jueves, 3 de diciembre de 2020

JOSÉ LUIS PARRA. LA HORA DEL JARDÍN

´La hora del jardín
José Luis Parra
Selección y prólogo de Susana Benet
Editorial Renacimiento
Colección Calle del Aire
Sevilla, 2020


  UN VASO DE AGUA


   Aunque nacido en Madrid en 1944, José Luis Parra hizo de Valencia y su entorno geográfico un refugio vital. Allí discurrió, instalado en Quart de Poblet, casi su existencia completa y fue gestando la vocación de escritura, que solo encuentra una salida tardía. Su primera publicación Más lisonjero me vi aparece en 1989 y abre un fértil sendero de publicaciones, integrado por las entregas Un hacha para el hielo (1994), Del otro lado de la cumbre (1996), La pérdida del reino (1997), Los dones suficientes (2000), Tiempo de renuncia (2004), De la frontera (2009) y el libro final entregado por el escritor Inclinándome, que se publicaría en 2012, el mismo año de su fallecimiento. Además de las estaciones mencionadas, el legado lírico dejaba las compilaciones Caldo de piedra y Abismos; y no tardaría en editarse el poemario La hojarasca (2016).  
   Con luminosos contornos, la obra dibujaba un absorbente destino de poeta nunca desvanecido. La singular personalidad del autor daba cuerpo a un emotivo diario sentimental; transcribía una sostenida disposición anímica para percibir el discurrir temporal desde la palabra, a través de un sencillo núcleo de temas capitales.
   Cuando parecía agotado el espacio poético de José Luis Parra llega a las estanterías de novedades La hora del jardín, un conjunto poético rescatado por la escritora y amiga íntima del poeta Susana Benet. En el prólogo al libro, la extraordinaria poeta contextualiza el origen de los textos. Proceden de los cuadernos duplicados que José Luis Parra, precavido, dejó en casa de Susana Benet, como si así ratificara la permanencia de los poemas. A ellos se añaden algunas piezas manuscritas y mecanografiadas, conservadas entre las páginas del diario. Queda así completa una nueva entrega, dispuesta en dos secciones orgánicas.
   La primera, “Diario del romántico” avanza desde un criterio cronológico y contiene piezas escritas entre 1987 y 2006. El título intensifica el sesgo autobiográfico de los poemas y su epitelio sentimental. Los textos dibujan con mano firme las derivas del yo subjetivo siempre náufrago de las aguas del tiempo: “No queda tiempo, no me queda / tiempo. Escribir es una sombra, / un silencio / de todo lo que quedará / por escribir “. Limpia, serena, sin el rostro brumoso de la erudición y del aderezo metafórico, la poesía de José Luis Parra enuncia con claridad sus magisterios y sus contradicciones dubitativas. Como en Pessoa, el ser es uno y múltiple, claridad y tiniebla, deseo y renuncia.
  Como una semilla nutricia, el amor convulsiona y transfunde la identidad. Es don inesperado y recuerdo, evocación que tiembla en los sentidos con una plenitud intensa, celebratoria, lúdica. El cuerpo habla desde la alegría, enaltece el encuentro carnal, estimula el ardor de la caricia y se hace estela del encuentro, necesario y urgente.
  En la disparidad argumental del apartado conviven  intimismo, apuntes sensoriales, el decurso de la educación sentimental, expandido entre la decepción, el escepticismo y la esperanza,  y el pensamiento ensimismado del solitario, con tanta lucidez expuesto en el poema “Buen provecho”: “Dejemos que la vida nos cocine / a fuego lento / y no nos queme. / Si somos un menú para la muerte / que encuentre nuestra mesa dispuesta y ordenada, /…”.   
  La sección final, que presta su epígrafe al libro, agrupa textos escritos desde 2006 a 2012, un intervalo de plena madurez crepuscular. Desde esa mirada otoñal, marcada por la conciencia de temporalidad, se escriben muchos de los poemas incluidos. Las horas dictan un presente continuo porque el futuro cada vez se presenta más como un espejismo. Llega el frío y es necesario buscar abrigo. En el reposo las palabras convierten el sereno transitar del pensamiento “en la casa sin lumbre del poema”. Desde el ser para la muerte, la poesía concede la felicidad cercana de un pequeño jardín frente al derrumbe de los sueños: “He sentido mis pies como raíces / hincándose en el suelo, excavando / con fiebre mineral, en las tinieblas. / También en primavera es más fértil la muerte”. Del contraste entre desolación y esperanza habla con fuerza renacida el tanka “Cerezos”: “Casi cegados / los ojos en la ciénaga, / tu piel caía; / pero viste aún el vuelo / en flor de los cerezos”.
   Como vasos de agua fresca, los poemas agrupados, con excelente montaje argumental de Susana Benet, en La hora del jardín tienen la caligrafía transparente de lo verdadero. Esa carga justa de emoción y misterio que pone mediodía en el áspero yermo del tiempo.     

