lunes, 25 de junio de 2018

CARMELO CHILLIDA. ROJO COMO LA CABEZA DE UN FÓSFORO

Rojo como la cabeza de un fósforo
Carmelo Chillida
Prólogo de Zoé Valdés
Epílogo de
Salvador Galán Moreu
Kalathos ediciones
Madrid, 2018


RESISTENCIA


   Es principio básico del quehacer creador: las experiencia cristalizan en el pensamiento y son revulsivos inmediatos para la escritura. El poemario Rojo como la cabeza de un fósforo se asoma al imaginario social y político de Venezuela para airear compromiso y disidencia; para hacer del poema un grito colectivo y solidarizarse con una geografía que sufre en su mapa físico el virus de una doble tiranía, primero encarnada por Hugo Chávez y ahora por Nicolás Maduro.
  La poesía no alza vuelo si no tiene ante sí un espacio de libertad. Sin ese azul abierto no es posible el rumor habitable del verso, depositario de sensaciones, desasosiegos e incertidumbres. Sobre la dictadura y sus cicatrices irrestañables medita en su prólogo Zoé Valdés. La novelista cubana evoca el largo recorrido del castrismo y esos márgenes de ignominia y dolor que postraron a escritores como Heberto Padilla y Reinaldo Arenas. Los dos hicieron de la palabra “un alarido insomne” y forjaron una obra que es denuncia y resistencia, muro de contención.
  Ese afán subversivo está presente en la poesía de Carmelo Chillida (Caracas, 1964). No voy a desplegar su polivalencia creadora, donde conviven la lírica, el ensayo, la crítica de arte y musical, la traducción o el artículo de prensa; hago de la poesía vértice de su quehacer. Su voz, desde aquel primer fruto El sonido y el sentido (1997), mantiene una filiación realista, un tono directo, humanista y explícito, proclive a lo existencial y formulado desde un posicionamiento crítico y ético.
   Son rasgos que perduran en los versos de Rojo como la cabeza de un fósforo, conjunto de poemas que refleja el trauma histórico de un país devastado, capaz de cercenar cualquier orden de ser. La adopción del referente histórico para moldear el sujeto central es un acierto pleno. Convierte a Cayo Julio César, dictador vitalicio asesinado, en autorretrato de Maduro; personifica en él la imagen concreta del déspota. Recordemos que Julio César tuvo un papel decisivo en la conversión del régimen republicano en imperio, y fue autor de La Guerra de las Galias, magna obra de propaganda política. Regresa en el poema como arquetipo del dictador, un dios de barro, rodeado de milicias vigilantes y amedrentadoras, y de un coro informe y prescindible, que vibra enaltecido por la música funesta de los himnos y el desplegar de las banderas.
   Los poemas de Rojo como la cabeza de un fósforo trazan la crónica de un país a la intemperie y son esclarecedor reflejo de un modelo político fallido, que ha derruido su patrimonio económico y ha diseminado trincheras confrontadas entre sus pobladores. Es la zafia labor de un tirano contaminado por la idealización propagandística. En ese ámbito, asentir  garantiza la integración en un orden de cosas pactado por el fanatismo en el que respira, sin perspectiva crítica una realidad que impone el espejismo.
   El poeta elige la disidencia como identidad creadora. Sus versos nadan en la incorrección política, persuaden a la contra por su inquietante capacidad comunicativa y testimonial. La escritura baja a la calle para convertirse en portavoz de un juicio compartido; esa es la fuerza sustancial que impulsa a denunciar los tanteos de un sistema social socavado y destruido desde dentro.
   El epílogo de Salvador Galán Moreu hace su propia interpretación subjetiva de la poesía política, entendiendo el aserto como un discurso lírico que encuentra su venero argumental en las aceras colectivas, y cuyo recorrido intelectual colisiona con la distorsión de una realidad gelatinosa, hech de arenas movedizas. No es un escoramiento estético, sino una línea significativa de la tradición literaria en la que han militado autores como Rafael Alberti, autor de dos libros esenciales para comprender esta etiqueta crítica, El poeta en la calle y De un momento a otro, Bertolt Brecht, Nicanor Parra, Wislawa Szymborska, o voces latinoamericanas como Juan Gelman o Ernesto Cardenal. En todos ellos perdura la tensión enunciativa, la disponibilidad crítica y el valor irreductible de la palabra como herramienta de cambio social.
   Desde el yo se rompen los límites entre lo privado y lo público para encarnar una épica subjetiva que busca construir el nosotros frente a la opacidad brutal de un poder violento y represor. En los latidos de Rojo como la cabeza de un fósforo, la poesía revisa el contexto histórico con ojos críticos, ratifica una poética que nunca habla en balde, que camina hombro con hombro y nos recuerda que, frente a la ataraxia del conformismo, hay que sostener el valor de los sueños, la capacidad de gritar no.

