miércoles, 14 de noviembre de 2018

ANDONI SARRIEGI. DIARIO DE UN VAGO

Diario de un vago
Andoni Sarriegi
Ediciones Liliputienses
Colección Desalmados eruditos
Cáceres, 2018


MIRADAS AL YO

   La imparable crecida del decir fragmentario sigue incorporando nombres nuevos e impulsos editoriales que diversifican el cauce genérico habitual. Así sucede con el sello Liliputienses, especializado en poesía hispanoamericana que aporta a su catálogo el volumen Diario de un vago. Una nota biográfica final da cobertura al periplo biográfico de Andoni Sarriegi. Su primer contacto con la escritura, a finales de 1988, se produce en las páginas del periódico Última Hora. Era el arranque laboral de un quehacer mantenido en más de cuarenta cabeceras, hasta especializarse en el periodismo gastronómico. Mientras, ha ido hilvanando aforismos, que fueron apareciendo en la revista La Bolsa de pipas  y que ahora se compilan, como si fuese un libro de pintxos, tras una larga condimentación de más de tres lustros.
   No viene mal el contexto biográfico para entender mejor el entorno natural en el que afloran estos frutos verbales. Tras un título condescendiente con el humorismo autobiográfico, Sarriegi aporta un florilegio de citas que no pierde el aire solemne, hasta la rabona final del brasileño Romario: “Es que si no salgo  por las noches, no meto goles”.
   Los aforismos de Andoni Sarriegi cultivan el decir natural, un coloquialismo intimista que está convencido de que los ingredientes básicos del fragmento son la exposición directa, sencilla, del enunciado y la intensidad compartida de lo previsible, capaz de hallar rincones en las aceras más recorridas de lo laborable: “Damos por hecho muchas cosas, pero sé de algunos gatos sin ningún interés por los ratones”. Este itinerario de brevedades certifica que quien sale al día sabe que cualquier faceta de la existencia exige depuración y análisis; así la convivencia con el entorno familiar o laboral es un continuo sumidero de reflexiones porque entraña la complejidad del laberinto. Nadie sabe dónde están las puertas. Todos somos el yo y otro y en esa convivencia afloran ángulos que presentan trazos nuevos.
  Frente al mensaje objetivo y reflexivo, Andoni Sarriegi confía en lo intuitivo, sabe que en la vivencia más insulta y anodina hay una hendidura para el humor y para dejar que el ánimo respire unos segundos en la superficie: “Ningún pensamiento se merece más de dos segundos”; y siempre es preferible la intensidad. Con esa aceptación de lo cotidiano, conviene no perder el paso y no tomarse demasiado en serio. La existencia es así: “Obviedad: siempre estamos a punto de morirnos” y hay que tener el balance resuelto en pocas palabras: “la madurez dura dos días”.
   Como ejercicio punzante del pensamiento, el aforismo cultiva la paradoja y la contradicción. Su ingenio y capacidad de síntesis contradicen esa solemnidad del vuelo alto que asciende en apariencia hacia el pensamiento profundo. Andoni Sarriegi despoja sus textos mínimos de consideraciones elitistas y emplea como materiales de uso la reticencia irónica y la acuarela luminosa del humorismo, aliñado a menudo con el son agridulce de la crítica: “A mí no me gustan las fiestas porque me pongo perdido de gente”, “Nada agota tanto como fingir que se trabaja”, “Mira, ni me cae bien ni me cae mal, pero es una persona inhumana”, “Hay que saber enloquecer dignamente”, “Yo, por el Futuro no paso”.
   Tras la lectura de Diario de un vago, uno sospecha que el trazo autobiográfico del libro no se refiere a una identidad concreta y que dibuja muchos de los tics que nos definen a diario, en la parada laboral de cada amanecida. Así que es difícil sustraerse a la de complicidad, a ese gesto furtivo que suele perdonar nuestra torpeza. Conviene prevenir: “Mirar al suelo, a veces, te lleva a levantar la cabeza".    







martes, 13 de noviembre de 2018

LOS ERRORES DIARIOS

En el castro de las Cogotas
(Cardeñosa, Ávila)
Fotografía de
Rubén Sánchez Santana

