miércoles, 8 de abril de 2020

PIEDRAS SOBRE PIEDRAS

Grasilla silvestre
(Aragón, rutas a pie)


PIEDRA SOBRE PIEDRA


  Piedras sobre piedras se construye el tiempo, como una grasilla silvestre que crece en la oquedad oculta de la roca. Es casi el primer mes de encierro en casa y el discurrir no cesa de interrogarme. Mis dudas son cáusticas y ejercen entre sí una fuerte competencia. Todas están en ese balneario invernal del escepticismo. Casi nadie sabe lo que sucederá después.

Miro la mañana y no se ve a nadie en la calle. Es lo habitual en estas urbanizaciones de periferia en cuya languidez doméstica habría que sembrar un poco de humor caribeño. El jardín, tras las últimas lluvias, lo intenta, pero el verde brillante necesita el colorista cromado de pensamientos, tulipanes y rosas. Y los viveros están cerrados.

Aprovecho esta quietud terapéutica para quemar los ojos en las páginas de libros y periódicos digitales. Al final la opción me nubla el ánimo. Solo percibo encuadres de una arquitectura desenfocada que legitima mis incertidumbres.

Crecen en torno los humillados y ofendidos, a pesar del incansable quehacer literario. Con frecuencia se quedan los hilos sueltos que propician el ajuste de cuentas. Son los oscuros efectos secundarios de lo no hecho.

(Apuntes para el diario)



martes, 7 de abril de 2020

ENCUENTRO

Exilio
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

ENCUENTRO


    Habitó un cuerpo de talla media, con estados ocasionales de funcionamiento variable que se fueron deteriorando por el uso: otitis, miopía, musculación escasa. Pero aguantó con entereza el definitivo declive, tras el accidente mortal de hace seis años.
   Al recorrer una calle comercial, pese a su palidez desaliñada, lo reconocí de inmediato, frente a un escaparate. Al verme, tras el largo exilio subterráneo, él también ensayó un gesto de perplejidad y reiteró mi silencio. Como yo, venía del pasado y las facciones preservaban rasgos peculiares. En el irreversible desorden del tiempo, no merece la pena ningún cambio. La vida es una cicatriz que no se cierra.

(De Cuentos diminutos)




lunes, 6 de abril de 2020

LAURA GIORDANI. MANCA TERRA

Manca terra
Laura Giordani
Prólogo de Yaiza Martínez
La Garúa Editorial / Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2020



SUELO BAJO LOS PIES



   Nunca he creído en la idea del creador desgajado del contexto teórico de la escritura. Además, el poeta es un ciudadano que vive con intensidad los pormenores diarios de la calle. Intenta reflejar en la página los rasgos figurativos y conceptuales de un entorno común que engloba el ser individualidad y la voz plural de lo colectivo. Por eso, antes de entrar en la materia verbal del libro Manca terra de Laura Giordani (Córdoba, Argentina, 1964), considero muy orientadora esta definición sintética, ubicada en la solapa del poemario sobre el quehacer, tan vinculado a lecturas, seminarios y talleres: “El lenguaje poético y la creatividad como instrumentos de resistencia del espíritu humano frente al arrase sistémico es el núcleo de su labor como escritora y docente”.
   Esa sensibilidad despierta y receptiva de Laura Giordani ha dejado en la última década seis poemarios, dos plaquettes y la voluntad inalterable de seguir andando por las aleatorias calles del poema con nuevos viajes como Manca terra. La apertura de Yaiza Martínez recuerda un antiguo sistema de signos irlandés denominado “Alfabeto de los árboles”. El conjunto gráfico representaba en el acercamiento comunicativo un doble sentido, literal y metafórico. Sirve para postular las vetas subterráneas que fertilizan la corporeidad frondosa de un decir poético que permita “la floración de la rama calcinada”. De ese íntimo proceso germinal debe emanar el itinerario vital de la naturaleza. Un abrazo cognitivo capaz de fortalecer el compromiso del sujeto con el lenguaje y con su concepción ética de la poesía, postura esencial en el núcleo filosófico de María Zambrano.
  El poema es un viaje hacia dentro. Desde la indagación que desconoce lo explícito se agita la profundidad para que emerja lo inesperado. Para ello, Laura Giordani busca en la naturaleza y, concretamente, en el hábitat entornal del bosque, una codificación de analogías y metáforas capaz de trasmitir desde el silencio la minuciosa red de los significados. Así se va gestando un discurso fragmentario con la claridad justa desde un destello auroral, una simple rendija que inaugura amanecidas y comienzos.
  En esas coordenadas singulares de la percepción el pasado retorna, evocador y fuerte, como una invitación a lo diáfano y a la mirada tranquila, cuando aún no se habían moldeado las sílabas maltrechas de la experiencia y estaban sin pronunciar palabras como ceniza, lágrima o caída. Entonces, el corazón ofrecía el resguardo del canto que emergiera sin mácula. De esa celebración inadvertida que da a la fragilidad de la escritura un epitelio de resistencia se hacen los poemas del segundo apartado que enfrentan al sujeto con la desolación de un tiempo de herrumbre. La escritura entonces tiende las manos a otra realidad ideal, como esos recuerdos que sobrevivieron al precipicio del entorno: una talla de madera, una postal escrita en un campo de concentración, un fragmento de poema en un saco de cemento o una mariposa dibujada en papel que duerme en un maletín de cuero… Tercos andamios en el aire.
   El tiempo nunca apacigua los pasos y es capaz de oír entre el silencio la partitura de una música que acompaña en el aire. Asumir que la tierra es escasa y deja la raíz al descubierto es afrontar que formamos parte de una evanescente comunidad que hace de la tecnología su becerro áureo y que cada vez, con sus miradores digitales, se aleja más del lenguaje natural del paisaje y nos niega el suelo bajo los pies.  Tal vez el neologismo “encielarse” defina en su semántica la necesidad de inventar en el páramo yermo de la realidad grafías de esperanza. Esa es la pulsión más estremecedora del lenguaje, como define este esqueje versal, tan lleno de belleza: “Quedarse / con lo que ardió / abreviado en un puñado de cenizas / -todavía tibias- / devueltas a la tierra para abonar / los árboles que todavía resisten en pie”.
   El volumen de Laura Giordani recoge como cierre las demarcaciones culturales que inspiran algunas composiciones. Los referentes ubican mejor un ideario que camina por las circunvoluciones de lo autobiográfico y el núcleo experimental de la escritura. Enuncia una posición introspectiva con mirada crítica frente a un mundo en crisis, y la exploración del yo femenino, cuyos contornos se recortan en la soledad de la historia. También reflexiona sobre ese momento íntimo de la creación capaz de sacudir el tiempo con la fuerza ensimismada del árbol, con ese afán inadvertido y subterráneo de quien busca entre la manca terra otra semilla.