  

domingo, 24 de junio de 2018

ÁLVARO HERNANDO FREILE. EX-CLAVO

Ex-clavo
Álvaro Hernando Freile
Dibujos poéticos de
Ricardo Ranz
Karima Editora
Madrid, 2018



BAJORRELIEVES

   La dificultad de iniciar el quehacer literario en plena madurez, deja fuera de sitio el tanteo y la indefinición. Quien sale a la ventana del poema muestra, sin reparos, una sensibilidad que no ignora ninguno de los rasgos que la personalizan. Álvaro Hernando Freile (Madrid, 1971), maestro y antropólogo, publicó en 2016 el poemario Mantras para bailar, tras una leve estela de poemas y relatos desperdigados por algunas revistas. En 2018 recibió el Premio Poesía en Abril 2018, dentro del Festival Internacional de Poesía de Chicago y, mientras prepara la edición de dos nuevas entregas, deja en las estanterías Ex­-clavo, un poemario ilustrado por Ricardo Ranz. 
  La introducción engloba dos citas de textura clásica. Rilke y Shakespeare son referentes tan lapidarios que parecen condicionar de inmediato cualquier reflexión liviana. Álvaro Hernando Freile aliña un texto meditativo que elige como eje de simetría el concepto de libertad. No enuncia su semántica desde el optimismo, como expresión natural del devenir existencial, sino como paradoja y contraluz; sabe que los límites de la libertad expenden fragilidad y construyen espejismos. “Algo nos ata, nos clava, nos inmoviliza”; y de esa aceptación nace la necesidad de buscar un hilo de Ariadna, capaz de ser elemento salvador que ayude a salir del laberinto.
   Desde los versos de apertura, el escritor adopta un esquema comunicativo fijo: tras el título de la composición, siempre directo y explícito, incluye a modo de cita una caligrafía reflexiva, un mínimo hilo que llega al entramado argumental de la composición. De este modo el lector, cuenta con un bagaje previo que remansa el discurrir versal. Leemos en el primer poema “El Ex­-Clavo: “Las pequeñas esclavitudes o clavados a la excusa”; y así se define la indagación meditativa en el fin del poema: “¿Cuándo ese clavo se convertirá en cicatriz y recuerdo? / Quiero  ser ex­-clavo liberado / que desata nudos de madera”
   La dificultad de resolver en el ahora el laberinto vital, siempre repleto de azar y contingencia, da pie a una incisión meditativa, protagonizada por un figurante cercano al yo biográfico. En ella se recupera el mapa de la memoria individual. Perduran imágenes aurorales que se contraponen a la opacidad de lo diario, tan proclive al absurdo, que deja entre las manos las ganas de ser otro, de habitar un espejo donde es posible aún la luz limpia de la amanecida.
 Así se va construyendo un mapa del yo al que se incorporan claroscuros que contaminan relieves y paisajes. La propia identidad se convierte en espacio descriptivo que avanza hacia en la búsqueda de esa supuesta verdad que da sentido al ser, una verdad cuestionada por la duda y la decepción, por la fragilidad y el derrumbe. Ilusiones y anhelos pocas veces son capaces de levitar en el azul: “La rama seca bebe del charco vacío, / hasta quedarse en sed. / La rama es sed”.
   El poemario adquiere en ocasiones una visión nocturnal, como si las palabras acogieran una quiebra de expectativas que focaliza la decepción; también se percibe ese concepto desasosegado en la forma de entender la escritura o la crítica. En sus poemas metaliterarios, el crítico no deja de ser un aderezo innecesario que plasma objetividad en un suelo maleable y repleto de inestabilidad; las palabras no son dogmas sino argumentos fallidos: “Habláis de poesía como levitando, / caminando igual por aire inconsistente / que por fuego destructivo, / que por agua desta que moja el papel / y lo deshace, como vuestra voz, / quebrando todo lo que penetra”.
   Ex­-clavo sugiere una sensibilidad en crisis. Recurre al verbo coloquial, aunque no exento de apoyos culturales y plásticos, para entrelazar, con un lenguaje despojado, evocación, memoria y visión crítica. Son los bajorrelieves que confrontan los enigmas del transitar diario y la posibilidad de soñar libre. Ese es el paisaje de ánimo que clausura la entrega: “ardo / liberando de nudos la madera del álamo”.



sábado, 23 de junio de 2018

TEORÍA DEL SUEÑO (VERSIÓN AL HINDI)

Paisajes del sueño
Fotografía de
Adela Sánchez Santana



TEORÍA DEL SUEÑO

Todo sueño cumplido es prematuro.
Su tácita presencia pone en duda
que hasta ayer mismo fuera
objeto de un afán cuyo rescoldo
no se apagara nunca.
La posesión no acalla
esa voz inquietante
que aspirara a lograrlo
ni da paso a la tregua que permite el sosiego.
Intangible y fugaz
como el vuelo de un ángel,
el perfil de los sueños no conoce
la hondura hospitalaria del espejo
ni el peso de la luz.



