martes, 22 de mayo de 2018

ROSARIO TRONCOSO. DE VIVA VOZ.

Rosario Troncoso
(Cádiz, 1978)
Fotografía de
www.trianarts.com

ROSARIO TRONCOSO. DE VIVA VOZ


   Sabido es que en la personalidad literaria de Rosario Troncoso (Cádiz, 1978) conviven el itinerario lírico, la coordinación editorial, el comentario crítico y la gestión cultural. Son quehaceres sumados al desempeño de la docencia en un centro educativo de Secundaria y Bachillerato en su provincia natal. No voy a detenerme en el laborioso sondeo de  este activismo, aunque una razón afectiva personal hace obligada la mención de Editorial Takara, en cuyo catálogo Rosario Troncoso integró mi antología Pulsaciones con una emotiva introducción de su autoría.
   Quiero centrarme en el trascurso de su producción lírica que cultiva desde 2006, cuando aparece su primera entrega Huir de los domingos. Aquel arranque tuvo una secuenciación uniforme y sostenida con las entregas Delirios y mareas (2008), Juguetes de Dios (2010), El eje imaginario (2012), Fondo de armario (2013), Transparente (2014) Eternidad provisional (2017)  y Nuestra orilla salvaje (2018). Un paisaje rotundo  que demuestra la familiaridad con el verso necesario en el quehacer creador de Rosario Troncoso. Editora, sí, antóloga, sí, directora de la revista literaria El Ático de los gatos, sí; pero sobre todo poeta en ese territorio batido por los vendavales de lo cotidiano.
   No resulta difícil reconstruir la sensibilidad estética y la solidez de un proyecto unitario que avanza sin duplicaciones ni quiebras. Aunque poco dada a la autocomplacencia, Rosario Troncoso escribe mirándose a sí misma. Sus composiciones alzan una arquitectura verbal que busca equilibrio entre intimismo y realidad. Reivindican la incertidumbre a través de una poética de la vida. En ellas, encuentra con frecuencia una enunciación lapidaria el fracaso y esa lucha constante por poner luz en los relieves y contornos de la convivencia.
  En la poética de Rosario Troncoso adquiere dimensión el intimismo. En él convergen los acontecimientos personales de un alter ego sin idealizaciones ni refulgencias, inmerso en el devenir vital. Quien habla en la geografía espacial del poema muestra una dicción fresca y natural, comparte estados de euforia, serenidad y melancolía. Sus palabras enuncian con tono terso, profundo, ”transparente”. Así se titulaba, con preciso laconismo, uno de los libros centrales de esta etapa de madurez en la escritura, repleta de posibilidades temáticas que adquieren un desarrollo progresivo en el intento de interpretar la realidad y captar su esencia; lo corroboran con la fuerza del dogma los versos finales del poema “Taller de alta poesía: “Y ahora, asumido ya lo esencial, / la técnica, las normas, los preceptos, / cállate ya / y escribe”.
   El decidido paseante de este itinerario creador concibe la idea de que los poemarios responden a los principios expresivos de la autoficción. Las composiciones dibujan el nítido perfil de una sensibilidad cercana. Es el yo humanista quien respira bajo la máscara del personaje poético. Por tanto, hay afinidades y enlaces que propician un pacto de verosimilitud entre el sujeto biográfico y el personaje lírico.
   La poesía de Rosario Troncoso es un ejercicio de afirmación, una sementera de evidencias de una identidad expandida hacia el nosotros. De este modo, cada libro se hace cordial complicidad, es balance y recuento de una individualidad que comparte su periplo vital. Alguien que rinde cuentas con la empatía solidaria de la confidencia.