JOSÉ LUIS MORANTE    

domingo, 5 de abril de 2020

INCONFORMISMOS

La piel de casa
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

INCONFORMISMOS

El corazón: cobijo exacto

LAURA GIORDANI



Un buen poema es una silla con respaldo, que deja el ánimo en posición correcta.

Solo; cansado de parecerme a mí.

Un día cerró la puerta. Nunca volvió a ver unicornios.

Aunque no esté, es uno de esos sueños que no se abandonan.

Entre los dos se hizo tarde muy pronto.

Los aforismos que prefiero transpiran un narrador que pisa el asfalto calado de lo real.

Somete su silencio a continuas revisiones.

(Aforismos de clausura)





sábado, 4 de abril de 2020

ETIQUETAS, GRUPOS, VÍDEOS Y EMOTICONOS

Como tú, piedra pequeña, como tú...
Imagen
desde un poema
de
León Felipe


ETIQUETAS, GRUPOS, VÍDEOS Y EMOTICONOS


   La escritura debe superar lo contingente para asentarse en la distancia. Necesita la búsqueda de un mirador a resguardo que permita indagar desde lejos, sin tomar parte activa en lo que se cuenta. Contradice el verbo confesional, ese muestrario de confidencias dirigido a un interlocutor receptivo que es la razón de ser de los mensajes privados. Así vislumbro yo el muro personal en la red y por eso me gusta tanto preservar sus contenidos.

   Antes de abordar el funcionamiento básico de mi muro digital me gustaría recordar algunas pautas: por favor -mi aportación colectiva sería nula, soy un caso clínico para lo social- no quiero que se me añada a ningún grupo: no sé de taurinos, antitaurinos, ecologistas, aconversacionistas, idealistas de la recaudación, costura, canto, juego de tronos, supervivientes, náufragos y añadidos de limón. Persisto en estar solo. Conmigo. Detesto las etiquetas gratuitas; no entiendo que alguien me etiquete como miembro de una comunidad evanescente, donde no conozco a nadie, para leer a quien jamás me ha leído a mí o que pasó por mi muro con sus fotos antiguas con la levedad muda de un fósil.

   Enviar vídeos y emoticonos es una lírica de línea clara y textura diáfana que aborda el intimismo del parvulario. La parquedad expresiva de un pulgar es el equivalente a jo, guay, mola, yes, si, psss y otras oquedades semánticas que dicen mucho de la profundidad mental del cerebro que las emplea.

   El quehacer del autor debe ser riguroso, crítico y exigente para que encuentre en el muro y en los enlaces al blog un lugar perdurable, un rincón abierto en el que se remansa lo vivido. De este modo, la buena lectura fortalece la identidad del yo. Permite el sondeo en los estratos más profundos de la conciencia.

   No quiero ser grupo, ni etiqueta ni receptor de vídeos y emoticonos, ni contribuyente encogido de una causa social ni lector de sandeces repletas de faltas de ortografía, ni corrector de manuscritos de alguien que un día se sintió poeta porque rima con teta. Las entradas diarias en el muro son una tarea de búsqueda y esperanza, un trazo marcado en la deriva que pretende sumar pasos e itinerarios con inmensa gratitud a lectores y amigos. De lo demás no sé.

(Apuntes para un guijarro)





viernes, 3 de abril de 2020

VALENTÍN CARCELÉN. EL MOMENTO

El momento
Valentín Carcelén
Chamán Ediciones
Colección Chamán ante el fuego
Albacete, 2019


EL SOPLO DEL OTOÑO


   Las líneas memoriosas de la teoría literaria definen la realidad como una geografía cercana y habitable, pero también como un espacio trascendido y exento de características uniformes. De sus coordenadas se nutre el marco de escritura de la tradición realista, que ha ido marcando hasta el ahora su grafía original. El ideario figurativo confía en la expresión enunciativa del texto, con desarrollo lógico y comunicativo, y en la reconversión de experiencias cotidianas en procesos verbales. De estas indagaciones dialécticas se nutre el recorrido lírico de Valentín Carcelén (Madrigueras, Albacete, 1964), Licenciado en Filología Anglogermánica, traductor de la poesía de Philip Larkin y Samuel Jonson, y docente en la Escuela de Arte de Albacete. El escritor comienza senda en el amanecer de los años noventa, un decenio marcado por la pulsión estética de la poesía de la experiencia, y ha ido abriendo compuertas argumentales que suman casi media docena de títulos, con amplia representación en revistas y antologías.
  La entrega El momento, tras la emotiva dedicatoria y el paratexto de  Juan Manuel Díez de Guereñu y Luis García Montero, deja como umbral el poema “Persona y personaje”, como si buscase recordar al lector que la verdad biográfica y la verdad literaria son enclaves diferenciados, por más que compartan afinidades y latidos, o tengan en sus rasgos un aire de familia especular, como explicase con singular fortuna Jaime Gil de Biedma. El poema sugiere un desdoblamiento que genera un doble espacio vital y la adaptación del sujeto al lugar confidencial de la página.
  El andamiaje poético de El momento integra tres planos autónomos. En el primero, sobre la pautada dispersión de lugares y máscaras, el tiempo encuentra una auténtica explosión emotiva, un acto de afirmación que desemboca en la condición natural de ser: sobre cualquier otra configuración metafísica, estamos marcados por la contingencia y el sonido mitigado del discurrir. Esa condición de ser moldea las palabras, esa voz que habla de limitaciones y recuerdos, de fracasos cumplidos y de nuestra condición de transeúntes que protagonizan un simple estar de paso.
   La introspección temporalista prosigue en el segundo grupo de poemas. Su percepción contrasta la realidad interna del hablante y el entorno cercano. El paisaje acompasa su lenta cadencia al silencio confidencial del yo perdido en la evocación o en la nostalgia. Todo sucede con una caligrafía indecisa, que sobresalta el frágil equilibrio del reloj: “No es el tiempo el que pasa. Un hormiguero / está surgiendo bajo mis pisadas. / No es el tiempo. Soy yo. Es la luz del día “.
   El periplo existencial, una vez más confirma, su condición de viaje, muda sitios y personajes, es camino de conocimiento y búsqueda, senda que marca la voluntad de ser hacia la belleza y el desplegado horizonte de lo insólito. También la duda, esa certeza diluida en nuevas preguntas en las que se extravía el pensamiento. Desde esa sensibilidad nace la dubitativa caligrafía de “El momento”, la composición que sirve de epílogo: el largo viaje no refuerza dogmas sino solo despliega un aire de insatisfacción renacida que desajusta realidades y sueños.
   En los poemas de El momento Valentín Carcelén selecciona en primera persona apuntes reflexivos, vivencias de un observador directo que aporta una percepción confidencial hecha de claves interpretativas. El argumento colecciona sucesos episódicos en un empeño de “medir el tiempo”. Así logra un significativo tono verosímil, que mana de la memoria para mostrar esa herida común de la que nace paso a paso la vida. Poesía que alumbra las sucesivas máscaras de la identidad que se repiten en el tiempo. Indicios del ser que busca en las palabras el despertar abierto de mañana.



