miércoles, 16 de octubre de 2019

EDDA ARMAS. FRUTA HENDIDA

Fruta hendida
Edda Armas
Prólogo de María Ángeles Pérez López
Cubierta e imágenes interiores de Fernando Adam
Kalathos Ediciones
Madrid, 2019



APETITOS, RENUNCIAS


   La presencia de Edda Armas (Caracas, 1955) en el espacio lírico de Venezuela se define muy pronto, en 1975, cuando sale al día su primera cosecha Roto todo silencio. El libro aglutina casi cincuenta textos que enlazan aporte sensorial e indagación reflexiva. Así nacía un discurrir fecundo formado hasta el presente por dieciséis poemarios. Un cuerpo sólido que ha recibido notables reconocimientos y está representado en antologías como la imprescindible Rasgos comunes, poesía venezolana del siglo XX (Pre-Textos, 2019), con selección, prólogo y notas de Antonio López Ortega, Miguel Gomes y Gina Saraceni. En esa muestra se define un breve ideario de Edda Armas, psicóloga social, gestora de eventos culturales, profesora de talleres, editora, antóloga y poeta, y se apunta el giro de trayecto desde una expresión concisa hacia un ángulo de visión con mayor densidad narrativa.
  El camino personal integra en 2019 Fruta hendida, salida que cuenta con el prólogo “Si la memoria es una fruta y es un país” de María Ángeles Pérez López, poeta, profesora universitaria y directora del Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca. Edda Armas refuerza el carácter simbólico del título con un aforismo acogido entre las líneas iniciales: “escribe en el deseo de hilvanar lo esencial con memoria de espinas”. Con selecta dicción, el prólogo enuncia que Fruta hendida, cuya imagen de cubierta reproduce un hermoso bodegón de Fernando Adam, hace de las líneas del discurrir contenida materia de lenguaje. Lo real muda en lo inasible intacto; perdura, permanece, se asienta en los pliegues de la evocación como atinada valoración del instante. Al cabo, como escribe Sylvia Miranda en el poema “Arar”: “Toda fruta es una palabra”.
   En el apartado “Cuando evocar se hace fruta” el sujeto poético incide en el desgaste horizontal del tránsito, hecho anclaje de grietas y erosiones. Aún así, los elementos cercanos, con su textura heterogénea, asoman a la mirada del yo como terapias sensoriales capaces de alejar los fantasmas mudos del conformismo. Nunca son formas ornamentales. La belleza está ahí, tangible y transparente, mostrando al sol el hilo de la vida propicia a conjurar el infortunio. Los poemas no ocultan las derruidas paredes, pero tras las grietas del día perciben una hondura fértil en la que se cobija la esperanza. En el interior de las palabras nace un querer renacer, una energía etérea, como el pasar mudable de las nubes, donde adquieren fuerza brotes nuevos. Lo perdido retorna, compone dentro un paisaje interior, es una fruta hendida que contiene la pulpa vivencial de la experiencia y la claridad sensible del retorno. Esa sensación de patrimonio intacto abre los sentidos a una contemplación gozosa de frutos y aromas. Queda todavía mirar hacia adelante: “Las flores abiertas nunca secan”.
   La sección “Carbunclo de fructosa” integra una línea aclaratoria:”Seres que arrima la marea”. Es una clave iluminadora que advierte de quiénes son los protagonistas que habitan los poemas. Así, la composición “Mar de origen” alienta un homenaje al padre, el escritor Alfredo Armas Alfonzo, protagonista de un recorrido literario ejemplar. Se advierte de inmediato el impulso germinal en la vocación de Edda Armas, quien también se hace indagación en el poema a partir del nombre propio. Son compañía en el libro abierto de la memoria el recuerdo de Elizabeth Schön, la callada vigilia de árboles y pájaros en ese jardín umbrío que siembra los recuerdos de aromas familiares, o la arquitectura castellana de Salamanca. En ella, la piedra tallada grava, con terquedad, el sueño transitorio de monstruos, mitologías y personajes históricos. Retornan ecos de Fray Luis de León y Miguel de Unamuno; llegan hasta el ahora como sueños recurrentes y transitorios que a nadie pertenecen.
   A esa sucesión de perfiles se incorporan Francisco de Asís, Tamara del Jesús o Frida Kalho. Son voces que perseveran como fragmentos mínimos de otros días y que dejan su lección vital sobre lo desvaído, como si fuesen manos que sostienen y dan raíces a los días marcados por la desposesión.
   Como estación final del poemario, el apartado “Si fruta fuese país” expande una meditación sobre el dolor. La sensorial metáfora que enlaza fruta y país se resiste al derrame del gris sobre las cosas. Se perciben en el árbol familiar las raíces secas y crecen las ausencias. Es necesario sujetarse al vacío y encontrar casa en otra parte. Quien permanece, soporta el filo punzante de las despedidas o mira el caos con las pupilas de la infancia, en cuyo trasfondo duerme en silencio la conciencia carnal de la experiencia.
   Fruta hendida conforma un cuerpo tonal de colores y luz frente al abatimiento y la disgregación. Niega la desoladora contingencia de un tiempo de derrumbes para mirar una naturaleza esclarecida por la belleza y el conocimiento. Hace de la palabra un sentir vivo de canto y esperanza, de regresos que vuelcan su mirada en el cristal del tiempo.




