miércoles, 16 de junio de 2021

CUADERNOS PARA LA INVESTIGACIÓN DE LA LITERATURA ESPAÑOLA

Cuadernos para la INVESTIGACIÓN
 DE LA LITERATURA HISPÁNICA
SEMINARIO MENÉNDEZ PELAYO 
FUNDACIÓN UNIVERSITARIA ESPAÑOLA
nª46 / 2020
Director: Javier Huerta Calvo

 

A solas en el canto

(La poesía de Ada Salas)

José Luis Morante

I.E.S. Duque de Rivas

 

Resumen: Se realiza una visión de conjunto sobre la labor poética de Ada Salas (Cáceres, 1965). Su personalidad literaria revitaliza una estética concebida como búsqueda y conocimiento, que vela el registro autobiográfico y reivindica la pulsión esencial del lenguaje y su dimensión trascendente. El trayecto asume desde el comienzo un enfoque personal, una propuesta singular sin deudas generacionales, con una estructura unitaria y continua que reflexiona sobre la identidad y la observación luminosa del entorno.

 

Abstract: A glance at Ada Salas' poetry (Cáceres, 1965). His literary personality revitalizes an aesthetics conceived as research and knowledge that veils the autobiographical narrative and justifies the essential thrust of language and its transcendent dimension. The journey assumes from the beginning of a personal approach, a unique proposition without generational debts and it has a unitary and continuous structure that reflects on the identity and light observation of the environment. 

 

Palabras clave: poesía, objetivismo, escenarios, memoria, mística.

 

Keywords: poetry, objectivism, setting, memory, mystic.

 

En Diez años de poesía en Extremadura (1985-1994)[1], volumen editado en 1995 por el profesor y ensayista Miguel Ángel Lama, se exploraba la cartografía poética de la comunidad autónoma en la etapa finisecular. Junto a los consagrados –Santiago Castelo, Pureza Canelo, Ángel Campos…–, con amplia proyección, salían a la luz tempranos afanes para reactivar la nómina del momento. En esa amanecida se integra Ada Salas (Cáceres, 1965). La poeta logra en 1987 el Premio Juan Manuel Rozas con Arte y memoria del inocente, libro impreso al año siguiente por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. En sus aulas, la incipiente autora había cursado Filología Hispánica, vinculada al grupo poético de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres. Son días marcados por el aprendizaje y un ensanche de relaciones que refrenda intereses, busca guías y canaliza la personalidad literaria.

Arte y memoria del inocente se inicia con dos referencias: una estela aforística de Alonso Guerrero, cuyo posterior trayecto se escora hacia la ficción narrativa, y un pensamiento de Alberto Caeiro, heterónimo de Fernando Pessoa. El conjunto de poemas se despliega como entrega diáfana, donde el tiempo y el sustrato biográfico marcan las rutas argumentales. Se oye la confidencia penetrante y sutil. Con naturalidad, los versos entrelazan intimismo y contemplación, contienen el aire del amanecer.

La caligrafía de este momento auroral evidencia la inclinación hacia el formato breve, que concede a los cierres poemáticos una pulsión conclusiva. Los poemas hacen de la palabra raíz vital, iluminan los corredores de la identidad con implicación activa, ajenos al objetivismo realista dictado por las circunstancias externas:

He vivido cien siglos con horas semejantes.

He sufrido la ciega soledad del pájaro caído

la cruda languidez de los cielos abiertos.

Amé la lluvia en la ciudad antigua

el humo los cristales los astros

desatándose.

Nada me sobra en cambio.

La palabra es el don

que solicito.

 

[NDA[2], 2007: 48]



[1] Miguel Ángel Lama, al titular su antología, se inspira en el volumen autobiográfico de Carlos Barral Los años sin excusa. La panorámica extremeña continúa el trecho analizado por Abierto al aire (1984), publicación de Álvaro Valverde y Ángel Campos.

[2] El volumen No duerme el animal (2009), Madrid, Hiperión, recoge la obra escrita por Ada Salas entre 1987 y 2003. Sirve de base al presente estudio, donde cada poemario se cita con la abreviatura de las letras iniciales del título: NDA sería, por tanto, No duerme el animal, compilación de trayecto con la versión definitiva de los poemarios incluidos. 


