viernes, 10 de julio de 2020

ANDAR DESCALZOS

Descalzos
Archivo
de
internet


ANDAR DESCALZOS


Me mira y está ahí, como granos de arena en la orilla pisada: la decepción.

Desde hace años sus formas corporales mienten: es una niña.

Ayer, cuando me abrazaba, fui el plano exacto de la idealización. La isla del tesoro de sus cuentos.

Soy una paternidad  miope, canosa, llena de certezas fantasmales y consejos ingrávidos. Casi abuelo.

Ser padre es una espera bajo la luz estival del mediodía, una cosecha de insolaciones.

En casa cumplimos a diario los ritos menores de la convivencia. Pero cada uno de nosotros oculta músculos y nervios de un extraño enraizado en el corazón.

Callejea mi inquietud. Antes de que salgan de casa ya es urgente su búsqueda.

El otoño amarillo de los calendarios cambia los argumentos. Escribe tramas de fracturas, grietas y tachones.

Fueron tapiando vanos. Ahora su única ventana al pasado es la desmemoria.

En las conversaciones de sobremesa,  muestro para ocultar. Digo el rumbo y callo los desvíos.

(Aforismos descalzos)


jueves, 9 de julio de 2020

CON MAR DE FONDO

Conversación
fotografía
de
Adela Sánchez Santana 


CON MAR DE FONDO

Sobre la arena apenas se marcan las huellas frescas de lo diario. El cauce de noticias es mínimo y la actualidad política gotea, como una forzada respiración asistida. El petardeo argumental de la política parece menos declamatorio, aunque resulta evidente la caza y captura (a todas luces merecida) del emérito. Todos ansiosos por contemplar la caída de Ícaro.

Yo-lo han notado de inmediato- estoy contento con la vuelta al mar. Me llena de alegría el perfil intelectual de sus  silencios y el afecto de la playa vacía. Un afecto de muchos años.

Ensayo la lectura con menos entusiasmo, aunque fue copiosa la carga de títulos que viajó en mi maleta; pero no tengo el ánimo para reseñas, solo para conversar con aquellos libros que muestren en bañador la definición del entusiasmo. Cualquier indagación lectora requiere un tiempo de complicidad y aprendizaje.

Aquí anoto una maravillosa definición. Parece escrita para que no me olvide de entrañables contactos personales: "un amigo es aquel con quien se puede pensar en voz alta".

(Del diario de verano)





miércoles, 8 de julio de 2020

VIDAS DE CRUCE (AFORISMOS)

Al paso
Archivo
de internet

VIDAS DE CRUCE ( AFORISMOS)


 Enrolados en la temporalidad, los sentimientos compasivos duran instantes.

Los prudentes cobijan la indulgencia de los imprudentes.

Hay montañas que simular ser granos de arena.

Les gusta estancar los problemas para comerciar con sus consejos posteriores.

Las verdades con sobrepeso se sostienen mal. Causan problemas circulatorios a los razonamientos.

Me asusta el desmesurado crecimiento de mi urbanismo. Cada día son más las veces que digo sí cuando pienso no.

(Desplazamientos)



martes, 7 de julio de 2020

ALEBRIJES NARIÑO (Revista Nariñense de Minificción)

ALEBRIJES NARIÑO
Revista nariñense de Minificción
Fundador y Coordinación editorial:
Jonathan Alexander España Eraso
Director:
Alfredo VillarrealCorreos electrónicos:
revistaalebrijes@hotmail.com
editorialavatares@gmail.com
Pasto, Nariño, Colombia


