperie, esa soledad del estar con las palabras y con la necesidad de decir. En este tramo expresivo, Verónica Jaffé da al título de cada texto una función semántica, bien como fragmento del verso de apertura, o como señal para abordar el sentido implícito en el cauce argumental.
  Como cierre de este primer apartado temporal la escritora apunta una poética de la levedad: “Después pensé que la poesía / era para lo pequeño / (y no sólo por las / aliteraciones). “. El sujeto verbal, frente al desaforado optimismo de los que suponen en el verbo poético una denuncia, una vía de superación o una catarsis sentimental, reconoce la humildad del lenguaje, su estar confinado en la estrechura para sumar recuerdos y palabras. Sin más “levedad y ocasión / de pluma y claridad / y blanco”.
   El arranque del conjunto “2010” parece dar voz a lo colectivo; Caracas se define como ciudad del miedo y el yo subjetivo comparte su estar angustiado con el malestar cívico de los que sienten alrededor el vacío y la ausencia. Pero el poema no es grito prosaico sino exploración y, por tanto, los versos siguen con sus juegos fónicos e imágenes.
   Resalta en el apartado un homenaje a Paul Celan y a las circunstancias trágicas de su muerte, de las que parte la reflexión sobre la condición de extranjero. Quien respira el oxígeno de otra lengua y otro país se adentra en un hábitat de extrañeza, donde  resulta complejo la definición del pensamiento subjetivo en el decurso circunstancial.
   La reflexión sobre el proceso indagatorio de la traducción y sus efectos es un tema que cobra relevancia en poemas. En ellos, el fluir es un principio básico. No se trata de volver a la fuente sino de explorar dónde concluye, qué arrastra, cuándo cambia de dirección. Sobre esta metáfora del fluir, la traducción alza sus cimientos para hacer del blanco y lo eventual una cala en lo perdurable.
   Resalta en De la metáfora, fluida la cobertura temática. En el conjunto “2011” volvemos a encontrar un pacto verbal entre lo sublime y lo pequeño. La contemplación elogia, como en Hannah Arendt, el paso contingente de la belleza, pero también vuelve los ojos hacia el legado histórico para buscar las consecuencias de los fundamentalismos revolucionarios que hacen de las ideas una oscuridad abrumadora y una incitación común al desvarío, que solo aporta una grafía estremecida del rencor de la que tampoco el verso sale ileso. También lo diario siembra una sensación de fragilidad y pérdida, un discurso temporal en el que los años se van sucediendo; son secciones de un libro de interrogaciones que deben traducirse como complejos textos, a veces sin sentido.
   Son abundantes las composiciones que bucean, no de una manera dogmática sino como un tema de indagación que exige un desvelo de la voluntad, la razón del poema. El quehacer metaliterario se aborda mediante símbolos, se hace causa y camino de la lógica, se recupera como fragmentos dispersos que hacen de la lógica un misterio abierto. Se compara el poema con el país, como dos realidades cercanas y aleatorias que comparten una geografía apenas legible: “De la metáfora, fluida / forma: esas gotas / y la forma / informe. / Que la forma / da la meta / y la meta / la forma”.
   La propuesta poética de Verónica Jaffé nace desde la inconformidad. A veces resulta extraña por su alejamiento de lo enunciativo y por su querencia por un decir alógico y fragmentado que hace del lenguaje una traducción ávida de luz. Ávida y personal nos propone en De la metáfora, fluida una selección de poemas de casi un lustro de escritura que hacen de la palabra exactitud y búsqueda, un compromiso táctil con la memoria y una lucha contra la anestesia del poder. También una insubordinación frente al sentimentalismo gastado desde un orden expresivo que añade intertextualidad y nuevos matices. Que hace del poema un camino que no se sabe dónde, una metáfora que busca forma y traslada.





      

lunes, 7 de octubre de 2019

AFORISMOS DE LA ESPESURA

Templos de Angkor (Camboya)
Noviembre, 2017
Imagen de
José Luis Morante




AFORISMOS DE LA ESPESURA


Si somos sinceros, debemos reconocer
que debemos mucho a nuestros enemigos

RAMÓN EDER ( El oráculo irónico)


Soy tan raro que para reconocerme mi conciencia me pide el DNI.


Hay relaciones personales que tienen la duración de un aforismo y menos contenido.


En la madurez los sentimientos exigen estructuras elaboradas, escenarios con luz natural y narradores distanciados. 


Se quedó solo. Ahora recupera minerales en la galería de los desafectos.


El pudor convierte a la confidencia en un movimiento de ajedrez.


Presencias como reglas ortográficas; compañeros de viaje que son comas, puntos finales y puntos suspensivos.


Carpe diem. Quemó todas las naves. Mientras duró el incendio percibió su calor.


Un presente incierto. Piensa en la belleza, en zapatillas y sin afeitar; sólo mis gafas mantienen una pose aceptable.


La voluntad del cínico prefiere ideologías de alquiler.


Futuro; esa aspirina diluida en el agua fresca del fracaso.


