jueves, 30 de abril de 2026

HABITAR RESQUICIOS

Oficio de callar
José Luis Morante
Mahalta Editorial
Ciudad Real, 2026

 

LA VOZ INCIERTA

  
Abrazos lapidarios, roce cavando dudas y certezas bajo los pies.
 
*
 
Las sombras requieren interpretaciones imaginativas entre el bullicio de los monstruos silentes.
 
*
 
Coherencia; ningún pretexto de monotonía, soy el principio de nada.
 
*
 
En sus mejores momentos tenía mal carácter.
 
*
 
La rutina ama el desconcierto, sienta medio cuerpo en el bordillo del caos.
 
*
 
En la fase del balbuceo, el escribidor alza su enanismo sobre pedestales transparentes.
 
*
 
Los nómadas saben que los itinerarios por definir son la sala de espera del regreso.
 
*
 
El escritor a lomos del homenaje, más que a Don Quijote, recuerda a Sancho.
 
*
 
Conciencia de la edad; cada vez, en mi diccionario personal, tengo más acepciones sentimentales en desuso.
 
*
 
Tantear el camino exige habitar resquicios, ser moradores del extravío.
 
*
 
La inteligencia se siente un personaje de ficción a quien algunos sujetos excéntricos buscan, detrás de la piel arrugada del sentido común.
 
(Mínima selección de Oficio de callar)






miércoles, 29 de abril de 2026

NADAR EN SECO

La atracción del abismo
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

NADAR EN SECO
 
El tiempo que no tuve nada en seco.
Su orfandad recolecta
el rastro delator de la raíz,
la herida de quien abre
los párpados del agua.
 
De cuando en cuando
muestra la superficie
una espesura
que presiente en silencio
la colisión del fondo.
 
Luego  el sudor
desdice la distancia;
impulsa más brazadas
hacia el barro salobre.
 
No dejo que el cansancio
me carcoma.
Sacudo el agua ausente.
En los brazos maltrechos
hay fragmentos de mí.
 
      (Inédito para la revista Turia)




martes, 28 de abril de 2026

RODOLFO SERRANO: HOTEL EN LAS AFUERAS

Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947)

  

DESDE EL PONIENTE

  
   Una luz amarilla y gastada alumbra la distancia entre la madurez y el camino de vuelta de la senectud. Es un recorrido vital que enseña a bajar la voz y moldea, en la esfera de todos los relojes, el instante gastado de un presente continuo. Ya no resulta necesaria la prisa. El ahora convierte su cronología en un lugar doméstico, una sala de estar con ventanas a la memoria y con tertulia sensitiva con el pasado. Lo vivido muda en constante página en reconstrucción, donde todo tiene la textura de lo contingente. Solo las cuestiones esenciales de cada ecuación diaria preservan las incógnitas sin resolver.
   La palabra poética se convierte en crónica vital. Mira, con los ojos casi cerrados, un futuro que se diluye lentamente, mientras sus pasos rezagados conducen a ninguna parte. Mañana es un horizonte especulativo, un tranquilo páramo mesetario ajeno al maquillaje ampuloso y grandilocuente de la celebración. El pensamiento secuencia su fluir apoyado en la lógica de lo real, en la percepción sensible que depara el juego de impresiones de lo cercano. Así que la poética se convierte en una invitación a la confidencia sobre los procesos vitales que conducen al escepticismo y la decepción, al umbral del olvido.
   Siempre que regreso al quehacer literario de Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947) el yo poemático muestra un cálido carácter confesional. El poema se convierte en un espejo privado que necesita ahondar en lo que permanece y en la validez de la experiencia. Los versos alumbran un espacio compartido, una senda llena de sensaciones que recorre los paisajes interiores de la naturaleza humana. La voz explora los rasgos del sujeto marcados en el tiempo e indaga en la identidad de quien sale a descubierta desde la meditación para acercarse a sí mismo.
   Abunda en el poemario Hotel en las afueras la soledad desnuda de quien hace recuento de algunos paraísos perdidos: el amor, la belleza, la pasión, el deseo o aquellas arquitecturas sentimentales que cobijaban sueños, ilusiones y esperanzas.  La voz de quien recapitula sobre la existencia como estela de adversidad y pérdida. Casi todo lo que tuvimos está detrás. El acontecer dibuja los relieves de un áspero mundo que muestra las cicatrices del trascurrir, mientras sobrevuela un aire denso, de melancolía y nostalgia. La felicidad parece una vivencia ajena, un reflejo fósil encerrado en resina. Como sugiere el título, se busca un refugio compartido, una trinchera a resguardo para suturar las heridas abiertas y proseguir ruta en el tablero de lo cotidiano, con la esperanza puesta en la evocación, aun cuando la memoria haya convertido en hábito la tristeza como ensimismada compañía. Toca vivir rebobinando fragmentos, siendo fiel en lo posible a los restos del naufragio.

(Fragmento del prólogo "Desde el poniente", perteneciente al libro 
Hotel en las afueras. Registro de viajeros de Rodolfo Serrano,
ediciones Lastura, 2026) 



lunes, 27 de abril de 2026

EL BIÓGRAFO DE BORGES

Poesía completa
Jorge Luis Borges
Editorial Alfaguara
Madrid, 2026

 

El biógrafo de Borges

 

   Con monolítico afán, labró durante una década una biografía de Jorge Luis Borges. Se encerró en la buhardilla, ahuyentó compromisos, propició un divorcio, y consultó la incontinencia escrita sobre el autor: ensayos, cuentos, poemarios, reseñas, tesis, reescrituras y panegíricos circunstanciales. Tras la enésima corrección de pruebas, se editó la obra. En las librerías aquella novedad tuvo una presencia discreta y su autor nunca más hurgó entre las trabajosas páginas de aquel libro. Nadie percibió la única errata, una azarosa paradoja. En el paréntesis vital confundió fechas. Anticipó la muerte en Ginebra ochenta y siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus ligero que hubiera entusiasmado al mismo Borges.

