domingo, 20 de septiembre de 2020

AUTOBIOGRAFÍA SIN MÍ

Abluciones
Fotografía
de
Francesco Cherchi
 

AUTOBIOGRAFÍA SIN MÍ

 Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orion. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, igual que lágrimas en la lluvia.

(Roy Batty, Blade Runner)

 Septiembre y sobre el mar crespo del regreso se armó la marejada fuerte de la pandemia. Dado el intangible espíritu previsor de nuestra clase política, todo bajo control: a punto, claro de un estado inminente de alarma. Han comenzado las clausuras parciales de barrios que superan los porcentajes de contagios establecidos por ley. Esa selección de zonas traerá la disertación demagógica y falsa de siempre: ricos y pobres, caceroladas, concentraciones, estridencia... La conciencia infusa de la modernidad.

La presidenta de la comunidad madrileña disemina a cada paso una gestión calamitosa según los adversarios políticos. La cacería mediática es tan feroz que da grima pensar en los acuerdos para la recuperación. Aquí el otro no es un socio de proyecto de futuro sino una víctima futura. España es un estado laico y aconfesional, siempre a punto del desmembramiento. Y nuestras autoridades desconocen la constitución y se empeñan en transgredirla a diario como un deporte de riesgo, como quien hace saltos al abismo sin paracaídas.

La salida de una antología de poetas herméticos y los comentarios laudatorios de su calidad literaria me dejan otra cara de quien yo suponía sensato y ecuánime. Es tan ególatra que su yo solo conoce una regla matemática: la multiplicación. Necesita más heterónimos que Fernando Pessoa.

Con las medidas sanitarias, los eventos culturales se han reducido con una extrema severidad. Aquí en Rivas, también, así que no sé cómo saldrá la presentación del próximo jueves en Covibar de la antología "Ahora que es tarde", un libro que resume treinta años de escritura poética. Ánimo no falta; es el atajo perfecto para la alegría.                                                                                               

Creo mucho en las predicciones fiables del pesimismo: concede al hilo argumental del futuro un rumbo imprevisible. Todo a peor.

(Apuntes para el diario)

 

 

 

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

T. S. ELIOT. THE WASTE LAND / LA TIERRA BALDÍA

The Waste Land / La Tierra Baldía
T. S. Eliot
Traducción de Sanz Irles
Prólogo de Ernesto Hernández Busto
Epílogo de José Antonio Montano
Editorial Olé libros
Valencia, 2020

