jueves, 26 de abril de 2018

PIDO UN DESEO...

Espera
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia



PIDO UN DESEO

Mira que todo es muy poco
LUIS ROSALES 


Y cada día
que un sol limpio prodigue
luz habitable.







miércoles, 25 de abril de 2018

ANTONIO MORENO. MÁS DE MIL VIDAS

Más de mil vidas
Antonio Moreno
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2018


IMPRESIONES


   Si hubiese que definir al vuelo el arte poética del tiempo digital, sería insoslayable comentar la eclosión de las formas breves. El cultivo del aforismo en los últimos años muestra un vitalismo inusual, y lo mismo sucede con la estrategia expresiva del haiku, una estrofa activa que se ha liberado en su empleo de los caracteres canónicos del origen foráneo. La actual etapa creativa de Antonio Moreno (Alicante, 1964) ha optado por esta forma de versificación y entregó en 2016 el libro Unos días de invierno, un poemario escrito en un estado perceptivo insólito, según manifiesta el escritor en nota epilogal.
   Más de mil vidas incrementa la multiplicación de panes y peces en torno al haiku, La sensibilidad se despliega ecléctica y esencial y da vida a un haiku que es sutileza, un mirador que usa el lenguaje con rigor extremo. En él todo es depuración y voluntad de forma. El sujeto elimina distancias entre ámbito reflexivo y espacio entornal y ambos aportan fragmentos que se suman en un todo orgánico. Se logra así una pautada interpretación de lo diverso.
   Es sabido que Antonio Moreno tiene en su amplio recorrido literario un nítido sello meditativo en el que la naturaleza ocupa un núcleo vinculante con su palabra. Así mismo, la existencia deviene círculo paradójico donde marcar esas huellas propias que constituyen ensamblajes de asombro y rutina: “Más de mil vidas / las de quien anda y lleva / su afecto al alba”
   En los puntos de luz de la contemplación se hacen presentes, como señales de lo transitorio, elementos naturales que de pronto adquieren un perfil relevante, que anula el palpitar ensimismado del sujeto: “Entre mis dedos / a punto de soltarlo, / el saltamontes”, “Lo inescrutable: / las agujas de pino / que el pie contempla.”, “Pasa una mosca / junto al perro que muerde / de golpe el aire”.  La percepción abre un proceso cognitivo que humaniza el entorno; nada resulta ajeno. El yo se integra en el decurso de un ciclo vital que remoza los límites de lo real porque suscita respuestas sensoriales y estímulos del pensamiento.
   Salir al día es dejar que emprenda senda la conciencia y que experimente en sus incertidumbres que lo transitorio es un don que da voz y sentido al estar: “Todas las formas / -oh  flor, fruto, semillas- / donde está mi alma”, “Feliz quien ve / la ondulación del trigo / y da las gracias”, “Cómo enraíza / saber que cada piedra / también me escucha”.
   Como sucede en magisterios vertebradores como Francisco Brines o Eloy Sánchez Rosillo, Antonio Moreno es un poeta del tiempo. Sus haikus capturan secuencias marcadas por lo sucesivo: “Después de todo / quedará el mismo mar / para otros ojos”. Dejan impresiones de un trayecto que parece a punto de desvanecerse, pero cuyas brasas calientan a diario el fervor existencial. Son humildes briznas, relieves que moldean una perspectiva moral. Invitan a cantan el valor de lo humilde, ese legado inadvertido, complejo y simple, que rebrota a diario para el canto: “Por la rendija / el mar, la luz del mundo, / alguien que pasa”.



martes, 24 de abril de 2018

CHATARRA

Manierismos
(cementerio de coches de Chatillon, Paris)
Archivo Pinterest

CHATARRA


Buscamos en la lejanía causas
 que suelen estar muy cerca,
 en nosotros mismos.
                                                                                                                                                                                    LICHTENBERG

  
El pesimista es tan clarividente que anticipa el fracaso


Cada trayecto se refugia en la lectura minuciosa de un viejo periódico. Disimula su capacidad de observación. Conoce la fisonomía de todos los fantasmas que viajan en los vagones vacíos.


Su idoneidad como corrector quedó demostrada cuando encontró varias faltas de ortografía en un poema de Juan Ramón Jiménez.


El egoísta hace del yo apócope de nosotros.


Las ideas ajenas sobre la conciencia de un sujeto dependen de las  palabras; la opinión del yo sobre sí mismo depende de los hechos y del triste oficio de la ocultación.