स्वप्न सिद्धांत 

पूर्ण हो चुके सारे स्वप्न अपरिपक्व हैं। 
जिसकी निःशब्द  उपस्थिति 
संदेह उपजाती है 
कि कल तक जो लक्ष्य था 
अभिलाषा पूर्ति का 
वह अंगारा 
कहीं बुझ तो न जाएगा। 
आधिपत्य कभी 
असंतुष्ट अभिव्यक्तियों को 
खामोश नहीं करता 
न ही किसी धैर्य देने वाले 
संघर्ष विराम की ओर कदम बढ़ाता  है। 
किसी देवदूत की उड़ान से,
सपनों के अमूर्त एवम् आकर्षक रेखा चित्र    
दर्पण के गहन गंभीर आतिथ्य
औऱ प्रकाश का वज़न नहीं जानते। 


                               (Traducción al hindi de Pooja Anil)




Nacida en la India y residente de Madrid, Pooja Anil es escritora y traductora. Versiona poemas y otros géneros literarios a su idioma maternal, el hindi, desde el castellano. Escribe en ambos idiomas. Publica en revistas de la  India. Es locutora en los programas de hindi radio y conduce su propio espacio radiofónico en internet. Actualmente enseña hindi en Madrid.




viernes, 22 de junio de 2018

PILAR BLANCO DÍAZ. VIGÍA DE TU PASO

Vigía de tu paso
Pilar Blanco Díaz
Chamán Ediciones
Colección Chamán ante el fuego
Albacete, 2018


EN VUELO


  Los prólogos tienen una naturaleza justificatoria. Sirven de estantería intencional. Ponen el énfasis en la razón de escritura, aunque su perspectiva resulte subjetiva y parcial. No es un asunto periférico al texto sino una manera de calcular el sustrato germinal. Su capacidad interpretativa se integra en el paratexto, como las citas o las notas complementarias. Pilar Blanco Díaz deja en su prefacio una defensa del poema intuitivo, de esa caligrafía que captura el fulgor y el destello en su fusión de aporte intelectual y experiencia sensible. Con ese ideario avanza su entrega Vigía de tu paso, trabajo que da continuidad a una amplia obra, iniciada en 1982 con Voz primera. Aquel paso adquiere recorrido en más de una decena de poemarios, de los cuales una amplia selección se recoge en la antología Con la cal en los dedos (1982-2010).  El trayecto sigue y recorre nuevas estaciones como Alas los labios y Raíces de la sangre; un afán creador reconocido con abundantes premios como el Francisco de Quevedo, el premio Internacional Miguel Hernández, el premio Alegría o el Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz.
  El yo poético de Vigía de tu paso no pretende construir un mundo de vivencias desde la confesionalidad de quien ofrece su versión de los hechos a partir de un exteriorismo descriptivo. Opta por la quietud contemplativa y hace de ese espíritu de sosegada aprehensión un acto introspectivo y una singularidad reflexiva. Quien percibe, sabe que estar es sentir el temblor de lo cercano, bucear en el reflujo transitorio del devenir, desde un planear libre. Quien observa parece asentado en el aire, hace del vuelo un ejercicio de libertad, asume el riesgo de sostenerse sin asideros para enfrentarse también a su propia contemplación.
  De ese gesto de testigo implicado nacen las veintidós composiciones de la sección “El que observa”. El sujeto lírico vive un tiempo de carencia e incertidumbre en el que se van diluyendo algunas estelas sentimentales próximas, como si habitase una oquedad que colmara el vacío. Pero hay que seguir el vuelo, “tejer aire y ala”, poner la voluntad lejos del ensimismamiento, en el empeño de moldear su hechura: “Estar sentado contemplando una lluvia que fluye detrás / de los cristales, que arranca el desperdicio de lo nunca / cumplido, que bulle en veladuras. Que es tuya y no / lo es.” Quien observa da cuenta, también, de las palabras de su propia incógnita, deja aflorar desde la piedra los contornos de un yo que se define hacia la luz.
  En todo este tramo escritural hay una estricta observancia de un lenguaje poético, de gran cuidado formal. Fluye un deseo consciente de huir del tono prosaico para imponer una sintaxis de tensión sostenida, sugestiva en imágenes que enmarca los versos en una atmósfera de onirismo expandido; la verticalidad es un camino hacia lo profundo.
  Argumentaba el crítico Mario Eraso que la poesía vertical de Roberto Juarroz promueve el pensar más que el sentir. Una cita del poeta y ensayista argentino abre paso al segundo apartado, “La criatura”; en ella se sienten cercanos el oxímoron y la paradoja. Son rasgos que también Pilar Blanco integra en su discurso lírico, en el que se concentran la voracidad del desasosiego y un estado crepuscular que deja signos en el pensamiento. La fuerza indagatoria del poema insiste en desvelar el misterio que es interrogación sobre los códigos de la identidad. En cada sujeto respira una fuerza interna que fortalece la inquietud porque, de continuo, urde dudas sobre la naturaleza del yo, o el avance aleatorio del ser. El pensamiento carece de caminos trazados, avanza por tanteo.
  Símbolo pleno de claridad y encuentro “El espejo de agua” representa la contemplación de un yo fronterizo que fusiona cercanía y extrañeza. El yo se desdobla y da sentido a una expresión dialogal que polariza vivencias y sensaciones. El amor sigue siendo germen de la palabra, llave existencial, rastro a seguir en esa búsqueda incansable de la plenitud: “Vivir en ignición o no vivir”; el sujeto escucha dentro, siente en sí el repicar de las horas y las mutaciones del discurso amoroso como una lluvia que resbala sobre la piel de lo diario. Quien se mira traduce los mensajes de un yo remoto, repleto de cicatrices, que duerme en la raíz: “-Soy eterno, pues amo. / Amar es la raíz de lo infinito. / Amar es conocerse, es luz desde otros ojos. / Y tú, juez implacable de lo ajeno, / nunca sabrás quién eres realmente / si no te dejas ser aferrado a otros labios, / a su decir distinto“.
  Pilar Blanco enlaza el punto de partida del poema “Alfa” en un recorrido circular con la composición “Omega”, que sirve como epílogo del poemario. Ambos textos meditan sobre el vuelo de un innominado Ícaro, una exploración argumental que ha impulsado poemas de R. Walser, W.C. Williams y Auden. La poeta relega el asunto mitológico para centrarse en el vuelo como destino. la elevación como actitud sublime frente al pragmatismo rampante de lo real. El vuelo es un alto mirador; permite contemplar y ser testigo del manso transitar del presente, convierte las alas es fulgor y fuego.



