miércoles, 19 de febrero de 2020

APEGO

Último tren



APEGO

                                        En los huesos del tiempo
                        no hay ternura

                                             JOAN MARGARIT

Los ocres sucios
de viejas decepciones
no quieren irse.


martes, 18 de febrero de 2020

FERMÍN HERRERO. TEMPERO

Tempero
Fermin Herrero
Premio Alfons El Magnánim "Valencia"
de Poesía en castellano
Hiperion, Madrid, 2011



EL OLOR DE LA TIERRA


   Hay términos de uso restringido cuya semántica propicia la evocación y la elegía. Es el caso de “Tempero” que en el diccionario precisa con definición ejemplar: “sazón que adquiere la tierra para las sementeras y labores”. Detrás de esa palabra cohabitan el ruralismo narrativo de Miguel Delibes o el tiempo sosegado y meditativo de Antonio Machado. Fermín Herrero (Ausero de la Sierra, Soria, 1963) es uno de los escasos nombres de la lírica intersecular que sigue inmerso en esa tradición del paisaje castellano, ya núcleo argumental de entregas anteriores.
   En Tempero hallamos un libro orgánico que reitera algunas claves formalistas del autor, como el poema breve y los títulos al término de la composición para que los versos nos lleven de forma natural a la definición y no condicionen de modo previo la lectura.
   El profesor José Luis Herrero, de la UNED de Soria, ha investigado la presencia de sorianismos en el diccionario de la real Academia y ha completado un fichero léxico de la provincia que puede ser de gran utilidad al curioso lector que se acerque a las composiciones de Tempero y quiera precisar algunos términos cuya etimología remite a las tierras del alto llano numantino, la comarca de Tierras Altas, un espacio geográfico ubicado en el nordeste de Soria que ha sufrido un intenso éxodo rural. Un severo proceso de despoblamiento ha puesto fecha de caducidad a una cultura campesina milenaria que hallaba en la práctica agrícola y en la ganadería de trashumancia sus habituales modos de vida.
   El poema busca el olor de la tierra, la carga sensorial de un paisaje que ha perdido cualquier alabanza de aldea para sumirse en un estado de letargo que propicia una contemplación demorada: “La tarde que se alarga. Nieva. La duración / en mí, que me desprendo y al cabo doy / en todo. Y solo. Aquí o allá / es lo mismo, inmediato. Ahora puedo / ver, alguien me pronuncia, el tiempo / me retiene más suyo que nunca, menos / transcurso, a salvo ya de su condena…”   Ese fenómeno atmosférico, la “Húrgura”, que genera la borrasca de nieve y viento rompe el trascurso monótono del día para incidir en la condición de ser en medio de los ciclos naturales.
  El campo propicia una sensación de estatismo, un devenir que alienta la quietud y el despojamiento y que halla en la imagen de un cerro pelado el reflejo de la propia esencia de vivir; se van agotando los afanes y las pretensiones, los elementos del paisaje muestran una común actitud de calma  que acrecienta la soledad del que contempla o ese desamparo que lleva a buscar el abrazo del otro para librarse del escalofrío.
   La poesía de Fermín Herrero tiene el tono justo de la confidencia; no levanta una voz que apenas cambia con el tiempo, otea el horizonte y se encoge de hombros, convencido de que la naturaleza tiene un destino marcado, una cadencia que invita a reflexionar sobre los signos de lo  mudable y a guarecerse  a cielo abierto, detrás del pensamiento.

lunes, 17 de febrero de 2020

EL POEMA FELIZ

Espera
(Florida, USA)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


EPIFANÍA

Cardinal necesario,
la pulcritud se aplica en dar forma y textura
al poema feliz.
Es palabra con alas que difunde
el íntimo comienzo de los sueños.

El poema desciende
como lluvia caída.
Su epifanía anuda la belleza
y remoza pequeños propósitos baldíos.

Que no contenga lastres
y conozca remedios
contra el cerco famélico
de cualquier desazón.
Que asordine la angustia
y no marchite pasos
en la tierra de nadie
del chantaje afectivo.

Que tenga la avidez
severa de los dioses
y disloque
toda asepsia expresiva.

Que soporte la ley gravitatoria
del trapecio
y se mantenga sobre la cuerda tensa,
como un don disponible
que sostiene el azul
y todo empieza.

Y que sepa también,
hecho gesto final y conclusivo,
guardar el extravío
bajo techo.

   (Barcarola, nº 92-93, Dic. 2019, Albacete)


domingo, 16 de febrero de 2020

ADÁN

Camino
Sobre una imagen
de
Javier Cabañero Valencia



ADÁN

   Retraído en el cuarto del yo, alardea de ser un escritor sin genealogías. Carece de antepasados y descendientes. Infatigable escribe; hace de su exilio grava suelta, camino y porvenir.
   Me desconcierta un síntoma inquietante: vive con sus padres.

(De Cuentos diminutos)





sábado, 15 de febrero de 2020

JOSÉ MARÍA GARCÍA LINARES. NACER PARA APRENDER, VOLAR PARA VIVIR

Nacer para aprender, volar para vivir
Un acercamiento a la poesía de Begoña Abad
José María García Linares
Pregunta Ediciones
Zaragoza, 2019