UN FONDO DE CIENO

Impulsora de un inacabable activismo crítico y de interpretaciones polarizadas que diseccionan el complejo constructo, La Tierra Baldía de T. S. Eliot, publicada por primera vez en The Criterion en 1922, no ha perdido la capacidad de perdurar ni su condición de texto central, anclado en el tamiz clásico del tiempo. Con esa convicción, la editorial Olé Libros impulsa un retorno que es toda una impronta de belleza: cubierta y sobrecubierta minimalistas, pastas duras, gualdas ilustradas y excelente diseño de Kike Correcher, quien cuida al máximo todos los aspectos formales del libro. Este nuevo paso al frente de La Tierra Baldía toma como guía el incluido en The anotated Text. The Poems of T. S. Eliot. Volume I, editado por Christopher Ricks y Jim McCue, en el catálogo Faber&Faber (Londres, 2015). La traducción al castellano es de Sanz Irles, quien firma como pórtico la indagación “Un formidable artefacto sonoro”. El texto incide en la desconcertante perplejidad que deja la primera lectura de The Waste Land y la intensa tarea de dos años para volcarlo a nuestro idioma. Se trata, acaso, de una metatraducción ya que el volumen integra en sí mismo un enorme flujo de referentes culturales. Estos esquejes fortalecen la trama simbólica y el hermetismo semántico creado por “su sonoridad insólita, grandiosa y abigarrada en su variedad”. Esa fértil prosodia se ha perdido en algunas traducciones del libro y constituye aquí un propósito en vigilia para que no se pierdan en el trasvase los aspectos métricos compositivos.  La apertura de Ernesto Hernández Busto recuerda la génesis compositiva y el declamatorio rechazo general en la amanecida, salvo mínimos apoyos críticos como el de Ford Madox Ford o el decisivo aporte de Ezra Pound. En su discontinuidad el poema concede al fragmento una función lírica que queda patente al analizar los distintos tramos de la composición. En cada uno de ellos es evidente el acervo de la tradición en la entidad de La Tierra Baldía; así surge  un mosaico que enlaza anecdotario religioso y mitología en un oscuro fundido de voces y cronologías. Tampoco se descarta la vivencia individual y la sensibilidad anímica del sujeto, que sirven de andamiaje espiritual en el fluir del proceso creador. Para visualizar ese fondo de cieno del sentido resulta muy útil el mapa interpretativo trazado por Ernesto Hernández Bustos, aunque la primera lectura debe ser auroral, sin sendas abiertas, para impregnarse por entero con la lluvia versal. Desde el fragmento inicial “El enterramiento de los muertos” es continuo el flujo de imágenes, el cambio de planos o la persistencia de una polifonía que acumula citas y elementos ajenos y se cierra con el archicitado verso de Baudelaire “Tú, hipócrita lector –mi semejante, mi hermano”. La sección “Una partida de ajedrez” aplica como núcleo germinal la indagación nunca explícita sobre el sexo y la esterilidad. La imaginería poética refuerza su expresividad: “Pienso que estamos en el callejón de las ratas / en el que los muertos perdieron sus huesos” Ejemplo de esos continuos cambios de perspectiva del poema, el apartado “El sermón del fuego” comienza con una demorada descripción de la vista al Támesis que anuncia la presencia de lo elegíaco, antes de la aparición de Tiresias, el personaje central del poema. El ciego Tiresias también protagoniza el fragmento “Muerte por agua”, ya convertido en el fenicio Flebas, quien muere ahogado como pronosticara la cartomancia de Madame Sosostris. El mínimo apartado, con la solemne voz del epitafio se convierte en una reflexión sobre la erosión de la belleza y nuestra condición perecedera ante el poder igualatorio de la muerte. Sirve de clausura al poema, la coda “Lo que dijo el trueno”, que hace de sus versos un espacio de desolación y tristeza; queda el reseco epitelio de una tierra baldía, un desierto sin agua. Esa carencia niega el brote renacido, pero encuentra en uno de los versos finales un revivir que anuncia una salida vital: “Con estos fragmentos apuntalé mis ruinas”. El pasado adquiere de ese modo un enunciado nuevo, es raíz de la identidad, fuerza impulsora de hacer del inestable mar de la existencia otra senda por trazar. Son clásicas las notas que T. S. Eliot incorporó a La Tierra Baldía. En ellas comenta el aporte bibliográfico, ubica la disposición versal de las citas y aclara las fuentes de inspiración de algunos pasajes concretos que explican su textura visionaria, como esas alucinaciones inspiradas en las expediciones árticas de Shackleton. La copiosa erudición deshace el círculo cerrado del libro para conformarse como afirmación de un legado múltiple que engloba una codificación colectiva.  El vértice epilogal lo firma José Antonio Montano. Refrenda la atmósfera nocturnal de La Tierra Baldía como una nostalgia fetal de quien percibe el presente como un montón de ruinas en la atardecida de la modernidad. Con mirada abarcadora, se incide en la lealtad de Sanz Irles a la sonoridad del poema y a sus estratos semánticos. La admirable edición de este libro emblemático por Olé Libros propicia una cálida convergencia de sensaciones, esa sed satisfecha de la felicidad lectora.


       

viernes, 18 de septiembre de 2020

CLIMA

Ana y el mar
Fotografía
de
Bas Mati

 CLIMA

    Para Ana y Matías


A punto de caer,

con quejidos constantes

como techado viejo,

la insurrección del clima.

En ruinas circulares se demora el invierno,

insiste la sequía

en prolongar la ausencia

y el vuelo elemental de los regresos.

No renuncia el almendro

al resquicio de nieve,

aunque la flor se agoste

calcinada por una luz oscura.

 

Entre labor y acequia,

desgajada del miedo

la mañana en el campo

recorta sensaciones.

 

Es carnosa y azul;

construye una vereda de espejismos.

Su resplandor ignora

el poso de carcoma.

Mis párpados aprenden a callar

los códigos secretos del derrumbe.



 

jueves, 17 de septiembre de 2020

JOAQUÍN CAMPOS. POETA EN PEKÍN

Poeta en Pekín
Joaquín Campos
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2020 

