martes, 21 de enero de 2020

EXÉGESIS. UNA EXPERIENCIA TRANSDISCIPLINARIA

EXÉGESIS
UNA EXPERIENCIA TRANSDISCIPLINARIA
SEGUNDA ÉPOCA, Nº 2, AÑO 32
Otoño 2018-Primavera 2019
Revista de la Universidad de Puerto Rico en Humacao
Biblioteca Águedo Mojica
Apartado 860, Humacao, PR 00791
Diseño general: Carlos Roberto Gómez Beras  


 ARCHIPIÉLAGOS DE PAPEL


   La amplia carga de contenidos de interés de Exégesis  y su excelente diseño formal convierten esta revista transdisciplinaria en un completo archipiélago de papel. Aglutina en su bagaje anual una propuesta repleta de contrastes y paisajes creativos. Tras la carta de presentación del editor que realza los distintos recodos del sumario, abren POIESIS tres voces líricas asentadas en el espacio peninsular, Mónica Manrique de Lara, Pablo Blanco y Farah Fallal, cuyas estéticas basculan entre el intimismo erótico y celebratorio y el verbo reflexivo ante un tiempo colectivo de incertidumbre, proclive al desajuste.
   En el tramo dedicado al ensayo, EXÉGESIS, la revista oferta un abierto horizonte argumental. Desde la mirada  de Luis N. Rivera Pagán se recupera el legado existencial y ético de Antuliano Bonilla Parrilla, una de las figuras cimeras de la historia  eclesiástica y social de Puerto Rico. El trabajo abre una selección de andenes críticos y estudios sociales de muy diverso calado: entre ellos los que exploran el yihadismo caribeño en Trinidad y Tobago, a cargo de Efraín Vázquez Vera, que advierte sobre la capacidad del estado islámico para exportar células activas en aquellos países que incumplen compromisos internacionales y carecen de un tejido elemental de prevención y defensa contra el terrorismo. La vulnerable presencia de la mujer y la educación sexista que reciben las niñas latinoamericanas lastran los avances educativos y exigen un destierro de arquetipos en la educación que fomenten la igualdad y los derechos sociales paritarios; ese es el tema que elabora la retina crítica de José Manuel Encarnación. Cierran la sección trabajos de Edil F. Carmona,  Carlos Rubén Carrasquillo Ríos, Alinaluz  Santiago Torres y Fernando Operé. El carácter magmático hace que no se perciba un recorrido lineal sino una yuxtaposición de enfoques de enorme diversidad en la que caben el cine, la ecología, la música o los estudios monográficos sobre presencias literarias. Edgar Soberón Torchia galvaniza la memoria sobre el cine de terror en México en el intervalo temporal que dura desde 1953 a 1978, mientras que Chemi González escribe sobre Cold War la película más reciente del director polaco Pawel Pawlikowski. Hay enfoques sobre la inteligencia artificial, como el de Ofelia Berrido. Se explora también el nuevo tiempo demográfico que requiere campos de investigación y estudio como la prevención sanitaria y las vacunas, o los análisis ecológicos del entorno natural  en Humacao tras el paso del huracán María a cargo de Raúl A. Pérez Rivera.
   En la sección LECTORUM conviven trabajos como el de Juan Casillas Álvarez, dedicado a La batalla por el paraíso de Naomi Klein, el de Zoé Jiménez Corretjer en torno a La casa de la Forma de Joserramón Meléndez o un acercamiento a la poesía chilena contemporánea... 
   Por último, DOSSIER hace una intensa exploración del ahora poético español con estudios monográficos en torno al itinerario creador o a títulos concretos del trayecto, en las voces críticas de Francisco Javier Gallego Dueñas, que centra su enfoque en Rosario Troncoso y José Luis Morante; Francisco Vaquero que retorna al universo poético de Federico García Lorca, Antonio Cruz sobre el quehacer poético de Hilario Barrero; Gregorio Muelas  Bermúdez, en torno a la obra de Blas Muñoz Pizarro; José Antonio Olmedo López-Amor que sondea el amplio recorrido de Ricardo Bellveser; Jesús Cárdenas que disecciona los haikus de Gregorio Muelas y Carlos Castilho Pais,  o Luis Moliner que centra su análisis en Cinco, de Teresa Garbí y José Iniesta publica una amical presentación del arranque aforístico de Roger Swanzy, junto a otros enfoques que completan el reseñario de Exégesis.
   En la coda MAGISTER, Cruz Miguel Ortiz Cuadra, en torno a la olvidada trilogía que componen comida, alimento y cocina en la historiografía puertorriqueña,
    El conjunto expuesto en las páginas de la revista deja una perspectiva creadora pujante y llena de fuerza, enriquecida con abundantes particularidades temáticas que amplían la generosa tradición puertorriqueña; solo falta una correcta distribución que permita el disfrute de un público hispanoamericano que complete el contexto universitario de Humacao y abra nuevos mapas e intereses.   