APRENDIZAJE Y EXISTENCIA

   El aserto Nacer para aprender, volar para vivir, que define este estudio crítico sobre la poesía de Begoña Abad, enlaza textura biográfica y recorrido escritural, es un acierto del ensayista José María García Linares, Filólogo, Doctor por la Universidad de Granada y docente en ejercicio en la Comunidad Autónoma de Canarias. Es difícil adentrarse en los estratos poéticos de Begoña Abad (Villanasur Río de Oca, Burgos, 1952) y abstraerse del sujeto real. Al menos para mí, que conocí a la persona y su pletórica humanidad con sombrero en el evento Voces del Extremo, unas jornadas de reflexión y diálogo celebradas en Béjar, en el poderoso verano de 2009. Como ocurría con otros integrantes de aquella convocatoria, periférica y a trasmano del enfoque oficialista de la poesía actual, no tenía ningún trazo de su fisionomía literaria. Pero, según aseveraban los filósofos estoicos, el lenguaje de la verdad no requiere circunvoluciones explicativas para hacerse mediodía y claridad. Capté de inmediato la sencillez, el cálido escepticismo aliñado de ironía y su generosidad expansiva hasta el punto de que su amistad fue el mejor legado del alboroto bejarano. Un año después, propició una lectura poética de mis versos en Logroño. En unas horas de grato recuerdo conocí el quehacer laboral del Ateneo y los aledaños de un río Ebro de aguas transparentes y gélidas. También la acogedora casa de Begoña, su quehacer laboral y aquella azotea abierta, como un mirador suspendido, a los tejados de una ciudad levítica.
   Ha transcurrido una década pero la evocación del trabajo poético no ha perdido intensidad, así que inicio la lectura de Nacer para aprender, volar para vivir con la esperanza de cotejar sensaciones y pensamientos. José María García Linares abre su indagación con un paratexto plural en el que conviven María Zambrano, Antonio Revert Lázaro, Elsa López y Antonio Orihuela, un entrelazado heterodoxo. Con unas coordenadas más precisas, el prólogo aborda algunas cuestiones básicas que sobrevuelan el proceso de escritura y responden a los objetivos básicos del taller textual. La palabra está ahí, es magma y espera y quien se apresta al verso debe solventar desde qué punto de partida inicia voz en la tristura de lo cotidiano. El corpus de Begoña Abad se edita entre 2006 y 2019; sus textos se configuran “como espacios de la memoria que remiten siempre a una experiencia de duración en donde tienen cabida las representaciones del yo en lo cotidiano, en lo trascendente, en lo posible y en lo imposible”. Así sucede en su carta de presentación, la plaquette Begoña en ciernes (2006), publicada por Ediciones 4 de agosto, donde fusiona el yo existencial y el personaje del poema como si la entidad real estuviese marcada por el moldear preciso del poema; como decía María Zambrano, “las palabras sirven para descubrir el secreto del yo y comunicarlo”. Con absoluta coherencia el siguiente poemario La medida de mi madre seguía postulando como muro de cimentación el decurso vital; las cosas están ahí, a la vista y ellas gobiernan la temporalidad del protagonista que ante lo aleatorio muestra el semblante de sus estados de ánimo y la conciencia de estar desempeñando un papel siempre marcado por el discurrir. El rol femenino aporta una sensibilidad diferenciada y reconocible en presencias de enorme fuerza emotiva como la madre o la epidermis del yo en los espejos asumiendo su papel social. La tercera entrega Cómo aprender a volar ofrecía un conjunto de poemas editado por Olifante, en su colección Papeles de Trasmoz. El libro se enriquece con una introducción de Antonio Orihuela. Suena fuerte una poesía breve, directa, emotiva, sin afeites; una lírica confesional, reflexiva y dispuesta a sonar a media voz. Los versos de Begoña Abad manan desde la transparencia, breves, incisivos, como aforismos que resumen los días.
   De la abstracción del sujeto sobre las coordenadas referenciales de su naturaleza nace la cuarta entrega Musarañas azules en Babilonia donde se abren temas nuevos como el eros y la fuerza del deseo, la búsqueda palpable de la piel, y el esfuerzo por sondear comportamientos liberados de tabúes y miedos.
   Pero el yo poemático también deja un espacio al entorno, a las enseñanzas de lo cotidiano. Frente al estatismo doméstico de la conformidad en Palabras de amor para esta guerra se hace más pleno el compromiso y la denuncia, una voz ética que persiste en A la izquierda del padre donde la palabra se hace libertad y vuelo para mirar los tejados de los invisibles y los desfavorecidos. Del mismo modo, otros poemas actúan como crónica de un tiempo manifiestamente mejorable, lleno de flecos y asuntos colectivos no resueltos: los malos tratos, la violencia de género, las actitudes xenófobas, el materialismo son anotaciones de agenda que, en una sociedad individualista y miope, nunca tienen fecha de caducidad. Miradas a un mundo que parece tener narcotizada la conciencia y que se reiteran en las composiciones de Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra), libro de 2015.
   Es un tiempo de extrema fecundidad creadora donde se encadenan títulos – Diez años de sol y edad, una antología de trayecto que añade el poemario inédito Hebras, El hijo muerto, un libro CD de textos recitados, El techo de los árboles y Llaves para una revolución- y presencia en antologías del momento, como las que constatan los encuentros en Voces del Extremo, o Mujeres en su tinta: Poetas españolas para el Siglo XXI y la antología Insumisas. Poesía crítica contemporánea de mujeres.
   Esa aparente sencillez del itinerario creador de Begoña Abad no exime de la “responsabilidad de cuidar las palabras”, de dar a cada poema el ritmo y la cadencia precisa para que sus versos se aposen en la memoria como si precisaran una reflexión posterior en la que consiguieran su pleno sentido. Así lo corrobora el acercamiento crítico de José María García Linares al perfilar una biografía ficcional en la que se integra, con sitio propio, la cotidianidad expresiva de Begoña Abad, esa textura trascendente de la vida al paso.   

  

viernes, 14 de febrero de 2020

TINTA FRESCA

versos, besos y viajes
Tailandia, 2017
TINTA FRESCA

Te sueño y me propongo
hacer de nuestra vida
un poema continuo.
Al despertar
escribo el primer verso.
La lluvia me interrumpe;
su tacto trasparente
diluye lo que escribo.
Intento improvisar
un texto sin palabras.
Tinta fresca.