jueves, 2 de abril de 2020

FRANZ KAFKA Y YO

Franz Kafka
Archivo personal


FRANZ KAFKA Y YO


   Releo a Franz Kafka con frecuencia alevosa. Para entender el mundo. Para entenderme yo. Para interiorizar que el absurdo forma parte de lo cotidiano y hay que respirarlo con sosegada cadencia, sin apremio, sin pánico. El confinamiento por la pandemia, la estrepitosa situación política de zancadilla y crítica, la idiocia nacionalista y  el trilerismo de quienes manosean el sentir colectivo en los medios de comunicación son asuntos que me llevan a Kafka.
   La biografía del escritor parece disentir de su obra. Fue un modesto judío de Praga cuyo itinerario vivencial estuvo regulado por la rutina de horarios funcionariales que no pueden interpretarse en clave literaria. Sus relaciones con los demás fueron pobres, como si permaneciera en el umbral del otro o detrás de un cristal que asegurara su confinamiento. Fue el representante típico de una interioridad aislada que, sin embargo, observa el entorno con profundo interés. Lo que sucede dentro y fuera desconcierta; la azarosa relación de causas y efectos legitima el absurdo y el caos impera convertido en una seña de identidad colectiva. 
   Me callo; leo a Kafka.

(Apuntes para un diario)

miércoles, 1 de abril de 2020

OJOS SIN FONDO

Aleteos
Archivo
de Internet



OJOS SIN FONDO

Todo se precipita en un ojo sin fondo

OCTAVIO PAZ

   Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

(De Cuentos diminutos)





martes, 31 de marzo de 2020

MARIA AVEIGA DEL PINO. PERSONAL ANTHOLOGY

Personal Anthology
Antología Personal
María Aveiga del Pino
Translation by
Alison Posey
Valparaíso USA, Edición bilingüe
Clayton, GA, USA, 2019


SELECCIÓN PROPIA


   Los rasgos indispensables de María Aveiga del Pino (Latacunga, Ecuador, 1964)  definen su riguroso estar como escritora, antropóloga y el trayecto laboral dedicado a la gestión empresarial. En el discurrir biográfico ha pasado largas temporadas  como residente en  Zimbabue, Madagascar, Honduras y El Salvador. Y es protagonista de un itinerario creador que incluye las entregas de poesía Bajo qué carne nos madura (Mantis, ed. 1990), Oc (Abrapalabra, 1993), Puerto Cayo (Eskeletra, 2000),  el conjunto de ficciones breves Cuentos populares y mitos indígenas del Ecuador (Olañeta/Librimundi, 2003), el espacio de investigación etnográfica La Pasión de Jesús (Premio Ministerio de Cultura del Ecuador 2012), la muestra lírica Poemas (La Cabra, México, 2013), el volumen Deseo y Tierra (El Ángel Editor, Quito, 2013 ) y la antología en edición bilingüe Personal Anthology (Valparaíso USA, 2019) cuya traslación al inglés es de la profesora Alison Posey, investigadora literaria, traductora y docente de la Universidad de Virginia. Su poesía ha sido vertida al italiano y al inglés.
  La corriente que integra Personal Anthology recorre casi tres décadas de escritura que inicia el poemario Oc. Sus textos marcan un discurso de levedad y esencia que postula un comienzo. Así se define ese amanecer de la identidad femenina marcada por el fuego y la humedad como principios activos del ser. Detrás del proceso de construcción de cada latido hay un fuerte deseo que se convierte en voluntad e impulso innominado y sin rostro que erige mutaciones y cambios. El concepto de ser se empapa de una intensidad paradójica y extraña: “Cruzo la espesura / del ardiente animal. / Manuscrita mi lengua / descifro en su estéril lomo / la profundidad / de una crecida muerte, / el chasquido que mi silencio / sin apuro bebe”. Los poemas definen un viaje de conocimiento y búsqueda, repleto de onirismo y magia como esos libros abiertos del mito y la leyenda, núcleos centrales de la tradición antropológica. El origen cultural del término Oc como lengua provenzal en los albores de la Edad Media acrecienta la idea de un lenguaje interior y secreto que hace de las palabras una invención liberadora. Ser mujer es crear a través de la lengua, habitar las palabras, alzar vida en el vientre verbal.
  Desde su construcción dialogal, el poema “Menthos, el niño” transmite una densa sensación de soledad y desamparo, como si al mirarse en el espejo del día, solo se reflejaran líneas de soledad y ausencia de la madre. La voluntad de estar de quien ha perdido ajenos refugios y solo le quedara la experiencia interior, esa manera fuerte de reconstruir la realidad desde dentro.
  La selección integra el poemario Puerto Cayo en el que la geografía local del enclave playero ecuatoriano adquiere una contundente configuración. Quien habla desde sí mismo nos deja los indicios de una contemplación que busca armonizar pensamiento y entorno. Cada lugar invita a la dubitación y al rastreo; la playa promueve un lejano horizonte sumergido en la profundidad donde se vela la memoria de los ancestros. En el poema homónimo “Puerto Cayo” el sitio, más que espacio físico y tangible, es una superficie de representación y símbolo: “Encalla / en la irisada necedad de las olas / animal de piel negra / Esfinge / su rostro guarda el mío / su palabra mi memoria / diluvio de arena”.
   La contemplación nunca es estática. Concede al mar un impulso continuo de renovación y movimiento para que en él germine la visión de Ofelia sobre el agua, la fuerza estrepitosa de la desolación en el tsunami o el esfuerzo apagado de los náufragos. Se integra como coda final el poema “Mar” una composición dividida en seis secuencias autónomas que hace de la conjunción entre profundidad y superficie de las aguas un hilo argumental. Desde la desnudez apacible de su estar llega el recuerdo y un tumulto de sombras que guardan en su sugerencia el secreto. Los enigmas del sujeto que se adentra en su propia naturaleza.
  Las vivencias del recorrido por los refugios de la memoria se plasman en Otros lugares que aporta a esta antología personal un conjunto de poemas en prosa. Esta estrategia expresiva permite confrontar la singularidad geográfica y su fuerza de persuasión sedimentada en la memoria. Cobran vida en el poema vivencias de Itzamá, Nueva York, Manakara o Madagascar.
   El camino hacia nuevas estaciones literarias se hace luz con algunos inéditos en los que conviven la prosa poética y el verso libre. Así se clausura Personal anthology un volumen que muestra un riguroso proceso de selección para definir el ideario estético de María Aveiga del Pino. Poesía donde se expresan las rutas de la imaginación y los sustratos del itinerario vivencial. Palabras con luz de lluvia y tiempo que abren una oquedad pequeña donde cabe el mundo.

