martes, 8 de noviembre de 2011

VICENTE GARCÍA: SER UNO MÁS.



Ahora (Poesía 1992-2008)
       Vicente García
       Renacimiento, 2009

   Cada poeta actúa como depositario de un legado anterior, busca un itinerario específico entre opciones de una senda plural que franquea el acceso. Esa es la primera sensación que depara el encuentro con el corpus lírico de Vicente García (Gijón, 1971), formado por los poemarios De ayer a hoy y Días de tormenta y por el cuaderno Ficciones, un conjunto de ocho textos editado en 1993, que se integraría en De ayer a hoy. La ruta pactada se define más por la riqueza del matiz que por el afán de originalidad; más por la serena eficacia emocional que por el manejo de rutilantes recursos expresivos porque los versos de Vicente García se formulan en un voluntario tono menor con registros de un habla coloquial que contagia sencillez y naturalidad y sorprende por su cercanía, nunca exenta de cuidado formal, como sucede en cercanos referentes como Víctor Botas, Miguel d´Ors o José Luis García Martín. En esta tradición revitalizada ocupan un lugar destacado Luis Cernuda, Francisco Brines y el maestro argentino Jorge Luis Borges.
  La muestra Ahora reordena y selecciona el itinerario creador; casi la mitad del primer libro queda fuera y también se suprime la significativa cita de apertura de Víctor Botas. La poda también afecta al segundo poemario del que José Luis Piquero escribe en la página prologal: “Quienes busquen en la poesía un deslumbramiento inmediato pueden llegar a sentirse decepcionados ante la obra de Vicente García, un poeta que ha hecho de la sencillez, de la claridad y de la economía de medios su bandera”. El tramo de cierre, de título homónimo, aporta más de una veintena de composiciones de la última década. La medular de esta poesía es incorporar como propio cualquier tema y darle una racionalidad clásica que concede al protagonista literario la posibilidad de personalizar otro yo. La existencia multiplica sus perfiles y el pasado retorna y cobra actualidad. Así sucede en el poema de apertura “Abraham”, donde un personaje bíblico vuelve a definirse por sus actos como ejemplo moral de quien ha sido fiel a su conciencia. Otras veces se define el yo biográfico, al recuperar un contexto que invita a la interpelación: “Estas calles que van hacia ninguna parte / te miran en silencio, con esa indiferencia / que tanto te gustaba cuando sólo querías / ser uno más, pasar de largo como tantos”, o que impulsa una poesía meditativa que interpreta las notas a pie de página del viejo oficio de vivir.
   Es frecuente en Días de tormenta el poema que relaciona la realidad interior del sujeto con la buena compañía de la biblioteca; los versos reescriben palabras de Pablo Neruda o Víctor Botas; son los aplicados discípulos que guardan fidelidad a “unas pocas palabras verdaderas”.
   La gradación del poema “Función de la poesía” argumenta un motivo de Borges: la búsqueda incesante de una verdad impulsa un renovado afán generacional que no consigue nunca descifrar la meta de sus desvelos: “Y llegará la hora del otoño / y pasarán los años. / Yo seguiré mirando cómo cae la lluvia. / Otros vendrán, mejores poetas que nosotros / y seguirán contando cómo cae la lluvia. / Y llegará la hora del invierno. / después de varios miles de años de poesía / no sabemos aún para qué sirve. / dentro de varios miles de años de poesía / se seguirán haciendo esta misma pregunta “.
   Con un caminar lento que congenia exigencia y necesidad, la voz poética de Vicente García, uniforme y coherente, nos acerca el discurrir de un tiempo replegado en sus contradicciones.

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