miércoles, 19 de septiembre de 2018

CASA VACÍA

Conversaciones sin voz
Archivo general de internet



CASA VACÍA

No, no entro. Porque si entro no hay nadie

ANTONIO PORCHIA

Para
 Gloria Sánchez Linares
porque su voz sonríe

   En esta casa ya no vive nadie pero están todos los moradores que ocuparon sus habitaciones. Escucho su fisiología desperdigada en pasos, susurros, toses o gemidos. De cuando en cuando callan, como si se hubiesen mudado por unas horas a otro lugar. 
   Siempre regresan. Esta noche olvidaron cerrar la puerta de la entrada y apagar luces. Alguien me despertó. No supe qué decir; me siento extraño ocupando una casa vacía. Ellos me reconfortan y justifican mi presencia: “alguien debe soñarlos”.

(De Cuentos diminutos)




martes, 18 de septiembre de 2018

JOSÉ ALCARAZ. VINO PARA LOS NÁUFRAGOS

Vino para los náufragos
José Alcaraz
XI Premio de Poesía Antonio Gala
Ayto de Alhaurin El Grande
Ediciones Alhulia
Salobreña, Granada, 2018
NAVEGACIONES DEL YO


   Desde 2014, José Alcaraz (Cartagena, 1983) ha sabido armonizar la dirección de la editorial Balduque, en colaboración con María del Pilar García, con la praxis literaria poética. Su trayecto integra los títulos La tabla del uno, Edición anotada de la tristeza, Un sí a nada y el libro ganador del Premio Antonio Gala Vino para los náufragos.
   Dos sustantivos parónimos, vals y Walt, sirven al poeta para un texto de apertura en el que germinan algunas incisiones críticas relevantes. Alcaraz es un poeta intimista, que toma lo contingente como material de uso, para articular un poemario reflexivo, que enfoca el entorno circundante. De este modo, el hermoso título puede contener dos referentes: el que inspira el aserto es un verso del poeta impresor Manuel Altolaguirre, extraído de un párrafo autobiográfico; y la nota de autor vuelca el marbete en lo afectivo al dedicar esta compilación de poemas al abuelo, maestro vidriero, fallecido hace solo unos meses.
   José Alcaraz dispone su libro en tramos asimétricos que mezclan poemas más largos con esquemas formales muy breves. Esa libertad compositiva casi siempre comparte el verso libre y la autonomía argumental. Así, en el primer apartado, un único poema recorre al verso dilatado de Whitman para entonar una vitalista cadencia musical, “con más sentimientos que teorías”. Queda así un claro homenaje a la luminosa voz celebratoria del poeta de Hojas de Hierba. El verso se transforma en esbozo de vida, se ramifica, marca un contexto, deja sitio al despliegue verbal para mostrar un rostro curtido por los días, que se cierra con un guiño irónico, como si fuese el cierre de un soneto infinito que requiere la benevolente cuenta del lector: Contad si son… y está hecho”.
   El avance del libro no pierde el tono confesional, esa intrahistoria subjetiva que requiere evocación y memoria, que acerca los figurantes principales del drama vital hasta el pensamiento para retener una felicidad frágil, gastada por el discurrir. Lo cotidiano se hace una épica de gestos, como si la existencia prodigara rincones para dejar asombro. El recuerdo se hace senda, dispersa una claridad luminosa.
   Más allá de lo emotivo, en el poema también hay una continua cristalización de la senda metaliteraria. Escribir es buscar, hacer de las palabras ángulos abiertos en cuyo deambular contruyen entramados de imágenes. Los poemas se hacen reflejos, equívocos contornos de una realidad en la que instaura el yo borrando diferencias entre el quehacer ajeno y las indagaciones personales. El poema se hace “Fe de erratas”: “No sé quién soy: quién estoy siendo. / No sé de dónde vengo: de dónde no vengo. / No adónde voy: adónde debo ir”. El poema, por tanto, es expresión del caminar, una manera de ir marcando en las aceras cotidianas las huellas leves de la voluntad.
   En Vino para los náufragos la implicación indagatoria también está presente en las secciones de cierre. En su andar pautado conviven pensamiento y experiencia, despliegue del paisaje y ese transitar interior que exige un continuo regreso. Quien pronuncia da voz a una identidad mudable. En ella se enquistaron las navegaciones del tiempo, las incesantes voces del naufragio.  



lunes, 17 de septiembre de 2018

PIEDRA SOBRE PIEDRA (aforismos)

Canchales




PIEDRA SOBRE PIEDRA

Despiertas y estás ahí, o no.


