lunes, 25 de junio de 2018

CARMELO CHILLIDA. ROJO COMO LA CABEZA DE UN FÓSFORO

Rojo como la cabeza de un fósforo
Carmelo Chillida
Prólogo de Zoé Valdés
Epílogo de
Salvador Galán Moreu
Kalathos ediciones
Madrid, 2018


RESISTENCIA


   Es principio básico del quehacer creador: las experiencia cristalizan en el pensamiento y son revulsivos inmediatos para la escritura. El poemario Rojo como la cabeza de un fósforo se asoma al imaginario social y político de Venezuela para airear compromiso y disidencia; para hacer del poema un grito colectivo y solidarizarse con una geografía que sufre en su mapa físico el virus de una doble tiranía, primero encarnada por Hugo Chávez y ahora por Nicolás Maduro.
  La poesía no alza vuelo si no tiene ante sí un espacio de libertad. Sin ese azul abierto no es posible el rumor habitable del verso, depositario de sensaciones, desasosiegos e incertidumbres. Sobre la dictadura y sus cicatrices irrestañables medita en su prólogo Zoé Valdés. La novelista cubana evoca el largo recorrido del castrismo y esos márgenes de ignominia y dolor que postraron a escritores como Heberto Padilla y Reinaldo Arenas. Los dos hicieron de la palabra “un alarido insomne” y forjaron una obra que es denuncia y resistencia, muro de contención.
  Ese afán subversivo está presente en la poesía de Carmelo Chillida (Caracas, 1964). No voy a desplegar su polivalencia creadora, donde conviven la lírica, el ensayo, la crítica de arte y musical, la traducción o el artículo de prensa; hago de la poesía vértice de su quehacer. Su voz, desde aquel primer fruto El sonido y el sentido (1997), mantiene una filiación realista, un tono directo, humanista y explícito, proclive a lo existencial y formulado desde un posicionamiento crítico y ético.
   Son rasgos que perduran en los versos de Rojo como la cabeza de un fósforo, conjunto de poemas que refleja el trauma histórico de un país devastado, capaz de cercenar cualquier orden de ser. La adopción del referente histórico para moldear el sujeto central es un acierto pleno. Convierte a Cayo Julio César, dictador vitalicio asesinado, en autorretrato de Maduro; personifica en él la imagen concreta del déspota. Recordemos que Julio César tuvo un papel decisivo en la conversión del régimen republicano en imperio, y fue autor de La Guerra de las Galias, magna obra de propaganda política. Regresa en el poema como arquetipo del dictador, un dios de barro, rodeado de milicias vigilantes y amedrentadoras, y de un coro informe y prescindible, que vibra enaltecido por la música funesta de los himnos y el desplegar de las banderas.
   Los poemas de Rojo como la cabeza de un fósforo trazan la crónica de un país a la intemperie y son esclarecedor reflejo de un modelo político fallido, que ha derruido su patrimonio económico y ha diseminado trincheras confrontadas entre sus pobladores. Es la zafia labor de un tirano contaminado por la idealización propagandística. En ese ámbito, asentir  garantiza la integración en un orden de cosas pactado por el fanatismo en el que respira, sin perspectiva crítica una realidad que impone el espejismo.
   El poeta elige la disidencia como identidad creadora. Sus versos nadan en la incorrección política, persuaden a la contra por su inquietante capacidad comunicativa y testimonial. La escritura baja a la calle para convertirse en portavoz de un juicio compartido; esa es la fuerza sustancial que impulsa a denunciar los tanteos de un sistema social socavado y destruido desde dentro.
   El epílogo de Salvador Galán Moreu hace su propia interpretación subjetiva de la poesía política, entendiendo el aserto como un discurso lírico que encuentra su venero argumental en las aceras colectivas, y cuyo recorrido intelectual colisiona con la distorsión de una realidad gelatinosa, hech de arenas movedizas. No es un escoramiento estético, sino una línea significativa de la tradición literaria en la que han militado autores como Rafael Alberti, autor de dos libros esenciales para comprender esta etiqueta crítica, El poeta en la calle y De un momento a otro, Bertolt Brecht, Nicanor Parra, Wislawa Szymborska, o voces latinoamericanas como Juan Gelman o Ernesto Cardenal. En todos ellos perdura la tensión enunciativa, la disponibilidad crítica y el valor irreductible de la palabra como herramienta de cambio social.
   Desde el yo se rompen los límites entre lo privado y lo público para encarnar una épica subjetiva que busca construir el nosotros frente a la opacidad brutal de un poder violento y represor. En los latidos de Rojo como la cabeza de un fósforo, la poesía revisa el contexto histórico con ojos críticos, ratifica una poética que nunca habla en balde, que camina hombro con hombro y nos recuerda que, frente a la ataraxia del conformismo, hay que sostener el valor de los sueños, la capacidad de gritar no.