(Del libro Fuera de guion, Lastura, 2024)





 

domingo, 26 de abril de 2026

UNA CONVERSACIÓN CON AITOR FRANCOS

Templo de Karnak, Luxor
(Egipto, 2026)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


 Una conversación con Aitor Francos
(Sobre el aforismo)

Hacer antologías es, la mayor parte de las veces, granjearse enemistades. Seleccionar, decidir...sobre todo entre los autores contemporáneos, es difícil, y Paso ligero es un libro polémico (no sé si adrede), que da que hablar. ¿Dudaste mucho? 

La vida literaria es un capítulo menor que gente ensimismada como yo no escucha demasiado. Es verdad que los afectos y desafectos dejan turbulencias en el ánimo, pero sería insólito escribir un libro pensando en los efectos sociales secundarios y no en los contenidos. Mi experiencia como antólogo mitiga mucho las reacciones afectivas; creo que hasta la fecha las propuestas compilatorias buscan definir un criterio personal, un gusto lector macerado por el hábito crítico: lo hice en Re-Generación (Valparaíso, 2015) y 11 Aforistas a contrapié (Liliputienses, 2020). Y guardo muy hermosos recuerdos de ambos libros. Descarto que una antología sea una siembra de rencores, es el trabajo intenso de un especialista que hace de su tiempo un generoso aprendizaje de la obra ajena. Escribo con la certidumbre de quien busca escribir un libro necesario (lo sea o no) y alejado de exclusiones y menosprecios.

Soy un degustador continuo de las novedades aforísticas del ahora, así que no descarto en absoluto que la próxima entrega como crítico sea yuxtaponer esas reseñas y mostrar una panorámica del presente minimalista.

Dudo mucho, sí, mis libros no tienen nunca un argumento definido, reescriben sobre la marcha y cambian de rumbo para mostrar otros andenes. No creo en los itinerarios cartesianos, que muestran todas las incógnitas resueltas y ya saben el resultado final.

 En una entrevista comentabas que el título hace alusión a Aquiles.

 Así es; creo que los títulos de libros deben ser el primer indicio de lectura; no son gratuitos sino que encajan en el sumario. El aforismo es un chispazo, una cerilla, una miga de voz, un deslumbramiento; en apariencia, pertenece a la mensajería de urgencia con entrega inmediata. Deja su contenido en un tiempo mínimo, tiene los pies ligeros, como Aquiles; la brevedad es un mensajero de palabra escueta que entrelaza filosofía y poesía, que se empeña en escribir una novela de ideas con mínimos elementos.

En el largo proceso de gestación de Paso ligero barajé otros títulos, claro, que perduraron hasta la entrega al editor; aquí también hay que elegir y apartar los rechazos.  

 ¿La levedad del aforismo es solo aparente? ¿Cuál es su principal singularidad?

 El aforismo es singular porque sigue hablando desde el silencio, cuando ha consumido su turno de palabra. De ahí que la sencillez de su humilde ropaje verbal sea solo un reflejo de su verdadera identidad. Bajo la transparencia está la hondura, el sol que sale desde dentro.

 ¿Qué es para José Luis Morante crítico el aforismo y qué es para José Luis Morante poeta el aforismo?

 Un centro orbital; el aforismo desde hace años es una presencia continua que me ayuda a definir el entorno y la propia conciencia. Por mi trabajo crítico, me llegan a casa abundantes novedades editoriales y el decir breve se hace síntesis de estados de ánimo, lecturas o anotaciones sobre la marcha que, a veces, se convierten en poemas, microrrelatos o aforismos, y otras veces se pierden en la incontinente papelera del olvido.

La huella del aforismo habita en mis poemas desde el principio; las primeras críticas, cuando comentaban mis libros iniciales, publicados en el arranque de los años noventa, señalaban a menudo la importancia “aforística” de los cierres poéticos, esos versos que culminan, como una veleta, la casa del poema. Leí muy pronto Ideolojía, la edición de Antonio Sánchez Romeralo sobre los aforismos de Juan Ramón Jiménez y he tenido la fortuna de disfrutar del contacto con aforistas referenciales para mí como Carlos Edmundo de Ory, Ángel Crespo, Dionisia García y tantos otros, como Manuel Neila, Ricardo Virtanen y Javier Sánchez Menéndez que han marcado mi forma de entender la escritura, mi pasión por lo mínimo.

 El aforismo es breve (o debe serlo, según), pero no se lee (y menos se escribe) con prisa. ¿Algún consejo sobre cómo leerlos para quien quiera acercarse a conocer el género?

 Es una literatura de madurez, con una densidad reflexiva palpable, así que el lector de aforismos debe espigar; aquí no se trata de conocer el desenlace final sino de saborear cada texto a sorbos, con su sabor autónomo y su cadencia expresiva. Casi todos los buenos libros de aforismos invitan a la relectura, esa felicidad laboral que pone mediodía en el cansancio. El aforismo es asombro; se lleva mal con el gregarismo de las lecturas de escaparate, es un género propicio al boca a boca: “Hay que leer a Antonio Porchia…, a Sánchez Ferlosio… ¿Por qué?... eso te toca descubrirlo a ti…”

 Abres mucho el abanico de fronteras pero no te decantas (o no se nota) por aupar más que a unas variedades que a otras. ¿Crees en los términos de aforismo poético, aforismo filosófico, etcétera? ¿Cómo ha de ser? ¿Lapidario, evocativo, metafórico, humorístico...? Como autor, donde te colocarías, ¿dónde estás más cómodo?

 Si me permite un posicionamiento claro, prefiero el aforismo lírico, ese que tiene un pie en la idea y otro en el lenguaje; aunque ese estar nunca se olvida de otros andenes que dejan sitio a la filosofía, al dietario, al sentido del humor o la mirada crítica que denuncia. Creo que mi condición de poeta es inherente a la forma de escribir aforismos y a la búsqueda de una expresión concisa, ajena a los tópicos y lugares comunes, que desconfía del prosaísmo de las redes sociales y los medios de comunicación.