lunes, 20 de enero de 2020

BEATRIZ VILLACAÑAS. ASTROLOGÍA INTERIOR

Astrología interior
Antología poética
Beatriz Villacañas
Editorial Deslinde
Colección Poesía
Madrid, 2019


 SOBRE LA EXISTENCIA



    La amplia relación con la escritura de Beatriz Villacañas, Doctora en Filología y profesora titular de literatura inglesa e irlandesa en la Universidad Complutense de Madrid, concreta una encrucijada que entrelaza ensayo, ficción narrativa, indagación crítica, laconismo aforístico y poesía, este último género, sin duda, columna vertebral de su taller creativo. La realidad poética conforma un  paisaje interior, es una búsqueda de respuestas que intenta responder a las preguntas esenciales de la identidad; la palabra es epifanía y espera, revelación y aprendizaje, lenguaje vivo para enunciar las secuencias afectivas que se van marcando, casi inadvertidas, en la piel del tiempo. Esa razón de amanecida se describe en nota inicial, con solvente lucidez de cuaderno de viaje,  Dice Beatriz Villacañas, en los párrafos de “Astroantología”: “desde el asombro que causa la vida, con su misterio, junto con la belleza y el amor, que contrastan con sus opuestos, los que también la vida trae causando grave herida, vienen estos poemas. Y paradojas de la vida y la poesía, también estos poemas se nutren de certezas, la certeza de la misma incertidumbre, la certeza de lo desconocido e imposible de conocer, la certeza de la duda…”.
  Desde los años han ido llegando entregas que ahora se recuperan para completar una selección de andenes del largo viaje por la poesía. La muestra comienza con Jazz, que obtuvo un accésit del Premio Esquío en 1990. Clarifica el punto de partida de un ideario de línea clara, con dicción transparente, que aglutina confesionalidad y temporalismo, esa voz interior que emerge para encauzar el manantial emotivo del sujeto sobre la vulnerable superficie en calma de lo cotidiano. La música se hace símbolo del decurso existencial, suena como un sueño intangible y esquivo, ajeno a cualquier atadura, que borra la decepción de lo real para habitar la casa de los sueños.
  La segunda ventana Allegra Byron (1993) abre sus argumentos al entrañable rumor de la memoria. La evocación se hace puente de paso entre el pretérito y el ahora para que crucen aquellas lejanas fotografías de la infancia. En el contraluz de la rememoración retorna la niñez con sus muñecas y guiñoles, con ese aura de pureza y onirismo que propiciaba habitar el otro lado del espejo, el lugar donde respira todavía una clandestina inocencia que el tiempo ha ido llenando con la ceniza gris de lo perdido.
   Reconocido con el Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Toledo”, El silencio está lleno de nombres añade al ideario de Beatriz Villacañas una nueva seña: la ironía; como si fuese un recurso que velara el intimismo confesional y pusiera distancia con los trazos vitales, en los poemas germina la alegría del vitalismo; se hacen espacios habitados por sensaciones que acercan la sonrisa en sus propuestas argumentales. Otra cualidad del poemario es el venero culturalista, la apropiación de personales literarios y nombres propios para reactualizar su significado; Aquiles y W. Shakespeare emergen de la historia cultural para ser presencias vulnerables a las convulsiones del tiempo.
   Dublín, editado en la Colección Provincia de León en 2001, tras ganar el Premio Primera Bienal Internacional Eugenio de Nora, es uno de los títulos esenciales del trayecto. En el poemario resalta la pericia formal en el uso de la lira como esquema versal y la recreación ambiental de la geografía urbana dublinesa, esa ciudad umbría bañada por el Shannon, que guarda todavía en sus laberintos los pasos de James Joyce, Óscar Wilde o Frank McCourt. Es inevitable también, al emprender la lectura de este libro, recordar a Juan Antonio Villacañas, progenitor de Beatriz, e importante poeta formalista que hace de estrofas cerradas como el soneto y la lira moldes abiertos de remozada pujanza.