    (Revista Barcarola, nº 92-93
    Albacete, dic. 2019)


jueves, 13 de febrero de 2020

ALTA CULTURA

El pensador
Escultura
de
Auguste  Rodin



ALTA CULTURA

La juventud mira hacia adelante, pues no tiene nada detrás.
la vejez mira hacia atrás, pues no tiene nada delante.

AMBROSE BIERCE

Con  mesura contenida y aire lánguido, suele hablar mal de los contemporáneos. Le queda, dice, el infinito espacio de los clásicos, esa insignia de autoridad que distingue a los iluminados por la alta cultura. Así plagia mejor y nadie advierte.

Aquella mañana escribió un soneto admirable, de seis versos.

Gente que calla, con exceso de aparato crítico.

Hermética efectiva; en la oscuridad opaca de una frase se quedó dormido.

Para despistar al invierno de su senectud pone en sus achaques diarios un entusiasmo juvenil.  

Aforismos opacos



miércoles, 12 de febrero de 2020

EL AMBICIOSO

Signos leves


EL AMBICIOSO

   Este invierno destila olor a frío y el ambicioso apura pasos apresurados para encontrar cobijo. Se ha sentado conmigo y de inmediato me deja conocer sus convicciones. Contempla ensimismado la claridad cercana de la lumbre, los leves signos sin voz que escribe el fuego. Cuando posa sus ojos en la hoguera no mira el fulgor de las brasas. Tampoco la roja mutación de la madera en ceniza. Solo percibe los brazos extendidos del humo, la maleable docilidad de su ascensión.

(De Cuentos diminutos)




martes, 11 de febrero de 2020

VENDRÁ LA MUERTE

Aliño indumentario
Archivo
de
akg-images



VENDRÁ LA MUERTE…

                                  Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
                                                             C. Pavese

Pisa la muerte
el  limo intransitable…
Cerca, Colliure.

                   (Homenaje)





lunes, 10 de febrero de 2020

CASA ABIERTA

cosecha
fotografía
de
Pinterest

AFORISMOS

Cuando conciliaba el sueño, permanecía insomne su inteligencia práctica.

El fulgor del adjetivo ciega el poema.

Activos habitantes de la ciénaga, los ajetreos del odio nunca cierran jornada laboral.

Refrenda la última resistencia de un castillo de arena frente al mar: persevera en la nada.

El verano y esos desnudos que eligen mis ojos para decirse.

En el aforismo grava suelta que presiona los pies de quien camina.

Todos admiraban la solidez y el peso de sus opiniones. Él asentía, mientras ocultaba su petrificado cerebro.

Hay inteligencias livianas, casi invisibles. Buscan su imagen en el espejo de la prepotencia para no desaparecer entre la neblina.

Sus racionamientos cumplen milenios. Usan el lenguaje de las piedras, un abecedario tectónico.

Quien quema el bosque sugiere ahora plantar arbustos sobre el tizne.

Soy el mismo, aunque la edad  borra senderos al deseo. Seca las sábanas.

(Aforismos)



domingo, 9 de febrero de 2020

PAISAJE DEL DOMINGO

Conversación a solas
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


PAISAJE DEL DOMINGO


No había disfrutado todavía del soberbio papel de Gleen Close en La buena esposa, la película dirigida por Björn Runge y estrenada en 2017. La madura belleza de la actriz casi monopoliza el cuadro de actores. El argumento aglutina periplo existencial y literatura y abre una espita de reflexiones de fuerte densidad respiratoria. Sobre la existencia y el largo túnel oscuro del matrimonio la infidelidad, el sexismo, la anulación del otro, el sexo crepuscular, la lealtad… Y sobre la escritura, el plagio, la colaboración, la vanidad y el prestigio, la biografía y el pacto que sella los labios y oferta una realidad diferente… También en el cine las afueras son centro.

Acuidad del domingo, dejadez al poner los pies en las hojas mojadas de las horas. A solas, mientras se posa inadvertida la luz en el jardín, serena y leve.

Como esas floraciones de esparragueras, zarzas y rosales silvestres que aparecen, con pujante savia,  como extensiones naturales de los sentidos, en los desaliñados declives de lo diario el brotar oscuro del resentimiento.

Me gustan los finales previsibles, sin sensaciones agónicas. Esos epílogos que avanzan con paso corto y pausado. 

(Apuntes del diario



     

sábado, 8 de febrero de 2020

LA HORA SIN VOZ

Último viaje
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

LA HORA SIN VOZ

cerrando a mi quietud siempre el camino

LUIS CERNUDA

   Cuando sumaba la tarde las primeras sombras, tras muchas caídas y mínima energía para alzarse de nuevo, había llegado al final del camino Atrás quedó el cansancio que fuese permanente compañía. Con una extraña sensación de libertad respiró hondo. Pero el aire no llegó a los pulmones. Supo entonces que había otro itinerario pendiente mientras comenzaba a diluirse dentro de una grieta invisible. Alguien apagó la luz.