Aunque mi centro sea el aforismo lírico, viajo continuamente a la periferia de otras etiquetas críticas y en ellas también me siento muy cómodo.

 Es lógico que el estudio se haya centrado en los siglos XX y XXI, partiendo del auge que ha tenido el aforismo en ese marco de tiempo, al menos en España. ¿Sientes, no ya solo como ensayista y crítico, también como escritor de aforismos, muy separadas las líneas entre lo que se está gestando en España y lo que va surgiendo en países de Latinoamérica o de habla hispana?

 En los últimos años, mi amistad con algunos estudiosos del aforismo latinoamericano se ha incrementado, en especial con el estudioso mexicano Hiram Barrios, profesor, editor, gestor cultural, traductor y ensayista. Y las dos orillas tienen muchas afinidades formales y expresivas. En el aforismo hispano están los logros de Nicolás Gómez Dávila, Antonio Porchia y otros escritores que abrieron sendas nuevas a la mirada lacónica. También es muy evidente la influencia en nuestro país de los moralistas franceses. Los puentes digitales permiten viajar a una u otra orilla con celeridad y la tabla de resultados cuantifica que los estratos comunes abundan. Pisamos la misma tierra firme.

  

(La presente entrada es un fragmento de una entrevista del poeta, aforista y antólogo Aitor Francos. La entrevista completa se publicó en 2024 en 142 REVISTA CULTURAL )





sábado, 25 de abril de 2026

RODOLFO SERRANO/RAÚL CANCIO: MIRADA Y VERBO

La mirada y el verbo
Rodolfo Serrano / Raúl Cancio
Prólogo de Joaquín Estefanía
Kasbah Editorial
Madrid, 2025

 

INSTANTES SUSPENDIDOS

 

   La mirada y el verbo (Kasbah, 2023) marca un hermoso diálogo entre la cosmovisión poética de Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947), quien realizó los estudios de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, y Raúl Cancio (Madrid, 1943), fotógrafo y uno de los mejores fotoperiodistas de la prensa gráfica de nuestro tiempo. Los dos coincidieron durante muchos años en el periódico El País y allí nació una excelente amistad que se ha prolongado en el transitar de los relojes, más allá del desempeño laboral y de los diferentes quehaceres personales de investigación, docencia y escritura.
   La introducción de Joaquín Estefanía “El tiempo en el que fueron inmortales” arranca de esa complicidad de cercanía que dejan los pasos entrelazados en la redacción. Han pasado los años y el ahora va adquiriendo un matiz crepuscular. Pero persisten las voces emotivas de la evocación, ese anecdotario que traza el perfil del recuerdo compartido y los rasgos singulares de su presencia creadora, más allá de la experiencia solidaria.
   El preámbulo insiste en que imágenes y textos están perfectamente imbricados con la realidad. La palabra y el verbo se dan la mano para recobrar las dispersas teselas del pasado y concretar los vuelos del instante suspendido, de esas vivencias irrepetibles que el tiempo deja entre las manos. Resalta el carácter unitario entre textura visual y el meditado orden poético. Ambos suman pasos para la búsqueda de un sentido orgánico a través de ese lenguaje dual. El emotivo prólogo es un buen umbral. Anticipa la senda verbal de Rodolfo Serrano y la densidad conceptual que guardan las imágenes de Raúl Cancio.
   La palabra poética de Rodolfo Serrano alumbra una voz figurativa, dispuesta a ser testigo de lo que sucede. Pone de relieve un recorrido exploratorio que convierte el entorno en material literario, en territorio de inmersión y búsqueda, de rescate y retorno a la claridad. Ese ámbito, no pocas veces penumbroso y sombrío, ofrece una visión subjetiva y sentimental. Llegan como involuntarias protagonistas del poema la soledad, la desolación y los recuerdos, acaso embellecidos por la memoria para certificar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Se cobijan entre los versos mínimas historias que se solapan entre sí y suceden como si la existencia negase la posibilidad de un mundo en calma, ni siquiera en los sueños, aunque el yo poético se empeñe en rescatar una amanecida de luz. El sujeto verbal afronta el respirar como un empeño en recordar las ciudades que amó, ahora vistas como siluetas inmóviles que recorta una puesta de sol.  Llega la oscuridad y un estar triste que rememora un amplio listado de cosas pendientes. Cada vez más, la existencia asume un aleatorio descenso hacia sombra. Abre las manos para dejar en ellas el ébano tenaz de la tiniebla, la oscuridad y el desconcierto. El tedio de la tarde, descrito con versos concisos y lacónicos que dejan la conciencia de ser una presencia frágil, ya instalada en el derrumbe físico y en la vencida arqueología de la soledad. El ser ahora es un tantear pausado, con las asimetrías del fatigoso transitar que permite volver a casa, aunque no haya nadie.
   Todos los poemas de Rodolfo Serrano argumentan una clara disposición enunciativa y emplean una dicción cercana y limpia, en la que cabe una realidad cercana, que deja grietas y hendiduras para el onirismo y la fantasía. Los textos mantienen una serena continuidad visual con las fotografías de Raúl Cancio. En ellas predominan los grises y negros, una estela de secuencias, repletas de emoción, que deja sus picotazos en la retina. La existencia cotidiana es luz y sombra, el despertar sentimental de la esperanza y las débiles señales del camino que lleva hacia el crepúsculo. Las imágenes recuerdan las páginas sueltas de un cuaderno de luz que habla en silencio. Se abren al testigo con un grueso epitelio sentimental. En ellas, persiste en la conciencia la sensación de finitud y soledad, como se plasma, con el intimismo confidencial de su escritura, las composiciones de Rodolfo Serrano.
   La mirada y el verbo dibuja rincones de una realidad signada por un tono existencial. Los poemas nacen desde el fluir de una conciencia que retorna al pasado y pierde el rumbo, que capta secuencias vitales marcadas por la soledad y el desamparo, por un largo recorrido que se demora hasta el fin de la noche, en el que se van sumando indicios de oscuridad y contingencia: “Vivir en paz es fácil. Sobre todo / a estas altas edades en que uno / tiene más añoranza que deseos. / Y el recuerdo es solo niebla del pasado”. La conciencia de ser se va despojando de pretensiones; las manías y rarezas se van borrando y solo se presta atención a un cielo limpio que invita a vivir el ahora sin brújulas ni mapas. Real o simbólica, la noche está ahí, con su laberinto de imágenes, con su tacto oscuro, como un espejo que acogiera en el frío de su superficie las sombras interiores, la desnudez de un corazón a solas que quiere estar en paz con todos.
 

