lunes, 26 de junio de 2017

KARMELO C. IRIBARREN. MIENTRAS ME ALEJO

Mientras me alejo
Karmelo C. Iribarren
Prólogo de Luis Alberto de Cuenca
Visor, Poesía
Madrid, 2017
PASOS A DIARIO 

   Frente al ideal romántico de la imaginación en vuelo, la realidad despliega su conciencia de existir a ras de tierra, hecha de contradicciones y asimetrías. Y éste es el decorado habitual que recrea la escritura de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959). Desde Bares y noches, muestrario de amanecida editado en 1993, el poeta ha firmado once libros de poesía y ha reunido sus composiciones en antologías como La ciudad, el volumen Seguro que esta historia te suena, que integra la poesía completa escrita entre 1985 y 2012 y anticipa numerosos inéditos o la selección más reciente, con prólogo de Luis García Montero, Pequeños incidentes; además ha explorado géneros con una saludable indefinición semántica como la autobiografía y el aforismo. En todas estas facetas creadoras se percibe una poética estrictamente personal, definitoria de un verbo individual, aunque claramente enmarcado en la línea realista. Así lo constata, al perfilar la sensibilidad del poeta, Luis Alberto de Cuenca en un prólogo sin arabescos, en el que resulta palpable su disponibilidad afectiva hacia los logros literarios del donostiarra: “Este nuevo libro de K. es tan sabio, sencillo, efectivo y emocionante como los anteriores. tal vez tenga un sabor otoñal que se deriva del paso de los años, pero eso es lo normal cuando escribimos desde la certeza, siempre agobiante de que nos queda menos tiempo, de que vamos haciéndonos mayores”.
  Los breves poemas de Mientras me alejo trazan una semblanza, una “foto de carne” del protagonista verbal, cercano y reconocible en sus actos cotidianos, que siempre adquieren una perfecta verosimilitud. Desde esos posos de verdad nos llega la crónica personal de un sujeto sin épica, que comparte con el lector la condición de hombre común y que se muestra tal cual es en sus palabras con la apariencia laboral del paseante cercano con quien compartimos un microrrelato, un incidente sentimental, una anécdota contada con escasa voz que corrobora los efectos secundarios del estar de paso.
   Desde ese patrimonio sosegado que nos deja en las manos las sombras del tiempo, sin ceremonias, casi inadvertida llega la conmoción del poema, como un soplo de aire todavía fresco, como el destello de una memoria selectiva. El tiempo se aplica en su discontinuidad natural de abrir los sentidos con impresiones sedentarias.
   Se ha dicho con frecuencia que el sistema poético de Karmelo C. Iribarren busca una expresión subjetiva y confesional a partir de unos puntos cardinales como el amor y los sentimientos, la visión del mundo a través de rostros anónimos que miran la vida con las manos en los bolsillos, o el fluir acompasado del recuerdo.
  En el ahora, nada es extraordinario; y sin embargo su inmediatez es punto de concurrencia para una meditación inagotable. Sin afectaciones, la escritura se hace reflejo de una realidad cuyos límites moldean el azar y la incertidumbre; todo es rutina, pero todo es aleatorio y propaga el temblor de lo desconocido. 
 Al hilo del reconocimiento público que ha adquirido en los últimos años la poesía de Karmelo C. Iribarren, el poeta podría haber optado por la mutación drástica y por los insistentes renuevos de la moda. Sin embargo sus poemas solo aspiran a presentarse con la cara de siempre, limpia, escéptica, algo crepuscular, sin maquillaje, acaso solo tras unas gafas de sol que conceden cierto cobijo anónimo, que le dan un aire de individuo enigmático, de alguien que sabe mucho de la vida.  


domingo, 25 de junio de 2017

MANUEL NEILA. BAJO EL SIGNO DE ATENEA

Bajo el signo de Atenea
Diez aforistas de hoy
Manuel Neila (Edición)
Renacimiento, Colección A la Mínima
Sevilla, 2017