    Fragmento del ensayo A SOLAS CON EL CANTO (La poesía de Ada Salas) 


lunes, 14 de junio de 2021

XOSÉ BOLADO. UN PÁJARO TAN LIGERO

Un pájaro tan ligero
Xosé Bolado  (Antología)
Edición, selección, versión al asturiano y notas
de Esther Muntañola
Bartleby editores, edición bilingüe
Madrid, 2021

LA VOZ DEL TIEMPO

 

   El jueves 20 de mayo concluía el trayecto biográfico de Xosé Bolado (Oviedo 1946, Madrid 2021), profesor licenciado en Filología Románica, escritor en castellano y asturiano, coordinador de la revista Lliteratura, impulsor de la colección Deva de poesía en el Ateneo Obrero de Gijón e incansable investigador del cauce cultural como ensayista y Académico de la Llingua, desde hace más de tres décadas. Pocos días después -sin asimilar la dolorosa atardecida y aturdidos por la inesperada despedida, quienes gozamos de su amistad, con la fuerza intacta de su generosidad y sereno estar en lo cotidiano- arranca vuelo Un pájaro tan ligero, balance preparado por la poeta, editora y responsable de la traducción Esther Muntañola, quien compartió años de amistad con Bolado en la tertulia madrileña, donde fueron presencias fijas y remansos de intimismo Herme G. Donis, José Javier González y Berta Piñán.
   En el prólogo se hace notar el conocimiento directo y la fijación de una perspectiva de complicidad en la experiencia de ser. Los apuntes de Esther Muntañola, como se percibe en este fragmento, tienen un teclado lírico de gratísima lectura: “La poesía de Xosé Bolado se acrisola en el lugar que genera la intemperie, se destila en la frontera del aire, en el límite entre lo conocido y su desdoblamiento simbólico. Se convierte en refugio atemporal para la conciencia, acumulando una sabiduría arcana y mansa”. La introducción explora un concepto nuclear del físico alemán Rudolf Emmanuel Clausius, según el cual el universo está sometido de continuo a la entropía, un proceso de desgaste, de caos y desorden que afecta al fluir de la materia. De este modo, la existencia es una lucha contra esa destrucción natural e inevitable, un ejercicio de resistencia al paso en el que resuena, con lucidez inquieta, el laboreo de la memoria para recuperar secuencias acogidas y cristalizadas entre las palabras.
   Así ve la luz una senda poética que dota de estrategias verbales al moroso aprendizaje de ser y a la búsqueda de un equilibrio estable, frente a un entorno cambiante y frágil. El rescate de la voz del tiempo se reafirma como amanecida del entorno diario; en él, la poesía se afana en completar los pasos de un recorrido circular hacia sí misma, preservando presencias sensoriales, vidas y sueños.
   Se elige el criterio cronológico para hilvanar el balance; por tanto, abren lectura las composiciones de Línea imperceptible al temor (1988), que añaden a la selección original de Deva dos poemas nuevos, “Siento el silencio del cristal” y  “Acaso escribes desde la semilla”. En esta entrega auroral,  la semántica de la elegía suena con un poso melancólico y se convierte en núcleo reflexivo. Nomade fue publicado en 1991 en la colección Quaderni della valle, con dirección y traducción de Emilio Coco, responsable también de la hermosa Antologia poetica (2005) y de su versión al italiano. El protagonista de los escuetos textos integrados escucha el paso transitorio de los sentimientos, esa vida tenue que aleja la belleza para convertirla en pura abstracción. En Conjura contra la decadencia (2002) la escritura se hace senda y cobija un paisaje de pérdidas y encuentros, de despojamiento en cuyo vacío sopla fuerte el viento del noreste. Los poemas integran indistintamente elementos oníricos y recuerdos fragmentados, componiendo una escenografía de restos ajados por la intemperie, bajo una luz grisácea.
   En 2006 se incorpora al trayecto La estación de los relevos. En la entrega hay un invisible tono metaliterario que delimita preguntas e intuiciones sobre la anatomía de la escritura desde el espíritu romántico. El yo lírico enlaza su voz con las palabras blancas del intimismo. Quien percibe, escucha al otro para conocerse a sí mismo y recorrer las claras habitaciones de una casa abierta, cuajada de elementos de la educación sentimental y de presencias imborrables como la madre.
   De este carácter introspectivo participan también las composiciones de La buena intención, cuya primera edición en Impronta se fecha en 2012. El libro persevera en la pupila del recuerdo, transciende el presente para recuperar instantáneas dormidas en el pretérito que es siempre arcón abierto, subjetivo y protegido por un fuerte epitelio emocional. El poema en prosa añade a los textos una clara dimensión enunciativa, como si compusieran pequeños relatos que hilvanan los trazos de una época sombría. En este libro se integra el poema “Un pájaro tan ligero” que da título al conjunto. En él nace la noción de exilio del entorno diario y la sensación de nomadismo en otro territorio que hace del regreso un espejismo, porque es difícil que las alas del día no le nieguen el vuelo a las alas de la noche. Los últimos poemas del conjunto acentúan la voz crepuscular, como si confluyeran en los versos sensaciones de soledad y despedida.
  Esther Muntañola, para ofrecer el rostro firme de una panorámica de conjunto, recolecta poemas publicados en cuadernos y revistas, cuya contingencia editorial se clarifica en notas a pie de página. No son textos de superficie, sino composiciones autónomas, no acogidas en el hilo argumental de sus libros. Algunas, como “Herida”, con dedicatoria a José Javier González y Julia Gutiérrez, fechada en agosto de 2014, tienen una fuerte armonía expresiva. Y presenta como coda una selección de cinco “Inéditos”, que reiteran los motivos principales del poema: el confidencialismo sentimental, la ingratitud áspera del discurrir, el mínimo apunte de belleza que sorprende en lo diario o la evocación de identidades que marcaron la educación sentimental del yo. 
   La trayectoria lírica de Xosé Bolado retoma en Un pájaro tan ligero  un vuelo alto, cuyas vetas más fértiles son el amor y el tiempo; el amor como espacioso ámbito del hombre en la búsqueda de la plenitud y el discurrir, como un proceso de depuración. La hermosa edición de Esther Muntañola subraya que en la razón poética se entrelazan motivos temáticos diversos,  sin perder coherencia. El poema se hace tierra común, presente, espera.

