domingo, 30 de abril de 2017

MAREJADILLA MATINAL

Miradas



MAREJADILLA MATINAL
 
Cada náufrago reclama para sí la madera raída.

Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.

Estoy aquí, creo, aunque desconozco la ubicación exacta del aquí.

Los aforismos marcan la piel del agua, como la huella frágil de una verdad.

Para la confidencia íntima, personal, directa, un tono de voz sobrio alejado del aspaviento.

Percibo contornos con la precisión ambigua del miope.

Cada día el desconcierto, la indagación sobre una realidad cambiante y fragmentaria.

Con los años el escepticismo muda en benevolencia.

Sucede que regresas cada vez que te nombro.

No sé apaciguar mi obsesión por relojes y calendarios.

En la íntima discordia entre el yo y la nada, tomo partido.

Un nombre propio que acumula letras en minúscula. Nadie, en suma.

Mientras busco, dejo abierta la puerta para el regreso.

                    (Del libro Motivos personales, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015)
 
 

 

 

 

sábado, 29 de abril de 2017

RETRATO DE UN EXTRAÑO

Extrañeza
Fotografía de
Adela Sánchez Santana
Bahamas, 2013


OQUEDAD


Sumergido en la noche,
oigo un cercano levitar de pájaros
que despeja el insomnio y te recobra.
Encuentro en tu pupila la extrañeza
de quien vive en un páramo
que ráfagas de olvido desarbolan.
Acumulo y arrojo
ribetes de amargura
a prudente distancia.
En el rigor maltrecho de la sombra,
te clarea la luz, te da pujanza
para que tomes posesión del día.
Para ti la mañana.
Para mí llega el sueño.
Exploro su oquedad. Cierro los ojos.

   (De La noche en blanco, 2006)


viernes, 28 de abril de 2017

ORIETTE D'ANGELO. AMANECIMOS SOBRE LA PALABRA

Amanecimos sobre la palabra
Antología de poesía joven venezolana
Selección y prólogo de
Oriette D'Angelo
Team Poetero Ediciones
El Rosal, Caracas, 2016

PRISMA POÉTICO DE VENEZUELA

    Ofrecer un panorama limitado por fechas generacionales siempre deja la impresión de un enfoque parcial, estrictamente realizado con los aportes de unas cuantas presencias creadoras. La propuesta Amanecimos sobre la palabra con selección y prólogo de Oriette D’Angelo dibuja el orbe poético del ahora venezolano mediante una nómina de veintinueve poetas nacidos entre 1985 y 1999. La juventud de los incluidos habla más bien de propuestas que de realizaciones concretas; casi todos los integrados en la muestra permanecen inéditos en papel y han difundido los poemas a través del espacio digital. Pertenecen a una coral de autores que encuentra en el ciberespacio difusión a través de blogs, revistas digitales o páginas web. Sus recorridos urgentes deben adquirir solidez a través del legado de la tradición y del conocimiento de magisterios que aporten raíces. Oriette D’Angelo menciona en su introducción a Pablo Rojas Guardia como tronco firme del canon contemporáneo; de su verso “Amanecimos sobre la palabra Angustia” nace el título de esta compilación.
  Editado en un tiempo sombrío por los conflictos sociales que asolan el país y su fraccionamiento político, parece necesario también hablar del contexto histórico en el que afloran las palabras de esta amanecida. Al cabo la poesía, como argumentara con acierto el crítico y ensayista Juan Carlos Rodríguez, es una construcción histórica, ligada al devenir comunitario y al espacio político y social, saturado de ideología, donde los poemas surgen  y se expresan. Así se percibe, por ejemplo, en la poesía de Juan Rojas, donde el entorno es colapso, expresión de la angustia que interacciona con cada sujeto se erige en génesis versal, o en Cristina Gutiérrez Leal, que sondea los sustratos del yo desde el ser comunitario. También en Daniel Arella para quien "Escribir poemas es dar la cara".  
   La selección comienza con Oswaldo Flores, escritor nacido en Caracas en 1985 y tiene como último paso la apuesta juvenil de Darya Chávez Prigorian. Y en su desarrollo Amanecimos sobre la palabra mantiene un cauce muy útil para el lector: cada propuesta individual está integrada por los datos biográficos, un apunte estético con los signos más relevantes del autor y  dos o tres poemas que, si bien no permiten asimilar de inmediato la senda estética individual, despiertan la curiosidad de buscar en las redes un mayor despliegue del quehacer estético.
   Queda claro en la antología de Oriette D’Angelo que en la última promoción que sale al día en Venezuela no hay monopolios estéticos ni homogeneidad estilística sino un amplio despliegue, un muestrario de ideas con significativas diferencias que va desde el coloquialismo que sondea entre la pérdida de referentes y el desamparo en la construcción de la propia identidad a la vanguardia experimental, desde el objetivismo autobiográfico hasta la problematización de la escritura transformada en estrategia revolucionaria.
  Amanecimos sobre la palabra hilvana materiales aportados por sensibilidades diversas que aquí se combinan como un todo unitario. Se alza así un punto de vista plural que da fe de vida de una escritura omnívora, cuyos ingredientes –imaginación, necesidad expresiva, pensamiento sobre el sentir y el vivir y crónica del entorno, que ayude a comprender la realidad- cooperan entre sí para dar continuidad a una tradición que siempre requiere una nueva capacidad interpretativa, la amanecida de un ideario hecho cambio y metamorfosis. Poesía sin mordaza, tercos universos contraídos donde habita la memoria encendida para el recuerdo y la capacidad  para olvidar.