martes, 15 de octubre de 2019

NEVADA

Alud en la ruta del Cares
Imagen de
Diario de León


NEVADA


  En la atroz ventisca, casi desfallecido, busco resguardo tras una roca. Frente a mí un espacio inclinado de blancura intensa, sin rasgos, sin marcas, sin huellas. Cierro los ojos largo tiempo, casi adormecido por el alud. Tarde, junto a mí aprieta su piel, densa, tangible, fría, un animal. Sigo con los ojos cerrados. No importa si es oso, perro, lobo o ciervo. Allí permanecemos uno al lado del otro mientras cae la noche y pasa la tormenta.
  La compañía es refugio, camino hacia el vacío, el acto salvador que nos anuda.


(De Cuentos diminutos)


domingo, 13 de octubre de 2019

JEAN PORTANTE. LA REINVENCIÓN DE LA SOMBRA

La reinvención de la sombra
Jean Portante
La Garúa Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2019



EL TEMBLOR DE LA PÉRDIDA


   El periplo creador de Jean Portante (Luxemburgo, 1950) da voz a un amplio despliegue que integra poesía, novela, traducción y colaboraciones habituales en medios de comunicación. Sospecho que ese activo abanico literario se cimenta en una pulsión afín, que actúa como catalizadora: la escritura es el cuaderno blanco de un nómada; una forma de mirar la realidad y de dejar memoria de sujetos, paisajes y sucesos. Eso justifica de entrada la dedicatoria de La reinvención de la sombra al pueblo de san Demetrio, el municipio italiano donde vivieron sus padres, destruido por un terremoto en los primeros días de abril de 2009.
 La escritura del volumen se ordena en seis tramos heterogéneos, tanto en su línea argumental como en su formato expresivo. El primero, “Lo que adviene o no adviene” aborda el papel de testigo desde el trazo objetivo. Incide en el estar como pautada contemplación que ayuda a saber quiénes son los demás y quién es ese intruso que habita en nuestros espejos. Hay que percibir para abrazar indicios y abrir grietas por donde se deslicen las palabras. Para dejar testimonio de la destrucción y el vacío. Esa visión entornal describe la sombra y la desposesión como indicios callados del misterio. En un instante llegó la incertidumbre como larga noche que tendió sobre las cosas su oscuridad más densa. La conmoción del temblor traza una línea firme entre la vida y la finitud. Se hace espanto en el que desaparece la semilla del tiempo. Nada permanece en su sitio, solo el propósito de un destino cumplido que condena a la nada o al exilio.
   La destrucción enciende la necesidad de partir, hay que dejar la casa para buscar el sur, un refugio ajeno cuyos contornos nunca se definen. Desde ese enfoque nacen las composiciones de “El fabricante de sur”. Más intimista, la palabra focaliza los pasos de una presencia en el túnel, empeñado en un quehacer obsesivo y tenaz. Los versos reiteran, como mantras, la oración del inicio: “Cae una hoja y se diría…” El estar es búsqueda, indagación en lo temporal, esfuerzo para bucear entre las sombras. La respiración desvela por qué el aire es una lluvia de cenizas y muerte; de manchas que borran el azul del cielo. La hoja se convierte en permanente símbolo de la caída, en invierno, en tacto frío que no sabe encontrar el porqué.  Como si la vida se retractara de lo luminoso, las voces se cobijan en un espacio interior. Lo que permanece fuera ya es pasado, un antes del temblor que solo respira en la memoria. Solo así se concibe el jardín, solo así retornan los brotes nuevos y el olor y las formas. El presente niega la inocencia, tose con el rencor de quien solo tiene entre las manos el rastro de algún sueño. Los días contienen esos instantes en los que el sujeto descubre los restos de otra existencia, como quien abre un cajón y se recrea contemplando viejas fotografías. Son el patrimonio afectivo de otra época, cada vez más insólita y lejana, como un rumor oscuro que se va apagando en el callado círculo del día.
   No hay en “Los errores de la luz” un cambio temático, pero sí un cuidado mayor en la distribución estrófica. Todos los poemas integrados en este conjunto presentan la misma disposición versal. Perdura el sur como espacio mítico y celebratorio frente a la parquedad visual del lugar de la pérdida. Son los espacios tallados por la luz contrapuestos a los linderos ocres de la sombra y a sus calles repletas de extrañeza.
   El cauce de La reinvención de la sombra integra en su tramo final el despojado estilo de la crónica. Las composiciones se convierten en fragmentos de un diario que ubica los pasos nefastos de la catástrofe. Retornan los lugares del terremoto y sus efectos, y esa impotencia de quien sabe que el lugar de la infancia, tan repleto de destellos vivenciales, quedará para siempre sepultado bajo los escombros: “El terremoto ha quebrado mis raíces. / ¿Cómo vivir con tantas raíces en ruinas?”
   Conviven en las secciones del libro las traducciones de Jorge Miralles, Víctor Rodríguez Núñez, Carlos Clementson, José Reyes de la Rosa, Antonio R. López, Suzana Cella, José Reyes y José María Olguera. Todos ellos convierten las versiones al castellano no en meros ejercicios de literalidad expresiva sino en secuencias básicas de una historia que enlaza belleza y destrucción. Como en un ejercicio de desposesión que fragmenta y anula hasta definir la nada, el devenir se convierte en un catálogo de imágenes que lastra los sentidos de impotencia.
   Más que la reconstrucción de un evento trágico desde la mirada de un poeta, La reinvención de la sombra da voz a la pérdida de un espacio interior. Los poemas confrontar el largo instante de la epifanía y el asombro con la nube negra de la finitud. Las palabras rehúyen la divagación para sentirse asideros de lo que permanece. Para vibrar de nuevo con la quietud de una semilla que aguarda en la mañana, significante, activa, fuerte, otra amanecida.

