viernes, 30 de septiembre de 2016

RAFAEL SOLER. NO ERES NADIE HASTA QUE TE DISPARAN

Rafael Soler (Valencia, 1947)


SERIE NEGRA

No eres nadie hasta que te disparan
Rafael Soler
Ediciones Vitruvio
Madrid, 2016

  De espaldas al continuísmo gregario de la lírica al uso que sigue las líneas cerradas de lo previsible, el afán creador de Rafael Soler (Valencia, 1947) incide  en cada entrega en los meandros de un camino propio, donde se desvela una búsqueda continua de cauces expresivos singulares. Así lo constata la trilogía Maneras de volver, Las cartas que debía y Ácido almíbar que tienen entre sí enlaces temáticos y una clara voluntad de compartir rasgos del personaje poético.
  No escapa al lector el punto de ironía que constata el aserto No eres nadie hasta que te disparan; el su sentido recrea ese punto de malditismo de la serie negra que aborda la verdadera identidad del yo a partir de la respuesta que sus actitudes crean en los demás.
  El voluminoso contenido poético –otro signo peculiar en una época tendente al poema breve y al libro orgánico que compila medio centenar de poemas- yuxtapone cinco apartados y un epílogo formado por una única composición. Así que cada uno de los segmentos postula una presencia verbal diferenciada.
  El de arranque, “Cuaderno de Elvira” conjuga un enfoque en femenino, como si postulara un plano secuencial apelativo. Ella compartió un pasado común que llega hasta el ahora cercenado por la decepción y por una soledad que hace suya el efecto invernadero de los sentimientos agotados. Pero el hablante de estos versos no monopoliza un único sitio para un soliloquio que va mudando en el tiempo y va dejando pautas entrelazadas, como si fuesen puntos de luz expuestos a la intemperie que es necesario mirar para entender la quietud estable del presente.
  Toda evocación postula un escenario con personajes que dan continuidad a la historia con los detalles ajustados que requiere el guión. Si todo Caín tiene su Abel, todo el discurso introspectivo de Elvira es una forma de moldear el rostro de Martín. Los poemas del segundo apartado, “Cuaderno de Martín” enuncian el tramo firme de otra ribera, esa mitad expuesta que se convierte en víctima y narra,con ambientación de cine la propia muerte y los gestos posteriores: el paso del sicario, la ausencia de la viuda, la silueta de tiza dibujada en el suelo, los investigadores que buscan pruebas del asesino… Toda esa codificación de pantalla grande que lleva en su desarrollo un notable humorismo para velar cualquier rictus patético ante la ruptura sentimental. Consumido el amor, la vida breve es un escueto sepelio por discurrir, un viaje hasta el tanatorio del olvido y la nada.
    Otra máscara más de esta representación coral es Abel. Su estar se resuelve no con la voz directa del sujeto sino con la lejanía del narrador, como si fuese la voz interpuesta de la conciencia que hace incómodo el ensimismamiento y fuerza a salir al día para dejar constancia de una actitud punible. El nombre prestigiado por la senda cultural, el Abel bíblico, aquel arquetipo de bondad y mano tendida es ahora el asesino, ese pistolero que desenfunda y mira después el cañón humeante como si hubiese cumplido su parte del encargo.
   El paso argumental sube el declive de la última vuelta; atrás queda la estela del suceso cumplido. Y es tiempo ahora de buscar el lugar de los hechos antes de la impostura, cuando todos los elementos se disponían con la mansa placidez de la inocencia, ajenos a cualquier disonancia, acaso sin dar pie a que se va consumiendo una cuenta atrás, un grado cero para la rutina.
   Ya se ha comentado que el poemario está repleto de conexiones cinéfilas y que en la simbología de los apartados  la expresión privada de los afectos y desafectos se convierte en un discurso con vocación visual. Nace así una épica subjetiva en la que el perdedor se hace fuerte en la palabra y en las paradojas que suscita. El vínculo entre poesía y séptimo arte se hace más explícito en el apartado “El cine, en el cine” que parece evocar el interior puro de un cuaderno de rodaje, dando a cada figurante su papel deseado para que todo encaje como las piezas de los sueños. Queda el epílogo, esa identidad maltrecha que sale al día en el espejo y que busca su voz en la escritura como si el pasado apenas le perteneciera y es preciso indagar que la memoria sigue inalterable o se ha convertido en el fruto estéril de un tiempo gastado.
  No eres nadie hasta que te disparan invita a una lectura narrativa, con una compartida voluntad simbólica que apenas cede sitio a lo biográfico, pero que deja en el rincón del pensamiento un cúmulo de verdades internas, una voz indulgente sobre el singular trazado de fronteras que encubre la existencia. Y lo hace con el tono insurrecto de quien se niega a usar expresiones asentadas en el coloquialismo, por lo que la dicción poética enlaza asociaciones sorprendentes, busca imágenes inéditas y hace de la adjetivación un afán lúdico.
  Un libro distinto, que legitima un afán de vanguardia también para las verdades del corazón.  


jueves, 29 de septiembre de 2016

AFORISMOS MILITANTES

La tinta fresca de lo real
(Madrid, 2016)
Fotografía de
Marta Semitiel

AFORISMOS MILITANTES


A menudo la vida carece de sentido, es abstracta y compleja. La literatura no.

