martes, 31 de julio de 2018

JAVIER BOZALONGO. TODAS LAS LLUVIAS SON LA MISMA TORMENTA

Todas las lluvias son la misma tormenta
Javier BozalongoXXVIII Premio de Poesía Blas de Otero
Editorial Libros al Aire, Poesía
Cantabria, 2018 


PAPELES VIEJOS


   Aunque nacido en Tarragona en 1961, Javier Bozalongo, poeta y editor del sello Valpararaíso, protagoniza una significativa conexión cultural con el marco urbano de Granada, ciudad donde se asentó en el inicio de los años 90. Allí ha ido trazando un compacto trayecto creador que tiene como epifanía el poemario Líquida nostalgia (2001); pero no tarda en romper el cerco de otros géneros para explorar, junto a la poesía, el relato y el conciso decir del aforismo. Cierra camino hasta la fecha con Todas las lluvias son la misma tormenta, conjunto poético reconocido con el XXVIII Premio de Poesía Blas de Otero que impulsa la Concejalía de Educación, Cultura y Juventud del Ayuntamiento madrileño de Majadahonda.
   Desde el despertar de su escritura, Javierr Bozalongo muestra su sensibilidad desde una estética de línea clara, un decir contenido y sereno que hace del intimismo y de la temporalidad núcleos argumentales básicos. Quien ocupa el mirador del poema siente la necesidad de pensarse a sí mismo y recubre los enunciados con una cálida dermis emotiva.
   Todas las lluvias son la misma tormenta muestra un avance orgánico dual, cuya primera sección sitúa como preludio unos versos elegíacos de Miquel Marti i Pol, magisterio atemporal de la lírica reflexiva. La palabra responde a la necesidad de cuestionamiento y sentido de un transitar por el ahora que convierte ilusiones y sueños en papeles amarillos, en viejos recuerdos enmohecidos por lo innecesario.
   Las vías habituales del existir del sujeto van acumulando los gastados reflejos de la pérdida; los estímulos que servían de apertura a la luz de amanecida van diluyendo sus contornos y convirtiendo a las presencias afectivas en desconocidos. El estar en soledad  invita al sujeto a volver la mirada hacia adentro, hacia el microcosmos de sentimientos que un día fueron patrimonio compartido. Llegan así esas cartas a desconocidas, como si el yo necesitase dejar constancia de un pretérito común, enaltecido por la memoria: “Pusiste tanto empeño en que cambiara, / que ni me reconozco ni recuerdo / a quien quise escribir estas palabras”.
   La condición mudable del sujeto no le libera de contradicciones, ni quita de sus manos abiertas el peso de la decepción. Solo los sentimientos son capaces de avivar una nueva senda, de hacer del tedio de los días un refugio hospitalario; en suma, dar al porvenir un poco de luz: “Abrir una ventana es un paso adelante, / la posibilidad de un pájaro a tu lado”. Aunque desde dentro se oiga una voz callada que recuerde que todo es transitorio, que ordenar ropas e ideas para que la casa muestre su luz encendida es una forma de aprender el arte de la huida, antes de que la presencia del yo se convierta en estatua de sal. De la calidez de sembrar esperanza para poner color al porvenir, habla el poema “Parte de accidente”, dedicado a Paula, una de las hijas del poeta: “Por más que las tormentas alarguen el invierno / en contra de la lógica de los calendarios, / por más que algunos días / jueguen al escondite con el amanecer, / siempre hay una mañana que estalla de repente / para que al fin sepamos que los cristales rotos / son la oportunidad / de mirar más lejos”.
   El poema sostiene el aire, se hace constancia de la brisa; es el sabor fuerte que queda en la boca tras el primer café de la mañana, la pulsión que anima a marcar senda. En el apartado segundo, “El resto de mi vida”, la solemne palabra existencial de Blas de Otero formula un nítido deseo de continuidad: “Aquí tenéis mi voz zarpando hacia el futuro”. La estela del yo se confirma como un proceso gradual y paciente en el que van germinando raíces y alas; son los enlaces que van concediendo a propósitos y cosas su dimensión exacta; nada es insignificante si es capaz de incidir en la búsqueda de su lugar exacto en los estadios de convivencia.
  Marca la construcción interna de esta sección por su fuerza verbal el poema NYC, con el que Javier Bozalongo se adquiere a la larga tradición del legado poético castellano que ha convertido la ciudad de los rascacielos en arquitectura habitable. La realidad urbana de la metrópolis es mucho más que un incontinente laberinto de aceras; promueve una sensación de plenitud que aglutina canto, intertextualidad, música y evocación. La ciudad habla fuerte para ajustar su relación con la percepción parcial de quien la recorre. El resultado es una pieza magnífica que casi por si sola justifica el libro.
   El poema sondea el concepto de ciudad con otros nombres propios; en la toponimia del poema se integran Venecia –otro arquetipo urbano prestigiado por la tradición literaria, y ahora expuesto al erosivo trasiego turístico-, Berlín, Dublín, o las desplegadas geografías inciertas de El Salvador, desolado por una eterna crisis económica y social que veda los accesos del futuro, o China. Ejemplo de cómo una historia milenaria, se ha orillado por las aguas del pragmatismo que sigue a pie juntillas la voracidad de los mercados. En esta sección se integra también la ciudad de Granada, el lugar propio del hablante lírico donde se marca la cronología de lo cotidiano.
   Como epílogo, el poeta indaga sobre el verdadero sentido del viaje: nunca es un desplazamiento espacial sino una incisión cognitiva en la que fluye el cauce experiencial.
  No hace mucho leía un aforismo de Felipe Benítez Reyes que argumentaba: “la verdadera escritura suele empezar sobre lo ya escrito”. Esa es la sensación que deja este nuevo libro de Javier Bozalongo; sus poemas son “palabras de familia tibiamente gastadas”, que hablan de una historia personal contenida en la que se refugia la conjetura del tiempo por venir, la frágil silueta de un ahora que hace de cada voluntad amanecida.







