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| Oficio de callar José Luis Morante Mahalta Editorial Ciudad Real, 2026 |
jueves, 30 de abril de 2026
HABITAR RESQUICIOS
miércoles, 29 de abril de 2026
NADAR EN SECO
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| La atracción del abismo Fotografía de Adela Sánchez Santana |
Su orfandad recolecta
el rastro delator de la raíz,
la herida de quien abre
los párpados del agua.
muestra la superficie
una espesura
que presiente en silencio
la colisión del fondo.
desdice la distancia;
impulsa más brazadas
hacia el barro salobre.
me carcoma.
Sacudo el agua ausente.
En los brazos maltrechos
hay fragmentos de mí.
martes, 28 de abril de 2026
RODOLFO SERRANO: HOTEL EN LAS AFUERAS
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| Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947) |
DESDE EL PONIENTE
Una luz amarilla y gastada alumbra la distancia entre la madurez y el camino de vuelta de la senectud. Es un recorrido vital que enseña a bajar la voz y moldea, en la esfera de todos los relojes, el instante gastado de un presente continuo. Ya no resulta necesaria la prisa. El ahora convierte su cronología en un lugar doméstico, una sala de estar con ventanas a la memoria y con tertulia sensitiva con el pasado. Lo vivido muda en constante página en reconstrucción, donde todo tiene la textura de lo contingente. Solo las cuestiones esenciales de cada ecuación diaria preservan las incógnitas sin resolver.
La palabra poética se convierte en crónica vital. Mira, con los ojos casi cerrados, un futuro que se diluye lentamente, mientras sus pasos rezagados conducen a ninguna parte. Mañana es un horizonte especulativo, un tranquilo páramo mesetario ajeno al maquillaje ampuloso y grandilocuente de la celebración. El pensamiento secuencia su fluir apoyado en la lógica de lo real, en la percepción sensible que depara el juego de impresiones de lo cercano. Así que la poética se convierte en una invitación a la confidencia sobre los procesos vitales que conducen al escepticismo y la decepción, al umbral del olvido.
Siempre que regreso al quehacer literario de Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947) el yo poemático muestra un cálido carácter confesional. El poema se convierte en un espejo privado que necesita ahondar en lo que permanece y en la validez de la experiencia. Los versos alumbran un espacio compartido, una senda llena de sensaciones que recorre los paisajes interiores de la naturaleza humana. La voz explora los rasgos del sujeto marcados en el tiempo e indaga en la identidad de quien sale a descubierta desde la meditación para acercarse a sí mismo.
Abunda en el poemario Hotel en las afueras la soledad desnuda de quien hace recuento de algunos paraísos perdidos: el amor, la belleza, la pasión, el deseo o aquellas arquitecturas sentimentales que cobijaban sueños, ilusiones y esperanzas. La voz de quien recapitula sobre la existencia como estela de adversidad y pérdida. Casi todo lo que tuvimos está detrás. El acontecer dibuja los relieves de un áspero mundo que muestra las cicatrices del trascurrir, mientras sobrevuela un aire denso, de melancolía y nostalgia. La felicidad parece una vivencia ajena, un reflejo fósil encerrado en resina. Como sugiere el título, se busca un refugio compartido, una trinchera a resguardo para suturar las heridas abiertas y proseguir ruta en el tablero de lo cotidiano, con la esperanza puesta en la evocación, aun cuando la memoria haya convertido en hábito la tristeza como ensimismada compañía. Toca vivir rebobinando fragmentos, siendo fiel en lo posible a los restos del naufragio.
lunes, 27 de abril de 2026
EL BIÓGRAFO DE BORGES
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| Poesía completa Jorge Luis Borges Editorial Alfaguara Madrid, 2026 |
El biógrafo de Borges
Con monolítico afán, labró durante una década una biografía de Jorge
Luis Borges. Se encerró en la buhardilla, ahuyentó compromisos, propició un
divorcio, y consultó la incontinencia escrita sobre el autor: ensayos, cuentos,
poemarios, reseñas, tesis, reescrituras y panegíricos circunstanciales. Tras la
enésima corrección de pruebas, se editó la obra. En las librerías aquella
novedad tuvo una presencia discreta y su autor nunca más hurgó entre las trabajosas
páginas de aquel libro. Nadie percibió la única errata, una azarosa paradoja. En
el paréntesis vital confundió fechas. Anticipó la muerte en Ginebra ochenta y
siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus ligero que hubiera entusiasmado
al mismo Borges.