Para hablar de ti, empleo un silencio en cursiva.


La semana no empieza bien; es lunes cada miércoles.


Andar extraviado tanto tiempo me deja ante tu puerta. Llamo al timbre. Espero.

(Selección mínima de aforismos)



domingo, 6 de octubre de 2019

EL MIEDO

Simetrías
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia



EL MIEDO


El miedo a los seis años
era un cuarto lejano,
un recinto sellado y tenebrista,
con prestigio de infierno,
y un viejo sin edad
que dormitaba junto a un perro agónico,
bajo los soportales.
A los doce su miedo
habitaba en los libros,
igual que fotogramas de holocaustos.
El miedo en la veintena
fue aquel tiempo confuso
de amarse bajo el cielo,
ese rumor de trenes que enlazaba
la ausencia y el deseo.
A los cuarenta y ocho fue su miedo
un espacio interior, claudicaciones...

Tuvo más miedos: al cumplir cincuenta,
a los sesenta y tantos,
cuando no tuve edad
y en una larga noche,
asmática y feroz,
apareció en la sombra, encanecido,
aquel miedo inasible de seis años.

                   ( De la antología Pulsaciones)

viernes, 4 de octubre de 2019

MARIO VEGA. LA MALA CONCIENCIA

La mala conciencia
Mario Vega
Premio "València Nova"
Institució Alfons El Magnànim
Ediciones Hiperión
Madrid, 2019



EL DOMINIO DEL TIEMPO


   Más allá del pesimismo general que cuestiona la calidad de la poesía contemporánea por la colonización digital, el enmarañado presente literario sigue aportando estelas individuales repletas de interés, que muestran en sus rasgos estéticos exigencia y continuidad. En ellas se integra el quehacer literario de Mario Vega (Oviedo, 1992), Maestro de Educación Primaria, estudiante de Lengua Española y Literaturas y editor del sello Maremagnum. Su  trayecto  poético arranca en 2016 con el libro Al umbral de las horas y suma nueva entrega en el prestigioso catálogo de Hiperión, La mala conciencia, al ser ganador del certamen “València Nova”.
   Mario Vega hace del intimismo piedra angular de su poesía, aunque siempre con el necesario velado de lo circunstancial y con el apoyo de una tradición asentada en voces del medio siglo, como Ángel González, Jaime Gil de Biedma o José Agustín Goytisolo. De sus magisterios emana un decir que integra la ironía en la sensibilidad expresiva. Veamos un ejemplo de lo expuesto en el poema “Reflejo”, en el umbral del poemario: “Y ahora subsanado el crimen pido / permiso de futuro, / para no bajar nunca la mirada / y hacer de mi palabra testimonio / de aquello que es real. / Lo supe y no me importa repetirme: / será nuestra labor / devolver las palabras a la tribu”.
   De inmediato se percibe en la construcción poemática un elaborado sentido del ritmo y una dicción que apuesta por la transparencia y la ausencia de hermetismo. Así en el apartado “El sueño del recuerdo”, que integra en su apertura citas de Francisco de Quevedo y Rocío Acebal, el poema presenta una identidad desdoblada; el yo que asienta su oficio de escritura da voz a un personaje literario, y lo convierte en reflejo de gestos, pensamientos y actitudes. Es sabido que las afinidades entre el sujeto biográfico y el personaje lírico es una cuestión indagatoria que admite una permanente excavación reflexiva en la que han terciado muchos poetas y ensayistas actuales, y que nunca se verá cerrada porque quien escribe jamás lo hace desde la caligrafía gélida del objetivismo sino desde una conciencia viva y una pulsión vital.
  También el destinatario del poema aporta su equipaje activo, su presencia dialogal que hace de la escritura una conversación a dos voces. En la composición “Prólogo-Epílogo al lector”  toma la palabra el sesgo coloquial de la confidencia para marcar distancias, pero también para recalcar que los versos encierran el cauce vivencial de un sujeto hecho de sombras e incertidumbre, de afán de abrir sendas, con serena sordina, en una soledad acompañada.
   Paso por alto la escatología del poema “Homenaje”, a todas luces necesitada de un poco de ventilación, que rompe sin aportar nada el encuentro a media voz con la palabra con un sarcasmo innecesario porque, en el trayecto temático del libro, son muchas las composiciones que expanden complicidad y un tono sosegado al hablar de un momento generacional que no deja de trasmitir en quien lo vive la luz deshabitada y el frío de la incertidumbre.  
  En la calma intimidad del solitario, la realidad  conecta, más allá de los conceptos semánticos, con vértices esenciales del ser, como la muerte –qué magnífico poema “La oración de Penélope”-, el deseo o el cauto filo de la temporalidad. Son sustratos que se definen, no desde la experiencia directa, sino a través de personajes interpuestos que dan la necesaria perspectiva temporal.
   El apartado homónimo que aglutina el tramo final tiene un fuerte apoyo cultural. En sus textos hay un calado referencial que remite a poetas de una tradición próxima; si en la primera despedida está Brines, en la mala conciencia parece desgajarse el verbo ético de Jaime Gil de Biedma, mucho más que la ética de la conciencia de Nietzsche, en el redoble de conciencia suena la fortaleza ensimismada de Blas de Otero y es difícil no pensar en Luis García Montero mientras se coge el taxi que nos lleva a hoteles de una noche. Son indicios de un poeta lector que sale al día con las armas dispuestas: las palabras de otros son siempre colectivas palabras de la tribu.
  Ese compromiso con el legado de la biblioteca no anula el mirar fuera para ver la estremecida realidad de la miseria en la calle, como una burda broma que el destino nos gasta entre los espejismos del progreso. esa clara denuncia de la mentira del mundo perfecto, guilleniano y prístino está en “La clase obrera va al paraíso” o “Los desheredados” que arranca con estos versos: “Marchan por callejones aún oscuros / antes de amanecer, entre cascotes / de fragmentados vidrios. / Expulsados del sueño de la vida / errando un día más hasta el trabajo”.
   La mala conciencia hace poesía desde la desnudez expresiva; recorre lo cotidiano para hablar de un tiempo con rasgos familiares que ha perdido el impulso del asombro para convertir la existencia en una mera extensión de lo previsible, como si esos grandes conceptos de belleza y verdad fuesen ingredientes menores, casi sucedáneos. Y sin embargo, ahí está la poesía, como una vieja tabla a la deriva en el mar del tiempo.
  