   La cadencia escritural prosigue en la primera década digital con el poemario El ángel y la física, con un tema predominante, el impulso erótico en el que el cuerpo se hace senda propicia a la plenitud de lo celebratorio. El tacto carnal de Eros irrumpe en los sonetos para enunciar su fuerza sobre el día; la identidad oculta una locura íntima que es pasión y deseo, fuerza nutricia que conduce al otro.
   Entre los textos seleccionados de este libro resalta “Astrología interior”, que da título a la presente antología. Es una composición fragmentaria que destaca por su variedad argumental. Como si el sujeto verbal se sometiera a una intensa exploración interior, los versos sondean el quehacer metapoético desde una sintaxis aforística que busca lo esencial: “una idea libando la flor del pensamiento”, o que aporta una densidad metafísica a la palabra: “Y quedémonos ya / en este hueco, / aquí, junto a la inmensidad de lo invisible”.
   Como suele ser norma en las antologías de autor, las entregas más recientes aportan a la selección muchos más poemas. Es el caso de La gravedad y la manzana (2011), otro de los hitos de la escritora, que fue propuesto en su día para el Premio Nacional de Poesía y donde convergen monólogos dramáticos, como “Monólogo de Frankenstein”, poemas amorosos, homenajes literarios, poéticas, y aforismos como los recogidos en ”Plato de certezas”.
   También el libro Testigos del asombro  (2015) tiene una presencia colmada y se define por elegir el esquema versal del haiku como forma expresiva. La evolución en el tiempo de la estrofa japonesa, ya muy lejos de ese instante de contemplación ensimismada y de su pulsión temporal del instante, adquiere en los breves textos de Beatriz Villacañas una luminosa clarividencia. Están el sujeto frente a la contemplación celebratoria de la naturaleza, el intento de responder a los callados enigmas del tiempo o las secuencias de la realidad que nunca ocultan su asombro y su chispazo de belleza.
   La barbarie fundamentalista del 11-M, que llenó de sangre y desolación los trenes de Madrid es la razón de ser del poema Cartas a Angélica, una secuencia de liras escritas como afectivo recuerdo a Angélica González García, víctima del atentado y alumna universitaria de Beatriz Villacañas. Descanse en paz y siga intacto su recuerdo en el tiempo.
   Ya he comentado el legado afectivo y el magisterio literario de Juan Antonio Villacañas en este quehacer de escritura. Se reverdece en el poemario El tiempo del padre (2016), cuyos textos son preclaro homenaje, evocación y elegía. Los recuerdos se pliegan sobre sí mismos para traer ante la aurora los días comunes, esas vivencias que se proyectan en el ahora. Más allá de la herida de la ausencia, retorna la asunción de un legado luminoso que dignifica el tiempo con una nueva mirada y se mantiene inalterable como un preclaro ejercicio de fe: “Qué nueva identidad me dio tu muerte, / qué nuevo amor con el que hablo contigo / me dio un lenguaje libre de palabras  y un infinito amigo”.
   Sirve de coda a la antología, junto a los poemas finales dispersos por revistas y publicaciones digitales, La voz que me despierta, una entrega aparecida en 2017. De nuevo se constata la honda preocupación formal y el recurso de las estrofas cerradas que exponen al lector los aciertos rítmicos, la cadencia sonora de la rima consonante y el preciso medir del verso ajustado a un esquema canónico. Así nace una poesía más reflexiva en torno a la voracidad del tiempo y sus aleatorios vuelos que poco a poco nos van dejando frente a la intemperie, sumidos en un hondo principio de incertidumbre. La voz que te despierta es el poema, esa pasión que abre el pecho a una incansable búsqueda, que es voluntad despierta y desafío de nombrar lo que no tiene nombre pero está entre las coordenadas precisas del silencio.
   Una breve selección crítica refrenda en el cierre de Astrología interior lo que el aplicado lector descubrirá de inmediato. Beatriz Villacañas es activa protagonista de un recorrido poético, completado con pleno dominio del ropaje formal, inscrito en una larga tradición figurativa en el que encuentran sitio los temas esenciales del poema, siempre aurorales por su incansable capacidad asociativa. Con voz personalísima su tono lírico proclama cada día la permanencia del milagro, esa aurora feliz de la poesía.