TERRITORIOS


   En la cartografía del poema hay mapas que se despliegan dejando en su desarrollo un objetivo formalista, que hace de los recovecos del lenguaje la primordial razón de la escritura. Mantienen un claro distanciamiento con el ser biográfico, un visitante a deshora convertido en un ser velado por decreto. Otros tienden esfuerzos a conexionar el periplo subjetivo y la construcción argumental; en este grupo se ubica claramente Joaquín Campos (Málaga, 1974), autor de varias ficciones en prosa y tres poemarios, el último de los cuales, también publicado por Renacimiento. Desde 2007 el escritor mantiene una existencia nómada que ha hecho del viaje y de la geografía un continuo referente literario.
  Crece el paréntesis creador del malagueño con Poeta en Pekín, propuesta poética que arranca senda en plena pandemia. Aceptando la cercana convención realista de lo autobiográfico, Joaquín Campos inicia su entrega con una precisa ubicación espacial y cronológica, desde el apartado “Pekín (2016)”. Los poemas, de este modo, se convierten en una implicada meditación sobre el emplazamiento, afirmando en los versos la evocación de lo acontecido. Desde el estar, las palabras ahondan en los trazos básicos del contexto. El entorno acumula indicios de extrañeza, abre una perspectiva en la que se recuadra lo inhóspito. La ciudad es un entrelazado de construcciones que aprisiona la libertad sensorial, como si las formas impusieran sobre cualquier idealización el aspecto matérico de la realidad.  
   La estancia en la abrumadora ciudad concede al yo una identidad compleja que recuerda al hombre deshabitado baudelairiano o al ser perdido entre la multitud del expresionismo. Lo cotidiano es lluvia ácida. Un chaparrón de sombras que anega los “hutongs”, esos callejones menesterosos que conforman el casco antiguo de Pekín, donde el recorrido urbano propicia un paseo vagabundo, dispuesto a preservar en la memoria multiformes detalles: sonidos, olores o el contraste de rareza que confronta los elementos de la modernidad y la presencia errática de un pasado que pervive en el tiempo, como una arquitectura ruinosa.
   En ese deambular a la deriva, la plaza de Tiananmén, escenario de las protestas estudiantiles de 1989 y de aquel frágil espíritu de libertad, aplastado por los tanques dictatoriales, aparece como un crepúsculo de nostalgia. Su apariencia de normalidad, bajo el gesto impertérrito de la ideología maoísta, simboliza ahora el continuismo político que convirtió en muro cualquier ventanal democrático. El recuerdo supone una reflexión sobre el significado de aquella revuelta y sobre la escueta implicación de Occidente en aquellos acontecimientos, acaso recordando el peso económico de la potencia asiática y su benefactora presencia en los mercados bursátiles.  
   El avance argumental acumula secuencias, casi siempre previstas de una luz fantasmal, prosaica, sucia, como los ojos turbios de un alcohólico. Son raros los poemas en los que aparece un cielo despejado y diáfano. Lo diario es una rutina que corrobora el desajuste y el desnorte de un sujeto poético que deja de sí mismo un retrato patético, feísta, que nunca contiene ningún indicio de lirismo, salvo acaso ese chopo que convierte la calle en un rumor de naturaleza lejana y accesible.
   La breve sección central traslada el marco escénico a Shanghái, pero el enfoque enunciativo se mantiene; la ciudad corrobora esos esquemas visuales captados en Pekín. Los gigantescos pasos de cebra, las calles anegadas de transeúntes, la lluvia y esos planos otoñales de desnudez y humedad en los sentidos. Desde ese paisaje degradado el regreso a Pekín, entorno natural de la escritura, es un dejar constancia del tiempo y de sus matices estacionales. En el retorno no pasa desapercibida la mínima belleza del chopo y su minimalismo cromático, camino del invierno. El árbol se hace símbolo de ilusión renacida, aunque el sujeto verbal refuerce rasgos de un malditismo subrayado en poemas como “Oda al vino” o “Patria”, alegato contra el epitelio nacionalista tan atestado de símbolos y jerarquía. Tampoco el amor y el sexo pasan de largo en estos últimos poemas porque se convierten en sucedáneos liberadores de la cárcel social, pragmática y utilitarista.
 Lacónica, confidencial y directa, la escritura de Poeta en Pekín, de Joaquín Campos dibuja territorios brumosos, cuyas cicatrices cobijan una soledad inhabitable. En esa distancia abierta entre idealización y realidad, se escucha el denso fluir de la conciencia, como travesía frugal de ascetismo y conocimiento. El poema es una forma de borrar el desamparo a fuerza de vivirlo. 



miércoles, 16 de septiembre de 2020

CON MANO FIRME

Punto y seguido 



CON MANO FIRME

   Vocacional perpetuo de la obra bien hecha, fue anudando muertes interinas. Pero nunca pudo fallecer del todo. Resucitaba en cada libro póstumo para corregir las erratas con mano firme.

(De Cuentos diminutos)





lunes, 14 de septiembre de 2020

HUELLAS (APUNTES DEL DIARIO)

Caminos de ida
Imagen
de internet


HUELLAS

en la mañana antigua de nuestras privaciones,
no hay nadie de nosotros que no asuma
la inminencia del agua,
las posibilidades de la luz

BASILIO SÁNCHEZ


Cuántas limaduras en la ejecución digital del ganador del Premio Espasa de Poesía. Nada sé de los hilos de sus composiciones; ni siquiera había oído su nombre tras casi cuarenta años de lectura continua del género, pero sospecho que en la geografía poética de Venezuela solo hay un Rafael: Rafael Cadenas.

Siempre que hablo con Joan de la Vega, poeta y director de La Garúa, recuerdo que una editorial es un árbol que da sombra y fruto, un espacio de soledad común.