 

viernes, 11 de octubre de 2019

CARENCIAS FÍSICAS

Caballo de Troya
Fotografía
de
Internet



CARENCIAS FÍSICAS

Haber nacido me arruinó la salud

CLARICE LISPECTOR

  Mi ausencia de sentido del humor se incrementa cuando aparecen algunas carencias físicas como la otitis; la pérdida auditiva transforma voces y ecos en veces y ocas, una alternativa verbal que no oculta la magia del relato.

   Hay sueños que estremecen por su voluntad de personalizarse en cuerpos concretos. Nacen desde la urgencia y recorren distancias entre la realidad y el deseo con el paso eficaz de quien no teme nieves ni humedades.

   Cuando discuto conmigo, me cuesta refutar mis argumentaciones.

   Esa precisión matemática de internet que contabiliza con exactitud el número de amigos, que me pregunta qué estoy pensando y que avisa, con paquetería de urgencia, quién cumple años, me deja entre las manos la certeza de que caminamos hacia un mundo feliz, hacia esa sociedad tecnológica hecha de exactitud donde vivir es lo de menos, pura contingencia.

   Comienzo hoy una etapa de colaboración literaria con una revista mexicana de hermoso diseño. Debo trazar un camino poético de voces relevantes. Es uno de esos encargos que sumergen en la claridad de la alegría. El ahora contiene muchos y buenos poetas, amigos y maestros.

   La salud ignora su naturaleza de paréntesis; es una funambulista sobre un cable sin red.

(Apuntes para el diario)