JOSÉ LUIS MORANTE


domingo, 13 de junio de 2021

EXIGENCIAS (Carta a un poeta joven)

Cielo de fondo
(Oropesa del Mar, junio de 2021)
Fotografía
de
Bas Mati

EXIGENCIAS  


   No basta la buena intención; para que  el quehacer creador cruce el umbral de lo permanente y busque pronto ese cielo de fondo del lector debe cumplir algunas exigencias. Cuánto emociona escuchar su voz dubitativa en el taller. La literatura es un encuentro pactado entre dos comensales: el autor y las palabras; son dos caminos que se juntan en un punto de cruce, ajenos al invierno, para firmar acuerdos y pactos comunes. Cada gota pregunta dónde debe guardar su transparencia. Cada género asciende a su peldaño para depositar en él sus huellas firmes: el ensayo, el sentido cartesiano, a salvo de cualquier disgregación; el aforismo, la persuasión pedagógica y la prolongación del pensamiento; el relato la complicidad y la pequeña magia del final; la novela, el paso libre de los argumentos y la inteligencia ordenadora que marca el rumbo de los personajes; y la poesía, el misterio vespertino de la insinuación, el no sé qué que queda balbuciendo. 
  Son obligatorias exigencias del escritor la intuición creadora, la riqueza emocional y la mano fuerte de un día laborioso que consume su luz frente al crepúsculo.

(Carta a un poeta joven)


 

 

sábado, 12 de junio de 2021

YASMINA ÁLVAREZ MENÉNDEZ. VIVIR EN TUS ORILLAS

Vivir en tus orillas
(versos desde Null Island)
Yasmina Álvarez Menéndez
BajAmar Editores
Gijón, 2021


 

EL YO, CONTIGO

 
  
   La labor poética de Yasmina Álvarez Menéndez (Tineo, Asturias, 1978), profesora de Didactica de la Lengua y la Literatura en la Facultad Padre Ossó, locutora de publicidad y actriz de la Compañía de teatro Pausa, protagoniza una luminosa amanecida que comienza en 2018, cuando entrega en BajAmar su carta de presentación Los versos que nunca os dije. El libro, estructurado como una obra teatral con entreacto, acogía una voz replegada en sí misma que compartía un discurso intimista, con el espejo literario de nombres como Ángel González y Aurelio González Ovies. El protagonista verbal hace de la nostalgia una tentativa de recuperación de lo perdido; sobre los poemas sobrevuela una sensación de desvalimiento, de tanteo entre los pliegues por un entorno carencial, con frecuencia marcado por la ausencia.
   La poeta da cauce en su nueva entrega Versos en tus orillas al itinerario vital remansando en el sentimiento amoroso. Sobre ese motivo argumental escribe Isabel Ruiz Lara una breve anotación, cuajada de citas y razones celebratorias: el cuerpo es orilla abierta, frescura natural para la sed del otro. Desde ese umbral, con citas de dos poetas esenciales, Joan Margarit y Eloy Sánchez Rosillo, la autora organiza los nuevos versos en tres tramos, “Orilla Norte”, “AMARas y “Orilla Sur” en los que se aloja un sujeto que observa, reflexiona y recorre una historia marcada por lo cotidiano y sus filtros.
   El tono elegíaco palpa a diario los límites del tiempo y las coordenadas situacionales del trayecto personal. El poema inicial “A media vida” aporta al retrato autobiográfico la valiosa precisión de la madurez. Ese eje de simetría cronológico se inclina al abandono de futilidades y remarca el despojamiento con emotiva caligrafía: “Nada más que amor será mi herencia”. Esta certeza se hace brújula para el avance de incisioness en torno a la memoria, la textura azarosa del presente o el deshielo de certezas y esperanzas. Desandar las horas es una suma de repliegues, una forma de alimentar el vacío en un extraño viaje hacia la incertidumbre.
   Como subrayando la ambigüedad semántica de la palabra,  en el tramo central AMARras se ratifica el esfuerzo regenerativo del amor y, al mismo tiempo, su condición de atadura de la voluntad. Todos los poemas recurren al formato estrófico del haiku para construir una excelente arquitectura en torno al deseo y la celebración del cuerpo: “Bajo mi vientre, / donde todo comienza: / besos, espuma." La fuerza de la imagen suena con voz natural, sencilla, estremecida: “Siento la sed. / Atravieso un desierto: / en ti la fuente”.
  En “Orilla sur” el cuerpo se convierte en exploración indagatoria. Transitar la geografía corporal es descubrir un mundo que multiplica latitudes al deseo. Todo se hace dominio sensorial impregnado por el erotismo, como leemos en el cálido poema “La gota que te colma” o en “Longitud y latitud”, cuyo umbral recuerda un conocido verso de Luis García Montero. También la poesía de Juan Ignacio González contagia su brizna de luz en el poema “Cartografía de un mapa para perderse”. La eficacia estética del apartado procede de una dicción sugerente, que se acerca al nosotros con la cadencia de intimismo explícito o mitigado, de la palabra enamorada. Leemos en el comienzo de la composición  Avant”: “Ven. / Dame la mano. / Déjame traerte hasta mi vida. / Toma la llave. / Entra sin llamar y sin miedo. / No eres turista. / Soy tu casa: habítame.” Como un inventario de lugares propicios al abrazo, los poemas de “Orilla Sur” delimitan esa exigua distancia que separa los cuerpos que se aman. Solo es posible, sin más explicación, tensar el hilo de lo vivido, mantener el destello de luz de quien desea, ser el sedentario habitante de Null Island, ese lugar sin geografía hecho memoria y sueño, hecho voz también bajo las nubes densas de dudas y silencios.
   Yasmina Álvarez Menéndez incorpora su voz a la tradición amorosa; conforma en Vivir en tus orillas una llanada que hace de emociones y sentimientos las tierras altas del poema. Sigue profundizando en líneas de fuerza de una escritura que nunca oculta su sentido y su horizonte afectivo. Su poesía es un íntimo coloquio con las claves del yo. Moldea formas de perseverar en lo diario con una intacta sed de vida, con palabras que interpretan el silencio y buscan en Null Island costa abierta. 
 
