domingo, 2 de agosto de 2026

SANTOS DOMÍNGUEZ. LA HERIDA Y EL CUCHILLO

La herida y el cuchillo
Santos Domínguez
XXVIII Premio de Poesía
Ciudad de las Palmas de Gran Canaria
Ediciones La Palma
Colección Ministerio del Aire
Madrid, 2026
 

UNA HOGUERA DE LUZ

  
   Un luminoso texto de apertura del poeta sevillano José María Jurado, titulado “El guardián del fuego”, propone una temprana indagación de La herida y el cuchillo, nuevo libro de poemas de Santos Domínguez (Cáceres, 1955), reconocido con el XXVIII Premio de Poesía Ciudad de las Palmas de Gran Canaria. Ratifica la introducción: “Los poemas de Santos Domínguez, por la claridad y precisión de las palabras escogidas, por su dicción serena y su arquitectura equilibrada y solemne, sugieren una escucha hipnótica y sinfónica”.
   El título del poemario procede de un verso de Baudelaire “Soy la herida y el cuchillo” y agrupa un material poético organizado en tres apartados: ”Quemadura de sombra”, “Marca de aire” y “Una luz extranjera”. Desde las composiciones iniciales se percibe que el autor impulsa su escritura bajo el resguardo de la tradición literaria, siempre presente en citas y conocidas asociaciones expresivas. Así, el primer poema toma como aserto el celebrado título de Tomas S. Eliot y un inspirador verso de inicio para definir un paisaje verbal de pulida dicción y atmósfera sensorial. La poesía emerge desde una ambientación onírica, con personajes como la Sibila, El Rey Pescador, Artur Rimbaud o la poeta Anise Koltz, para transmitir la oscura cicatriz en la que el tiempo difumina vivencias y recuerdos. Lápidas, entierros, tumbas grises y ausencias dan un aire solemne a la despedida final; llenan los colores opacos del día de pompa y circunstancias para hacer del olvido el último lugar habitable. La existencia insiste en diluirse y formar parte de una densa niebla de olvido.
   El poema rastrea las estelas biográficas de aquellos que llegaron a la estación final para sentir que ahora el cansancio, por fin, ha encontrado sosiego. Lo vivido amalgama una sombra confusa que diluye límites y confunde, por ejemplo, la belicosa fuerza del troyano y la quietud de Ovidio en Ponto Euxino. El final de la vida es el aire vacío, igualatorio, que a todos nos espera. Un jardín otoñal donde encuentran cobijo las ausencias: “Con negra quemadura, /  nos apuñala el tiempo profundo de las sombras”.   
   Las composiciones de este primer apartado mantienen un aire solemne de elegía y despedida, encauzan aportes culturales y acogen una dicción selecta y luminosa, de vibrante cadencia musical, como si pretendieran cauterizar olvidos y alejar el sitio final, esa funesta geografía de la ausencia que aguarda a nuestra efímera condición.
   Las composiciones reunidas en la sección “Marca de aire” alientan un yo poético reflexivo, empeñado en formular, desde la soledad precaria de quien busca con el corazón y la cabeza, la estela incierta del propio destino. Alrededor, alza su tributo al continuo fluir un paisaje en ruinas, que es memoria de un tiempo de esplendor y ahora simbólico que recuerda nuestra condición transitoria. La realidad se muestra, dispuesta al ejercicio de la contemplación: “En los ojos del hombre la luz es un espejo / opaco y luminoso, / un cristal transparente, la delicada piel / de un mundo que respira incansable en el lienzo / y siempre estuvo aquí.”. Queda la belleza del arte, su manera de estar en cuadros y esculturas, como encendidas antorchas que iluminan símbolos e historias, esa estela de sueños escrita sobre el agua. Las distintas secuencias acercan con frecuencia conceptos esenciales como desolación, tiempo y muerte; la plenitud solo dura un instante; pronto esconde su fulgor para mostrarse como una raíz seca que dejó de existir: Quedan “La desazón, los límites, las interrogaciones / de un mundo doloroso incomprensible”
  El tramo de cierre, “Una luz extranjera” retorna a la memoria callada de las cosas. El tránsito temporal cambia el paso y lleva hasta la atardecida, pero no hay queja; queda la plenitud gozosa de los días, la quietud de esas sombras que van copando los espacios crepusculares de la existencia, que ponen distancia y silencio en las horas.
   Santos Domínguez deja en La herida y el cuchillo  una emotiva meditación sobre la condición de ser. Lo hace con la intensidad emocional de quien concentra en cada verso la calma y serenidad de la palabra justa, ajena a la estridencia biográfica, para que sea símbolo y conocimiento, un crecer en el tiempo, agua y claridad en lo hondo.

