martes, 17 de julio de 2018

CUADRIVIUM (Revista del Dto de Español de la Universidad de Puerto Rico en Humacao)

CUATRIVIUM
Nº 12, Año 18 y 19
(Otoño 2016-Primavera 2018)
Revista del Departamento en Español de
la Universidad de Puerto Rico en Humacao
Coordinación Editorial:
Carlos Roberto Gómez Beras
CREACIÓN, INVESTIGACIÓN, PORTAFOLIO, PALABRAS INVITADAS 


 Tras los devastadores efectos del huracán María, catástrofe natural de 2017 que arrasó R. Dominicana y Puerto Rico, resulta una enorme alegría la continuidad de Cuatrivium, proyecto editorial de alto interés cultural que sobrevive a las medidas de austeridad que priman los servicios sociales y la reconstrucción de infraestructuras.
  La revista de creación e investigación Cuadrivium nació en la amanecida del siglo, hace casi dieciocho años, impulsada por el Departamento de Español de la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Bajo la coordinación editorial del profesor, poeta y editor Carlos Roberto Gómez Beras, presenta artículos de investigación y aportes creativos con una nítida dimensión universitaria.
  En su última entrega se suceden los campos de interés de un discurso plural que aglutina poesía, ensayo, entrevista y crítica literaria. Se forma de ese modo en el volumen nº 12 un amplio cuadro paisajístico en el que sobresalen en Creación los poemas de Luis Fernando Macías, Carlos Castilla Quintero y Miguel Iriarte que dan paso a los relatos de Claudia R. Niño y Alinaluz Santiago Torres.
  El apartado “Investigación” propulsa métodos científicos y campos especializados. Integra el trabajo de Ángela M. Valentín, quien explora el carácter neofantástico de la novela La Habana oculta, de Daína Chaviano. La profesora Berta Lucía Estrada Estrada recorre cualidades del campo poético de Carolina Zamudio. Carmen Pérez Valerio indaga en la textura narrativa de Pedro Páramo, hito de Juan Rulfo. Asímismo se acogen sondeos de Doris Melo, Esther Rodríguez Miranda, Fernando Cabrera, o Ibeth Guzmán, entre otros. Trabajo imprescindible de este abanico crítico es la colaboración de Mariángeles Fernández “Julio Cortázar. de la lectura a la escritura”; en ella recorre la búsqueda y gestación del destino literario de Julio Cortázar y las bifurcaciones de su periplo lector que alumbran una inquietud renovadora y experimental. El poeta y coordinador literario de la revista Cratera, Gregorio Muelas remite a la sección dos lecturas de novedades de Myriam Moscona y Nuria Ruiz de Villaspre, con el formato de las reseñas en prensa.
   En el conjunto “Portafolio” hay un variado inventario, desde la nota inicial al dossier de Actas sobre el Primer Programa académico del festival de la Palabra, en el que se dan cita escritores e investigadores del Caribe en un complejo corpus textual. Leo con interés el texto de Eduardo Subirats “¿Tienen dueño las palabras?”, una reflexión construida en torno a las apreciaciones correctoras de un editor. Solo trata de adecuar el léxico al marco imperante de la Real Academia española de la Lengua y por tanto al uso lingüístico habitual en el marco geográfico peninsular, un asunto poco refutable, pese al subjetivismo reflexivo del autor y a la beligerante coda final hacia lo hispánico, que no es más que un dislate.
  Como epílogo se recogen en “Palabras invitadas” algunos poemas del libro de Luis García Montero A puerta cerrada y la poeta venezolana Gabriela Rosas realiza una larga entrevista a un servidor de ustedes, con motivo de la tercera edición en Letras Hispánicas del libro Ropa de calle, un estudio de la obra poética de Luis García Montero.
  Estudiosos y creadores dejan aquí proyectos literarios de alto interés, convirtiendo a la revista Cuadrivium es expresión viva de la práctica literaria actual, en una apacible costa abierta.


lunes, 16 de julio de 2018

QUEJAS Y CALDERILLA

Quejas y calderilla
Fotografía
Archivos de internet


QUEJAS

Ah, mi corazón no tiene arreglo

SANTIAGO ACOSTA

   Están ahí, evidentes, tangibles, dispuestas a gritar con sus voces antiguas, manchadas con el polvo saturado de los malos recuerdos. Recorren ateridas nuestra voz para que las propague como un cauce azaroso entre los juncos. Y tienden un sombrero en las aceras de los días al paso, para que los que escuchan se detengan callados un instante y pongan en su seno unas monedas, la calderilla triste de la compasión.