jueves, 21 de junio de 2018

PIEL DORMIDA

Silencio
Fotografía de
PxHere

PIEL DORMIDA

                                        El hecho es que estás.
                                   Y yo no sé si estoy.

                                                CARLOS VITALE

Niegas la noche.
Queda tu piel dormida
que me deslumbra.



miércoles, 20 de junio de 2018

FORMAS CON LUZ

Formas con luz



LUCES


   Desde hace cuatro días en la casa no hay nadie, salvo yo. Al bajar la escalera una luz interior del dormitorio se enciende sola. No recuerdo cómo accioné el interruptor. Apago y tanteo hacia la escalera. Otra vez sombras. Un instante después está encendida la lámpara del baño principal. En la casa no hay nadie salvo yo, me repito. Veo en el espejo un tipo asustado que se mira a sí mismo, entre la niebla de la incertidumbre.
  Hace un instante consumía un tiempo de soledad, monótono y previsible. Ahora ramifica su inquietud. Sabe que la luz está viva; vuela como un pájaro entre las formas dormidas de la casa.

(De Cuentos diminutos)





martes, 19 de junio de 2018

FERNANDO DÍAZ SAN MIGUEL. MOMENTO

Momento
F. Díaz San Miguel
Prólogo de
Luis Arturo Guichard
Diputación de Salamanca
Salamanca, 2018


LA VIDA DE ALGUIEN


   Bajo la brújula de Luis Arturo Guichard, entro en la poesía reunida de Fernando Díaz San Miguel, una primera entrega que agrupa las composiciones escritas entre 1995 y 1999. Aunque el paréntesis temporal es breve, se percibe de inmediato una insólita fertilidad. En ese tiempo, el escritor dejó en las librerías las entregas Poemas menores (1995-1996), Poemas mayores (1995-1999), Poemas imperfectos (1997-1998) y Poemas finales (1998-1999). Un voluminoso balance que Luis Arturo Guichard define como un “Moleskine”, un cuaderno de viaje que integra fragmentos de diario, minificciones, retratos y bocetos. La vida de alguien.
  Comparto esa sensación desde los primeros textos de Poemas menores. Sobrevuela en esta carta de presentación el empeño por abrir espacio a una poesía sin pretensiones, que deje los trazos de un itinerario vivencial y enunciativo. La voz es casi prosa, como si estuviese haciendo balance de esa arena volátil que lo cotidiano nos deja entre las manos. El poema responde a un prontuario de sensaciones, se limita a vivir para contarlo. Esta actitud del yo poético me lleva a algunas consideraciones previas que dan solidez al ideario. Por ejemplo: el concepto de poesía coloquial, las resonancias del sujeto biográfico que cimentan la alzada del figurante lírico o el territorio de la realidad como marco poético irrenunciable.
   Cada poema, por tanto, busca la comunicación directa. Convierte al lector en asentado testigo de una supuesta confidencia personal que elude la solemnidad de lo profundo para dar voz a un yo discreto, que no duda en emplear el humor o la ironía porque al cabo, como escribiera Jaime Gil de Biedma, la experiencia es un grado que requiere un trabajado aprendizaje; “que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”.  
   El vaho de la educación sentimental deja en los espejos del poema los trazos de la sensibilidad amorosa. Amor y erotismo dan cuerpo a las composiciones de Poemas mayores. El análisis de los sentimientos exige una voz omnisciente, como si la crónica amorosa se pronunciara con el verbo objetivo del testigo. Poderoso recorre un amplio tramo del libro el deseo, un impulso que celebra y exalta el encuentro y hace de la desnudez un vestigio tangible. El amor trasmite el perfil de un sueño real repleto de sensaciones en el que la intensidad es el centro, un impulso acelerador que lleva hacia otro cuerpo. Al final del libro se rompe la uniformidad argumental para incorporar al avance asuntos culturales, como  sucede en el poema “Brandenburgo 1926”, o en “Nadadora”, donde se hace palpable el magisterio de José María Fonollosa; también se visualizan mutaciones formales al incorporar el poema en prosa, con lo que la poesía se torna más reflexiva e indagatoria, rehace un ejercicio de comprensión de un tiempo que no duda en asignar sitios aleatorios o sensaciones subjetivas que dejan lo emotivo en la incertidumbre. La decepción amorosa crea espacios huecos, hendiduras reflexivas que se convierten en notas a pie de página de lo vivido. En ellas, la música se convierte en un referente catártico para establecer paralelismos y estados de ánimo con cantantes que dan pie a una abundante contingencia reflexiva. Confrontado consigo mismo, el yo percibe en otros itinerarios biográficos aportes esenciales para definir su propio estado anímico.
   El sentido orgánico del poemario, con los incisos reflexivos, recuerda –el mismo autor lo comenta- una novela en verso, similar a la escritura que Félix Grande emplea en Las Rubaiyatas de Horacio Martín.
   En las páginas autobiográficas de Los años sin excusa, el poeta y editor Carlos Barral establece una filosofía de la escritura como descarada investigación de uno mismo. Este quehacer del impudor que focaliza interiores proporciona la cita de apertura de Poemas imperfectos, conjunto escrito entre 1997 y 1998. Desde el silencio, la labor del ser es un empeño en soltar lastre y en protagonizar un incansable itinerario cognitivo, donde la identidad nunca pierde ante sí misma la sensación de extrañeza.
  En el último título integrado, Poemas finales, persiste la gravitación sobre la identidad. Los versos inciden en aliñar sensaciones, comprensión y memoria para que aflore una percepción pasajera del estar. Está hecha de visiones fugaces y horizontes incompletos. Pero en ellos caben los gestos de una voluntad aleatoria que se obstina en dilatar la espera en el caminar hacia la última costa: “De pronto te das cuenta: / la vida se repite /  a cada instante, / la vida es solo un paso / de materia / en que sentir y hacer sentir / importan. / Importa la conciencia de esta mente, / lo que soy y percibo, / esta fragilidad en cada acto”.
  Una nota final del autor comenta la contingencia de la edición de Momento, volumen que aglutina un tramo de cinco años disperso en cuatro entregas. De este modo, los libros con correcciones y añadidos, con la integración de poemas desechados o nuevos, adquieren aquí perfil exacto. Están los integrados límites de un tiempo y su conciencia, ese destello que cristaliza, singular y único, con plena magnitud; como un hilo salvador que conectara existencia y poesía.  