JOSÉ LUIS MORANTE






viernes, 24 de abril de 2026

DESDE RIVAS

Senda y memoria
(Rivas Vaciamadrid, 2026)
Fotografía
 de
Adela Sánchez Santana
 

 

DESDE RIVAS


Aquí pierdo la voz, contemplo Rivas,
un nombre propio escrito en el asfalto,
un árbol que resguarda la memoria,
pulcra ciudad de espacios habitables,
igual y diferente a cualquier sitio.
Cada jornada intento sin demora
la gesta cotidiana de aventar
el cansancio de los días comunes,
mientras, bruñida y frágil, a lo lejos
una luna de plata abre la noche,
dibuja su contorno en el regazo
del cielo envejecido de Madrid.
Crece la sed aquí, varado en Rivas;
busco en vano la esencia de las cosas,
acumulo renuncias e inquietudes
y despide mi mano el tren vacío
de la vida que parte, no sé dónde.

     

        (Del libro  Largo recorrido, 2001)
Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz  



jueves, 23 de abril de 2026

EL LIBRO ES SIEMPRE UN ELEFANTE

La piel del libro

  

LA BIBLIOTECA


En el Día del Libro

 
No es difícil descubrir que la piel de un libro oculta un elefante. Lo aprendí pronto y ese descubrimiento fue esencial en mi trabajo en el aula. Soy de los que creen en una escuela imaginativa y transformadora que asocia inteligencia y actividad intelectual. Sé que el proceso educativo no termina nunca y  necesita la continua presencia del libro.
Si la lectura la lengua hace posible el entrenamiento verbal, el libro ayuda a entender el lenguaje y a expresarlo con precisión y claridad, a relacionarlo con la realidad.
El entorno ha cambiado y uno puede acercarse al libro con nuevos formatos, con claro predomino de lo visual, pero la motivación, la voluntad y el papel del lenguaje permanecen inalterables. Sólo cambian las estrategias. Y no conozco mejor estrategia para galvanizar una lengua activa que la biblioteca.
Para explicar sus múltiples funciones traigo a la memoria aquella fábula del elefante indio, un cuento popular que reflexiona sobre la naturaleza de las cosas y nuestras impresiones: “En un cercano bosque vivía una manada de elefantes. Alguno se acercaba a media tarde hasta las cercanías del poblado y eran muchas las recomendaciones maternas. En ese poblado vivían cinco niños ciegos que empezaban a ir a la escuela. Un día preguntaron al maestro:”¿Qué es un elefante?” El maestro se aproximó con cuidado hacia un elefante que pacía plácidamente y fue dejando que cada uno de los niños ciegos palpase su cuerpo. Uno tocó su costado, otro su cola, otro la trompa, otro su colmillo y el último su oreja…después se reunieron junto al maestro y relataron su experiencia. El que tocó el costado dijo que el elefante era un muro, el que palpó la cola una larga liana, el de la trompa habló de una serpiente enroscada y el del colmillo definió el elefante como una peligrosa lanza. Por último, el ciego que tocó la oreja creyó adivinar que el elefante era una palmera que aliviaba de las horas solares… “ Cada cual había experimentado una parte del elefante, una sensación única y distinta. Pues eso, cada lector encuentra en el libro una sensación única, excepcional, distinta. Ya se sabe que un libro es siempre un elefante.

miércoles, 22 de abril de 2026

ACERCA DEL SUEÑO


 

Principio del formulario

                              
ACERCA DEL SUEÑO

                            a mi hija Irene
 
 
I
      
Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.
 
                         A mi hija Ana

II
 
Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.
 
                                           JOSÉ LUIS MORANTE




martes, 21 de abril de 2026

GLORIA DÍEZ (Presentación de OFICIO DE CALLAR)

J

presentación del libro de aforismos
OFICIO DE CALLAR
Gloria Díez, José Luis Morante, Juan José Martín Ramos
Biblioteca Pública Mario Vargas Llosa
(Madrid, 16 de abril, 2026
Fotografia
 de
Rosa María Hernández Costa

Presentación y texto de GLORIA DÍEZ

Gloria Díez (El Entrego, Asturias), periodista y gestora cultural, ha hecho de la poesía una manera de mirar la hondura. Comienza travesía lírica con Mujer de aire, mujer de agua (Rialp, 1982). Aquel primer libro se asentaba en el mapa poético del momento y su autora no tardaría en integrarse en la Cuarta antología de Adonais (Rialp, 1983) y en el número doble 169-170 de la revista malagueña Litoral, publicado en 1987. La obra prosigue con Inocente ceniza (2018), un muestrario que se hace metáfora de amanecida y resurrección. Su última entrega es Seda torcida (2025), donde la poesía transforma emociones y pensamientos en resistencia, en rendijas de luz que cobijan lo perecedero.


   Queridos amigos, gracias por acompañarnos en una tarde que es importante para nosotros, como biblioteca, para José Luis Morante, como escritor y para Mahalta, la editorial que hoy acoge su último libro de aforismos: Oficio de callar.