jueves, 10 de octubre de 2019

OTOÑO. VOCES Y ÁMBITOS

La brisa de la tarde
(Ávila, 2019)
Imagen
de
Adela Sánchez Santana



OTOÑO, VOCES Y ÁMBITOS

Si la brisa de la tarde
serenó luego los ánimos

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

   Concluyen dos semanas de insólita intensidad social y arranca otra forma de medir el tiempo con la mirada abierta al estar solo. Un discurrir propicio a descubrir voces y ámbitos en la callada quietud de la lectura, como enunciaba aquella primera novela de un jovencísimo Truman Capote.
   Abro fechas de entrega a trabajos pendientes y selecciono los libros finalistas de un concurso literario; trazo otros caminos que irán tomado asiento en este blog, cuando desplieguen sus ángulos ante los sentidos curiosos de quien busca conocer.
   Todo espacio vital se amplía en otros y nadie queda fuera de esa sensación de vecindad que impulsa a descubrir. Para enaltecer lo propio con conocimiento de causa es necesario frecuentar lo ajeno. Cada viaje por el conocimiento permite contrastar detalles y ambientes, deja que lo percibido muestre afinidades y diferencias. Un cambio de horizonte aloja elementos nuevos con los que la realidad se completa a sí misma. La posibilidad del encuentro busca una implicación directa. No quiero ser el testigo que mira acontecimientos a la distancia justa para que las emociones no se sobresalten. Pienso, como defendieron los románticos en su literatura, que cada paisaje no es más que la apariencia exacta de un estado de ánimo.
  Como en el entreacto del teatro, no acaba aquí la historia; recupero aliento y vuelvo a casa, a la mesa repleta de libros por leer, al silencio auroral de la poesía, a las cosas de siempre.

(Páginas del diario)

  

miércoles, 9 de octubre de 2019

VERÓNICA JAFFÉ. DE LA METÁFORA, FLUIDA

De la metáfora, fluida
Verónica Jaffé
Prólogo de  Igor Barreto
Edición de
Marina Gasparini Lagrange
Visor Libros / Fundación para la Cultura Urbana
Madrid, 2019 


PLUMA, CLARIDAD Y BLANCO


   La muy aconsejable lectura de poetas venezolanos contemporáneos fortalece la creencia de que el mapa lírico actual es una geografía creadora extensa, definida por su riqueza y diversidad. Entre las sendas más fuertes no existe un sustrato monolítico ni unitario sino un litoral abierto en el que cada escritor completa singladura con los propios interrogantes.
   Verónica Jaffé (Caracas, 1957) encarna un yo biográfico que articula un quehacer muy activo. Licenciada en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello, estudió Literatura Alemana y ha ejercido largo tiempo como docente e investigadora. Así mismo, dirigió revistas literarias y ha firmado un amplio trabajo ensayístico. Su cauce poético tiene su epifanía en 1991 con El arte de la pérdida y se prolonga con las entregas El largo viaje a casa (1994), La versión de Ismena (2000) y Sobre traducciones. Poemas 2000-2008 (2010) que aglutina aportaciones al espacio verbal de obras plásticas.
  Como traductora impulsa ediciones bilingües de Gottfried Benn, Else Lasker Schüler y sobre todo de Hölderlin, de quien versionó Cantos hespéricos (2016) en una bellísima edición enriquecida con imágenes. El prólogo del poeta Igor Barreto apela al magisterio crucial que Hölderlin ejerce en el ideario estético de Verónica Jaffé, “una poeta daimónica porque es dueña de una voz interior de sabiduría natural, no preceptiva”. Igor Barreto acerca también la sobrecarga tensional de una experiencia de indagación marcada por el exilio. No resultas ajeno a esta mirada el anquilosamiento en el devenir histórico de Venezuela de un poder autoritario, confrontado con la libertad individual y responsable de un larga incisión de la convivencia. No es una poesía de la denuncia sino el magma interior de una sensibilidad angustiada que hace del lenguaje instrumento conciliador y estrategia cognitiva de iluminación.
   Los apartados del libro se organizan con un criterio temporal. Los más tempranos corresponden a 2009 y muestran en su despertar un destello irónico, visible en los versos de “Poema, caracol”, composición con un cierre ético conclusivo: todos portamos caparazones en nuestra identidad, a veces como refugio y otras como necesarias excusas para resguardar contradicciones y conflictos internos.
   En otros poemas se oye la memoria. Deja sus sílabas entre el sueño y el despertar para recalcar la indefensión del sujeto frente a la intemperie, esa soledad del estar con las palabras y con la necesidad de decir. En este tramo expresivo, Verónica Jaffé da al título de cada texto una función semántica, bien como fragmento del verso de apertura, o como señal para abordar el sentido implícito en el cauce argumental.
  Como cierre de este primer apartado temporal la escritora apunta una poética de la levedad: “Después pensé que la poesía / era para lo pequeño / (y no sólo por las / aliteraciones). “. El sujeto verbal, frente al desaforado optimismo de los que suponen en el verbo poético una denuncia, una vía de superación o una catarsis sentimental, reconoce la humildad del lenguaje, su estar confinado en la estrechura para sumar recuerdos y palabras. Sin más “levedad y ocasión / de pluma y claridad / y blanco”.
   El arranque del conjunto “2010” parece dar voz a lo colectivo; Caracas se define como ciudad del miedo y el yo subjetivo comparte su estar angustiado con el malestar cívico de los que sienten alrededor el vacío y la ausencia. Pero el poema no es grito prosaico sino exploración y, por tanto, los versos siguen con sus juegos fónicos e imágenes.
   Resalta en el apartado un homenaje a Paul Celan y a las circunstancias trágicas de su muerte, de las que parte la reflexión sobre la condición de extranjero. Quien respira el oxígeno de otra lengua y otro país se adentra en un hábitat de extrañeza, donde  resulta complejo la definición del pensamiento subjetivo en el decurso circunstancial.
   La reflexión sobre el proceso indagatorio de la traducción y sus efectos es un tema que cobra relevancia en poemas. En ellos, el fluir es un principio básico. No se trata de volver a la fuente sino de explorar dónde concluye, qué arrastra, cuándo cambia de dirección. Sobre esta metáfora del fluir, la traducción alza sus cimientos para hacer del blanco y lo eventual una cala en lo perdurable.
   Resalta en De la metáfora, fluida la cobertura temática. En el conjunto “2011” volvemos a encontrar un pacto verbal entre lo sublime y lo pequeño. La contemplación elogia, como en Hannah Arendt, el paso contingente de la belleza, pero también vuelve los ojos hacia el legado histórico para buscar las consecuencias de los fundamentalismos revolucionarios que hacen de las ideas una oscuridad abrumadora y una incitación común al desvarío, que solo aporta una grafía estremecida del rencor de la que tampoco el verso sale ileso. También lo diario siembra una sensación de fragilidad y pérdida, un discurso temporal en el que los años se van sucediendo; son secciones de un libro de interrogaciones que deben traducirse como complejos textos, a veces sin sentido.
   Son abundantes las composiciones que bucean, no de una manera dogmática sino como un tema de indagación que exige un desvelo de la voluntad, la razón del poema. El quehacer metaliterario se aborda mediante símbolos, se hace causa y camino de la lógica, se recupera como fragmentos dispersos que hacen de la lógica un misterio abierto. Se compara el poema con el país, como dos realidades cercanas y aleatorias que comparten una geografía apenas legible: “De la metáfora, fluida / forma: esas gotas / y la forma / informe. / Que la forma / da la meta / y la meta / la forma”.
   La propuesta poética de Verónica Jaffé nace desde la inconformidad. A veces resulta extraña por su alejamiento de lo enunciativo y por su querencia por un decir alógico y fragmentado que hace del lenguaje una traducción ávida de luz. Ávida y personal nos propone en De la metáfora, fluida una selección de poemas de casi un lustro de escritura que hacen de la palabra exactitud y búsqueda, un compromiso táctil con la memoria y una lucha contra la anestesia del poder. También una insubordinación frente al sentimentalismo gastado desde un orden expresivo que añade intertextualidad y nuevos matices. Que hace del poema un camino que no se sabe dónde, una metáfora que busca forma y traslada.