El entorno demuestra que ser normal es un atrevimiento.


Lo sórdido desde la poesía se convierte en una etiqueta: realismo sucio.


Soy un escritor realista. Sueño mucho.


La puerta entre realismo y realidad es el lenguaje, un conserje imprevisible.


No hay frontera más infranqueable que la estupidez. Suma a diario piedra sobre piedra.


También en el afecto mantiene su vocación de austeridad.


Sensibilidad en carne viva.


La ignorancia asfixia la libertad de ser.



sábado, 15 de septiembre de 2018

PULSACIONES (POÉTICAS)

Pulsaciones
(Antología poética, 1990-2017)
José Luis Morante
Prólogo de Rosario Troncoso
Takara Editorial, Colección Wasabi
Sevilla, 2017



CARTOGRAFÍA DE LA MADUREZ


Envejecí de golpe y cayeron las piedras

                    OSWALDO FLORES

   El poeta de Aguilar de la Frontera Vicente Núñez, tan aficionado al sofisma, escribió: “Cualquier lectura de un texto es válida. Excepto la de su autor”. Es una afirmación contundente que en mi caso invita al desconcierto. Defiendo exactamente la postura contraria: “El poeta es el primer lector de su poesía. Conoce la raíz de cada verso y las observaciones particulares de su contingencia”. Como admiro la obra del cordobés, mi disentimiento busca de inmediato entre ambas opiniones polares un ecuador conceptual, un eje de simetría en el centro: “Cada lectura es válida en sí misma; aporta una respuesta más, un reflejo, una certidumbre”
Quien recorra los poemas de Pulsaciones percibirá que esta recopilación, respetuosa con la cronología editorial de mis libros, se apoya en unos pocos núcleos de fuerza. Recalca, con acierto, esta opción el prólogo de Rosario Troncoso, poeta y editora de la antología. La concepción existencial del sujeto poético muestra vínculos con el discurso de viva voz del tipo humano que protagoniza el andar biográfico. No hay despersonalización de la trayectoria vital; cultivo la dinámica continua de un aprendizaje que ha superado esa confrontación romántica entre escritura y vida. La identidad no es una aleación momentánea. Tampoco es un sendero lineal la expansión hacia el otro.
   Desde el título, las composiciones de Enemigo leal cobijan una ironía sutil que desaloja afirmaciones serias y literales; escribí ese libro en un momento de desencanto. En ese marco buscó sitio una relación social apelmazada que, poco a poco, fue encontrando su estación final. Quité sentimentalismo de aquella fractura afectiva y acepté que la amistad tiene una naturaleza efímera y tiende a diluirse en el tiempo.
   Me gusta pensar que el tipo humano que habita mis poemas se inserta en un paisaje cultural; forma parte de una tradición de valores que debe perdurar en la degradación. Abundan las composiciones que sondean la cualidad ética de la escritura. El poeta está inserto en un marco histórico y sus enunciados definen un paréntesis cronológico; adquieren, por ello, el carácter de una representación.
   Toda antología personal supone un deslizamiento de onda variable. En esta superficie de abarcable diversidad el motivo amoroso constituye un núcleo central. El amor es un cristal- transparente o con niebla- que deja a descubierto el lenguaje contradictorio de la realidad. Entre la plenitud y la ausencia han ido escribiéndose  los poemas de la noche en blanco y Ninguna parte.
   Los poemas finales acogen una poesía de madurez que tiene un carácter más intimista y simbólico. Ellos ponen materia a un ideario estético que no es sino un puñado de certezas con límites difusos. Mis poemas hablan de mí; son textos domésticos, si los dejo en la calle vuelven solos a casa. Buscan sitio en el lugar de siempre, ese rincón llamado yo.


viernes, 14 de septiembre de 2018

EL SECUESTRO

Desde dentro
Imagen de
José Luis Morante


EL SECUESTRO

Lo que está en ti dormido
es lo que no te deja dormir

FRANCISCO FERRERO

  La continua asimetría de cambios y un entorno vocero diluyó alegrías y generó en su estar un miedo endémico. Para preservar la propia identidad construyó, en alguna parte de la casa, una habitación del pánico. Pronto, se instaló allí; se convirtió en un yo sin territorio. A diario mantenía la forma física con algunos ejercicios. Después consumía el tiempo sobre la cama, intentando entender las razones de aquel secuestro. Ahora, desde dentro, vislumbra la calle. Comienza a sonreír. Prepara con paciencia un plan de fuga.