Considera cada libro como un ejercicio de aprendizaje.

Todo escritor soporta el previsible anclaje de la lectura.

La realidad tiene signos secretos.

Bajo la gota fría, el trazado del sendero se diluyó. Rumbo incierto.

Me gustan las noches de doble fondo, en las que caben vigilia y sueño.

Esa manía de la memoria de revisar apuntes atrasados.

Siempre que concluyo un libro, firmo con la escritura discreta del aprendizaje.

La verdad no es un área reservada para soledades ariscas.

Cuando avanzo hacia ti te desvaneces.

Consumo la relación incierta del autista y su temporada en el invierno.

Un porte sólido. De fantasma.

Cuando tenía veinte años, Jaime Gil de Biedma no era un poeta cualquiera. Era el poeta.

La biblioteca, ese amplio gremio de deudas contraídas.

Conspiración entre sustantivos comunes, verbos fríos y adjetivos ecuánimes.

Nombres propios que ya no recuerdo; el final de una biografía deja sitio para mucho olvido.



PD.- Esta selección de aforismos fue traducida  al griego por Virginia López  Recio, filóloga y profesora en el Instituto Cervantes de Atenas, para integrase en las páginas de la revista Nea Efthinidirigida por  Angelís Dimitris, doctor en Filosofía, ensayista y poeta.




miércoles, 28 de septiembre de 2016

BLAS DE OTERO. EL COMPROMISO EN LA POESÍA

Blas de Otero

EL EJEMPLO DE BLAS DE OTERO

   Una cronología, el trigésimo aniversario del fallecimiento de Blas de Otero, proporcionó el motivo para la convocatoria en Granada, entre el 27 y el 29 de enero de 2010, de un foro internacional. En torno al paradigmático poeta coincidieron más de veinte estudiosos de la lírica contemporánea. El volumen Compromisos y palabras bajo el franquismo, editado por Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre, compila las actas del congreso y permite profundizar en el legado intelectual y en los claroscuros biográficos.
   Sabina de la Cruz, compañera sentimental del poeta desde 1971 y albacea testamentaria, aporta el trabajo liminar; centra su intervención en un paréntesis temporal (1943-1944) que coincide con la crisis que condujo a su primer internamiento psiquiátrico, y la penuria económica de posguerra que se convirtió durante años en un mal endémico y colectivo y fomentó la búsqueda de canales alternativos de supervivencia. Como privilegiada conocedora de entresijos coyunturales, nos descubre siete cartas inéditas dirigidas a un amigo cercano, Antonio Elías Martinena.
   La necesidad de integrar el material literario en el discurrir colectivo fue tratada con singular acierto por Jean Paul Sartre en su ensayo ¿Qué es la literatura? Aquel texto de 1948 se asentó de inmediato como bibliografía básica sobre la eficacia del valor estético. Fomentó un debate que todavía no ha periclitado y ahora se recupera al abordar la relación contextual de la poesía de Otero. A él se dedica el cuerpo central de Compromisos y palabras bajo el franquismo.
   Lo social como clave temática crea escuela, se convierte en elocuente epígrafe, sintetiza un recorrido en la que abren senda Blas de Otero y Gabriel Celaya. Sin embargo, la exigencia ética transciende ese periodo de humanismo utópico y deviene coordenada referencial en el quehacer de las promociones siguientes. El legado reitera vínculos con la Escuela de Barcelona, aquel subgrupo mediosecular que aglutina a Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo, También con Ángel González en cuya poesía abundan los ecos sociales, los ingredientes de denuncia y el empleo de una ironía crítica distanciadora.
    Esta filiación languidece en los años setenta, cuando se impone como tendencia dominante el formalismo esteticista, y vuelve a aflorar en el comienzo de los ochenta debido al impulso de “la otra sentimentalidad”. La estela de la poesía cívica no se apaga con Javier Egea, Álvaro Salvador y Luis García Montero, yuxtapone matices y crea enunciaciones que difunden la utilidad ideológica en el cambio de siglo.
   La posguerra, el franquismo consolidado y la postrera etapa de la dictadura fueron estrictos vigilantes de la libertad expresiva. En ese marco agónico los valores oterianos mantienen su vigencia; la escritura preserva su vocación transformadora y se hace portavoz de afanes colectivos. El entramado lírico difunde una actitud crítica ante la realidad circundante y propicia el ensanche de la conciencia individual. Su coherencia y unidad sigue pidiendo al tiempo la paz y la palabra.   
                                         

   
Compromisos y palabras bajo el franquismo
Recordando a Blas de Otero (1979-2009)
Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre (eds)
Renacimiento, Sevilla, 2010


