sábado, 17 de agosto de 2019

AFORISMOS DE DEFINICIÓN

Equilibrio



MÍNIMO DICCIONARIO


Aforismo: equilibrio en la ramas secas

Andamios: umbral de muros y ruinas

Cuerpo: elemento que en verano mantiene una relación transitoria con el mar.

Deterioro:  zumo frío de la senectud.

Ella: hacinamiento de inteligencias múltiples, con efectos secundarios

Espectador: oficio visual del jubilado.

Espejismo: secuencia en blanco y negro de la propia identidad.

Extranjero:  el otro interno.

Imprecisa: área geográfica de cualquier utopía.

Inapelable: sabiduría conclusiva de la vigilia.

Memoria: narradora caótica, con tráfico intenso
.
Nacionalismo: Tendencia a la continua fragmentación mental y física.

Niebla: distorsión ocular con pretensiones estéticas.

Ombligo: punto central en la fisiología del ego.

Semilla: gesto cordial donde se dan la mano sequía, tiempo y árbol.

Sombrilla: círculo colorista de la pereza.

Utopía: vuelo vertical con alas de cera.

Verano:  pausa larga en las constantes vitales.

Viaje: impulso narrativo que germina al regreso.


(Variaciones para un diccionario estival)




jueves, 15 de agosto de 2019

KARMELO C. IRIBARREN. UN LUGAR DIFÍCIL

Un lugar difícil
Karmelo C. Iribarren
XL Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla
Visor Libros
Madrid, 2019


AL ATARDECER


   Miramos en silencio las formas simples de lo cotidiano. Si cerramos los ojos, expanden sensaciones de inercia y quietud. Están ahí, casi inadvertidas, moldeando un tejido aleatorio de mutaciones, desgastes y monotonía. Es en ese estar donde el asombro de lo insignificante se hace nota discorde en los pentagramas de la percepción. Delante del observador, una anestesiada realidad dispuesta a la mirada aprensiva mientras nace la luz, como si alguien pulsara el interruptor y abriese una brecha de claridad. La realidad entonces se trasforma en  paisaje interior.
   Así nacen muchos de los argumentos de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959), cuya obra completa –salvo el madrugador cuaderno Bares y noches (1993)- se integra ya en el imprescindible catálogo de Visor; Poesía completa (1993-2018) corrobora que el corpus lírico es un recorrido repleto de aciertos dentro del panorama poético contemporáneo, que sigue creciendo fuerte.
   Con sus poemas más recientes, compilados bajo el epígrafe Un lugar difícil, el escritor consiguió el XL Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla. En ellos deambula un personaje de mediana edad, sosegado y reflexivo, que justifica esta cita de Antonio Machado: “…El sol murió… ¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?”  La madurez vital deposita en los textos otro yo biográfico, un hombre tranquilo que acomoda el deambular a la temporalidad. La pericia existencial exige un impulso de aceptación que obliga a sentir lo cotidiano como presente continuo. El alter ego ha aprendido a habitar la soledad: “Hace tiempo que decidí quedarme al margen / de un tráfago de gentes y de ideas / que no me dicen nada, / en las que no me reconozco. “.  (P. 14). El periplo singular avanza hacia la última costa y eso convierte el hecho de vivir en un refugio cercano, en el que a veces, sobrevive una plenitud desconocida. Al alcance de la mano duerme un entorno desapercibido, hecho de singularidad y momentos únicos que se idealizarán después entre los pliegues de la memoria. En los recuerdos vuelven los escenarios del Barrio Viejo con tus rostros familiares, sus rincones umbríos y su anecdotario de la contingencia, esos destellos de vuelos ligeros que pasan rozando el aire.
   La inercia de cada amanecer parece un reiterado ejercicio de hipnosis para profundizar en el fracaso. El sujeto esperanzado deja sitio a “un tipo descuidado, huraño y pesimista” adentrándose en el otoño. Pero no se ha perdido el deseo de abrir puertas al asombro. Quien reflexiona confía en descubrir el misterio de la existencia, ese lugar donde el sueño alza espejismos que ocultan el camino de vuelta.
   Algunas anécdotas subjetivas dejan el campo abierto al encuentro con las indagaciones críticas más transitadas en la práctica poética de Karmelo C. Iribarren: el carácter autobiográfico y la indiscutible base realista del espacio lírico. Se recupera la figura del padre, muy pronto ausente en el proceso vital del escritor, que ahora inspira una “Carta al padre”, como si todavía fuese posible responder a la inocencia del niño perdido en el tiempo. Y persisten la lluvia, los domingos, las mujeres y esas dudas de costumbre, como perennes acompañantes de la soledad diaria: “Me pregunto / cuántos volverán a casa / sólo / porque no tienen / otro lugar a donde ir”.
  Se ha resaltado siempre el propósito formal del poeta y su querencia por el texto breve, que resuelve su nudo semántico con mínimos elementos y con un final hondo y sugerente, que suena casi con la fuerza conclusiva del aforismo. El poeta rompe en la última composición esa norma escritural para cerrar el libro con un poema de inusual extensión que, por sí solo, es un apartado. bajo el epígrafe “Ya lo veo acercarse”. La personificación del tiempo otoñal, como un hombre común que tiene llena de fantasías la cabeza y regresa a los sitios de siempre, es un techado contra la intemperie hecho de emotividad y fuerza sentimental.
  La poesía de karmelo C. Iribarren es una refutación del aburrimiento. Invita a conocer la realidad con la mirada de un observador que descubre un proceso fenomenológico de causas y efectos y un íntimo abrazo entre vida y escritura.  Singular y reflexiva, en los poemas de Un lugar difícil el valor perdurable de una filosofía que expande su luz sobre el barro salobre del discurrir. Poesía machadiana que suena como un borbollón de agua clara.