La algarada córvida no despeja una cuestión mucho más relevante para proyectos independientes e instituciones que deambulan por los pasadizos de la edición: la mayoría de los humillados y ofendidos por las decisiones de algunos jurados literarios no compran casi nunca libros de poesía y solo han visto los poemarios premiados en los escaparates del centro comercial.

Era muy inteligente. Su cabeza contenía un cerebro marsupial.

El agua estancada de la aprobación presupuestaria en el Congreso, impulsada por el negativismo cerril de la derecha, justifica un gesto presidencial aberrante: el pésame por el suicidio de un etarra. Un asqueroso eructo en la casa de la palabra democrática. 

Qué hermosa vestimenta formal ha puesto José María Cumbreño a la antología 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ, en Ediciones Liliputienses. La selección soslaya expeditiva las costuras abiertas del decir breve, esa manera de sumar atajos y sendas sin transeúntes.

Tras el leve declive de la sombrilla, oigo la poética del mar: las olas retornan mar adentro por caminos distintos.

(Apuntes para el diario, septiembre, 2020)


sábado, 12 de septiembre de 2020

AFORISMOS SOBRE LA PATERNIDAD

Futuro
Archivo general
de
internet

AFORISMOS SOBRE LA PATERNIDAD

A José Luis Trullo, por su sugerencias

Me mira y está ahí, amontonada en sus retinas: la decepción.

Desde hace años sus formas corporales mienten: es una niña.

Ayer, cuando me abrazaba, fui el plano exacto de la idealización. La isla del tesoro de sus cuentos.

Soy una paternidad  miope, canosa, llena de certezas fantasmales y consejos ingrávidos.

Ser padre es una espera bajo la luz estival del mediodía, una cosecha de insolaciones.

En casa cumplimos a diario los ritos menores de la convivencia. Pero cada uno de nosotros oculta músculos y nervios de un extraño enraizado en el corazón.

Callejea mi inquietud. Antes de que salgan de casa ya es urgente su búsqueda.

El otoño amarillo de los calendarios cambia los argumentos. Escribe tramas de fracturas, grietas y tachones.

Fueron tapiando vanos. Ahora su única ventana al pasado es la desmemoria.

En las conversaciones de sobremesa,  muestro para ocultar. Digo el rumbo y callo los desvíos.

 Una paternidad minimalista. Sin hijos.

Aquel día las riñas familiares alcanzaron sonidos de campana; anunciaban la fiesta mayor de la posteridad.

(Invierno, 2018)


viernes, 11 de septiembre de 2020

MARINA TAPIA. JARDÍN IMPOSIBLE

Jardín imposible
Marina Tapia
Ilustraciones de Guillermo Rodríguez de Lema
Prólogo de Ángel Olgoso
Edita: Ayuntamiento de Baena, Delegación de Cultura
Premio Luis Carrillo de Sotomayor
Baena, Córdoba, 2020


FLORACIONES


   Residente en Granada desde el 2000, Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975) ha desarrollado un activismo cultural sostenido con una doble faceta, plástica y literaria. Desde 2013 hasta el presente, ha llevado a imprenta cuatro entregas poéticas, la última de las cuales, Jardín imposible, reconocida con el Premio Luis Carrillo de Sotomayor, se edita con ilustraciones de Guillermo Rodríguez Lema y lírica introducción del narrador Ángel Olgoso. Del atinado prólogo, extraigo esta síntesis de la entrega: “Marina teje una melódica red verbal que atrapa al lector, levanta estructuras de una delicadeza prodigiosa, recoge las palabras en su intimidad de emociones e intuiciones para hacerlas fulgurar en un segundo eterno”. Nos hallamos, por tanto, frente a un ideario que vela lo narrativo para construir una realidad trascendida que unifica sustratos oníricos y el influjo fuerte de la naturaleza. El entorno y los elementos que afloran a nuestros sentidos no son meros indicios botánicos sino muestras vivas de una existencia al paso, cuajada de símbolos.
 Tras las solemnes citas iniciales – Empédocles, Emily Dickinson, Juan Ramón Jiménez y Pablo Neruda- Marina Tapia recurre a la personificación para hilvanar un vistoso soliloquio de la flor ante la belleza en vuelo del colibrí, cuajado de un erotismo hedónico que habrá de sonar con más fuerza en el poema “Aposento y tiniebla”. Pero el sustrato temático es abierto y propaga bifurcaciones dispares. Así el segundo poema elige la magia ilustrada e indescifrable del manuscrito Voynich, una obra anónima de singular rareza, posiblemente concebida en el siglo XV, contraponiendo en los versos el misterio insondable de aquella tiniebla comunicativa con las sensatez insulsa de un ahora banalizado y estéril, que anula la imaginación con su ramplonería verbal.
   En este juego de planos argumentales está también el recuerdo de Federico García Lorca, la intensa presencia de una naturaleza cuajada de formas convertidas en un semillero de preguntas. El olor renacido, que persiste en el aire, abre el cofre de nuevo de aquella sensibilidad modernista con la que Rubén Darío revolucionó el austero paisaje poético de la generación del 98. Como un soliloquio exhortativo se concibe el poema “La Guardiana”, donde se insta al vegetal a mantener intacta su prístina existencia y el cumplimiento de los ciclos estacionales, frente al aleatorio destino del hombre azotado por sus continuas circunstancias.
   La dicción cuidada y específica de Marina Tapia, que aporta una cadencia expresiva muy personal, se mantiene en el poema en prosa; el molde formal se integra sin desgarros en el avance lírico de Jardín imposible  y está presente en otros textos como “El árbol”, “Canto de la tierra a una semilla” o “Palabras de una flor ornamental”.
   Los nudos argumentales de Jardín imposible muestran la singularidad de un territorio poético en el que nunca se ocultan el esplendor expresivo y el callado rumor de la belleza. Esa esencia de estar en un mundo fértil que late inadvertido, más allá de la apariencia, para integrase en nuestras percepciones, para hablar al pensamiento poético y ser fuente de inspiración y permanencia.