jueves, 27 de abril de 2017

DESENROSCAR LA TAPA

Arco iris
EN EL BORDE

Para Pilar, en su cumpleaños

  Desenrosca con maña inquieta la tapa del tarro. Sospecha que en el interior habita un dragón contraído. Escruta su ánimo y desecha el miedo. Tiene suerte. Antes de alzar vuelo, en el borde del frasco, roza sus dedos el vistoso arco iris de un colibrí.

(De Cuentos diminutos)

miércoles, 26 de abril de 2017

CARTOGRAFÍA DE MADUREZ

Antes de seguir
Fotografía de
Esperanza Hernández
(Madrid, 2014)


CARTOGRAFÍA DE LA MADUREZ


                                       Envejecí de golpe y cayeron las piedras

                                                                OSWALDO FLORES

Sobre la piel
espejismos, suturas.
Envejecí.



lunes, 24 de abril de 2017

ERIKA MARTÍNEZ. CHOCAR CON ALGO

Chocar con algo
Erika Martínez
Pre-Textos, Colección la Cruz del Sur
Valencia, 2017

CHOCAR CON ALGO



    Entre la publicación de El falso techo, segundo poemario de Erika Martínez, y su nueva entrega Chocar con algo han transcurrido cuatro años, un paréntesis temporal que habla de sosiego, maceración y búsqueda. Son aspectos poco frecuentados por los protagonistas de la poesía joven que suele buscar una construcción urgente del perfil creador.
   Chocar con algo abre una bifurcación, a mi entender, en la trayectoria de Erika Martínez, hacia una voz  más reflexiva y fragmentaria. El poema aborda un trayecto donde suman pasos los viajes interiores del yo, pero toma distancia, como si quien mira fuese un narrador capaz de objetivar su percepción y señalara los relieves expuestos, las marcas de una presencia ajena.
  Quien toma la palabra es un explorador de la intimidad, pero su estar se implica en el acontecer. Necesita mostrar las asperezas, el vacío o el fluir sin brújula de la conciencia. Sus enunciados acumulan situaciones e hilos existenciales que van sedimentando en la memoria.
   Desaparece el trazo cartesiano del poema; ese orden saludable de planteamiento, nudo y desenlace que suele mostrar el verso narrativo. El yo confesional se convierte en las composiciones de Chocar con algo en un relato lírico, expuesto en párrafos autónomos que a veces tienen la contundencia del aforismo: “cortarte las uñas te modifica existencialmente". Las palabras adquieren así una respiración contenida, capaz de bucear bajo las aguas de cualquier asunto. Repleto de originalidad e ironía está esa mirada a la Real Academia y a su magra población femenina. Frente a la estridencia de la queja, Erika Martínez opta por dar voz al fantasma de Carmen Conde y descree de ese rigor solemne  e institucional que contamina méritos y menudea favores de secta. También insiste en romper los estereotipos tradicionales de la feminidad con humorismo irónico en  “El guardapelo de las poetisas”. Las tachaduras del tiempo han convertido en ceniza y naderías los equívocos del romanticismo sobre la mujer y su frágil voz de poetisa en prácticas. El aporte de tantas poetas ha sufrido siempre un exceso de cal y sedimentos que obtura las tuberías de la historia. El tiempo histórico y su ideología patriarcal ha transformado la categoría biológica de ser mujer en una noción ideológica.
   Es necesario recalcar algunos textos de derivaciones metaliterarias. Con el formato de poéticas dosificadas que esquivan la declaración programática o el rígido manifiesto intencional, los versos enfocan con plena luz el diálogo del lenguaje con su propio sentido. Lo vemos en “Pruebas circulares” en cuyo cierre escribe: “Si insistes muchas veces en un solo movimiento se produce un exceso que rompe el círculo o genera un aura de polvo: aquello que rebasa concierne a la lírica”.      