       


miércoles, 2 de octubre de 2019

JESÚS MARCHAMALO. ME ACUERDO

Me acuerdo
Jesús Marchamalo
Prólogo de Felipe Benítez Reyes
Papeles Mínimos Ediciones
Colección Graphica, 5
Madrid, 2019


REGRESOS


   Acumular patrimonio afectivo es una operación compleja, aleatoria, porque el material heterogéneo que se recupera no proviene de la voluntad sino de una memoria selectiva, cuyos criterios nunca resultan del todo claros. En cualquier caso, la conversación con el pasado suele estar llena de intensidad sentimental y ocupa por igual el estar del sujeto concreto y el trastero común de una cronología colectiva.
   Me acuerdo es un libro de teselas, un mosaico incompleto que va definiendo sus trazos con el mimo silencioso de la paciencia hasta dibujar una identidad en el ahora. En sus contenidos perdura lo que ayer nos pareciera irrelevante y lo que sostiene nuestra historia como una cimentación imprescindible porque resume los momentos centrales del trayecto del sujeto.
   Advierte el prólogo de Felipe Benítez Reyes de la rutina observadora del escritor y periodista Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) y de su predisposición a llevar a mano esos cuadernos blancos que reclaman página entre lo contingente. Como antes hicieran Georges Perec, Joe Brainar, o el poeta y aforista madrileño Elías Moro, Jesús Marchamalo inicia cada destello verbal con la peculiar magdalena proustiana del “Me acuerdo”. Así regresan desde el cauce alto de la infancia las vivencias trenzadas de una etapa irrepetible de pantalón corto y televisión en blanco y negro, de gozoso contacto con los ciclos naturales y de un tiempo de aprendizaje que sumaba a la experiencia personal los ojos deslumbrados del asombro. Pertenezco a la misma estela generacional que Jesús Marchamalo, así que al escribir estos renglones, mi juicio crítico se instala en la cartografía del verbo evocador compartido para asentir con el periodista muletillas orales y anuncios televisivos, el bazar de los mensajes publicitarios y aquellos días de internado y sacristía. Es verdad; entre el vivir y el soñar machadiano, yo también me acuerdo del cola-cao y de la cantinela que ponía un estribillo melodioso y zumbón: “Yo soy aquel negrito / del África tropical…”, o saco los cromos de los futbolistas sin tatuajes ni peinados de diseño, o miro un poco más allá para quedarme ante la tele viendo Bonanza y El llanero solitario o para sentarme en un parque otoñal con los tebeos de El Jabato y El capitán Trueno. mientras en el corral de una vecina vareaban los colchones de lana.
   El niño Marchamalo un día dejó dormir su infancia en el desván del tiempo, como si fuese una carta de ajuste fuera de uso,  e inició otra senda por los años finales del franquismo para ir completando su formación educativa. Fueron cambiando los escenarios y los personajes y tomaron sitio en las evocaciones aquel material del pupitre juvenil, las líneas vitales trazadas con escuadra y cartabón y el peso de la historia que entonces parecía lejana y sobria, como un páramo de cosas cuyo tacto contagia frío.
   No faltan los recuerdos del quehacer laboral que propiciaron encuentros con personajes célebres o que compartieron su desarrollo con el afán escritural. Siempre en la memoria aquellas máquinas de escribir estruendosas como una gota fría y los libros que iban naciendo en los estantes para dar fe de una vocación mantenida durante años. 
  Cada evocación invita al boceto, al dibujo visual de la sensación y a ello se aplican los ilustradores que acompañan al autor en este despliegue evocador. En las páginas de Me acuerdo están las miradas plásticas de Carmen M. Cáceres, Carolina Díaz, César Fernández Arias, Isidro Ferrer, Damián Flores, Enrique Flores, Emilio González Sáinz, Mo Gutiérrez Serna, Eva Manzano, Ginés Martínez, José Luis Mazarío, Antonio Santos, Emilio Urberuaga, Fernando Vicente y Javier Zabala. Sus dibujos conversan con la delicada puesta editorial de Papeles mínimos y con el intachable hacer de Imanol Bértolo y su vocación artesanal.   
  Las páginas de Me acuerdo están llenas de menudencias; son como aperitivos gastronómicos que nunca se codean con manjares y gastronomías perdurables. Su propósito no es sembrar aforismos solemnes ni textos didácticos que puedan aportar al lector una estela ética. Son esos instantes humildes y gozosos de quien confiesa que ha vivido y hace del lector un cómplice de vida.