 
        




martes, 13 de agosto de 2019

TEMPORADA ALTA (APUNTES PARA EL DIARIO)

Conversación



FERRAGOSTO

La jornada más desaprovechada de todas
es la que no hemos reído

NICOLAS DE  CHAMFORT


En temporada alta, a solas con la amanecida, también el mar parece frágil, cerrado por reformas.

A centímetros del rompiente, el poema se queda suspendido, ingrávido, sin palabras. A veces tose silencio.

Sentados frente al mar, las olas tatuaron las pupilas.

Minimalismo cromático. Todo es azul. Los aderezos playeros han desaparecido. No hay sombrillas, hamacas, cocodrilos neumáticos… Alguien me dice que están dormidos en supermercados chinos para un futuro reciclaje. Allí los catalogan y etiquetan para que no se pierda el sentido de la propiedad: turista A, turista B, turista C, turista H. No usan nombres propios; a los comerciantes chinos todos los turistas europeos les parecen iguales.

Sigo perdiendo oído, las confidencias marinas me llegan encriptadas. Modo avión.  

El mar nunca traspasa el umbral del olvido. Reconoce a quien mira. Pero establece una distancia íntima.

(Apuntes para el diario)




domingo, 11 de agosto de 2019

HESNOR RIVERA. GRAMÁTICA DEL ALUCINADO

Gramática del alucinado.
Y otros poemas inéditos
Hesnor Rivera
Colección Memorial
Fundación La Poeteca,