      



lunes, 18 de junio de 2018

EN LAS ALCANTARILLAS

Miedos
Fotografía de
Revista Propiedades (2016)




ALCANTARILLAS

Todo está en otra parte:
lejos, como el deseo.
FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN



En la sombra dos puntos luminosos.
Una rata, sospecho,
que no aparta sus ojos
del resplandor lineal de las linternas.
Cerca, escucho un goteo,
resuena sobre un charco
de aceite y pestilencia;
contagia la humedad
al manchón de los muros.
Grietas ocres ascienden por la piel
de las alcantarillas
hasta el negro vacío
de otro túnel.
Más cables, tuberías,
excrementos
 y el denso chapoteo
sobre cemento y tierra
que engulle las pisadas.

Debo seguir. No hay miedo
más oscuro, más hondo.

            (De Pulsaciones)





domingo, 17 de junio de 2018

EN LA LÍNEA DE COSTA

A solas
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia




EN LA LÍNEA DE COSTA

 Qué difícil es
cuando todo baja
no bajar también

ANTONIO MACHADO

Como una empresa en crisis, el resentimiento somete a la inteligencia a una severa restricción de plantilla.


Soporto a diario  vanidades estrepitosas, pero observo como quien viaja de paso, en el asiento de atrás.  


La amistad, esa incansable empresa de mudanzas, tantas veces ocupada por mentiras y cinismos.        


Complacida, la convivencia se muestra como un puzle complejo y frágil, con abundantes piezas que no encajan.


Cuántas voces se amontonan en una identidad vacía.

(Variaciones del libro Motivos personales, Sevilla, 2015)


         