domingo, 20 de mayo de 2018

ELIANA DUKELSKY. CRIANZA

Crianza
Eliana Dukelsky
Cuadernos del Vigía, Colección Aforismos
Granada, 2018


LA BUENA COMPAÑÍA


   Eliana Dukelski (Buenos Aires, 1982) es uno de los escasos nombres vinculados al decir fragmentario que no ha transitado otros géneros. Con amplia preparación universitaria, y un quehacer docente en escuelas y fundaciones, la escritora consigue en 2015 el Premio Internacional de Aforismos José Bergamín con su carta de presentación La lengua o el espejo. La recepción crítica de aquella compilación aforística fue muy cálida. Y la autora se sumó al poblado cauce de voces emergentes que buscó sitio inmediato en propuestas de antologías como Aforismos contantes y sonantes, Bajo el signo de Atenea y Concisos.
  El segundo paso, Crianza se abre con una cita de Alejandra Pizarnik, una de las figuras de culto de las letras hispanas, protagonista de una desasosegante biografía y de una escritura visionaria. La cita no está exenta de hermetismo: “Explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome”. Es acaso una clave para advertir que tras el aparente estiaje del aforismo se oculta un manantial subterráneo. Los textos no contienen la realidad, solo sus fragmentos, esas esquirlas erizadas que hacen sitio al entorno más próximo.
   Los destellos iniciales dan pie a una consideración previa. El sujeto verbal tiene una clara afinidad con el personaje literario y deja que se caligrafíe en los aforismos el discurrir biográfico. Es una actitud que aporta verosimilitud al texto y que reviste al aforismo con una propuesta dialogal. Los contenidos propagan un intimismo confidencial: “Mi tiempo fue capturado por una despedida. De entre los restos quedó este presente remoto”, “Pensamientos furtivos que te llevan directamente  hacia el abismo”, “Hay un tipo de locura que consiste en vivir asustado de uno mismo”, o esta lectura del devenir existencial que tanta afinidad guarda con cualquier periplo biográfico: “En las esquinas de algunos traumas, debajo de los desengaños, o en ciertas mudanzas, se esconden pequeñas muertes”. Pero las aguas mansas del yo pocas veces muestran una superficie calma y transparente; en ellas de dan cita las zonas umbrías que soportan un ego extraño y repleto de asimetrías: “A veces el intento de equilibrio desemboca en esquizofrenia”, “El enemigo interno es aquel que defiende enconadamente las mentiras que nos contamos”, “La vergonzosa manía de los obsesivos de contar exactamente todo”, “Vivir con el mundo cerrado”.
   El aforismo expande sus intereses más allá del yo y es permeable a las circunstancias. Los textos cambian de tramas y personajes y dejan ante el lector un escenario abierto, unas lindes que se traspasan casi de forma inadvertida: “El mundo: esa cosa pegada a nosotros que grita para llamar nuestra atención”, “Las estaciones de tren destilan la belleza inmóvil y melancólica de los viajes”.  Y en el laborioso ejercicio de observación también caben los sentimientos; ese impacto mitigado que tiene la cercanía del otro y que hace del amor una mirada que reinterpreta la propia identidad: “A veces nos reducimos a una frase en la vida del otro”, “Conocerse a tientas, dando tumbos. Aterrizar justo en el medio de una persona”, “Las vidas ausentes del otro”.
   En el último tramo del libro sobrevuelan las reflexiones en torno a la maternidad, construidas tras la hermosa cita de Luna Miguel. El embarazo inaugura una excepción del sentido del tiempo, rompe su devenir lineal y confronta con los hábitos de siempre. No es único tema, pero sí un núcleo argumental relevante que ordena los demás: “La punzada de dolor que anticipa al hijo”, “El ser humano nace del género fantástico. La gestación es un proceso inverosímil”, “Nacemos por falta de espacio. Nacer es un desahucio.”. De este tramo procede el título del libro; el tiempo de crianza modifica los contornos del transitar, obliga a desplegar otros vínculos con el mundo cercano y deja en cada amanecida un caligrama de responsabilidades que se convierte en un surco abierto de actitudes y sustratos sentimentales.
  El aforismo es una manera de cribar el sentido de las cosas. Eliana Dukelsky entiende la escritura como una interrogación que busca un enunciado preciso para luchar contra lo opaco. No pretende formular los principios solemnes de una filosofía subjetiva, sino adentrarse en los rincones de una identidad concreta y mostrar lo que encuentra en sí misma. Los pensamientos breves de Crianza  albergan el abrazo y la esperanza, los paisajes que miran y  el pálido reflejo de una patria habitable que nunca borra la extrañeza de ser.