José Luis Morante     



lunes, 30 de marzo de 2020

EREMITAS DIGITALES

Clausura
Imagen
de
WordPress.com

EREMITAS DIGITALES

   Acostumbrados al paso lento de la escritura tradicional, el ordenador sorprende por su disposición e inmediatez para acoger los escritos, sean estos asuntos personales, creaciones literarias o impresiones lectoras. Los archivos se suceden con apremio y la pantalla encendida no conoce descanso; nada queda del latido acompasado de la pluma o de los estados de ánimo de lapiceros y bolígrafos. Hay que aceptar un axioma de partida: lo que se escribe es una miga de voz para la voraz bulimia del procesador.
  El teclado exige una caligrafía de urgencia que no se extravíe en digresiones; marca un itinerario sin rotondas con la promesa de una receptividad colectiva, tangible y medida con exactitud por el contador de visitas del blog que además nos deja una cartografía diferenciada de lectores habituales y esporádicos.
   Como en cualquier manifestación escrita, la función última de los textos literarios es caminar juntos sobre la geografía del lenguaje, superar  el encierro por la pandemia, ese nuevo formato de aquella vieja torre de marfil, de aquel exilio en lo individual, meditando la quiebra de ilusiones vitales y el aplazado viaje a tantos paraísos perdidos.
   La pantalla encendida del ordenador nos deja más solos entre una multitud virtual; nos convierte ahora en náufragos digitales que sienten la escarcha insatisfecha del teclado.

                                                      (Diario Hablar a solas)

                                                       

domingo, 29 de marzo de 2020

CHARLAS A SOLAS

ATARDECER
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana



CHARLAS A SOLAS



El prólogo recibe con un temperamento de conflicto bélico.

Soy cortés; ignoro su inaceptable falta de criterio.

Las erratas contagian miradas oblicuas.

El escritor de diarios imagina un árbol viejo, cuajado de frutos crepusculares.

En la página abierta, el rostro de quien lee.

Aprendió en Ovidio que los versos se conducen con mano vibrante.

Ninguna nota a pie de página advierte que es la reflexión ensayística de un fumador activo. Está llena de humo.

Libros con la cojera de un pupitre de escuela pública.

Angustia; estoy perdido en un poema desapacible.

La experiencia propende al juicio anticipado.

Lectura de ascensor, tono sosegado de una conversación insustancial.





sábado, 28 de marzo de 2020

JOSÉ ÁNGEL LEYVA. TRES CUARTAS PARTES

Tres cuartas partes
José Ángel Leyva
Editorial La Garúa / Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2020