JOSÉ LUIS MORANTE


   
 
 
  
 

viernes, 11 de junio de 2021

PÉRDIDAS

Confidencias
Estatua de Pío Baroja
(Madrid, Cuesta de Claudio Moyano, 2021)

 PÉRDIDAS

   No quiero ocultar, si siquiera al silencio cansado de una estatua, que hago de las pérdidas un azaroso hábito. Es una torpeza,  con ritmo sincopado, que gratifica a los que no nos quieren, porque legaron a nuestra  discreta identidad el papel principal en cualquier desvarío. Y alegra también a los que nos quieren, porque pugnan por cobijarnos en un espacio medio, entre la ternura, el despropósito y la resignación. Me equivoco a menudo; pierdo cosas, aunque anuncio después incumplidos propósitos de enmienda. Como se pierde una dedicatoria en el papel amarillo de los libros antiguos, acabo de perder el final de este cuento. 

(De Cuentos diminutos)




jueves, 10 de junio de 2021

JOSÉ ANTONIO SANTANO. MADRE LLUVIA

Madre lluvia
José Antonio Santano
Introducción de Alfonso Berlanga Reyes
Olifante, Ediciones de Poesía
Zaragoza, 2021 

 

PENSAR LA LLUVIA

 

   La lluvia, más que un elemento metereológico que da vida plena a nuestra genética y al entorno, es un espacio arquetípico, una construcción ficcional propensa al simbolismo que ha humedecido, de continuo, las estanterías de la tradición. Así lo corrobora el hermoso paratexto que José Antonio Santano (Baena, Córdoba, 1957) ubica en el umbral de Madre lluvia. Ahí suenan, con teclear emotivo, las citas de José Ángel Valente, Pablo García Baena y Antonio Colinas; la tres comparten el cálido lenguaje de la transparencia sobre la dermis interior del ser.
  Los buenos prólogos miden la curvatura de la luz, ofertan claves y ventanas para que la experiencia lectora camine por sendas marcadas. La introducción de Alfonso Berlanga Reyes clarifica de inmediato el motivo central del poemario: la memoria de la madre en un contexto histórico marcado por la sombra y la extrañeza; en ese marco de representación se oye emotiva y densa la voz de la memoria, su lirismo pausado por una visión de pérdida crepuscular y despedida, como refrenda la escueta y dolorosa dedicatoria: “A mi madre. In memoriam”.
  José Antonio Santano opta, en general, por el poema breve y despojado para dar cauce al sedentario estar de la evocación y su fuerte latido emocional. El poema se empeña en construir ejes de simetría entre pasado y presente; la anciana que consume su tedio en silencio, “en los barbechos de un dolor continuo” es también el ayer de una niña que mira la tierra y el olivo, cuya retina traspasa la piel de los años para recuperar la telaraña afectiva de lo vivido. Las secuencias vitales se han ensombrecido, están recubiertas por una mustia capa de ceniza, como si aceptara la inminente hora del adiós y la derrota, ese silencio lento que dormita en las casas sin nadie.
  En la umbría de la evocación retornan “los años opresores de posguerra”, ese estar cotidiano de anemia de ideales y sueños. La crudeza del discurrir deja incisiones imborrables en la memoria personal, donde resuenan voces ausentes, como una lluvia que gime en la azotea y en los patios, en los ventanales del recuerdo y en la soledad. Todo se hizo oscuridad y silencio. Todo languideció en una cadencia gélida que contagió su melancolía y fue marcando el latido pesaroso del reloj.
  En esta crecida de la sombra que hilvana el devenir, el recuerdo va perdiendo contornos. Sus líneas de fuerza se diluyen, como si las vivencias prolongadas desde los días infantiles fuesen vagos espejismos que la memoria cobija como sueños rotos: “De regreso a la casa, olivar todo / es la tierra, el abismo dibujado / sobre la piel dorada de la tarde, / una extraña presencia aniquila / los sueños de aquel niño que fue olvido, / misterio primigenio, soledad “