(Del libro Fuera de guion, Lastura, 2024)
domingo, 26 de abril de 2026
UNA CONVERSACIÓN CON AITOR FRANCOS
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| Templo de Karnak, Luxor (Egipto, 2026) Fotografía de Adela Sánchez Santana |
Hacer antologías es, la mayor parte de las veces,
granjearse enemistades. Seleccionar, decidir...sobre todo entre los autores
contemporáneos, es difícil, y Paso
ligero es un libro polémico (no sé si adrede), que da que hablar.
¿Dudaste mucho?
La vida literaria es un capítulo menor que gente ensimismada como yo no
escucha demasiado. Es verdad que los afectos y desafectos dejan turbulencias en
el ánimo, pero sería insólito escribir un libro pensando en los efectos sociales
secundarios y no en los contenidos. Mi experiencia como antólogo mitiga mucho
las reacciones afectivas; creo que hasta la fecha las propuestas compilatorias
buscan definir un criterio personal, un gusto lector macerado por el hábito
crítico: lo hice en Re-Generación
(Valparaíso, 2015) y 11 Aforistas a
contrapié (Liliputienses, 2020). Y guardo muy hermosos recuerdos de ambos
libros. Descarto que una antología sea una siembra de rencores, es el trabajo
intenso de un especialista que hace de su tiempo un generoso aprendizaje de la
obra ajena. Escribo con la certidumbre de quien busca escribir un libro
necesario (lo sea o no) y alejado de exclusiones y menosprecios.
Soy un degustador continuo de las novedades aforísticas del ahora, así
que no descarto en absoluto que la próxima entrega como crítico sea yuxtaponer
esas reseñas y mostrar una panorámica del presente minimalista.
Dudo mucho, sí, mis libros no tienen nunca un argumento definido,
reescriben sobre la marcha y cambian de rumbo para mostrar otros andenes. No
creo en los itinerarios cartesianos, que muestran todas las incógnitas
resueltas y ya saben el resultado final.
En el largo proceso de gestación de Paso
ligero barajé otros títulos, claro, que perduraron hasta la entrega al
editor; aquí también hay que elegir y apartar los rechazos.
La huella del aforismo habita en mis poemas desde el principio; las
primeras críticas, cuando comentaban mis libros iniciales, publicados en el
arranque de los años noventa, señalaban a menudo la importancia “aforística” de
los cierres poéticos, esos versos que culminan, como una veleta, la casa del
poema. Leí muy pronto Ideolojía, la
edición de Antonio Sánchez Romeralo sobre los aforismos de Juan Ramón Jiménez y
he tenido la fortuna de disfrutar del contacto con aforistas referenciales para
mí como Carlos Edmundo de Ory, Ángel Crespo, Dionisia García y tantos otros,
como Manuel Neila, Ricardo Virtanen y Javier Sánchez Menéndez que han marcado
mi forma de entender la escritura, mi pasión por lo mínimo.
Aunque mi centro sea el aforismo lírico, viajo continuamente a la
periferia de otras etiquetas críticas y en ellas también me siento muy cómodo.
Es lógico que el estudio se haya centrado en los siglos XX y XXI, partiendo del auge que ha tenido el aforismo en ese marco de tiempo, al menos en España. ¿Sientes, no ya solo como ensayista y crítico, también como escritor de aforismos, muy separadas las líneas entre lo que se está gestando en España y lo que va surgiendo en países de Latinoamérica o de habla hispana?
(La presente entrada es un fragmento de una entrevista del poeta, aforista y antólogo Aitor Francos. La entrevista completa se publicó en 2024 en 142 REVISTA CULTURAL )
sábado, 25 de abril de 2026
RODOLFO SERRANO/RAÚL CANCIO: MIRADA Y VERBO
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| La mirada y el verbo Rodolfo Serrano / Raúl Cancio Prólogo de Joaquín Estefanía Kasbah Editorial Madrid, 2025 |
INSTANTES SUSPENDIDOS
La introducción de Joaquín Estefanía “El tiempo en el que fueron inmortales” arranca de esa complicidad de cercanía que dejan los pasos entrelazados en la redacción. Han pasado los años y el ahora va adquiriendo un matiz crepuscular. Pero persisten las voces emotivas de la evocación, ese anecdotario que traza el perfil del recuerdo compartido y los rasgos singulares de su presencia creadora, más allá de la experiencia solidaria.