lunes, 30 de julio de 2018

MIEDO EN EL CAMPING

Espera

MIEDO EN EL CAMPING


   Como si fuesen hojas caducas que cumplieron su ciclo estacional, cada día son más numerosas las bajas en el camping. Todos los afectados presentan síntomas similares; alguna parte de su epidermis ha sido martirizada por las picaduras de un insecto espantoso. Los más viejos usuarios del camping hablan de los efectos de una maldición, una renovada plaga bíblica por hacer del espacio costero una epidemia de turistas.
   Un confuso escalofrío me dice que tengo algunos datos sobre la verdad. Soy quien debe deshacer el hechizo. El raro insecto eligió mis sueños como  madriguera.

(De Cuentos diminutos)



sábado, 28 de julio de 2018

MARINAS TRAS EL ECLIPSE

algas



MARINAS TRAS EL ECLIPSE

Lento y repetido vértigo de las palabras
BRUNO MONTANÉ


Cuando habito los poemas de Joan Margarit –un hábito activo adquirido hace más de veinte años- suelo oir la voz fuerte del poeta catalán prodigando emociones en el discurrir del poema. Joan Margarit tiende a la declamación, lo que concede al texto un epitelio trágico, es una forma de leer que contradice de raíz mi manera de abordar la lectura. Suelo optar por la carencia de ornamentaciones sonoras, por un soliloquio sin relieves, solo un cable de voz contra el silencio.

El presente exalta la prisa. Los días buscan la fortaleza de algún hueco, se suceden con rapidez, no tienen consistencia. No sé dónde van a parar las horas consumidas. Desconozco si son sometidas a los filtros de una voluntariosa depuradora que los renueve o se transforman en un espacio puro e intangible, que solo guarda mínimos reflejos en los recuerdos. Todo es estar.

Leo la novela Ordesa de Manuel Vilas, una abierta cicatriz de la memoria que sobresalta el pasado con la voz insomne de un testigo de excepción y las filtraciones de una neurosis: “hechos que producen otros hechos: la catarata de la vida, agua que está corriendo todo el rato mientras enloquecemos”. También repaso, mientras avanzo entre sus páginas recuerdo algunos encuentros con el escritor, escalonados en el tiempo: Zaragoza en los años noventa, unas jornadas literarias en Moguer, la entrega del Premio hermanos Argensola en Barbastro, una cercana presentación de Turia… Encuentros cordiales con el otro, el mismo, paréntesis afectivos que nos recuerdan que cada escritor prosigue escribiendo el mismo libro.
       
Me gusta descubrir cuándo la realidad se fuga de sí misma. Para esa huida hay que saber encontrar aberturas, puertas, ventanas…

(Apuntes de verano, julio 2018)

viernes, 27 de julio de 2018

LA PODA

Correcciones
enciclopedia de jardinería.



PODA
El hielo presentía la hoguera,
La muerte venteó la juventud.

PERE GIMFERRER

   Aplicó su indeleble afán corrector en la poda de un árbol gigante. Afanoso, lo convirtió en arbusto. Reiteró su actitud al día siguiente y logró que la silueta arbustiva mudara en rama. Siguió cercenando aquel relieve hasta que tuvo la levedad difusa de un brote germinal. Desnudo y frágil, el frío de la noche  agostó la mínima resistencia.
 Salvo él, nadie se dio cuenta de aquel nacimiento en la nada. Su aridez buscó senda temprano, para proseguir el despojo en otro sitio.

(De Cuentos diminutos)




jueves, 26 de julio de 2018

TURIA (REVISTA CULTURAL), Nº 127

Turia (revista cultural)
nº 127, junio-octubre 2018
Fundador y Director:
RAÚL CARLOS MAÍCAS
Edita:
INSTITUTO DE ESTUDIOSTUROLENSES
DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE TERUEL
 