José Luis Morante ha dedicado su vida a la escritura y a la enseñanza. Hoy tendremos que dejar a un lado al ensayista y al poeta, pero conviene citar, aunque solo sea de pasada, que su obra en verso está recogida en tres antologías: Mapa de ruta de 2010, Pulsaciones de 2017 y Ahora que es tarde que se publicó en 2020. No quisiera dejar pasar la oportunidad de resaltar su aportación al haiku en libros como A punto de ver, confieso que es mi favorito, publicado en 2019 o Viajeros sedentarios que apareció en una preciosa edición de La Garúa 2025.

Y ya, hecha la salvedad, quien hoy nos visita es el autor de aforismos. Este género de escritura breve está presente en la obra de Morante desde el ya lejano 2009 con Mejores días. A ese libro le siguieron Motivos personales en 2015 y esta otra delicia editorial que es Migas de voz fechada en 2021. La Isla de Siltolá publicó en 2024 un amplio ensayo sobre el aforismo, que yo recomiendo a quien quiera acercarse al género: se titula Paso ligero. La tradición de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI).

Y así llegamos al momento actual y no olvido el libro de aforismos relacionados con el cine titulado Planos cortos, publicado por Trea en 2021, con prólogo de Juan Varo Zafra. Cito ahora el libro y a su prologuista porque habla de la mirada de José Luis Morante, una mirada “melancólica, agridulce”, dos adjetivos que definen con bastante precisión su talante y sabemos que cualquier creación, cualquier manifestación artística parte de la mirada.

En Oficio de callar afloran, quizá pasados por un último tamiz, el de la edad y la experiencia, temas que han estado presentes en la ya amplia obra de José Luis. A Morante le inquietan los disfraces: los disfraces verbales, las capas de cebolla tras las que se esconde la realidad, y todos esos “otros”, tan ajenos, que nos multiplican en los espejos.

Elijo un aforismo: Escrita, con tinta invisible, sobre osamenta y musculatura, el cuerpo disimula su condición de fraude.

Y otro: Aliento de vida, como esas casas vacías por las que transita a diario tanta gente.

Habla Freud de esa especie de cortocircuito mental entre dos palabras que da lugar al humor, que desencadena la risa, cuando completa esa elipse, la metáfora emociona y el aforismo, al concentrar el pensamiento, provoca la sorpresa, el buen aforismo nos hace sentirnos un poco más ligeros, como el champán.

Morante al comienzo de Oficio de callar cita a Chesterton: “La simplificación de una cosa es siempre algo extraordinario”. Y si avanzamos un poco más, el enunciado sintético de una verdad, cuando lo es, nos ahorra larguísimas explicaciones, donde se acumulan los argumentos y las pruebas. Simplificar una cosa es siempre algo extraordinario.

Elijo otro aforismo: Conciencia de la edad; cada vez, en mi diccionario personal, tengo más acepciones sentimentales en desuso.

El tiempo, ahí nos encontramos con otro de los caballos de batalla de Morante. Un tiempo que avanza “a paso ligero” y que es, en sí mismo, el más elusivo de los aforismos.

Morante sospecha de los espejos y adivina fantasmas, pero eso no le impide entrar en terrenos mucho más cotidianos, la mirada melancólica y agridulce se dota entonces de un afilado bisturí psicológico: Aunque parezca nacer de un sustrato lógico, el rencor huele a cuarto de baño de pensión antigua, escribe. Veamos otro: El número impar de su matrimonio acecha el contraluz de la tristeza.

Leer aforismos requiere un desterminado estado de ánimo. Los aforismos son píldoras, así que no conviene tomarse el frasco entero antes de dormir. La lectura del aforismo requiere cierta calma y permitir que nuestro propio pensamiento complete el texto, olvidar el libro sobre la mesa y devanar, nosotros sí, el mundo en miniatura que esconde cada frase.

Bien leído, un libro de aforismos da para más que muchas novelas. Eso os deseo si os animáis a compartir con José Luis Morante y con Mahalta todas las horas que han quedado atrapadas, como colección de insectos, en Oficio de callar.

Por mi parte es todo, cedo la palabra a otro aforista, editor y amigo: Juan José Martín Ramos. Muchas gracias.

 

 

 

lunes, 20 de abril de 2026

CÚMULOS

Cúmulos de paso
Archivoo digital
de Internet

NUBE
 
Conoce la indigencia
el pacto con mi sed adormecida.
Al abrir la mañana,
nada pido, por tanto;
tal vez el mapa blanco de una nube
que dibuje al descuido su textura,
la letra detenida
de una niñez ingrávida.
 
Y que la nube un día
sea vuelo
que no duerme el cansancio,
secreto fugitivo
en un cielo estepario.
Lluvia fértil saliendo de la noche
para poner de nuevo
entre los párpados
un temblor auroral,
la claridad pujante del comienzo.

             (variaciones)


    

domingo, 19 de abril de 2026

APARICIONES

En compañía
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

APARICIONES

 

   Como si necesitase propagar las nociones del miedo, su desastrada imagen regresa de improviso. Recuerda un destello diluido que va perdiendo intensidad. Hay en su gesto un estar apocado. Conjetura que estoy en ese tiempo en el que los fantasmas no son pesadillas sino compañía.


Del libro de microrrelatos Fuera de guion



sábado, 18 de abril de 2026

UN BOSQUE DE IDEAS LÍRICAS

El incendio y la lumbre 
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

UN BOSQUE DE IDEAS

 

A menudo la vida carece de sentido, es abstracta y compleja. La literatura no.

 Considera cada libro como un ejercicio de aprendizaje.

 Todo escritor soporta el previsible anclaje de la lectura.

 La realidad tiene signos secretos.

Bajo la gota fría, el trazado del sendero se diluyó. Rumbo incierto.

 Amo las noches de doble fondo, en las que caben vigilia y sueño.

Esa manía de la memoria de revisar recuerdos atrasados.

