viernes, 23 de octubre de 2026

RAÚL GIMENO. DON DE LA INVOCACIÓN

Don de la invocación
Raúl Gimeno
Ediciones Rilke
Madrid, 2026

 

RAÍZ Y AUSENCIA

 

    Con dedicatoria al poeta José Corredor-Matheos, de quien coordinó en el Museu Nacional d’Art de Catalunya un emotivo homenaje, y a quien debe algunas premisas esenciales de su ideario estético, Raúl Gimeno (Cerdanyola del Vallès, Barcelona, 1981) deja su primer poemario, Don de la invocación, tras una etapa de formación lectora y algunas publicaciones en revistas de pomas, relatos y reseñas. Licenciado en Filosofía, Máster en Filosofía Teórica y Práctica y en proceso de finalizar su doctorado, integra en su carta de presentación tres citas de Miguel de Molinos, Ángel Crespo y Chantal Maillard que aglutinan belleza lírica y pensamiento filosófico.
   Sirve de vislumbre prologal el texto “Resonancias”, un poema en prosa, cuyo argumento transforma el despertar en contraste de luz y sombra. Lo cotidiano retorna como un hábito, pero trae consigo, tras la aparente monotonía, el misterio y la posibilidad tras la espera. La composición da paso al apartado de arranque cuyo título “Y la herida se hizo boca” une su potencia metafórica con la invocación a la poesía en tiempos de intemperie, con el que el filósofo T. Adorno cuestionaba el sentido estético de la creación por su asepsia frente a la barbarie nazi, por haber perdido el asombro y la inocencia. En esta sección, el poeta se asoma a varios interrogantes centrales de la teoría poética: su ontología comunicativa, la mirada de luz de la poesía, como renacimiento y creación, y la fusión con el entorno para sondear la hondura de la materia.
   Unifica todo el apartado una aspiración reflexiva. La conciencia fluye y se hace viaje interior, introspección. Las palabras se unen para dar vida a la idea mediante versos fragmentados, junto a mínimos enunciados laterales, como notas que concentran en letra cursiva la pauta argumental. El poema define el ser; se hace lenguaje y tiempo a través de la voz inaudible del silencio y la contemplación.
   El segundo grupo de poemas "Palabras al silencio originario", es más breve, pero la atmósfera filosófica perdura. Se tiende al poema despojado, que guarda la fugitiva sensación del instante y despierta lo intuitivo, esas palpitaciones de la existencia al paso. A través de ellas, la palabra se hace simiente, busca esa fusión mística entre naturaleza y sujeto que alberga el misterio de ser. Quien escribe forma parte de un espacio sagrado; es habitante de un no lugar en una realidad transcendida. En su hondura confluyen, como anhelo cumplido, el misterio de ser y la estela insonora de un silencio imaginario.
   Don de la evocación convoca, en su carácter dialógico, la soledad múltiple. En ella se fusionan el poeta, como artesano de la palabra, el filósofo como indagador del yo más hondo y el místico, que sabe que más allá del tiempo hay una vía unitiva que enlaza el callar y el decir, la realidad y el vacío.


JOSÉ LUIS MORANTE



  

jueves, 22 de octubre de 2026

A CONTRALUZ

Navegaciones y regresos
fotografía
de
Adela Sánchez Santana

  

IDENTIDAD
 
Tan veraz transgresora
de la insulsa prosa cotidiana;
tan obediente a normas
que te dicta el antojo;
tan negada a otorgar
consistencia creíble
al verbo que resuena en otras bocas;
tan impaciente,
si el merecido elogio se retrasa;
tan hábil en llenar
el ropero de excusas;
tan yo diseminado
que ensancha las afueras
hacia el montón de nada circundante;
tan tribunal sumario
para dictar condena;
tan proclive a la hoguera
como divertimento;
tan igual, tan mimética
con esas sombras que llevamos dentro.