LETRAS DE ESPAÑA Y PERÚ
 
   Llega a su número 127 la revista Turia con un crecido sumario, organizado en torno a dos espacios geográficos, Perú y España. Son muchas las propuestas condensadas en las habituales secciones, aunque la exploración del cartapacio sobre el quehacer de la literatura peruana actual constituye el enfoque principal de la publicación. Su máxima figura, Mario Vargas Llosa, celebrado creador de ficciones, deja sitio, bajo el prisma investigador de Javier Morales mena, al ensayista, una actividad que aborda la espinosa cuestión de los regímenes dictatoriales latinoamericanos, las mutaciones ensayísticas y culturales del presente y la obra de creadores paradigmáticos, como Flaubert, Víctor Hugo, Juan Carlos Onetti o Gabriel García Márquez. En suma, un heterogéneo mapa reflexivo que concede a Vargas llosa sitio central por su práctica rigurosa y continua.Completan la sección ensayos breves sobre Enrique Vila-Matas, César Vallejo, Jaime Gil de Biedma y Eduardo Chirinos.
   Los bifurcados laberintos del relato breve aportan una selecta nómina creadora que abre Fernando Aramburu, multipremiado autor de Patria. Le acompañan Santiago Roncagliolo, Eloy Tizón, Alonso Cueto, Sara Mesa, Jorge Eduardo Benavides, Carlos Pardo y Patricia Esteban Erlés. Todos ellos encarnan en su textura argumental talleres literarios de lúcida coherencia.
   Enrique Andrés Ruiz explora los estantes de la tradición para acercarnos la estela biográfica de Julio Garcés, un poeta de la posguerra, cuya escritura enlaza la España gris de los años 50 y el trasfondo diplomático y cultural de Perú, donde se asentó durante un largo trecho temporal. El rescate se completa con las composiciones de Aurora Luque, Amalia bautista, José Andrés García Román o José Carlos Llop, mientras que el apartado de “Pensamiento”  incide en el examen de signos caracteriales divergentes como el problema migratorio contemporáneo, a cargo de Valentín Puig, o el auge de la escritura del yo, un sondeo elaborado por Patricia de Souza.
   Nunca es fácil delimitar en las coordenadas de tiempo y espacio los firmamentos literarios vigentes, ni en la ficción ni en otros géneros como la poesía o el ensayo; solo se muestra un mapa fragmentario en el que se concentra una estela de nombres propios. Perú ha dejado en el tiempo hitos escriturales como Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique o Blanca Varela y su cauce creador prosigue firme, aunque cuando siempre resulta complejo definir una literatura nacional, que no es sino una suma aleatoria de azares y contingencias. La delimitación geográfica nunca tiene unidad y coherencia; es una constelación de propuestas que solo desde la subjetividad crítica se puede descifrar.
   La identidad literaria de Turia mantiene en el tiempo algunas incisiones de alcance, como las páginas autobiográficas de “La isla”, de Raúl Carlos Maícas, el aporte didáctico sobre el sesgo cultural aragonés, que aquí firma Javier Barreriro o los cuadernos turolenses a cargo de Juan Domínguez Lasierra.
   Sirve de coda el largo río crítico de “La Torre de Babel, que dejan en el lector los pájaros en vuelo de las novedades. Entre ellos, Ordesa, la celebrada novela de Manuel Vilas, o la última entrega de Luis García Montero, A puerta cerrada, que ahora estrena cargo como Director del Instituto Cervantes.  
   Múltiple en su dibujo y abierta a cualquier cala de la literatura más reciente, la revista Turia siembra un recorrido que enlaza estaciones literarias con la solvencia de quien pisa firme, en una realidad cambiante, cuyos elementos se combinan con fuerza poderosa, con la voluntad de dejar huella de un tiempo dilatado, imprevisible.  
 
  

 

 

 

miércoles, 25 de julio de 2018

martes, 24 de julio de 2018

ROSALES ÁRTICOS

En blanco y negro
Archivo general de
PxHere



RARO


Solía agarrarme a las ramas del ensimismamiento, silencioso y ausente, como quien cruza espejos. El maestro insistía en llamar mi atención con aspavientos teatrales, hasta que reconocía lo inútil de su empeño y proclamaba en voz alta que yo era un raro, una cabeza firme empeñada en plantar rosales árticos. Indeciso y sin brújulas, yo regresaba a casa. Sólo mi madre mostraba desacuerdos con el juicio docente. Me abrazaba fuerte y alborotaba alegre mi flequillo. Después se perdía en el mediodía incierto de lo diario o pasaba las horas en el patio, deshojando pétalos de luz.

(Recuerdo infantil)




lunes, 23 de julio de 2018

AFORISMOS CON GOTA FRÍA

Grises


SIMULACIONES


Cada náufrago reclama para sí la madera raída.

Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.

Estoy aquí, creo, aunque desconozco la ubicación exacta del aquí.

Los aforismos marcan la piel del agua, como la huella frágil de una verdad.

Para la confidencia íntima, personal, directa, un tono de voz sobrio alejado del aspaviento.

Percibo contornos con la precisión ambigua del miope.

Cada día el desconcierto, la indagación sobre una realidad cambiante y fragmentaria.

Con los años el escepticismo muda en benevolencia.

Sucede que regresas cada vez que te nombro.

No sé apaciguar mi obsesión por relojes y calendarios.

En la íntima discordia entre el yo y la nada, tomo partido.

Un nombre propio que acumula letras en minúscula. Nadie, en suma.

Mientras busco, dejo abierta la puerta para el regreso.

      (Del libro Motivos personales, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015)




domingo, 22 de julio de 2018

LUIS FELIPE COMENDADOR. SIN MÁS

Luis Felipe Comendador
Imagen de
RTV AL DÍA, SALAMANCA


LUIS FELIPE COMENDADOR. SIN MÁS

Los viejos amigos ya no somos
amigos, pero  vamos camino
de ser viejos. Algo es algo.