  

domingo, 24 de junio de 2018

ÁLVARO HERNANDO FREILE. EX-CLAVO

Ex-clavo
Álvaro Hernando Freile
Dibujos poéticos de
Ricardo Ranz
Karima Editora
Madrid, 2018



BAJORRELIEVES

   La dificultad de iniciar el quehacer literario en plena madurez, deja fuera de sitio el tanteo y la indefinición. Quien sale a la ventana del poema muestra, sin reparos, una sensibilidad que no ignora ninguno de los rasgos que la personalizan. Álvaro Hernando Freile (Madrid, 1971), maestro y antropólogo, publicó en 2016 el poemario Mantras para bailar, tras una leve estela de poemas y relatos desperdigados por algunas revistas. En 2018 recibió el Premio Poesía en Abril 2018, dentro del Festival Internacional de Poesía de Chicago y, mientras prepara la edición de dos nuevas entregas, deja en las estanterías Ex­-clavo, un poemario ilustrado por Ricardo Ranz. 
  La introducción engloba dos citas de textura clásica. Rilke y Shakespeare son referentes tan lapidarios que parecen condicionar de inmediato cualquier reflexión liviana. Álvaro Hernando Freile aliña un texto meditativo que elige como eje de simetría el concepto de libertad. No enuncia su semántica desde el optimismo, como expresión natural del devenir existencial, sino como paradoja y contraluz; sabe que los límites de la libertad expenden fragilidad y construyen espejismos. “Algo nos ata, nos clava, nos inmoviliza”; y de esa aceptación nace la necesidad de buscar un hilo de Ariadna, capaz de ser elemento salvador que ayude a salir del laberinto.
   Desde los versos de apertura, el escritor adopta un esquema comunicativo fijo: tras el título de la composición, siempre directo y explícito, incluye a modo de cita una caligrafía reflexiva, un mínimo hilo que llega al entramado argumental de la composición. De este modo el lector, cuenta con un bagaje previo que remansa el discurrir versal. Leemos en el primer poema “El Ex­-Clavo: “Las pequeñas esclavitudes o clavados a la excusa”; y así se define la indagación meditativa en el fin del poema: “¿Cuándo ese clavo se convertirá en cicatriz y recuerdo? / Quiero  ser ex­-clavo liberado / que desata nudos de madera”
   La dificultad de resolver en el ahora el laberinto vital, siempre repleto de azar y contingencia, da pie a una incisión meditativa, protagonizada por un figurante cercano al yo biográfico. En ella se recupera el mapa de la memoria individual. Perduran imágenes aurorales que se contraponen a la opacidad de lo diario, tan proclive al absurdo, que deja entre las manos las ganas de ser otro, de habitar un espejo donde es posible aún la luz limpia de la amanecida.
 Así se va construyendo un mapa del yo al que se incorporan claroscuros que contaminan relieves y paisajes. La propia identidad se convierte en espacio descriptivo que avanza hacia en la búsqueda de esa supuesta verdad que da sentido al ser, una verdad cuestionada por la duda y la decepción, por la fragilidad y el derrumbe. Ilusiones y anhelos pocas veces son capaces de levitar en el azul: “La rama seca bebe del charco vacío, / hasta quedarse en sed. / La rama es sed”.
   El poemario adquiere en ocasiones una visión nocturnal, como si las palabras acogieran una quiebra de expectativas que focaliza la decepción; también se percibe ese concepto desasosegado en la forma de entender la escritura o la crítica. En sus poemas metaliterarios, el crítico no deja de ser un aderezo innecesario que plasma objetividad en un suelo maleable y repleto de inestabilidad; las palabras no son dogmas sino argumentos fallidos: “Habláis de poesía como levitando, / caminando igual por aire inconsistente / que por fuego destructivo, / que por agua desta que moja el papel / y lo deshace, como vuestra voz, / quebrando todo lo que penetra”.
   Ex­-clavo sugiere una sensibilidad en crisis. Recurre al verbo coloquial, aunque no exento de apoyos culturales y plásticos, para entrelazar, con un lenguaje despojado, evocación, memoria y visión crítica. Son los bajorrelieves que confrontan los enigmas del transitar diario y la posibilidad de soñar libre. Ese es el paisaje de ánimo que clausura la entrega: “ardo / liberando de nudos la madera del álamo”.



sábado, 23 de junio de 2018

TEORÍA DEL SUEÑO (VERSIÓN AL HINDI)

Paisajes del sueño
Fotografía de
Adela Sánchez Santana



TEORÍA DEL SUEÑO

Todo sueño cumplido es prematuro.
Su tácita presencia pone en duda
que hasta ayer mismo fuera
objeto de un afán cuyo rescoldo
no se apagara nunca.
La posesión no acalla
esa voz inquietante
que aspirara a lograrlo
ni da paso a la tregua que permite el sosiego.
Intangible y fugaz
como el vuelo de un ángel,
el perfil de los sueños no conoce
la hondura hospitalaria del espejo
ni el peso de la luz.