LOS ERRORES DIARIOS 


   Cometo a diario errores de textura diversa. Los completo, añadiendo las pérdidas como azaroso hábito. Soy un torpe genético, que merece un monumento por su definitorio discurrir. El hecho gratifica a quienes no me quieren, porque lega a mi identidad el papel principal en el desvarío. Y alegra también a los que me quieren, porque pugnan por cobijarme en la superficie cenagosa del caso perdido, entre la ternura y la resignación.
  Me equivoco a diario y pierdo cosas, aunque anuncio, con fidelidad extrema, propósitos de enmienda. Pero nuncan se cumplen; no pasan de ser el epitelio de una ilusión sin mácula. Nada cambia y acabo de perder en algún sitio el final de este cuento.

(De Cuentos diminutos)



lunes, 12 de noviembre de 2018

HETERÓNOMOS

Yacimiento vetton
(Castro de las Gogotas)
Fotografía de
Rubén Sánchez Santana
HETERÓNOMOS


 Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.

Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.

A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.

El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

(De Rotonda con estatuas, Madrid, 1990)                                    



sábado, 10 de noviembre de 2018

TEMBLOR DE OTOÑO

En compañía
(Sierra Norte de Madrid)
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia

TEMBLOR DE OTOÑO


Vivir es creer.
El más crédulo de los mortales es aquel
que se halla persuadido de su incredulidad

AMBROSE BIERCE


. Sospecho que buscamos en medio del bosque un paso de cebra.

. El pacto autobiográfico. Esa forma de contar una vida de verdad, donde casi nada es cierto.

.  Existir no es más que ir dejando hojas muertas sobre la senda.

.  Habla mucho, con palabras ligeras cuyo significado está en fuga.

.  Pensamiento y emoción mal sumados, dejan la sospecha de una doble contabilidad en el poema.

 . Con las ojeras propias del caso, delata su estado civil: cansado.

 . Los  sinceros pueden redactar catálogos de defectos sin recurrir a las bibliografías.

. El pragmático no es más que un idealista contrariado.

. Sobre el asunto no hay más que dos opiniones; una es la del resto del mundo.

. Era tan cuidadoso con su porvenir que hasta que no tuvo un epitafio, que expresase su grandeza de  ánimo, no se suicidó.

. Si callo, me repito.

(Aforismos sin dedicatoria)



jueves, 8 de noviembre de 2018

FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN. TACHA

Tacha
Francisco José  Martínez Morán
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2018