viernes, 18 de mayo de 2018

JORDI DOCE. LIBRO DE LOS OTROS

Libro de los otros
Jordi Doce
Ediciones Trea, Poesía
Gijón, Asturias, 2018


VERSIONES Y CRÉDITOS


   En el recorrido creador de Jordi Doce (Gijón, 1967) no hay ángulos muertos. Desde hace décadas impulsa un quehacer que aglutina poesía, crítica, aforismos, letras autobiográficas, entrevistas, artículos y traducción. Esta última actividad personifica reconocidos logros, sobre todo en lo que se refiere a la literatura anglosajona y norteamericana contemporánea, con amplia experiencia en trasvases desde el inglés: W. Blake, Eliot, Auden, T. Hudghes, Simic…
  La faceta adquiere en Libro de los otros un matiz nuevo ya que, junto a la traslación habitual del texto, integra un conjunto de notas circunstanciales repleto de amenidad y erudición, cuya razón de ser se explica en un breve prefacio. Las anotaciones personales aportan un despliegue de contingencia. Acogen el contexto escritural, alguna seña biográfica de observaciones memorísticas, o las características más definitorias de las estéticas. De este modo, cada autor nos deja el poema en castellano y además la piel cálida de su humanismo, que sirve para no alejar demasiado el itinerario biográfico y el quehacer creador, como si fuesen vetas integradas en un único cauce vital.
   El poeta y traductor recurre al orden cronológico para trazar la línea de contenidos. y en este avance conviven nombres relevantes, que ya figuran en el canon de poetas contemporáneos y voces emergentes, que personifican recambios generacionales y dejan ante el lector un perfil de interés que necesita renovar lecturas.
  La selección comienza con Simon Armitage (1963) protagonista de una travesía literaria muy pronto reconocida, a pesar de su actitud experimentalista inicial y de su frescura temática, tan presente en su libro Zoom. Tanto los poemas acogidos aquí como los textos paralelos de Jordi Doce son puertas de expectativas que nunca decaen. Hay páginas dedicadas, entre otros, a  John Ashbery, W. H. Auden y Paul Auster, cuyo éxito como novelista ha eclipsado casi al completo la temprana faceta lírica. También a Bei Dao, casi un desconocido para muchos lectores, entre los que me encuentro, quien proporciona algunas citas que tienen la sabiduría lapidaria del aforismo y ese espíritu sosegado de escritura oriental; su voz parece caminar hacia dentro.
   La profundidad de campo de Libro de los otros  contiene llamativas arquitecturas literarias, como las alzadas por Robert Graves, Donald Hall, E. Pound, J. Burnside, S. Plath… Pero también diseños recientes, que todavía no tienen un perfil popular, aunque su empeño personal está repleto de hallazgos: E. Muir, R. Jeffer, D. Tanning… Sirven de coda algunos textos de W. B. Yeats, un referente fuerte y un insatisfecho habitual de belleza en las palabras, consciente de su capacidad de permanencia, tras el luego final.
   El resultado despliega una amplia selección de poetas y poemas que marca los puntos cardinales de la lírica contemporánea en inglés. La antología materializa, en su diversidad, la capacidad para preservar el aliento original y dar vida a un poema análogo, que siempre debe ser la clave fundamental de una versión. Jordi Doce lleva muchos años entregándose a la tarea de cristalizar en nuestro idioma la claridad meridiana de otras lenguas y este volumen, impulsado por Trea, refrenda el empeño continuísta, la cercanía de otros ámbitos poéticos. De ese pulso con el lenguaje se nutren las metamorfosis comentadas que propicia Libro de los otros, un trabajo que abre puertas e invita al viaje de otras lecturas.




jueves, 17 de mayo de 2018

SOBRE LOS AFORISMOS DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Juan Ramón Jiménez (1881-1958)
Archivo personal del poeta