   


martes, 1 de octubre de 2019

CON CATALUÑA, CON LA CONSTITUCIÓN

La Sagrada Familia, Barcelona
Imagen de
GetYourGuide



CON CATALUÑA, CON LA CONSTITUCIÓN


   Aclaro de inmediato: no soy un nacionalista español, ese supuesto estigma con el que los secesionistas de periferia y los abducidos por el independentismo pretenden anular los argumentos de la razón y de la historia. Pero me desasosiega que un referendum ilegal, propiciado por el gobierno de una comunidad contra una constitución parlamentaria y democrática, sea celebrado como un hito convivencial. Por eso anoto aquí estas impresiones, leves apuntes de profesor durante décadas de Geografía e Historia. Nací en España, aunque me hubiese encantado haber nacido en Canadá, Australia, Estados Unidos, Suecia, Italia, Gran Bretaña o Argentina… Casi en cualquier sitio de ese mundo en progreso que ofrece a sus pobladores unas condiciones existenciales dignas.
 Me causa pánico que España se balcanice y que el largo periodo de convivencia dependa de los intereses electorales del nacionalismo segregacionista y de un impune lavado de cerebro que ha tergiversado el patrimonio de siglos comunes. No quiero que España se quiebre, porque si la consulta independentista se celebra, sea cual sea el resultado, todos los demás territorios peninsulares e insulares también tienen derecho a esa consulta. Ser catalán no es ser más que ser castellano, andaluz, canario o extremeño.
   Hace unos años, en la Feria del libro de Madrid, tuve que soportar en una mesa victimista y quejicosa a un Jordi “algo” que con voz mentirosa rubricaba que no leíamos la poesía de Cataluña y que se condenaba al ostracismo a sus poetas, por ser catalanes. Escuché perplejo; yo preparaba una edición crítica de Joan Margarit, leía con fervor de neófito a Jaime Gil de Biedma y anotaba datos para un largo artículo sobre Carlos Barral… Además dos de mis libros se habían publicado en una editorial catalana y adquiría sus novedades de la editorial apenas salían al mercado. Aquel sujeto, desaforado y pueblerino, negaba mis lecturas, mis vínculos, mis querencias y pretendía apartarme de mis poetas. Esos poetas que nunca fueron ni serán extranjeros para mí porque no son un territorio, una excusa bélica, un desagüe para ensuciar la convivencia con réditos electoralistas que disimule corrupción y pésima gestión económica.
  Que los nuevos meses vengan sosegados para el quehacer diario de todos, sin que marquen la convivencia himnos, banderas y esa historia reinventada a la medida de un ego deforme, que la sentencia del proceso soberanista sea justa con la gravedad del delito, que los diputados electos usen el Congreso y las instituciones no para negar al otro sino para acordar rutas comunes. 
   Que sigamos juntos y en paz. Con Cataluña, claro; somos lo mismo.


   

domingo, 29 de septiembre de 2019

ANCIANOS

Elogio de la paciencia
Archivos de imágenes de Internet



LOS QUE ESPERAN

 ¿Entonces, será nuestro cuerpo
un garabato del dolor?

VÍCTOR LÓPEZ ZUMELZU


   Llegan temprano al parque desde algún itinerario común y repetido. Caminan lentos, con un rumor de brisa en los zapatos y los ojos clavados en el suelo. De vez en cuando relatan vidas improbables, hechos que ahora parecen tangenciales y oscuros. Cuando están en el parque nada ocurre, pero son más ellos, con la vista fija en ese oficio que tan bien conocen: esperar.