 Caracas, Venezuela, 2019

LOS GIROS DEL AZAR

   La reflexión prologal de Hesnor Rivera (Maracaibo 1928-2000) en Gramática del alucinado. Y otros poemas inéditos cuestiona un asunto didáctico: la asimilación por parte del alumnado infantil y juvenil de inventarios gramaticales básicos. Y la conclusión del desaparecido poeta es negativa. Es un territorio de desajustes porque el sistema docente convencional ha convertido el recorrido por la gramática en un páramo yermo, en esa disciplina polar que transforma la esencia del idioma en una obligación desmotivadora. Con tal conclusión, Hesnor Rivera quiere establecer en Gramática del alucinado. Y otros poemas inéditos una hendidura para liberar el dinamismo de la imaginación. El poeta fecha el breve texto en 1996, el mismo año en que concluía los poemas de un libro que ha permanecido inédito hasta la fecha.
  Han trascurrido más de dos décadas desde la conclusión de aquel apunte programático y el lector que ahora se acerque a los textos hallará una escritura despojada y directa, casi en un registro coloquial que argumenta, más allá de la propuesta programática, que “La poesía siempre / es otra cosa”; el acto escritural es un elemento vivo y cercano, intangible; una brizna de magia que contradice el rostro desgastado de la realidad para humanizar lo que toca.
   El poema se transforma en una cartografía de la imagen, capaz de trastocar los estadios de la temporalidad. Recrea estratos temáticos enriquecidos con nuevos significados y encuentros para que el segmento lineal que aglutina pretérito, presente y futuro se haga un lugar “Donde los recuerdos, cobran / las apariencias de las profecías / sobre el final de los combates / entre el amor y la muerte” (Pág. 9).
   Los títulos de las composiciones trazan sus sendas en torno al temporalismo, como si cada indagación en el sujeto o en el entorno invitara a caminar a tientas por lapsos o intermedios definidos como espejismos de permanencia aleatoria. Conviven el pasado mudable y el futuro indefinido, un presente gastado y un ayer activo que camina hacia el mañana para definirse con otra identidad. Esas constelaciones cronológicas perduran en una extraña convivencia, intactas, alumbrando sueños, buscando la seducción de la noche y sus caminos de conocimiento para preservar la intensidad del misterio y su fascinación incesante. Así adquieren los poemas ritmos alucinados, donde el discurso lógico se rompe con asociaciones insólitas.
   El apartado “Otros poemas inéditos”, compuesto por textos escritos entre 1988 y 1992, emplea un título abarcador, proclive a la apertura argumental. El comienzo de la sección “Tu edad y el mundo”, con íntima dedicatoria filial, abre puertas a la confidencia. Las palabras refuerzan el mensaje apelativo para avanzar en un diálogo en el que se bifurcan cartografías oníricas por donde caminan los fondos  de los sueños y las sombras de lejanas presencias. En este conjunto de poemas, el recuerdo despierta para reconstruir vivencias que acaso no hayan existido nunca o para recordar que el sentimiento amoroso es núcleo básico de cualquier identidad.
   En la percepción desde el asombro las cosas renuevan su semblante, dejan su apariencia inmóvil para vestirse con significados cambiantes que amanecen en el vendaval del tiempo. En esa aventura incierta se precipitan indicios que entrelazan memoria y sueño, una evocación que suena a melancolía y ausencia, pero también a los mejores cimientos del ser, a esas sumas gastadas del discurrir en el que se refugian las presencias centrales que nutrieron el viaje existencial.
   La voz plural de “Epílogos” aglutina un poema perteneciente a Persistencia del desvelo, junto a un texto crítico de Valmore Muñoz Arteaga. El breve ensayo explora afinidades poéticas generacionales con Juan Sánchez Peláez, Adriano González León y José Lira Sosa, y el fortalecimiento singular de un itinerario que asume recursos estéticos del romanticismo alemán y del surrealismo. La hija del poeta, Celalba Rivera Colomina añade un recorrido elegíaco y evocativo que sirve de homenaje a la personalidad paterna.
   De todos los amantes de la buena poesía  es conocido el incansable quehacer de la Poeteca de Caracas y de su colección de poesía, coordinada y dirigida por Jacqueline Goldberg, por amparar y difundir proyectos literarios de calidad en una cronología social de carencia e inestabilidad colectiva. La edición de Gramática del alucinado recupera un legado que revalida la imaginación en el poema y engrandece en entorno con aportes simbólicos y giros metafóricos. Los versos ofrecen una grieta visible para que aflore una poesía diáfana, indagatoria, atenta al trayecto sentimental del sujeto, que eleva la voz para depositar junto al sujeto la memoria encendida del tiempo.  




    

viernes, 9 de agosto de 2019

OFICIOS DESAFECTOS

Lo demás es silencio
Fotografía
de
Internet



OFICIOS DESAFECTOS

A Luis Miguel Malo Macaya,
 por su amistad  y por hacer de su muro
una geografía poética tolerante y plural
  
Solo su opinión mantiene las constantes vitales; las opiniones ajenas son lápidas.


Censores correctores, enterradores de textos  y taxidermistas verbales nunca desisten; siguen al pie de la letra los férreos manuales del no.

La poesía fue escrita para la lectura, no para llenar los tiempos inocuos de oficios desafectos.

Ese regodeo estruendoso de quien descubre una errata escondida en el último recodo, como si fuese un fenómeno insólito que muda el universo.

Para bandearse por el discurrir existencial, qué necesaria la disposición sin tregua del censor. Como el inodoro de una casa.

Agobiante sensación de soledad … Y la necesidad de estar cerca de alguien a quien insultar.

Utilidad contrastada. La estridencia es el andamio doméstico más eficaz para aupar a los parásitos que se nutren de otros.

La pupila intolerante mira desde lejos.

El corrector necesita el magisterio de otro censor experimentado y popular, alguien que realce su sombra como si fuese un epitelio de tolerancia ecuánime.


(Contra la intemperie digital)




miércoles, 7 de agosto de 2019

BAJO LA SOMBRILLA (ENTREVISTA)

A pie de playa
(Oropesa del Mar, Castellón)
Fotografía
 de
Adela Sánchez Santana



BAJO LA SOMBRILLA

 (Entrevista a José Luis Morante)

Biblioteca LES AMPLARIES

Oropesa del Mar, Castellón, agosto de 2019


¿El mar es un bolero?

Cualquiera que se acerque al mar en las primeras horas de la amanecida y recorra el suelo húmedo y arenoso, escucha de inmediato un chorro de voz repleto de emociones y el pentagrama azul de los boleros…

¿Es posible la lectura bajo la sombrilla?