Siempre que concluyo un libro, firma la escritura discreta del aprendizaje.

 La verdad no es un área reservada para soledades ariscas.

 Cuando avanzo hacia ti te desvaneces.

 Consumo la relación incierta del autista y su temporada en el invierno.

 Un porte sólido. De fantasma.

 Cuando tenía veinte años, Jaime Gil de Biedma no era un poeta cualquiera. Era el poeta.

 La biblioteca, ese amplio gremio de deudas contraídas.

 Crepúsculo, aleteo, sopor, engarce, azul… palabras con reputación asentada.

 Los malos poemas tosen; tienen respiración errática.

Una página: conspiración entre sustantivos comunes, verbos fríos y adjetivos ecuánimes.

 Ya no recuerdo; el final de una biografía deja sitio para mucho olvido.

 

Oficio de callar

Editorial Mahalta

Ciudad Real, 2026






                                                     


 

 

 

viernes, 17 de abril de 2026

GRATITUD (Apuntes del diario)

Después de la alegría
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 
DEL RINCÓN, EN EL ÁNGULO CLARO

Hay cosas que no se pueden pagar a plazos. La gratitud, por ejemplo.

Los actos literarios dejan una abrumadora estela de sensaciones. Ayer presenté en la Biblioteca Mario Vargas Llosa,  de Madrid, el libro de aforismos Oficio de callar, editado por Mahalta. Conmigo, como guías de viaje que anotan contingencias, experiencia lectora y empatía crítica, Gloria Díez y Juan José Martín Ramos. Ambos desgranaron el paisaje abierto del libro. Y lo hicieron desde un mirador de plenitud y horizonte expandido. Conmigo, esa mudez que se enreda en la garganta como un anzuelo que punza las palabras necesarias. La combustión afectiva.

Me imagino, sonámbulo, a la sombra de unos cuantos magisterios reiterados, atrapado en la memoria de sus libros. Vuelven a mí las lecturas de Javier Lostalé, Efi Cubero, Francisco Caro, Ezequías Blanco, César González de Sepúlveda, Carlos d´Ors, Ricardo Virtanen, Álvaro Hernando, Rocío Expósito, Marga Mayordomo, Alberto Ávila, Ana María Reyes ... El cántico poroso de la poesía contemporánea y su diversidad.

No sé cómo se moldean los recuerdos, pero hoy tengo las manos llenas de barro perdurable. Respiro y siento la limpieza del aire. ¿Cómo pensar el mundo sin los amigos?

   

jueves, 16 de abril de 2026

OFICIO DE CALLAR

Oficio de callar
José Luis Morante
Mahalta Ediciones
Ciudad Real, 2026


HOJAS NUEVAS


 Bajo el limo, en las honduras de la ambigüedad, la superpoblación de anfibios.

El silencio mantiene una precintada fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.

Cuando los hechos mueren percibimos el rastro compensatorio: las nubes volanderas de efectos secundarios.

Pertenezco al tropel inconfundible de los solitarios. En mí, la vocación de ignorancia. El nada sé de quienes no saben.

Tras la decepción, los deseos internos alquilan emplazamientos periféricos, esperan días de niebla para volver al centro.




miércoles, 15 de abril de 2026

MÓNICA PICOREL. FUI UN ÁRBOL EN UN BALCÓN MINÚSCULO

Fui un árbol en un balcón minúsculo
Mónica Picorel
Ediciones Baile del Sol, Colección Poesía
Tenerife, Islas Canarias, 2026

  