       

jueves, 10 de septiembre de 2020

JOSÉ LUIS MORANTE. 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ

11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ
Edición, selección y prólogo
de
José Luis Morante
Ediciones Liliputienses
Colección Desalmados eruditos
Cáceres, 2020 



PAPEL DE ANTÓLOGO

(A propósito de 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ)

   No hay que engañarse. Las reflexiones que escribí cuando se publicó la antología de poetas contemporáneos Re-generación (Valparaíso, 2016) siguen desplegando pormenorizadas certezas. Asignarse la tarea de antólogo es personificar de entrada algunas limitaciones evidentes. Pensar, por ejemplo, que se ha leído todo es un desvarío fantasmal, así que seleccionar una lista de nombres propios es reconocer de inmediato la impresión subjetiva y parcial; ese rastro de realidad velada, sorprendido en los desplazamientos entre espacios creativos.
  Cada antología atestigua un proceso de conocimientos  previos, una acotación pactada y un criterio selectivo que unifica lo que por naturaleza está desperdigado. El resultado da cuenta de la pertinencia de un deseo integrador y de la determinación de fundar una suma enumerativa de voces que halla en la percepción del antólogo un reposado despliegue.
  La antología aparece como una experiencia comunicable protagonizada por un sujeto plural que pugna por resaltar el rostro versátil de los incluidos. Con mínimas vicisitudes, la compilación 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ comenzó a gestarse en enero de 2020, cuando viajé a Cáceres  invitado por El Aula de la Palabra de la Asociación Cultural Norbanova. El encuentro con José María Cumbreño dejó una tarde plena de amistad y la propuesta de preparar una antología de aforistas singulares para la editorial Liliputienses. El apoyo incondicional del poeta editor fomentó mi entusiasmo que tomó cuerpo en los meses de confinamiento hasta convertirse en libro de gratísima presencia formal en los primeros días de septiembre.  Así se acotó este recuento de once aforistas, nacidos entre 1957 y 1986, que dibuja el perfil expansivo del aforismo actual. El muestrario de textos, editados o inéditos, da cuenta con suficiencia del arte verbal del grupo escogido.
  En la antología de Ediciones Liliputienses está la energía lacónica de la diversidad; un elenco de autores que alienta una obra en soledad, que hace del decir breve revelación y conocimiento, que mira hacia el futuro con el deseo de ensanchar los límites del lenguaje.  



miércoles, 9 de septiembre de 2020

MOSCAS EN EL CRISTAL

Sigilo
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MURMULLOS

Los agoreros desconocen que la esperanza es un estado de necesidad común.

Suele mentir con murmullos confidenciales, para dificultar la propia audición.

Voluntad: empeño por forzar cerraduras.

En la infancia una rama partida, una piedra redondeada o un lapicero tienen dimensiones mágicas.

Los tímpanos del descreído soportan a diario el moscardón persistente del exceso de fe.

El sentimiento de agravio nunca es inocuo.

(Aforismos a pie de mar)



lunes, 7 de septiembre de 2020

MIGUEL CATALÁN. LA MENTIRA BENÉFICA (Seudología XIII)

La mentira benéfica
Seudología XIII
Miguel Catalán
Ediciones Verbum / Minor
Arganda del Rey, Madrid, 2020


