viernes, 7 de agosto de 2026

GOYA GUTIÉRREZ. CONJUNCIÓN DE LAS AGUAS

Conjunción de las aguas
Goya Gutiérrez
Prólogo de Neus Aguado
Ediciones Contrabando
Colección Marte 25
Valencia, 2025

 

SECRETOS DEL AGUA

   Goya Gutiérrez (Cabolafuente, Zaragoza, 1954), coeditora y directora de la revista Alga, profesora durante muchos años y poeta con un valioso tapiz lírico que integra, desde la carta de presentación De mares y espumas hasta el libro más reciente Pozo pródigo, más de una decena de poemarios, complementados con algunas plaquettes y con la práctica de otras facetas expresivas como la novela, los comentarios críticos y la fotografía.
  Las composiciones que aglutina Conjunción de las aguas acogen una precisa introducción de Neus Aguado, titulada “En esta casa transitoria”. El prólogo recuerda la tradición de símbolos que ha multiplicado el agua, como elemento primordial y generador, como elemento matérico capaz de moldearse en tres estados. Es asombro y temblor inaugural de claridad y transparencia del transitar existencial; aglutina lo emocional y sensitivo, las inquietas corrientes cambiantes que conforman la conciencia profunda del sujeto. Escritos desde la necesidad y la búsqueda, los textos para Neus Aguado ”fortalecen una voz madura, capaz de transitar entre lo explícito y lo oculto. Se escribe para explicar lo inexplicable y reivindicar la belleza y el amor de forma absoluta". Los versos se empeñan en “recordar que la belleza en su sentido más amplio habita en nosotros”.
  En todos los tramos orgánicos de Conjunción de las aguas emerge una semántica común: el agua representa el cauce existencial, vislumbra un fluir continuo. De este modo, prevalece una mirada introspectiva que aglutina sensaciones y aportes enunciativos. Así queda constancia en la sección inicial, “Aguas”, con citas de dos magisterios de la poesía simbólica: Juan-Eduardo Cirlot y José Ängel Valente. Los poemas aportan una mirada integradora al trazar el perfil indagatorio del sujeto poético; la introspección es una tarea básica del estar, un sentimiento primigenio que bucea en sí mismo para capturar el ansia de ser: “La poeta lo sabe   y hace que las palabras / se enciendan    que caldeando como estrellas/ puedan evocar    el tiempo que se estira / que se ciñe a tu cuerpo    y a tu mente”.
  Desde el trazado inicial, se hace palpable un culturalismo asumido como patrimonio individual: el largo viaje de Ulises a Ítaca conforma un recorrido cuajado de conocimiento. Quien retorna “debe anudarse al mástil de la corriente en curso para sobrevivir” y para no perder los destellos de luz de la mirada. Las posibilidades en el retorno se multiplican. Afloran espejismos y atajos de un viaje que, de cuando en cuando, retorna al pasado por la evocación para vislumbrar la casa abandonada y el resplandor dormido de otro espacio vital.
   Llama la atención en este primer apartado la recuperación de un recurso visual que ralentiza el verso y alarga su respiración: los versos integran espacios blancos que funcionan como silenciosas comas, como si la idea se fragmentara y quedara estática y congelada, tal vez cansada de ser en su interior un cauce fluyente.
   Ese recorrido por la semántica del agua se percibe como concepto contradictorio, capaz de enlazar epifanía y muerte, aurora inaugural y desapacible negrura.  Se suceden las paradojas y se constata que el agua se hace símbolo de esperanza. Su claridad es savia vigorosa y energía. Guarda dentro una pulsión capaz de revitalizar los días agostados y llenarlos de nuevos propósitos que sean sostén de belleza y vida.
  El apartado “Contracorriente” postula, tras las dos citas cuajadas de acierto de Piedad Bonnett y César Simón, la necesidad de crear un espacio habitable que conlleve la singularidad y tenga la extrañeza de la libertad. Se trata de gestar una identidad al margen. Buscar sitio a contracorriente. Quien recorre el fluir, moldea la voluntad capaz de sobrevivir en la intemperie y adentrarse en la memoria de la naturaleza para comprender “la suave cadencia de su voz”.
   El poema fragmentado “Márgenes” arropa un introito de contenido metaliterario. En los márgenes rezuman las palabras y su expresiva diversidad.  Allí están las voces explícitas y las reprimidas, las que profundizan en el desconcierto y la desolación y las que propagan dogmas y espejismos. Todas se dan la mano en su constancia verbal y sugieren permanencia y vitalismo en el cambiante florecer del lenguaje.
   La luminosa concisión del poeta venezolano Rafael Cadenas sirve de entrada a la sección de cierre “Conjunción de las aguas”.  La composición puede leerse como un conjunto de variaciones en torno al paralelismo entre agua y existencia. Cada tesela expresiva busca brillos mínimos en la permanencia de secuencias vitales. Los textos aportan al flujo temporal una significación de claridad perdurable y eclosión de vida. Las palabras pronuncian un conjuro poético que concede al yo el don de seguir, la resistencia a cualquier quebrantamiento.
   Goya Gutiérrez anota en una reflexión final su propio sesgo interpretativo de  Conjunción de las aguas. Todavía cercanos en el tiempo a la fecha de publicación del libro, los demoledores efectos de la dana que provocó muertes y destrucción en la Comunidad valenciana, la trama argumental hace del agua fuente de inspiración en un doble sentido: físico y simbólico. La escritura asume un concepto central del pensamiento de Zygmunt Bauman, desplegado en el ensayo Modernidad líquida: los cimientos clásicos de existencia y sociedad han perdido solidez, estabilidad y firmeza. Nos condenan a un estado de inseguidad e incertidumbre que provoca la fragilidad menesterosa de vínculos y afectos. Todo es un fluir precario, provisional, absurdo, que abre puertas a la soledad y a lo efímero. La realidad se hace sombra. Quedan las voces del poema para conjugar la esperanza, la libertad  de prolongar esperanzas y sueños, la puereza auroral de sostener el agua y trazar un cauce puro.