(Apunte de verano)





sábado, 14 de julio de 2018

EPITAFIOS DESDE NINGUNA PARTE

Los brotes, luego
Fotografía de
Javier Cabañero
(Hyde Park, Londres, 2010)



PIEDRA CALIZA
     (Epitafios)



He soñado con la realidad. Con qué alivio me he despertado

                                                                                              STANISLAW  J.  LEC



                                   I

En su artesana construcción del silencio,
la muerte no reconoce
ninguna otra verdad.

                                   II

Otra noche.
Sobre mí  prosigue su labor
la luna quieta.
Carezco de otra luz.

                                   III

Queda mi nombre
y la serenidad de este paisaje
que no sabe quien fui.

                                   IV

Agudizo mi vocación fantasma.
Miro sin comprender
y reclamo razones para estar en la nada.
No hay respuestas;
la pureza del aire
habita el desamparo.

                        V

Un manto de raíces y una brizna de sol,
pero las formas se han desvanecido
en el escaso jugo de una tierra estéril.
Estoy con otras sombras y nos une
la mansa convivencia,
el aire de familia
de los que nada piden al futuro.

                        VI

Vuelven los ecos y dibujan mapas,
un recorrido de memoria y sueño
que convierte al que fui
en terco pasajero de otra ruta
que ya no identifico.
El pasado se puebla
de restos arqueológicos.

VII

Ahora vivo debajo de las cosas,
con vocación de sima.
A tientas me desplazo
sin que se marquen huellas
ni dejen una imagen
los lugares de paso.
Nada sucede aquí;
nada sucede.

                        VIII

Callé.
Después de todo,
cobijo la pereza.
En el silencio, nadie;
un estar sin contornos que tantea
 y mide con desgana
el transcurrir del tiempo.


IX

Camino dentro
de un dédalo de calles
y paisajes extraños
tras un rastro invisible.
Prosigue la deriva;
es terca voluntad
que empuja hacia otra parte.
En un tiempo sin tiempo,
ensordecido,
busco un lugar
para empezar de nuevo.


 X

Epitafios;
un triste empeño en seguir hablando
cuando  se consumió
mi turno de palabra.


             (Del libro Ninguna parte)




                                  

viernes, 13 de julio de 2018

JACQUELINE GOLDBERG. EL CUARTO DE LOS TEMBLORES

El cuarto de los temblores
Jacqueline Goldberg
Óscar Todtmann editores
Caracas, Venezuela, 2018