   El presente marca huellas de silencio y de soledad; solo en los pliegues de la evocación sobreviven secuencias de otras jornadas en las que el amor tenía la prestancia de la intensidad; el mismo cuerpo emanaba un fresco manantial de plenitud y belleza. Ahora, solo la calderilla del recuerdo deja oír su tintineo metálico.
   Poco a poco la erosión fue marcando los trazos de la melancolía, esas máculas que necesitan  el agua purificadora de la lluvia: “Inefable lluvia madre / lluvia en los párpados, / en la profundidad del iris /en la tristeza de las manos / al filo de la noche y los espejos / que miran hacia dentro, / a lo más oscuro del vacío””. La voz testimonial expande también su mirada sobre la indefensión colectiva de un tiempo de vencedores y vencidos, en el que el resentimiento encuentra su expresión más extrema. La historia personal transita por años mustios, zarandeados por un destino incierto.
  Como una letanía, como un mantra insistente y cálido, los poemas pronuncian el aserto sonoro, esa “madre lluvia” que abre el silencio para construir la historia de una ausencia, un paisaje de días azarosos en el que relumbran  instantáneas que ahora son quietud y sueño, ángulos oscuros que despiertan el son elegíaco. Frente al incesante devenir, José Antonio Santano cierra la puerta al vacío para que percibamos la presencia intacta en la conciencia del recuerdo materno, hecho plegaria y música, hecho despojamiento y epitafio: “Nuevamente la lluvia por su pálido rostro / en rumor de silencios y una leve sonrisa”.

 JOSÉ LUIS MORANTE

 


miércoles, 9 de junio de 2021

RESIDUOS DE LA MEMORIA (versión al italiano de Giuliana Calabrese)

Al paso
Archivo digital
de
Internet

AFORISMOS  DE  MIGAS DE VOZ

Traducción al italiano de GIULIANA CALABRESE

 

 Minucia interna; no encuentro en mi interior nadie en quien confiar.

Minuzia interna: dentro di me non trovo nessuno di cui fidarmi.

  

Si miras con atención el lugar que ocupas, donde estás no hay nadie.

Se osservi con attenzione il posto che occupi, dove sei tu non c’è nessuno.

 

En el apagado discurrir del tiempo, adanes primigenios que aguardan todavía una manzana.

Nel placido scorrere del tempo, adami primigeni che attendono ancora una mela.

 

En la madeja de la gratitud se apelmazan los hilos sueltos.

Nella matassa della gratitudine si addensano i fili sciolti.

 

 En la poesía bucólica, espontánea colaboración de una coral ecológica: piedras, juncos, pájaros y nubes…

Nella poesia bucolica, spontanea collaborazione di una corale ecologica: sassi, giunchi, uccelli e nuvole...

 

 En las conversaciones con desconocidos los intermediarios más eficaces son la elusión y el silencio. 

Nelle conversazioni con gli sconosciuti gli intermediari più efficaci sono l’elusività e il silenzio.

 

La poesía es un yo caligráfico, angustiado por su propia identidad.

La poesia è un io calligrafico angosciato dalla sua stessa identità.

  

La autonomía imaginativa del sueño requiere folios blancos por su inclinación a lo imposible.

L’autonomia immaginativa del sogno necessita di fogli bianchi per la sua inclinazione all’impossibile.

 

 El subconsciente poético confía en el potencial de los precursores.

L’inconscio poetico confida nel potenziale di chi ci precede.

 

 Punto de fuga. Nostalgia de un lugar que no existe.

Punto di fuga. Nostalgia di un luogo che non esiste.