Los sentidos están sometidos a una intensa terapia visual; la lectura se disgrega, se ralentiza, se fragmenta y cuando retorna prefiere las formas breves: aforismos, microrrelatos y naturalmente los poemas. El verano exige otra forma de leer,

¿Qué títulos en su mochila de verano?

Traje un par de bolsos porque desconozco todavía cuando regresamos a la rutina, y entre ellos está Poesía completa (1993-2018) la obra completa de Karmelo C. Iribarren, editada en Visor,  que es una terapia escrita contra cualquier aburrimiento y contra el spleen del  verano; también Relámpagos de lucidez obra ensayística de Javier Recas, editada por Biblioteca Nueva sobre el arte del aforismo y algunas revistas literarias en papel como Ïnsula, que ha editado un monográfico sobre el aforismo de altísimo nivel bajo la coordinación de Josep M. Rodríguez… Además, mis hijas vienen a vernos el fin de semana y nos dejan en las manos los libros que dormían en el buzón de casa…    Aquí también hay que comprar nuevas estanterías.

¿Sigue conectado a la actualidad literaria?

Sí, no soy capaz de vivir la literatura a tiempo parcial; para mí la literatura es media vida, la otra media también. Por tanto, dedico algunas horas de la mañana a trabajar en proyectos acordados y con fecha de entrega, respondo el correo y de cuando en cuando escribo algunos aforismos y reseñas…

¿Qué nombres propios resaltaría?

El fallecimiento de Carmen Jodra, tan joven, me ha convulsionado profundamente. Es terrible. En los inicios del siglo, en plena marea celebratoria de Las moras agraces invitamos a Rivas a la poesía. Era tímida y estaba desbordada por la repercusión de su poemario que había trastocado su existencia; se alejó pronto del foco mediático y su segundo libro, reconocido con un premio menor, pasó casi sin voz. La muerte está ahí, insomne, dura, y cualquier felicidad es un estado transitorio. 

¿Y la censura a Luis Pastor?

Es repulsiva y vergonzosa, como si se recuperase el espíritu más rancio del franquismo censor. El papel del cantautor sigue molestando al poder por su voz crítica. Conozco muy bien a Luis, somos vecinos y amigos y alguna vez pensé en editar sus canciones y hacer un prólogo extenso y clarificador de su recorrido musical…El libro se fue haciendo pero nunca vio la luz porque otra edición hizo lo mismo y me quedé fuera… En fin, la realidad es siempre azarosa y extraña, pero me alegra mucho el sentimiento de solidaridad que se ha generado en torno al cantautor. 

¿Sigue su trabajo crítico a pie de mar?

No tengo más remedio; debo entregar dos ediciones en octubre y aunque su formato final estará listo en septiembre, no descuido los afanes correctores ni las notas. Así que entre los pliegues de las olas, mi voluntad literaria  camina por los senderos habituales… Camina a solas y despacio.       


lunes, 5 de agosto de 2019

AFORISMOS DESDE EL FARO

Tierras Altas
(Escocia)
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


AFORISMOS DESDE EL FARO

Despertar es siempre una sorpresa

ANTONIO PORCHIA

Escribía aforismos; le gustaba patinar sobre zancos.

Voluntad continua para especializarse en el autorretrato. Pero no encontraba modelo.

En la consulta, frente al doctor, bajo los ojos. Confieso mi adicción. Una y otra vez recorro una llanura escrita.

Escribir es vencer el miedo. La literatura es un acantilado que reclama el salto.

Mientras estoy en ella, la realidad es un espacio en blanco.

Para explicarme uso el silencio. Se entiende mejor.

La felicidad atestigua demoliciones. Lo que pudo haber sido.

Enfermé de ausencia. Nunca estoy. Si vuelvo retorno amorfo e impreciso, como si me hubiese perdido en el camino.

Las máscaras engañan cuando mienten, y cuando dicen la verdad.

Sobre el dintel de cada aforismo alerta un dictum preventivo: aquí hablar mucho cuesta caro.

AFORISMOS DE VERANO



domingo, 4 de agosto de 2019

HÁBITOS

Hacia dentro
Fotografía
de
Internet


HÁBITOS

Un hombre solo es mucho
para un hombre solo

ANTONIO PORCHIA

Pienso en ti casi siempre;
las otras veces, pienso en ti.