KARMELO C. IRIBARREN

   Se cruzan las cosas compartidas con Luis Felipe Comendador. Son extraños cableados que conectan abrazos, conversaciones, soledades, libros, risas, aceras, sitios, decepciones…Esos espacios sentimentales semiderruídos por los relojes, que yo conservo intactos en el líquido amniótico de la memoria.
   Su amistad –mi semejante, mi hermano- es una instantánea que sobrevive a la ominosa política local de Béjar, a los desajustes conspiratorios de los que están sin ser y a los silencios desperdigados por nuestras biografías otoñales.
   Lo que piensen los otros de los méritos intelectuales y personales de Luis Felipe y sobre su abrumadora labor solidaria no puede diferir mucho de lo que pienso. Su identidad es transparente, incuestionable. Encarna un rincón con solana, un área de servicio en una carretera secundaria, un refugio abierto; la derrota callada de quien vuelve a intentarlo.
   Luis Felipe Comendador es grande, grande; conozco sus dimensiones palmo a palmo. Lo sé porque está aquí, conmigo. Dentro.

(Apunte de verano)




sábado, 21 de julio de 2018

MAREJADA CON MAR DE FONDO

Voces blancas
fotografía de
Adela Sánchez Santana

CON MAR DE FONDO


   Sobre la arena, huellas frescas de lo diario. El nombramiento de Luis García Montero como director del Instituto Cervantes genera situaciones de trinchera; el aplauso solidario de amigos y abundantes lectores y el chapoteo de los desacuerdos. Este último es más estridente, como corresponde al petardeo argumental, ansioso por contemplar la caída de Ícaro. Yo-lo han notado de inmediato- estoy contento con su elección por el perfil intelectual del escritor y por su afecto. Un efecto de tantos años de estudio de su obra literaria.

  Ensayo la habitual precisión del aforismo con la definición como formato nuevo. Es un encargo del  profesor y aforista Miguel Catalán. Cualquier indagación expresiva requiere un tiempo de aprendizaje.

  Aquí parece escrito el epílogo de algunos contactos personales que no llegaron a ninguna parte. El tiempo anterior es un espacio en blanco.

  En el calor plomizo de la tarde, su imagen es un golpe de lluvia.

(Apuntes de verano)




viernes, 20 de julio de 2018

JAIME GIL DE BIEDMA. DIARIOS

Diarios (1956-1985)
Jaime Gil de Biedma
Edición de Andreu Jaume
Lumen, memorias y Biografías
Barcelona, 2016