AMANECIDA


   Nace Alebrijes Nariño, una revista digital fundada  y coordinada por Jonathan Alexander España Eraso y dirigida por Alfredo Villarreal, y con enfoque monográfico en la minificción. Sus expectativas pretenden configurar, como expone con entusiasmo el esperanzado editorial, “un mapa de caminos” que guarda sitio bajo un sustantivo repleto de carga onírica. Recordamos al lector peninsular, menos familiarizado con este bestiario ficcional, que el alebrijes es una figura artesanal, un animal fantástico y multicolor, hecho con distintas materias primas, combinadas con cierta asimetría para acrecentar su enigma vital.
   El ser onírico muestra claras afinidades con la minificción, como estrategia expresiva. Ambos tantean sustratos expandidos entre la realidad y el sueño, mientras convocan a una callada búsqueda de identidad y sentido.
   Este primer paso de Alebrijes Nariño aglutina una panorámica general del cuento mínimo en Hispanoamérica, con colaboraciones remitidas desde Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, España, Honduras, México y Venezuela. Aportan también su quehacer creador ilustradores, cuyos trabajos se intercambian entre los textos.
   La densidad del índice recoge miniensayos como “Elogio de lo mínimo” de Edgar Allan García, “Breve historia de la minificción en México”, de Lauro Zavala, y el titulado “Narrar o no narrar, ésa es la minificción", de Yobany García Medina. La teoría literaria del microrrelato tiene como indagación más incisiva la codificación del género. Es un asunto repleto de matices, con dos vértices sustentadores: el carácter híbrido y la autonomía expresiva a partir de dos cualidades básicas: el sustrato lírico y la capacidad resolutiva del argumento.
   Entre los nombres propios que resaltan en este número de arranque destacan Patricia Nasello, con amplia experiencia creadora, que entrega una selección de micros en “Pecados capitales”. Junto a ella un notable elenco de escritores de relatos ultracortos compuesto por Grethel Delgado, Angélica Villalba Cárdenas, Juliana Muñoz Caratar, Esther Domínguez, Javier Perucho –uno de los estudiosos esenciales de la literatura breve en México-, María Cristina Chiama o Nélida Sánchez, entre otros.
   Como un compendio múltiple y luminoso, sale al día Alebrijes Nariño para recordar que la ficción hiperbreve no solo es lacónica sino también profunda. En los textos se dan la mano celeridad y asombro, esas pompas voladoras que nunca rompen el epitelio de su transparencia. Suerte en el largo vuelo.





lunes, 6 de julio de 2020

GALERÍAS DE ESPEJOS

Transparencia
fotografía
del archivo de PXFUEL


EL YO SUSCEPTIBLE

yo sé lo que tú sueñas
y lo que en sueños ves

G. A. BÉCQUER

   Mi agitación interna tiene un formato moldeable. Los demás  me suelen atribuir rasgos de carácter que no dejan ninguna sobrecarga en mis espejos. Seguro que ellos tienen razón; yo solo tengo dudas. Desconozco quién soy.

   Hubo años que el sueño nocturno se prolongaba durante horas sin interrupción. Ahora me parece mentira, como si los recuerdos fuesen fotografías a destiempo, hechas con imágenes veladas o encuadres defectuosos.

   Debo escribir un diccionario sobre el misterio intacto del conformismo. Lo desconozco; todo en mí es una súbita sacudida que indefectiblemente concluye en el cansancio. Asumo la conmovida perplejidad de Cesare Pavese: trabajar cansa.

   Esos sabios capaces de ser invisibles en una casa de cristal. No logro quitarme la sospecha de que se han perdido en algún pasillo de la memoria. 

   Un día no vi motivos para soportar cerca su prepotencia, extraña y perturbadora, y desapareció para siempre por alguna oquedad digital. Como el amor, la amistad no correspondida se sienta en la oscuridad para hablar a solas de renuncias y despedidas.

(Diario de verano)



domingo, 5 de julio de 2020

INTERNOS

Regreso
Fotografía
de
Pinterest

INTERNOS


Marchitará la rosa el viento helado

GARCILASO DE LA VEGA

  
  Tras el confinamiento insular, regreso al Pabellón de internos. De su alambrada hostil sobresale una fila de adelfas florecidas. Dentro no cambia nada, hay un callado pacto con el tiempo. Algunos internos deambulan dubitativos, miran mi presencia con desconfianza. Después se aproximan; me piden euros y tabaco, y premian la súbita generosidad con confidencias. Alguien, susurran, empujó al celador en la escalera central; hubo suerte, aunque sobrevivió se fracturó la cadera y las piernas; y estará lejos varios meses.
  En la tapia de entrada siguen juntas las sillas de plástico, alineadas frente a la avenida. La soledad permanece sentada. Siempre inmóvil, como semilla que espera un buen final.

(De Cuentos diminutos)






sábado, 4 de julio de 2020

CONVERSACIÓN CON GLORIA DÍEZ SOBRE "AHORA QUE ES TARDE"

Gloria Díez y José Luis Morante
Biblioteca Mario Vargas Llosa (Madrid)

Gloria Díez, poeta, periodista y gestora cultural, conversa con José Luis Morante sobre la antología Ahora que es tarde (La Garúa, 2020), una selección de poemas que integra treinta años de creación, desde 1990 hasta 2020. 