El preámbulo insiste en que imágenes y textos están perfectamente imbricados con la realidad. La palabra y el verbo se dan la mano para recobrar las dispersas teselas del pasado y concretar los vuelos del instante suspendido, de esas vivencias irrepetibles que el tiempo deja entre las manos. Resalta el carácter unitario entre textura visual y el meditado orden poético. Ambos suman pasos para la búsqueda de un sentido orgánico a través de ese lenguaje dual. El emotivo prólogo es un buen umbral. Anticipa la senda verbal de Rodolfo Serrano y la densidad conceptual que guardan las imágenes de Raúl Cancio.
La palabra poética de Rodolfo Serrano alumbra una voz figurativa, dispuesta a ser testigo de lo que sucede. Pone de relieve un recorrido exploratorio que convierte el entorno en material literario, en territorio de inmersión y búsqueda, de rescate y retorno a la claridad. Ese ámbito, no pocas veces penumbroso y sombrío, ofrece una visión subjetiva y sentimental. Llegan como involuntarias protagonistas del poema la soledad, la desolación y los recuerdos, acaso embellecidos por la memoria para certificar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Se cobijan entre los versos mínimas historias que se solapan entre sí y suceden como si la existencia negase la posibilidad de un mundo en calma, ni siquiera en los sueños, aunque el yo poético se empeñe en rescatar una amanecida de luz. El sujeto verbal afronta el respirar como un empeño en recordar las ciudades que amó, ahora vistas como siluetas inmóviles que recorta una puesta de sol. Llega la oscuridad y un estar triste que rememora un amplio listado de cosas pendientes. Cada vez más, la existencia asume un aleatorio descenso hacia sombra. Abre las manos para dejar en ellas el ébano tenaz de la tiniebla, la oscuridad y el desconcierto. El tedio de la tarde, descrito con versos concisos y lacónicos que dejan la conciencia de ser una presencia frágil, ya instalada en el derrumbe físico y en la vencida arqueología de la soledad. El ser ahora es un tantear pausado, con las asimetrías del fatigoso transitar que permite volver a casa, aunque no haya nadie.
Todos los poemas de Rodolfo Serrano argumentan una clara disposición enunciativa y emplean una dicción cercana y limpia, en la que cabe una realidad cercana, que deja grietas y hendiduras para el onirismo y la fantasía. Los textos mantienen una serena continuidad visual con las fotografías de Raúl Cancio. En ellas predominan los grises y negros, una estela de secuencias, repletas de emoción, que deja sus picotazos en la retina. La existencia cotidiana es luz y sombra, el despertar sentimental de la esperanza y las débiles señales del camino que lleva hacia el crepúsculo. Las imágenes recuerdan las páginas sueltas de un cuaderno de luz que habla en silencio. Se abren al testigo con un grueso epitelio sentimental. En ellas, persiste en la conciencia la sensación de finitud y soledad, como se plasma, con el intimismo confidencial de su escritura, las composiciones de Rodolfo Serrano.
La mirada y el verbo dibuja rincones de una realidad signada por un tono existencial. Los poemas nacen desde el fluir de una conciencia que retorna al pasado y pierde el rumbo, que capta secuencias vitales marcadas por la soledad y el desamparo, por un largo recorrido que se demora hasta el fin de la noche, en el que se van sumando indicios de oscuridad y contingencia: “Vivir en paz es fácil. Sobre todo / a estas altas edades en que uno / tiene más añoranza que deseos. / Y el recuerdo es solo niebla del pasado”. La conciencia de ser se va despojando de pretensiones; las manías y rarezas se van borrando y solo se presta atención a un cielo limpio que invita a vivir el ahora sin brújulas ni mapas. Real o simbólica, la noche está ahí, con su laberinto de imágenes, con su tacto oscuro, como un espejo que acogiera en el frío de su superficie las sombras interiores, la desnudez de un corazón a solas que quiere estar en paz con todos.
