miércoles, 15 de julio de 2026

MIGUEL CATALÁN

Suma breve
Pensamiento breve reunido (2001-2018)
Miguel Catalán
Ediciones Trea / Aforismo
Somonte Cenero, Gijón, Asturias, 2018

 

ELOGIO DE LA PARADOJA

 
   El momento cenital del aforismo como estrategia expresiva tuvo en Miguel Catalán (Valencia,1958-2018) un cultivador vehemente. Doctor en Filosofía, profesor universitario, narrador y ensayista, su cosecha paremiológica abarca seis entregas dedicadas a la concisión expresiva. Todas se compilan en el volumen Suma breve. El trayecto completo abarca desde 2001 hasta 2018, un intervalo conformado por las ediciones El sol de medianoche (2001), La nada griega (2013), La ventana invertida (2014) y el aporte inédito que añaden tres conjuntos que anticiparon diferentes textos en revistas, Así es imposible, El altar del olvido y Paréntesis vacío.
  El conjunto permite definir, con lúcida solvencia, el carácter ontológico del aforismo y su evolución en el discurrir. El término siempre está vinculado a un territorio de intersección entre literatura y filosofía que es base común de todas las entregas. Así lo recuerda el texto de apertura de José Montoya Sáez, quien también examina de cerca el concepto de paradoja como implosión del lugar común. A través de la paradoja se puede expresar la constante fluctuación del entorno social y humano; de esta forma adquiere un notable potencial subversivo en la contundente concisión de sus reflexiones.
  El aforismo postula la complejidad de su contenido. Emprende en su decir una interpretación del sujeto y de la realidad externa, en la que sondea una continua búsqueda de sentido. Su exigencia estética se asoma a los estantes de la verdad, con lo que adquiere en su definición una cierta claridad metafísica al intentar captar la significación de la experiencia. El texto se llena de matices, de este modo, dentro del material común del género, cada libro presenta rasgos específicos, aunque estos a veces sean contradictorios o definan estados de ánimo dispares, como si en su amanecida la escritura plegara pasos a la condición de ser.
  Ya se ha comentado que el primer paso aforístico de Miguel Catalán es El Sol de medianoche. El fenómeno natural observable en las proximidades de las geografías polares ejemplifica bien antítesis y contrastes. Esa visión de lo claro en la noche, que prolonga el día entre la sombra. Desde el inicio, Miguel Catalán asume el desvelo incansable del observador. Sabe que el comportamiento del yo es reflejo de las actitudes aleatorias del otro; por tanto, es necesario sondear su sentido para que el aprendizaje surta efectos interiores. Nada de lo humano resulta ajeno; de ahí que la ética sea siempre un relevante proceso reconstructivo. Pero hay que evitar los juicios sumarios, revestir las opiniones de calidez y argumentar con el tacto sosegado de quien sabe, como Marcel Proust, que “cualquier idea clara tiene el mismo grado de confusión que las nuestras”.
  El corpus textual, tras la entrega epifánica, abre un largo tiempo de silencio de más de doce años, pero ese acantilado temporal no varía el paisaje y su cartografía meditativa. Como si quien escribe apostara por una senda coherente, los aforismos caminan de un asunto a otro, con un paso constante. De cuando en cuando varían los ingredientes para que nunca pierdan fuerza meditativa. O hacen del humor una ventana para que salga al día la carcajada:”ANUNCIO POR PALABRAS. Se pintan casas a domicilio”.
  Como un regalo lector se recibe el material inédito de Suma breve, cuya voz siempre en guardia otea el paisaje frente a la opinión recibida y común. Los textos, breves y lapidarios, aunque a veces con un tallo argumental que los aproxima al microrrelato, marcan linden a la experiencia en su etapa de madurez. Más allá del contraste y del juego de palabras, apuntan una unidad vertebradora que confirma la permanencia del ser frente a una realidad mudable, propicia al desmontaje. La lógica interna del yo resiste la extrañeza, abre el paraguas frente a la intemperie de la contradicción y defiende la razón como brújula para buscar el norte del sentido.
 Suma breve descubre el excelente volumen conceptual del decir fragmentario de Miguel Catalán. Apunta que la lógica no es un logro en sí sino una aspiración que se aplica en solventar las contradicciones de la existencia. sobrelleva el discurrir bajo un cielo informe de nubes y claros, que obliga a caminar bajo el paraguas desplegado de la introspección. Así nace un quehacer continuo, atomizado, fresco, que tiene la claridad del manantial, esa sensibilidad que aleja la sed y empuja a sumar sin cansancio pasos nuevos. 
 