(De Cuentos diminutos)



viernes, 27 de septiembre de 2019

EMILIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ. LA VIDA ES UNA HERIDA ABSURDA

La vida es una herida absurda
Poesía reunida 1986-2016
Emilio González Martínez
Ediciones Vitruvio
Colección Baños del Carmen
Madrid, 2019


ITINERARIOS DEL VERBO

   El volumen La vida es una herida absurda compila la voz lírica completa de Emilio González Martínez (Buenos Aires, 1945), poeta, ensayista, psicólogo y psicoanalista exiliado en España desde 1977. Junto a su obra poética ha escrito abundantes ensayos sobre aspectos esenciales del Psicoanálisis y tiene una notable presencia cultural con la Asociación de Escritores de Rivas. El quehacer aglutina un intervalo de treinta años, entre 1986 y 2016, donde ha publicado las entregas El otro nombre (1986), Tragaluces (1991), el libro colectivo Talleres de poesía I (1995), Hojas debidas (2001), Escoba de quince (2014) y Palabrando (2016); en suma, un cumplido trayecto personal que habla de fidelidad al género, lejos de cualquier práctica anecdótica, y de un impulso cimentado en la diversidad de argumentos y formas que moldea una perspectiva en el tiempo.
   El título del conjunto es una primera clave para detectar el campo nuclear de intereses; la poesía es una manera de sondear la existencia, de ensanchar un horizonte exploratorio hacia dentro que hace de la pulsión vital el sustrato básico del texto. El lenguaje enlaza la vivencia con la proyección escritural que transforma la contingencia en pensamiento y aspira a perdurar. Merece la pena recordar que el epígrafe “la vida es una herida absurda” es un verso de Cátulo Castillo, poeta y compositor argentino de tangos, a quien debemos piezas tan célebres como “Organito de la tarde”, “Tinta roja” o “La última curda”.
  El aserto auroral, El otro nombre, tiene su amanecida en 1986 y comienza con una larga composición, “El otro nombre de la flor sedienta”. Es un texto próximo al surrealismo en muchos momentos, que prodiga en la caligrafía del verso una acumulación de imágenes y asociaciones insólitas: “Sarcástica ballesta certera entre la bruma, / estiro tu piel y un racimo de luz / ciega los juncos del amanecer”; el lenguaje se convierte en expresión de una identidad proteica. Los versos adquieren un decir fragmentario que oculta y vela su sentido enunciativo; solo las imágenes insinúan un largo viaje en el que “la poesía estalla y pone al rojo los sentidos” como si el sujeto estuviese sometido a la azarosa razón de los sueños.
   Aflora pronto la preocupación metapoética que enlaza verso y claridad; la palabra es luz, pero también regreso al pretérito que vuelca en los días de infancia una estela que enlaza nostalgia y memoria. El tiempo atestigua un ahora en que se expande el laberinto urbano con sus muros opacos en los que se asientan la noche y el amor, el sexo desvelado o la intemperie del mendigo en el lento trascurrir de lo diario.
   Continúa recorrido con Tragaluces, un conjunto donde conviven el poema breve y más despojado con la composición dilatada en torno a la propia identidad del yo. Entre la evocación de presencias cercanas y la mirada al entorno se abren espacios indagatorios que propician un enfoque diverso en la escritura. Se combina la mirada al oficio escritural con el decir cuajado de onirismo, o con ese recuerdo epocal de los años noventa que dejó entre las manos su estela de inquietud y desconcierto, su “tiempo estrellado en la pared” por la máscara oscura y sosegada del poder.
    Solo una mínima representación de dos composiciones aporta el libro colectivo Talleres de poesía I. El díptico destila el fondo urbano de Madrid y las conjugaciones del yo frente al deseo; por tanto, es una aportación muy leve al decir del poeta que continúa en Hojas debidas. Inicia el libro una magnífica cita de Miguel O. Menassa: “Sumergirse y no esperar nada, / en las tinieblas hacia otra oscuridad mayor, / el poema”. La temporalidad se convierte en muro vertical del libro y ensarta en su devenir las mutaciones sentimentales del sujeto, desde el candor de amanecida hasta la vigilia enfebrecida del ocaso, cuando la sombra congela la belleza, y el poema se convierte en la habitación al sur que nos preserva: “la poesía es una pequeña y fuerte traición al sentido común, / a la metálica beatitud de las costumbres, / a las combinaciones congeladas / donde desfallece la combinatoria”.
   Subtitulado Abecedario de la poesía, el poemario Escoba de quince se singulariza por un claro propósito formal; todos los poemas suman quince versos y están dispuestos en cinco grupos de tres versos. Si en el juego de la baraja se trata de combinar las cartas de modo que siempre sumen quince, en el poema el sujeto lírico se busca a sí mismo, como si en ese afán percibiese las coordenadas básicas entre el ser y el estar.
   Clausura este largo viaje por el poema la salida Palabrando; el neologismo es una invitación a focalizar el lenguaje como primer plano del poema; como sugería Wittgenstein “los límites del lenguaje son los límites de mi mundo”. El poemario integra un gesto de optimismo en su dedicatoria: “A la vida, esa atroz maravilla, que parece que se va y está llegando”. de nuevo, el suelo sólido de lo existencial sirve de paramento a la palabra para reconstruir el incierto camino del devenir al paso. Quien escribe sabe que volver es imposible pero que permanecen los indicios del estar, dispuestos a tomar voz en el verso. Inalterable se muestra la abierta incisión de lo vivido, esa extrañeza que hace del lenguaje su harina y levadura.
   La es una herida absurda nos acerca la madurez poética y vital de Emilio González Martínez. Su larga andadura muestra la nitidez de la memoria para trastocar tiempos y dejar en el aire ese diálogo entre percepción y pensamiento. Poesía para reformular esas pocas preguntas esenciales que abren huecos de luz, que nos liberan de la precariedad de quien camina al borde de las sombras.       