BAJO EL SIGNO DE ATENEA


   La literatura en femenino sigue siendo para algunos polemistas una encrucijada conceptual, uno de esos asuntos bizantinos que permanecen flotando como nubes perpetuas. Pero lo evidente es simple: la escritura no tiene sexo sino calidad; por tanto, la condición de mujer en sí misma no aporta rasgos sustanciales al quehacer literario. Eso no borra contingencias como la escasa presencia del aforismo escrito por mujeres en la larga senda de la paremia en castellano. Solo el aforismo disperso de María Zambrano, rescatado por Antoni Marí entre sus obras filosóficas, y la relevante aportación a esta estrategia narrativa de Dionisia García, coetánea de la generación del 50, sobresalen en la travesía temporal del siglo XX. Así que la propuesta del poeta, ensayista y aforista Manuel Neila para constatar el cauce relacional entre voz femenina y aforismo en los primeros lustros del siglo XXI es un acierto de peso.
   En la introducción de Bajo el signo de Atenea Neila suma a la cuestión de género otro asunto obligado en los estudios sobre el género hiperbreve: la indefinición terminológica. Es otro escollo no superado que admite una interpretación plural y la coexistencia de amplios matices dentro del aforismo. La modalidad expresiva no es un discurso homologado sino una propuesta creadora donde cada autor se transforma en un explorador semántico. El sujeto que escribe refuerza en su taller el carácter subjetivo de enunciados y contenidos.
   Tras explorar la cosmovisión femenina en el tiempo y el claro empeño en forjar una identidad que no sea secundaria y moldeada por los valores masculinos imperantes, el antólogo concreta la nómina de autoras que conforma esta antología en el paréntesis finisecular y en el tramo inicial del nuevo siglo. Su título se inspira en el aserto  Bajo el signo de Aries que Nietzsche empleara en 1905.
   Manuel Neila recurre a la cronología para ordenar su selección. Por edad, abre la muestra la profesora y ensayista Carmen Canet, y son compañeras de páginas Isabel Bono, Ana Pérez Cañamares, Erika Martínez, Gemma Pellicer, Carmen Camacho, Victoria León, Eliana Dukelsky, Azahara Alonso y Raquel Vázquez. Es un plantel diverso en el que son evidentes las apuestas personales del antólogo en las representantes de la generación más joven, Victoria León y Raquel Vázquez. Hasta la fecha, ambas solo han anticipado muestras de su trabajo y no cuentan todavía con un primer libro.
   La representación es muy atinada, ya que las páginas dedicadas a cada nombre presentan un itinerario biográfico, un breve ideario sobre la escritura y una selección muy numerosa de aforismos editados e inéditos. Ello permite un trazo bien marcado. El ideario, como sucede al formular una poética, describe los cimientos de la mirada y su forma de dialogar con el lenguaje. En la particular caligrafía de cada autora hallamos la evolución del cauce recorrido y las coordenadas de escritura. La madurez de Carmen Canet está marcada por la experiencia, busca el enfoque original e inteligente en el que, de cuando en cuando, abre una brecha lúdica la ironía. Isabel Bono expande en el decir sereno del enunciado breve una iluminación de la travesía existencial. Ana Pérez Cañamares entiende el aforismo como una certeza que mira de reojo; en él se expande lo paradójico, como si buscase enunciar los contrastes del discurrir. Gemma Pellicer establece vasos comunicantes entre la caligrafía aforística y el microrrelato; de esta indagación nace un aforismo narrativo que despliega en su cortedad un discurso nuevo, dando pie a la naturaleza cambiante del texto. Carmen Camacho denomina “Minimás” a estas breverías. Los textos reafirman la persistente indefinición genérica en sus interrogaciones. Buscan agitar el lenguaje para que aflore otra realidad, muchas veces engarzada desde la intuición. Para Erika Martínez el aforismo mezcla materiales filosóficos y poéticos. Sus contornos se rompen con frecuencia para diseminar significados en los que no se esquiva lo paradójico a través de la sugerencia y la elipsis:” Conquistar no las horas, sino su costado”. Victoria León entiende el concepto como expresión de una experiencia psicológica; se escriben desde adentro hacia afuera porque son una manifestación introspectiva que integra destellos siempre cercanos al autorretrato moral. Eliana Dukelsky lo considera expresión de un fluir interno y constante con amplio interés por cualquier estela temática; en sus coordenadas resalta la hibridez entre géneros y su afán indagatorio que implica al yo en una continua búsqueda desde la experiencia de la escritura. El ángulo de visión de Azahara Alonso nace de la propia escritura y reformula su certeza con una imagen sugerente: “el aforismo sujeta los pensamientos con chinchetas de tinta”, los textos promueven en su labor cualidades como la formulación "sencilla, elegante y precisa”. La antologada más joven es Raquel Vázquez quien ya muestra un itinerario plural que abarca el microrrelato, la poesía y el aforismo. En sus textos breves, todavía inéditos en libro, emerge la reflexión irónica y el esqueje significativo que postula una mirada al entorno para captar su temblor en un claro empeño de comprensión.
  Bajo el signo de Atenea es una conjunción de propuestas que se interrelacionan entre sí porque están marcadas por un tiempo histórico y por una sensibilidad de época. En sus aforismos habita lo diverso, ningún asunto queda fuera de foco porque los materiales lingüísticos conjugan lo subjetivo y particular de la experiencia biográfica con los claroscuros colectivos.  La antología permite acercarse a procesos creadores en marcha que han hecho de su voz una carrera contra el tiempo, una indagación en el ser con el humilde formato del aforismo, con precisión concisa y con el pulso íntimo de sus capacidades expresivas.