JOSÉ LUIS MORANTE




lunes, 13 de julio de 2026

EL OJO SIN FONDO

Capturas
Fotografía
Archivo general de internet


 

OJO SIN FONDO 

Todo se precipita en un ojo sin fondo 

OCTAVIO PAZ 

   Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

(De Cuentos diminutos)





sábado, 11 de julio de 2026

NADAR EN SECO

Soledad
Archivo general de Internet

 

 NADAR EN SECO
 
 
El tiempo que no tuve  nada en seco.
En él, cada brazada recolecta
el secreto de la profundidad.
Solo de cuando en cuando
rasga la superficie un hueco húmedo
cuyo fondo merece
estelas de luciérnaga.
Mas un sudor salobre
desdice la quietud,
impulsa otra brazada
hacia el perfil exacto
del subcielo.
 
No dejo que el cansancio
se carcoma en reflejos.
Sacudo el agua ausente.
En los brazos maltrechos
hay jirones de mí.
 
                          JOSÉ LUIS MORANTE
 
 
         (Del libro Nadar en seco)




viernes, 10 de julio de 2026

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. LO QUE IMPORTA

Lo que importa
Antonio Rivero Taravillo
Editorial Renacimiento
Colección Calle del Aire
Sevilla, 2015


 LO QUE IMPORTA

    Hace mucho tiempo que la poesía contemporánea dejó de ser un patio de vecinos  lleno de conflictos y con la pretensión de escribir a la contra. El presente muestra un discurso sosegado y plural. En la lírica actual conviven elementos de varias tradiciones que alientan la intención de acercarse entre sí, en el tratamiento del lenguaje y en los veneros argumentales. De esta digresión previa, la senda de Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963-Sevilla, 2025) podría ser ejemplo paradigmático. El equipaje literario del melillense afincado en Sevilla durante muchos años es copioso y diverso. A su faceta de traductor al castellano de autores como W. Shakespeare, John Keats, Robert Graves o Harold Bloom, suma cuadernos de viajes, ensayos, biografías –imprescindible su trabajo sobre Luis Cernuda-, la novela Los huesos olvidados, colecciones de aforismos y un sendero poético que abarca entregas como Farewell to Poesy, El árbol de la vida, Lejos, y  La lluvia.
   Desde su inicio, la palabra poética emplea una perspectiva realista y figurativa. El texto acoge una anécdota aparentemente menor y cotidiana y profundiza en su indagación hasta perfilar destellos cognitivos sobre el ser y el estar. De ese modo, el hilo conductor de cada salida concede al pensamiento un amplio recorrido en el proceso de percepción de la realidad y sus interpretaciones. En las composiciones de Lo que importa nos sale al paso una reflexión que aglutina casi ochenta poemas organizados en tres conjuntos. La observación del testigo directo especula con la ficción autobiográfica y con las contigencias de un yo que percibe en su acontecer diario los pliegues del asombro. Sus apreciaciones conceden al tiempo un valor añadido y resultan brújulas eficaces en los itinerarios por completar.
   La lectura, y sus efectos secundarios, constituye una actividad central del hablante verbal. Varias composiciones abundan en el sostenido diálogo con la biblioteca. Por esa escala asciende “Rey Lear”; el poeta será una ausencia en las lejanas luces del quinto centenario, pero la versión al castellano de aquel hito de W. Shakespeare hablará por él, renacido en las manos de un lector. También el poema dedicado a W. Morris, cuyo ideario se esboza en una sugerente poética final: “El hombre es narcisista: así prefiere / un espejo a su semejanza, un sucio / andrajo de dudoso gusto, / agua turbia en la que reconocerse; / nunca la claridad, la transparencia / que exigen transparencia y claridad. “
   Transita por el segundo apartado la voz de Humberto Fabbro. El mismo autor hace memoria de su encuentro con él y nos desvela unas escuetas pinceladas biográficas que no hacen sino acrecentar la certeza de que el personaje es un alter ego que añade matices al personal camino de Antonio Rivero Taravillo. Se acrecienta el registro coloquial para glosar evocaciones; la dicción se desnuda para tejer secuencias de las que emanan indicios éticos. Las idealizaciones parecen avocadas a formar la textura de un campo de cenizas. Pero no solo cambia el sesgo reflexivo; también el formato experimenta bifurcaciones, como sucede en el poema “Asta y cuerpo” donde la repetición versal establece una llamativa combinatoria.
   El tramo final, “Sala de espera” compila el cajón diverso de lo cotidiano, como si fuese una fragmentaria lectura de la realidad en clave poética. Es la cronología de un tiempo que aglutina elementos al paso –qué atinados los poemas “Ciruelas” y “Biblioteca descarrilada”- o de lugares y sitios que acentúan la ubicación del sujeto entre lo transitorio mientras se desgajan inadvertidos “trozos, migajas raspaduras”.  Las palabras alumbran un terco análisis de las formas que confluyen en el entorno y son interlocutores que borran las cesuras entre pasado y presente.
   Suele mirarse con asombro el quehacer variado y humanista. Antonio Rivero Taravillo está en el extremo de cualquier práctica monocorde. Ya se ha dicho que en su taller conviven varios géneros que se complementan entre sí. Pero es sobre todo un poeta. Lo que importa destaca por su riqueza temática, por su originalidad metafórica y por el manejo de formatos que integran el escueto esquema del haiku y el poema narrativo que se demora en la descripción de lo percibido. Y en los dos casos, el lector percibe la palabra necesaria, el poema que habla con tono acogedor. La espiral de palabras que en el ruido diario preserva lo que importa.