José Luis Morante                     

 


domingo, 19 de enero de 2020

LÍNEAS DE SOMBRA

Formas al vuelo
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


LÍNEA DE SOMBRA

Vaciar un corazón hasta que solo quede el molde...

ERIKA MARTÍNEZ



A diario mantengo el cívico disfraz de la esperanza.


Esas fotografías donde permanecen las formas que no ví.


Si ves un resplandor descarta el amanecer. Una vela no es una estrella.


Signos de agotamiento frente al ordenador. Vencido y desarmado por la neurótica saturación de asuntos pendientes. Un cansancio en tres dimensiones.


Ojos de sombra: la vista es un reguero de ceniza.

(Aforismos en la línea de sombra)






viernes, 17 de enero de 2020

SOBRE LOS HAIKUS DE "A PUNTO DE VER"

A punto de ver
José Luis Morante
Prólogo de Susana Benet
Editorial Polibea
Colección El Levitador
Madrid, 2019



DESDE EL HAIKU



   La parquedad expresiva del haiku encontró sitio en mis cuadernos Pateras (Santander, 2006), editado por Ultramar con ilustración de cubierta de Emilio González Sainz, y en Nubes (Málaga, 2013),  integrado en la colección Corona del Sur del editor Francisco Peralto. Ambos quedan como anticipos del libro A punto de ver (Polibea, 2019) que vuelve a utilizar de forma monocorde el esquema versal del haiku para recoger cien textos escritos entre 2015 y los primeros meses de 2019; son fruto, por tanto de casi un lustro de escritura.
   En el misterio del haiku anida la idea de la existencia como viaje y camino iniciático. Una manera de palpar la esencia de ese deambular es la imagen. En ella cristaliza una visión fugaz que, sin embargo, permanece en el tiempo como un indicio depurado de la contingencia. Ese es el carácter que tienen las fotografías de Javier Cabañero Valencia y por eso me acompañan en A punto de ver. La foto de cubierta está hecha en el laberinto de Toris rojos en el templo de Fushimi Inari, en Kyoto. Es del verano del 2014. Su color y armonía sugiere la eternidad momentánea de la contemplación; pero también la posibilidad de adentrarse en la distancia. La foto interior está hecha en Junio de 2016, en Australia. Concretamente en Cape Tribulation, en el Estado de Queensland al noreste del continente., en el rompiente que se llama "Cabo de las tribulaciones". CapeTribulation fue nombrado así por el navegante británico teniente James Cook el 10 de junio de 1770 (fecha de registro) "después de que su barco se dirigiera a los arrecifes al noreste del cabo mientras navegaban cerca de él, a las 6 pm. Cook se alejó de la costa hacia aguas más profundas, pero a las 10.30 p.m., el barco encalló, en lo que ahora se llama Endeavour Reef. La nave se atascó rápido y gravemente dañada, y se necesitaron medidas desesperadas para evitar que se hundiera y que volviera a flote al día siguiente". Cook grabó "... el punto norte fue nombrado Cape Tribulation porque aquí comenzaron todos nuestros problemas". La tercera foto, la del que se ve un prismático y creo recordar que una especie de mástil con banderas, está hecha en el muelle de Sopot, cerca de la ciudad polaca de Gdansk, a orillas del mar Báltico. Fue hecha en agosto del 2017 en Polonia.
   El trabajo personal está precedido por un liminar de la poeta y antóloga Susana Benet, uno de las voces más representivas del haiku español contemporáneo, como refleja su libro La enredadera, edición completa de sus haikus publicada por la editorial sevillana renacimiento en 2015. Estas páginas introductorias muestran un enfoque diferenciado. Susana Benet describe con emotiva objetividad los matices del haiku clásico: en la creación literaria japonesa la agudeza expresiva de los tres versos tiene en su esencia un carácter estacional, depurado, próximo a la intuición en su contacto con lo real. No le interesan las circunstancias concretas del ser biográfico. Su percepción opta por la imaginación incontaminada donde los ciclos estacionales son estampas que permanecen en la conciencia.
  El núcleo mínimo del haiku adquiere en los poemas de A punto de ver un encuadre más subjetivo y conceptual. Adquiere así una textura profundamente humana, que muestra un momento de iluminación del pensamiento. Aún entendiendo que la experiencia germinal del haiku está en lo concreto, las palabras del haiku crean y recrean la voz de la conciencia que descarga en el esquema versal su ánimo, los contraluces de su realidad interior.  Busco coordenadas de simetría; se trata de ser subjetivo sin dejar de ser objetivo.
   Prestigiada por la tradición, la ventana formal compone un marco de diecisiete sílabas con la distancia justa del 5,7,5 que he respetado al máximo; pero he añadido al trébol verbal un título, como si así la secuencia adquiriese un cerrado desarrollo argumental. Busco en los títulos más el indicio que el enunciado explícito.
   El sentido constructivo del haiku responde a un pensamiento poético, a través del cual el texto adquiere un refuerzo progresivo de su significado. Es afán se percibe en las anotaciones aforísticas integradas como coda del volumen. La convivencia textual mantiene una fuerza cohesiva entre el haiku y el aforismo como esquejes complementarios del decir breve. Concluyo con la esperanza de que la parquedad expresiva no cierre el taller literario y muestre su frescura mental ante el lector. Como intuyera la pupila estética de Juan Ramón Jiménez: “No lo toques ya más / que así es el haiku”.