Utiliza argumentos que recuerdan carnavales de pólvora.


Cómplice del futuro.


Tiene una memoria prodigiosa, capaz de hacer real una mentira.


Los que mienten consiguen interpretaciones magistrales.


En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.

La autobiografía convierte a otro en protagonista.


Hay escritores que en cada libro se definen como palabreros aficionados.


El delito de los que perpetran décimas cortas es el de malversación de formas.


Los minimalistas dogmáticos pueden confundir el haiku con un cantar de gesta.


No quiere que nadie se dé cuenta de sus peticiones de auxilio.


Los cementerios de coches abusan del retorcimiento manierista.


Me dispongo a escuchar. El ruido de las palabras hilvana preguntas que confirman la falta de respuestas. Después habla el silencio y hay una extraña sensación inmóvil.


Los andenes ferroviarios son espacios ambiguos e imprevisibles en los que se respira la quietud de la ausencia; nadie sabe quién se va o quién se queda.

(Del libro Mejores días, Mérida, 2009)



lunes, 23 de abril de 2018

SABIOS CONSEJOS

Lake Word
(Florida, USA, 2013)
Fotografía de
Javier Cabañero


SABIOS CONSEJOS

                   En el Día del Libro


Tanto naufragio en verso,
tanta huella en el agua,
tanto mirlo posado frente al mar
incomodan mi estancia en la tranquila
pensión de solitarios terminales.
El huésped más antiguo
sugiere a la patrona mi partida inminente
ante de que las plumas nos descubran
a un vengador destino
y peligre la idílica existencia.
Otros (más generosos)
desde el primer momento me perdonan
y juran rescatarme de un mañana infeliz.
me recomiendan cosas de provecho;
que, por ejemplo, escriba un guión de cine.

Lo intentaré. Palabra.

                ( De Enemigo leal, Sevilla, 1992)






sábado, 21 de abril de 2018

LEÓN MOLINA. MICROMICÓN

Micromicón
León Molina
Takara Editorial, Colección Wasabi
Sevilla, 2018 


RESCOLDOS


  Nacido en Cuba en 1959, pero afincado en España desde su infancia, León Molina ha protagonizado en la última década un crecimiento insólito en el trayecto creador. Su obra se bifurca en dos géneros complementarios, poesía y aforismos, estrategia expresiva en la que destaca como una de las figuras esenciales del ahora como cultivador de la escritura concisa y como estudioso y antólogo.
  La estela lírica arranca en 1994 con Señales en los puentes y se va pausando en entregas como Breviario variable, El son acordado, Llegar, El taller del arquero, Un hombre sentado en una piedra, Ruinas y la compilación Esperando a los pájaros del sur.
  El título de la nueva salida poética de León Molina, incorporado a la colección Wasabi, que coordina la poeta Rosario Troncoso, Micromicón es un neologismo cuya etimología fusiona dos referentes nítidos. Es una incisión momentánea en el universo ficcional de Don Quijote por cuyos capítulos deambula la sensata princesa Micomicona; y además alude al cultivo de las formas breves y a su obstinada indagación en lo depurativo; hace visible la suma conceptual de que menos es más. Sus micropoemas saben caminar por la caligrafía “Ligeros de equipaje”; así se expande el texto de presentación, que arranca su voz introductoria aludiendo al momento áureo que protagoniza la escritura mínima. Y así es, aunque faltan todavía por determinar qué factores han dinamizado esta floreciente producción minimalista. Su cultivo coincide con el auge de la eclosión digital y con la expansión de puentes comunicativos que buscan su eficacia en la poda de digresiones y en el muestreo de líneas esenciales. Sin duda, como ratifica el liminar: “Esos versos que quedan en la memoria son su quintaesencia mejor destilada y más valiosa”. Naturalmente, la forma breve no resta estima a trabajos literarios de distinta extensión ni certifican de inmediato su proximidad a la intrascendencia; por lo que, una vez más, los textos mínimos tienen que elaborarse con el convencimiento de que deben cumplir las mismas reglas de exigencia y calidad que los de talla superior.
  Dada la disposición versal de algunos textos de León Molina, el haiku –sin establecer su triple arquitectura versal- parece afianzarse en la página con su propensión a la naturaleza y con su empeño en dibujar una poesía de estaciones en la que se refugia la sensibilidad. Con esa cadencia que entrelaza sentidos y entorno nace el texto: “Al atardecer en el porche / barriendo las luces caídas”, “Mis ojos ramoneando / los brotes de luz en las piedras”, “El sol pastoreando los trigales con sus perrillos de luz”; también está presente de continuo en el discurrir vital el estar transitorio, ese margen de cronología marcada por lo temporal: “No da tiempo en la vida / a que te cubra el musgo”; ese aposento transitorio no constituye una invitación al tono nocturnal, porque es posible también adentrarse en su decurso como enlace de un ciclo natural de epifanía y vida nueva: “A veces me consuela un pensamiento: / el tiempo que de mí se escapa / fluye hacia ti”, “Brotó de nuevo el olivo cortado. / Vuelven sus frutos al paisaje / brillando sin rencor”.
   No siempre la mirada viaja fuera, es necesario a veces recorrer las huellas propias para encontrarse, o, al menos, para seguir manteniendo entre los labios las preguntas esenciales que definen al yo personaje: “Nunca he sido de aquí del todo / ni uno de los vuestros completamente. / El vuelo que despegó de La Habana / cincuenta años atrás aún no ha llegado “. Esa indefinición espacial del lugar propio concede una mayor comprensión de la soledad y de la condición de trasterrado.
 Frente a la ostentación erudita y al formato resplandeciente, Micromicón  empequeñece sus contenidos, como si lo profundo del ser necesitara descubrir un mundo tangible, hecho para habitar el puño cerrado de lo cotidiano. Los mínimos poemas salen al día para percibir los callados destellos que duermen en la oscuridad, esa grandeza inadvertida que habita en las cosas más elementales, el pulcro patrimonio que nos reconcilia con la existencia. 