JOSÉ LUIS MORANTE

   
 


miércoles, 2 de diciembre de 2020

CÁSCARAS


Haiku
Imagen
de
Archivo Piqsels


Con el silencio
la cáscara del haiku
se resquebraja

                      (Inédito) 


martes, 1 de diciembre de 2020

JOSÉ MANUEL RAMÓN. DONDE ARRAIGA DESTIERRO

Donde arraiga destierro
José Manuel Ramón
Prólogo de Anna Rossell
Ars Poética / colección Ars Nova
Oviedo, 2020

 

PÁLPITOS DEL PENSAMIENTO


   En la senda creadora personal, que ha alentado proyectos de gratísimo recuerdo como la revista Empireuma, junto a José Luis Zerón y Ada Soriano, y la traducción de varios libros desde el portugués, José Manuel Ramón (Orihuela, 1966) busca el centro de la llama en la poesía. El afán lírico ha sumado hasta la fecha el cuaderno Génesis del amanecer (1988), La senda honda (2015), La tierra y el cielo (2018) y culmina viaje con la terna Trilogía de la reencarnación, un quehacer escritural que encuentra su razón de ser en la lírica meditativa y en su hermético deambular.
   La segunda entrega de la trilogía, Donde arraiga destierro despliega sus recodos verbales con una introducción clarificadora de Anna Rossell.  La breve percepción crítica “El poeta, demiurgo y criatura,” alude a la maleable identidad del sujeto. Medita con el afán exploratorio para indagar ámbitos de conexión y zonas de penumbra entre el protagonista interior, siempre escaparate de limitaciones y flaquezas, y las pluralidades significativas del lenguaje.
  Con esta percepción sale a superficie un libro denso, complejo en lo formal, organizado en cuatro tramos de conocimiento que comparten hondo cauce existencial y una estela de citas que refuerzan el peso trascendido de instantáneas vitales. El tramo auroral “Estigmas” aporta un doble paratexto de Ives Bonnefoy y Allan Kardec que da paso a la inercia pensativa; sondea los estratos frágiles de lo transitorio. El devenir arrastra pasos pretéritos, vestigios y pérdidas que dejaron su ausencia en el epitelio del hablante lírico.
   José Manuel Ramón emplea una cadencia expresiva sostenida, donde se eliminan las pausas ortográficas, como si los distintos fragmentos compusieran un único monólogo intimista que condensa en sus moldes el desandar pautado por el desengaño. El poema no elude la experimentación visual caligramática, como si fueran rupturas en el trascurso de los versos, saltos vacíos en el aleatorio fluir de la conciencia frente a las manecillas tercas del presente. El muestrario textual preserva la perspectiva de límites borrosos de la incertidumbre, el delirio que franquear para llegar a la otra orilla del sosiego.
  La sección “A ras de hierba”, que sitúa como entrada unos versos de César Vallejo, pertenecientes a Los heraldos negros, nace con el tono intimista de quien busca  una salida a la madrugada, como si las palabras quisieran recuperar la transparencia, el bisbiseo de la luz entre la penumbra de afanes e insomnios del sujeto a solas: “La aurora / brinca sobre pavorosos días / y escenifica claros armisticios / con los que trasmitir / equidades”. Los poemas inciden en la idea de catarsis y limpieza interior, porque el pensamiento necesitara recuperar la navegación sin rencores ni máculas, esa primera claridad que propicia el arraigo de colores y formas.
   José Manuel Ramón busca para el tercer abanico de poemas un título simbólico que  incide en la idea de que la poesía es abrazo y comunión: “El bosque que somos”. El pleno simbolismo del árbol recuerda la persistencia de la raíz y su fuerza para tantear en lo oscuro. El entorno nocturnal es una lenta esclusa que requiere apertura y ofrece ángulos de meditación en la conciencia. En la tierra fértil del pensamiento se hace fuerte la semilla de otra realidad que sostiene la voluntad de ser, esa necesidad de buscar sentido e inocencia.  
  La claridad cómplice de la esperanza encuentra sitio en el último apartado “La vasta dimensión”. La construcción existencial va forjando en los días nuevos espacios habitables, tierras ignotas en las que sentir la voz dialogal del círculo cotidiano en un ámbito de cercanía. El estar callado de la naturaleza proclama la fuerza de los ciclos, ese desbrozar de señales que deja la corriente de la temporalidad que propicia mudas y transformaciones en lo rutinario. 
   En Donde arraiga destierro persiste el pálpito confidencial del pensamiento. Afloran desde la memoria incómodas cenizas que invitan al despojamiento; es necesario que cada ausencia y cada pérdida tengan su sitio, su pactado destierro, su añoranza en la terca maraña de la soledad en la que duermen materia y espíritu. En los poemas de José Manuel Ramón se cobija el destierro en la propia conciencia. Poemas a solas, que conectan la estridencia declamatoria de la realidad y el latido interno de un sujeto contraído en la duda, que asume la ontología del hombre como un lugar de tránsito con andamios de aire, propicio a la orfandad frente al mañana.