LOS LÍMITES DEL YO




   Andreu Jaume, editor de Diarios (1956-1985), resalta en el introito que Jaime Gil de Biedma preparó este recuento autobiográfico con voluntad crítica, con el firme propósito de que fuese un testamento de claves interpretativas. Esta valoración otorga al volumen espacio singular y una íntima relación con Las personas del verbo, que aglutina el fondo lírico, y con El pie de la letra, donde se integran artículos y ensayos. La condensada  indagación intimista nace de un afán de “adiestramiento en la literatura”, activo ejercicio de aprendizaje y búsqueda de un lenguaje para precisar y comunicar las gradaciones de la experiencia.
   Las vicisitudes de imprenta son conocidas. En 1974 amanecía Diario del artista seriamente enfermo que más tarde, ya en 1991 y en edición póstuma, se integraría en Retrato del artista en 1956. Al perfil del poeta-poema se suman aquí los textos inéditos. Son dos diarios fechados en 1978 y en 1985 que constituyen, y otra vez recurro al contexto informativo del prólogo, el retrato tardío de una sensibilidad renacida tras una estrepitosa crisis de identidad, sin asiento en un entorno cívico convencional.
  En la organización de la obra percibimos el deseo de un orden; un afán de simetría por trazar con veracidad los afanes de un protagonista implicado, que inicia el recorrido biográfico con Retrato del artista en 1956. Es el tramo más vitalista; en ese tiempo el escritor está trabajando en “Las afueras”, conjunto poético integrado en la obertura Compañeros de viaje y comienza su relación con la Compañía de Tabacos de Filipinas, empresa familiar en la que desarrollará todo su periplo laboral, con numerosos viajes de negocios y una agenda vital de libertad y descubrimientos.
  Las anotaciones de Retrato del artista en 1956 se convierten en un atlas de geografía humana. En él emerge un yo en crecimiento con inquietudes literarias, muy cercano en lo intelectual al grupo de amigos de Barcelona, sobre todo a Carlos Barral. Dan fe de una intensa pasión por vivir. Los días en Manila muestran, sin sombras, una continua búsqueda de relaciones y encuentros sexuales, no carentes de morbo y confrontados con la moral católica. También aflora la conciencia social y la evidencia de una jerarquía asumida en la que cada vez soporta peor la prepotencia colonial, esa insólita desnudez de derechos que tiene la mano de obra indígena. Las secuencias refuerzan su rechazo a una forma de vida aristocrática que fomenta el poder económico desde la explotación de los más débiles y crea en su interior un acuciante vacío ante las severas condiciones de supervivencia de los más humildes.
  Desde la distancia, la realidad política española adquiere atinada definición. Se aprecia el desarraigo interno y la ausencia de peso en la política internacional que aísla al integrismo franquista. El poeta escribe: “España es un país enfermo, enquistado en sí mismo”.
  La misión de Jaime Gil de Biedma en la Compañía General de Tabacos de Filipinas se expone en el informe sobre la administración general, un texto de fuerte contraste con la perspectiva general del diario. Se trata de un trabajo técnico sobre la fisonomía de la empresa, sus activos mercantiles y el funcionamiento operativo del personal. Apenas queda sitio para el enfoque confidencial que solo retorna en el apartado “De regreso en Ítaca”, cuando la estancia en Filipinas concluye. La implicación con la geografía asiática fue intensa. Mas el poeta ampara una sensibilidad mudable y las nuevas anotaciones acogen el clima de relación, las lecturas y el afán literario. Sitio especial concede a su temporada de convalecencia en la Nava de la Asunción, un municipio próximo a Segovia, a causa de la tuberculosis. El moroso discurrir mesetario ralentiza las horas y da ocasión a un análisis del yo verdaderamente demorado que integra facetas diversas, desde la sexualidad apaciguada hasta los problemas de composición, o las acuarelas familiares que permiten conocer el retablo de presencias cercanas y su empatía.
   Más que las vicisitudes del ego son los trabajos y días literarios los que rigen el enfoque tonal de Diario de “Moralidades”, segmento que abarca desde 1959 a 1965. El cauce vitalista, no exento de polémica por una sexualidad desbocada y oscura, se hace remanso sedentario para adentrarse en la conversación pausada entre biografía y escritura. Lo que se estima ahora es el apunte de taller, aunque de cuando en cuando desgrane  textos  que bosquejan rutinas de la casa.
   En esos meses concluye varios proyectos, entre ellos un ensayo crítico sobre Jorge Guillén, publicado en 1960. Es la etapa de definición del grupo de Barcelona a través de gestos colectivos como el homenaje en Colliure a Antonio Machado, en el vigésimo aniversario de su muerte, la preparación de la antología de Josep María Castellet, o la realización de lecturas y encuentros que dan a  conocer emergentes idearios estéticos.
   Es el tiempo de escritura de Compañeros de viaje, su carta de presentación. Las anotaciones revelan la lenta elaboración de los textos, el pulido final y el sesgo racional de una obra que va creciendo con lentitud, muy lejos de la intuición sentimental, con un sólido trabajo de organización.
   Por otra parte, los contactos con Carlos Barral, Josep María Castellet y otros poetas del medio siglo facilitan el conocimiento público de sus creaciones. Son días de cielo claro. Cuando arranca 1960 sus apuntes lectores gestan un criterio crítico pleno de solidez. En él, Antonio Machado adquiere una significación tutelar, que influye en una expresividad directa y en el sentido ético del poema; lo mismo sucede con los compañeros de viaje. Con afines supuestos estéticos forjan el catálogo de la colección Colliure, que habrá de convertirse en pórtico editorial de la lírica del grupo. También es valorado de forma positiva Luis Cernuda; en cambio cuestiona las últimas salidas de Juan Ramón Jiménez.
   El periodo acogido discurre hasta 1964 y en él perduran los peculiares caracteres del ego, aunque los párrafos se hacen más esquemáticos. En ellos se alternan los estados de ánimo, las crisis físicas y amorosas, las lecturas y los avances de poemas que van adquiriendo todos los elementos de la versión final. Asimismo prosiguen los contactos promocionales y el deambular por enclaves peninsulares, con especial incidencia en la costa. La identidad del yo se asienta en claroscuros que transmiten su inestabilidad afectiva. Mientras lee a Catulo y los poemas epigramáticos de la Antología palatina que servirán para encontrar el tono de “Pandémica y Celeste”. Cuando arranca 1964, vislumbramos síntomas mudables en la persona. Se remansa su intemperancia polémica, siempre dispuesta a la confrontación, y eso permite una meteorología relacional más estable. Se consolidan ramas esenciales: Jaime Salinas, Esther Tusquets, Gabriel Ferrater, Juan Marsé… Un escogido listado de nombres propios que aglutinará esfuerzos e  itinerarios editoriales comunes.
   Este litoral en calma también tiene borrascas, como el fallecimiento de Joan Petit o la muerte de Luis Cernuda, cuyo legado siempre será un hito referencial. Son meses también de provechoso quehacer: los versos de “Pandémica y Celeste” pulen aristas con un sostenido afán reflexivo. De nuevo, el discurso verbal está marcado por la razón de una exigencia máxima que analiza avances y movimientos, articula secciones, evitando espejismos aleatorios con una organización interior que sostiene el desenlace.
  El calmo acontecer amansa la inquietud erótica. Ahora sus desvelos sentimentales están cuajados de moderación filosófica. Sobre la mesa están las páginas abiertas de Corpus Barga, Gombrowicz, Villalonga, Sartre o Isherwood. Es un tiempo claro y benigno en el que se va gestando el libro Moralidades con calculada lentitud.
   De cuando en cuando la serenidad bascula hacia la apatía. Su exigencia crítica es extrema, lo que le provoca paréntesis de desmoralización, cuando los proyectos no adquieren solidez y coherencia. Su falta de interés afecta sobre todo a los entornos literarios y a su presencia activa en foros sociales. En cambio, le gusta meditar sobre la intrahistoria colectiva: ecos de las revueltas universitarias, huelgas asturianas y el sostenido caos ideológico del franquismo que diluye las líneas de fuerza del poder político.  
  En el diario de 1978 la textura de la realidad ha sufrido significativas quiebras. Desde 1972, en los estertores de la dictadura, viaja al litoral porque adquirió una casa en Ultramort, en la comarca del Empordà y allí fija su retiro residencial. Se asienta la convivencia sentimental con Josep Madern, salvo algunos esporádicos encuentros ocasionales y sus preocupaciones cotidianas se mantienen, tanto en la empresa, como en el taller de autor, que acrecienta enlaces con la segunda generación poética de posguerra
  De cuando en cuando, los síntomas de la enfermedad condicionan su salud o empujan a temporadas de ánimo sombrío. Pero la radiografía general de este periodo se expone con tranquila objetividad, como si fuese trazando una estela de sueños cumplidos, a pesar de su conocida inestabilidad emocional.
   Poco a poco adquiere su pleno sentido un verso premonitorio: “Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”. El invierno vital establece una perspectiva crepuscular en la que el sujeto adquiere razón de una travesía transitoria. Se recupera de una fatigosa bronconeumonía que acentúa su humor sombrío. Los años cumplidos comienzan a sumar erosiones. La historia del país tras la muerte de Franco entra en un interludio complejo donde no siempre se sortean los resabios franquistas. Varias notas reflejan la detención del dramaturgo Albert Boadella por la representación de la pieza teatral La torna. El director será sometido a un severo proceso judicial, tras un consejo de guerra.
   Retornan los hábitos, viaja de nuevo a Filipinas y asume responsabilidades empresariales. Cada vez muestra una mayor dependencia afectiva de Josep M., pero sus vaivenes emocionales persisten. Incluso el diario se convierte en una enojosa tarea obligatoria que solo retoma en 1985, cuando se le diagnostican los primeros síntomas del sida. Las páginas autobiográficas de 1985 son la crónica del viaje final hacia ninguna parte.
  El hábito del diario requiere coherencia y dejar que pase la tentación continua de embellecer el pasado. La escritura de Jaime Gil de Biedma abre los ojos con la claridad apacible de la amanecida y en ella se diluyen los límites del yo para convertirse en literatura y existencia, sin trasfondo, con la respiración ajustada de quien cumple trayecto hasta la última estación.