  Chocar con algo es un poemario contundente. Golpea con sus manotazos. Por su lenguaje incisivo que toma estrategias narrativas del aforismo para hacer más permeables las fronteras entre emoción y pensamiento, y por su singular tentativa de dar más libertad a la escritura para que aborde elementos aparentemente desconectados entre sí. Ahí están las propuestas visuales disueltas en el azaroso discurrir del tedio urbano, pero también el aleatorio trazado de la biografía sentimental entre los afectos familiares, el amor y el eros, la mirada del sujeto ensimismado en el recuerdo, o la luz escorada de las obligaciones laborales que siempre  ponen hilo a la inquietud o el desconcierto.
  Recuerdo una cerilla de Lenguaraz: “El norte está en constante movimiento”; es una premisa válida también para la poesía: “escribir concierne al tránsito / enfermedad, paseo, duermevela.” El verso es movimiento continuo entre la plenitud y el vacío. La voz poética de Erika Martínez sigue senda por la lucidez y un hondo intimismo; se interna firme por las aceras de lo necesario.


domingo, 23 de abril de 2017

EDUARDO MENDOZA. PREMIO CERVANTES

Eduardo Mendoza
Fofografía de Eldiario.es
Alcalá de Henares, abril de 2017

LA SONRISA DE EDUARDO MENDOZA

En el Día del Libro

   Me gustó la sonrisa de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) en la entrega del Premio Cervantes. Era un gesto de humilde sosiego, el dibujo de un estar perplejo de quien no sabe si lo que sucede alrededor es una sombra platónica o la secuencia de alguna película neorrealista, proyectada en el patio universitario de Alcalá de Henares. Disfruté también con el discurso de recepción, esos papeles que dan razón a Shakespeare, si lo demás es silencio “Sólo es válida la palabra pronunciada”.
   Pero la humildad de quien no es sino un reincidente en el género humorístico se equivoca esta vez. Es un reconocimiento merecido. Hace justicia a un trayecto creador lleno de hitos desde su debut literario en 1975, con la novela La verdad sobre el caso Savolta. Aquel libro, que obtuvo el Premio de la Crítica, trazó un imborrable retrato de Barcelona. Era un marco convulsionado por los conflictos sociales de 1917 y por los contrastes de una sociedad jerarquizada y repleta de personajes caricaturescos. Aquella primera ficción se abría con una cita del Quijote, así que parecía obligatoria la referencia a su perenne relación lectora con la obra cervantina. Fue el cuerpo central de su discurso. Su enfoque  planteó un itinerario por la memoria más que una caracterización crítica sobre la novela de caballería.
  En el aire quedaron la conformidad con el humor de Cervantes, el brumoso infortunio de las Humanidades en el tiempo digital y su parentesco con las habituales derrotas de Don Quijote y con su sabiduría existencial. También la certeza de que vivimos un tiempo incierto de confusión que hay que denunciar sin alarmismos ni pesimismos nocivos y con una advertencia a la egolatría desatada de los escritores que sitúan el Ecuador en sus ombligos: “La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo”
  Después, el escritor recogió el premio, repartió abrazos, soportó con mérito las languideces del sentimentalismo y salió a la calle para celebrar el Día del Libro y seguir siendo el que siempre ha sido: “Eduardo Mendoza, de profesión sus labores”.