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Conjunción de las aguas Goya Gutiérrez Prólogo de Neus Aguado Ediciones Contrabando Colección Marte 25 Valencia, 2025 |
SECRETOS DEL AGUA
Goya Gutiérrez (Cabolafuente, Zaragoza, 1954), coeditora y directora de
la revista Alga, profesora durante muchos años y poeta con un
valioso tapiz lírico que integra, desde la carta de presentación De mares y espumas hasta el libro más reciente Pozo pródigo, más de una decena de
poemarios, complementados con algunas plaquettes y con la práctica de otras
facetas expresivas como la novela, los comentarios críticos y la fotografía.
Las composiciones que aglutina Conjunción de las aguas acogen
una precisa introducción de Neus Aguado, titulada “En esta casa transitoria”.
El prólogo recuerda la tradición de
símbolos que ha multiplicado el agua, como elemento primordial y generador, como elemento matérico capaz de moldearse en tres estados. Es asombro y temblor inaugural de claridad y transparencia del transitar existencial; aglutina lo emocional y sensitivo, las inquietas corrientes cambiantes que
conforman la conciencia profunda del sujeto. Escritos desde la necesidad y la
búsqueda, los textos para Neus Aguado ”fortalecen una voz madura, capaz de
transitar entre lo explícito y lo oculto. Se escribe para explicar lo
inexplicable y reivindicar la belleza y el amor de forma absoluta". Los versos
se empeñan en “recordar que la belleza en su sentido más amplio habita en
nosotros”.
En todos los tramos orgánicos de Conjunción de las aguas emerge una
semántica común: el agua representa el cauce existencial, vislumbra un fluir continuo.
De este modo, prevalece una mirada introspectiva que aglutina sensaciones y
aportes enunciativos. Así queda constancia en la sección inicial, “Aguas”, con
citas de dos magisterios de la poesía simbólica: Juan-Eduardo Cirlot y José
Ängel Valente. Los poemas aportan una mirada integradora al trazar el perfil
indagatorio del sujeto poético; la introspección es una tarea básica del estar,
un sentimiento primigenio que bucea en sí mismo para capturar el ansia de ser:
“La poeta lo sabe y hace que las
palabras / se enciendan que caldeando
como estrellas/ puedan evocar el
tiempo que se estira / que se ciñe a tu cuerpo y a tu mente”.
Desde el trazado inicial, se hace palpable un culturalismo asumido como
patrimonio individual: el largo viaje de Ulises a Ítaca conforma un recorrido
cuajado de conocimiento. Quien retorna “debe anudarse al mástil de la corriente
en curso para sobrevivir” y para no perder los destellos de luz de la mirada.
Las posibilidades en el retorno se multiplican. Afloran espejismos y atajos de
un viaje que, de cuando en cuando, retorna al pasado por la evocación para
vislumbrar la casa abandonada y el resplandor dormido de otro espacio vital.
Llama la atención en este primer apartado la recuperación de un recurso
visual que ralentiza el verso y alarga su respiración: los versos integran
espacios blancos que funcionan como silenciosas comas, como si la idea se fragmentara
y quedara estática y congelada, tal vez cansada de ser en su interior un cauce
fluyente.
Ese recorrido por la semántica del agua se percibe como concepto
contradictorio, capaz de enlazar epifanía y muerte, aurora inaugural y desapacible
negrura. Se suceden las paradojas y se
constata que el agua se hace símbolo de esperanza. Su claridad es savia
vigorosa y energía. Guarda dentro una pulsión capaz de revitalizar los días
agostados y llenarlos de nuevos propósitos que sean sostén de belleza y vida.
El
apartado “Contracorriente” postula, tras las dos citas cuajadas de acierto de
Piedad Bonnett y César Simón, la necesidad de crear un espacio habitable que
conlleve la singularidad y tenga la extrañeza de la libertad. Se trata de
gestar una identidad al margen. Buscar sitio a contracorriente. Quien recorre el
fluir, moldea la voluntad capaz de sobrevivir en la intemperie y adentrarse en
la memoria de la naturaleza para comprender “la suave cadencia de su voz”.
El poema fragmentado “Márgenes” arropa un introito de contenido metaliterario.
En los márgenes rezuman las palabras y su expresiva diversidad. Allí están las voces explícitas y las
reprimidas, las que profundizan en el desconcierto y la desolación y las que
propagan dogmas y espejismos. Todas se dan la mano en su constancia verbal y sugieren permanencia y vitalismo en el
cambiante florecer del lenguaje.
La luminosa concisión del poeta venezolano Rafael Cadenas sirve de entrada
a la sección de cierre “Conjunción de las aguas”. La composición puede leerse como un conjunto
de variaciones en torno al paralelismo entre agua y existencia. Cada tesela expresiva busca
brillos mínimos en la permanencia de secuencias vitales. Los textos aportan al flujo
temporal una significación de claridad perdurable y eclosión de vida. Las
palabras pronuncian un conjuro poético que concede al yo el don de seguir, la
resistencia a cualquier quebrantamiento.
Goya Gutiérrez anota en una reflexión final su propio sesgo
interpretativo de Conjunción de las aguas.
Todavía cercanos en el tiempo a la fecha de publicación del libro, los
demoledores efectos de la dana que provocó muertes y destrucción en la
Comunidad valenciana, la trama argumental hace del agua fuente de inspiración
en un doble sentido: físico y simbólico. La escritura asume un concepto central
del pensamiento de Zygmunt Bauman, desplegado en el ensayo Modernidad líquida: los cimientos clásicos de existencia y
sociedad han perdido solidez, estabilidad y firmeza. Nos condenan a un estado
de inseguidad e incertidumbre que provoca la fragilidad menesterosa de vínculos
y afectos. Todo es un fluir precario, provisional, absurdo, que abre puertas a
la soledad y a lo efímero. La realidad se hace sombra. Quedan las voces del
poema para conjugar la esperanza, la libertad
de prolongar esperanzas y sueños, la puereza auroral de sostener el agua
y trazar un cauce puro.