JOSÉ LUIS MORANTE
viernes, 24 de abril de 2026
DESDE RIVAS
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| Senda y memoria (Rivas Vaciamadrid, 2026) Fotografía de Adela Sánchez Santana |
DESDE RIVAS
jueves, 23 de abril de 2026
EL LIBRO ES SIEMPRE UN ELEFANTE
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| La piel del libro |
LA BIBLIOTECA
En el Día del Libro
Si la lectura la lengua hace posible el entrenamiento verbal, el libro ayuda a entender el lenguaje y a expresarlo con precisión y claridad, a relacionarlo con la realidad.
El entorno ha cambiado y uno puede acercarse al libro con nuevos formatos, con claro predomino de lo visual, pero la motivación, la voluntad y el papel del lenguaje permanecen inalterables. Sólo cambian las estrategias. Y no conozco mejor estrategia para galvanizar una lengua activa que la biblioteca.
Para explicar sus múltiples funciones traigo a la memoria aquella fábula del elefante indio, un cuento popular que reflexiona sobre la naturaleza de las cosas y nuestras impresiones: “En un cercano bosque vivía una manada de elefantes. Alguno se acercaba a media tarde hasta las cercanías del poblado y eran muchas las recomendaciones maternas. En ese poblado vivían cinco niños ciegos que empezaban a ir a la escuela. Un día preguntaron al maestro:”¿Qué es un elefante?” El maestro se aproximó con cuidado hacia un elefante que pacía plácidamente y fue dejando que cada uno de los niños ciegos palpase su cuerpo. Uno tocó su costado, otro su cola, otro la trompa, otro su colmillo y el último su oreja…después se reunieron junto al maestro y relataron su experiencia. El que tocó el costado dijo que el elefante era un muro, el que palpó la cola una larga liana, el de la trompa habló de una serpiente enroscada y el del colmillo definió el elefante como una peligrosa lanza. Por último, el ciego que tocó la oreja creyó adivinar que el elefante era una palmera que aliviaba de las horas solares… “ Cada cual había experimentado una parte del elefante, una sensación única y distinta. Pues eso, cada lector encuentra en el libro una sensación única, excepcional, distinta. Ya se sabe que un libro es siempre un elefante.
miércoles, 22 de abril de 2026
ACERCA DEL SUEÑO
Principio
del formulario
ACERCA DEL SUEÑO
Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.
martes, 21 de abril de 2026
GLORIA DÍEZ (Presentación de OFICIO DE CALLAR)
J
Gloria Díez (El Entrego, Asturias), periodista y gestora cultural, ha hecho de la poesía una manera de mirar la hondura. Comienza travesía lírica con Mujer de aire, mujer de agua (Rialp, 1982). Aquel primer libro se asentaba en el mapa poético del momento y su autora no tardaría en integrarse en la Cuarta antología de Adonais (Rialp, 1983) y en el número doble 169-170 de la revista malagueña Litoral, publicado en 1987. La obra prosigue con Inocente ceniza (2018), un muestrario que se hace metáfora de amanecida y resurrección. Su última entrega es Seda torcida (2025), donde la poesía transforma emociones y pensamientos en resistencia, en rendijas de luz que cobijan lo perecedero.
Queridos amigos, gracias por acompañarnos en una tarde que es importante para nosotros, como biblioteca, para José Luis Morante, como escritor y para Mahalta, la editorial que hoy acoge su último libro de aforismos: Oficio de callar.
José Luis Morante ha dedicado su vida a la escritura y a la
enseñanza. Hoy tendremos que dejar a un lado al ensayista y al poeta, pero
conviene citar, aunque solo sea de pasada, que su obra en verso está recogida
en tres antologías: Mapa de ruta de 2010, Pulsaciones de 2017 y Ahora
que es tarde que se publicó en 2020. No quisiera dejar pasar la oportunidad
de resaltar su aportación al haiku en libros como A punto de ver, confieso
que es mi favorito, publicado en 2019 o Viajeros sedentarios que
apareció en una preciosa edición de La Garúa 2025.
Y ya, hecha la salvedad, quien hoy nos visita es el autor de
aforismos. Este género de escritura breve está presente en la obra de Morante
desde el ya lejano 2009 con Mejores días. A ese libro le siguieron Motivos
personales en 2015 y esta otra delicia editorial que es Migas de voz fechada
en 2021. La Isla de Siltolá publicó en 2024 un amplio ensayo sobre el aforismo,
que yo recomiendo a quien quiera acercarse al género: se titula Paso ligero.