jueves, 6 de agosto de 2026

MÁSCARA

Carnaval veneciano


 

 

MÁSCARA

Reposa en el sillón, inoperante,
mi trasnochada máscara de oficio.
Por su silencio asciende
la falsedad creíble,
el material que integra
lágrimas y sonrisas,
el que elude por miedo,
el que pone la brida en el galope,
el que nos colma el vaso
de sanas intenciones
y cordiales deseos,
el que deja razones suficientes
para justificar la amanecida.
 
Su logrado artificio
oculta las estrías.
Se hizo con materiales resistentes.
Con ella se completa mi disfraz.   

   (De la antología Mapa de ruta)



miércoles, 5 de agosto de 2026

MIRAR ATRÁS

Miradas
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

MIRAR ATRÁS
 
 
El pesimismo predice esos trayectos que acaban sin pasos.
 
*
 
Ser lo que uno es, sin fecha de caducidad.
 
*
 
Existir supone confianza en la racionalidad cartesiana del  caos.
 
*
 
En la prudencia de la poda, los huesos y cartílagos del crecimiento.
 
*
 
Soy un nómada obsesivo; me gusta huir de mí.
 
*
 
 
José Luis Morante
 
Aforismos DEL MAR
 
 
 
 
 
 
 

martes, 4 de agosto de 2026

JUAN RAMÓN MANSILLA. Nước (Cuaderno de Vietnam)

Nước (Cuaderno de Vietnam)
Juan Ramón Mansilla
Poema de contraportada: José Luis Morales
Fotografías de Juan Ramón Mansilla
Ediciones Búho Búcaro de Poesía
Colección Plaquette Poesía, nº 66