sábado, 24 de junio de 2017

DEMOLICIONES

Entre los días

DEMOLICIONES


   Están ahí, evidentes, tangibles, dispuestas a gritar con sus voces antiguas, manchadas con el polvo saturado de los malos recuerdos. Recorren ateridas nuestra voz para que las propague como un cauce azaroso entre los juncos.  Y tienden sus contornos pesarosos en las aceras de los días al paso, para que los que escuchan se detengan callados un instante y pongan en su mano unas monedas, la calderilla triste de la compasión. 


viernes, 23 de junio de 2017

MARÍA ÁNGELES ROBLES. UNA SENDA EN LA PENUMBRA

Una senda en la penumbra
(Hacia el corazón del Japón)
María Ángeles Robles
Ediciones de la Isla de Siltolá, Levante
Sevilla, 2014

CON EL ESPÍRITU DEL HAIKU

   La imagen del Japón contemporáneo ha fortalecido un buen número de clichés. Son consideraciones arquetípicas que dejan su vigencia en el tiempo y emparentan al país del sol naciente con el haiku, lo ceremonioso, la alta tecnología, el espíritu normativo social, el manga, la gastronomía de algas y pescado crudo y el respeto a la tradición. Seguramente hay más, pero con estos vértices trazados por la inmediatez  componemos una estampa sugerente con un soporte asentado en la realidad. Se puede contrastar de inmediato con Una senda en la penumbra. Hacia el corazón de Japón, dietario sentimental escrito por María Ángeles Robles. Hasta la fecha, el perfil creador de María Ángeles Robles se ceñía a quehaceres vinculados a la prensa, con especial incidencia en las páginas culturales dedicadas a la literatura, el cine y los eventos de autores. La gaditana ha impulsado abundantes colaboraciones en medios del sur y ha creado la revista digital CaoCultura que es hoy un referente sobre el espacio literario andaluz.
  He empleado, con las limitaciones propias de la terminología, el aserto “Con el espíritu del haiku” como título de esta reseña porque las notas reunidas en Una senda en la penumbra no son apuntes cronológicos al uso sino la exposición sosegada de una sensibilidad que muestra el devenir estacional y una recurrente admiración por los variados estratos del magma japonés.
   Para viajar a un lugar solo se necesita cerrar los ojos y oír las pulsaciones del interior. María Ángeles Robles lo sabe y así va naciendo, como renovados brotes naturales, una escritura secuencial que sustituye la anécdota por la impresión y las descripciones por la mirada lírica. Bajo los apartados estacionales (otra concomitancia con la estrofa clásica japonesa) la autora perfila sendas, como si fuese completando en un acto de contemplación un cálido trayecto circular. Los sentidos miran y dan fe de sus percepciones, con la ortografía propia del pensamiento. De este modo, lo inesperado se hace visible para mostrar estelas que se adentran en el matiz, en aquellos aspectos que parecen frágiles y transitorios y adquieren a través de la escritura singular consistencia.
   La autora deja esta crónica con diferentes estrategias narrativas. Hay prosas breves, con un claro sentido poético y contenido simbólico y también hay poesía que nos llega desde el esquema métrico del haiku siempre capaz de reunir los elementos dispersos del entorno con el rumor callado de la sensibilidad que se busca a sí misma en el paisaje: “Cae la nieve / y el corazón palpita/ Flor de retama”, “Flor del almendro / tu blancura de nieve / derrite el tiempo”.
  La cultura japonesa no es uniforme y en su legado son muchos los instantes de esplendor. De esa mirada al quehacer creativo de sus escritores destellan abundantes anotaciones, a veces como posos naturales de lecturas, lo que justifica la amplia bibliografía final, y otras como síntesis escueta de una página feliz, de un pensamiento, de una anécdota que adquiere su pleno sentido en la memoria del lector. En las breves notas de Una senda en la penumbra María Ängeles Robles elabora una experiencia interiorizada que evita las demoliciones de lo transitorio. En su soledad callada busca los trazos más singulares de una geografía que sobrevive en el ideal de un viajero sedentario que no necesita recorrer distancias sino escuchar las voces del corazón, esas que encienden la luz cuando caminamos a oscuras en lo diario y es necesario abrir una ventana. Desde su claridad regresa el sol, el nuevo día.


jueves, 22 de junio de 2017

ELOGIO DE LA IDENTIDAD

Clausuras
Fotografía de
Rosa María Hernández


PROPÓSITOS

                                           Para María Fernández Cuello

Ser uno mismo;
salir del laberinto.
Quitar candados. 




miércoles, 21 de junio de 2017

CANTOS DE FORTALEZA. ANTOLOGÍA DE POETAS VENEZOLANAS

Cantos de fortaleza
Antología de poetas venezolanas
David Malavé Bongiorni y Artemis Nader (Compiladores)
Prólogo de Rodolfo Häsler, epílogo de Rafael Arráiz Lucca
Kalathos Ediciones, Alcobendas, Madrid, 2016 
VERSOS DE TIERRA

