sábado, 26 de septiembre de 2026

JAVIER GALLEGO DUEÑAS. MARAVILLOSO MIEDO

Maravilloso miedo
Javier Gallego Dueñas
Ediciones Liliputienses
Cáceres, 2026


RITOS DE SANACIÓN


   La singularidad literaria de Javier Gallego Dueñas (Rota, Cádiz, 1968) traza camino en 2017 con la entrega Las gramáticas del tiempo, un libro de textura introspectiva publicado por la editorial Takara, al cuidado de la poeta Rosario Troncoso, que basculaba entre la memoria y la culpa. Daba amanecida a una  voluntad creadora, de paso sosegado, que hacía suya también la condición del reseñista en el blog de crítica y lecturas Profundamente superficial, fortalecía el sugerente impulso de la revista Voladas y dispersaba frecuentes colaboraciones en cabeceras académicas y literarias.
 Con texto introductorio de Hilario Barrero, la senda lírica añade en 2021 la segunda cosecha de poemas, esta vez acogida en el hermoso catálogo asturiano de BajAmar. De nuevo, la herida vivencial reabre lo doméstico para que busque luz la evocación y el poso memorístico que explora el declinar temporal. Eran estratos subjetivos, marcados por la fugacidad de un entorno que, a menudo, abre el paraguas gris de la melancolía en el borde del agua. Se reforzaba así la textura de una sensibilidad intimista, escueta en la ornamentación expresiva, emotiva y sutil.
   La razón poética de Maravilloso miedo recurre al apunte indagatorio del poema en prosa para exponer el viaje intimista del pasajero en ruta hacia su destino por las avenidas del miedo. La realidad se desdibuja y desaparece. Es necesario desandar el tiempo para que emerja fuerte el afán introspectivo, ese fondo de secuencias que muestra lo que fue, entre los resquicios y grietas del desamparo. Pero no hay derrota en el ensimismamiento sino afán de búsqueda para descubrir las hendiduras precisas por donde se filtre la luz. La claridad se hace símbolo de la esperanza, más allá de la sombra. El itinerario tiene un trazado complejo en el que se entrelazan pasos efímeros y espacios urbanos que hacen de la ciudad un entorno habitado por la soledad. Un marasmo de transeúntes que solo tienen la compañía obsequiosa de la desmemoria. Todo parece presentir el derrumbe, cobijar abandono; es preciso imaginar el hilo que nos saque del laberinto. La existencia es materia empeñada en la supervivencia; más allá de la duda frente a los efectos paralizadores del pánico, hay que cambiar las cosas y sostener los empeños de la voluntad.
  El refugio verbal de las palabras conforma una plenitud incandescente que acompaña y dirige, que nos presta un tejado a dos aguas y un estar a la sombra. El trayecto es lucidez y conocimiento, adivinar que el miedo también tiene una puerta de salida. Como sucede con el discurrir, es efímero y crepuscular. Se apaga con los ritos de sanación en los que emerge un túnel hacia la luz cuando se multiplican los escenarios del dolor en la rutina cotidiana.
 El yo verbal formula un oxímoron: “Maravilloso miedo” de aparente contradicción que hace del miedo un territorio habitable. En lo siniestro y el espanto cabe el paso firme de la aceptación, la certeza de que la belleza respira, aunque cueste focalizar su silueta en la sombra. También en los otros se van marcando las azarosas huellas de la desolación, el rastro de quienes han padecido el dolor, la enfermedad o la quiebra de ilusiones y sueños. Así nace en el poema un enfoque menos subjetivo y más solidario.
  Cerca se despliega la silueta de la naturaleza y ese rostro bifronte que acumula quietud y mudanza, un ciclo vital hermético y complejo, que sobresalta y, al mismo tiempo, seduce por su belleza; que invita a la meditación  y a la comprensión profunda del paisaje . Más que una geografía concreta, la horizontalidad de los sentidos moldea un paisaje interior, un estado de ánimo.
   El poemario Maravilloso miedo de Javier Gallego Dueñas integra como cierre una breve nómina de deudas literarias y musicales que ayudaron a levantar el marco poético. Sus textos no pretenden crear una mística de la tristeza, ni una exaltación de la idea de que la vida al paso es un peregrinar por la adversidad, aunque suene “una algarabía discordante, cacofónica, hiriente, desafinada, que supura el dolor y el miedo”. La realidad camina por páramos contradictorios que hay que recorrer con lentitud. El poema asimila dentro de la conciencia  los frutos de la experiencia y los pasos cansados de la decepción, pero también hay que fortalecer la capacidad de seguir, de remontar naufragios a contracorriente. La poesía entonces se hace meditación y fuerza, intento de encontrar la aguja en el pajar, el hilo que nos saque por fin del laberinto.
 

José Luis Morante




 

    

viernes, 25 de septiembre de 2026

LA SEMILLA

Espera
Fotografía
de Archivo Dreamstime

 
LA SEMILLA
 
En la fragilidad de la semilla
hay un rumor en curso
donde pliega sus alas el prodigio.
En él escarban
futuro las raíces
y vislumbran los troncos
tercas ramas,
que buscan en el aire
el golpe sostenido de la luz.
 
Somos en la semilla
reflujo de estaciones
y sombras anegando
un tragaluz con pájaros.
 