- Al leer los títulos de tus libros, Rotonda con estatuas, Población activa, Largo recorrido, llama la atención lo cotidiano del lenguaje. Definitivamente ¿tu reino es de este mundo?

Sí, suelo vivir en la periferia de la solemnidad, en ese barrio de gente que busca en el lenguaje sustratos comunicativos y zonas de intersección; sé que a veces esa media voz puede confundirse con la pobreza expresiva o con el vuelo bajo; pero asumo el riesgo; me gustan los poetas que se visten con ropa de calle.

- ¿Cómo Karmelo C. Iribarren?

Claro, como Iribarren, Comendador, Antonio Jiménez Millán, Luis García Montero, Joan Margarit, Juan Gelman, Parra, Carver, Ángel González o Wislawa Szymborska…

- Pero también admiras a Juan Ramón…

La casa de la poesía es hospitalaria por naturaleza y hace de cada itinerario lector un espacio transitable, un magisterio, una claridad por descubrir… Sí, me encanta la poesía de Juan Ramón, y de Antonio Machado, Cernuda, Borges u Octavio Paz; creo que la lectura debe ser plural y continua y esas condiciones han gestado en mí un cofre de deudas que ya querría para sí la mismísima Pandora…

- Dices: “Al piso regresaba cabizbajo, enfundado en un traje de preguntas”. ¿Esa es la función del poeta, preguntarse, preguntar?

Toda tarea creadora es indagatoria, por naturaleza; recorre líneas de sombra y rincones que suelen cobijar más sombras; y en esos sitios el poeta siempre inventa cruces, reiteraciones y retornos al punto de partida; la escritura es desandar.

- ¿Qué te llama la atención de las estatuas? Hay “sonrisas cinceladas en mármol”. Y están tan quietas….

Son la certeza firme del pasado, me gusta su simbología y su afán por hacer perdurable la finitud; es tiempo inquisitorial y muchas estatuas han bajado de sus pedestales; yo sigo conversando con ellas; son encomiables interlocutores.

- ¿Te gustaría que te hicieran una…? Una estatua. ¿Y cómo sería? Danos una pista.

No me había planteado esa celebración matérica de la identidad; hace muchos años un amigo me sorprendió en una lectura recordando que yo había definido una papelera como un cielo para despojos... Así que parques, estatuas y papeleras suelen crear espacios apacibles de soledad y melancolía, de lecturas al sol.

-Tu imagen en el espejo, los heterónimos… ¿Te inquieta la dualidad? ¿O son las contradicciones?

Vivo con ellas desde siempre: hablo mucho porque soy muy tímido; me gusta la soledad porque estoy lleno de extraños, soy frágil porque creo en la fortaleza de la voluntad, y estoy conmigo cuando estoy solo... Los heterónimos son posibilidades del yo; es saludable ser cobijo de tantas mutaciones.

- En tus criticas hablas del “protagonista lírico” que construyen los poetas. ¿Y cuál construyes tú?

Creo que en mis poemas se perciben claras afinidades entre el trayecto autobiográfico y las contingencias del sujeto verbal; así que entre los dos hay un razonable aire de familia que se va haciendo con el tiempo más intimista y reflexivo.

-  Dices “todos cabemos dentro de la especie enemigo”.  ¿La vida te ha puesto frente a grandes enemigos?

Como a todos, la vida me ha dejado abrazos inolvidables y decepciones al paso; de los abrazos queda el calor intacto en la piel; de las decepciones, las cicatrices... No sé si mis enemigos eran grandes, tengo la sospecha de que su talla era liliputiense y mezquina porque se han ido diluyendo en la memoria...

- ¿Y para qué sirve un enemigo? ¿Se le puede encontrar alguna utilidad? Aunque sea residual.

Sirve para recordar que él tiene de nosotros la misma teoría; para saber que la dificultad está inserta en cualquier relación humana y, desde luego, para cobijar nuestras sensaciones en poemas, libros o en mínimos aforismos que callan su destinatario, pero que hablan con voz firme... Aquella teoría de la otra mejilla contradice la sensación de justicia que requieren algunas actitudes.

- Escribes: “me sonaban los pasos a verso en asonante” ¿En qué métrica te sientes más cómodo?

Todos mis poemas, salvo una minoría, usan el verso libre; y dentro de ese verso libre creo que hay un predominio de dos medidas versales, el endecasílabo y el heptasílabo... Sé que son precisiones un poco insulsas, pero ese ritmo es el más frecuente en mi cabeza en el tiempo de composición que suele ser muy asimétrico; tardo mucho en escribir un poema, días, meses; o el poema llega casi completo y solo lo modifico en la segunda o tercera lectura.