(De Cuentos diminutos)  




viernes, 7 de febrero de 2020

JAIME GIL DE BIEDMA. DIARIOS (1956-1985)

Diarios (1956-1985)
Jaime Gil de Biedma
Edición de Andreu Jaume
Lumen, Memorias y Biografías
Barcelona, 2016


LOS LÍMITES DEL YO


   Andreu Jaume,el editor de Diarios (1956-1985), resalta en el introito que Jaime Gil de Biedma preparó este recuento autobiográfico con voluntad crítica, con el firme propósito de que fuese un testamento de claves interpretativas. Esta valoración otorga al volumen espacio singular y una íntima relación con Las personas del verbo, que aglutina el fondo lírico, y con El pie de la letra, donde se integran artículos y ensayos. La condensada  indagación intimista nace de un afán de “adiestramiento en la literatura”, activo ejercicio de aprendizaje y búsqueda de un lenguaje para precisar y comunicar las gradaciones de la experiencia.
   Las vicisitudes de imprenta son conocidas. En 1974 amanecía Diario del artista seriamente enfermo que más tarde, ya en 1991 y en edición póstuma, se integraría en Retrato del artista en 1956. Al perfil del poeta-poema se suman aquí los textos inéditos. Son dos diarios fechados en 1978 y en 1985 que constituyen, y otra vez recurro al contexto informativo del prólogo, el retrato tardío de una sensibilidad renacida tras una estrepitosa crisis de identidad, sin asiento en un entorno cívico convencional.
  En la organización de la obra percibimos el deseo de un orden; un afán de simetría por trazar con veracidad los afanes de un protagonista implicado, que inicia el recorrido biográfico con Retrato del artista en 1956. Es el tramo más vitalista; en ese tiempo el escritor está trabajando en “Las afueras”, conjunto poético integrado en la obertura Compañeros de viaje y comienza su relación con la Compañía de Tabacos de Filipinas, empresa familiar en la que desarrollará todo su periplo laboral, con numerosos viajes de negocios y una agenda vital de libertad y descubrimientos.
  Las anotaciones de Retrato del artista en 1956 se convierten en un atlas de geografía humana. En él emerge un yo en crecimiento con inquietudes literarias, muy cercano en lo intelectual al grupo de amigos de Barcelona, sobre todo a Carlos Barral. Dan fe de una intensa pasión por vivir. Los días en Manila muestran, sin sombras, una continua búsqueda de relaciones y encuentros sexuales, no carentes de morbo y confrontados con la moral católica. También aflora la conciencia social y la evidencia de una jerarquía asumida en la que cada vez soporta peor la prepotencia colonial, esa insólita desnudez de derechos que tiene la mano de obra indígena. Las secuencias refuerzan su rechazo a una forma de vida aristocrática que fomenta el poder económico desde la explotación de los más débiles y crea en su interior un acuciante vacío ante las severas condiciones de supervivencia de los más humildes.
  Desde la distancia, la realidad política española adquiere atinada definición. Se aprecia el desarraigo interno y la ausencia de peso en la política internacional que aísla al integrismo franquista. El poeta escribe: “España es un país enfermo, enquistado en sí mismo”.
  La misión de Jaime Gil de Biedma en la Compañía General de Tabacos de Filipinas se expone en el informe sobre la administración general, un texto de fuerte contraste con la perspectiva general del diario. Se trata de un trabajo técnico sobre la fisonomía de la empresa, sus activos mercantiles y el funcionamiento operativo del personal. Apenas queda sitio para el enfoque confidencial que solo retorna en el apartado “De regreso en Ítaca”, cuando la estancia en Filipinas concluye. La implicación con la geografía asiática fue intensa. Mas el poeta ampara una sensibilidad mudable y las nuevas anotaciones acogen el clima de relación, las lecturas y el afán literario. Sitio especial concede a su temporada de convalecencia en la Nava de la Asunción, un municipio próximo a Segovia, a causa de la tuberculosis. El moroso discurrir mesetario ralentiza las horas y da ocasión a un análisis del yo verdaderamente demorado que integra facetas diversas, desde la sexualidad apaciguada hasta los problemas de composición, o las acuarelas familiares que permiten conocer el retablo de presencias cercanas y su empatía.
   Más que las vicisitudes del ego son los trabajos y días literarios los que rigen el enfoque tonal de Diario de “Moralidades”, segmento que abarca desde 1959 a 1965. El cauce vitalista, no exento de polémica por una sexualidad desbocada y oscura, se hace remanso sedentario para adentrarse en la conversación pausada entre biografía y escritura. Lo que se estima ahora es el apunte de taller, aunque de cuando en cuando desgrane  textos  que bosquejan rutinas de la casa.
   En esos meses concluye varios proyectos, entre ellos un ensayo crítico sobre Jorge Guillén, publicado en 1960. Es la etapa de definición del grupo de Barcelona a través de gestos colectivos como el homenaje en Colliure a Antonio Machado, en el vigésimo aniversario de su muerte, la preparación de la antología de Josep María Castellet, o la realización de lecturas y encuentros que dan a  conocer emergentes idearios estéticos.
   Es el tiempo de escritura de Compañeros de viaje, su carta de presentación. Las anotaciones revelan la lenta elaboración de los textos, el pulido final y el sesgo racional de una obra que va creciendo con lentitud, muy lejos de la intuición sentimental, con un sólido trabajo de organización.
   Por otra parte, los contactos con Carlos Barral, Josep María Castellet y otros poetas del medio siglo facilitan el conocimiento público de sus creaciones. Son días de cielo claro. Cuando arranca 1960 sus apuntes lectores gestan un criterio crítico pleno de solidez. En él, Antonio Machado adquiere una significación tutelar, que influye en una expresividad directa y en el sentido ético del poema; lo mismo sucede con los compañeros de viaje. Con afines supuestos estéticos forjan el catálogo de la colección Colliure, que habrá de convertirse en pórtico editorial de la lírica del grupo. También es valorado de forma positiva Luis Cernuda; en cambio cuestiona las últimas salidas de Juan Ramón Jiménez.
   El periodo acogido discurre hasta 1964 y en él perduran los peculiares caracteres del ego, aunque los párrafos se hacen más esquemáticos. En ellos se alternan los estados de ánimo, las crisis físicas y amorosas, las lecturas y los avances de poemas que van adquiriendo todos los elementos de la versión final. Asimismo prosiguen los contactos promocionales y el deambular por enclaves peninsulares, con especial incidencia en la costa. La identidad del yo se asienta en claroscuros que transmiten su inestabilidad afectiva. Mientras lee a Catulo y los poemas epigramáticos de la Antología palatina que servirán para encontrar el tono de “Pandémica y Celeste”. Cuando arranca 1964, vislumbramos síntomas mudables en la persona. Se remansa su intemperancia polémica, siempre dispuesta a la confrontación, y eso permite una meteorología relacional más estable. Se consolidan ramas esenciales: Jaime Salinas, Esther Tusquets, Gabriel Ferrater, Juan Marsé… Un escogido listado de nombres propios que aglutinará esfuerzos e  itinerarios editoriales comunes.
   Este litoral en calma también tiene borrascas, como el fallecimiento de Joan Petit o la muerte de Luis Cernuda, cuyo legado siempre será un hito referencial. Son meses también de provechoso quehacer: los versos de “Pandémica y Celeste” pulen aristas con un sostenido afán reflexivo. De nuevo, el discurso verbal está marcado por la razón de una exigencia máxima que analiza avances y movimientos, articula secciones, evitando espejismos aleatorios con una organización interior que sostiene el desenlace.
  El calmo acontecer amansa la inquietud erótica. Ahora sus desvelos sentimentales están cuajados de moderación filosófica. Sobre la mesa están las páginas abiertas de Corpus Barga, Gombrowicz, Villalonga, Sartre o Isherwood. Es un tiempo claro y benigno en el que se va gestando el libro Moralidades con calculada lentitud.
   De cuando en cuando la serenidad bascula hacia la apatía. Su exigencia crítica es extrema, lo que le provoca paréntesis de desmoralización, cuando los proyectos no adquieren solidez y coherencia. Su falta de interés afecta sobre todo a los entornos literarios y a su presencia activa en foros sociales. En cambio, le gusta meditar sobre la intrahistoria colectiva: ecos de las revueltas universitarias, huelgas asturianas y el sostenido caos ideológico del franquismo que diluye las líneas de fuerza del poder político.  
  En el diario de 1978 la textura de la realidad ha sufrido significativas quiebras. Desde 1972, en los estertores de la dictadura, viaja al litoral porque adquirió una casa en Ultramort, en la comarca del Empordà y allí fija su retiro residencial. Se asienta la convivencia sentimental con Josep Madern, salvo algunos esporádicos encuentros ocasionales y sus preocupaciones cotidianas se mantienen, tanto en la empresa, como en el taller de autor, que acrecienta enlaces con la segunda generación poética de posguerra
  De cuando en cuando, los síntomas de la enfermedad condicionan su salud o empujan a temporadas de ánimo sombrío. Pero la radiografía general de este periodo se expone con tranquila objetividad, como si fuese trazando una estela de sueños cumplidos, a pesar de su conocida inestabilidad emocional.
   Poco a poco adquiere su pleno sentido un verso premonitorio: “Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”. El invierno vital establece una perspectiva crepuscular en la que el sujeto adquiere razón de una travesía transitoria. Se recupera de una fatigosa bronconeumonía que acentúa su humor sombrío. Los años cumplidos comienzan a sumar erosiones. La historia del país tras la muerte de Franco entra en un interludio complejo donde no siempre se sortean los resabios franquistas. Varias notas reflejan la detención del dramaturgo Albert Boadella por la representación de la pieza teatral La torna. El director será sometido a un severo proceso judicial, tras un consejo de guerra.
   Retornan los hábitos, viaja de nuevo a Filipinas y asume responsabilidades empresariales. Cada vez muestra una mayor dependencia afectiva de Josep M., pero sus vaivenes emocionales persisten. Incluso el diario se convierte en una enojosa tarea obligatoria que solo retoma en 1985, cuando se le diagnostican los primeros síntomas del sida. Las páginas autobiográficas de 1985 son la crónica del viaje final hacia ninguna parte.
  El hábito del diario requiere coherencia y dejar que pase la tentación continua de embellecer el pasado. La escritura de Jaime Gil de Biedma abre los ojos con la claridad apacible de la amanecida y en ella se diluyen los límites del yo para convertirse en literatura y existencia, sin trasfondo, con la respiración ajustada de quien cumple trayecto hasta la última estación.