INVITACIÓN AL VIAJE

  
   Nacido en la localidad conquense de Tribaldos, en 1964, y docente de larga práctica en las aulas, como profesor de Historia, Juan Ramón Mansilla cobija una poblada senda de entregas poéticas, iniciada en el umbral de siglo con Los días rotos y El rostro de Jano. Ambas salidas abrían cauce a una voz figurativa, alejada del hermetismo experimental, que confiaba en los poemas como espacios comunicativos de claridad en el avance argumental. Un propósito estético que ha sido santo y seña de todo el legado poético del autor hasta el libro Manual para sacar un conejo de la chistera, editado por Mahalta en 2025 en el catálogo poético que dirige, con atinado rigor, el poeta Francisco Caro.
  La plaquette Nước (Cuaderno de Vietnam), cuya traducción literal sería Agua (Cuaderno de Vietnam) recupera en el subtítulo una explícita invitación al viaje, entendido con una doble polisemia: como desplazamiento y recorrido de un espacio geográfico concreto; y como metáfora existencial que convierte el latido diario en constante fluir: “Duermes.  La arcilla que somos se hace ala”. La emotiva dedicatoria de esta selección poética insiste en esa doble semántica: “Para Maite, compañera de ese viaje y de este más largo de la vida”.
   Las citas, extraídas de nombres propios de canon oriental, profundizan en el concepto de viaje, más allá de la mera observación de las características topográficas. No es una apropiación sensorial sino un proceso que transforma la percepción en paisaje interior, en profundidad y estado de ánimo. Juan Ramón Mansilla aporta además un buen puñado de fotografías. Las imágenes construyen secuencias al paso, componen un paisaje vitalista, enlazando detalles fugaces que, de este modo, adquieren quietud y permanencia. Ante el viajero se expande un territorio nuevo, ajeno al hábito y la costumbre, a la música callada de lo cotidiano: “Esta mañana han prolongado los mirlos / su canto. ¿Presienten que nos iremos / y, durante unos días, nos faltará su música?”. Así comienza un nuevo estar del protagonista lírico, inmerso en las contingencias del transitar; una geografía desconocida que añade a la retina nuevas sensaciones. Todo es apacible amanecida. Una epifanía luminosa que contrasta con la grisura previsible y la anemia del gastado presente, cuyo horizonte deja en ocasiones la sospecha de ser una línea perdida en el cansancio, con la desolación de un territorio inhóspito.
  En el poema “Pagoda del pilar único”, bajo la luz cognitiva del budismo, el lenguaje de la introspección tiene un efecto germinativo. La palabra busca la esencia invisible de los elementos del entorno; su razón de ser; esas respuestas que cobijen unas briznas de luz tras el cristal de la conciencia. Los versos conjugan sucesivas preguntas ante  la fugacidad del tiempo, aunque también sean efímeras tentativas de la madurez, ante la presentida ceniza existencial en los dedos del aire. También la escritura no es más que un cúmulo de papelería dispersa y volandera. De esa sensación de vulnerable levedad de la materia se moldean algunos haikus: “Hojas de otoño. / Tirados en el suelo / cuántos ocasos”; “Cauce del río. / Encima de la luna / croan las ranas”.
   El conjunto poético Nước (Cuaderno de Vietnam) integra poemas inspirados en la toponimia del paisaje; pero también composiciones que dibujan el curso del pensamiento. Bajo el amparo de la memoria se cobijan lugares de paso que respiran la brisa de un aire sosegado. En ellos, la luz se hace presente, abre una ventana al conocimiento. Quien ha sumado pasos en amorosa compañía, retorna con la sensación de ser otro en el sostenimiento de la identidad, de haber purificado su existencia y haber cauterizado la sed. 


lunes, 3 de agosto de 2026

PARADOJAS

Paisaje interior
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


 
PARADOJAS
 
Los códigos cifrados.
El pájaro y la jaula.
La lluvia en los poemas.
El mar de tierra adentro.
La ceguera y los libros,
aquella afinidad entre mi padre y Borges.
La idea que cobija el borrador.
Esa ilusión etérea de las cosas reales.
Las rosas sin olor, las flores secas.
El tiempo y la quietud de cada instante.
La luz y el corazón de las tinieblas.
Los días que amanecen y no estás.

                  (Del libro Nadar en seco)



domingo, 2 de agosto de 2026

SANTOS DOMÍNGUEZ. LA HERIDA Y EL CUCHILLO

La herida y el cuchillo
Santos Domínguez
XXVIII Premio de Poesía
Ciudad de las Palmas de Gran Canaria
Ediciones La Palma
Colección Ministerio del Aire
Madrid, 2026
 