                   (De Ecuaciones vitales)






sábado, 3 de agosto de 2019

RARO

El yo fragmentario
Fotografía
de
Internet

RARO

El hombre ama la compañía,
 aunque sea la de una vela encendida

G. C. LICHTENBERG

   Cuando niño, mis días solían agarrarme a las ramas del ensimismamiento. Era un ser silencioso y ausente, como quien levita en el espejo. El maestro insistía en llamar mi atención con aspavientos teatrales, hasta que reconocía lo inútil de su empeño y proclamaba en voz alta su decepción: yo era un raro, una extraña  cabeza pensante, empeñada en plantar rosales árticos.
   Indeciso y sin brújulas, siempre con la perenne compañía de mi escueta sombra, yo regresaba a casa. Solo mi madre mostraba desacuerdos con el juicio afanoso del maestro. Me abrazaba fuerte y alborotaba alegre mi flequillo. Después se perdía en el mediodía incierto de lo diario o pasaba las horas en el patio buscando pétalos, esos trozos callados de mi yo fragmentario que buscaban una identidad.

(De Cuentos diminutos)






jueves, 1 de agosto de 2019

HILOS DE ESPUMA

Alboroto
fotografía
 de
Adela Sánchez Santana


AFORISMOS CON HILOS DE ESPUMA

Para María del Pilar Gorricho, 
afecto siempre que no borra el mar

Cuando conciliaba el sueño, permanecía insomne su inteligencia práctica.

El fulgor del adjetivo ciega el poema.

Activos habitantes de la ciénaga, los ajetreos del odio nunca cierran jornada laboral.

Refrenda la última resistencia de un castillo de arena frente al mar: persevera en la nada.

El verano y esos desnudos que eligen mis ojos para decirse.

En el aforismo grava suelta, que presiona los pies de quien camina.

Todos admiraban la solidez y el peso de sus opiniones. Él asentía, mientras ocultaba su petrificado cerebro.

Hay inteligencias livianas, casi invisibles. Buscan su imagen en el espejo de la prepotencia para no desaparecer entre la neblina.

 Sus racionamientos cumplen milenios. Usan el lenguaje de las piedras, un abecedario tectónico.

Quien quema el bosque sugiere ahora plantar arbustos sobre el tizne.

Soy el mismo, aunque la edad  borra senderos al deseo. Seca las sábanas.

(Aforismos publicados en la revista FÁBULA, n 1, Logroño, 2018)




miércoles, 31 de julio de 2019

LUIS GARCÍA MONTERO. ROPA DE CALLE

LUIS GARCÍA MONTERO
Ropa de calle
(Antología poética 1980-2017)
Edición de
José Luis Morante
Cátedra, Colección Letras Hispánicas
Madrid, 2018, tercera edición

NUEVA EDICIÓN DE  ROPA DE CALLE


 El incansable activismo creador de Luis García Montero reclamaba una urgente puesta al día de Ropa de calle, edición crítica de su travesía poética, aparecida en el catálogo de Letras Hispánicas en 2011. La muestra recogía una amplia mirada al trayecto biográfico del escritor de Granada y una selección de poemas escritos en un intervalo temporal que abarca casi tres décadas, entre 1980 y 2008. Desde esa fecha hasta 2016 el poeta ha protagonizado una etapa muy fecunda en la que ven la luz los poemarios Vista cansada, Un invierno propio y Balada en la muerte de la poesía. De las tres entregas se recoge ahora, en esta nueva edición de Ropa de calle  una amplia aportación poemática que da consistencia y continuidad a un trabajo intelectual de primer nivel, con amplia repercusión en la lírica más joven y en voces contemporáneas que han hecho de la poesía de Luis García Montero un norte que marca coordenadas para su propio taller.
   En este periodo también resalta la apertura de un filón narrativo integrado por tres novelas.  Estas ficciones definen el pulso narrativo del autor que presenta notables afinidades con su ámbito poético. Como es sabido, una cualidad persistente en esta obra lírica es la textura narrativa de las composiciones. Sin divagaciones, los estratos del poema se articulan con el pautado acontecer de una senda clásica que muestra exposición, nudo y desenlace. Esta aseveración prolonga sin suturas la dimensión narrativa que abre Luis García Montero en su producción literaria. El nervio germinal de su primera novela, Mañana no será lo que Dios quiera, es Ángel González, presencia fija de su familia poética, junto a Federico García Lorca, Antonio Machado,  Rafael Alberti, Luis Rosales y Jaime Gil de Biedma.
   La variedad polifónica del escritor se completa con el ensayo, la edición crítica y la columna de prensa, facetas donde amplía las posibilidades expresivas de nuestra lengua. La literatura de Luis García Montero prosigue sin desvíos, en una línea firme de continuidad y crecimiento, lo que determina la convicción profunda e que era necesario este nuevo encuentro del lector con Ropa de calle  para presentar un colmado balance de etapa, una detallada fotografía del ser poético en el fluir del tiempo.