SACUDIDAS


   Nacida en 1966 en Maracaibo, Jacqueline Goldberg es Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Letras. Trabaja la poesía con voluntad ininterrumpida; el quehacer lírico es un recorrido espacioso que yuxtapone una amplia cosecha. Integra, con estrecha unión, diecisiete poemarios y se ha antologado su precisa memoria en variados espacios lingüísticos. Su novela Las horas claras, finalista del Premio de la Crítica, ganó el Premio Libro del Año 2014, otorgado por los libreros venezolanos y se ha reeditado en México.
  En El cuarto de los temblores sirve de umbral un paratexto diverso, cuyas citas invitan a la interpretación del núcleo germinal: el temblor como disfunción del organismo. Ya sea física o mental, la salud es mediodía;  su ausencia nos convierte en pacientes y en pródigos cultivadores del temblor, cuya genealogía despereza en el “Libro primero”. La escritura, entonces, se transforma en efecto curativo: “Alguien dijo que el día que escribiese sobre el temblor / dejaría de temblar. Que  cuando tallara en vocablos / todo lo que vibra desde mi infancia, nada volvería / a estremecerme”. Las palabras avanzan con cautela, como si crearan cauces de transparencia introspectiva. En ellas se desvela una presencia cuyos indicios unen el personaje poético y el ser biográfico. El sondeo permite afrontar el momento fundacional de las sacudidas, saber si aquel lejano estremecimiento que apareciese un día en la infancia fue movimiento inadvertido de un mal sueño o una sensación externa que se coló entre los sentidos, para albergar percepciones deformes de lo real.
  El análisis utiliza una larga regresión biográfica, un viaje hacia atrás que lleva al feto; busca en su desarrollo excusas argumentales que conviertan la naturaleza del temblor es un asunto de causas y efectos: la madre, el feto, el cordón umbilical alrededor del cuello, la sensación de asfixia, signos con los que la existencia mantiene una fatídica relación. En suma, los repIiegues de movimientos mínimos que es preciso vencer. Todo el apartado muestra una intensa coherencia textual. El poema parece una secuencia viva; es un escalón reflexivo que recurre a la palabra para un regreso al yo aflorado en el devenir biográfico.
  El trayecto evolutivo  requiere una “Ocasión de mudanza”; así se denomina el segundo conjunto poético, cuyos contenidos siguen las mismas coordenadas temáticas y el ánimo pesimista de quien sabe que “Todo movimiento es artificioso. / Temblar es empeoramiento, / moverse sin destino”. Jacqueline Goldberg extrema el objetivismo de su escritura al incorporar a la sección análisis en prosa que tienen el formato de artículos de prensa; de este modo las lindes del género se hacen difusas para integrar en su desarrollo textos ensayísticos. Los signos particulares de “Ocasión de mudanza” multiplican la erudición culturalista en torno a las manos como depositarias del temblor. Se rastrea la ausencia de manos en personajes reales o de ficción que sufrieron amputaciones y que prodigaron gestos de aceptación o rechazo de esa condición fisiológica. En casi todos estos poemas-relato la emoción se transforma en interés didáctico, como si la escritura propusiera un enciclopedismo temático sobre esa personal contingencia de quien convive con una cualidad física que le hace diferente.
   Nace en el apartado “Demoras” el rumor sosegado de quien no tiembla. En ese mar de calma queda el reflejo del temblor, una caligrafía de garabatos  que muestra la dureza del esfuerzo. Es una línea intacta que retorna a la voluntad de superación y al compromiso del yo por hacer de la torpeza un quehacer afanoso que pocas veces encuentra puerto. Quien escribe es consciente del error, sabe que la vida es una tarea de precisión que desdeña el temblor, que deja cerca a los oficiantes del pulso para que ejerciten su exactitud de brújula. La calma es solo química, y en ella se refugia quien desea aplacar las embestidas del seísmo, aunque sufra efectos secundarios ominosos, aunque la dependencia del medicamento genere convulsiones.
  Inusualmente extenso, El cuarto de los temblores deja en “Libro Primero” un trazado orgánico que sugiere el avance de un diario poético. El texto que cierra este tramo de escritura es una estela autobiográfica: “Es 30 de noviembre de 2016. Hace unos días cumplí / cincuenta años. me gusta esta edad. Lástima los días / del país, el temblor sin reverencias”.
  La escritura no cambia su enfoque en “Libro segundo”ni en los demás segmentos; los textos postulan un trayecto continuo en que la enfermedad abre matices. La poeta recuerda la taxonomía de Susan Sontag que atribuye a cada ser una ciudadanía dual, capaz de integrar los episodios vitales en el reino de los sanos o en el reino de los enfermos. El tiempo enseña a asumir los trazos definitorios del estar diario: “Tengo una enfermedad rara, minoritaria. / De sacudidas fulgurantes, siempre visibles. / Enfermedad huérfana. Sin espejo retrovisor. / Dicen que mi esperanza de vida es normal. / No así mi esperanza”. 
  Como la claridad que emerge de un manantial oscuro, los poemas diversos –poemas breves, composiciones sálmicas, poemas-relato en prosa o enunciados que tienden al trabajo periodístico o a la erudición del ensayo breve- de El cuarto de los temblores indagan el vuelo de Ícaro de una identidad perseguida por un presente movedizo. Su voluntad se afana en ese vuelo raso e incapaz de superar la altura del temblor. En su tarea prometeica, la identidad verbal encuentra en la escritura un mapa desplegado, donde se asientan grietas como la incertidumbre, la soledad el miedo o la carencia. Pero el enigma sigue intacto, con la fuerza de una pulsión que nace desde dentro.
   La densa lectura de El cuarto de los temblores acerca el latido de una sensibilidad convulsa, que conoce el trauma y lucha por liberarse de sus efectos residuales. Esa voluntad convierte la escritura en asidero documental y pedagogía, dando pie a los llamados “poemas documentales” que Jacqueline Gldberg practica también en su reciente salida Las bellas catástrofes (El Estilete, Caracas, 2017). El temblor no es un síntoma de debilidad sino una expresión corporal que sirve de estrategia para volver al equilibrio. La poesía se hace así liberación y consuelo, un lugar seguro que esquiva nuestros miedos.  



jueves, 12 de julio de 2018

CARENCIAS FÍSICAS

Todo por hacer
Imagen de PIxhere.com




CARENCIAS FÍSICAS

Haber nacido me arruinó la salud

CLARICE LISPECTOR

  Mi ausencia de sentido del humor se incrementa cuando aparecen algunas carencias físicas como la otitis; la pérdida auditiva transforma voces y ecos en veces y ocas, una alternativa verbal que no oculta la magia del relato.

   Hay sueños que estremecen por su voluntad de personalizarse en un cuerpo concreto. Nacen desde la urgencia y recorren la distancia con el paso eficaz de quien no teme ni la humedad ni la nieve.

   Cuando discuto conmigo, me cuesta refutar mis argumentaciones.

   La salud ignora su naturaleza de paréntesis; es un funambulista sobre un cable sin red.

