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viernes, 29 de julio de 2016

RAFAEL CHIRBES. PARIS-AUSTERLIZ

Paris-Austerlitz
Rafael Chirbes
Anagrama, Narrativas Hispánicas
Barcelona, 2016

DERRUMBES

 
 El reciente adiós de Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, 1949-2015) supuso en los medios literarios un análisis global de su bagaje creativo que integra títulos tan aclamados como La caída de Madrid, Los viejos amigos, Crematorio y la multipremiada novela La otra orilla. Unos meses antes de su fallecimiento concluyó, en su versión definitiva, Paris-Austerlitz, una entrega que lleva detrás un complejo proceso de escritura demorado durante dos décadas, con notables interrupciones temporales. El libro relata una relación amorosa desde el final, a través de una evocación que dibuja los caracteres contrapuestos de sus protagonistas. Quien busca indicios del pasado en la memoria es un joven pintor de clase media que apenas supera la treintena y llega a París con la intención de sacar adelante su vocación artística. Las oportunidades tardan en llegar y debe buscar en una empresa de muebles y decoración un puesto estable como dibujante hasta que pueda dedicarse a la pintura con las mejores condiciones. Michel, en cambio, es un trabajador curtido cuya fuerza física es su mejor reclamo en el continuo trasiego de amigos y amantes y en la aceptación social de quienes lo consideran un integrante más de los suburbios.
Los dos amantes pertenecen a mundos confrontados y solo su relación sentimental acerca senderos vitales en los que se plasman afectos, placer y desencuentros hasta que aparece la enfermedad y sus abrasivos efectos.
En los días finales, Michel es un yo enclaustrado en un hospital parisino que pierde de forma alarmante cualquier esperanza de recuperación, mientras el joven pintor  desde la soledad va rememorando los distintos estadios de su convivencia como si la rememoración permitiese hallar sentido a los días comunes. A veces el regreso al ayer resulta doloroso, como si las heridas de la separación siguieses abiertas y la sensibilidad no quisiera ver el sitio donde se ha consumado la derrota.
El amor entre los dos hombres no aparece ahora como un reducto íntimo de acercamiento y pasión sino como un conflicto en el que se implica a fondo la personalidad de los amantes en los distintos estadios: acercamiento, plenitud, dolor y rechazo.
El sida como instrumento destructivo supone el cierre de la esperanza. El internamiento de Michel y la pérdida progresiva de sus capacidades físicas y mentales lo transforma en otro. En su derrumbe nada es igual. En su estar se convierte en un superviviente que mira el pasado con el resentimiento de quien confirma en él que ahora paga el precio de una gravosa hipoteca. El amor no es una luz cálida que ilumina un espacio mínimo sino una casa con grietas que poco a poco se abre a la intemperie.
Rafael Chirbes deja en su último viaje por la ficción una obra dura, que se asoma al sentimiento amoroso sin concesiones, despojado de idealizaciones, como si no se pudiese ofrecer resistencia al arrastre de un destino que es siempre expresión del azar, donde nunca es posible chapotear hasta el envejecimiento en el charco de los hábitos. La muerte espera.
 
 
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lunes, 15 de diciembre de 2014

PATRICK MODIANO. GENEALOGÍA SENTIMENTAL

Un pedigrí
Patrick Modiano
Anagrama, Barcelona, 2007
 
GENEALOGÍA SENTIMENTAL

   El novelista francés Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945) es el galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2014, según la Academia Sueca “por su arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más difíciles de retratar…”. Por eso, la mejor puerta de acceso a la extensa producción narrativa de Modiano es la novela Un pedigrí, que Anagrama editó en 2007 y que pude leer aquel año, no como si fuese una novela sino una documentada crónica personal en la que el autor se elige a sí mismo como protagonista principal para exponer con voz directa los pormenores biográficos.  Intenso, meticuloso y con una atención desvelada hacia el detalle,  Patrick Modiano parece un dietarista soliviantado con la incontinencia de lo cotidiano. Ahora, tras la concesión del Premio Nobel, vuelvo a recuperar su escritura y la impresión persiste: en las tramas hay una fusión estricta entre el yo literario y el sujeto biográfico, mientras se buscan puntos de referencia en el pasado para establecer, como esos caniches de raza, un supuesto pedigrí genealógico.
   La voz narrativa camanina sin identidad y sin el peso del recuerdo. Quiere conocer sus orígenes y lo que descubre no se oculta, es contado con la gelidez de quien camina sobre el suelo inestable y movedizo del fango. Sus padres lo rechazan, su madre nunca está, su hermano murió con apenas diez años y su formación académica es una sucesiva clausura en internados lejanos en los que nunca hay sitio para la ternura.  No hay pedigrí sino un ahora al paso en el que el yo pasa lista en un cuartel vacío. Se ha dicho muchas veces que los días de infancia constituyen ese temprano paraíso que nunca se abandona porque concede a quien lo sueña seguridad y refugio. El autor francés es drástico en su evocación de la infancia y de los primeros años juveniles. No existe el paraíso, solo un espacio que acumula sin orden retazos de un paréntesis vital, en el que solo tuvo cabida el desconcierto. Quien se mira en la lisura gris de los espejos nunca fue un aspirante a la felicidad.