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martes, 30 de julio de 2019

DORMIR BAJO TECHADO

Habitación con vistas
Fotografía de
Internet



DORMIR BAJO TECHADO

Perdonen la tristeza

CÉSAR VALLEJO

   Esa bronca manía del presente de no sentar cabeza  nos impide dormir bajo techado. Su devenir es un golpe de dados. En la ajada piel  del ahora se escribe un enjambre de titulares. Son contingencias
que llenan de aspereza los días.
   Autista, el porvenir tiene miedo y espera. Ha leído a Kavafis; busca otra tierra y otro mar donde el amanecer no nazca herido.

(Apunte del diario)





domingo, 28 de julio de 2019

MENSAJES EN UNA BOTELLA

Espera
fotografía
de
Internet



AFORISMOS CON TRAJE DE DOMINGO


Cada náufrago reclama para sí la madera raída.


Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.


Estoy aquí, creo, aunque desconozco la ubicación exacta del aquí.


Los aforismos marcan la piel del agua, como la huella frágil de una verdad.


Para la confidencia íntima, personal, directa, un tono de voz sobrio alejado del aspaviento.


Percibo los contornos con la precisión ambigua del miope.


Cada día el desconcierto, la indagación sobre una realidad cambiante y fragmentaria.


Con los años el escepticismo muda en benevolencia.


Sucede que regresas cada vez que te nombro.


No sé apaciguar mi obsesión por relojes y calendarios.


En la íntima discordia entre el yo y la nada, tomo partido.


Un nombre propio que acumula letras en minúscula. Nadie, en suma.


Mientras busco, dejo abierta la puerta para el regreso.


      (Del libro Motivos personales, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015)






viernes, 26 de julio de 2019

ROSARIO TRONCOSO. RELÁMPAGOS

Relámpagos
Rosario Troncoso
Prólogo de Itziar Mínguez Arnáiz,
Epílogo de Javier Gallego
Portada e ilustraciones de Deli Cornejo
Editorial Norbanova
Cáceres, 2019