 
 
José Luis Morante
 
 
   
 
 

lunes, 30 de noviembre de 2020

ALETEOS VERBALES

Equilibrios con voz

 

ALETEOS VERBALES


Se ha pasado la vida de mudanza, deshabitando casas sin nadie.


Qué estruendo algunas ausencias.


Hay ideologías en las que solo el llanto es libre. 


A largo  plazo es más exacto el balance del ilusionista que la tarea del contable.


El nudismo fomenta la añoranza de una minúscula cerradura.


Disentir es refugiarse tras una pared propia; asentir es dar vuelo a la ceniza.


La muerte supone que la vida no es real.

(Aleteos verbales)



 

domingo, 29 de noviembre de 2020

MARÍA SANZ. RECADO ORIGINAL

Recado original
María Sanz
Lastura Editorial
Colección Alcalima
Madid, 2020

 

DESANDAR LA NOCHE

 

   En la últimas décadas, la voz poética de María Sanz (Sevilla, 1956) ha mantenido un equilibrio presencial, con sostenido ritmo de publicación y con un creciente palmarés de reconocimientos y premios. Los más de cuarenta títulos de senda escritural se dispersan en conocidos sellos editoriales, refrendados con premios como el Ricardo Molina, Leonor, Tiflos, Vicente Núñez o Ciudad de Pamplona, entre otros.
    El poemario Recado original estrena sitio en Lastura, en la vitalista colección Alcalima, que coordina la poeta Isabel Miguel. Antes de emprender su lectura, los habituales lectores de María Sanz recordarán la  sensación de unidad y coherencia en el trayecto argumental que define cada entrega y su tendencia a sondear el yo intimista, desde una dicción coloquial, que cobija con fuerza las bifurcaciones del hálito existencial. La apertura machadiana añade otro matiz, la sensación temporalista y ese caminar sin que los propios pasos se definan más allá de los torcidos renglones del azar: “Ni está el mañana – ni el ayer-escrito”.
    Ante la mirada del hablante verbal se expande un entorno desapacible que convoca la tarea de ser. Ese ejercitar la voluntad requiere razones y sentir que la suma de decisiones supone el encierro de otras esperanzas y posibilidades. Así se lo comenta a sí mismo un yo desdoblado, insomne frente a la lisura fría del cristal, para dar cuenta del propio itinerario personal: “Podrías haber sido alguien más endiosado, / una estatua feliz de carne vehemente, / las raíces del viento en lugar de las tuyas. / pero nunca quisiste silenciar el espejo”. El hablante poemático prosigue inmerso en su estar sedentario, una duda constante, un deambular por la incertidumbre de lo que quedó fuera. La fuga hubiera propiciado la eclosión del deseo, el bullicio intacto de las ilusiones y la noche oscura de lo vedado. Arqueología sentimental que se contrapone a la sedentaria anemia del presente, una calma sin luz perdida en el cansancio: “Vuelves al interior, sin más clarividencia / que la de tantas sombras iguales a la suya, / hiriente convicción para quien nada cree / después de haberle dado la espalda al infinito”. Solo queda la zarandeada conciencia de una soledad asumida como frustración y derrota, como estado carencial de un amor olvidado, que va perdiendo sus reflejos al desandar la noche: “Mejor la soledad a estas alturas, / donde ni el ave ni la lluvia logran / superar la certeza de ser libre”.