La tradición de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI).
Y así llegamos al momento actual y no olvido el libro de
aforismos relacionados con el cine titulado Planos cortos, publicado por
Trea en 2021, con prólogo de Juan Varo Zafra. Cito ahora el libro y a su
prologuista porque habla de la mirada de José Luis Morante, una mirada
“melancólica, agridulce”, dos adjetivos que definen con bastante precisión su
talante y sabemos que cualquier creación, cualquier manifestación artística
parte de la mirada.
En Oficio de callar afloran, quizá pasados por un
último tamiz, el de la edad y la experiencia, temas que han estado presentes en
la ya amplia obra de José Luis. A Morante le inquietan los disfraces: los
disfraces verbales, las capas de cebolla tras las que se esconde la realidad, y
todos esos “otros”, tan ajenos, que nos multiplican en los espejos.
Elijo un aforismo: Escrita, con tinta invisible, sobre
osamenta y musculatura, el cuerpo disimula su condición de fraude.
Y otro: Aliento de vida, como esas casas vacías por las
que transita a diario tanta gente.
Habla Freud de esa especie de cortocircuito mental entre dos
palabras que da lugar al humor, que desencadena la risa, cuando completa esa
elipse, la metáfora emociona y el aforismo, al concentrar el pensamiento,
provoca la sorpresa, el buen aforismo nos hace sentirnos un poco más ligeros,
como el champán.
Morante al comienzo de Oficio de callar cita a
Chesterton: “La simplificación de una cosa es siempre algo extraordinario”. Y
si avanzamos un poco más, el enunciado sintético de una verdad, cuando lo es,
nos ahorra larguísimas explicaciones, donde se acumulan los argumentos y las
pruebas. Simplificar una cosa es siempre algo extraordinario.
Elijo otro aforismo: Conciencia de la edad; cada vez, en
mi diccionario personal, tengo más acepciones sentimentales en desuso.
El tiempo, ahí nos encontramos con otro de los caballos de
batalla de Morante. Un tiempo que avanza “a paso ligero” y que es, en sí mismo,
el más elusivo de los aforismos.
Morante sospecha de los espejos y adivina fantasmas, pero eso
no le impide entrar en terrenos mucho más cotidianos, la mirada melancólica y
agridulce se dota entonces de un afilado bisturí psicológico: Aunque parezca
nacer de un sustrato lógico, el rencor huele a cuarto de baño de pensión
antigua, escribe. Veamos otro: El número impar de su matrimonio acecha
el contraluz de la tristeza.
Leer aforismos requiere un desterminado estado de ánimo. Los
aforismos son píldoras, así que no conviene tomarse el frasco entero antes de
dormir. La lectura del aforismo requiere cierta calma y permitir que nuestro
propio pensamiento complete el texto, olvidar el libro sobre la mesa y devanar,
nosotros sí, el mundo en miniatura que esconde cada frase.
Bien leído, un libro de aforismos da para más que muchas
novelas. Eso os deseo si os animáis a compartir con José Luis Morante y con
Mahalta todas las horas que han quedado atrapadas, como colección de insectos,
en Oficio de callar.
Por mi parte es todo, cedo la palabra a otro aforista, editor
y amigo: Juan José Martín Ramos. Muchas gracias.
lunes, 20 de abril de 2026
CÚMULOS
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| Cúmulos de paso Archivoo digital de Internet |
el pacto con mi sed adormecida.
Al abrir la mañana,
nada pido, por tanto;
tal vez el mapa blanco de una nube
que dibuje al descuido su textura,
la letra detenida
sea vuelo
secreto fugitivo
en un cielo estepario.
Lluvia fértil saliendo de la noche
para poner de nuevo
entre los párpados
un temblor auroral,
la claridad pujante del comienzo.
domingo, 19 de abril de 2026
APARICIONES
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| En compañía Fotografía de Javier Cabañero Valencia |
APARICIONES
Como si necesitase propagar las
nociones del miedo, su desastrada imagen regresa de improviso. Recuerda un
destello diluido que va perdiendo intensidad. Hay en su gesto un estar apocado.
Conjetura que estoy en ese tiempo en el que los fantasmas no son pesadillas
sino compañía.