jueves, 16 de enero de 2020

REALIDAD CUÁNTICA


Entrelazados
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


REALIDAD CUÁNTICA 



  Las partículas del misterio nos hacen; de ahí el trazado de vías del ser fragmentario y la percepción parcial de cuanto nos rodea. También el relativismo de lo objetivo y la inmediatez de algunas conclusiones. El término realidad cuántica me gusta por su hospitalidad en el estar incierto y por su sonoridad grandilocuente que fascina a quien, como yo, nada sabe de Física.
  En él encuentran sitio aquellas categorías caóticas que tanto fascinaban a Jorge Luis Borges:

. Los encantados de conocerse sobre el pedestal y los desencantados.
. Los introspectivos, que pasan el día mirando por la ventana del yo.
. Los que hacen de sus opiniones una abdicación voluntaria de la inteligencia para ocupar cargos públicos.
. Los que pasean a mediodía con fantasmas taciturnos.
. Los que gesticulan con estricta moderación.
. Los que tienen la irritante tendencia de buscar la felicidad.
. Los perpetuamente instalados en la desazón.
. Los que trazan diagonales difusas
. Los que ningunean el aislamiento, como si fuera necesario transitar en rebaño, en manada, o en la hermandad siniestra de la secta.
. Los que practican la ejemplar cautela de no aceptar ideas de otros.
. Los que desde puertos sombríos buscan el cielo abierto que recubre altamar
. Los que creen que medir un metro y setenta y cuatro centímetros de altura es una singularidad física.
. Los que viven entre la conciencia y el delirio, como el dinosaurio de Monterroso.
. Los que usan gafas para mirar sombras.
. Los optimistas que aseguran que hay sitio para todos.
. Los que vivimos en esa edad en la que el cuerpo propio nos mira de reojo, como si no nos reconociera. 
  Los que ya somos una realidad cuántica


       

miércoles, 15 de enero de 2020

ALFONSO BREZMES. VICIOS OCULTOS

Vicios ocultos
Alfonso Brezmes
Editorial Leviatán
Colección  Poesía Mayor
Buenos Aires, Argentina, 2019