ÉTICA DE LA FALSÍA


   Trayecto completo. Miguel Catalán (Valencia, 1958-2019) cultivador vehemente del aforismo, doctor en Filosofía, profesor universitario y ensayista concluye con La mentira benéfica la indagación monográfica Seudología, un quehacer activo sobre la ética de la falsía, que abarca trece volúmenes. El paisaje completo, desde El prestigio de la lejanía hasta La mentira benéfica, explora, con perseverante solvencia, la ontología de la falsedad y sus diferentes matices. Las arenas movedizas de las relaciones sociales tienen un notable potencial subversivo, regulan la vinculación del sujeto con su propia coherencia moral, siempre en constante fluctuación por la densa gravedad de las circunstancias.
  La mentira y su experimentado devenir postulan la complejidad del trazado de causas y efectos. Requieren una interpretación de la sensibilidad del yo y la realidad externa. La conciencia indagatoria se asoma a los estantes de la verdad para encontrar cierta claridad metafísica y captar la significación de la experiencia existencial Pero la conducta se llena de recodos, presenta rasgos específicos que excluyen el universalismo, aunque sean contradictorios o definan estados de ánimo dispares, como si en su amanecida la escritura plegara pasos a la condición de ser.
   Miguel Catalán recurre al nihilismo existencial del novelista uruguayo Juan Carlos Onetti para buscar la paradójica cita de entrada: “Se dice que hay varias maneras de mentir, pero la más repugnante de todas es decir la verdad, ocultando el alma de los hechos”. El filósofo también añade una introducción afectiva a esta última entrega que constituye una reflexión, teñida de nostalgia,  sobre el largo viaje creador y sobre los apoyos que han dado fuerza renovada al ser dubitativo. Sabe que el amor es la esencia y por eso no duda en cerrar su prólogo con estas palabras: “Para la realización  del tratado en su conjunto solo puedo expresar mi gratitud al amor constante durante 40 años de María Picazo, mi esposa. Solo su devoción personal y su eficacia diaria para despejarme el camino han permitido que visitara todos los lugares de interés de este largo viaje por el reino de la imaginación”.
   El oxímoron del título requiere un sondeo conceptual. Frente al rigorismo que condena siempre la mentira, Miiguel Catalán se muestra permisivo con la mentira benéfica por su carácter altruista que busca de forma natural la creación de efectos interiores satisfactorios. Hay que evitar el dogmatismo sumario y entender el tacto sosegado del engaño altruista, que pretende la protección del sujeto engañado; la mejora de su geografía afectiva. El ensayista estudia la práctica de la mentira benefactora en varios ámbitos, desde la vida doméstica de la pareja y el entorno familiar y afectivo más cercano, hasta los callejones saturados de la vida social. En cada uno de los tramos, la reflexión filosófica condensa ejemplos del periplo cultural y secuencias anecdóticas de la autobiografía. Surge así un entrelazado indagatorio que sirve para decodificar el sentido de nuestros actos. Cada sujeto camina por una circunvalación ética que añade al tramo avances y pausas, retrocesos y atajos
   De especial interés metaliterario es el apartado “El espíritu sanador de las artes y las letras”, donde Miguel Catalán consigna la capacidad de transfiguración del acto creativo, esforzado en crear una realidad menos deprimente, y más cercana al ideal. El creador abre la puerta a una función tonificante
 y benigna, capaz de crear espejismos benefactores. El arte postula una ilusión de permanencia en el tiempo negando las grietas prematuras de lo transitorio; otorga a la existencia estímulos de conocimiento y verdad. Del mismo modo, las letras en sus diferentes estrategias formales, desde los mitos y cuentos infantiles, hasta las sendas de la poesía, el teatro y la ficción narrativa dejan entre los ojos del lector el jardín imposible de la utopía, proporcionan emociones y sentimientos, acercan aquellas sensaciones que dejan una luz de amanecida en la rutina gris de lo diario.
  Los materiales compilados en La mentira benéfica cierran un ciclo creador irrepetible: Finis operis. El tallo argumental se hace fronda y fruto para mostrar al completo el saber del bosque, los claros de madurez y sosiego. Más allá del contraste abierto por las bifurcaciones de estas trece entregas, Seudología apunta una unidad vertebradora; confirma la permanencia en el presente de la cuestión central: la mentira manifiesta en el existir las sombras de una realidad mudable, propicia al desconcierto y la angustia.
   Este último paso del quehacer filosófico de Miguel Catalán deja también el emotivo refrendo de su memoria: “la obra bien hecha permite al menos la supervivencia del espíritu”.




domingo, 6 de septiembre de 2020

FRUSTRACIONES

Costras
Fotografía
del archivo  Redbubble


FRUSTRACIONES

Desgraciadamente, yo no tuve
quien me contara cuentos.

JUAN RULFO

    Mis frustraciones acumulan antiguos consejos paternos. Siempre hablaba después de la verdad. Desde una imprevista situación inicial que me daba un soporte de confianza, mi padre conseguía de inmediato un claro conocimiento del desenlace. Así que sus consejos pesaban acerados en mi voluntad. “Para qué ser bombero si ya está la lluvia”, decía, mirando al cielo.
    Aprendí a vivir sin expectativas. No fui marino por si un día se secaba el mar. Le hice caso; el mar también. Una costra reseca comienza a dibujar sobre la superficie limosa un litoral vacío. 