                                                                                 
    JOSÉ LUIS MORANTE


jueves, 6 de febrero de 2020

CASI DIARIO

Amanece que no es poco
(José Luis Cuerda, 1989)
Archivo TVE 


CASI DIARIO

Ordeno libros, ahora que apenas leo. Mientras acaricio sus lomos, percibo que he olvidado los argumentos de muchos, como si sus contenidos se hubiesen bañado en las oscuras aguas del Leteo . Otros guardan intactos su periplo lector como El infinito en la palma de la mano aquella novela de Gioconda Belli, que leí hace muchos años, mientras preparaba una entrevista con la poeta. Retornan algunas secuencias de la trama, aquella continua epifanía de descubrimientos de Adán y Eva, tras la agorera expulsión del paraíso terrenal. Todo exilio es siempre soledad y descubrimiento, noche oscura del alma.

Hay apropiaciones ajenas que no requieren  claves explicativas sino apoyos anecdóticos. Este aforismo "Tinta botánica: hay libros de hoja caduca y libros de hoja perenne", integrado en el libro Motivos personales, pág. 77, que recoge textos escritos entre 2010 y 2013, resume la sensación que se instala en mis manos al reordenar la biblioteca de la buhardilla. He trasladado la novela a otras zonas de la casa y dejo todos los estantes para la poesía. Es el género que más releo y siguen llegando muchos títulos.   