                                                                                                  (Aforismos de la antología Migas de voz)



martes, 8 de junio de 2021

RELOJES

Asonancias
Archivo general
de
internet

 

RELOJES

 

   Aquel invierno adquirió un domicilio antiguo, de piedras frías y cimientos gastados, que se silueteaba sobre el roquedal. Llenó las habitaciones con relojes adquiridos en los mapas abiertos de sus viajes. Todos funcionaban, pero las agujas nunca coincidían en la hora marcada. Dedujo que aquel tiempo en la pared, cuajado de asonancias era una estrategia para que pasado, presente y futuro cohabitaran en el mismo espacio, un sitio clausurado y angosto donde no corrían el riesgo de consumir  ningún exilio.

(De Cuentos diminutos)




domingo, 6 de junio de 2021

EFI CUBERO. SOLO INCLASIFICABLE

 

Solo inclasificable
Efi Cubero
Ediciones de la Isla de Siltolá
Colección Poesía
Sevilla, 2021


ACORDES


   Fue Jorge Luis Borges, aquel argentino universal que concebía el paraíso como una biblioteca, quien popularizó en uno de sus ensayos, una clave interpretativa del profesor universitario, ensayista y crítico de arte Walter Pater (1839-1894). Con lúcida capacidad intuitiva, Pater consignaba que todas las artes aspiran a reunir los valores esenciales de la música, estrategia expresiva que podemos interiorizar y comprender por su intenso efecto emotivo y por la sonora materialidad, solo sometida a la forma. La cita, cuya traducción literal, si se me permite la reiteración, es “Todo arte aspira constantemente a llegar a la condición de la música” sirve de entrada al poemario Solo inclasificable con el que Efi Cubero retorna a la palabra poética, tras su celebrado ensayo sobre arte Esencia (2019).
 La escritora de Granja de Torrehermosa entiende la poesía como singularidad y búsqueda, ascua que alumbra itinerarios reflexivos y ahonda en la sensibilidad marcando sendas interpretativas. Así ha ido dejando en las espaldas del tiempo un mapa creativo que dispersa las entregas Fragmentos del exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013) y Punto de apoyo (2014), un caminar sin fracturas que ahora enriquece la intensa madurez de Solo inclasificable.
  Efi Cubero acentúa la cercanía de ambas estéticas, música y poesía, organizando los espacios interiores del libro con términos de la teoría musical; los poemas se cobijan, tras una única composición prologal, en cinco apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Acordes”, “Contrapunto”, “Allegro”, “Andante” y “Adagio”. De este modo, percibimos el hilo secreto de un único poema fragmentado, que alienta variaciones, exentas de artificio retórico, sobre los escenarios de la palabra. Cada fragmento aglutina las mutaciones del espíritu y los estratos de lo vivido y de lo no vivido.
   El arranque “Solo” esboza un mensaje de intensidad y concisión emotiva, de postulación de una espera en vigilia: “Un solo se interpreta en el vacío / su ejecución te impedirá el reposo. / Aristas acusadas / en una dimensión extemporal, / abismo de absoluto / ascensión de fracaso. /    Solo inclasificable”. Las palabras despliegan un paisaje interior que desvela y muestra la piel abierta de lo paradójico, la plenitud intacta del vacío que se resiste a la brújula analítica del pensamiento.
  Las sensaciones conforman una amplia superficie en la conciencia. Son “Acordes” que  impulsan el discurrir existencial. Su percibir establece un orden de estímulos que es necesario expresar; se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca instrumentos para dejar fuera emociones y respuestas desde la soledad y la extrañeza del sujeto verbal. Los versos se hacen voz apelativa, traspasan la piel, crecen como semilla germinal para incidir en lo trascendido: “Lo que no aspira a nombre ni frontera / enlaza lo distinto para unirse en un todo. / El solo indivisible que solo el alma entiende”.
  Si la técnica del contrapunto pretende construir la apacible armonía entre voces, el apartado homónimo de Solo inclasificable recorre incertidumbres que entrelazan evocaciones, imágenes y mínimos enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles las notas de una contemplación ensimismada donde la luz, ese afán continuo de claridad y transparencia, es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del tiempo.
   El tramo central del libro emplea el aserto “Allegro” para hilvanar poemas que exploran sendas argumentales como la preocupación metaliteraria, presente en “Sílabas”, “Suma” y “Escritura”, y los sedimentos de la contingencia del entorno que es, siempre, un aula abierta para la lectura simbólica, como en los poemas “Vuelos”,“Limón”, ”Cal”, “Chimenea” o “Pentagrama” que definen una manera de mirar el mundo llena de iluminada lucidez y pleno acierto expresivo.
   Andante” comienza con el despojamiento de la brevedad aforística y el esquema versal del haiku: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”. Ese tono reflexivo se mantiene, argumentando una fragmentada meditación sobre el discurrir. El sujeto lírico hace de la soledad un camino propio, un tantear continuo en la profundidad, con una entrega ajena a otras inclinaciones. Lo que importa está dentro, lejos del discurso instituido y el caminar gregario de lo impuesto. El poema “Erosión” nos deja una maravillosa poética existencial: “Con limpios manantiales / se consigue la esencia. / Hay que obrar como el agua, / también por erosión, / sedimentando”  y resaltan también otras composiciones cuya atmósfera argumental recrea itinerarios cumplidos, como “Desenfocado”, donde la trama urbana de Londres se convierte en arquetipo, abstracción y espacio simultáneo de pasado y presente.
   La quinta y última sección “Adagio” mantiene la misma fuerza expresiva, plena de evocación. La realidad diaria se muestra hecha de contraluces, siempre frágil frente a lo inesperado; existir es sumar pasos inciertos y preservar dentro los mejores recuerdos. Aquellos que no se pueden compartir con nadie porque son caligrafía a solas de la felicidad, llama en la ausencia, rescate y senda de un regreso imposible: ”Es lo confesional que inclina a la pureza / de un algo inextinguible que elige sus principios / esta noche de lluvia donde convoco al sol”. El rumor elegíaco de la ausencia impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”: “Hallar el corazón / del acontecimiento, / descorrer las cortinas, / reivindicar el hecho / de que sigues aquí. / Para eludir la muerte / atestiguar la vida”.   
  En el fluir lírico de Solo inclasificable asoma, viva y plena, la íntima filiación reflexiva de la madurez. La voz se hace puente sólido entre fugacidad y permanencia para resistir la pautada incertidumbre de lo diario. El poema se deshoja para ser lección de vida y elegía, escindido horizonte de la realidad que busca desvelar la música callada de silencio, el sumergido perfil de la belleza.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 