EL PESO DEL AIRE


   La poética de Mónica Picorel (Bilbao, 1970), cercana todavía a su amanecida, ha publicado en poco más de un lustro las entregas Las otras geografías (2020), Vida secreta de otros animales (2023) y, en colaboración con el poeta Misael Ruiz, Interacciones (2025). Asentada con fuerza en Baile del Sol, estrena la reciente compilación de poemas, Fui un árbol en un balcón minúsculo, con prólogo del poeta Diego Roel. La introducción recurre a San Juan de la Cruz para adentrarse en un reflejo verbal impresionista y cómplice. En las breves líneas de “dar a la caza alcance” el excelente poeta Diego Roel, autor también de la síntesis de contracubierta, no adelanta juicios críticos sino sensaciones lectoras; no testifica las líneas coherentes de un discurrir que exhibe la prudencia verbal de lo teórico, sino que se deja mecer por los efectos de la imagen y por el aliento onírico de la evocación surrealista. Roel vuelve al magisterio del místico abulense para recordar que el hablante lírico expresa la pulsión del alma hacia la verdad. Se ama el poema leído. No se acotan parámetros creativos; a lo sumo, el material lírico se asoma al brocal que muestra la hondura y el asombro del lenguaje.
   También  la cita de portada de Misael Ruiz elude la placidez del dogma para insistir en el nomadismo existencial de quien no dispone de caminos hechos sino que afronta un estar de búsqueda e inquietud, una dubitación de raíz metafísica, plasmada después en el poema: “Vivimos entre escombros / una belleza esquiva / nos acompaña hasta el final”.   
   Mónica Picorel organiza el libro en tres tramos lectores, de los cuales, el primero es el más extenso. Emprende ruta con una dicción cálida, empeñada en evocar un tiempo áureo, que muestra un interlocutor cercano, dispuesto a compartir un jugoso patrimonio de metáforas plásticas: “Volvías a casa / entre tus manos un majal / la plata del mundo palpitante / abrías la puerta y caían plumas / volvías al hogar como el buen padre / que aprende la hiel del animal sorprendido”. La textura intimista de los versos transporta a otras coordenadas espaciales, donde el decir se desprende de vivencias intactas del imaginario, captadas en escenarios atemporales, como la infancia. El poema sugiere acciones. Alguien está. Alguien, también, convierte la contemplación en una forma especial de ruptura de la normalidad. Estar transforma el hábito en plenitud: “Mi don es ser /aunque no sea la misma y sea todas y ninguna / aunque huela como huelen algunas casas que se vacían a escondidas”.
  La realidad se transforma en un ámbito de levitación. Los elementos se abandonan en un vuelo onírico, capaz de medir el peso del aire. El yo pierde la precisión de la forma para diluir rasgos y adentrarse en un paisaje de plenitud y ensimismamiento, ajeno, volátil, que mira hacia adentro. La voz figurativa del poema se viste de emociones y sentimientos para fortalecer su resonancia con asociaciones de impacto y de una fuerte carga sensorial.
   El poema breve busca lo esencial, a veces suena con la contundencia del aforismo: “Te he llamado hasta que la noche / ha dejado a mis pies / la mortaja de tu nombre”. Pero no pretende propagar certezas sino vaciar un espacio, contraer la existencia en unos pocos trazos indefinidos que se imponen al silencio de los otros. Otras veces, la semántica del poema adquiere una intensa fuerza absorta en el deseo, mostrando un cálido erotismo: “Aquí dos cuerpos con ambición de piedra angular / y acude el deseo con su traje oceánico / es la voluntad de la carne ser solo carne”.
   Un adjetivo exótico “Marcescente”, que procede del vocabulario botánico, sirve de título a los textos agrupados en la segunda sección. El significado se refiere a fragmentos agostados que, tras secarse, permanecen estáticos, formando parte del vegetal. También la cita de la Premio Nobel Louise Glück plantea esa relación cómplice de sujeto y mudez floral. Mónica Picorel asienta en el poema una genealogía personal que muestra su andar de puntillas por lo permanente. Todo es perecedero, ajeno a cualquier verdad absoluta, leve y callado como el vuelo de un pájaro. Alrededor se acumulan estampas de una realidad evanescente, que no tienen un enunciado argumental. Son mínimas intuiciones. Muestras de vida, pálpitos que se hacen ocaso o renacen, sin mostrar su verdadera naturaleza.
  También el amor y el deseo se funden para habitar la caligrafía versal con una presencia fuerte, ajena al verbo enunciativo, como si la idea se resistiera a ser causa directa del lenguaje que explica el mundo desde la lógica.
   No hay un hilo conductor que avance y se retraiga hasta una conclusión final. El poema se expande sin rutas lógicas. Busca formulaciones ajenas al periplo del sujeto. Simplemente habla o se calla. Está, respira, duerme. Se renueva o escucha al silencio y su fuerza de convicción y pone en el mantel una voz audible, un poco de extrañeza.
   “El falso fruto” compone un apartado final en el que persiste la composición breve, tras una cita de Mark Strand sobre la identidad. No somos quien pensamos. La existencia es molde en construcción, la azarosa impostura de hacer habitaciones al paso. Alguien cerca respira un estar triste, que dibuja hormigas en los dedos y la nada hace del frío un corazón de invierno. De igual modo, el yo lírico recrea una convivencia que ofrece y pone arder, que guarda lo vivido en la memoria como si fuera un sueño eventual, que alguien dejó un día entre los oscuros posos del café.
  Lo metaliterario toma asiento en los versos, no para esbozar teóricas solemnes, sino para que el lenguaje orbite en torno a la extrañeza. El poema se hace contraluz del cuerpo, fragmenta el frío, busca fallas donde ocultar el sentido: “Que la palabra que callo me defienda / que sea en la pérdida / que dignifique esta casa / este cajón para los días sin manzanas / este vórtice para tanto peaje / que sea hebra que me ate al ausente…”. De nuevo las imágenes cristalizan en los pliegues del poema, buscan un espacio expresivo que oculta su sentido, que indaga dónde radica la belleza y qué mantiene su arquitectura efímera, la justa medida del silencio que emboza las palabras. Lejos del enunciado autobiográfico y con un aditamento retórico pleno de imágenes, la poesía de Mónica Picorel explora registros meditativos y fragmentarios; pregunta dónde hay nieve y gelidez y frío que se hace calor entre las manos, exacta dimensión de la palabra que no se dice.

JOSÉ LUIS MORANTE




 

martes, 14 de abril de 2026

PASEO POR RIVAS (EL YO SIN NADIE)

Bajo la realidad
Fotografía
de
Dreamstime 

 

SALIR AL DÍA

   En el discurrir diario no pierde vigencia una cuestión controvertida: la función social de la creación literaria. O lo que es lo mismo, las oscilaciones que caben entre un arte ensimismado y autónomo, encerrado en su fulgor purista, y un arte incardinado en un contexto, que engloba las condiciones históricas que lo generan y el periplo biográfico del protagonista real.

  La escritura da cauce a las palabras de la conciencia y a sus interrogantes. Los poemas hilvanan un pensamiento reflexivo que cuestiona el sentido y coherencia de los actos del sujeto. El hombre a solas consigo mismo debe descubrir su propia condición y desechar falsificaciones e imposturas.
 
   Deslizando sobre las palabras una apacible complicidad, la música de jazz constituye un fondo sonoro para el cotidiano devenir. Es un aroma lenitivo que convierte el desvelo en un paréntesis de conocimiento e indagación. Es un escenario para los afectos en cuyo ámbito se borra la nebulosa atmósfera del abatimiento y los embates de la melancolía, para alzar la frágil arquitectura de los sueños.
 
  El mundo azul y la mirada limpia del niño, cuando los sueños parecen al alcance de la mano, va acumulando claroscuros en la experiencia. El peso de lo vivido nos deja un aire de tristeza, un semblante canoso y miope,  apropiado para escuchar la voz rota de un saxo.
 

Apuntes del diario  

lunes, 13 de abril de 2026

PAPEL MOJADO (VARIACIONES SOBRE UNA POÉTICA)

Librería El Aleph
(Calle Ferraz, Madrid, con el editor Juan José Martín Ramos)

 

PAPEL MOJADO
 

La percepción poética es una forma de conocimiento. En la conquista del aprendizaje meditación, lectura, sosiego y piel.
 