miércoles, 25 de septiembre de 2019

EN EL CALLEJÓN

Pasos, ecos
Fotografía de internet


EN EL CALLEJÓN

  
   Me angustia la certeza de que algo no va bien. Hay detalles raros. Hasta ahora mi sombra asumía callada y diligente mi compañía. Desde hace días escucho quejas. La noto cansada, abstraída, distinta cuando se proyecta sobre el pavimento. Con frecuencia se pierde al cruzar los semáforos o en deshabitados callejones, lo que me obliga a vigilar mi espalda de continuo y a multiplicar trayectos que no llevan a ninguna parte.
  Cuando miré atrás, hace un instante, intuí en el difuso encuadre de la cabeza ojos de luz. Lo entiendo; tiene una decisión tomada. El recelo me impulsa a mirar otra vez. Fundida en la silueta de su mano percibo una pistola. Se alza detrás, con lentitud autoritaria. Quiere asesinarme.
   Lo urgente es escapar de un acto impune. La policía no sospecha que la sombra dispara.

(De Cuentos diminutos)



martes, 24 de septiembre de 2019

MIGUEL CATALÁN. SUMA BREVE

Suma breve
Pensamiento breve reunido (2001-2018)
Miguel Catalán
Ediciones Trea /Aforismo
Somonte Cenero, Gijón, Asturias, 2018



ELOGIO DE LA PARADOJA

 In memoriam


   El momento cenital del aforismo como estrategia expresiva tiene en Miguel Catalán (Valencia,1958-2019) un cultivador vehemente. Doctor en Filosofía, profesor universitario y ensayista, su cosecha paremiológica abarca seis entregas dedicadas al género. Todas se compilan en el volumen Suma breve. El trayecto completo abarca desde 2001 hasta 2018, un intervalo conformado por las ediciones El sol de medianoche (2001), La nada griega (2013), La ventana invertida (2014) y el aporte inédito que añaden tres conjuntos que anticiparon textos en revistas, Así es imposible, El altar del olvido y Paréntesis vacío.
  El conjunto permite definir con lúcida solvencia el carácter ontológico del aforismo y su evolución en el discurrir. El término siempre está vinculado a un territorio de intersección entre literatura y filosofía que es base común de todas las entregas. Así lo recuerda el texto de apertura de José Montoya Sáenz, quien también examina de cerca el concepto de paradoja como implosión del lugar común. A través de la paradoja se puede expresar la constante fluctuación del entorno social y humano; de esta forma adquiere un notable potencial subversivo en la contundente concisión de sus reflexiones.
  El aforismo postula la complejidad de su contenido, emprende en su decir una interpretación del sujeto y de la realidad externa, en la que sondea una continua búsqueda de sentido. Su exigencia estética se asoma a los estantes de la verdad, con lo que adquiere en su definición una cierta claridad metafísica al intentar captar la significación de la experiencia. El texto se llena de matices, de este modo dentro del material común del género cada libro presenta rasgos específicos, aunque estos a veces sean contradictorios o definan estados de ánimo dispares, como si en su amanecida la escritura plegara pasos a la condición de ser.
   Ya se ha comentado que el primer paso aforístico de Miguel Catalán es El Sol de medianoche. El fenómeno natural observable en las proximidades de las geografías polares ejemplifica bien la antítesis y los contrastes. Esa visión de lo claro en la noche que prolonga el día entre la sombra. Desde el inicio, Miguel catalán asume el desvelo incansable del observador. Sabe que el comportamiento del yo es reflejo de las actitudes aleatorias del otro; por tanto es necesario sondear su sentido para que el aprendizaje surta efectos interiores. Nada de lo humano resulta ajeno; de ahí que la ética sea siempre un relevante proceso reconstructivo. Pero hay que evitar los juicios sumarios, revestir las opiniones de calidez y argumentar con el tacto sosegado de quien sabe, como Marcel Proust, que “cualquier idea clara tiene el mismo grado de confusión que las nuestras”.
  El corpus textual, tras la entrega epifánica, abre un largo tiempo de silencio de más de doce años, pero ese acantilado temporal no varía el paisaje y su cartografía meditativa. Como si quien escribe apostara por una senda coherente, los aforismos caminan de un asunto a otro, con un paso constante. De cuando en cuando varían los ingredientes para que nunca pierdan fuerza meditativa. O hacen del humor una ventana para que salga al día la carcajada:”ANUNCIO POR PALABRAS. Se pintan casas a domicilio”.
    Como un regalo lector se recibe el material inédito de Suma breve, cuya voz siempre en guardia otea el paisaje frente a la opinión recibida y común. Los textos, breves y lapidarios, aunque a veces con un tallo argumental que los aproxima al microrrelato, marcan linden a la experiencia en su etapa de madurez. Más allá del contraste y del juego de palabras, apuntan una unidad vertebradora que confirma la permanencia del ser frente a una realidad mudable, propicia al desmontaje. La lógica interna del yo resiste la extrañeza, abre el paraguas frente a la intemperie de la contradicción y defiende la razón como brújula para buscar el norte del sentido.
   Suma breve descubre el excelente volumen conceptual del decir fragmentario de Miguel Catalán. Apunta que la lógica no es un logro en sí sino una aspiración que se aplica en solventar las contradicciones de la existencia. sobrelleva el discurrir bajo un cielo informe de nubes y claros, que obliga a caminar bajo el paraguas desplegado de la introspección. Así nace un quehacer continuo, atomizado, fresco, que tiene la claridad del manantial, esa sensibilidad que aleja la sed y empuja a sumar sin cansancio pasos nuevos. 


