martes, 20 de septiembre de 2011

JAVIER MARÍAS

  
Los enamoramientos
Javier Marías
Alfaguara, Madrid, 2011

   Una autoridad de nuestras letras, Francisco Rico, se convierte en un fugaz personaje secundario de la novela de Javier Marías Los enamoramientos. En su breve aparición escénica toma en préstamo muchas de las características del sujeto real; es un sabio filólogo catalán, de verbo fluido e incontinente, al que todo lo acontecido a partir del Renacimiento le parece un asunto menor, como si el presente fuera un paréntesis existencial colmado de trivialidades. Francisco Rico es sólo un dato en  favor de la verosimilitud, aunque en Javier Marías los géneros literarios son espacios ambiguos, sin delimitar, porque lo real es ambiguo y condiciona el comportamiento; la misma existencia rutinaria se trastoca por cualquier suceso azaroso sin que sirva de nada la previsible concatenación de causas y efectos. Cada existencia oculta numerosos resquicios y escapatorias, como si hubiera una vida pública y otra íntima y privada.
   En Los enamoramientos una familia de clase media, bien definida por sus hábitos anodinos, es sometida al duro trance de un asesinato aleatorio: un acuchillamiento fortuito del cabeza de familia por parte de un mendigo que se dedica habitualmente a aparcar coches. María Dolz es testigo de esta ruptura de la normalidad y se convertirá en la narradora de las existencias convulsionadas por la muerte. El hecho, sin  motivos lógicos, altera radicalmente la disposición de las piezas en el tablero: el ausente reclama un lugar en el recuerdo de los vivos y los familiares se empeñan en vivir como si el desaparecido todavía deambulara por los itinerarios de lo doméstico.
   Sin embargo, los detalles no encajan y los hilos sueltos –retazos de una conversación, actitudes desconfiadas, suplantaciones…- acaban confirmando que la  normalidad es sólo una más cara que oculta actitudes cuanto menos sospechosas o poco explicables. María ve similitudes entre la nueva situación social y aquella escena bíblica en la que el rey David enamorado de la belleza de Betsabé, envía a su marido Uriah a la primera línea de batalla para que al morir pueda suplantar su lugar. Y esa hipótesis poco a poco desvela una situación sorprendente. La ética personal debe enfrentarse a un papel incómodo: el papel del delator.
   Javier Marías se siente cómodo en la digresión. Sus argumentos no avanzan acumulando acciones sino reflexiones, busca dibujar la psicología de los personajes mediante largos monólogos y extensos ejercicios introspectivos. Lo que sucede casi siempre está dentro del sujeto.
   Si la anterior novela del madrileño Tu rostro mañana es considerada la obra cumbre del autor por su monumentalidad (tres volúmenes) y compleja estructura, Los enamoramientos puede leerse con cierta sencillez, aún con el hecho insólito de que el novelista opte, por primera vez, por un punto de vista femenino al contar la historia. Es una ficción menos ambiciosa, de mínimos hechos, pero con la prosa característica de un imprescindible de nuestras letras, de una prosa que es siempre imperativo de calidad.

                                                                

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