UNA HOGUERA DE LUZ

  
   Un luminoso texto de apertura del poeta sevillano José María Jurado, titulado “El guardián del fuego”, propone una temprana indagación de La herida y el cuchillo, nuevo libro de poemas de Santos Domínguez (Cáceres, 1955), reconocido con el XXVIII Premio de Poesía Ciudad de las Palmas de Gran Canaria. Ratifica la introducción: “Los poemas de Santos Domínguez, por la claridad y precisión de las palabras escogidas, por su dicción serena y su arquitectura equilibrada y solemne, sugieren una escucha hipnótica y sinfónica”.
   El título del poemario procede de un verso de Baudelaire “Soy la herida y el cuchillo” y agrupa un material poético organizado en tres apartados: ”Quemadura de sombra”, “Marca de aire” y “Una luz extranjera”. Desde las composiciones iniciales se percibe que el autor impulsa su escritura bajo el resguardo de la tradición literaria, siempre presente en citas y conocidas asociaciones expresivas. Así, el primer poema toma como aserto el celebrado título de Tomas S. Eliot y un inspirador verso de inicio para definir un paisaje verbal de pulida dicción y atmósfera sensorial. La poesía emerge desde una ambientación onírica, con personajes como la Sibila, El Rey Pescador, Artur Rimbaud o la poeta Anise Koltz, para transmitir la oscura cicatriz en la que el tiempo difumina vivencias y recuerdos. Lápidas, entierros, tumbas grises y ausencias dan un aire solemne a la despedida final; llenan los colores opacos del día de pompa y circunstancias para hacer del olvido el último lugar habitable. La existencia insiste en diluirse y formar parte de una densa niebla de olvido.
   El poema rastrea las estelas biográficas de aquellos que llegaron a la estación final para sentir que ahora el cansancio, por fin, ha encontrado sosiego. Lo vivido amalgama una sombra confusa que diluye límites y confunde, por ejemplo, la belicosa fuerza del troyano y la quietud de Ovidio en Ponto Euxino. El final de la vida es el aire vacío, igualatorio, que a todos nos espera. Un jardín otoñal donde encuentran cobijo las ausencias: “Con negra quemadura, /  nos apuñala el tiempo profundo de las sombras”.   
   Las composiciones de este primer apartado mantienen un aire solemne de elegía y despedida, encauzan aportes culturales y acogen una dicción selecta y luminosa, de vibrante cadencia musical, como si pretendieran cauterizar olvidos y alejar el sitio final, esa funesta geografía de la ausencia que aguarda a nuestra efímera condición.
   Las composiciones reunidas en la sección “Marca de aire” alientan un yo poético reflexivo, empeñado en formular, desde la soledad precaria de quien busca con el corazón y la cabeza, la estela incierta del propio destino. Alrededor, alza su tributo al continuo fluir un paisaje en ruinas, que es memoria de un tiempo de esplendor y ahora simbólico que recuerda nuestra condición transitoria. La realidad se muestra, dispuesta al ejercicio de la contemplación: “En los ojos del hombre la luz es un espejo / opaco y luminoso, / un cristal transparente, la delicada piel / de un mundo que respira incansable en el lienzo / y siempre estuvo aquí.”. Queda la belleza del arte, su manera de estar en cuadros y esculturas, como encendidas antorchas que iluminan símbolos e historias, esa estela de sueños escrita sobre el agua. Las distintas secuencias acercan con frecuencia conceptos esenciales como desolación, tiempo y muerte; la plenitud solo dura un instante; pronto esconde su fulgor para mostrarse como una raíz seca que dejó de existir: Quedan “La desazón, los límites, las interrogaciones / de un mundo doloroso incomprensible”
  El tramo de cierre, “Una luz extranjera” retorna a la memoria callada de las cosas. El tránsito temporal cambia el paso y lleva hasta la atardecida, pero no hay queja; queda la plenitud gozosa de los días, la quietud de esas sombras que van copando los espacios crepusculares de la existencia, que ponen distancia y silencio en las horas.
   Santos Domínguez deja en La herida y el cuchillo  una emotiva meditación sobre la condición de ser. Lo hace con la intensidad emocional de quien concentra en cada verso la calma y serenidad de la palabra justa, ajena a la estridencia biográfica, para que sea símbolo y conocimiento, un crecer en el tiempo, agua y claridad en lo hondo.

JOSÉ LUIS MORANTE




sábado, 1 de agosto de 2026

EL MURO

Muro disuasorio
Frontera entre Ceuta y Marruecos

 
EL MURO
 
No es mucho –nada tengo-;
estoy con los que miran
la palidez opaca y vertical.
Busco su enigma,
piel de  hendidura y roce,
en tanto la razón,
se vuelve fósil.
 
Solo el óxido asciende
hasta su altura.
Los días que amanecen requieren otra luz;
callados se preguntan
en qué lugar
camina el horizonte.
La distancia es ahora
el esqueleto gris de lo posible.
Aquí la transparencia
no moja las espaldas;
y tampoco sostiene
un reflejo de nubes,
las migajas del vuelo
 
Una lluvia de arena
dispersa sus indicios
y dibuja ceniza en nuestras espera.
Comienza la vejez
cuando no hay sueños.
Con despojos salobres
sedimenta el desierto
al otro lado.
Abrazaré mañana su vacío.
 

     (Del libro Nadar en seco)