स्वप्न सिद्धांत 

पूर्ण हो चुके सारे स्वप्न अपरिपक्व हैं। 
जिसकी निःशब्द  उपस्थिति 
संदेह उपजाती है 
कि कल तक जो लक्ष्य था 
अभिलाषा पूर्ति का 
वह अंगारा 
कहीं बुझ तो न जाएगा। 
आधिपत्य कभी 
असंतुष्ट अभिव्यक्तियों को 
खामोश नहीं करता 
न ही किसी धैर्य देने वाले 
संघर्ष विराम की ओर कदम बढ़ाता  है। 
किसी देवदूत की उड़ान से,
सपनों के अमूर्त एवम् आकर्षक रेखा चित्र    
दर्पण के गहन गंभीर आतिथ्य
औऱ प्रकाश का वज़न नहीं जानते। 


                               (Traducción al hindi de Pooja Anil)




Nacida en la India y residente de Madrid, Pooja Anil es escritora y traductora. Versiona poemas y otros géneros literarios a su idioma maternal, el hindi, desde el castellano. Escribe en ambos idiomas. Publica en revistas de la  India. Es locutora en los programas de hindi radio y conduce su propio espacio radiofónico en internet. Actualmente enseña hindi en Madrid.




viernes, 22 de junio de 2018

PILAR BLANCO DÍAZ. VIGÍA DE TU PASO

Vigía de tu paso
Pilar Blanco Díaz
Chamán Ediciones
Colección Chamán ante el fuego
Albacete, 2018