(De Cuentos diminutos)





jueves, 13 de septiembre de 2018

MONTSE ORDÓÑEZ. LA ORILLA DE LOS NADIE

La orilla de los nadie
Montse Ordóñez
Imagen de cubierta:
David Pujadó
Promarex Ediciones
Barcelona, 2018


DESDE LA ORILLA


   En estos tiempos de ecosistemas digitales, cuajados de individualismo y asepsia cultural, Montse Ordóñez (Barcelona, 1974) mantiene un continuo laboreo intelectual. Impulsa el quehacer de artistas plásticos cubanos, fomenta enlaces entre estrategias creadoras como fotografía y expresión literaria, coordina talleres y sellos editoriales como Ediciones Cumbres, y apoya algunos proyectos escénicos. Un activismo que no anula su vocación poética, adelantada en publicaciones de estados Unidos, Chile y España, que ahora deja en las librerías el poemario La orilla de nadie. La colección de poemas se presenta con cubierta del fotógrafo David Pujadó y contiene un contundente paratexto prologal en citas de Lou Andreas Salomé, Thomas Bernhard y Chantal Maillard; son sensibilidades literarias que optan por la singularidad frente al gregarismo y por enfocar la realidad con un incisivo sentido crítico.
   El título La orilla de los nadie concede sitio a los que recorren las transitadas aceras de la inexistencia. Abre una lógica enunciativa donde se insertan todos los apartados del poemario, que comparten en su denominación despojamiento formal y un significado de ambiente o localización. El primero, “Orilla” sale a descubierta con un texto en prosa que glosa la intemperie. Estar es permanecer abocado a un temporalismo finito; las identidades se diluyen para hacerse, primero, memoria y evocación y, después, disolución y olvido.
  El poema homónimo, “La orilla de los nadie” puede servir como clave argumental de la sensibilidad que impulsa las composiciones. El trayecto vivencial es un devenir de ciclos crepusculares. Su cumplimiento deja en la retina un espesor de miedos y derrumbes.
  Este estar erosivo infecta también la epidermis de los sentimientos. Las presencias cercanas que un día fueron cobijo y ternura se hacen un día senectud e intemperie. Así se va encogiendo el ánimo para dibujar sobre las cosas un velo de grisura. En esta cronología agónica, ¿es todavía posible la esperanza? En el poema “Balada triste de poeta”, del apartado “Margen” deja en la estela de los días unos hilos de luz: “…No todo está perdido, queda el movimiento de las hojas de los árboles, un atisbo de locura y algún verso de poeta”. Tomar conciencia de la desolación humaniza al sujeto poético, le hace más cercano, como acerca al lector la existencia de una voz intimista y cordial, que rechaza el hermetismo o la senda experimental, para dejar en los versos un aporte testimonial de lo vivido, aunque ese vivir tenga a veces la sensación de habitar un tiempo extraño, e impulsado por sensaciones que hieren la piel.
   Desde ese horizonte sin brújula que crea en el caminante la sensación de deriva, la palabra se convierte en enunciado del desconcierto, hace inventario de un estar laboral que va minando sueños y que va consumiendo el propio territorio personal hasta ocupar los límites. Respirar se hace entonces una metáfora de la negación, esa meta última del confín.
   La vida oferta una pluralidad de miradores, es una encrucijada de caminos y hay que optar por una única travesía: la que conduce al equilibrio, la que encalla en la orilla un territorio personal saturado de signos que nunca renuncia a la amanecida de mañana.



      

miércoles, 12 de septiembre de 2018

FACHADAS Y REFLEJOS

Sobre el cristal
(Londres, 2010)
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia


REFLEJOS


Soy permanente
sucesión de mí mismo.
Tiempo borrado.

                                     (Del cuaderno Nubes)