      

lunes, 7 de octubre de 2019

AFORISMOS DE LA ESPESURA

Templos de Angkor (Camboya)
Noviembre, 2017
Imagen de
José Luis Morante




AFORISMOS DE LA ESPESURA


Si somos sinceros, debemos reconocer
que debemos mucho a nuestros enemigos

RAMÓN EDER ( El oráculo irónico)


Soy tan raro que para reconocerme mi conciencia me pide el DNI.


Hay relaciones personales que tienen la duración de un aforismo y menos contenido.


En la madurez los sentimientos exigen estructuras elaboradas, escenarios con luz natural y narradores distanciados. 


Se quedó solo. Ahora recupera minerales en la galería de los desafectos.


El pudor convierte a la confidencia en un movimiento de ajedrez.


Presencias como reglas ortográficas; compañeros de viaje que son comas, puntos finales y puntos suspensivos.


Carpe diem. Quemó todas las naves. Mientras duró el incendio percibió su calor.


Un presente incierto. Piensa en la belleza, en zapatillas y sin afeitar; sólo mis gafas mantienen una pose aceptable.


La voluntad del cínico prefiere ideologías de alquiler.


Futuro; esa aspirina diluida en el agua fresca del fracaso.


Para hablar de ti, empleo un silencio en cursiva.


La semana no empieza bien; es lunes cada miércoles.


Andar extraviado tanto tiempo me deja ante tu puerta. Llamo al timbre. Espero.

(Selección mínima de aforismos)