                                                                                       

martes, 27 de septiembre de 2016

LA PIEL DE LOS SECRETOS

El otro yo
Fotografía de
Javier Cabañero


SECRETO


Vela mi voz
la piel de lo que callo.
Perdura dentro. 



lunes, 26 de septiembre de 2016

ESTANTERÍA DEL CANSANCIO

El orden del cansancio


CANSANCIO


Lista incompleta de elementos varios
que alrededor conspiran:
los labios del teléfono,
la piel brillante del metacrilato,
la cisterna sonando como un disco incesante,
el texto amorfo de un recibo bancario,
el traje de un invierno prematuro
pintado en la rejilla,
los cactus, esos pulpos vegetales...
Acicates oscuros para que yo reincida
en el acto más mío: no hacer nada.

                     (De Un país lejano, DVD, Barcelona, 1998)



viernes, 23 de septiembre de 2016

PERE SABORIT. EL PLATO PREFERIDO DE LOS GUSANOS

El plato preferido de los gusanos
Pere Saborit
Traducción de
José Luis Trullo
Ediciones Trea, Aforismo
Somonte-Cenero, Gijón, Asturias, 2016

MÁCULAS Y BAJORRELIEVES

 El aforismo actual cultiva una parcela creciente que, de forma continua, va añadiendo a su práctica una incansable nómina de autores hasta formar el tronco sólido de un gran árbol literario. Uno de los impulsores de este renacimiento del género es José Luis Trullo, editor y director de la revista monográfica El Aforista, y ahora traductor al castellano de la entrega de Pere Saborit (Manlleu, Barcelona, 1961), doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona y autor de un extenso trabajo de pensamiento compuesto por las entregas Anatomía de la ilusión, Política de la alegría y Vidas adosadas.
  El aserto que da título a esta salida de Pere Saborit, El plato preferido de los gusanos, es inquietante, crea ese temblor oscuro de la pintura de Valdés Leal, o las zonas umbrías que dejan en la retina los cuadros de Solana. Recuerda nuestro andar de paso, esa condición perecedera de la materia que hace de la muerte decisiva estación final, singular abstracción que desaliña cualquier voluntad en los sustratos del desasosiego.
  La aforística del profesor catalán sondea el mar revuelto de la realidad y asume que el oleaje está repleto de contradicciones. Nos quedan las estrategias de la inteligencia para construir radas a resguardo, para mirar con objetividad lo que sucede y buscar distancia. Una vez instalado en el mirador de lo objetivo, el protagonista verbal pone su lente de análisis sobre la superficie de la realidad para encontrar en su textura máculas y bajorrelieves.
En la praxis aforística, la voz omnisciente es una contrafigura del autor oculta bajo el velado de la escritura. De este modo, el yo se convierte en otro. Pere Saborit denomina X, una letra interrogativa también empleada con frecuencia en las páginas autobiográficas de los diarios, a la identidad del protagonista, como si sus rasgos pudiesen aglutinar los trazos múltiples de un yo social. Así, el enfoque de los textos permite abrir un amplio campo meditativo que abarca desde la soledad buscada del pensamiento solipsista hasta la materia prima de la convivencia y sus relaciones entre sujetos.
 Los aforismos de El plato preferido de los gusanos integran en su ecléctico desarrollo un variado catálogo de recursos expresivos. Hay tonos de ironía: “Teniendo en cuenta que cuando nació no conocía a nadie, X. creía que las cosas tampoco le habían ido tan mal”, “Según X., todas las mujeres deberían llamarse Consuelo”; se percibe el rumor calmo del escepticismo: “Según X., el hecho de que todo el  mundo posea un rostro diferente es una prueba irrefutable de que Dios –en caso de existir- aún no ha superado el estadio de producción artesanal”, “X. creía que nuestra vida real tiene un valor tan escaso, que ni siquiera se merece que muramos con una sonrisa en los labios”; y hay un amplio acopio de textos meditativos sobre el sentido de lo existencial, como forma de orientación en el espacio y en el tiempo, como necesidad de encontrar a esta caótica concepción del mundo una buena salida de emergencia.      


miércoles, 21 de septiembre de 2016

CASA VACÍA

Puertas, vidas
(Pola Ulloa)
Fotografía de
José Manuel Vilaboa Bernárdez

CASA VACÍA


  En esta casa ya no vive nadie pero están todos los moradores que ocuparon los muros lastimados de sus habitaciones. Escucho su fisiología desperdigada en pasos, rumores, toses o gemidos. De cuando en cuando callan, como si se hubiesen mudado por unas horas a otro lugar. Pero siempre regresan. Esta noche olvidaron cerrar la puerta de la entrada y apagar las luces. Alguien me despertó. No supe qué decir; me siento un extraño ocupando una casa vacía.
  Ellos me reconfortan y justifican mi presencia: “alguien debe soñarlos”

( Del libro en preparación Cuentos diminutos)