JOSÉ LUIS MORANTE




sábado, 1 de agosto de 2026

EL MURO

Muro disuasorio
Frontera entre Ceuta y Marruecos

 
EL MURO
 
No es mucho –nada tengo-;
estoy con los que miran
la palidez opaca y vertical.
Busco su enigma,
piel de  hendidura y roce,
en tanto la razón,
se vuelve fósil.
 
Solo el óxido asciende
hasta su altura.
Los días que amanecen requieren otra luz;
callados se preguntan
en qué lugar
camina el horizonte.
La distancia es ahora
el esqueleto gris de lo posible.
Aquí la transparencia
no moja las espaldas;
y tampoco sostiene
un reflejo de nubes,
las migajas del vuelo
 
Una lluvia de arena
dispersa sus indicios
y dibuja ceniza en nuestras espera.
Comienza la vejez
cuando no hay sueños.
Con despojos salobres
sedimenta el desierto
al otro lado.
Abrazaré mañana su vacío.
 

     (Del libro Nadar en seco)


 

viernes, 31 de julio de 2026

TEOREMA DE LA CONFIANZA

Con Gloria Díez y Juan José Martin Ramos
Biblioteca Mario Vargas Llosa de Madrid, 
4 de junio de 2026 

 

TEOREMA DE LA CONFIANZA

 

Confío en la existencia diaria, ese azar demediado entre intenciones y resultados.

Confío en la retina de aquellos que perciben un sol a medianoche.

Confío en las esfinges que no guardan secretos.

Confío en el sentido estético de los laberintos, en esa arquitectura que ubica en el sitio justo las entradas de urgencia.

Confío en la presencia incansable de lo que pasa desapercibido.

Confío en la inconsistencia de los ciclos que exploran lo real, ese deambular por los calendarios que lleva desde el almendro en flor a la rugosa cáscara del fruto.

Confío en los que abrazan cuando no estoy y me confunden conmigo.


(Aforismos  de gratitud)




miércoles, 29 de julio de 2026

CON LOS OJOS DE UN NIÑO

Mirar las cosas con los ojos del niño
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

PAN CON MIGA 

(Apuntes sobre el aforismo)

 

 

 El yo plural

 Cada sujeto personifica una identidad mudable, una vida ondulante, por decirlo con un aserto de Ramón Eder. La escritura aforística no pasa de ser la sombra larga de una fisonomía nómada, que traslada la unicidad de lo diverso. Un estar en los extremos buscando el centro. 

 Con Lemuel Gulliver

 Cuando duermo, las miniaturas cognitivas de la biblioteca trasladan mis aforismos a Liliput, esa nación insular ficticia de ubicación aleatoria. Allí, sus claves interpretativas ganan altura.

 Intimismo

 El tono confidencial habla de todos. Recrea el intimismo de un hombre concreto que habita callejones entre luces. Su estar en primer plano difunde rasgos de otros hombres concretos. Cada gota de agua imita formas, texturas y humedades de otras gotas.

 En la diana

 La conciencia reflexiva coteja el entorno desde la síntesis. Constata un compromiso con las palabras. Da forma una meditación fragmentada. Lo mínimo es un dardo.