EN VUELO


  Los prólogos tienen una naturaleza justificatoria. Sirven de estantería intencional. Ponen el énfasis en la razón de escritura, aunque su perspectiva resulte subjetiva y parcial. No es un asunto periférico al texto sino una manera de calcular el sustrato germinal. Su capacidad interpretativa se integra en el paratexto, como las citas o las notas complementarias. Pilar Blanco Díaz deja en su prefacio una defensa del poema intuitivo, de esa caligrafía que captura el fulgor y el destello en su fusión de aporte intelectual y experiencia sensible. Con ese ideario avanza su entrega Vigía de tu paso, trabajo que da continuidad a una amplia obra, iniciada en 1982 con Voz primera. Aquel paso adquiere recorrido en más de una decena de poemarios, de los cuales una amplia selección se recoge en la antología Con la cal en los dedos (1982-2010).  El trayecto sigue y recorre nuevas estaciones como Alas los labios y Raíces de la sangre; un afán creador reconocido con abundantes premios como el Francisco de Quevedo, el premio Internacional Miguel Hernández, el premio Alegría o el Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz.
  El yo poético de Vigía de tu paso no pretende construir un mundo de vivencias desde la confesionalidad de quien ofrece su versión de los hechos a partir de un exteriorismo descriptivo. Opta por la quietud contemplativa y hace de ese espíritu de sosegada aprehensión un acto introspectivo y una singularidad reflexiva. Quien percibe, sabe que estar es sentir el temblor de lo cercano, bucear en el reflujo transitorio del devenir, desde un planear libre. Quien observa parece asentado en el aire, hace del vuelo un ejercicio de libertad, asume el riesgo de sostenerse sin asideros para enfrentarse también a su propia contemplación.
  De ese gesto de testigo implicado nacen las veintidós composiciones de la sección “El que observa”. El sujeto lírico vive un tiempo de carencia e incertidumbre en el que se van diluyendo algunas estelas sentimentales próximas, como si habitase una oquedad que colmara el vacío. Pero hay que seguir el vuelo, “tejer aire y ala”, poner la voluntad lejos del ensimismamiento, en el empeño de moldear su hechura: “Estar sentado contemplando una lluvia que fluye detrás / de los cristales, que arranca el desperdicio de lo nunca / cumplido, que bulle en veladuras. Que es tuya y no / lo es.” Quien observa da cuenta, también, de las palabras de su propia incógnita, deja aflorar desde la piedra los contornos de un yo que se define hacia la luz.
  En todo este tramo escritural hay una estricta observancia de un lenguaje poético, de gran cuidado formal. Fluye un deseo consciente de huir del tono prosaico para imponer una sintaxis de tensión sostenida, sugestiva en imágenes que enmarca los versos en una atmósfera de onirismo expandido; la verticalidad es un camino hacia lo profundo.
  Argumentaba el crítico Mario Eraso que la poesía vertical de Roberto Juarroz promueve el pensar más que el sentir. Una cita del poeta y ensayista argentino abre paso al segundo apartado, “La criatura”; en ella se sienten cercanos el oxímoron y la paradoja. Son rasgos que también Pilar Blanco integra en su discurso lírico, en el que se concentran la voracidad del desasosiego y un estado crepuscular que deja signos en el pensamiento. La fuerza indagatoria del poema insiste en desvelar el misterio que es interrogación sobre los códigos de la identidad. En cada sujeto respira una fuerza interna que fortalece la inquietud porque, de continuo, urde dudas sobre la naturaleza del yo, o el avance aleatorio del ser. El pensamiento carece de caminos trazados, avanza por tanteo.
  Símbolo pleno de claridad y encuentro “El espejo de agua” representa la contemplación de un yo fronterizo que fusiona cercanía y extrañeza. El yo se desdobla y da sentido a una expresión dialogal que polariza vivencias y sensaciones. El amor sigue siendo germen de la palabra, llave existencial, rastro a seguir en esa búsqueda incansable de la plenitud: “Vivir en ignición o no vivir”; el sujeto escucha dentro, siente en sí el repicar de las horas y las mutaciones del discurso amoroso como una lluvia que resbala sobre la piel de lo diario. Quien se mira traduce los mensajes de un yo remoto, repleto de cicatrices, que duerme en la raíz: “-Soy eterno, pues amo. / Amar es la raíz de lo infinito. / Amar es conocerse, es luz desde otros ojos. / Y tú, juez implacable de lo ajeno, / nunca sabrás quién eres realmente / si no te dejas ser aferrado a otros labios, / a su decir distinto“.
  Pilar Blanco enlaza el punto de partida del poema “Alfa” en un recorrido circular con la composición “Omega”, que sirve como epílogo del poemario. Ambos textos meditan sobre el vuelo de un innominado Ícaro, una exploración argumental que ha impulsado poemas de R. Walser, W.C. Williams y Auden. La poeta relega el asunto mitológico para centrarse en el vuelo como destino. la elevación como actitud sublime frente al pragmatismo rampante de lo real. El vuelo es un alto mirador; permite contemplar y ser testigo del manso transitar del presente, convierte las alas es fulgor y fuego.



jueves, 21 de junio de 2018

PIEL DORMIDA

Silencio
Fotografía de
PxHere

PIEL DORMIDA

                                        El hecho es que estás.
                                   Y yo no sé si estoy.

                                                CARLOS VITALE

Niegas la noche.
Queda tu piel dormida
que me deslumbra.



miércoles, 20 de junio de 2018

FORMAS CON LUZ

Formas con luz



LUCES


   Desde hace cuatro días en la casa no hay nadie, salvo yo. Al bajar la escalera una luz interior del dormitorio se enciende sola. No recuerdo cómo accioné el interruptor. Apago y tanteo hacia la escalera. Otra vez sombras. Un instante después está encendida la lámpara del baño principal. En la casa no hay nadie salvo yo, me repito. Veo en el espejo un tipo asustado que se mira a sí mismo, entre la niebla de la incertidumbre.
  Hace un instante consumía un tiempo de soledad, monótono y previsible. Ahora ramifica su inquietud. Sabe que la luz está viva; vuela como un pájaro entre las formas dormidas de la casa.

(De Cuentos diminutos)





martes, 19 de junio de 2018

FERNANDO DÍAZ SAN MIGUEL. MOMENTO

Momento
F. Díaz San Miguel
Prólogo de
Luis Arturo Guichard
Diputación de Salamanca
Salamanca, 2018