A resguardo, consigo,
suelo adentro,
en la semilla insiste
el pulso cardinal de otra semilla.

                               (Poemas selectos)




jueves, 24 de septiembre de 2026

CLAUSURA

dentro
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 
DORMIR AL RASO
 
La mala luz derrumba mis lecturas
cada vez más pronto.
Recurro al cuello blanco
de un flexo que ladea
la mínima planicie
y  pongo ante mis ojos
el ascua iridiscente.
Pero los trazos no saben mentir.
Oblicuas y veladas, las grafías
son como viejas fotos;
Solo hay manchas, deshechos,
reincidentes borrones deslucidos,
una puerta sin luz.
 
Se agazapa en mis ojos
la indefensión del gato
que prodiga
maullidos de cansancio.
Mientras, en la clausura,
al raso del cristal se precipitan
con insistente frío nuevas sombras.  

                   (Variaciones y descartes)




martes, 22 de septiembre de 2026

OFICIO DE CALLAR (SELECCIÓN PROPIA)

Oficio de callar
José Luis Morante
Mahalta Ediciones
Ciudad Real, 2026



 SELECCIÓN PROPIA

Nadie toleraría la vida sin vidas prestadas,

la propia no basta 

ELIAS CANETTI

La simplificación de una cosa es siempre algo extraordinario 

G. K. CHESTERTON

 De la verdad la búsqueda, el merodeo, los pasos inseguros que rozan la caída, el incansable oficio de callar.

 Los demás coleccionan supuestos de mí, pero yo casi nunca confirmo los indicios.

 Extremó la prudencia verbal; no adelanta palabras si no es en presencia de su diccionario.

 Afronta que los pensamientos son tablas escénicas dispuestas a la ocultación.

 En esencia el cerebro maduro contiene dos ideas, pero su lejanía es tan palmaria que entre ellas se expanden sistemas filosóficos.

 Escrita, con tinta invisible, sobre osamenta y musculatura, el cuerpo disimula su condición de fraude.

 El silencio padece de argumentación prolija.

 Sobre la floración sentimental, el puño cerrado de quien corta rosas.

 Consume una pobreza hospitalaria, capaz de regalar un viejo catre de faquir.

 Coloca minucias ante el ventilador para que vuelen espejismos de brisa litoral.

 Su ideología rompe a martillazos la pecera para que los peces sean libres.

 Bajo el limo, en las honduras de la ambigüedad, la superpoblación de anfibios.

 El silencio mantiene una precintada fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.

 Cuando los hechos mueren percibimos el rastro compensatorio: las nubes volanderas de efectos secundarios.

 Pertenezco al tropel inconfundible de los solitarios. En mí, la vocación de ignorancia. El nada sé de quienes no saben.

 Tras la decepción, los deseos internos alquilan emplazamientos periféricos, esperan días de niebla para volver al centro.

 Poco a poco comparten territorios imaginarios; después engullen con voracidad el pasado común, la vida ficcional de los personajes.

 Energía, al levantarse de la cama, para salvar la galaxia. Toca el suelo y ve en su pie desnudo la inminencia de una revolución pendiente.

Para las sombras del pasado la eficacia y esplendor de la linterna no podrán nunca sustituir el manso goteo de la cera.

 





sábado, 12 de septiembre de 2026

CONCIENCIA DEL TIEMPO

Testigo
Archivo general 
Depositphotos


Sobre mi piel
las grietas y suturas.
Envejecí.

                         (Haiku del tiempo)





 

viernes, 11 de septiembre de 2026

LA HUMEDAD DEL REGRESO

 

Adán en la ventana


EL REGRESO DE ADÁN
 
   Ante el insistente empuje de la melancolía, una mañana Adán retornó al paraíso. Se adentró en sus espacios con la fuerza feliz de quien busca el lugar propio. No tardó en advertir que recorría un territorio de desposesión. Aquel sitio, húmedo y frío,  solo cobijaba abandono.
   En el centro del lugar se alzaba todavía el árbol del bien y del mal; miró aquella silueta y se hizo efectiva la soledad de un tronco calcinado y rijoso.
   No aguantó más. Bajó los ojos y convocó el olvido, como si el paraíso no hubiese existido nunca. Con andar dubitativo, se precipitó hacia la salida. Sus pasos tropezaron con el ala inerte de algún ángel, el metal chamuscado de una espada herrumbrosa y una oscura camisa de serpiente.

(Del libro Fuera de guion, Lastura, 2024)




miércoles, 9 de septiembre de 2026

VOCACIÓN DE RUINA

Una silla con él

                                         

 VOCACIÓN DE RUINAS

                                (Con mi Ingratitud)

 

  Empeñó su existencia en hacer daño. Vivía con el entusiasmo de quien todo lo convierte en ruinas. En primera persona fue escribiendo las páginas de una maldad innata. En cada evento literario llegaba tarde marcando el paso, se cambiaba de sitio arrastrando la silla, encendía el móvil, ojeaba el periódico, murmuraba con la compañera de asiento, hacía pompas con tabletas de chicle, preguntaba sandeces, con formulaciones interminables en el cierre del acto… Sus actividades varias dejaban constancia de una indeclinable temporada en el infierno. Asumió una biografía insoportable. Nunca escribió una línea, pero su insignificancia siempre estaba presente entre los escritores.

 

                                                                  JOSÉ LUIS MORANTE