Del libro de microrrelatos Fuera de guion
sábado, 18 de abril de 2026
UN BOSQUE DE IDEAS LÍRICAS
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| El incendio y la lumbre Fotografía de Javier Cabañero Valencia |
UN BOSQUE DE IDEAS
A menudo la vida carece de sentido, es abstracta y compleja.
La literatura no.
Bajo la gota fría, el trazado del sendero se diluyó. Rumbo incierto.
Esa manía de la memoria de revisar recuerdos atrasados.
Siempre que concluyo un libro, firma la escritura discreta del aprendizaje.
Una página: conspiración entre sustantivos comunes, verbos fríos y adjetivos ecuánimes.
Ya no recuerdo; el final de una biografía deja sitio para mucho olvido.
viernes, 17 de abril de 2026
GRATITUD (Apuntes del diario)
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| Después de la alegría Fotografía de Adela Sánchez Santana |
jueves, 16 de abril de 2026
OFICIO DE CALLAR
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| Oficio de callar José Luis Morante Mahalta Ediciones Ciudad Real, 2026 HOJAS NUEVAS |
Bajo el limo, en las honduras de la ambigüedad, la superpoblación de anfibios.
El silencio mantiene una precintada fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.
Cuando los hechos mueren percibimos el rastro compensatorio: las nubes volanderas de efectos secundarios.
Pertenezco al tropel inconfundible de los solitarios. En mí, la vocación de ignorancia. El nada sé de quienes no saben.
Tras la decepción, los deseos internos alquilan emplazamientos periféricos, esperan días de niebla para volver al centro.
miércoles, 15 de abril de 2026
MÓNICA PICOREL. FUI UN ÁRBOL EN UN BALCÓN MINÚSCULO
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| Fui un árbol en un balcón minúsculo Mónica Picorel Ediciones Baile del Sol, Colección Poesía Tenerife, Islas Canarias, 2026 |
EL PESO DEL
AIRE
También la cita de portada de Misael Ruiz elude la placidez del dogma para insistir en el nomadismo existencial de quien no dispone de caminos hechos sino que afronta un estar de búsqueda e inquietud, una dubitación de raíz metafísica, plasmada después en el poema: “Vivimos entre escombros / una belleza esquiva / nos acompaña hasta el final”.
Mónica Picorel organiza el libro en tres tramos lectores, de los cuales, el primero es el más extenso. Emprende ruta con una dicción cálida, empeñada en evocar un tiempo áureo, que muestra un interlocutor cercano, dispuesto a compartir un jugoso patrimonio de metáforas plásticas: “Volvías a casa / entre tus manos un majal / la plata del mundo palpitante / abrías la puerta y caían plumas / volvías al hogar como el buen padre / que aprende la hiel del animal sorprendido”. La textura intimista de los versos transporta a otras coordenadas espaciales, donde el decir se desprende de vivencias intactas del imaginario, captadas en escenarios atemporales, como la infancia. El poema sugiere acciones. Alguien está. Alguien, también, convierte la contemplación en una forma especial de ruptura de la normalidad. Estar transforma el hábito en plenitud: “Mi don es ser /aunque no sea la misma y sea todas y ninguna / aunque huela como huelen algunas casas que se vacían a escondidas”.
La realidad se transforma en un ámbito de levitación. Los elementos se abandonan en un vuelo onírico, capaz de medir el peso del aire. El yo pierde la precisión de la forma para diluir rasgos y adentrarse en un paisaje de plenitud y ensimismamiento, ajeno, volátil, que mira hacia adentro. La voz figurativa del poema se viste de emociones y sentimientos para fortalecer su resonancia con asociaciones de impacto y de una fuerte carga sensorial.
El poema breve busca lo esencial, a veces suena con la contundencia del aforismo: “Te he llamado hasta que la noche / ha dejado a mis pies / la mortaja de tu nombre”. Pero no pretende propagar certezas sino vaciar un espacio, contraer la existencia en unos pocos trazos indefinidos que se imponen al silencio de los otros. Otras veces, la semántica del poema adquiere una intensa fuerza absorta en el deseo, mostrando un cálido erotismo: “Aquí dos cuerpos con ambición de piedra angular / y acude el deseo con su traje oceánico / es la voluntad de la carne ser solo carne”.