   La poesía no se ausenta, aunque las condiciones históricas de la época en que se escriba difundan casi un estado de emergencia e incertidumbre. Cuesta pensar en la situación política actual del país latinoamericano sin que se haga inmediato en la retina un desfile de imágenes del conflicto social, el grito de la calle y la dura represión auspiciada por el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro. En este contexto, como escribiera Blas de Otero, quedan la palabra y la poesía; así lo muestran los compiladores que dibujan un mapa lírico de Venezuela en el trabajo de catorce poetas representativas de distintos idearios.
   David Malavé Bongiorni, editor de Kalathos, subraya en el umbral la notable ausencia de poesía venezolana en el exterior y la necesidad de crear una estrategia concertada para difundir talentos. Así nace casi en clave lúdica este muestrario de trayectos cruzados con la pretensión de ser piedra angular de la poesía femenina, un quehacer convertido en pulso y sentimiento sobre la cronología de un momento histórico sombrío.
   El poeta y traductor Rodolfo Häsler ofrece en su liminar un enfoque diacrónico sobre las poetas en la historia latinoamericana. Sondea la arteria para cifrar sus presencias más notorias. La nómina adquiere un perfil sólido y representativo en el que cuajan como espacios imprescindibles sor Juana Inés de la Cruz, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Gabriela Mistral. Ellas son el sustrato que avala con su magisterio el discurrir generacional en los distintos países. También adquieren el vigor del canon en Venezuela para ceder turno a quienes inician trayecto en la década del setenta y del ochenta; es una promoción donde sobresalen Edda Armas; Cecilia Ortiz, Márgara Russotto, Yolanda Pantin y Laura Gracco. Son ángulos de exploración en los que adquiere cuerpo la conciencia de lo femenino y la indagación en lo existencial que en Cantos de fortaleza se resuelve desde enfoques autónomos.
   Inicia la selección María Clara Salas (Caracas, 1947). Doctora en Filosofía y con amplia cosecha, su obra sondea temas perdurables que se definen en lo cotidiano: el ser temporal, la erosión del tiempo, la otredad, el pulso sostenido entre sueño y realidad…  Son núcleos expresivos de un intimismo figurativo y coloquial, que no teme al verso dialogal porque sabe que cada poema se habla a sí mismo y comparte incertidumbres y lugar de paso en lo diario.
   Rafael Arráiz Lucca, responsable del texto crítico final, acuñó un aserto que resulta útil para entender este fresco poético: “El coro de las voces solitarias”. Todas comparten el puente común de la poesía pero cada voz sostiene su opción estética para desplegarse en singular. La recopilación de Cecilia Ortiz (San Casimiro, 1951) resalta su búsqueda de la imagen sorprendente y la entidad del simbolismo sobre lo anecdótico; también la importancia de la naturaleza como código de señales frente al sujeto capaz de conceder al entorno una realidad enriquecida. La poeta tantea con la mirada el sentido final de la escritura que hace de la palabra un territorio cognitivo.
  La ruta creadora de Belkys Arredondo Olivo (Caracas, 1953), poeta, periodista y editora, arranca en 1998. Su muestra abarca  poemas breves y prosa poética y ha sido antologada en distintos países. Su poesía es directa, con la voz fuerte del canto que nunca posterga la variedad de estratos temáticos en su desarrollo. En sus poemas el amar y el creer aguzan sus preguntas sobre las pulsaciones de lo cotidiano.