DERRUMBES


   A la hora de abordar la caligrafía poética de Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981), Doctor en Literatura Comparada e impulsor de eventos culturales, es inevitable referirme a la antología Re-generación (Valparaíso, 2016). Allí compilé las veinticuatro voces que bajo mi criterio –una sistematización siempre subjetiva y parcial- definían la primera promoción del Siglo XXI y allí estaba el poeta con una muestra lírica perteneciente a los libros Variadas posiciones del amante (2006), tras la puerta tapiada (2009) y Obligación (2015). Conviene reseñar que en su escritura también encuentran lugar propio el relato, cultivado en el libro Peligro de vida (2010) y la ficción narrativa, presente en su primera novela Amistades comunes (2018).
  En la construcción de su voz, el escritor maneja algunos caracteres que lo singularizan, sin declaraciones programáticas o dogmas estéticos: la opción por el poema breve, en algunos casos, casi lacónico y proclive al aforismo, la vigencia de un personaje poético con afinidades biográficas y la inmersión en un coloquialismo existencial que busca sentido al temporalismo. Leemos en el cierre del poema inicial, “Botánicas tardías”: “Trabajo. Certifico mi existencia. / Empiezo a ser yo más de lo debido”.
   Muestran los versos una sensibilidad cercana y confesional, nacida de esa extrañeza contemplativa que deja la percepción en vela. Existir es habitar una estratigrafía de angustia e incertidumbre. La composición traspasa apariencias para moldear una indagación filosófica a partir de las palabras. Escribir es también devanar los significados, como si en ellos habitara una amanecida diáfana. Imaginación y memoria se entrelazan para hilvanar respuestas a un itinerario temporal que se despliega entre la evocación y el ahora. Si en el poema “Vencejos dando vueltas en el patio” se hace una lectura de la fugacidad de cada instante vivencial, un método compositivo que también aflora en “Fundado en hechos ciertos”, composición que acaba con un verso memorable, de los que no se olvidan, el poema “Fe” abre la mirada hacia otro devenir para acariciar la piel volátil de un recuerdo.
   Cualquier poema transita por referentes culturales cercanos. En cada escritor convergen el continuo paseante de la biblioteca y el autor, esta circunstancia se percibe en “Desque vemos el engaño” cuyos versos se nutren de un conocido pensamiento lírico de Jorge Manrique; el clásico asocia la travesía biográfica como una senda que va acumulando pérdidas y erosiones, “como un tiempo en llaga”. De ese registro marcado por la verdad última del ser, que tiñe las palabras con un sesgo estoico y crepuscular, se contagia el poema que clausura el primer apartado, “Los símbolos antiguos”.
   El tramo siguiente integra en su pórtico un amplio despliegue de citas. Son apuntes que inciden en un mayor registro metapoético. La escritura se convierte en centro reflexivo en el que los quehaceres del sujeto lírico lo transforman en un escribano interpuesto y en cronista de lo transitorio. Protagoniza una labor volátil, una búsqueda de lo simple que convierte el devenir en tanteo. Leemos en “Poética penúltima”: “ Testimonio del mundo hecho pedazos: / eso es ahora el verso. / No más irremediable / que antaño, sino más / preciso, más exacto en la constancia / del fragmento que nunca / formó parte de un todo comprensible “.
   La canción como composición lírica recurrente, desde su origen provenzal ha mantenido una temática amorosa; pero su evolución en el tiempo ha trastocado referentes y ha integrado en su contexto asuntos diversos; sus limpias estaciones de otros días incluso admiten el desatino existencial que crea incertidumbre y desarraigo. Francisco José Martínez Morán dedica a su cultivo un apartado completo. Se percibe una tendencia al decir lapidario, como si despojase a los versos de bifurcaciones digresivas para centrarse en un planteamiento dubitativo: “A tus puertas cerradas me detengo, / pero no quiero abrirlas, ni que nadie / desde dentro pregunte a qué he venido”
  Tacha es un nombre propio, cuya piel de tinta evoca a José Hierro. Suena fuerte, sereno, sustantivo, como si confirmase una presencia omnisciente que unifica los pasos del libro, aunque no se muestre hasta el tramo de cierre. Pero el lector descubre de inmediato que Tacha es tachadura, un sustantivo de amplia variedad de sinónimos. Recuerdo tres o cuatro: mácula, tizne, defecto, oprobio. Son significados que expanden un estar pesimista; la senda umbría que anticipa el derrumbe. Son indicios que confirman la pérdida y el fruto estéril de cualquier búsqueda: “Todo se llama, al cabo,  / de la misma manera: en su universo / de meses sin palabras, cada día / es una prueba fiel del desencanto “.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

ÉL NO ESTÁ AQUÍ

Ausencia
Archivo general de internet


ÉL NO ESTÁ AQUÍ


Hoy
se me ha perdido el mundo. 
Es mi propio extravío
lo que busco

MARTHA KORNBLITTH

   Él no está aquí. Está su desilusión, como un espejo al fondo del pasillo donde nadie se mira, por falta de luz tibia. Está el cansancio, que se anticipa al lunes y se apila en la noche de los jueves. Está el dudoso oficio de algún sueño volátil y está el sabor salobre del pasado.
   Pero él no está aquí.

(De Cuentos diminutos)



martes, 6 de noviembre de 2018

AUTOBIOGRAFÍA EN BLANCO Y NEGRO

Las torrebanas
(EL Bohodón, Ávila)
EL PUEBLO


   Una vez, fue mi pueblo, mi casa, mi lugar.  Forjaron sus paredes vulnerables adobes y barderas. Alineaba sus tejas en pendiente para dormir la nieve del invierno. Ya no tiemblan mis manos si recuerdo las torrebanas y el manso dormitar de la laguna, si me adentro en mi casa y recorro callado la  cuadra y el lagar, el corral, la escalera tronchada del palomar doméstico y aquel recinto oscuro del doblado.
   Allí en el pueblo - no sé por qué- siempre me veo como un niño callado, solitario, sin nadie, que ha aprendido a leer con extraña impaciencia y resguarda sus ojos en los frágiles bordes de una página escrita.