lunes, 23 de septiembre de 2019

MANUEL NEILA. RENDICIÓN DEL HÉROE

Rendición del héroe
Del poeta romántico al hombre imaginativo
Manuel Neila
Prólogo de
José Manuel Lucía Mejías
Editorial Polibea
Colección La espada en el ágata
Madrid, 2019


MIRADAS LITERARIAS

  
   El incansable entusiasmo de Editorial Polibea, que dirige el escritor Juan José Martín Ramos, impulsa la salida de Rendición del héroe, una selección de ensayos breves del poeta, crítico, aforista y antólogo Manuel Neila (Hervás, Cáceres, 1950). El volumen, subtitulado Del poeta romántico al hombre imaginativo, amanece con una mirada prologal del profesor y ensayista Juan Manuel Lucía Megías. La andadura crítica de “El hilo (invisible) del Romanticismo” devana el enlace umbilical con el movimiento romántico a finales del siglo XVIII y la vigencia de su trayectoria hasta la modernidad. Más allá del concepto empobrecido que limita el romanticismo al calado sentimental, el ideario deja claves de uso que exaltan la libertad singular del sujeto entre la multitud, el contacto del hombre con la naturaleza, la inmersión del soporte lingüístico en el coloquialismo confidencial y la fuerza expansiva de una concepción artística que sitúa al yo concreto como epicentro de la conciencia.
   Según el prologuista, Manuel Neila visualiza la sensibilidad romántica como un cabo estético que tiene su amanecida germinal en la obra de Coleridge y que se difunde, desde una mesurada diversidad, en los planteamientos de autores como Byron, Baudelaire, José Zorrilla, Nietzsche, Rubén Darío o John Reed. Así se fortalece un diálogo abierto con la tradición, cuya configuración se explora a a través de un despliegue de interrogantes, que sirve como pauta indagatoria: “¿Qué es lo específico de estas figuras históricas? ¿A qué deben su aparición dentro de las diferentes instituciones culturales de la civilización burguesa? ¿Cuál es su función en la estructura de nuestra sociedad técnica y científica?”. Desde esos ámbitos, el estudioso compone un pentagrama crítico que ha ido publicando en revistas y que ahora completa plano general con inmersiones en el aforismo, subgénero muy presente en el perfil estudioso y creador de Manuel Neila. 
    Por su entramado, la entrega puede considerarse continuación del volumen La levedad y la gracia (renacimiento, 2016) que aglutinaba también enfoques críticos parciales adelantados. La coherencia de ambos libros, al sumar visiones críticas distanciadas y autónomas, nace del argumentos central de una escritura donde se va gestando en el tiempo un legado continuo que se retroalimenta y expande con otros enfoques. Los trabajos de Rendición del héroe rastrean roles activos de personalidades creadoras, cuyo discurrir biográfico cuestiona el clima epocal para abrir sendas inexploradas a la sensibilidad subjetiva.
   Ya se ha comentado que corresponde a Samuel T. Coleridge, junto a Wordsworth, la primera andadura del movimiento romántico con su libro Lirical ballads (1798); en sus poemas se reivindica lo mágico en contraposición al gélido racionalismo ilustrado. Otro protagonista esencial en este intervalo de rebeldía y aspiración al ideal es Lord Byron, a quien se dedica el estudio “Peregrino de la libertad”. Se me permitirá aquí un breve inciso para destacar el quehacer del traductor y antólogo Pedro Pérez Prieto (Navaescurial, Ávila, 1953) que desde 2003 versiona al castellano a figuras esenciales de la lírica anglosajona, con incansable fidelidad y un innegable sentido estético, como certifica su traducción de la obra de Lord Byron.
   También el trabajo “Lord Byron y Emilio Castelar: vidas para leerlas” insiste en la fuerza creadora del romántico, los avatares biográficos y la consolidación de su magisterio en el núcleo del castellano, gracias, entre otros, a los aportes de Castelar, uno de los primeros estudiosos del poeta en nuestro idioma.
   Otras demarcaciones críticas se dedican al teatro romántico hispano y a la contribución esencial de José Zorilla, cuyo drama Don Juan Tenorio concedió plena vigencia al ideario en los escenarios teatrales al reactualizar la caracterización del mito clásico, exento de moralismo y con resaltables innovaciones formales. Completan el perímetro de intereses de esta primera parte incisiones meditativas sobre Charles Baudelaire, Nietzsche, Rubén Darío y John Reed.
   El apartado de cierre, bajo el epígrafe “Otras apreciaciones” integra artículos breves y reseñas que tienen en común el recorrido por itinerarios de cultivadores del aforismo. Inicia el sondeo Antonio Machado, cuya trayectoria poética convive con la expresividad lacónica del proverbio. En él rige un pensamiento escéptico nacido del descrédito de valores de la sociedad burguesa que, con frecuencia, recurre a los apócrifos para universalizar reflexiones subjetivas.
  La nómina de acercamiento integra dos hispanoamericanos, el mexicano Amado Nervo y el boliviano Fran Tamayo, dos cultivadores del minimalismo expresivo que aportan una tradición no derivada del pensamiento occidental europeo.
   El apartado se completa con Juan Ramón Jiménez, sin duda el aforista poético mejor dotado de nuestra literatura, como se constata en el fecundo espacio de Ideolojía, la edición más completa del legado aforístico que llevó a cabo el hispanista Antonio Sánchez Romeralo, cuyas pautas sirven de norte a ediciones posteriores. Coetáneo del poeta de Moguer es Eugenio d’Or, quien propició el cultivo de una estética moderna, cercana al fragmento en sus glosas, textos mínimos sobre la actualidad literaria, el pensamiento personal y los avatares de la convivencia Y añade una mirada a la parca obra aforística del humanista y polígrafo aragonés José Camón Aznar, cuyas intuiciones se recogen en el libro póstumo Los aforismos del solitario (1982). La galería ensayística muestra también exploraciones sobre algunos heterodoxos del canon literario actual como Cirlot, Cristóbal Serra, Carlos Edmundo de Ory  o Rafael Sánchez Ferlosio. 
   Aunque, como se ha comentado, el fondo aglutinador de esta segunda parte es el aforismo, el apartado mantiene una configuración abierta que añade moldes reflexivos diversos. En torno a Federico García Lorca se recuerda la prosa meditativa del poeta que aparece en su carta de presentación literaria, Impresiones y paisajes. Esta obra de amanecida es una emotiva compilación de recuerdos, personas y figuras nacida de la percepción descriptiva del viajero. Otros relevantes protagonistas resultan Octavio Paz, José Lezama Lima y oportuno resulta el recuerdo de un poeta del medio siglo, casi orillado en los análisis críticos de la generación del medio siglo: Carlos Sahagún.
   Ameno, sugestivo y clarificador, el conjunto ensayístico de Manuel Neila explora la peculiar evolución del romanticismo a través de una geografía coral de voces esenciales. Rendición del héroe visualiza en plano corto el periplo de una etiqueta estética cuyo magisterio sigue caminando hasta el tiempo digital. Una meritoria compilación que renueva la profesión de fe de Manuel Neila y su sensibilidad crítica en la poesía y en el aforismo; que hace del escritor un testigo privilegiado de nuestro tiempo.