jueves, 19 de julio de 2018

PALABRAS EN BAÑADOR

escritorio en espera
imagen de
Pinterest


PALABRAS EN BAÑADOR

Para Miguel Catalán, por su amistad 


Aforismo: deslumbre

Andamios: siembra de muros y derrumbes.

Ella: concentración de inteligencia múltiple, no exenta de efectos secundarios.
,
Espectador: quehacer habitual del jubilado, con dedicación a tiempo parcial.

Espejismo:  versión en blanco y negro de la propia identidad.

Imprecisa: área de emplazamiento de cualquier utopía.

Ombligo: punto central del vanidoso.



miércoles, 18 de julio de 2018

SAL EN LOS OJOS

Mediterráneo
(Oropesa del Mar, Castellón)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana
SAL EN LOS OJOS

                                                       Para Gabriela Rosas, por su amistad


Sal en los ojos;
piso con levedad 
la tierra firme.




martes, 17 de julio de 2018

CUADRIVIUM (Revista del Dto de Español de la Universidad de Puerto Rico en Humacao)

CUATRIVIUM
Nº 12, Año 18 y 19
(Otoño 2016-Primavera 2018)
Revista del Departamento en Español de
la Universidad de Puerto Rico en Humacao
Coordinación Editorial:
Carlos Roberto Gómez Beras
CREACIÓN, INVESTIGACIÓN, PORTAFOLIO, PALABRAS INVITADAS 


 Tras los devastadores efectos del huracán María, catástrofe natural de 2017 que arrasó R. Dominicana y Puerto Rico, resulta una enorme alegría la continuidad de Cuatrivium, proyecto editorial de alto interés cultural que sobrevive a las medidas de austeridad que priman los servicios sociales y la reconstrucción de infraestructuras.
  La revista de creación e investigación Cuadrivium nació en la amanecida del siglo, hace casi dieciocho años, impulsada por el Departamento de Español de la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Bajo la coordinación editorial del profesor, poeta y editor Carlos Roberto Gómez Beras, presenta artículos de investigación y aportes creativos con una nítida dimensión universitaria.
  En su última entrega se suceden los campos de interés de un discurso plural que aglutina poesía, ensayo, entrevista y crítica literaria. Se forma de ese modo en el volumen nº 12 un amplio cuadro paisajístico en el que sobresalen en Creación los poemas de Luis Fernando Macías, Carlos Castilla Quintero y Miguel Iriarte que dan paso a los relatos de Claudia R. Niño y Alinaluz Santiago Torres.
  El apartado “Investigación” propulsa métodos científicos y campos especializados. Integra el trabajo de Ángela M. Valentín, quien explora el carácter neofantástico de la novela La Habana oculta, de Daína Chaviano. La profesora Berta Lucía Estrada Estrada recorre cualidades del campo poético de Carolina Zamudio. Carmen Pérez Valerio indaga en la textura narrativa de Pedro Páramo, hito de Juan Rulfo. Asímismo se acogen sondeos de Doris Melo, Esther Rodríguez Miranda, Fernando Cabrera, o Ibeth Guzmán, entre otros. Trabajo imprescindible de este abanico crítico es la colaboración de Mariángeles Fernández “Julio Cortázar. de la lectura a la escritura”; en ella recorre la búsqueda y gestación del destino literario de Julio Cortázar y las bifurcaciones de su periplo lector que alumbran una inquietud renovadora y experimental. El poeta y coordinador literario de la revista Cratera, Gregorio Muelas remite a la sección dos lecturas de novedades de Myriam Moscona y Nuria Ruiz de Villaspre, con el formato de las reseñas en prensa.
   En el conjunto “Portafolio” hay un variado inventario, desde la nota inicial al dossier de Actas sobre el Primer Programa académico del festival de la Palabra, en el que se dan cita escritores e investigadores del Caribe en un complejo corpus textual. Leo con interés el texto de Eduardo Subirats “¿Tienen dueño las palabras?”, una reflexión construida en torno a las apreciaciones correctoras de un editor. Solo trata de adecuar el léxico al marco imperante de la Real Academia española de la Lengua y por tanto al uso lingüístico habitual en el marco geográfico peninsular, un asunto poco refutable, pese al subjetivismo reflexivo del autor y a la beligerante coda final hacia lo hispánico, que no es más que un dislate.
  Como epílogo se recogen en “Palabras invitadas” algunos poemas del libro de Luis García Montero A puerta cerrada y la poeta venezolana Gabriela Rosas realiza una larga entrevista a un servidor de ustedes, con motivo de la tercera edición en Letras Hispánicas del libro Ropa de calle, un estudio de la obra poética de Luis García Montero.
  Estudiosos y creadores dejan aquí proyectos literarios de alto interés, convirtiendo a la revista Cuadrivium es expresión viva de la práctica literaria actual, en una apacible costa abierta.