  El tiempo a solas tiene un efecto germinativo; la evocación se convierte en quehacer que ordena las heridas y el recuerdo. La mirada se vuelca hacia dentro para recuperar esas briznas de luz de la experiencia que han propiciado los pasos de la identidad en el tiempo. La fugacidad prosigue, muestra las páginas efímeras que cada vez más se acercan al silencio, cuya estela se hace presentida ceniza en los dedos del aire.
   Clara y doliente, con la cadencia elegíaca de una pieza de jazz, María Sanz nos deja en los poemas de Recado original  la firme convicción del estar solo, esa ausencia de hojas en la callada rama del otoño diario. Las palabras aceptan la claridad desnuda del despojamiento. El peso de la edad testifica una realidad mudable, en continua creación. La soledad se hace el silencio escrito de quien, mientras el tiempo se diluye, dibuja una nueva amanecida con sus palabras.

 
                                                                                           JOSÉ LUIS MORANTE



sábado, 28 de noviembre de 2020

CON LUZ FURTIVA

A pie de calle

Imagen de internet

 

                                              Mejor no detenerse a meditar
                                                               y seguir caminando

                                              ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

Con luz furtiva
empuja la mañana.
El pie tantea.

                (Inédito)  


viernes, 27 de noviembre de 2020

STANISLAW JERZY LEC. 5 AFORISMOS

Stanislaw Jerzy Lec
(Leópolis, Ucrania, 1909-Varsovia, Polonia, 1966)
 

 5 AFORISMOS DE STANISLAW J. LEC 

 Cuando el trabajo crítico agota mi energía, duermo el teclado y me refugio, con cansancio de náufrago, en la roca firme de la relectura. Hoy elegí los intensos laconismos de Stanislaw Jerzy Lec. El escritor polaco casi siempre escribió sus aforismos en estado de sitio, con las cortinas echadas del escepticismo para apagar el exceso de luz de la calle. El enlace entre la compleja biografía personal y la obra es evidente y en Pensamientos despeinados (Pre-Textos, 2014) las incisiones verbales despiden un jugo melancólico, casi ácido, que contagia el ánimo lector. Apenas cultivo el género durante una década, en su etapa de madurez, a partir de 1955. Falleció una década después, en 1966, empeñado en el propósito de entrenar la memoria para que aprenda a olvidar:

 Su conciencia estaba limpia. Nunca la había utilizado.

*

Sé realista. No digas la verdad.

*

Hasta su silencio tenía errores de lenguaje.

*

Me desconcierta el rostro del enemigo porque veo cuánto se me parece.

*

Los que nadan contra la corriente no deben esperar que ésta modifique su dirección.

José Luis Morante