    

domingo, 22 de septiembre de 2019

CON VOZ DE OTOÑO

El yo desdoblado


CON VOZ DE OTOÑO


1

Cada náufrago reclama para sí la madera raída.

2

Perseverar, apostado frente a la fijeza del paisaje, con la convicción zancuda de las grúas.

3

Desnudos argumentos que piden decisiones: escalar o pasar de largo.

4

En la mansedumbre del estanque la luz engaña. Las manos infantiles  nada saben de la refracción.

5

Indecisión. Esto y aquello. Marejadas, borrascas, nubes y claros. Meteorología de poeta.

6

No están cerca o lejos. No están.

7

La escritura y yo, versión literalista del matrimonio, restaurante discreto en el que sólo hay sitio para dos comensales.

8

Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.

9

En la lisura del cristal, los aspersores del jardín difunden transparencia en el corazón del verano. Pienso en aquella línea de Jorge Luis Borges: “No pasa un día en el que no estemos, un instante, en el paraíso”.

10

Que el desconcierto no sea obstáculo interpuesto; camina junto a él.

11

Estoy aquí. Aunque desconozco la localización exacta del aquí.

(Selección de aforismos de Motivos personales (Sevilla, 2015)



viernes, 20 de septiembre de 2019

MIRAR UN ÁLBUM

Adela en el jardín de la memoria


MIRAR UN ÁLBUM

                       Sé que el tiempo no existe,
                                                 pero tú sí

Todo es álbum en ti.
Un litoral con textura arenosa
donde restallan cerca
las olas del deseo.
Un mapa virtual
que contradice
el trazo sabio de cartografías.
Una cala que acoge
el músculo aterido de los náufragos,
un círculo sin radios,
una palabra muda,
una casa, una luz.

Tu mirada sostiene
la intersección que ciñe
centros y periferias,
el jardín de los sueños,
el pelo encanecido del futuro
que previsor prepara
un plan de fuga.

                    (Variante inédita)