Ha muerto José Luis Cuerda y la televisión repone uno de sus títulos más legendarios, Amanece que no es poco (1989). El film es tan insólito que las sensaciones que crea de nuevo en mí también lo son. Es una comedia atípica, donde se abrazan humor, crónica rural, surrealismo y esperpento. Cuánto disfruto de nuevo con las apariciones de Luis Ciges, Manuel Alexandre y Gabino Diego. Geniales, como la frescura bellísima de Pastora Vega.

La falta de sentido institucional de algunos parlamentarios me causa una incisiva angustia; la misma que me causa ese facilismo comprensivo de alguna parte de la izquierda que cree que la constitución es un texto vacío, en vez de nuestro marco de convivencia. Argumentar con los abducidos por el independentismo es casi más complejo que hacerlo con una prologuista adánica que se atribuye a sí misma la invención de vocales y consonantes.

La tristeza es un mar interior. Inunda todo.

Apuntes de febrero, 2020




miércoles, 5 de febrero de 2020

AFORISMOS DE DEFINICIÓN

Soledad en vuelo
Fotografía
de
National Geographic

AFORISMOS DE DEFINICIÓN

A Miguel Catatán, maestro del género

Aforismo: deslumbre

Andamios: siembra de muros y ruinas

Cuerpo: elemento natural con el que se mantiene una relación transitoria.

Deterioro:  zumo nutricio de la senectud.

Ella: concentración de inteligencias múltiples, no exenta de efectos secundarios

Espectador: quehacer habitual del ojo opaco.

Espejismo: versión en blanco y negro de la propia identidad.

Extranjero:  desasosiego interno cuando estoy conmigo.

Imprecisa: área de emplazamiento de cualquier utopía.

Inapelable: sabiduría conclusiva del que está dormido.

Memoria: narradora caótica. Tráfico intenso  de recuerdos que colisionan entre si.

Nacionalismo: obsesión de tribus sin ADN conocido.

Niebla: distorsión ocular con pretensiones estéticas.

Ombligo: punto central en la fisiología del poeta.

Semilla: gesto cordial donde se dan la mano tiempo y árbol.

Sombrilla: púlpito discursivo de la pereza.

Utopía:   vuelo vertical con alas de cera.

Verano:  pausa larga en las constantes vitales.

Viaje: impulso narrativo que germina al regreso.


                                 ( Aforismos de definición para Miguel Catalán)

martes, 4 de febrero de 2020

LABORES DE PODA

Entre el suelo y el cielo




PODA
El hielo presentía la hoguera,
La muerte venteó la juventud.

PERE GIMFERRER

   Aplicó su indeleble afán corrector en la poda de un árbol gigante. Afanoso, lo convirtió en arbusto. Reiteró su actitud al día siguiente y logró que la silueta arbustiva mudara en rama. Siguió cercenando aquel relieve hasta que tuvo la levedad difusa de un brote germinal. Desnudo y frágil, el frío de la noche  agostó la mínima resistencia.
 Salvo él, nadie se dio cuenta de aquel nacimiento en la nada. Su aridez buscó senda temprano, para proseguir el despojo en otro sitio.

(De Cuentos diminutos)




lunes, 3 de febrero de 2020

EL DESIERTO Y EL MURO

Frontera
fotografía
de
Michael Wells
Gaceta Mexicana


EL MURO


No es mucho –nada tengo-;
estoy con los que miran
la palidez opaca y vertical.
Busco piel en su enigma
de roce y hendidura,
en tanto la  razón
se vuelve fósil.

Solo el óxido asciende
hasta su cumbre.
Los días que amanecen, casi negros,
requieren otra luz,
callados se preguntan
en qué lugar
camina el horizonte.
La distancia es ahora
el esqueleto gris de lo posible.
Aquí la transparencia
no moja las espaldas
y tampoco sostiene
un reflejo de nubes,
las migajas del vuelo.

Una lluvia de arena
dispersa sus indicios
y dibuja ceniza en nuestra espera.
Palpita la vejez
cuando no hay sueños.

Con despojos salobres
sedimenta el desierto
al otro lado.
Voy con él.
Abrazaré mañana su vacío

        (Revista 21veintiunversos, nº 8, 2019)



sábado, 1 de febrero de 2020

JOAN MARGARIT. VIAJE HACIA LA SOMBRA.

Viaje hacia la sombra
Joan Margarit
Edición, introducción y selección
de
Lina Rodríguez Cacho
XXVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana
Ediciones Universidad de Salamanca Patroimonio Cultural
Salamanca, 2019