sábado, 5 de junio de 2021

RECONSTRUCCIONES

Piedra sobre piedra
Archivo digital
de
internet


 RECONSTRUCCIONES

Las certezas son provisionales siempre, pero para que sean certezas deben sostenerse sobre las piedras del rigor y la claridad. 

Los desvíos no son atajos del camino sino conducción temeraria.

Dentro de las estatuas una sensibilidad dispuesta y vigilante, un interlocutor de mis silencios.

Los que aprueban las  ideas propias por consenso, exilian de inmediato las ajenas.

Caminaba en el aire; concedió a los muros de su pensamiento un año sabático.

Se resquebraja y todos los testigos de primera línea buscaron con urgencia la estampida.

Tan ecuánime que exigía puntualidad al año-luz.

 El desarraigado social añora más a los enemigos que a los amigos

 En el activismo de la razón, una única alternativa necesaria: pensar.

(Derivas)




viernes, 4 de junio de 2021

OXIGENACIONES

La voz del arroyo
Fotografía
de
Bas Mati

 

OXIGENACIONES
 
Con quien no esté un poco cansado de todo
no vale la pena dialogar
 
NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA
 
Imágenes interiores que no se desvanecen, pupilas que guardan dentro un sol apagado, un paisaje de sombra, una noche en continuo titubeo.
 
Hace unos años escribí este aforismo: “No están fuera ni dentro. No están”. Y estos días lo recordé por su precisa manera de definir esas presencias que guardan detrás de su sonrisa una extraña distancia. Nunca sé si son cercanía o lugar lejano, sílabas abiertas o palabras rotas.
 
Mientras veía las hermosas imágenes de Bas Mati en la geografía primaveral de la sierra norte, pensaba que hay fotografías imaginarias que no concuerdan con la realidad; ocultan seres deshabitados.
 
Escenarios visuales de Madrid donde pueblan aceras los zapatos gastados de mi soledad. La pandemia ha robado el esplendor de los sitios de siempre. Son marcos urbanos que añoran la melancolía del paseante. Sitios de regreso que hay que merecer.
 
No se requiere una especial clarividencia para saber que la madurez establece el escepticismo y la soledad como prendas obligatorias de entretiempo.
 
Esa disparidad en la percepción del otro es una escuela abierta. Hoy aprendí que hay gente que percibe en una pregunta inocua un golpe que deja en coma. Insólito y clarificador para mañana: no hay más preguntas.

Apuntes del diario

jueves, 3 de junio de 2021

LOS QUE ESPERAN

Reloj dormido
Fotografía
de 
La Voz de Asturias
 

LOS QUE ESPERAN 


   Llegan temprano al parque, desde algún lugar común y desdoblado. Caminan lentos como un rumor antiguo. Tienen desgarraduras en el cuero curtido del zapato y los ojos adustos, clavados en el suelo. De vez en cuando relatan vidas improbables, escapes de otra identidad que ahora parece tangencial y oscura. Cuando están en el parque nada ocurre, pero son más ellos. Suspendidos en una actitud tallada por el tiempo, con el reloj dormido, solo esperan.

Apunte otoñal


miércoles, 2 de junio de 2021

IDENTIDAD

Identidad
(Parque de Bellavista, Rivas, 2021)
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


 HETERÓNOMOS
 
Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.
 
Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
 
A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.
 
El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.
 