PUNTOS CARDINALES


   El discurrir literario de José Ángel Leyva (Durango, México, 1958)  ha adquirido en su caminar sobre el tiempo una personalidad sólida y sorprendente, marcada por la hibridez de géneros. Su escritura es una sala polivalente, donde se yuxtaponen espacios para el periodismo, la gestión editorial y la poesía donde retorna con el libro de hermosa edición Tres cuartas partes.  
   El volumen añade como amanecida un poema de Antonio Gamoneda. El reconocido escritor leonés recurre a la intertextualidad para trazar un homenaje lírico a la voz del autor mediante la composición “Frontispicio para, con, en la poesía de límites de José Ángel Leyva”. El dilatado título genera de inmediato una indagación crítica, ya que la etiqueta “Poesía de límites” propone una semántica de exploración y búsqueda, de tanteo en el maleable magma del lenguaje. El poema de Gamoneda reniega de lo explícito para dejar que versos y palabras de Leyva caminen por itinerarios renacidos; se asienta así en el texto una conjunción de voces que refuerza el extrañamiento como espacio germinal.
   El primer tramo, “La eternidad no es tiempo” comienza con un poema de fuerte impacto emocional. En los versos de “La perra” conviven la lucidez de la experiencia vital y el apunte crítico. El argumento muestra la introspección de un yo desdoblado que conforma una desoladora imagen del presenta con los grises indicios del pasado. Otro texto básico de esta sección es “Tres cuartas partes”, un poema homónimo que define el epígrafe del libro. El sujeto se ausculta a sí mismo aceptando que las tres cuartas partes de su fisiología son fluidos que anegan músculos y huesos. Esos líquidos vitalizan el trayecto perceptivo y la conciencia de ser en la que tiene cabida una menesterosa representación de lo real.
  Las divergencias del entorno asoman en poemas como “Alicia en Ciudad Juárez”, “Migrantes” o “Su nombre es Bagdad”, donde la actualidad caligrafía una novela de ideas por la trágica situación social de los crímenes y mujeres desaparecidas, de la búsqueda de una patria donde haya unos gramos de futuro, y la violencia en las calles de tantos países en permanente conflicto bélico; una ficción cuyo narrador omnisciente es la conciencia del sujeto que deja hablar a las convicciones éticas y estéticas en cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad  El texto “La poesía” tiene el levitar de una poética en la que está presente el carácter paradójico del lenguaje y su relación con la muerte y lo perecedero: “¿De qué están sembrados los sepulcros / que no echan fuera gusanos sino flores?”; también ese enlace entre la temporalidad y la palabra germina en la composición “Amores”; pero el material temático que define  la sensación nocturnal de este primer tramo es el recorrido de un filón tétrico sobre esas plagas bíblicas que dictan la fisionomía del presente. Sobrecoge el entrelazado de composiciones dedicado a la guerra, el hambre, la peste o la muerte como vestigios ponzoñosos empeñados en crear un conjunto de ruinas perdurables, propicias a tormentas y naufragios.
   Se contraponen a esa mirada hacia las sombras otros poemas más enunciativos en los que tienen sitio las indagaciones sobre la tradición local o la caligrafía del recuerdo con secuencias evocadoras de viajes y regresos.
   La semántica nocturnal de esta primera parte, enfocada en la relación entre protagonista existencial y entorno histórico, cobra un viraje en el apartado “Visual” donde el arte y sus expresiones en la pintura, la escultura o la percepción de lo matérico se convierte en protagonista del transitar poético. A veces es el espacio físico del taller, como en “Estudio de Lutxana” en que muestra su disposición a la luz y la contemplación, al ángulo de la pupila que reclama la presencia del arte. En otros texto, como en “Louise Burgeois” el trazo argumental aliente la reflexión y el encuentro del espectador con la obra y su disposición a buscar las claves lógicas de la expresión artística en un camino que avanza por las sombras de la interpretación y lo subjetivo.
   El lenguaje fluye hacia dentro de la materia para entender su textura interior y vislumbrar las vetas que hablarán si encuentran la mano del artista. Lo sólido es proyecto, un lenguaje por pronunciar, un ojo en vela que busca descifrar la geometría de la luz; de ese impulso germinal se hace el poema “Bosques” al que pertenecen estos versos: “También el hombre echa raíces / frutos semillas / Insemina el aire / Escribe en la corteza y en la fronda / las cosas que pasan por las ramas del cerebro…”. 
   Sirve de epílogo a Tres cuartas partes una coda crítica del poeta, ensayista y profesor universitario Juan Carlos Abril titulada “La mirada humanista”. La aproximación es excelente y clarifica la coordenada exacta del poemario: ese lenguaje indagatorio que habla del hombre y la condición trasversal del dolor que puebla el discurrir existencial. Pero delante no queda el vacío y el salto hacia la nada. Queda, como recuerda Juan Carlos Abril el poema, la palabra, el verso… Esa piedra firme del lenguaje en la que se sostiene la esperanza.

JOSÉ LUIS MORANTE


    

viernes, 27 de marzo de 2020

EL REGRESO DE ADÁN

Paraíso
Archivo fotográfico
de
Imaqui


EL REGRESO DE ADÁN

Frente al invierno
tu pura permanencia
árbol desnudo

JOSÉ CEREIJO


   Ante el insistente empuje de la melancolía, Adán retornó una mañana al paraíso. Se adentró en sus espacios con la fuerza feliz de quien busca el lugar propio. No tardó en advertir que recorría un territorio de desposesión. Aquel sitio solo cobijaba abandono.
   En el centro del páramo se alzaba todavía el árbol del bien y del mal; miró aquella silueta y se hizo efectiva la soledad de un tronco calcinado y rijoso. No aguantó más. Bajó los ojos y convocó el olvido, como si el paraíso no hubiese existido nunca. Se precipito hacia la salida. Allí sus pasos tropezaron con el ala inerte de algún ángel, el metal chamuscado de una espada herrumbrosa y una camisa oscura de serpiente.

(De Cuentos diminutos)



jueves, 26 de marzo de 2020

PAISAJES INTERIORES

Algún lugar
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia



            DEFENSA DE UN PAISAJE

Las formas y las luces de los atardeceres,
el silencio y las calles que velan lo escondido,
las esquinas proclives al paso solitario,
el sueño que esgrimimos como razón de ser
­­(Los sueños que moldean cambiantes espejismos),
la humedad de las manos, la decepción anónima,
la rosa que lacera
y la gota de sangre,
la inercia de mirar el vuelo de los pájaros,
aquello que perdura cuando cierro los ojos,
los hechos transmutados en memoria,
las manos que no piden nada a cambio.
la casa, 
el pan
y el verso que me busca.

                                     El pacto de vivir.
El párrafo en cursiva
sobre un tiempo que no es más que tiempo.

                         
                       (De la antología  Mapa de ruta)



martes, 24 de marzo de 2020

DIEGO MEDINA POVEDA. TODO CUANTO ES VERDAD

Todo cuanto es verdad
Diego Medina Poveda
Accésit del Premio Adonais, 2019
Ediciones RIALP. S. A.
Madrid, 2020