INCERTIDUMBRES


  Frente al rocoso objetivismo de los estudios críticos que posiciona la empatía en la media distancia, Lina Rodríguez Cacho, en la introducción de Viaje hacia la sombra, muestra su plena complicidad afectiva con el itinerario poético de Joan Margarit y concreta que el magnetismo arranca desde los poemas del libro Misteriosamente feliz (2009). Al analizar el contexto histórico todavía perdura aquella conmoción en el ánimo y la cercanía a la fertilidad creadora del poeta catalán nacido en Sanaüja (Lleida), en 1939. La investigadora reivindica también el placer del texto; de modo que su estudio no está nunca lastrado por el pie de página y la nota erudita y abundan, en cambio, los poemas que clarifican  ideas o llevan a escena consideraciones biográficas.
  En palabras de Lina Rodríguez Cacho Viaje hacia la sombra es una colección de amparos –qué hermosa definición sobre el sentido catártico de la poesía- expuesta con dureza y claridad. Sobrevuela la lucidez de quien conoce los laberintos interiores, sus relieves y contraluces, sometidos a un intenso ejercicio de introspección. Así nace un quehacer que arranca en 1968, con el libro Cantos para la coral de un hombre solo, publicado cuando el poeta tenía 23 años. Todavía es un mero ejercicio de tanteo que no refleja las connotaciones plurales que alcanzará en el devenir la creación poética. Desde 1963 a 1979 suma cuatro libros, de los cuales será Crónica la entrega epifánica, un título de amanecida porque en sus poemas se oye la voz singular que anticipa los pasos siguientes, ya escritos en catalán y sometidos a severa revisión. Los poemas supervivientes se acogen en Restos de aquel naufragio y bajo ese rótulo se integrarán como versión definitiva en su obra completa.   
  Su tenacidad bilingüe cimenta un ideario estético que en Viaje hacia la sombra se organiza en seis estancias. La producción se agrupa temáticamente, superando el flujo continuo de cada poemario y su discurrir diacrónico. Las estancias son cuartos interiores, “residencias prolongadas del poeta en determinados lugares de la memoria, de los afectos, del dolor y aun de la desolación”, una crecida verbal sin ataduras preconcebidas y sin moldes divisorios. La casa conforma un completo plano de habitaciones y puntos alternativos en los que habita el hablante lírico, casi siempre en un estado de incertidumbre.
  Los espacios argumentales arrancan con “Ciudades: querencias, heridas”. Es innegable el absoluto predominio de una poesía urbana en la lírica de Margarit, pero el molde cívico resulta complejo y contradictorio; a veces es Barcelona la ciudad arquetípica; y el poema explora sus lugares más conocidos, aunque sin apuntes idealizados; otras veces la ciudad es un espacio erosivo, de soledad y decepción, o un lugar habitable que cobija esas historias de amor atemporales que sobreviven en la evocación oscurecida.
  Tras la guerra civil, en la larga etapa de la autarquía, confluyen el maltrecho deambular colectivo y la desolación personal. Es un intervalo que oculta la noche oscura de los vencidos. De su duración y desvarío hablan muchas de las composiciones acogidas en “Posguerra”. El miedo y el rencor se han acostumbrado a hablar entre líneas; en voz baja se asume la derrota. La decepción es un yo desdoblado que  sobrevive y busca sentido tras la introspección al discurrir de un tiempo que acumula hábitos y decepciones.
  Es preciso recalcar que no hay nihilismo en la poesía de Joan Margarit sino convicción de que es posible dormir bajo techo. En el apartado “Refugios” los poemas recrean aquellos conceptos que se hacen tangibles en la amanecida y dan cobijo y luz. Así nacen sendas argumentales como la música y el jazz, el amor, el patrimonio intacto del recuerdo o los lugares que fueron ampliando su hospitalidad para que las etapas vitales hallasen sitio frente a la intemperie.
 “Ellas” aglutina los perfiles plurales de identidades femeninas que fueron compañía y fortaleza porque lograron crear en la infancia, o en el azaroso camino de la madurez los itinerarios más cálidos de la verdad y el afecto, un estar carente de grietas. La abuela, que vivió los efectos abrasivos de la guerra civil, la madre solitaria de los días de posguerra, el amor de Mariola o Joana son los nombres propios del poema. 
  El expresivo lenguaje del tiempo se define en la poética de Margarit con un amplio abanico de símbolos y metáforas. Esa honda reflexión sobre el tránsito continuo busca representación en el apartado “Las enseñanzas de la edad”. Como un redoble de conciencia, los poemas constatan un pensamiento en guardia ante el implacable mordisco del tiempo.
   Por último, la escritura recuerda que el sujeto biográfico habita la casa de la palabra. Viste los versos con su experiencia existencial y los aportes culturales de su senda cognitiva. Como un espejo, la grafía versal conforma un desvelado autorretrato. Ese encuentro del yo consigo mismo encalla en los poemas recogidos en “Autorretratos”. Ellos completan el tramo final de la antología que se cierra con el poema inédito “Conciertos”.
   La poesía de Joan Margarit deja en su avance la noción de continuidad, una entidad unitaria. Esa continua fidelidad se percibe en el corpus acogido por la profesora y ensayista Lina Rodríguez Cacho en Viaje hacia la sombra, tan inseparable del contexto biográfico y del indeclinable sentido de la ética. Frente al arrastre temporal, los versos expanden una función catártica. Sus palabras reclaman oxígeno y claridad, la precisión constructiva de la palabra justa.




viernes, 31 de enero de 2020

TRAS LA VENTANA

Mirar dentro
Archivo general
de
Internet

CON EL CEÑO FRUNCIDO


Continúa el repliegue en casa tras la operación ocular, aunque la insubordinación de mis hábitos es manifiesta. Cuánto echo de menos la inercia de los libros, los paseos largos que mantienen en forma a la incertidumbre  y esas expectativas que fragmentan el regreso a lo literario.

Mi inquietud habitual se ha sosegado un tanto por los consejos médicos, mantengo el boca a boca con la poesía. Los poemas, sin gafas y sin los cristales adecuados,  añaden a sus argumentos algunas imágenes arbitrarias en las que se hacen visibles las formas de la imaginación. Miopía y presbicia se abrazan para ser sustancia estética.

Enero avanza lento como una crecida de limo. Las horas tienen una inadvertida cadencia en su paso y los estados de ánimo generan ausencias y cercanías. De cuando en cuando me asomo a las redes digitales para constatar lo de siempre: la falta de criterio y la sandez crecida son frecuentes incluso entre buenos amigos que hacen del tremendismo una cualidad de nuestro tiempo: todo es corrupción, manipulación, mafia poética... Todos están implicados, salvo ellos. Y se quedan tan contentos y después escriben para celebrar su altura ética un endecasílabo cortito, de cinco o seis sílabas.

Me siguen llegando muchas peticiones de amistad que tras aceptar borro de inmediato para que desaparezca ese pulgar que resume su inteligencia. Me parece necesario un regreso a la exigencia de una buena educación también en las redes. Y lucho por borrar el ceño fruncido. Aquí está mi casa y estoy bien, percibiendo los gestos verbales del invierno con el sentido común; los otros cinco muestran distintas erosiones y deben curarse.