APUNTES DEL CORAZÓN


   Desde aquel lejano despegue,  Huir de los domingos, que apareciera en 2006, Rosario Troncoso (Cádiz, 1978) ha ido tejiendo -laboriosa y ensimismada Penélope- un quehacer literario que abarca geografías creadoras diversas, como el afán poético, la escritura de artículos en prensa, la preparación de antologías y el impulso editorial de Takara. Así ha ido completando un autorretrato a mano alzada del que son señas de identidad el tono confesional, la presencia de la memoria, el rumor del conflicto entre el sujeto y entorno y las erosiones del transitar como agente incansable de grietas.
  Su nueva amanecida Relámpagos tiene un carácter misceláneo, como corresponde a esa bitácora interna que aglutina la caligrafía sentimental. Muestra el ritmo respiratorio de la reflexión “Después de la tormenta”. El epígrafe es empleado por la poeta y periodista Itziar Mínguez Arnáiz para exponer una síntesis implicada sobre la semántica de Relámpagos; es un dicho vivo, pronto, agudo e ingenioso; son cualidades aplicables a los distintos enfoques del decir breve, compartidas por el aforismo, el texto fragmentario y el haiku. Aquí, tras la portada de Deli Cornejo y las hermosas ilustraciones internas, conviven de modo natural, con una vecindad aplicada en fusionar textura emocional y laberintos del pensamiento. El prólogo comenta con acierto el tantear orgánico de este libro sin género que aborda los sustratos argumentales más transitados por la poeta.
  Cada sección plantea una afinidad semántica que arranca con dos citas representativas sobre el discurrir de las páginas. La de Luis Rosales constata la posición vertebradora del amor en la arquitectura existencial: “Lo que has amado es lo que te sostiene”; y la de José Luis Morante recurre al aforismo para recorrer la distancia invisible entre causas y efectos: “Ceguera: onda expansiva del fogonazo”. Son el germen del ideario de Rosario Troncoso que empieza a caminar con el apartado “Rayo que atraviesa”, un fragmento versal que recuerda a Miguel Hernández y que comparte espacio lírico con estos versos de Jesús M. Gómez  y Flores: “Relámpago azul, sobresalto / que sucede al sueño si no te hallan / mis dedos”.
   El aforismo contemporáneo vive un paréntesis de insólita fecundidad, se suceden nombres propios que arrancan senda en el género. Y a ellos se suman los frutos del apartado “Rayo que atraviesa” que responden a las llamadas del género con muy buen paso y con un innegable barniz lírico: “Estoy aprendiendo a vivir sin pensarte. Y he logrado grandes progresos: no estoy pensando en ti”;  “La pasión abre agujeros por donde entra la nieve”.
   Con frecuencia, la crítica ha señalado el impulso motriz que el adentro del sujeto poético adquiere en las composiciones de Rosario Troncoso; de nuevo se convierte en cartografía reflexiva en “De atmósfera  interior”, donde se recuerdan unos versos de Leopoldo María Panero: “Solo es hermoso el pájaro cuando muere / destruido por la poesía”. La existencia propicia un deambular paradójico que multiplica en sus itinerarios los contraluces; en esa contemplación que aglutina esplendor y ceniza, esperanza y pesimismo ante una realidad que no oculta sus socavones: “Con lo negro del futuro me pinto las pestañas”; “La paz. El equilibrio. La serenidad. La virtud de estar completamente muerto”; “Borrar también el olvido es la muerte verdadera”. Las palabras se hacen espejos donde se deposita la piel sin veladuras, aunque quien escribe conoce los riesgos de la sobreexposición: “Abuso de la primera persona: es una grosería desnudar el alma en otros cuerpos”.
   Tal vez para contradecir la presencia del yo excesivo, Rosario Troncoso recurre a la musa para denominar otra suma parcial de aforismos bajo el epígrafe de “Musa fragmentada”; se recordará que la musa es un ayudante a tiempo parcial del taller literario que ofrece asesoramiento gratuito e inspiración al paso y que tuvo en el movimiento romántico un prestigio insólito. Ahora la musa se ha fragmentado, suele llegar tarde y evidencia una voluntad soliviantada por los agobios. Como escribe Andrés Trapiello, enfermó de mudez. Con todo, es una cordial excusa literaria para un puñado de aforismos: “Si las musas dictan desde lejos se nos quedan los dedos fríos”, “En los talleres de poesía no se enseña el pellizco, el calambre ni la sutileza”; “Los cimientos de papel son los más sólidos”.  
   El apartado “Inventario de fragilidades” sustituye el destello aforístico por fragmentos reflexivos que a veces adquieren la densidad evocadora del poema en prosa. Así germinan rastros de vida que iluminan los cuartos de estar de la convivencia, sus ventanas y muros.
   Poeta siempre en guardia, Rosario Troncoso añade en “De cinco y siete y cinco” una coda en la que el esquema del haiku se convierte en único molde expresivo; así completa un libro que amplía con una lectura crítica de Javier Gallego. El poeta y editor literario es un atinado sondeador de la poética de Rosario Troncoso y acierta de pleno al argumentar que la brevedad del decir conciso propaga un destello que guarda el fogonazo del asombro. De esa luz cegadora y precisa que aporta claridad a las palabras se nutre esta compilación aforística que camina entre el poema y la prosa, entre la filosofía y el callar rumoroso del cauce lírico. Textos que revelan una pupila abierta a lo diario, que muestran que el yo emotivo necesita a diario tomar apuntes con el corazón, porque abrir los párpados es hacer huecos para que se cobije el mundo dentro.




miércoles, 24 de julio de 2019

APUNTE SOBRE LO REAL

Conversación
(Playa de Les Amplaries)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana



APUNTE SOBRE LO REAL

  Miro en silencio la obsesiva cadencia del oleaje, esa confirmación de que las formas son espejismos. La realidad miente, es solo un  paisaje interior.

(Disonancias)






martes, 23 de julio de 2019

JESÚS MUNÁRRIZ. ESCARAMUJOS

Escaramujos
Jesús Munárriz
Editorial Pre-Textos
Colección La Cruz del Sur
Valencia, 2019