Un adjetivo exótico “Marcescente”, que procede del vocabulario botánico, sirve de título a los textos agrupados en la segunda sección. El significado se refiere a fragmentos agostados que, tras secarse, permanecen estáticos, formando parte del vegetal. También la cita de la Premio Nobel Louise Glück plantea esa relación cómplice de sujeto y mudez floral. Mónica Picorel asienta en el poema una genealogía personal que muestra su andar de puntillas por lo permanente. Todo es perecedero, ajeno a cualquier verdad absoluta, leve y callado como el vuelo de un pájaro. Alrededor se acumulan estampas de una realidad evanescente, que no tienen un enunciado argumental. Son mínimas intuiciones. Muestras de vida, pálpitos que se hacen ocaso o renacen, sin mostrar su verdadera naturaleza.
También el amor y el deseo se funden para habitar la caligrafía versal con una presencia fuerte, ajena al verbo enunciativo, como si la idea se resistiera a ser causa directa del lenguaje que explica el mundo desde la lógica.
No hay un hilo conductor que avance y se retraiga hasta una conclusión final. El poema se expande sin rutas lógicas. Busca formulaciones ajenas al periplo del sujeto. Simplemente habla o se calla. Está, respira, duerme. Se renueva o escucha al silencio y su fuerza de convicción y pone en el mantel una voz audible, un poco de extrañeza.
“El falso fruto” compone un apartado final en el que persiste la composición breve, tras una cita de Mark Strand sobre la identidad. No somos quien pensamos. La existencia es molde en construcción, la azarosa impostura de hacer habitaciones al paso. Alguien cerca respira un estar triste, que dibuja hormigas en los dedos y la nada hace del frío un corazón de invierno. De igual modo, el yo lírico recrea una convivencia que ofrece y pone arder, que guarda lo vivido en la memoria como si fuera un sueño eventual, que alguien dejó un día entre los oscuros posos del café.
Lo metaliterario toma asiento en los versos, no para esbozar teóricas solemnes, sino para que el lenguaje orbite en torno a la extrañeza. El poema se hace contraluz del cuerpo, fragmenta el frío, busca fallas donde ocultar el sentido: “Que la palabra que callo me defienda / que sea en la pérdida / que dignifique esta casa / este cajón para los días sin manzanas / este vórtice para tanto peaje / que sea hebra que me ate al ausente…”. De nuevo las imágenes cristalizan en los pliegues del poema, buscan un espacio expresivo que oculta su sentido, que indaga dónde radica la belleza y qué mantiene su arquitectura efímera, la justa medida del silencio que emboza las palabras. Lejos del enunciado autobiográfico y con un aditamento retórico pleno de imágenes, la poesía de Mónica Picorel explora registros meditativos y fragmentarios; pregunta dónde hay nieve y gelidez y frío que se hace calor entre las manos, exacta dimensión de la palabra que no se dice.
martes, 14 de abril de 2026
PASEO POR RIVAS (EL YO SIN NADIE)
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| Bajo la realidad Fotografía de Dreamstime |
SALIR AL DÍA
Apuntes del diario
lunes, 13 de abril de 2026
PAPEL MOJADO (VARIACIONES SOBRE UNA POÉTICA)
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| Librería El Aleph (Calle Ferraz, Madrid, con el editor Juan José Martín Ramos) |
Lo nada significativo, ese rastro cuajado de belleza.
domingo, 12 de abril de 2026
UN RARO COMÚN
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| Invitación al laberinto Fotografía de Javier Cabañero Valencia |
CONFINAMIENTO
Es un raro común; construye en cada casa un laberinto.
Los mejores aforismos carecen de punto final.
Su cabeza tiene un hueco dispuesto, por si alguna vez encuentra inteligencia.
Los monosílabos propenden a la discursividad temática.
Suele arropar sus mensajes con la vaga bruma de la
sinceridad.