            ( Variaciones y descartes)




miércoles, 21 de octubre de 2026

ARQUITECTURAS DE LA MEMORIA

Puntos de fuga
(Nuevos Ministerios, Madrid)
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

 PUNTOS DE FUGA

Extremó la prudencia verbal; no aventura palabras si no es en presencia de su diccionario.
 
***
 
Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono,  que lo que pensamos oculta lo que somos.
 
***
 
Su cerebro contiene dos ideas; son tan opuestas que entre ellas cabe un sistema filosófico.
 
***
 
Al florecer el día  rompe la quietud del reloj un aforismo. Sorbos cortos.
 
***
 
Basta mirar la penumbra de alrededor para saber que no estoy.
 
***
El puño cerrado de quien corta rosas.
 
***
 
Una pobreza de hospitalidad irrefutable, capaz de ofrecer su vieja cama de faquir.
 
***
 
El silencio y su fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.


(OFICIO DE CALLAR, Mahalta Ediciones)



 

martes, 20 de octubre de 2026

MEDIR LA ESPERA

Medir esperas
Imagen de Internet

 

RELOJES

 

Aquel invierno adquirió un domicilio antiguo, de piedras frías y ladrillos gastados, cuya silueta se recortaba sobre el roquedal. Llenó sus habitaciones de relojes adquiridos en los mapas abiertos de sus viajes. Todos funcionaban. Aunque las agujas nunca coincidían en la hora marcada. Deduje que aquella forma de medir la espera obedecía a una estrategia misteriosa para que pasado, presente y futuro cohabitaran. Se dieran cita conmigo en el mismo espacio. Un sitio clausurado y angosto, donde no protagonizaran nunca ninguna huida.

(De Cuentos diminutos)




lunes, 19 de octubre de 2026

EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES

Equilibrios
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

 
EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES                             
 
El arte de vivir los lunes
requiere cierta práctica y algo de teoría,
saber de estratagemas y confabulaciones
y adjetivar la prosa cotidiana
con una terca voluntad de estilo.
Incontables acechan
los peligros desde el primer café,
crecen cuando un olor
anuncia escuetamente la leche derramada,
se reproducen con duración de días laborables
y en guardia se mantienen,
tal seguros precintos,
entre los pasajeros del tren crepuscular
que nos devuelve a casa,
al reclamo del lecho hospitalario.
El arte de vivir los lunes
sobrevive y se esconde
en vacuas reflexiones como ésta:
nada es eterno, salvo un lunes.
 
                      JOSÉ LUIS MORANTE
                      (De Población activa, 1994)




domingo, 18 de octubre de 2026

VIAJEROS SEDENTARIOS (AUTOLECTURA)

Viajeros sedentarios
José Luis Morante
Editorial La Garúa
Colección Haiku
Barcelona, 2024

 