(De Cuentos diminutos)



viernes, 4 de septiembre de 2020

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. PARA UNA TEORÍA DEL AFORISMO

Para una teoría del aforismo
Javier Sánchez Menéndez
Ediciones Trea / Aforismo
Somonte-Cenero, Gijón, Asturias, 2020

SOBRE EL AFORISSMO

   Javier Sánchez Ménéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) es una presencia de perfil nítido en el complejo panorama de la literatura contemporánea por su doble identidad, como creador del sello editorial La isla de Siltolá y como escritor que explora tramas bifurcadas como la poesía, el ensayo, la narración autobiográfica y el aforismo. En el discurrir aforístico ha publicado desde 2017 cuatro entregas: Artilugios, La alegría de lo imperfecto, Concepto y Ética para mediocres. Por tanto, su decir breve moldea una sensibilidad singular que sienta las bases para la inmersión indagatoria en el activismo paremiológico. Para una teoría del aforismo postula la validez de conocidas aproximaciones teóricas sobre el género y sostiene la necesidad de seguir buscando espacios reflexivos que permitan moldear, de modo adecuado, su hibridez semántica o, al menos, la persistencia en el tiempo de un conjunto de características yuxtapuestas. El escritor no comparte que el decir breve protagonice una crecida irrepetible. Prefiere recordar que no es un género nuevo sino renovado que constituye un legado fuerte. Estaba en el patrimonio cultural de las principales civilizaciones y su pervivencia ha ganado entidad en la diacronía temporal. Y así es; una mirada retrospectiva a la historiografía sitúa el aforismo en las civilizaciones mesopotámicas, India, China, el mundo grecolatino, la edad media, el Siglo de las Luces y como compañero de viaje de las primeras vanguardias… Parece como si el minúsculo contenido del aforismo protagonizara un periplo perenne que desemboca en el presente. En estas décadas digitales la literatura abreviada cuenta con una difusión extrema gracias a las redes y a formatos como las bitácoras y las revistas en red. Pero para no banalizar el término, Javier Sánchez Menéndez recuerda que “el aforismo es concepto” y por tanto atañe a la ontología de ser y al concepto de verdad en relación con lo que enuncia. Desde esa premisa de exigencia semántica y formal, el escritor hace un repaso del aforismo contemporáneo a partir del estudio antología de José Ramón González Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos (1980-2012) hasta el momento actual y encuentra, con las excepciones de rigor y calidad literaria, mucha gratuidad y farragosa ganga, solo dispuesta a deslumbrar y a fingir apariencias. El aforismo se configura en los fragmentos de Heráclito como fuente de revelación y conocimiento. Son la esencia de un género que aglutina tacto filosófico y vitalismo lírico, conocimiento y reflexión desde la diversidad. De sus mutaciones da cuenta una poblada terminología que discrepa en el matiz formal y en los sustratos semánticos hasta desembocar en el aforismo moderno, ya sea de forma autónoma y escrito con conciencia de estrategia expresiva, o integrado en el cuerpo general de una obra mayor, que aglutina el carácter conceptista del aforismo. Javier Sánchez Menéndez es consciente de que el simple sondeo filológico no desvela la médula “Porque el aforismo no se debe explicar, se debe asimilar e interpretar en una suma de adivinaciones. El aforismo no se debe teorizar, realiza propuestas, propuestas múltiples desde su gran concisión, desde la brevedad de su naturaleza”. Por ello incorpora a su excelente estudio las definiciones de quince aforistas – reconocidos y emergentes- que han tratado la cuestión metaforística. Remite también a un artículo publicado en la revista digital El Aforista, por José Luis Trullo, sin duda uno de los impulsores esenciales de la crecida actual, titulado “Ética del aforismo”. De estas quince argumentaciones personales emana un amplio camino especulativo que refrenda el carácter singular de cada taller de autor. Si Hiram Barrios resalta el chispazo de lucidez y la aspiración a ser una entidad evocativa, José Ángel Cilleruelo escucha los latidos de la delicadeza verbal y la precisa dicción; Jordi Doce recrea su gusto temprano por lo discontinuo y el imán que ejerce en su afán lector la síntesis y la condensación que han moldeado su concepción del aforismo, lejos de lo solemne, con el filo mellado de lo incompleto, con un sentido abierto a la intuición y conformando una estructura abierta, sin molde uniforme. Sergio García Clemente practica también la concisión teórica y hace del aforismo una manera súbita de ampliar aspectos de la realidad. En suma, cada invitado aporta su visión de las formas parémicas con el convencimiento de que alude a un paisaje parcial y limitado, sin epitelio canónico, que refuerza la búsqueda. Al cabo, como escribe Sihara Nuño:”El aforismo es un agujero negro indescifrable, una definición que escapa a la física básica pero que existe. Es la condensación de un todo en un único punto, tanto así que es posible curvar el espacio y el tiempo. Lo atómico”. El circuito práctico de los seleccionados deja una estela de sensibilidades estéticas, el vuelo libre de lo heterogéneo. Conforma una polifonía conceptual compuesta por veintiocho autores. La plural selección de Javier Sánchez Menéndez contribuye a aglutinar teoría y praxis en un mismo punto de convergencia. En él se refugia, perenne y vivo,  el ser dubitativo del aforismo.