                   (Rotonda con estatuas, 1990)


martes, 1 de junio de 2021

FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN. LOS CUADERNOS DEL FRÍO

Los cuadernos del frío
Francisco José Martínez Morán
Bajamar Editores
Gijón, Asturias, 2021

 

LA LUZ AL PASO


   Aunque el trayecto literario de Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981), Doctor en Literatura Comparada, Licenciado en Filología, investigador literario, gestor cultural y docente en ejercicio, ha alcanzado un extenso desarrollo desde aquel primer paso, en 2006, Variadas posiciones del amante, reconocido con el Premio Nacional de poesía Félix Grande, no fue hasta la preparación de la antología Re-Generación (Valparaíso, 2016) cuando tuve la oportunidad de explorar sus itinerarios creativos e incluso de presentar dos años después su anterior poemario, Tacha, en la programación cultural de Rivas. No me cuesta nada revivir las gratas sensaciones lectoras que me dejó aquel libro ni las conversaciones del escritor en torno a la escritura de su primera novela Amistades comunes (Baile del Sol, 2018).
   Ahora entrega un nuevo eslabón Los cuadernos del frío en la hermosa colección de BajAmar editores, impulsada por el rigor editorial y el incansable activismo lírico de Pascual Ortiz. En nota de contracubierta Federico Ocaña define el tejido textual del poemario con palabras precisas que invitan al lector: ”Los versos que Francisco José Martínez Morán nos ofrece en estas páginas (…) se leen como el código preciso de esta intemperie del idioma. ¿En qué otro lugar, en qué otro giro o danza del lenguaje, sino en esta concisa, casi inexistente memoria fuera de toda disputa que se arriesga a errar, que no es ni de unos ni de otros, en qué otro lugar que no fuera esta memoria de la lengua se podría escribir el frío”.
   El tramo de arranque “Raíces y atestados”, título cuya semántica es un tanto oscura, impone a la expresión verbal una senda de despojamiento y extrema desnudez. De este modo, el poema de entrada es monoversal y muestra la solemnidad lacónica del aforismo: “Tan solo cuando duele es luz la luz”; ese afán de mantener el tono del poema con mínimos elementos es continuo; la voz es lenta, premiosa, deshace nudos y significados, se diría que soporta una amanecida creada por la contingencia del dolor, única brújula en la que las cosas adquieren sentido. El despertar supone aceptar la pérdida y el error de no elegir el verdadero camino: “Te obcecas en el cuerpo que dejaste / atrás; en los espejos ves la ruina / de una estación sin nombre ni raíles. / terco frío de enero: la mañana / viste espinas, abrojo de relente”. Existir es sumar las grietas abiertas de la erosión, ser solidario con el desconsuelo y esperar en la oquedad dormida de la piedra porque “Usemos las metáforas que usemos / el muro sigue siendo solo un muro. / Nos sangran los nudillos / se nos rasga la piel al golpearnos” 
   El tono nocturnal de los poemas del segundo apartado encuentra un apoyo cultural en la Misa de Réquiem en re menor, K 626, de W. A. Mozart. Los textos moldean el marco final de la despedida, ordenado con algunas partes del réquiem: Introitus, Kirie y las secciones Dies Irae y Tuba Mirum. Llega el descanso, la asunción de ser luz y solo luz liberada de sombras que busca consuelo para no ser olvido y desengaño, víctima frágil de una voluntad omnipotente que barre la existencia.
   Solo dos poemas contiene el apartado “Concreto”, como si fuera un mínimo intervalo para recuperar la sensación de proximidad del entorno, la invitación al viaje y al poema que es también la presencia gozosa de dos cuerpos que comparten a solas el tiempo del hastío, la plenitud callada de lo frágil. También los apartados “Un frío de otro tiempo” y “Hablar de poesía” optan por la brevedad, más testimonial y objetiva en el primero, predispuesta a mirar lo cotidiano, o a moldear el poema con el tono solemne de un comentario de texto. Mientras, “Hablar de poesía” es casi una tesela reflexiva más que una incisión metaliteraria breve e íntima.   
   Cobra fuerza enunciativa el apartado “El cuaderno negro” otra vez como presencia firme del desconcierto y el dolor. Caminar es oír la orfandad del propio paso, acumular sensaciones de soledad y cansancio: “pero tu especie es solo diluirse / en un lento y apenas percibido / goteo de cristal y periferia. / Igual que en el cemento, la memoria: / una añoranza solo, destinada, a ser la grieta y todos sus derrumbes”. 
  Francisco José Martínez Morán vislumbra en sus poemas la ficción de la vida alcontraluz. Sabe que caminar es extravío en el tiempo y que todo lo que pasa es abrir puertas al hueco inacabable del vacío, “de lo perecedero y lo banal”; pero también así percibe cerca el peso firme del alba en el comienzo, esa canción de ausencia cierta que borra la penumbra y muda el frío en caricia impagable. Las palabras sonríen, son encuentro; por fin llega la luz.

José Luis Morante