VIDA SECRETA


   Nacido en Madrid en 1966 y autor de las entregas La noche tatuada (2013), Don de lenguas (2015) y Ultramor (2017), que han propiciado versiones de sus poemas al inglés, rumano, portugués e italiano, como la compilación bilingüe Memoria e Desiderio, una antología a cargo de Mirta Amanda Barbonetti, aparecida en 2018, Alfonso Brezmes entiende el quehacer lírico como una zona de intersección con las sensaciones visuales. Así se percibe en sus collages, que tienen la condición de poemas mudos, palabras que se ven porque imitan la eficacia de una escalera de mano cuyos peldaños nos dejan en los cercanos laberintos de la imaginación.
 Creo, por tanto, que la pupila es una clave de uso para caminar, sin desconfianzas ni solemnidades, por los poemas de Alfonso Brezmes, por más que el madrileño sea un insistente lector de Jorge Luis Borges, Miguel d’Ors, Lewis Carroll y Luis Alberto de Cuenca, y solo de cuando en cuando pueda escapararse del cuarto de estar de la propia identidad para dar brisa fresca a su vida secreta.
  El título del quinto poemario Vicios ocultos usa la espontaneidad de lo coloquial y el humor de tinta del código civil para dejar sobre la mesa el tema nuclear, a saber “el acto de hacer algo reprobable desde el punto de vista moral”, que requiere de inmediato los primeros auxilios del confesionario o la eficacia limpiadora de la lejía y la bayeta multiusos. De este modo el sujeto comienza su mañana poética con una aseverativa disertación sobre el oficio de hacer versos: “Que otros escriban poesía; / yo abro la ventana / y huelo el mundo / con el hambre atrasada de un lobo / frente a un corral de ovejas tiernas”. Y plena disposición para un examen de conciencia, esa disposición generosa para abrir el corazón y que emprendan vuelo la incertidumbre, los sueños, las erosiones de lo diario y el humor, ese pájaro etéreo de leve plumaje que crea entre las ramas un paisaje de canto, aunque sea mudable y perecedero, la cita a ciegas entre dos cuerpos que acarician su piel en el cálido lecho del lenguaje.
   La poesía de Alfonso Brezmes confía en el cauce argumental de la experiencia vital para buscar sus meandros temáticos. Oficia una vigilia capaz de fijar una sensación temporal en el poema, como quien administra un legado de asuntos confidenciales. El origen de la poesía nunca está lejos del hombre que ama, sueña, lee o llena de fantasía una realidad que pisa en sus aceras las huellas ajadas de lo previsible. Los vicios ocultos del yo personaje requieren una ilustrativa confesión, que siga sin cansancio ni versos desfallecidos, los cinco pasos básicos para lograr el perdón: examen de conciencia, dolor de los pecados, decir todas las faltas al desprevenido transeúnte –hipócrita lector, mom semblable, mon frère-, cumplir la penitencia y propósito de enmienda. Tan fructífero proceso marca en Vicios ocultos el trayecto de vuelta a la poesía diáfana del hijo pródigo. Dicta el asiento en esa realidad verdadera que no puede verse y convierte la rutina en un concepto abstracto que no tiene cabida en el reloj. La vida exige menos versos y más poesía.    




martes, 14 de enero de 2020

TINTA EN EL CAMINO

Por tierras de Titulcia
(Enero, 2020)
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

DESDE EL CAMINO




En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.


La autobiografía convierte a otro en protagonista.


Los minimalistas dogmáticos pueden confundir un haiku con un cantar de gesta.


El agónico vocacional tiene una visión cabizbaja de la realidad inmediata.


Cerca del mar todo se borra, salvo el silencio roto y el efecto emocional de la contemplación.


Contra los insectos utiliza el reproche  didáctico.


No siempre fue pasado e invisible.


La conciencia egoísta piensa que un cielo menesteroso cobija a los demás.


El insomnio acumula ruidos con cautelosa paciencia.


Las falsas verdades dejan ruinas que se veneran largo tiempo.


Cuando despierto regreso de un oasis que no existe; entre las manos tengo un puñado de arena.


A diario la realidad comparece con la piel sucia y agujeros en la suela de los zapatos.


Se desplaza con disciplina de trazado ferroviario.


Tinta botánica: libros de hoja caduca y libros de hoja perenne.

(Selección de aforismos)