lunes, 16 de julio de 2018

QUEJAS Y CALDERILLA

Quejas y calderilla
Fotografía
Archivos de internet


QUEJAS

Ah, mi corazón no tiene arreglo

SANTIAGO ACOSTA

   Están ahí, evidentes, tangibles, dispuestas a gritar con sus voces antiguas, manchadas con el polvo saturado de los malos recuerdos. Recorren ateridas nuestra voz para que las propague como un cauce azaroso entre los juncos. Y tienden un sombrero en las aceras de los días al paso, para que los que escuchan se detengan callados un instante y pongan en su seno unas monedas, la calderilla triste de la compasión.

(Apunte de verano)





sábado, 14 de julio de 2018

EPITAFIOS DESDE NINGUNA PARTE

Los brotes, luego
Fotografía de
Javier Cabañero
(Hyde Park, Londres, 2010)



PIEDRA CALIZA
     (Epitafios)



He soñado con la realidad. Con qué alivio me he despertado

                                                                                              STANISLAW  J.  LEC



                                   I

En su artesana construcción del silencio,
la muerte no reconoce
ninguna otra verdad.

                                   II

Otra noche.
Sobre mí  prosigue su labor
la luna quieta.
Carezco de otra luz.

                                   III

Queda mi nombre
y la serenidad de este paisaje
que no sabe quien fui.

                                   IV

Agudizo mi vocación fantasma.
Miro sin comprender
y reclamo razones para estar en la nada.
No hay respuestas;
la pureza del aire
habita el desamparo.

                        V

Un manto de raíces y una brizna de sol,
pero las formas se han desvanecido
en el escaso jugo de una tierra estéril.
Estoy con otras sombras y nos une
la mansa convivencia,
el aire de familia
de los que nada piden al futuro.

                        VI

Vuelven los ecos y dibujan mapas,
un recorrido de memoria y sueño
que convierte al que fui
en terco pasajero de otra ruta
que ya no identifico.
El pasado se puebla
de restos arqueológicos.

VII

Ahora vivo debajo de las cosas,
con vocación de sima.
A tientas me desplazo
sin que se marquen huellas
ni dejen una imagen
los lugares de paso.
Nada sucede aquí;
nada sucede.

                        VIII

Callé.
Después de todo,
cobijo la pereza.
En el silencio, nadie;
un estar sin contornos que tantea
 y mide con desgana
el transcurrir del tiempo.


IX

Camino dentro
de un dédalo de calles
y paisajes extraños
tras un rastro invisible.
Prosigue la deriva;
es terca voluntad
que empuja hacia otra parte.
En un tiempo sin tiempo,
ensordecido,
busco un lugar
para empezar de nuevo.


 X

Epitafios;
un triste empeño en seguir hablando
cuando  se consumió
mi turno de palabra.


             (Del libro Ninguna parte)




                                  

viernes, 13 de julio de 2018

JACQUELINE GOLDBERG. EL CUARTO DE LOS TEMBLORES

El cuarto de los temblores
Jacqueline Goldberg
Óscar Todtmann editores
Caracas, Venezuela, 2018