viernes, 15 de junio de 2018

FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN. TACHA

Tacha
Francisco José Martínez Morán
Renacimiento
Sevilla, 2018


BORRADOS


   A la hora de abordar la caligrafía poética de Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981), Doctor en Literatura Comparada, docente, e impulsor de eventos culturales, es inevitable referirme a la antología Re-generación (Valparaíso, 2016). Allí se compilaron las veinticuatro voces que, bajo mi criterio, –una sistematización es siempre subjetiva y parcial- definían la primera promoción del Siglo XXI; y allí estaba el poeta con una muestra perteneciente a los libros Variadas posiciones del amante (2006), tras la puerta tapiada (2009) y Obligación (2015). Conviene reseñar que en su escritura también encuentran lugar propio el relato, cultivado en  Peligro de vida (2010) y la ficción narrativa, presente en su primera novela Amistades comunes (2018).
  Para la construcción de su voz, el escritor maneja algunos caracteres que lo singularizan, sin declaraciones programáticas o programas estéticos: la opción por el poema breve, en algunos casos, casi lacónico y proclive al aforismo, la vigencia de un personaje poético con afinidades biográficas y la inmersión en un coloquialismo existencial que busca sentido al cauce temporal. Leemos en el cierre del poema inicial, “Botánicas tardías”: “Trabajo. Certifico mi existencia. / Empiezo a ser yo más de lo debido”.
   Dejan los versos una sensibilidad cercana y confesional, nacida de esa extrañeza contemplativa de la percepción en vela. Existir es habitar estratos de angustia e incertidumbre. La composición traspasa apariencias para moldear cierta indagación filosófica a partir de las palabras. Escribir es también devanar significados, como si en ellos habitara una amanecida diáfana. Imaginación y memoria se entrelazan para aportar respuestas, o dar claridad a un itinerario temporal que se despliega entre la evocación y el ahora. Si en el poema “Vencejos dando vueltas en el patio” se hace una lectura de la fugacidad de cada instante, un método compositivo que también aflora en “Fundado en hechos ciertos”, que acaba con un verso memorable, “Fe” abre la mirada hacia otro tiempo para acariciar la piel volátil del recuerdo.
   Cualquier poema transita por referentes culturales cercanos. En cada escritor convergen el continuo paseante de la biblioteca y el autor; esta circunstancia se percibe en “Desque vemos el engaño” cuyos versos se nutren de un conocido pensamiento lírico de Jorge Manrique; el clásico asocia la travesía biográfica a una senda acumuladora de borrados y erosiones, “como un tiempo en llaga”. De ese registro, marcado por la verdad última del ser, que tiñe las palabras de sesgo estoico y crepuscular, se contagia la clausura del primer apartado, “Los símbolos antiguos”.
   El tramo siguiente integra en su pórtico un amplio despliegue de citas. Son apuntes que inciden en un mayor registro metapoético. La escritura se convierte en centro reflexivo en el que los quehaceres del sujeto lírico lo transforman en un escribano interpuesto y en cronista de lo transitorio. Protagoniza una labor volátil, una búsqueda de lo simple que convierte el devenir en tanteo. Leemos en “Poética penúltima”: “ Testimonio del mundo hecho pedazos: / eso es ahora el verso. / No más irremediable / que antaño, sino más / preciso, más exacto en la constancia / del fragmento que nunca / formó parte de un todo comprensible “.
   La canción como composición lírica recurrente, desde su origen provenzal ha mantenido una temática amorosa; pero su evolución ha trastocado moldes y ha integrado en su contexto asuntos diversos; sus limpias estaciones de otros días incluso admiten el desatino existencial que crea incertidumbre y desarraigo. Francisco José Martínez Morán dedica a su cultivo un apartado completo. Se percibe una tendencia al decir lapidario, como si despojase bifurcaciones digresivas para centrarse en un planteamiento dubitativo: “A tus puertas cerradas me detengo, / pero no quiero abrirlas, ni que nadie / desde dentro pregunte a qué he venido”
  Tacha es un nombre propio, cuya piel de tinta evoca a José Hierro. Suena fuerte, sereno, sustantivo, como si confirmase una presencia omnisciente que unifica los pasos del libro, aunque no se muestre. Pero el lector descubre de inmediato que Tacha es tachadura, un sustantivo aglutinador de sinónimos. Recuerdo varios: mácula, tizne, defecto, oprobio. Son significados que expanden un estar pesimista, la senda umbría que anticipa el derrumbe. Indicios que confirman la pérdida y el fruto estéril de cualquier búsqueda: “Todo se llama, al cabo,  / de la misma manera: en su universo / de meses sin palabras, cada día / es una prueba fiel del desencanto “.



jueves, 14 de junio de 2018

DESDE EL LABERINTO

Días en Camboya
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

APARICIONES


   Como si necesitase propagar las nociones del miedo, su desastrada imagen regresa de improviso al laberinto. Recuerda un destello diluido, que va perdiendo intensidad. Hay en su gesto un estar apocado. No entiende que permanezca en el interior, sin traspasar los descubiertos vanos hacia la luz. 
   Multiplica el aforo de las conjeturas. Sospecha que estoy en ese tiempo en el que los fantasmas no son pesadillas sino compañía.

(De Cuentos diminutos)




miércoles, 13 de junio de 2018

ESPEJISMOS DIGITALES

Descenso
Archivo de Internet



ESPEJISMOS DIGITALES


   Descubro a diario que la comunicación digital es una tierra pequeña donde no cabe nadie. Los mensajes privados crean una sensación de cercanía aparente. Son escaleras que ascienden y descienden a lugares que no existen. Dibujan trampantojos. Alumbran una mirada cómplice, dispuesta a compartir emociones, deseos y otros rincones de la conciencia a desconocidos, como si fueran protagonistas de una relación real, cimentada en el tiempo. Todo es falso, un puñado de palabras sin ningún sentido, espejismos que siembran de inmediato tachaduras y decepción.
   Llega el ocaso. Al otro lado no hay nadie. Solo un frío de nieve que no quema las manos.


(Cuaderno de apuntes)




martes, 12 de junio de 2018

LUIS RAMOS DE LA TORRE. EL SACRAMENTO DE LA MATERIA

El sacramento de la materia
Poesía y Salvación en Claudio Rodríguez
Luis Ramos de la Torre
Prólogo de Miguel Casaseca
Piediciones, La Huella de la Palabra, 2017