EL DESIERTO  DE ESTAR


   Desde su inicio creador, en 2009, con la carta de presentación Urbana Babel Diego Medina Poveda (Málaga, 1985), Licenciado en Filología Hispánica, Becario en 2014 en el Área de Publicaciones de la Biblioteca Nacional y Máster en Estudios Literarios, impulsa un caminar de producción sostenida, en un laborar reconocido con distintos premios. Con su entrega Todo cuanto es verdad obtuvo el accésit del Adonais, cuando consiguió el Premio María Elena Higueruelo con el libro Los días eternos.
   Todo cuanto es verdad toma su título de un mínimo fragmento de Séneca, contenido en Epístolas a Lucilio, que sirve de umbral al paisaje de composiciones. La cita deja en su semántica un rumor reflexivo, de exploración, como si alentara, más allá de algunas circunstancias biográficas, un criterio selectivo de búsqueda y conocimiento. El primer apartado “Mudanza” suma también un fragmento de Fray Luis de León ante el carácter cambiante y transitorio de lo real. El poema ofrece planos situacionales en los que se insertan pensamientos introspectivos y reflexiones sobre experiencias concretas. El sujeto verbal emplea la primera persona para reforzar la complicidad de la confidencia. Así lo percibimos en el excelente texto de apertura “Ropa limpia”: “HE optado por callarme, pero el eco / retumba tan profundo en las paredes, / que creo que es mi pensamiento / la voz de su blancura. / Cosa de locos / que escuchen las paredes a los cuerdos”. Así nace la idea de una ficción autobiográfica que condensa, con prolijo aporte de detalles, la dialéctica entre entorno y sujeto. El primero establece un entrelazado de cambios que aseveran la temporalidad o los puntos de punto de fuga que ponen espejismos en lo diario. El poema “Vigorexia” maneja la ironía con destreza para definir la nadería muscular del ejercicio físico como única meta personal y contrapone ese modo de estar con la soledad punzante de quien escribe esos monólogos que el poema pronuncia inadvertido.
   “El viaje”, poema de cierre de este tramo inicial puede entenderse como una poética que alude a la función catártica de la poesía y a la hondura de su significado, nunca definidas con plenitud, nunca evidentes. Toma como estela argumental una conocida composición de Cavafis que reitera algunos tópicos de uso frecuente: no hay nada nuevo bajo el sol  o esa terquedad de la historia para repetir huellas conocidas. Pero el final anticlimático anula de inmediato cualquier dogmatismo.   
   En el segundo apartado “Geografía del abandono” se yuxtaponen referentes diversos para hacer una lectura del presente a través de distintas situaciones que dejan en su desarrollo la textura de lo cotidiano. Contiene excelentes composiciones como “Deshaucio”, con un cierre rotundo: “Vivimos en la antítesis de un verbo / que muchos años antes se empleó /   para hablar de esperanza”. También cobra un fuerte significado afectivo,  para el estar del sujeto que se define por lo contingente el poema “Charcos”, cuyas imágenes crean esos trazos oscuros que humedece el discurrir temporal. Y es muy expresiva la queja reflexiva que formula el poema “Reciclaje”, donde el entrelazado de imágenes aventa una lectura simbólica.
   Del mismo modo, otros poemas parecen hechos de tramas autónomas. Sirven de cobijo al homenaje, como “Perspectiva del Sena”, en torno a Paul Celan, o hacen de las sensaciones que depara un encuentro fortuito una meditación sobre el fluir del tiempo.
    Todo cuanto es verdad muestra la caligrafía variable de un cuaderno de viaje existencial; en sus páginas la identidad paga el diezmo de la incertidumbre y los pasos sobre una superficie de certezas líquidas que deja sensaciones de soledad y desamparo. La palabra constata el tacto frío de la realidad, esa geografía de contraluces que  requiere siempre el callado resguardo del poema.

lunes, 23 de marzo de 2020

A SOLAS CON TODOS

Todo es ayer



A SOLAS CON TODOS


Ese recelo de que el futuro nos obligue a caminar sobre una bicicleta estática y frente a un horizonte virtual. El porvenir ama los espejismos.


A horas fijas se rompe el silencio con la polifonía de la gratitud. Aplausos para el personal sanitario, los servicios públicos, los empleados del supermercado, las dependientas de la farmacia… El contrapeso lo pone la estridencia de las cacerolas contra la oscura actuación del monarca saliente; su camisa real está llena de manchas éticas. Cuánta suciedad acumulada.

Escuchando el verbo cansino y rencoroso de los dirigentes independentistas vuelvo a refrendar un aforismo: “Las placas de hielo de algunas ideologías  propician la conducción temeraria”.

Los desnortes del poema se realizan bajo la ley del mínimo esfuerzo; son versos sin música, que carecen de significado y tienen la textura de lo superfluo. Su única salvación es el olvido; que el perezoso autor recapacite, sea consciente y los borre a perpetuidad.

En el último paso de cada recorrido está lo inacabado, esa incertidumbre que obliga a pronunciar: hay que volver.

(Apuntes para el diario)

domingo, 22 de marzo de 2020

SENTIDO LITERAL (Metaforismos)

El eterno retorno
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


SENTIDO LITERAL

(Metaforismo)

A José Luis Trullo, por su amistad


Aforismos: un zumbido de avispas.

*

Implosivo por naturaleza, el aforismo se expande hacia dentro. Busca el infinito interior.

*

W. Whitman contenía muchedumbres; yo, soledades.

*

Un aforismo no apaga su sed sino con la fría claridad de otro aforismo.

*

Si oyen la tos del pie de página, los aforismos fruncen el ceño.

*

Nada difieren el aforista y el hombre de la calle; ambos ensartan piel, huesos, flaquezas, sentido común, filosofía y olor a tinta.

*

Callar la boca al polemista claustral ayuda a conocerse.

*

Para seducir por el sabor, no hay mucho que añadir a la sal gorda. Salvo carne y vísceras.

*

En el cuerpo conceptual del aforismo el impulso vertical, la metafísica instantánea.

*

Cuánta química glandular produce el fanatismo.

*

Alzo barricadas con palabras. Digo: soy sincero, pero no digo la verdad.

*

Al despertar sospecho que la realidad es una patología de la imaginación.

*

Los contrastes verbales del lenguaje, sin la implicación de la conciencia, son inocuos; hielo que absorbe calor esteticista y se deshace.

*

Un hombre tiene la edad de sus defectos.

*

A diario acaricio la piel volátil de alguna certeza.

*

El aforismo busca el sustento de la paradoja; hace de la pared muro y puerta.

*

En la callada espera del espejo, mientras se contempla, el grillo se percibe como un apóstol de la idea.

*

Los aforismos desmigajan, ponen sobre el mantel las sobras limpias del pensamiento.