(Apuntes sobre lo real, enero, 2020)




jueves, 30 de enero de 2020

JOSÉ ANTONIO SANTANO. MARPARAÍSO

Marparaíso
José Antonio Santano
Ilustración de cubierta: Miguel Arias
Primer Premio  del XXIV Certamen de Poesía
Rosalía de Castro
Casa de Galicia en Córdoba
Diputación de Córdoba, 2019  


UN LARGO VIAJE


   La ilustración de portada de Marparaíso reproduce un retrato de Vicente Aleixandre y un poema autógrafo del artista Miguel Elías, elaborado en técnica mixta. Evidencia, como el neologismo del mismo título, la sensibilidad que rezuma esta nueva entrega de José Antonio Santano (Baena, Córdoba, 1957) incansable caminante de un largo itinerario poético de casi veinte libros, con reconocimientos continuos, cuya fertilidad prosigue intacta como aseveran las recientes salidas, Cielo y chanca y Tierra madre.
   La voz del tiempo ha silenciado un tanto el magisterio del maestro del 27 y su legado poético que obtuvo en 1977 el Premio Nobel de Literatura. La mutación de referentes culturales en el fin de siglo y en las nuevas décadas digitales ha puesto púlpito a otras presencias canónicas y ha dejado en silencio itinerarios que un día fueron columna vertebral como el de Vicente Aleixandre. Nacido en Sevilla en 1898, pero intensamente ligado a Málaga desde los dos años, por un traslado laboral paterno, Aleixandre preservará siempre en su ideario poético aquella ciudad del paraíso, abierta a un mar azul y en continuo vaivén, hecho felicidad y belleza. Sería en el pueblo abulense de Las Navas del Marqués, ya en los años juveniles, donde arrancaría su vocación poética de la mano de Dámaso Alonso, compañero generacional con quien iniciaría una larga aventura personal nunca finalizada en el tiempo. La frágil salud condicionaría su participación en eventos comunes en los que definen los miembros integrantes del grupo del 27, como el Homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla, pero Velintonia, 3, su casa familiar, tras los estragos de la guerra incivil, será siempre diálogo hospitalario y lugar de encuentro por donde pasaron las voces emergentes de la poesía de posguerra y amigos y maestros que buscaron en Aleixandre comprensión, apoyo editorial y amistad. Estas son las claves biográficas esenciales sobre las que amanecen los cálidos poemas de Marparaíso.
   El material paratextual del poemario recurre a la memoria de algunos escritores que conocieron a Aleixandre e intimaron con su complicidad afectiva: Leopoldo de Luis, Blas de Otero, Pablo Neruda y Antonio Hernández, una selección aleatoria porque fueron mucho los visitantes de aquella casa en el parque metropolitano madrileño, junto a la ciudad universitaria. Todos coinciden en cumplir con una verdad diáfana que habla de la acogida del poeta y de su mano permanentemente tendida a la amistad y a la poesía.
   También José Antonio Santano resalta en su emotiva dedicatoria el humanismo del poeta y su acendrado magisterio intergeneracional y hace del mar de Malaga un símbolo de plenitud renacida, abierto al goce sensorial y a la profundidad del pensamiento en la callada umbría de la tarde. Con una luminosa construcción formal, el poeta va reconstruyendo secuencias de la memoria en una evocación que recobra las voces del pasado. Amanece de nuevo aquella inocencia intacta del niño que se asoma a un sueño tangible y abrasadoramente vivo, que convulsiona la contemplación, como si fuese un deslumbrante paraíso. Aquel refugio edénico queda, con sus juegos de luces y su horizonte desplegado, en los primeros pasos de la infancia, cuando perdura intacta la inocencia y la intrahistoria del yo es solo un fulgor auroral, sin mácula ni sombras.
   Ya se ha comentado el papel esencial en la biografía del poeta que juega el recordado domicilio del poeta en Velintonia 3, hoy casi abandonado inmueble por la desidia municipal y por la falta de recursos privados para convertir el simbólico edificio en casa de la poesía. El lugar da nombre al segundo apartado del poemario. La elegía recupera el lento deambular de tardes y otoños donde se fue gestando la vida sentimental del poema, ese entrecruzado de amores y decepciones, de apariencias y sobreentendidos que protagonizó una sensibilidad que conoció con frecuencia la soledad y el silencio. También los encuentros se fueron acallando en el tiempo para convertirse en patrimonio efímero, sombras calladas en una noche oscura que solo deja leve caligrafía en la memoria.
  De esa tenaz lucha contra el tiempo se nutren los poemas finales, compilados en “Nacimiento último”, cuando el amor se convierte en epifanía del deseo. Es la llamada de los cuerpos la que rompe el silencio y hace de la grisura mediodía. En esa caminata interior se diluye la senda colectiva de un país que no sabe borrar de su epidermis colectiva los estragos de la guerra incivil, ni el reguero de muertos anónimos que busca todavía la paz brumosa de los cementerios. El poema final “Duele este silencio” hace de la muerte ese magma de silencio y olvido en el que se diluyen las palabras, como si el tiempo hubiese fondeado en una inmensa grieta.
   Emotivo y germinal en su discurso narrativo, con lenguaje claro y transparente y un componente argumental que muestra su fidelidad al perfil diluído de Vicente Aleixandre en las hechuras del tiempo, Marparaíso hace de la evocación un homenaje de amplio espectro. En sus poemas caben la idealización de la infancia y los avatares históricos, el amor, la amistad y ese rumor callado de la muerte, largo viaje de un trayecto vivido en el que se pronuncian el cero y el vacío.

José Luis Morante