SACUDIDAS


   Nacida en 1966 en Maracaibo, Jacqueline Goldberg es Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Letras. Trabaja la poesía con voluntad ininterrumpida; el quehacer lírico es un recorrido espacioso que yuxtapone una amplia cosecha. Integra, con estrecha unión, diecisiete poemarios y se ha antologado su precisa memoria en variados espacios lingüísticos. Su novela Las horas claras, finalista del Premio de la Crítica, ganó el Premio Libro del Año 2014, otorgado por los libreros venezolanos y se ha reeditado en México.
  En El cuarto de los temblores sirve de umbral un paratexto diverso, cuyas citas invitan a la interpretación del núcleo germinal: el temblor como disfunción del organismo. Ya sea física o mental, la salud es mediodía;  su ausencia nos convierte en pacientes y en pródigos cultivadores del temblor, cuya genealogía despereza en el “Libro primero”. La escritura, entonces, se transforma en efecto curativo: “Alguien dijo que el día que escribiese sobre el temblor / dejaría de temblar. Que  cuando tallara en vocablos / todo lo que vibra desde mi infancia, nada volvería / a estremecerme”. Las palabras avanzan con cautela, como si crearan cauces de transparencia introspectiva. En ellas se desvela una presencia cuyos indicios unen el personaje poético y el ser biográfico. El sondeo permite afrontar el momento fundacional de las sacudidas, saber si aquel lejano estremecimiento que apareciese un día en la infancia fue movimiento inadvertido de un mal sueño o una sensación externa que se coló entre los sentidos, para albergar percepciones deformes de lo real.
  El análisis utiliza una larga regresión biográfica, un viaje hacia atrás que lleva al feto; busca en su desarrollo excusas argumentales que conviertan la naturaleza del temblor es un asunto de causas y efectos: la madre, el feto, el cordón umbilical alrededor del cuello, la sensación de asfixia, signos con los que la existencia mantiene una fatídica relación. En suma, los repIiegues de movimientos mínimos que es preciso vencer. Todo el apartado muestra una intensa coherencia textual. El poema parece una secuencia viva; es un escalón reflexivo que recurre a la palabra para un regreso al yo aflorado en el devenir biográfico.
  El trayecto evolutivo  requiere una “Ocasión de mudanza”; así se denomina el segundo conjunto poético, cuyos contenidos siguen las mismas coordenadas temáticas y el ánimo pesimista de quien sabe que “Todo movimiento es artificioso. / Temblar es empeoramiento, / moverse sin destino”. Jacqueline Goldberg extrema el objetivismo de su escritura al incorporar a la sección análisis en prosa que tienen el formato de artículos de prensa; de este modo las lindes del género se hacen difusas para integrar en su desarrollo textos ensayísticos. Los signos particulares de “Ocasión de mudanza” multiplican la erudición culturalista en torno a las manos como depositarias del temblor. Se rastrea la ausencia de manos en personajes reales o de ficción que sufrieron amputaciones y que prodigaron gestos de aceptación o rechazo de esa condición fisiológica. En casi todos estos poemas-relato la emoción se transforma en interés didáctico, como si la escritura propusiera un enciclopedismo temático sobre esa personal contingencia de quien convive con una cualidad física que le hace diferente.
   Nace en el apartado “Demoras” el rumor sosegado de quien no tiembla. En ese mar de calma queda el reflejo del temblor, una caligrafía de garabatos  que muestra la dureza del esfuerzo. Es una línea intacta que retorna a la voluntad de superación y al compromiso del yo por hacer de la torpeza un quehacer afanoso que pocas veces encuentra puerto. Quien escribe es consciente del error, sabe que la vida es una tarea de precisión que desdeña el temblor, que deja cerca a los oficiantes del pulso para que ejerciten su exactitud de brújula. La calma es solo química, y en ella se refugia quien desea aplacar las embestidas del seísmo, aunque sufra efectos secundarios ominosos, aunque la dependencia del medicamento genere convulsiones.
  Inusualmente extenso, El cuarto de los temblores deja en “Libro Primero” un trazado orgánico que sugiere el avance de un diario poético. El texto que cierra este tramo de escritura es una estela autobiográfica: “Es 30 de noviembre de 2016. Hace unos días cumplí / cincuenta años. me gusta esta edad. Lástima los días / del país, el temblor sin reverencias”.
  La escritura no cambia su enfoque en “Libro segundo”ni en los demás segmentos; los textos postulan un trayecto continuo en que la enfermedad abre matices. La poeta recuerda la taxonomía de Susan Sontag que atribuye a cada ser una ciudadanía dual, capaz de integrar los episodios vitales en el reino de los sanos o en el reino de los enfermos. El tiempo enseña a asumir los trazos definitorios del estar diario: “Tengo una enfermedad rara, minoritaria. / De sacudidas fulgurantes, siempre visibles. / Enfermedad huérfana. Sin espejo retrovisor. / Dicen que mi esperanza de vida es normal. / No así mi esperanza”. 
  Como la claridad que emerge de un manantial oscuro, los poemas diversos –poemas breves, composiciones sálmicas, poemas-relato en prosa o enunciados que tienden al trabajo periodístico o a la erudición del ensayo breve- de El cuarto de los temblores indagan el vuelo de Ícaro de una identidad perseguida por un presente movedizo. Su voluntad se afana en ese vuelo raso e incapaz de superar la altura del temblor. En su tarea prometeica, la identidad verbal encuentra en la escritura un mapa desplegado, donde se asientan grietas como la incertidumbre, la soledad el miedo o la carencia. Pero el enigma sigue intacto, con la fuerza de una pulsión que nace desde dentro.
   La densa lectura de El cuarto de los temblores acerca el latido de una sensibilidad convulsa, que conoce el trauma y lucha por liberarse de sus efectos residuales. Esa voluntad convierte la escritura en asidero documental y pedagogía, dando pie a los llamados “poemas documentales” que Jacqueline Gldberg practica también en su reciente salida Las bellas catástrofes (El Estilete, Caracas, 2017). El temblor no es un síntoma de debilidad sino una expresión corporal que sirve de estrategia para volver al equilibrio. La poesía se hace así liberación y consuelo, un lugar seguro que esquiva nuestros miedos.