SABOR DE INFANCIA



   En la antología Materia del asombro, seleccionada por Francisco Javier Irazoki, se vislumbra el largo itinerario lírico de Jesús Munarriz, entre 1970 y 2015, a través de una selección representativa de setenta y cinco poemas. El cardinal servía de homenaje afectivo para conmemorar el septuagésimo quinto cumpleaños del poeta, traductor y editor. La muestra integra un liminar sobre la voz poética de Munárriz con este párrafo clarificador: “En ella está la voz del hombre que cuida su idioma, la del coleccionista de preguntas, la de un ser enamorado, la del artista con inquietudes cívicas, la del que acompaña a un guía…”. Evidencia que los argumentos se nutren de un yo plural que fusiona contingencia y pensamiento, que hace del lenguaje un sustrato instrumental para constatar la sensibilidad y el compromiso del sujeto.
  La preceptiva clásica japonesa del haiku impone al yo una veladura especular; la imagen del poeta se borra para focalizar en primer plano un entorno natural, sometido al renovado proceso de lo transitorio. El devenir contemporáneo difunde nuevas perspectivas líricas y es frecuente encontrar haikus en los que se asoma esa solitaria voz coral que enmarca en tres versos sus visiones sobre el entrelazado que conforman entorno y sujeto receptor. Asú sucede en los libros de haikus que Jesús Munárriz ha ido escribiendo hasta la fecha, Jaikus aquí (2005) y Capitalinos (2018), a los que ahora se añade Escaramujos (2019), una obra cuyo título recupera el sabor de infancia y enaltece la cercanía a la naturaleza,  aquel deambular entre zarzas, moras y rosales silvestres
   Si en Capitalinos el laberinto urbano se convertía en lugar del poema, en Escaramujos el paseante retorna al hábitat campestre y a los espacios de sosiego y soledad rural: “Llueve en el pueblo, / En lo alto de la sierra / cuaja la nieve”, “Pican los tordos / entre la nieve blanca / escaramujos”, “En un sembrado / un bando de avefrías; /  recobran fuerzas”. Se tantea el sentir más clásico de la estrofa, ese minimalismo formal que convierte cada detalle del paisaje en materia poética. También resuena el carácter temporalista del haiku y la palabra de estación que convierte a cada etapa anual en apartado organizativo; los haikus de invierno, primavera, verano y otoño revitalizan las vestimentas temporales de las cosas y su actitud de espera y goce sensorial.
  El trébol verbal es introvertido. Le gusta el rumor leve de la confidencia que convierte la sensación en una estela mínima: “Entro en el monte. / Me saluda la jara / con su perfume”, “Se arremolinan / las semillas del chopo / como algodones”, “Le hace cosquillas / al álamo temblón / la leve brisa”, “ Mota de polvo / en un rayo de sol. / Así me siento”. Crea sinestesias donde se abrazan sensaciones sensitivas y sentimientos. La realidad se convierte en un espacio interior en concordancia con la forma de sentir y pensar del figurante lírico. Frente a los sentidos se alza una multiforme pared de colores y formas; sus estímulos se transforman en experiencia estética: “Tiñen de malva / las laderas del monte / los tomillares.”, “Entre la niebla / en que se hunde el camino / suena una esquila”, “Escaramujos / incendiando las zarzas / en el crepúsculo”.
     Jesús Munárriz ha comentado en algunas entrevistas que la difusión y edición de poesía japonesa le ha llevado al cultivo del haiku. El lector recordará que la editorial Hiperión ha creado un poblado catálogo de traducciones de poetas esenciales del canon. Y en Escaramujos hay guiños evidentes a los magisterios de Bashô, Santoka, Sokan; para no extenderme solo constato un ejemplo que muestra la calidez gozosa del homenaje: “Salta la rana. / Resuena el viejo estanque / como hace siglos”.
    Kigo es la palabra estacional que aparece en el tríptico y conforma un concepto esencial en la mentalidad japonesa. Jesús Munárriz titula “Sin Kigo” la última sección, como si formulara una poética personal sobre la estrofa; pero no hay ninguna quiebra semántica. Cada uno de los textos, con o sin palabra estacional, difunde la belleza de lo mínimo: “Vuelve y se duerme / el mochuelo en su olivo / de amanecida”, “Primeras luces, / silban los mirlos, silban / asoma el gato”, “Sobre la hierba, / las plumas del gorrión / y, cerca, el gato”.
   En la poblada trayectoria del poeta editor el haiku ha encontrado tierra firme; es una sugerente manifestación de verdad y belleza que, en su minimalismo formal, esencializa una percepción del mundo. Son cálidos destellos que nos muestran, con cercanía afectiva las heterogéneas aristas de la realidad.  Escaramujos es un libro excelente; parte del conocimiento profundo de la tradición oriental para incardinar ese saber, con naturalidad y sencillez, en un entorno complejo y consistente, pleno de vida, proclive a la emoción de quien contempla.




lunes, 22 de julio de 2019

CONSTRUCCIÓN DEL YO (Aforismos)

El yo fantasma
Imagen
 de
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CONSTRUCCIÓN DEL YO

Los demás caeríamos como moscas
con los primeros fríos

JESÚS MUNÁRRIZ

Cuánto ridículo abarca la vista aérea del yo.

Habla de sí mismo con solvencia insólita, como si conociese la estructura nómada de las corrientes marinas, la temperatura interior de un volcán activo o la disolución exacta de la niebla.

Con la edad, el yo es un edificio de renta antigua; hay grietas visibles y parte de su estructura se ha venido abajo.

Publicidad monolítica; nunca cesa de anunciarse a sí mismo.

Inesperada aparición del otro. Suponía que era el único habitante de la galaxia, una identidad anfibia de Adán y Eva.

Silencio: estacionamiento subterráneo del yo.

(Aforismos de estío)