JOSÉ LUIS MORANTE




      

miércoles, 8 de julio de 2026

DESPUÉS DEL FRÍO

Mar adentro

 


CAPTURAS DEL OJO


No estuve, pero soy testigo.

 *

 Arena y argamasa, alza el pasado los ocultos cimientos del ahora.

 *

 Siempre lo supe; encarno un pedazo suelto de la actitud de todos.

 *

 El inasible tiempo abre lecciones para enseñarnos a llorar sin llanto.

 *

 Para salvarse hay que escalar el muro que no existe.

 *

En la oquedad de la memoria, sin hibernación, con la acronía de un fresco pintado en el aire, toda esta oscuridad.

*

La vela encendida recortó un minúsculo pedazo de noche e intenta contar un cuento antes de dormir.

*

Urgencia para vaciar la vejiga del odio.

Reconozco un camino de regreso, busco, como un quehacer irrevocable, el hilo leve del origen, pretendo desnacer.

*

Nos ahoga el mar del conformismo. La singladura borra olas, mareas y corrientes de lo traumático; nadie percibe dentro el desasistido silencio del fondo.

(Capturas del ojo)



lunes, 6 de julio de 2026

DAVID UCLÉS. LA CIUDAD DE LAS LUCES MUERTAS.

La ciudad de las luces muertas
David Uclés
Premio Nadal de Novela 2026
Ediciones Destino
Colección Áncora y Delfín
Barcelona, 2026 

 