 Vocación

No recuerdo una fecha exacta, pero los primeros aforismos de mi libro Mejores días (Mérida, 2009) nacieron hacia 2005, ya como textos autónomos para integrarse en un libro futuro. Un anticipo se editó en el cuaderno Sueltos (Amargord, Madrid, 2006) Antes escuché con frecuencia que muchos de mis poemas tienen un cierre aforístico; así que no fue una decisión brusca en la escritura personal sino un ejercicio de libertad y obediencia; de confianza en lo fragmentario para desobedecer la monotonía del todo desde las partes.

Elogio de la soledad

 En la soledad llama al timbre el decir breve. Suele presentarse con un detonante concreto: una vivencia, una lectura, un asunto laboral… Así alcanzan una primera redacción que después modifico varias veces. La intuición es una brújula perezosa y poco fiable, aunque siempre llena de matices. Con algo que decir.

Sobre el hermetismo

El enfoque de la frase corta requiere concentración, saber acotar el sentido. El aforismo no es un topo que busca sombras en medio de la noche.

Elementos de riesgo

La columna verbal del aforismo soporta dos elementos de riesgo: el sobrepeso y el esqueleto invertebrado.

Tradiciones

Las pautas arbitrarias del gusto propio se contrarrestan con la tradición. Mis estaciones de vuelta son mapas con una cartografía urbanizada. Friedrich Nietzsche, Elias Canetti, Wilde, o Chesterton no monopolizan mi trayecto; dejan sitio a los moralistas franceses, a clásicos y coetáneos que acercan al afán renacido de mis pasos el alborozo intacto de un descubrimiento. Ellos propician la voz cómplice, el verbo inconformista o la estricta reflexión.

Una novela de ideas

Con tantas definiciones válidas, me gusta pensar que en esas convergencias y divergencias cabe la propuesta de entender el aforismo como una novela de ideas, una ficción cuyo narrador omnisciente es la conciencia del sujeto que deja hablar a sus convicciones éticas y estéticas y cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad y soporta un continuo amotinamiento de los elementos textuales. El carácter autónomo de cada texto concede al hilo argumental un rumbo imprevisible.

Sin derroche retórico

En el centro indagatorio del aforismo la búsqueda de la transparencia, la voluntad de orden de los cantos rodados y la apelación a la empatía lectora sin derroches retóricos. Ascetismo verbal.

Procesos

Extendidos en el tiempo de la digresión, hay procesos tediosos y aburridos. El aforismo es el racimo, no la fermentación.

La vida es sueño

Calderón confinó en un aserto metafísico las vicisitudes del despertar: la vida es sueño. Y el axioma prosigue senda en el devenir. Se impone así la idea de la representación. La escritura necesita una máscara, un escenario que siembre pasos en situaciones ideales.

Disfraz

El aforismo testifica esas situaciones y es preciso elegir el disfraz del personaje. Toca ponerse el vestido pintoresco del payaso, el velo etéreo de la evocación o la chaqueta gris del moralista. Abro el ropero.

Respiraciones

Los aforismos respiran, como si concluyesen una inmersión bajo el agua de los significados y entraran en la luz, todavía con la humedad dormida en sus palabras.

En primera persona

El discurso principal de un libro de aforismos acepta bien el mirador directo de la primera persona; los incisos aislados nunca derogan el cauce principal que suele adaptarse al extraño viaje de la confidencia. A veces, la veracidad genera una obsesión de proximidad que hace aconsejable la laboriosa tarea del narrador omnisciente, a quien hay que exigir una claridad sin derroches retóricos.

Rayuela

Las compilaciones de aforismos son proteicas, abiertas, discontinuas, como la rayuela, ese juego infantil que se practica a saltos.

Estridencias

En la crítica aforística hay que desconectar de inmediato esa alarma interior del amiguismo. Más que aviso para despertar es estridencia y quiebra.

Hipótesis

El aforismo establece una hipótesis verosímil, una verdad creíble que desarrolla un cauce verbal construido desde la experiencia, sea ésta biográfica o literaria.