   Amplia germinación tiene la trayectoria de Yolanda Pantin, quien personifica un protagonismo estelar en la cartografía actual. Así lo testifica País. Poesía reunida (1981-2011), volumen editado en España por Pre-textos en 2014. En su lírica adquiere contundencia un trasfondo reflexivo por el que lo subjetivo y lo personal muestran la travesía de una experiencia transcendida.
   Solo veinte años tenía Edda Armas (Caracas, 1955) cuando amaneció su temprana incursión Roto todo silencio, poemario reeditado hace apenas un año. La poeta, que acomete tareas de gestión e imparte talleres literarios, tiene una amplia presencia en revistas y antologías y ha impulsado la edición independiente. Sus  versos recorren caminos de retorno con una mirada narrativa que entrelaza anecdotario y pauta reflexiva.
   Las voces anteriores constituyen el cimiento primero de un muestrario que no presenta quiebras experimentales ni cambios de rumbo sino un cauce fluido que adquiere en su transcurso mutaciones individuales. Así, la poesía de María Antonia Flores (Caracas, 1960) busca en la palabra una sustrato sensorial, o concede voz, como sucede en el excelente poema “Mirada antigua”, a una genealogía femenina que moldea en el tiempo su identidad plural. En su escritura percibimos un variable entrelazado temático que conjuga percepción sensible, reivindicación del ser existencial, a resguardo de la soledad y con un epitelio de resistencia, y un registro formal amplio.
   En Patricia Guzmán predomina un diálogo con la tradición y un misticismo renacido que emparenta su lírica con el cántico. Así se percibe en su propuesta más reciente,  El  almendro florido. En su estela creadora también abren bifurcaciones el intimismo y la presencia sentimental de lo cercano, como si la existencia discurriera en un claro diálogo entre protagonista lírico y entorno.
   El quehacer de Sonia Chocrón destila poesía, narrativa y guiones para cine y televisión; son dominios alternos y complementarios. En su estela lírica encuentra cauce una dicción comunicativa que busca referentes culturales en el cine y en las aportaciones de la tradición oral.
   La década del sesenta está ampliamente representada en Cantos de fortaleza por la obra de Claudia S. Sierich, Gabriela Kizer, Jacqueline Goldberg, Gina Saraceni, Carmen Verde Arocha y Eleonora Requena. Son travesías que aportan sensibilidades donde cala, junto a la indagación individual que parte de la experiencia cotidiana, el rumor de lo colectivo y los fragmentos de la intrahistoria común. Así se afianzan poéticas entre el pesimismo y la luz, aunque como escribe Gabriela Kizer late el propósito de que la senda grabada por el poema no sea nunca la crónica del desconsuelo.
   Asentado el paisaje versal, firma el epílogo Rafael Arráiz Lucca. El crítico opta por el repaso en el tiempo para recuperar en la biblioteca la aportación femenina consignada. En ella son indicios claros la pluralidad, la ausencia de cualquier localismo y el empeño individual que ahuyenta cualquier gregarismo.
  Los nombres reunidos en Cantos de fortaleza tejen pasión literaria y ángulos de un paisaje cultural que disuelve cualquier pesimismo sobre el espacio del presente. la poesía sigue brotando en las condiciones más adversas, se incardina en la sombra y en el extrañamiento para curar heridas. Los poemas dan fe de lo vivido en su sentido más cotidiano e inmediato. Sobre las cuartillas grises del lenguaje, las poetas de Venezuela anulan palabras, tiempo y esperanza.
   