(Apuntes para el diario)

miércoles, 11 de julio de 2018

PAULO LEMINSKI. TODO ME FUE DADO

Todo me fue dado
Paulo Leminski
Edición de José Javier Villarreal
Vaso Roto Ediciones
Madrid, 2018


TRANSPARENCIA


   Durante años, la singularidad biográfica y creadora de Paulo Leminski  (Curitiba, Brasil, 1944-1989) ha condicionado su lugar periférico en el canon poético brasileño. Ha sido un autor semiclandestino que aglutina facetas y tradiciones lejos de las habituales etiquetas críticas. Su voz plural da cauce al poema, la traducción, el ensayo, la novela y las colaboraciones en prensa, mientras que su accidentaba biografía se mueve entre la actitud contemplativa y receptora de sus años juveniles, donde ingresó en un monasterio que no tardaría en abandonar, hasta el activismo político frente a los regímenes autoritarios, tan habituales en el entorno colectivo latinoamericano. Fue judoka y alcohólico. Murió joven, víctima de una cirrosis crónica. Dejó una obra poética en el filo del legado literario oriental, de la que hay en Todo me fue dado una selección que aglutina textos de casi todos sus libros, desde Cuarenta clips en Curitiba (1976) hasta el libro póstumo El ex extraño, publicado en 1996.
   La edición en lengua original y castellano ha sido realizada por José Javier Villarreal, quien analiza en el liminar la presencia biográfica del poeta en la economía verbal de sus textos: “Leminski es rico, pero estricto, gusta de dosificar, de ser riguroso en la curva de la imagen”. Son rasgos que enuncian una tendencia natural al cultivo del haiku. Pero la estrofa japonesa, cuyo esquema versal, no usa la rima en los maestros clásicos, tiene un añadido sonoro que hace de las asonancias y rimas consonantes una estrategia expresiva. De ahí, la dificultad añadida en la traducción para preservar los efectos.
  Los poemas adquieren la apariencia de un fragmento. Muestran una severa poda de lo enunciativo. Acogen estelas esenciales en las que se intuye el hueco de un discurso mayor, que sobreviene inadvertido en el silencio, como un cauce drenado.
   Con estas coordenadas previas, arranca una antología de claros enlaces con la expresión aforística. El poema es un fruto sin rama. Pende autónomo, apenas deja sombra sobre la geografía de la página. Marca una calculada tendencia a la omisión. Ese cultivo del esencialismo minimalista, ya se ha dicho, mira a la transparencia luminosa del zen, dibuja paisajes despojados donde los elementos se  excluyen en un severo adelgazamiento retórico. El poema es un clips, una puntada, una luz de luciérnaga que brota levísima entre el magma de sombras. Así llegan los textos seleccionados de su primera salida: “Una vida es corta / para más de un sueño”; la celeridad resolutiva de estos versos confunden su naturaleza con el aforismo; en su entrelazado muestran la precisión del decir fragmentario. Otro ejemplo que evidencia el mismo tono: “Solo un viejo / puede descubrir / detrás de una piedra / toda la primavera”. Se ha hablado también de la fuerte cadencia reiterativa de la rima consonante, lo que añade al poema un aire musical que le acerca a la canción: “Encontrar / la puerta que olvidaron cerrar. / El callejón con salida. / La puerta sin llave. / La vida”.
   Las entregas que aportan textos son, además de la carta epifánica ya reseñada son Caprichos & relajos (1983), Distraídos venceremos (1987), La vie en close (1991) y El ex extraño  (1996), una selección de poemas realizada por su compañera sentimental Alice Ruiz y su hija Áurea. Ya en 2013 se reúne, por primera vez, su producción lírica, a cargo de Alice Ruiz y José Miguel Wisnik, un volumen que servirá de cauce para realizar la muestra de Todo me fue dado. 
   José Javier Villarreal añade como coda una extensa reflexión didáctica en torno al haiku. En ella sigue la ruta cronológica de la estrofa y su aclimatación en la geografía americana de la mano de Juan José Tablada y Octavio Paz, y los ensanches en su empleo de autores como Paulo Leminski que integra en el armazón conceptual de la estrofa un despojamiento extremo que sorprende por su incisión y por los recursos sonoros que expanden los significados.
   Leminski hace de su escritura desnudez. Su verso breve cava una apertura de pensamiento que no desdeña expresiones cromáticas o musicales. Sabe que la poesía es hacer continuo y transitorio, un destello que saca al sol la magia de la palabra.      



domingo, 8 de julio de 2018

EL DON

En el barro
Fotografía de
Walhere.com


EL DON

Qué inseguro se está aquí,
sobre las cumbres del corazón
                                  R.M. RILKE

   Su cercanía requiere la actitud vigilante del insomne. Tras la frágil sensación de su sonrisa, tiene un don. Descubre a cada paso una insólita capacidad de convertir afectos en limo sentimental. Es feliz chapoteando soledad en el barro.

(De Cuentos diminutos)