(Pisadas)
sábado, 11 de abril de 2026
CRÍTICA CON GUANTES DE BOXEO
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| Golpes bajos Archivo digital FREEPICK |
CRÍTICA CON GUANTES DE BOXEO
No entiendo la pretensión de algunos lectores que exigen a la crítica que use, en su ejercicio, guantes de boxeo. No entiendo la aversión por el juicio reflexivo y cordial. Parece que el tono prudente, que ejercita la benevolencia y elude descalificaciones, es solo un exceso de amiguismo, un muestrario de subordinación, una invitación a la mentira. Según ellos, solo son veraces las reseñas que crean efectos secundarios, aquellas que golpean con resentimiento la piel formal, las vísceras argumentales o los recursos ortográficos…Hay que ser un crítico de pelea, de los que disparan con el colt del teclado y luego soplan sobre el suplemento calándose el sombrero de la suficiencia. Así que para el futuro debo ser “Menos Morante y más García”.
viernes, 10 de abril de 2026
142 REVISTA CULTURAL, Nº 29, ABRIL, MAYO, JUNIO, 2026
Rasgo central de la publicación es el abanico de entrevistas. En él afloran diálogos con Antonio García López sobre los personajes de la Dana, Rosa Rius Gatell, acerca de los ensayos de Montaigne, Jordi Panyella, quien revisa el caso abierto de Salvador Puig Antich. Además, Carmen Sánchez Gijón explora la presencia de filósofas silenciadas en el pensamiento español, la escritora mexicana Laura Baeza comparte claves de su taller literario, Mercedes Serna actualiza la obra de Sor Juana Inés de la Cruz y Joan Vines diserta sobre la genialidad creativa del músico Joan Sebastian Bach. Por último, en clave policial, Miguel Ángel González explora los asentamientos e itinerarios de la mafia siciliana en España.
Retornan las colaboraciones habituales de Aitor Francos, Mauricio Wiesenthal, Mario Satz, Ara de Haro, Ernesto Pérez Zúñiga, Antonio Sánchez Millán y Anna Miralles. En páginas centrales la poesía camina con paso firme, a través de una entrevista al poeta y traductor Eduardo Moga, a cargo de Lola Irún, y selectas composiciones de Marga Mayordomo y Alberto Pellegatta.
Pido disculpas, si esta vez hablo de mí porque cierro senda en el espacio poético rememorando las peripecias de la antología Re-regeneración (Valparaíso, 2016), en el artículo "La poesía del Siglo XXI. Asientos reservados". Anuncio de paso que me incorporo a la redacción de la revista como colaborador permanente. Un honor y una inmensa alegría que agradezco a todo el equipo de este hermoso proyecto cultural y en especial a sus directores Paco González Fuentes y Ferran González.
jueves, 9 de abril de 2026
UN LUGAR LUMINOSO
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| Salón de lectura |
LA VOZ SAPIENCIAL DEL AFORISMO
No hay que confundir el aforismo con un género didáctico,
empañado en convencer con la solvencia de una fórmula matemática. Casi siempre
calla. Su criterio de verdad es lo que omite.
La ausencia de una codificación monolítica añade diversidad a su compleja estructura expresiva y confirma una significativa paradoja: menos es más.
En su desarrollo en el tiempo, son palpables la popularización del género y un ahora pletórico que fija la alianza entre razón y sentimiento con solidez definitiva.
Prefiero el aforismo confidencial. El que propone un diálogo con la intimidad del individuo y es cauce revelador de una conciencia. El aforismo es la distancia justa entre el pensamiento y las cosas.
En los ambientes literarios de los años años cincuenta se hizo fuerte una polémica sobre la naturaleza de la poesía. Vicente Aleixandre defendía que la poesía era comunicación y Carlos Barral aseveraba que la poesía era conocimiento. Conciliador el aforismo es comunicación y conocimiento.
miércoles, 8 de abril de 2026
JORNADA LABORAL
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| Mesa de trabajo |
JORNADA LABORAL
Nunca hay excepciones. Cuando
habla consigo se miente a cada instante. Confinado en esa actitud, el reloj insomne le obliga a un inacabable fingimiento, empeñado en demostrar que se cree a sí mismo. Su cuerpo se resiente. Sobrelleva un gravoso
cansancio. Desempeña a diario una doble jornada laboral.
(De Cuentos
diminutos)
martes, 7 de abril de 2026
NUBE
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| Nubes algodonosas René Magritte |
el pacto con mi sed adormecida.
Al abrir la mañana,
nada pido, por tanto;
tal vez el mapa blanco de una nube
que dibuje al descuido su textura,
la letra detenida de una niñez ingrávida.
sea vuelo que no duerme el cansancio,
secreto fugitivo
que recorre el azul estepario;
lluvia fértil saliendo de la noche
para poner de nuevo
entre los párpados
un temblor auroral,
la claridad pujante del comienzo.









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