martes, 20 de junio de 2017

TODOS, EN NINGUNA PARTE

itinerarios
Archivo personal

                                          TODOS, EN NINGUNA PARTE


   Todos somos los inadvertidos habitantes de Ninguna parte, un municipio sin impuestos y sin padrón municipal, donde a diario salimos a comprar razones para aguardar los viernes del futuro. Cada uno de sus vecinos persigue la quimera de la felicidad, esas huellas en la arena que al final de trayecto nos dicen que la meta fue cada paso que hilvanamos para llegar a nuestro interior, ese sitio lejano que siempre está en el horizonte de las esperanzas.
   Mi libro Ninguna parte es la crónica viva de esa convivencia plural. Si me asomo a su casco antiguo, cada una de sus construcciones está llena de patologías. Así he denominado la primera sección del poemario, que tiene como hilo argumental la erosión del tiempo en el entorno más próximo, cuando los días incrementan la dependencia de lo fisiológico; el desgaste nos convierte en seres dependientes y vulnerables que hacen de la incomunicación una resignada espera en la que se va ratificando el final. La existencia entonces se torna oscuramente dramática y dispara el sentimiento de culpa.
   Mucho más optimista, como adecuada para la visita turística del sol de las amanecidas, es el barrio “Deshielo”. Sus poemas habitables hacen del amor y la amistad una forma de estar en compañía y compensar carencias. Los sentimientos son hálito fundamental para seguir el viaje o para recorrer trayectos que mudan paisajes y afectos. Poemas para pasar las horas en habitaciones con luz.
   La existencia, como decurso temporal, conlleva una inevitable cesación. El epitafio no es sino la voluntad de seguir hablando cuando consumimos el turno de palabra que de este modo se convierte en rebeldía frente al silencio. También en Ninguna parte está esa zona reservada para los ausentes, para los que dejaron la solemnidad de una idea sobre el mapa del tiempo.
   Nunca entendí la poesía como algo misterioso e inefable, sólo al alcance de iluminados que esperan la azarosa llegada de la inspiración. Creo en ese trabajo intelectual que transforma lecturas y vivencias en expresión lingüística. Esta consideración del ideario poético está presente en el último apartado, el frondoso parque que he denominado “Y todo lo demás…”. Tal zona boscosa difunde impresiones sobre asuntos internos de la literatura: el mensaje, la expresión comunicativa, la distancia entre idea y logro, la identidad del yo lírico…Literatura
  Pretendo que Ninguna parte, por su constitución interna, sea expresión fiel de una mirada de pautas crepusculares, cuyos contenidos mezclan imágenes y sentimientos. Son los ojos del ocaso, aunque no olvido que el anochecer siempre tiene un inseparable enlace con la amanecida, una íntima simbiosis. Nos quedan la palabra y la esperanza.