CLAUDIO RODRÍGUEZ: EL CANTO A CUESTAS


  Carme Riera, en un ensayo clásico sobre el Grupo catalán de los Cincuenta, denominó a los integrantes de aquella promoción poética “Partidarios de la felicidad”: El aserto hacía justicia a un vitalismo existencial colectivo que nunca se durmió en la grisura fría del franquismo. Aquella nómina, diversa y comprometida, galvanizó la estela lírica de la posguerra en el discurrir del medio siglo, y contribuyó a crear un magisterio incansable, cuyos efectos secundarios se escuchan en la cronología del ahora. Sin los nombres cimeros de esa promoción, la poesía de la experiencia o la línea clara hubiesen dibujado una caligrafía mucho más superficial y esteticista.
  Algunos poetas, como José Ángel Valente o Claudio Rodríguez, nunca se sintieron cómodos en la originaria foto de grupo y optaron por singularizar su aportación literaria; pero a pesar de esa voluntad de individualización, cumplen los rasgos generaciones básicos: participación en acontecimientos generacionales comunes como el Vigésimo aniversario de Antonio Machado en Colliure en 1959, la influencia del entorno en la intrahistoria biográfica, similar ideología, o la publicación en proyectos editoriales comunes. Además de los lazos afectivos mantenidos durante mucho tiempo con sus integrantes, como la amistad con Ángel González.
  El ensayo El sacramento de la materia. Poesía y salvación en Claudio Rodríguez de Luis Ramos de la Torre subraya la vigencia del legado y analiza conceptos estéticos esenciales de su antropología poética. Basado en la tesis doctoral, Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956), poeta, cantautor y Doctor en filosofía es un especialista en la obra de Claudio Rodríguez, sobre la que ha publicado aproximaciones en distintas revistas culturales. Esta prospección en la geografía del zamorano discurre por itinerarios convergentes entre filología, literatura y pensamiento filosófico. Busca una poesía centrada en la existencia a través de algunos ejes como el canto, la celebración, la salvación y el amor que constituyen las notas conceptuales más características. Son conceptos que también justifican el título, tomado del poema “la mañana del búho” de Casi una leyenda (1991). Vaya por delante, que en el aserto no hay ningún sentido religioso sino matérico; la poesía se postula como salvación de la realidad, como elevación de lo transitorio hacia un plano de permanencia natural.
  El decurso lírico de Claudio Rodríguez nunca es extravital; da fe de vida de las preocupaciones de una sensibilidad individual que entiende la poesía como participación de un organismo activo ante un mundo en construcción. El caminar reflexivo del ensayista advierte en esta poesía un indicio esencial: el amor. No es un sentimiento inalterable; las relaciones con la alteridad no están exentas de ensimismamiento y soledad. La afirmación sensitiva adquiere en ocasiones un epitelio de orfandad. En él se impone el lapidario magma informe de la incertidumbre.
  En las preocupaciones vitales y poéticas se percibe un discurrir lineal, un trazo ordenado  y coherente que hilvana las entregas en el tiempo. Así lo manifiesta el mismo poeta: “El pensamiento poético realmente ha variado muy poco. Los temas siguen siendo prácticamente los mismos; lo importante es la aventura del lenguaje y del pensamiento a través de la palabra. No se trata de hacer una ecuación, ni de decir: esto es así por las siguientes razones. Se trata de ver cómo las palabras van creando no solo el pensamiento sino la emoción y la contemplación sensorial”.
   Conviene recordar que el paréntesis histórico de los años cincuenta, germina un debate estimulante basado en una dualidad: el concepto de poesía como comunicación o como conocimiento; la cuestión sembró abundantes páginas de divagaciones, comentarios y juicios. Claudio Rodríguez –y así lo recalca el poeta Rafael Morales- añade un recodo nuevo: la poesía como salvación, refugio o encuentro con la verdad de su propio ser y de la existencia. Nace así un nuevo enfoque, cargado de significación, que convierte el poema en casa habitable. La palabra resulta experiencia clarificadora, que busca coherencia entre trayecto existencial y escritura.
   Luis Ramos de la Torre explora el proceso poético de Claudio Rodríguez como un caminar abierto hacia la luz. Su estudio completa un retrato fuerte del personaje verbal a partir de una cronología creadora siempre plena de imaginación y belleza. Su primer paso, Don de la ebriedad comienza cuando el poeta contaba diecinueve años. Desde aquel libro, que ganó el Premio Adonais en 1953, labra un itinerario que completan Conjuros (1958), Alianza y condena (1965), El vuelo de la celebración (1976), Casi una leyenda (1991) y concluye con Aventura, libro póstumo. En su búsqueda de significado y sentido, El sacramento de la materia documenta una minuciosa indagación en la experiencia creadora que busca la pervivencia del canto, el afán de salir a la serenidad de la contemplación. A esa claridad que sabe que “la vida no es poesía, pero la poesía es vida; y si no, no es nada”.


   

lunes, 11 de junio de 2018

AFORISMOS SUELTOS

Ella, delante
Archivo general de Internet



AFORISMOS SUELTOS


Buscamos en la lejanía causas
  que suelen estar muy cerca, en nosotros mismos.                                                                                                                                                                                                            LICHTENBERG


El pesimista es tan clarividente que anticipa el fracaso


Cada trayecto se refugia en la lectura minuciosa de un viejo periódico. Disimula su capacidad de observación. Conoce la fisonomía de todos los fantasmas que viajan en los vagones vacíos.


Su idoneidad como corrector quedó demostrada cuando encontró varias faltas de ortografía en un poema de Juan Ramón Jiménez.


Las ideas ajenas sobre la conciencia de un sujeto dependen mucho de las  palabras; la opinión del yo sobre sí mismo depende de los hechos y del triste oficio de la ocultación.