*

                                                                    (Aforismos sobre el aforismo)

sábado, 21 de marzo de 2020

CUARENTENA

Nostalgia


CUARENTENA

   Hoy, veintiuno de marzo, se conmemora el Día Mundial de la Poesía. Pero no hay eventos en la calle, todos estamos cumpliendo esta cuarentena de aislamiento que cierra puertas, con sus muros de adobe y sus tablas ajadas, a tanto abrazo ausente... Nadie definió mejor los poderes terapéuticos del verso que el poeta Javier Egea. Nos queda la poesía, pequeño pueblo en armas contra la soledad. Desde su lumbre este haiku que quiere ser abrazo y esperanza:

RETIRO

Los otros, bálsamo.
En esta soledad
estáis conmigo.

                                (Inédito)





viernes, 20 de marzo de 2020

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ. LA MIRADA DE LA ESFINGE

La mirada de la esfinge
José María Álvarez
Edición, selección y prólogo
de
Noelia Illán Conesa
Editorial Olélibros
Colección Vuelta de tuerca
Valencia, 2019


DEL AMOR Y EL DESEO


   Una travesía literaria tiene mucho de paisaje nórdico. Sus rincones conjugan indagaciones, búsquedas, obsesiones y experiencias que proponen un modo de conocer, una manera de trazar los signos de una estética. Cuando regreso a las páginas de José María Álvarez (Cartagena, Murcia, 1942) aparece un colmado recorrido en el tiempo que integra poesía, ficciones, autobiografía y ensayo. Pero es la senda lírica el camino central desde que sus poemas más tempranos se integraran en la antologíaNueve novísimos poetas españoles, muestra que José María Castellet coordinara en 1970, con la inestimable complicidad de Pedro Gimferrer. Aquella propuesta finiquitaba el realismo y focalizaba en primer plano el ideario culturalista, una caligrafía bifronte que solapaba arte y vida.
  Ya lo he escrito más veces y lo reitero. De todos los integrantes acogidos bajo aquel estandarte crítico ha sido José María Álvarez quien se ha mantenido más fiel a las estrategias expresivas novísimas. Así lo refrenda su libro central Museo de cera, obra en marcha editada por primera vez en 1974, que sigue viva y en crecimiento, como consigna la octava edición en la editorial sevillana Renacimiento en 2016. Esa salida central no es fruto único y han ido manando entregas desde La Edad de oro (1980) hasta Una desamparada hermosura, la amanecida más reciente. Con todas ellas Noelia Illán Conesa, poeta, profesora, editora y especialista en el legado creador de José María Álvarez, compila La mirada de la esfinge, una selección poemática que tiene como tramas argumentales el amor y el deseo.
   Ambos términos alientan una notable fuerza polisémica porque fundamentan la constitución de lo subjetivo. Cada identidad tiene su propia mirada de esfinge de estos procesos que pulsionan el mundo interior y deben someterse al principio de realidad y a las conexiones con el otro. El breve prólogo sondea las peculiaridades que alumbra esta selección de poemas organizada en dos partes; por un lado “Las huellas del deseo”, convulsión de brasas que trastoca la fisiología del sujeto;  y en el tramo de cierre “Imposible terciopelo”, una sección más reflexiva y simbólica, donde la experiencia se interioriza. Y como pórtico de ambas el poema “El desterrado”, composición elegíaca que enmarca los sentimientos en la temporalidad y en el poder definitorio del tiempo.
   El amor y el deseo remueven la superficie corporal del sujeto. Suponen una germinación de sensaciones que permite conocer la plenitud e intensidad, la búsqueda de los lugares sagrados del lenguaje para nombrar lo innominado, cuando el cuerpo se convierte en lugar accesible. Así se van construyendo, en poemas como “En un hotel de Ginebra”, “Anatrón”, o “El esplendor perdido”, las convulsiones fuertes del seísmo amoroso, el temblor sagrado que domina la razón, extravía los sentidos y exige la entrega total, sea cual sea el marco geográfico o la etapa vital que consume al protagonista verbal.   
    El tramo integrado en “Imposible terciopelo” dialoga con la ceniza y la pérdida, como si la fisiología sentimental saliera al amanecer  tamizada por las nubes grises del pensamiento. La belleza del recuerdo sustituye a la plenitud corporal. Desde el pretérito retornan las secuencias de un tiempo de plenitud y celebración corporal en hermosos poemas como “La belleza de helena”, “Zebech” o “Recuerdo de la niñez”, donde retorna con sensorialidad intacta el vigor del aprendizaje sentimental.
     Fiel a su reflejo, como si el fluir temporal intensificara el perfil de la identidad, José María Álvarez contrasta textura intimista y conocimiento del legado cultural. Su poesía abre puertas en el lenguaje a un dimensión cosmopolita y babélica, donde conviven narratividad, ironía y enunciados explícitos del deseo. Así sedimenta un estilo que enlaza sus entregas, compartiendo una herencia verbal. Asilado en los versos de José María Álvarez habla fuerte un principio esencial: las palabras no bastan, es preciso vivir. O como recuerda Noelia Illán Conesa, la autora de esta excelente antología, como un eco de Shakespeare: “Húndase Roma en el Tíber. Este es mi sitio”. 




jueves, 19 de marzo de 2020

RECUERDO DE MI PADRE

Lejanías
Imagen
de
Archivo general de internet

Recuerdo de mi padre


Mi padre ponderaba la eficacia
como un tesoro extraño y valiosísimo,
escondido en el vientre de la tierra.
Solía levantarse muy temprano,
con el tic-tac grabado en la memoria,
y dilataba oscuro una jornada
que concluía laso y taciturno.
Era su empeño inmune al frío o la canícula.
Por él estuve interno tantos años
con la sola misión de hacerme un hombre.
(Entendamos, un hombre de provecho,
un atinado buscador de logros ).
Mas el esfuerzo no valió la pena.
Él no tiene conciencia del fracaso.
Descubrió en la derrota
una patria feliz, compensatoria.

             ( De Causas y efectos, Sevilla, 1997)



miércoles, 18 de marzo de 2020

EL BIÓGRAFO DE JORGE LUIS BORGES

Caricias
Jorge Luis Borges
Archivo
del
Ministerio de Cultura


EL BIÓGRAFO DE JORGE LUIS BORGES

  Con perenne dedicación y sosegada paciencia, labró durante una década una biografía minuciosa de Jorge Luis Borges. Muchos años se encerró en el estudio, ahuyentó compromisos, practicó la negligencia afectiva y dejó exhaustos sus ojos entre la crecida bibliografía. Tras la enésima corrección de pruebas, publicó la obra, la dejó en los estantes del mercado y nunca más pensó en aquel libro prometeico.
  El cumplido quehacer sólo tenía una errata. Confundió fechas y anticipó la muerte en Ginebra ochenta y siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus ligero, paradójico, que no hubiese disgustado al mismo Borges.