EL YO TOTAL


   En el tramo final de su biografía, cuando ya contaba setenta y tres años de edad,  Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881-Puerto Rico, 1958) planeó con empeño una organización cerrada para encajar en su interior el corpus completo. Tendría como título METAMÓRFOSIS –así acentuado, preservando el origen griego del término y su significado de mudanza o transformación- y abarcaba en el despliegue siete libros según los géneros literarios compilados: LEYENDA, HISTORIA, POLÍTICA, CARTA PÚBLICA, IDEOLOJÍA, TRADUCCIÓN y COMPLEMENTO.
   La tarea comprendería una experiencia de escritura de casi seis décadas, desde 1896 hasta 1954, que daría fe de una labor definitiva y verdadera, donde nada quedaría al margen: “Mi obra, como el mundo, que pretendo recrear en ella, es una obra de conjunto, una unidad que puede gozarse en sus más mínimos detalles: florecillas, arenas, burbujas”.
   Con una creatividad de ritmo fuerte e íntima voz autoral, había multiplicado bifurcaciones; el concepto de obra total estaba abierto a cambios y renovadas versiones por el afán perfeccionista y un agudo sentido autocrítico. Las revisiones estrenan títulos, reordenan libros y acumulan redacciones últimas, lo que justifica la sensación frontal de abordar un laberinto bibliográfico. Tal disciplina correctora se pone de manifiesto en abundantes aforismos: “Mi mejor obra es mi constante arrepentimiento de mi obra”; “La perfección en la realización de mi obra ha estado en un cambio constante de opinión durante veinte años”, “Para que mi yo completo esté contento de mi obra, necesito que mi mitad consciente depure, mida, defina, fije lo que ha creado mi yo subconsciente”; “Soy un metamorfoseador. Mi escritura es metamorfosis como mi naturaleza y la Naturaleza”. Esta decantación por lo mutable se asume como fatum y perdura en el quehacer de una ontología laborable: “Soy el mártir del perenne proyecto fugitivo”. Así va puliendo el magma de borradores donde se diluye inadvertida la travesía biográfica. El quehacer da sentido y justificación a la existencia; lo escribe sin contrastes: “Yo soy poco amigo de datos y de fechas. Me gusta considerar al poeta muerto en su obra y no me interesa mucho la leyenda ni la historia de su vida, ya que la leyenda y la historia se mezclan y acaba por formar del poeta un ente que nunca es superior a la propia obra”.

(Extracto del prólogo de Aforismos e ideas líricas)



miércoles, 16 de mayo de 2018

PASEO MATINAL

Senda de nieve
(Canal de Castilla)
Archivo general de internet


PASEO MATINAL


Lanzan los chopos
su confeti de polen.
Toses. Alergia.