Sobre VIAJEROS SEDENTARIOS

 
   En el transitar del tiempo, cualquier tradición lírica se fortalece con la incorporación de estrategias expresivas nuevas y moldes formales de otros entornos. Una de las últimas adopciones estróficas al castellano ha sido el haiku, un poema breve japonés que se organiza en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, sin título ni rima y con una expresión tendente a la claridad, ajena a procedimientos retóricos y hermetismos conceptuales. La denominación “haiku” se atribuye al poeta Shiki, quien la popularizó en el siglo XIX.
   Según Octavio Paz el molde sintético en castellano es descubierto por el mexicano José Juan Tablada (1871-1945), un autor finisecular con llamativo viraje desde el modernismo a las vanguardias, cuya obra se compila en los libros Un día…Poemas sintéticos, Li Po y otros poemas y El jarro de flores (Disociaciones líricas). Aquel viajero incansable era un enamorado de la cultura japonesa e incorporó en su escritura el singular aporte del haiku japonés. La entrada en nuestro territorio lingüístico se facilita por la existencia de una sensibilidad afín de estrofas breves como los epigramas, las seguidillas, las greguerías o los aforismos. Esta proximidad habita en los afanes literarios de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados… Y se desborda en el último tercio del pasado siglo, cuando un caudal insólito de haikus anega las distintas promociones y corrientes contemporáneas que comienzan a dibujar los trazos más tempranos del momento digital.
  La justificada desconfianza en la que la estrofa asimilada pierda su plenitud –hecha de concisión, temporalidad y mínima presencia del yo- al alejarse de su espacio de origen origina otros enfoques: si la mentalidad, el arraigo cultural y la perspectiva de escritura son diferentes en la dispersión, los resultados se aprestan a mostrar una apariencia nueva. Como cualquier empeño literario, el trío verbal debe sobreponerse al estatismo o la quietud y renovar su verdad artística. El haiku es un género poético abierto y tiende a una expansión universal.
  Los nombres del canon clásico japonés convertían al yo poético en mero testigo; se velaba lo autobiográfico para que resaltara pleno y fuerte el horizonte, un entorno hecho para la contemplación que busca capturar el instante. Como cálidas secuencias visuales llegan los textos. Son apuntes del percibir que registran ciclos estacionales y muestran sus variaciones como síntomas del transcurso vital. Los haikus hilvanan argumentos desde los sentidos; asumen el oficio de cronista del vaivén temporal, aunque, de cuando en cuando, no duden en transmitir destellos emotivos.
  En los ojos del haiku y en su disposición para reflejar un instante único se percibe un brillo renovado, una certidumbre que trasciende lo pasajero, un empeño por encontrar, a partir de la observación, el sentido último de la relación entre sujeto y horizonte visual; la palabra transparente y natural, renacida en el fondo del silencio. Las instantáneas verbales dejan la sensación de que transforman lo efímero en permanencia y hacen del instante un patrimonio sensorial.
   Los haikus acogidos en Viajeros sedentarios abarcan un intervalo temporal de cinco años, entre 2020 y 2024 y sus contenidos aglutinan la modesta química de lo instantáneo. Mantienen la pupila abierta para transcender la condición estacional del haiku y cobijan una pluralidad de argumentos, un fluir pensativo que percibe la naturaleza, los ciclos estacionales, el latido del tiempo o las contingencias del transitar social. También a las percepciones sensoriales del sujeto y sus viajes interiores por los sentimientos, ya superada la distancia entre protagonista verbal y texto, entre subjetividad y enunciación descriptiva.
   Las vicisitudes temáticas del libro se organizan en dos apartados: “Oficio de mirar” y “El rumor de la luz”, dos secciones que no confrontan entre sí. Además comparten  el sentido clásico de la estrofa y su severa pauta métrica. Ambos apartados acogen formas en fuga, emociones e ideas que alcanzan en la inmediatez su esencia más pura.
   Debo al narrador, aforista, editor y amigo Juan José Martín Ramos la fortuna del título. Viajeros sedentarios. En la aparente contradicción del oxímoron, el aserto concede al viaje un sentido nuevo: los lugares no son geografías provisionales que se contemplan de paso, sino espacios de acogida de los que nunca es posible regresar.
   La luminosa belleza del haiku es avariciosa con las palabras. Quiere buscar la esencia del instante, aquella inadvertida posibilidad, frágil y efímera, que tanto cuesta encontrar. Sólo emplea las necesarias notas de silencio que precisa el testigo. La mirada de luz de quien comparte el laberinto de reflejos de la vida al paso.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 

 

sábado, 17 de octubre de 2026

INTERIORES CON NADIE

Interiores
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                                            QUIETUD
 
 
               Quebrantas el silencio
y las palabras tienen
un ritmo fatigado,
una premeditada lentitud,
como si al desplazarse tantearan
con las manos abiertas
los signos del pasado:
escombros delatores
cuya extensión guarece
cicatrices y sombras.
  
                                     De nuevo ante mis ojos
esa tarde sin luz de la intemperie.
No sé que responder.
Paso de largo.
Constato en mi
la imagen del cobarde,
de aquel que fosiliza
la quietud.

(Antología Ahora que es tarde, La Garúa, 2020)