(De Cuentos diminutos)



martes, 17 de marzo de 2020

CLARO DE LUNA PARA CLARA PONSATÍ

Feísmo
Fotografía
de Clara Ponsatí
de
El Independiente



CLARO DE LUNA PARA CLARA PONSATÍ

Ella pediría en el desierto
una silla para sentarse

     JULES RENARD


Hablar no es solo acumular vocales y consonantes. Hay que pensar.


El silencio mejora tu salud intelectual.


El odio, ese cuervo que das de comer en la palma de tu mano.


De Madrid al cielo. Siempre. Por la felicidad de no tropezar contigo en ninguna calle.


Edgar Allan Poe sabía mucho sobre la fealdad interior. Tú también.


Elogio de la vocación personal: Estar de paso. No hacer nada. Ser famosa por un titular de prensa.


¿Ética? Olor a fosa séptica.


Los corazones duermen; solo los reptiles los dejan en letargo.


Deberías visitarte a ti misma. Nunca estás.


No desvarío, incluso una noche de trastienda no suprime el claro de luna.


A pesar del fango, que tengas buena salud.

(Aforismos con sarna)

lunes, 16 de marzo de 2020

ATILANO SEVILLANO. TRAZOS

Trazos
Haikus y otros poemas breves
Atilano Sevillano
Prólogo de José Antonio Olmedo López-Amor
Ediciones Vitruvio
Madrid, 2019


DESPUNTAR DE LA LUZ


   El recurso expresivo de la brevedad, en su doble formato del haiku y el aforismo, ha alcanzado en la última década un despuntar insólito, acaso porque proyectan un tiempo colectivo de celeridad e incertidumbre, de inestabilidad textual que tiene  en el ámbito digital su máxima expresión. A ese renacer de la síntesis expresiva se suma  Atilano Sevillano con el volumen Trazos subtitulado Haikus y otros poemas breves que prologa, con amplia lucidez el poeta, aforista y coordinador literario de la revista Crátera José Antonio Olmedo López-Amor. Frente a la interpretación reduccionista o la consabida alabanza amistosa, el prólogo recorre el espacio del haiku y su mínima unidad significativa para capturar la esencia de lo percibido a través de un diálogo directo, hecho de conocimiento y búsqueda a través de distintos formatos estróficos como la tanka, el haiku y el senryu. Los poemas son un ejercicio de depuración y disciplina para encontrar la palabra necesaria en sus tramas argumentales, una puesta en marcha de la imaginación como alternativa a la realidad. José Antonio Olmedo López-Amor concluye que los poemas muestran “la inquieta psicología de un autor fascinado por la vida y la belleza del mundo. Nada  de lo dicho queda fuera de la sensación, toda brizna observada es significativa”.
   El segmento argumental del libro aglutina tres tramas que se definen por la estrategia formal de las composiciones. El primero “Susurros de tankas” aglutina los poemas definidos por el conocido esquema de cinco versos, compuesto por la estructura 5/7/5/ 7/ y arranca desde la invocación de un poema de  Akiko Yosano que entrelaza memoria y olvido para definir el decurso existencial del sujeto. Los textos componen el trascurso temporal como una senda que se va poblando de sensaciones y pensamientos. Esta contemplación se integra en el ánimo del yo, como se integra en la textura íntima de la identidad el amor, el deseo o la necesidad de sentir con naturalidad, como si fuese aire respirable, latido, pulsión de vida: “Como poema, / tan sencillo y tan libre /de florituras / me miras a los ojos, / me lees cada día”. Ese núcleo germinativo del amor deja espacio a otros sustratos como lo metaliterario, donde el poema camina hacia el lenguaje para buscar sentido y razón, y la conciencia de temporalidad que muestra a cada paso el fluir de lo perecedero.
   Atilano Sevillano elige el haiku como muro de carga del poemario en el tramo central del libro. Y lo hace en su sentido más clásico, concediendo a la estrofa, según recomienda el canon, un sentido temporal que vela la identidad del yo y que despliega el contemplar como forma de acercarse al entorno para disfrutar de su ciclo estacional. La cita elegida, de Ueshima Ontsura, refrenda el enfoque: “El ruiseñor / se posa en el ciruelo / ya desde antaño”.  También el recuerdo de Bashô advierte de ese destello estacional que impregna los elementos del paisaje y su rumor de vida. La voz del poeta suena entre la levedad de las palabras luminosa y fuerte, con ese afán celebratorio de quien toma conciencia del entorno y de su plenitud: “Lluvia y granizo / crepitar de la leña / felicidad”.
   Se me permitirá recordar al lector que el senryu reitera el esquema versal del haiku de 5/7/5, pero que su enfoque semántico es muy diferente ya que no focaliza a la naturaleza y a la percepción como veneros temáticos sino a la conducta individual y sus desajustes. El ser cívico protagoniza en su vida social comportamientos extraños y ello da pie a un fuerte sentido crítico, no solo en el enunciado habitual, sino también desde el sarcasmo o la ironía. Plenamente conocedor de estas características, Atilano Sevillano clausura su entrega con el apartado “Rumor de senryus” y elige como marco accional el contexto urbano y sus circunstancias laborables: “En la parada / el autobús recoge / muchas ausencias”; “Cristal y muro, / paredes transparentes, / gente invisible”, “Sobre los muros / se escriben los graffitis / de los fracasos”
   Es una evidencia; la aportación de la poesía al decurso creativo occidental ha abierto nuevas posibilidades expresivas. En ellas se cobijan libros como Trazos para que la estrofa cobre una significación nueva. Los textos de Atilano Sevillano demuestran un saludable conocimiento de la tradición y preservan la captación intuitiva. Iluminan la realidad con el minimalismo de una estela en el aire, con la frescura de un íntimo abrazo sensitivo. Poesía que nace al despuntar la luz.