OSCURIDAD


   La reciente propuesta ficcional de David Uclés (Almería, 1978) La ciudad de las luces muertas, tras el irrepetible terremoto literario que supuso su entrega La península de las casas vacías, en 2024, llega avalada por el Premio Nadal de Novela y una contradictoria acogida de lectores y crítica.
   El libro es, ante cualquier otra cosa, un relato coral que sirve de homenaje atemporal a Barcelona y convoca, en su caminar narrativo, a un completo inventario de personajes relacionados con la cartografía urbana de la ciudad. Incluso el paratexto de las citas iniciales es también una deuda afectiva con la emblemática urbe, en la que participan Carmen Laforet, Mercè Rodoreda y Montserrat Roig. También el prólogo, que tiene como figura central a Carlos Ruiz Zafón en el intervalo crepuscular de su despedida entre los rascacielos neoyorkinos, sirve de excusa para ubicar un visión insólita: la llegada en barco de la catedral de la Sagrada Familia de Barcelona, la obra arquitectónica de Antoni Gaudí, por fin concluida que, de forma extraordinaria, se despega de su emplazamiento convencional para huir de una contingencia inexplicable. Ha desaparecido la luz y en esa densa negrura envolvente, el discurrir en cada rincón parece imitar la silenciosa paz de un cementerio. Las construcciones respiran, vacías y desoladas, como si todos sus habitantes se hubieran acogido a una extraña ausencia inexplicable.
   Los capítulos rescatan presencias literarias conocidas, cuyo encuadre crea un clima de complicidad con el lector. Así sucede al comienzo de la novela cuando, en la grisura de 1941 en una Barcelona desangelada y ruinosa que muestra con estrépito las heridas de la guerra civil, emerge la juventud inquieta de Carmen Laforet. Una misteriosa invitación, que llega a las manos de la futura escritora de forma casual, le hace partícipe de unos pintorescos juegos florales que reivindican al amparo de la noche la celebración del catalán y la poesía. El escenario tiene mucho de propuesta teatral, por donde deambulan actores, artistas y músicos, como Paul Casals.    
   Al regreso, el laberinto urbano acoge otras identidades como Julio Cortázar, trasmutado en fotógrafo, cuyos recuerdos depuran la pretensión de buscar los pasos de la Maga en el callejero barcelonés. La libertad imaginativa dibuja un plano misterioso e irreal, cuyo tejido se trastoca de continuo. Monopolizan los enclaves reconocidos figurantes: Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Jaime Gil de Biedma y Simone Weil. Son nombres que postulan un yo narrativo enriquecido por incontables referentes culturales.
  Aunque el estilo de David Uclés es mucho menos exuberante que en su libro anterior, no pasa inadvertido el propósito de buscar un lenguaje más despojado y comunicativo que explora también algunos recursos formales como el texto manuscrito o páginas negras en las que se personifica el apagón y la textura de un tiempo que siembra oscuridad en cada rincón y trastoca la sucesión lineal de la cronología. El complejo estar se debe a una contingencia ilógica que desconcierta al mismísimo Pablo Picasso, visitando una librería que contiene ediciones del futuro.
   En este estado de oscuridad perpetua, la ciudad asume un desconcierto de tiempos y ambientes. Es un lugar inquietante con textura onírica, cuya naturaleza nadie acierta a comprender. Se genera una compleja situación política que siembra el caos cívico. Épocas, acontecimientos y personajes, solapados de continuo, crean una atmósfera de imaginación y fantasía que convierte las calles y plazas en escenarios imposibles y caóticos. La paz social finiquita, como si sobrevolara sobre cualquier existencia un cataclismo inabordable. Aquel mínimo deseo de la joven Carmen Laforet -el personaje vertebrador del relato- de aspirar a ver la Sagrada Familia con luz perenne, más allá de cualquier oscuridad, ha generado una densa sombra sobre lo diario, a la que se buscan explicaciones ideológicas y beligerantes.
   Uclés afirma el hilo narrativo con apariciones instantáneas de nombres propios ligados a la ciudad, que alguna vez fueron activos protagonistas del arte, la cultura o la vida social. Esa riqueza nominal de personajes genera asociaciones insólitas y añade a la lectura distintos planos de comprensión y significados simbólicos, no exentos en ocasiones de una persistente gratuidad en la ramificación argumental. El caudal digresivo genera desconcierto y rompe el ritmo lector, hace que la lectura no encuentre un ritmo pausado, esa maravillosa cualidad de otras novelas que hicieron de Barcelona un escenario inolvidable como las de Eduardo Mendoza y Juan Marsé, tan distintos, tan sólidos, tan dispuestos a crear sensaciones de añoranza y nostalgia ante el experimentalismo desbordado de David Uclés.

José Luis Morante



 
 
   

sábado, 4 de julio de 2026

EREMITAS DIGITALES

a solas
Archivo digital
de
Internet

 

EREMITAS DIGITALES

 

   Acostumbrados al paso lento de la edición tradicional que llevaba el manuscrito hasta la imprenta, el blog sorprende por su disposición e inmediatez para acoger cada uno de los escritos seleccionados, sean estos asuntos personales o impresiones lectoras. Las entradas se suceden con apremio y  la escritura no conoce descanso; nada queda del latido acompasado que, con morosidad, analizaba las pautas de un momento histórico o los estados de ánimo de una identidad concreta. Hay que aceptar un axioma de partida: lo que se publica no se somete al mutismo de la distancia para que acreciente sabores y cualidades. El blog exige una caligrafía de la urgencia que no se extravíe en digresiones; marca un itinerario sin rotondas con la promesa de una receptividad colectiva, tangible y medida con exactitud por el contador de visitas que, además, nos deja una cartografía diferenciada de lectores habituales y esporádicos.
   Como en cualquier manifestación escrita, la función última del blog es caminar juntos sobre la geografía del lenguaje, superar ese nuevo formato de aquella vieja torre de marfil, de aquel exilio en lo individual, meditando la quiebra de ilusiones vitales y el aplazado viaje a tantos paraísos perdidos. La pantalla encendida del ordenador nos convierte ahora en tercos eremitas digitales.
 
                                                      JOSÉ LUIS MORANTE