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Mirar las cosas con los ojos del niño Fotografía de Javier Cabañero Valencia |
PAN CON MIGA
(Apuntes sobre el aforismo)
El yo plural
Cada
sujeto personifica una identidad mudable, una vida ondulante, por decirlo con
un aserto de Ramón Eder. La escritura aforística no pasa de ser la sombra larga
de una fisonomía nómada, que traslada la unicidad de lo diverso. Un estar en
los extremos buscando el centro.
Con Lemuel Gulliver
Cuando
duermo, las miniaturas cognitivas de la biblioteca trasladan mis aforismos a
Liliput, esa nación insular ficticia de ubicación aleatoria. Allí, sus claves
interpretativas ganan altura.
Intimismo
El tono
confidencial habla de todos. Recrea el intimismo de un hombre concreto que
habita callejones entre luces. Su estar en primer plano difunde rasgos de otros
hombres concretos. Cada gota de agua imita formas, texturas y humedades de
otras gotas.
En la diana
La conciencia reflexiva coteja el
entorno desde la síntesis. Constata un compromiso con las palabras. Da forma
una meditación fragmentada. Lo mínimo es un dardo.
Vocación
No recuerdo
una fecha exacta, pero los primeros aforismos de mi libro Mejores días (Mérida, 2009) nacieron hacia 2005, ya como textos
autónomos para integrarse en un libro futuro. Un anticipo se editó en el
cuaderno Sueltos (Amargord, Madrid,
2006) Antes escuché con frecuencia que muchos de mis poemas tienen un cierre
aforístico; así que no fue una decisión brusca en la escritura personal sino un
ejercicio de libertad y obediencia; de confianza en lo fragmentario para
desobedecer la monotonía del todo desde las partes.
Elogio de la soledad
En la soledad llama al timbre el decir breve.
Suele presentarse con un detonante concreto: una vivencia, una lectura, un
asunto laboral… Así alcanzan una primera redacción que después modifico varias
veces. La intuición es una brújula perezosa y poco fiable, aunque siempre llena
de matices. Con algo que decir.
Sobre el hermetismo
El
enfoque de la frase corta requiere concentración, saber acotar el sentido. El
aforismo no es un topo que busca sombras en medio de la noche.
Elementos de riesgo
La
columna verbal del aforismo soporta dos elementos de riesgo: el sobrepeso y el
esqueleto invertebrado.
Tradiciones
Las
pautas arbitrarias del gusto propio se contrarrestan con la tradición. Mis
estaciones de vuelta son mapas con una cartografía urbanizada. Friedrich Nietzsche,
Elias Canetti, Wilde, o Chesterton no monopolizan mi trayecto; dejan sitio a
los moralistas franceses, a clásicos y coetáneos que acercan al afán renacido
de mis pasos el alborozo intacto de un descubrimiento. Ellos propician la voz
cómplice, el verbo inconformista o la estricta reflexión.
Una novela de ideas
Con tantas definiciones válidas, me gusta
pensar que en esas convergencias y divergencias cabe la propuesta de entender
el aforismo como una novela de ideas, una ficción cuyo narrador omnisciente es
la conciencia del sujeto que deja hablar a sus convicciones éticas y estéticas
y cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad y soporta un continuo
amotinamiento de los elementos textuales. El carácter autónomo de cada texto
concede al hilo argumental un rumbo imprevisible.
Sin derroche retórico
En el centro indagatorio del
aforismo la búsqueda de la transparencia, la voluntad de orden de los cantos
rodados y la apelación a la empatía lectora sin derroches retóricos. Ascetismo
verbal.
Procesos
Extendidos en el tiempo de la
digresión, hay procesos tediosos y aburridos. El aforismo es el racimo, no la
fermentación.
La vida es sueño
Calderón
confinó en un aserto metafísico las vicisitudes del despertar: la vida es
sueño. Y el axioma prosigue senda en el devenir. Se impone así la idea de la
representación. La escritura necesita una máscara, un escenario que siembre
pasos en situaciones ideales.
Disfraz
El
aforismo testifica esas situaciones y es preciso elegir el disfraz del
personaje. Toca ponerse el vestido pintoresco del payaso, el velo etéreo de la
evocación o la chaqueta gris del moralista. Abro el ropero.
Respiraciones
Los aforismos respiran, como si
concluyesen una inmersión bajo el agua de los significados y entraran en la
luz, todavía con la humedad dormida en sus palabras.
En primera persona
El discurso principal de un libro
de aforismos acepta bien el mirador directo de la primera persona; los incisos
aislados nunca derogan el cauce principal que suele adaptarse al extraño viaje
de la confidencia. A veces, la veracidad genera una obsesión de proximidad que
hace aconsejable la laboriosa tarea del narrador omnisciente, a quien hay que
exigir una claridad sin derroches retóricos.
Rayuela
Las compilaciones de aforismos
son proteicas, abiertas, discontinuas, como la rayuela, ese juego infantil que
se practica a saltos.
Estridencias
En la crítica aforística hay que
desconectar de inmediato esa alarma interior del amiguismo. Más que aviso para
despertar es estridencia y quiebra.
Hipótesis
El aforismo establece una
hipótesis verosímil, una verdad creíble que desarrolla un cauce verbal
construido desde la experiencia, sea ésta biográfica o literaria.
Mutaciones
El aforismo crece y evoluciona.
Soporta las mutaciones del tiempo y no puede ignorar la piel fragmentada de la
realidad. Cuando hace balance de su contingencia siente dentro la voz callada
del superviviente.
Carta de navegación
En la escritura breve no es
posible la desconexión vital; la estela autobiográfica es una brújula, una
carta de navegación.
JOSÉ LUIS MORANTE
(Madrid, 2019)