- Y la música del verso… ¿de dónde viene? Porque tus versos son musicales: (…) este presente es sórdido y conviene/ descerrajar el tiro a quemarropa”.

La cadencia musical es columna vertebradora; en casa hay una fuerte inclinación a la música y al ritmo; además está la lectura; me gustan los poetas que hacen de su poesía una canción que puede leerse en voz alta.

- Una de tus tareas literarias es la crítica. ¿Qué aporta? ¿Qué exige?

Aporta un dominio expresivo mucho mayor, una exigencia de sencillez y una continua voluntad de seguir aprendiendo. Tengo una incansable voluntad lectora, una huida de los juicios de valor y un compromiso de escribir la reseña con estilo, lejos del aire desmadejado que suele tener un artículo de prensa.

- ¿Algunos de tus enemigos se han fraguado ahí? La tarea de desechar es ingrata.

No me gustaría dejar la impresión de que mis enemigos son multitud, ejerzo en lo posible de buena gente, y lamento que ese título “Enemigo leal” pueda dar esa imagen; como dije en su día; mis enemigos leales son conceptos, no son presencias sigilosas en un callejón... Es verdad que dos o tres críticos me dieron un buen palo en algún libro; pero solo uno me hizo daño de verdad, porque su crítica contradecía sus propios consejos anteriores; así que reitero que mi porcentaje de enemigos está a años luz de los amigos.

- Háblame de tus antologías. ¿El antólogo disfruta, sufre, acaba impregnado del perfume del autor?

Sí, es una posición de espectador privilegiado; se disfruta mucho de esa sensación de ir completando un paisaje que solo al final adquiere forma completa; la antología más gratificante fue una de poesía joven, “Re-Generación” (Valparaíso ediciones, 2016). Y sigo manteniendo aquella sensación de proximidad con los elegidos.

- ¿Hay muchos “demonios sueltos entre los papeles”? ¿Entre tus papeles también?

Sí, en ellos forman algarabías permanentes las dudas, las prisas, las ideas en blanco, los materiales inútiles, los proyectos que se quedaron a medias...

 - ¿Como crítico, ¿qué evolución adviertes en tu poesía?

Creo que un caminar pautado, sin giros ni estridencias que desemboca en el presente de forma natural; como un trayecto reglado; nunca he creído en el poeta acróbata, que hace malabarismos sin red.

- ¿Se mantiene tu “terca voluntad de estilo”? ¿Y qué estilo sería ese?

Una de las cualidades más definitorias en mi manera de entender el hecho literario es la voluntad; procuro mantener un tono de voz natural y creíble, sin imposturas, que deje la imagen de un protagonista implicado y fiable.

- Cultivas el haiku y el aforismo. ¿Qué te ofrecen esas formas breves?

Concisión, brevedad e ingenio, la certeza feliz de Juan Ramón de que “menos es más”.

- Ahora que es tarde, ¿es el momento de mirar atrás?

Sí, es un balance de treinta años que requiere abordar el sendero cumplido para saber qué queda lejos y qué se mantiene a la vista todavía; el título de esta antología, que ha prologado con tanto acierto el poeta y profesor Antonio Jiménez Millán, niega la separación entre pasado y presente; o mejor: los unifica en un mismo instante como si sus latitudes fuesen espacios complementarios. Creo que el profesor, poeta y crítico acierta plenamente; la escritura es una toma de conciencia del discurrir ; es palabra en el tiempo, como escribió Antonio Machado. 

- ¿Esta es una antología provisional? ¿Queda mucha obra en el tintero?

No lo sé, sigo trabajando el poemario Nadar en seco, pero no tengo la sensación de estar en el final de ninguna ruta; soy un náufrago que sigue buscando costa. Sigo dispersando pasos en los géneros habituales; no sé separarme de la escritura; es piel y abrigo.

 Después de caminar 30 años es un buen momento para que el viajero se detenga y eche la vista atrás. Eso ha hecho José Luis Morante, poeta, crítico y aforista, en esta antología titulada “Ahora que es tarde”, que hace el número 86 de la colección de poesía de La Garúa. Nueve libros de poemas vierten en estas páginas lo mejor de un autor que habita en la periferia de la solemnidad, viste ropa de calle y es capaz de nadar en seco. La entrevista ha sido realizada guardando todas las medidas de seguridad. 

Julio de 2020