Mutaciones

El aforismo crece y evoluciona. Soporta las mutaciones del tiempo y no puede ignorar la piel fragmentada de la realidad. Cuando hace balance de su contingencia siente dentro la voz callada del superviviente.

Carta de navegación

En la escritura breve no es posible la desconexión vital; la estela autobiográfica es una brújula, una carta de navegación.                                                        

 

                                               JOSÉ LUIS MORANTE

(Madrid, 2019)

                                                

lunes, 27 de julio de 2026

FRANCISCO CARO. AQUÍ

Francisco Caro
(Piedrabuena, Ciudad Real, 1947)

  

COORDENADAS

 
Aquí
Francisco Caro
Mahalta Ediciones, Colección Poesía
Ciudad Real, 2020
 
   La labor poética de Francisco Caro (Piedrabuena, 1947) adquiere perfil definitorio en la antología Este nueve de enero, una compilación de trayecto, realizada en 2019. La selección recoge los poemas más conocidos y dibuja la evolución en el tiempo del dinamismo literario impulsado, con paso sosegado,  por el escritor castellano-manchego. En ese volumen se hacen suelo básico las resonancias del existir, esa expresión cotidiana, evocadora y reflexiva donde confluyen incisiones biográficas y el merodeo de la temporalidad. Así se define un ideario estético que fusiona intimismo y afán comunicativo, indagación en la identidad y esa ambivalencia contradictoria que propicia el diálogo entre sujeto y entorno, convertido en un refugio abierto.
   El poeta entrega ahora, en el complejo año de la pandemia que tanto ha transformado la condición de ser, el libro Aquí con una nota indicativa que advierte sobre la entidad literaria de esta obra. Las composiciones más tempranas se fechan en 1998 y las más actuales son de 2020; por tanto, a primera vista, no es un libro unitario sino un balance en el tiempo que postula una voluntad expresiva sostenida, articulada desde una expresión diáfana, desnuda y emotiva.
  El discurrir natural del poema deja como apertura una cita de Eliseo Diego: “Hay días en que el tiempo acude manso / y al lado de la luz”. Una reflexión relevante, empñada en recordar que la cotidianeidad del hablante lírico está siempre condicionada por la estela de contingencia y fugacidad del devenir. El ahora se percibe como un espacio de apertura, cuajado de vivencias aurorales que conforman la propia geografía del sujeto y las pulsaciones vitales del pensamiento: “Es aquí donde espero / a que nadie me nombre, a que calle / la prosa para siempre, aquí nací, en estas tierras cuarzo de interior…”. En la palabra se asienta la conciencia de pertenecer a un espacio afectivo, donde se entrelazan sensaciones existenciales que definen el presente como un tapiz sin brumas; un manantial de vida que siembra en las palabras frescor y transparencia, el rumor del origen. Evocarlo no exime de trazar una estela de leve melancolía. Los días de infancia, siempre alumbrados por la pura inocencia de la amanecida, son ahora un regreso cuajado de recuerdos. Desde esa voz evocadora nacen composiciones como “Verano de 1956”, “La fragua de Ángel” o  “El cine de Antonio”. Los poemas dibujan instantáneas pobladas por nombres propios que perduran, en las manos del tiempo, ocupando la escena de un modo personal y creíble, pleno de luz y mediodía.
  La presencia cálida del intimismo avanza en el cauce del tiempo hacia un verso más indagatorio, marcado por las dimensiones del discurrir vital. Cada amanecida es paradójica porque alienta una búsqueda de lo perdido y aporta un patrimonio afectivo en el que lo diario adquiere transcendencia y sentido. El poema construye, con serenidad y epitelio emotivo, su arquitectura de sensaciones. Quien vive yuxtapone búsquedas y sondeos, el veneno preciso de la decepción, la verdad sospechada de lo transitorio, la suma de derrotas que se van guardando en los rincones menos visibles su zumbido callado, su indolencia: “hoy que vuelvo / a escuchar su zumbido, su deseo / de paz o enemistades / ya sé que son las mismas, / que todo muere sé, que todo permanece, / que soy el mismo miedo, que acaso soy el mismo”.
  Al cauce central del temporalismo se adhieren otros sustratos temáticos, entre los que se vislumbra el afán metaliterario, si cabe, con un deje irónico, que resalta en la entrega Cuaderno de Bocaccio, aparecida en 2010, el mismo año de Paisaje (en tercera persona). Se divaga sobre los aspectos formales, la brevedad, el sentido comunicativo y dialogal de las palabras y esa noción conceptual de la escritura como proyecto inacabado, como conjetura que resguarda la luz debajo de la dermis oscura del sentido, sin tener que recurrir a aderezos retóricos ni trucos de magia. Alguna vez he leído que los versos figurativos amplifican el realismo desde la sugerencia. Es una excelente definición que hago mía de inmediato. El sujeto verbal no emplea un realismo enunciativo, busca para la arquitectura del yo protagonista andamios nuevos y anula marcas gastadas de etiquetas tópicas.
    En la práctica poética de Aquí la memoria es un epicentro fundamental, desde la sentida dedicatoria de la amanecida: “Con mis padres, Teresa y Leónides, en memoria. Con mis hijas, Ana y Julia. Antes, después”. Su paso indagatorio conecta pasado y presente, como orillas de un desahogo vivencial que nunca atenúa los pasos de la incertidumbre. Los poemas alzan andamios, van poblando la cartografía del recuerdo con los trazos cómplices de un yo cambiante que  salió a la mañana para percibir “el mundo en el instante que comienza”. Mientras, el tránsito diario dispersa las hojas de los días, esa fronda perecedera que abriga la condición de ser.