 







viernes, 20 de abril de 2018

UNA CALLE VACÍA

Ángulos
Fotografía de
Javier Cabañero 



UNA CALLE VACÍA

Hoy recorren mis pasos esa calle
que no esconde ningún itinerario.
Todas las calles fluyen dócilmente
al mar de cualquier sitio,
cierran con parsimonia una distancia;
pero ésta alarga al infinito su trazado,
pretendiendo ignorar dónde concluye.
Amo el cuello sumiso de sus farolas verdes,
los reflejos chillones de sus autos a plazos,
la cal que habitan líquenes y musgos;
y amo sus papeleras -cielos para despojos-
singulares regazos donde nada perturba
el aliento feliz de lo caduco.

               (Antología Pulsaciones, 2017)







miércoles, 18 de abril de 2018

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ. JARDIN(E)S EXCEDIDOS

Jardin(e)s Excedidos
María Ángeles Pérez López
Edición bilingúe con traducción al portugués de
Carlos d'Abreu
Lema d'Origem
Carviçais, 2018 


ANDAMIOS INTERIORES


   En 2017 llegó a las librerías Cardinales, muestra poética, un tanto especial, que casi pasó inadvertida, a pesar de editarse en Huerga & Fierro. Estaba coordinada por José Luis Morales e incluía ocho poetas diversos, agrupados en torno a un ciclo celebrado en Madrid, entre 2014 y 2017. Allí estaba María Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967) con doce poemas representativos, bibliografía básica, fotografía en primer plano y liminar entusiasta, que definía más la personalidad biográfica que el ideario estético. No obstante, en él se trazaban algunos juicios atinados:“un lenguaje de capacidad metafórica y visionaria, que, libro a libro,  sin renunciar a su proyección simbólica ni a su brillo analógico, se ha ido tornando en palabra cada vez más precisa, más incisiva, más exacta”.
  La edición bilingüe Jardin(e)s Excedidos, con versión al portugués de Carlos d’Abreu, completa una indagación del singular verbo poético a partir de 28 poemas de distintos momentos creadores. No se cita la procedencia de los mismos, una carencia que se reitera también en antologías más amplias como la reciente Algebra de los días, con traslado al italiano de Emilio Coco, publicada en Rimini en 2017 por Raffaelli Editore.
 Así que me parece necesario ubicar la cronología lírica de María Ángeles Pérez López cuya presencia en el ahora poético arranca en 1997 con Tratado sobre la geografía del desastre. Aquella entrega, hilvanada con algunos magisterios esenciales como Vicente Huidobro, César Vallejo y Claudio Rodríguez, interroga la memoria para dejarnos una conjunción de imágenes que habla de intimidad y erotismo, que se aleja del verso referencial para apostar por la sugerencia y el soplo entrevisto del onirismo: “Los nombres de unicornios maldicientes / guardan olor de labios empolvados / o pedazos de semen para el tedio. / También nuestras ratas más ocultas / tienen derecho a un párpado y a ortigas / para acallar las voces del deseo.” En los versos cabe el temblor de las sensaciones y ese destello luminoso de quien dibuja andamios interiores. Dicha salida tuvo una continuidad inmediata. Un año después aparecía, tras ganar el Premio Tardor, La sola materia (Alicante, 1998). Desde un objetivismo sentimental que busca despojar la materia de cualquier hermetismo, los poemas abren un escaparate perceptivo. Quedan expuestas las marcas del origen, las palpables formas de las cosas como garantes de quietud intacta donde se acumula una superficie de rutina y tránsito. También se reconoce una sensibilidad femenina aplicada en tareas que han ido definiendo en el tiempo esa labor diaria que desprende trazos volátiles de un universo personal, cuajado y vivo.