LA VIDA DE ALGUIEN


   Bajo la brújula de Luis Arturo Guichard, entro en la poesía reunida de Fernando Díaz San Miguel, una primera entrega que agrupa las composiciones escritas entre 1995 y 1999. Aunque el paréntesis temporal es breve, se percibe de inmediato una insólita fertilidad. En ese tiempo, el escritor dejó en las librerías las entregas Poemas menores (1995-1996), Poemas mayores (1995-1999), Poemas imperfectos (1997-1998) y Poemas finales (1998-1999). Un voluminoso balance que Luis Arturo Guichard define como un “Moleskine”, un cuaderno de viaje que integra fragmentos de diario, minificciones, retratos y bocetos. La vida de alguien.
  Comparto esa sensación desde los primeros textos de Poemas menores. Sobrevuela en esta carta de presentación el empeño por abrir espacio a una poesía sin pretensiones, que deje los trazos de un itinerario vivencial y enunciativo. La voz es casi prosa, como si estuviese haciendo balance de esa arena volátil que lo cotidiano nos deja entre las manos. El poema responde a un prontuario de sensaciones, se limita a vivir para contarlo. Esta actitud del yo poético me lleva a algunas consideraciones previas que dan solidez al ideario. Por ejemplo: el concepto de poesía coloquial, las resonancias del sujeto biográfico que cimentan la alzada del figurante lírico o el territorio de la realidad como marco poético irrenunciable.
   Cada poema, por tanto, busca la comunicación directa. Convierte al lector en asentado testigo de una supuesta confidencia personal que elude la solemnidad de lo profundo para dar voz a un yo discreto, que no duda en emplear el humor o la ironía porque al cabo, como escribiera Jaime Gil de Biedma, la experiencia es un grado que requiere un trabajado aprendizaje; “que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”.  
   El vaho de la educación sentimental deja en los espejos del poema los trazos de la sensibilidad amorosa. Amor y erotismo dan cuerpo a las composiciones de Poemas mayores. El análisis de los sentimientos exige una voz omnisciente, como si la crónica amorosa se pronunciara con el verbo objetivo del testigo. Poderoso recorre un amplio tramo del libro el deseo, un impulso que celebra y exalta el encuentro y hace de la desnudez un vestigio tangible. El amor trasmite el perfil de un sueño real repleto de sensaciones en el que la intensidad es el centro, un impulso acelerador que lleva hacia otro cuerpo. Al final del libro se rompe la uniformidad argumental para incorporar al avance asuntos culturales, como  sucede en el poema “Brandenburgo 1926”, o en “Nadadora”, donde se hace palpable el magisterio de José María Fonollosa; también se visualizan mutaciones formales al incorporar el poema en prosa, con lo que la poesía se torna más reflexiva e indagatoria, rehace un ejercicio de comprensión de un tiempo que no duda en asignar sitios aleatorios o sensaciones subjetivas que dejan lo emotivo en la incertidumbre. La decepción amorosa crea espacios huecos, hendiduras reflexivas que se convierten en notas a pie de página de lo vivido. En ellas, la música se convierte en un referente catártico para establecer paralelismos y estados de ánimo con cantantes que dan pie a una abundante contingencia reflexiva. Confrontado consigo mismo, el yo percibe en otros itinerarios biográficos aportes esenciales para definir su propio estado anímico.
   El sentido orgánico del poemario, con los incisos reflexivos, recuerda –el mismo autor lo comenta- una novela en verso, similar a la escritura que Félix Grande emplea en Las Rubaiyatas de Horacio Martín.
   En las páginas autobiográficas de Los años sin excusa, el poeta y editor Carlos Barral establece una filosofía de la escritura como descarada investigación de uno mismo. Este quehacer del impudor que focaliza interiores proporciona la cita de apertura de Poemas imperfectos, conjunto escrito entre 1997 y 1998. Desde el silencio, la labor del ser es un empeño en soltar lastre y en protagonizar un incansable itinerario cognitivo, donde la identidad nunca pierde ante sí misma la sensación de extrañeza.
  En el último título integrado, Poemas finales, persiste la gravitación sobre la identidad. Los versos inciden en aliñar sensaciones, comprensión y memoria para que aflore una percepción pasajera del estar. Está hecha de visiones fugaces y horizontes incompletos. Pero en ellos caben los gestos de una voluntad aleatoria que se obstina en dilatar la espera en el caminar hacia la última costa: “De pronto te das cuenta: / la vida se repite /  a cada instante, / la vida es solo un paso / de materia / en que sentir y hacer sentir / importan. / Importa la conciencia de esta mente, / lo que soy y percibo, / esta fragilidad en cada acto”.
  Una nota final del autor comenta la contingencia de la edición de Momento, volumen que aglutina un tramo de cinco años disperso en cuatro entregas. De este modo, los libros con correcciones y añadidos, con la integración de poemas desechados o nuevos, adquieren aquí perfil exacto. Están los integrados límites de un tiempo y su conciencia, ese destello que cristaliza, singular y único, con plena magnitud; como un hilo salvador que conectara existencia y poesía.