José Luis Morante



domingo, 26 de julio de 2026

JORGE LUIS BORGES

Jorge Luis Borges: Mitologías

 

Un instante con Jorge Luis Borges 

   Hoy, los ordenados libros de Borges me miraron con el ceño fruncido. Hace meses que no los leo. Acepté de inmediato culpa y desidia, aunque argumentando que mi admiración por el escritor argentino sobrevive con tenacidad. Y diseñé, en pocos minutos, un plan de relectura.
   Antes, reconstruiré antes la personalidad del argentino con libros de Marcos Ricardo Barnatán, Alberto Manguel y con  la primera edición en castellano de Un ensayo autobiográfico, texto ilustrado con más de un centenar de fotografías.
   En algún cajón de mi escritorio, un cuaderno manuscrito relata una evocación detallada de mi pasión por Borges, expuesta en artículos, reseñas y poemas, y alimentada por la creencia de que no existe en su literatura una sola página que pueda considerarse territorio estéril.  
  Me espera un largo viaje de retorno, un desandar el tiempo, en el que me conviene recordar que “leer es una actividad posterior a escribir, más resignada, más civil, más intelectual”.

(Apuntes del diario)







viernes, 24 de julio de 2026

INCENDIOS


 

INCENDIOS

 

 . Frustración ante la ignorancia e irracionalidad de quienes cada verano provocan los incendios que convierten nuestras provincias en territorio estéril.

 . El sofista Protágoras, uno de los inspiradores de la pedagogía, pensaba que el problema fundamental del ser es la educación. Tiene razón: nadie civilizado quemaría un bosque.

 .Todos los años idénticos titulares en los medios de comunicación: miles de hectáreas calcinadas y un espacio desértico, sin rastros de vida. Todos los años también la misma impunidad e idéntica impotencia ante la ausencia total de políticas preventivas.

 . Pesimismo antropológico: las buenas intenciones sobre la prevención de incendios se olvidan en invierno.

 . Sin medidas concretas en la vida comunitaria – reforestación, educación medioambiental, limpiezas y podas programadas, aclimatación de nuevas especies, responsabilidad penal y civil para los infractores…- estas mínimas reflexiones no son sino una queja insistente, mera palabrería.

 . En la retina, la equilibrada serenidad formal del bosque antes del fuego. Naturaleza muerta.

Apuntes del diario