miércoles, 2 de septiembre de 2020

JAVIER LA BEIRA. MÚNICH RESPLANDECÍA

Múnich resplandecía
Javier La Beira
Cubierta de  Juan Carlos Mestre
Fotografías de Belén García Mata
Frato Editorial
Málaga, 2020


CUADERNO DE VIAJE


   Tras la ejemplar edición de los dos primeros volúmenes de Diario, de José María Souvirón, en colaboración con Daniel Ramos López, Javier La Beira, filólogo, investigador y paseante por múltiples carriles creadores (poesía, relato, artículos periodísticos y edición), explora una nueva ruta: la literatura de viajes, una senda expresiva de intenso recorrido en otros ámbitos, como el anglosajón, pero menos transitada en el holgado perímetro peninsular, con las escuetas salvedades de interés.
   La edición malagueña, incluso en sus manifestaciones más humildes como las hojas volanderas y las plaquettes, tiene una merecida fama nacional  por el quehacer artesano de las cualidades formales; Frato Editorial asume la tradición provincial con una entrega limpia, minimalista y nívea en cuya portada sobresale el talento plástico de Juan Carlos Mestre que hace decurso lírico también sin las palabras.
   Puestos en materia, solicito que se me permita abordar la lectura de Múnich resplandecía a partir del epílogo, porque el autor incluye en sus párrafos una notable declaración intencional, subrayando las cualidades más sobresalientes de esta entrega. El temperamento viajero enuncia su sensibilidad: “Frente a los teóricos del género que propugnan la publicación de los textos de los diarios tal y como son escritos a pie de calle, soy de los que consideran que la letra impresa exige un tratamiento literario, una voluntad de estilo que se eleve por encima de la mera exhibición de los avatares de una existencia tan aburrida para el resto de los mortales como los sueños de cada cual”. En la poética del viaje de Javier La Beira no hay balbuceos, sino el suelo sólido de unas cuantas certezas que anulan el sobrepeso del detallismo, el testimonio objetivo de la frialdad notarial y la cartografía geométrica de lo previsible. La Beira escribe con el taller abierto de la naturalidad, selecciona, refrenda y convierte la travesía en un reflejo de quien percibe y siente. Hay que capturar destellos de lo que se vislumbra y encontrar vínculos emotivos entre sujeto y entorno.
   Solo cuatro días reales anotan su discurrir en el diario, los incluidos entre el viernes 1 de diciembre de 2017 y el lunes 4 de diciembre. En tan breve lapso, las anotaciones autobiográficas se multiplican para trasmitir un intenso aporte que arranca con los prolegómenos del desplazamiento y con ese retorno a la memoria que añade recuerdos y evocaciones, miedos y sueños, actitudes propias y ajenas. Los entrantes de Javier La Beira para esta gastronomía en tránsito dibujan con trazos firmes la cronología exacta que asocia el sentido del tiempo al respeto personal (certeza que comparto plenamente), el miedo a volar: “el que teme padecer, padece ya lo que teme” y los recuerdos de trayectos cumplidos, cobijados en los pliegues de la memoria.
   La predilección germanófila del viajero queda también palpable en la elección del título Múnich resplandecía. Se extrae de un párrafo de Gladius Dei de Thomas Mann, que sirve de cita prologal, junto al pensamiento aforístico de Manuel Chaves Nogales: “El tiempo es aviador”. Pero sobre todo, se muestra con plenitud de mediodía al describir los atractivos muniqueses y la artesanía del viaje, ese compendio de informaciones que recuerda la historia de la ciudad, su aportación cultural, el paso de personajes notables o la convivencia armónica entre la vieja arquitectura y las propuestas de vanguardia que dan color y sitio a las actuales construcciones.
   Múnich resplandecía tiende la mano cómplice desde el primer párrafo. Muestra el camino secreto del diálogo personal para compartir juntos la plenitud del viaje, esa mezcla armónica de conocimiento y asombro que trasciende el repertorio anecdótico para recrear una experiencia común, aunque sea efímera y fragmentaria. Javier La Beira aporta la magia de contemplar un sitio donde nunca estuvimos, o donde alguna vez fuimos viajeros de paso, transeúntes con maletas que añoran el regreso. Un libro excelente, ameno, que invita a disponer de un cuaderno blanco para explicar el mundo como rito iniciático, aunque completemos el trayecto en clase turista, eso sí, con puntualidad noruega.