martes, 15 de mayo de 2018

CARMEN CANET. LUCIÉRNAGAS

Luciérnagas
Carmen Canet
Renacimiento, Colección A la mínima
Sevilla, 2018


GOLPES DE LUZ


  Pocos géneros captan con la lucidez del aforismo las telarañas de afinidades que van creciendo entre periplo biográfico, entorno social y quehacer literario. Las tres geografías semánticas conviven con naturalidad, se complementan y dan pie al inacabable fluir de argumentos que salpica las páginas.
   Por su altura verbal, pese a su disonante ausencia en alguna antología reciente, Carmen Canet (Almería, 1955), Doctora en Filología Hispánica y Profesora de Lengua y Literatura con décadas de práctica docente, se ha convertido en uno de los referentes esenciales de la práctica aforística actual. Aunque su periplo creador estuvo, durante años, ligado a la escritura didáctica y a la crítica, desde los años ochenta cultiva el conciso aporte de la escritura breve, aunque su primera entrega, Malabarismos, aparece en Valparaíso Ediciones en 2016. No tarda mucho en firmar un segundo aporte en la misma editorial, Él mide las palabras y nos tiende la mano, una selección aforística extraída de la obra de Luis García Montero. Completa el quehacer de la escritora la entrega Luciérnagas, trabajo que se suma al excelente momento que atraviesa el aforismo en castellano, con una sorprendente proliferación de autores y títulos.
   Creo necesaria, antes de recorrer las páginas de Luciérnagas, un apunte reflexivo. Manuel Neila, investigador del género y director de la colección A la mínima, sostiene que estamos en una etapa nuclear, de codificación estructural del aforismo. Yo comparto esta afirmación, pero es imprescindible recurrir al recorrido de la tradición en castellano. La máxima de Gracián “Lo bueno, si breve, dos veces bueno” pone la clave central del formato e inicia una estale que en el primer tramo del siglo XX encuentra cultivadores y magisterios como Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín o Ramón Gómez de la Serna. Todos ellos trascienden el solemne enunciado de la Academia sobre el aforismo y aportan al suelo argumental nuevos matices.
   Para Carmen Canet el aforismo es un golpe de luz, el cuerpo diminuto y luminoso de una luciérnaga. Del maravilloso acierto estético nacen los hilos sueltos de esta compilación, cuyos caracteres encuentran breve enunciado en el liminar: “Los aforismos deben tener una dosis necesaria para dialogar, ser esos instantes terapéuticos de carga amable, elegante, irónica y comprometida, con los que te sientes muchas veces identificado porque dicen verdades, que no te preguntan ni responden, que ofrecen pensamientos y sentimientos, y que muchas veces ofrecen bienestar. “  El significativo párrafo constata el interés de la autora en resaltar el esquema conciso, la pauta reflexiva y la presencia del humor, que no es sino un esfuerzo inadvertido para mostrar el primer plano de una sensibilidad convivencial.
    La escritora resalta mediante citas la conexión entre chispazo aforístico y luciérnaga. Cada apartado focaliza un paisaje afectivo de incertidumbres, sensaciones y apuntes visuales. Así se manifiesta una percepción inteligente que muestra un carácter versátil, aunque siempre marcado por la temporalidad y la lectura ética. Quien habla, da cauce a una identidad permeable que va ajustando sus relieves al devenir: “Apagaba sus silencios con el interruptor del diálogo”, “para recordar quien eres es necesario olvidar lo que otros dijeron que eras”, “A cierta edad algunas cosas están menos firmes, pero están más relajadas”. Son textos que dejan entre las manos una fuerte pulsión lírica, que reitera en su avance un amanecer de claridad emotiva: “Los silencios que se mojan con la lluvia, enmohecen”, “La piel de la tristeza necesita crema hidratante”.
   Un entorno de amplio tratamiento en Luciérnagas es el amor y la caligrafía que traza en el cuaderno relacional. Sus líneas postulan renglones afectivos que tienden a crear un ambiente sentimental diáfano. Pero la voz de la escritora pone en cuarentena cualquier romanticismo exaltado y no duda en marcar distancias con estrategias irónicas: “Era una mujer tan dulce que siempre usaba extensiones de cabello de ángel”; “A la antepenúltima etapa de una relación hay que entrar ya con el abogado”
   El buen libro de aforismos es siempre un poblado recuento de intereses. casi ningún asunto se diluye en lo marginal. Van emergiendo como archipiélagos las preocupaciones que definen nuestro tiempo: la sensibilidad femenina y su perenne lucha por dar solidez al estar cívico igualitario, el arte y sus bifurcaciones, la lectura metaliteraria que busca la razón de ser de la escritura breve o el pacto entre sujeto y sociedad como si fuesen territorios polares que se atraen o repelen…
   De esta atinada riqueza, propiciada por la psicología de una presencia implicada en la travesía existencial nace entre los breves fragmentos un decir cálido, una voz dialogal que se mira en el espejo gastado de lo diario y hace suya la imagen de esos versos lapidarios de Giconda Belli: “Soy la mujer que piensa. / Algún día / mis ojos / encenderán luciérnagas”.





domingo, 13 de mayo de 2018

EL REINO DE LOS MANSOS

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Archivo general de Internet


EL REINO DE LOS MANSOS

                                Con mi gratitud

El reino de los mansos
es un punto y aparte en la contienda
que nos hace sentir infelices, mezquinos.
Prácticos en las aguas de la sabiduría,
sortean los escollos del vivir cotidiano
con pericia admirable
y su certero rumbo siempre consigue puerto.
Si lanzados al aire a cara o cruz,
permanecen flotando en órbitas perpetuas
y, por si fuera poco, son evanescentes,
suaves, casi angélicos
porque limpios de culpa
hacen posible
que otros arrojen la primera piedra.

Con el estupor justificado
de quien no entiende nada,
presencian el combate mientras nos reconvienen
de la nefasta imagen que albergamos.
Su lánguida apatía nos confirma
que hay que seguir luchando
para no ser jamás uno de ellos.

                   (De Enemigo leal, Sevilla, 1992)