Utiliza argumentos que recuerdan carnavales de pólvora.

  
En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.


La autobiografía convierte a otro en protagonista.

(Del cuaderno Sueltos, Amargord, Madrid, 2008)






domingo, 10 de junio de 2018

Y QUÉ MÁS DA...

Después
(Rivas, 9 de junio de 2018)
Fotografía de
Adela Sánchez 


ACEPTACIÓN

                                        Solo se pierde lo que no se ama

                                              CLAUDIO RODRÍGUEZ

Y qué más da
si el tiempo nos disuelve.
Estás conmigo.





sábado, 9 de junio de 2018

LIBÉLULAS Y SUEÑOS

Sueños azules



ACERCA DEL SUEÑO
                            

                               A mi hija Irene,
                              en su cumpleaños 

 I
      
Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.


II

Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.

                                         
                              (De Mapa de ruta, Granada 2010)



viernes, 8 de junio de 2018

RAMÓN EDER. PALMERAS SOLITARIAS

Palmeras solitarias
Ramón EderPrólogo de Juan Bonilla
Renacimiento, Los Cuatro Vientos
Sevilla, 2018


MIRADAS

  El universo aforístico de Ramón Eder (Lumbier, Navarra, 1952) es núcleo central del decir fragmentario actual. Ocupa este lugar por dos circunstancias básicas: su quehacer desdeña el papel de hombre-orquesta para configurarse como solista, de modo que su itinerario, salvo en el tramo inicial que publicó los poemarios Axaxaxa mlö (19859 y Lágrimas de cocodrilo (1988) y el libro de relatos La mitad es más que el todo (1988), se basa en el esquema conciso y lapidario del aforismo. El segundo rasgo es el descubrimiento de un decir singular sobre la existencia cotidiana, que zarandea y perturba, a partir de ingredientes expresivos como el humor, la ironía y la paradoja. Así conforma un recorrido compuesto por títulos como La vida ondulante (2012), Aire de comedia (2015) e Ironías (2016), todos ellos articulados con similares componentes y con afín sensibilidad, como si encajaran en una estructura cerrada y orgánica.
   Palmeras solitarias añade a la edición el prólogo de Juan Bonilla y algunos dibujos en negro, que aportan un trazo de viñeta. De todos es sabido que Juan Bonilla tiene un alto concepto del ingenio, ese chispazo de la inteligencia que nunca concede sitio a lo previsible. Cada perfil tiene otro lado oscuro, una brújula de asombro. El poeta y novelista escribe: “Definir un aforismo no es cosa sencilla, no está a mi alcance. A veces, con los mejores, tengo la impresión de que un aforismo es como uno de esos castellets en los que hacen falta cuarenta cuerpos para sostener a veinte que sostengan a diez y así hasta llegar al niño que lo encumbra”.
   Firme, pero también frágil, simulando esas torres humanas, el aforismo levanta arquitecturas con piezas inadvertidas y necesarias, donde cada fragmento es autónomo y, a la vez, suma su voluntad inquieta al quehacer colectivo.
  Quien nos habla muestra ante el entorno una atención perpleja, como si cada una de las contingencias de lo diario se integrara de inmediato en el balance existencial. Las exigencias estéticas de Ramón Eder se evidencian pronto. El escritor sintetiza en los textos un aforismo reflexivo, convertido en convincente bosquejo, sin pompa retórica ni oscuridad, cuyo enunciado es compartido de inmediato: “Entre dos eternidades vivimos unos años y lo llamamos vida”.
   Su anhelo es conseguir un código comunicativo, que se esfuerza por explicar las inclinaciones de la mirada y busca descubrir esas pequeñas brasas encendidas en las que se cobija la claridad de lo sentimental: “Las muchachas en flor convierten a los  adultos en jardineros melancólicos”.
   La tarea del aforista añade al estilo redondo y accesible del destello, sin la controversia del ´pulpito moral, la búsqueda de un punto de vista con validez colectiva entre las perplejas observaciones del cronista: “En la amistad es mezquino llevar una contabilidad minuciosa”; “Ciertos problemas personales es bueno que se compliquen aún más para poder resolverlos”; “Solo sabe mirar el que ha contemplado mucho”. De este modo, las notas privadas del aforismo parecen pasos de una conciencia escrita, entregada a la intimidad del pensamiento.
   El libro de aforismos contiene también una mirada introspectiva que explora la semántica del género, esa afinación perfecta para que en los acordes no quepan disonancias y alberguen una metafísica de bolsillo.
   Por primera vez, se integra en la compilación aforística los dibujos del escritor. Las imágenes añaden a la razón textual una interpretación plástica. Son realizaciones de trazo pulcro y lineal, que muestran la inquietud volátil de lo transitorio, como el ojo hubiese realizado una abstracción de los detalles para siluetear en la realidad un instante de vida destilada. Las unidades mínimas de estas viñetas abiertas dejan junto a la estela verbal un dibujo suspendido en el vacío.
   Escribe Ramón Eder que “El buen aforismo es el que dice más de lo que parece, no el que parece que dice más de lo que dice” y hay que tomar ese metaforismo en sentido literal. Estas palmeras solitarias en el libro de arena de lo laborable nunca son espejismos.