   Carnalidad del frío, reconocido con el Premio de Poesía Ciudad de Badajoz abre una nueva senda escritural. La voz reflexiva explora desde dentro el lenguaje. El poema se hace más incisivo, mira sobre si mismo para hallar la razón que sostiene los significados. La intemperie deja su peso sobre el presente y expande una atmósfera de soledad y pérdida en la que la identidad solo encuentra refugio tras el muro de signos que las palabras alzan. Ya en 2004 aparece La ausente, una entrega en clave autobiográfica. Con voz directa y foco indagatorio, se expande en los poemas  el temblor perceptible del devenir. El acto de ser contiene en sus repliegues un sesgo paradójico; sus contraluces cobijan las sombras del dolor y las certezas mínimas de una memoria espesa y fragmentada.
   Los cuatro libros citados, escritos entre 1995 y 2009, se integran en el volumen Catorce vidas (Diputación de Salamanca, 2010). El conjunto se define, desde la mirada crítica del poeta, ensayista y traductor Eduardo Moga como un legado fuerte en el que resaltan como signos diferenciales la investigación de la forma, la decidida inmersión en los tumultos del cuerpo y el empleo de un lenguaje incisivo y metafórico.
  Son caracteres que perseveran en los nuevos pasos. Integrado en Olifante en 2012, Atavío y puñal despliega composiciones que hacen de la identidad subjetiva un núcleo argumental recurrente. Es una entrega esencial por su despliegue verbal y por la densidad semántica de un lenguaje muy rico, que borra los rasgos concretos de la intimidad para moldear un arquetipo de la mujer, un yo paradigmático en el que caben el dolor y la mujer rota, la belleza corporal, el aprendizaje de la decepción y la felicidad de la búsqueda. En la excelente resolución argumental, el cuerpo habitado por la enfermedad concita una anónima memoria en el que la metástasis se define como una abrasiva lengua purulenta que precipita una insólita intensidad reflexiva.
   Su último quehacer autónomo, Fiebre y compasión de los metales se impulsó en 2016, en la colección poética del sello Vaso Roto. La fluencia verbal de Juan Carlos Mestre, con intensa dermis lírica, incide en el latido que tiende puentes entre materia y simbología para espaciar lugares propios en los que se refleje el alma del mundo; nunca faltan en la razón del poema las correspondencias éticas y las interrogaciones solidarias que hacen de los linderos de la realidad signos caligrafiados y desvelos, con nuevas zonas de significado.   
   Peo la escritura de estos poemarios no se enrosca sobre sí misma; se expande en frecuentes compilaciones que confunden en su desarrollo pasado y presente y que rescatan a las composiciones de su estar orgánico para que de nuevo restauren sus significados y confluyan en otras lecturas. Así nace la compilación Jardin(e)s Excedidos.  Concebida como una breve antología temática, Jardin(e)s Excedidos define un territorio en el que sopla con vehemencia la subjetividad del ser femenino. Los contenidos sondean las características reales y simbólicas, enfocan perspectivas ideológicas y abordan actitudes que subrayan características genéricas. De este modo el ser femenino se construye desde un aprendizaje lento y sostenido. Nace así una disciplina del temblor que debe superar una supuesta culpa primigenia, como ángeles caídos, como nombres alados que buscan sitio  y quietud en el aire al paso del invierno. 
   En la conciencia creadora de María Ángeles Pérez López nos admira el compromiso con la existencia de un sujeto verbal definido por la calidez de un lenguaje exigente y expandido en sus significados. Poesía que nunca pierde la firme voluntad de ahondar y esclarecer en los andamios del proceso vital, mientras el tiempo fluye.