 
No me parece agotado el concepto de poesía estacional; pero es una cualidad compatible con la adhesión del haiku a las causas del corazón.
 
 
Percibir el vacío como existencia cóncava; posibilidad de alojar dentro.
 
 
A veces la fuerza creadora no recuerda. Confunde identidades: poeta y artesano.
 
 
El texto expande experiencia estética. Aposa una contemplación transformada en vivencia interior.
 
 
Dar aliento al atajo, esa comunicación directa entre poema y receptor que cultiva la empatía y el afán de compartir.
 
 
Perdura la imagen de alguien decepcionado por mi pregunta. No sabe que en la espesura de la realidad el desconcierto es una respuesta.

Lo nada significativo, ese rastro cuajado de belleza.

(Variaciones sobre una Poética)
 
 

domingo, 12 de abril de 2026

UN RARO COMÚN

Invitación al laberinto
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

CONFINAMIENTO


Es un raro común; construye en cada casa un laberinto.

Los mejores aforismos carecen de punto final.

Su cabeza tiene un hueco dispuesto, por si alguna vez encuentra inteligencia.

Los monosílabos propenden a la discursividad temática.

Suele arropar sus mensajes con la vaga bruma de la sinceridad.

 Al caminar, ser dueños también en el extravío.

 Solo es poeta cuando calla.

(Pisadas)




 

 

sábado, 11 de abril de 2026

CRÍTICA CON GUANTES DE BOXEO

Golpes bajos
Archivo digital 
FREEPICK

 

CRÍTICA CON GUANTES DE BOXEO

 

 No entiendo la pretensión de algunos lectores que exigen a la crítica que use, en su ejercicio, guantes de boxeo. No entiendo la aversión por el juicio reflexivo y cordial. Parece que el tono prudente, que ejercita la benevolencia y elude descalificaciones, es solo un exceso de amiguismo, un muestrario de subordinación, una invitación a la mentira. Según ellos, solo son veraces las reseñas que crean efectos secundarios, aquellas que golpean con resentimiento la piel formal, las vísceras argumentales o los recursos ortográficos…Hay que ser un crítico de pelea, de los que disparan con el colt del teclado y luego soplan sobre el suplemento calándose el sombrero de la suficiencia. Así que para el futuro debo ser “Menos Morante y más García”.




     

viernes, 10 de abril de 2026

142 REVISTA CULTURAL, Nº 29, ABRIL, MAYO, JUNIO, 2026


 
142 REVISTA CULTURAL
Nº 29, ABRIL-MAYO-JUNIO, 2026
Publicación Trimestral
Dirección: Paco González Fuentes y Ferran González
COMPRAS Y SUSCRIPCIONES:
  www.142revistacultural.com
 
   Con la cuidada prestancia formal, y el diseño y maquetación de Cristina Jiménez y un sumario fértil, que justifica la diversidad de intereses y se convierte en fragmentado espejo de la coyuntura cultural del presente, retorna a las librerías 142 REVISTA CULTURAL, cuyo número 29 integra el intervalo temporal de primavera (abril, mayo y junio de 2026).
  Rasgo central de la publicación es el abanico de entrevistas. En él afloran diálogos con Antonio García López sobre los personajes de la Dana, Rosa Rius Gatell, acerca de los ensayos de Montaigne, Jordi Panyella, quien revisa el caso abierto de Salvador Puig Antich. Además, Carmen Sánchez Gijón explora la presencia de filósofas silenciadas en el pensamiento español, la escritora mexicana Laura Baeza comparte claves de su taller literario, Mercedes Serna actualiza la obra de Sor Juana Inés de la Cruz y Joan Vines diserta sobre la genialidad creativa del músico Joan Sebastian Bach. Por último, en clave policial, Miguel Ángel González explora los asentamientos e itinerarios de la mafia siciliana en España.
  La fluencia editorial del país permite  elegir títulos relevantes entre las propuestas de lecturas, rescatando novedades de Llucia Ramis, Anna Hope, Francesca Albanese, George Makaki, Pablo Llanos y Enmanuel Carrère, entre otros. 
  Retornan las colaboraciones habituales de Aitor Francos, Mauricio Wiesenthal, Mario Satz, Ara de Haro, Ernesto Pérez Zúñiga, Antonio Sánchez Millán y Anna Miralles. En páginas centrales la poesía camina con paso firme, a través de una entrevista al poeta y traductor Eduardo Moga, a cargo de Lola Irún, y selectas composiciones de Marga Mayordomo y Alberto Pellegatta.
  Pido disculpas, si esta vez hablo de mí porque cierro senda en el espacio poético rememorando las peripecias de la antología Re-regeneración (Valparaíso, 2016), en el artículo "La poesía del Siglo XXI. Asientos reservados". Anuncio de paso que me incorporo a la redacción de la revista como colaborador permanente. Un honor y una inmensa alegría que agradezco a todo el equipo de este hermoso proyecto cultural y en especial a sus directores Paco González Fuentes y Ferran González.

jueves, 9 de abril de 2026

UN LUGAR LUMINOSO

Salón de lectura

 

LA VOZ SAPIENCIAL DEL AFORISMO


No hay que confundir el aforismo con un género didáctico, empañado en convencer con la solvencia de una fórmula matemática. Casi siempre calla. Su criterio de verdad es lo que omite.

La ausencia de una codificación monolítica añade diversidad a su compleja estructura expresiva y confirma una significativa paradoja: menos es más.

En su desarrollo en el tiempo, son palpables la popularización del género y un ahora pletórico que fija la alianza entre razón y sentimiento con solidez definitiva.

Prefiero el aforismo confidencial. El que propone un diálogo con la intimidad del individuo y es cauce revelador de una conciencia.  El aforismo es la distancia justa entre el pensamiento y las cosas.

En los ambientes literarios de los años años cincuenta se hizo fuerte una polémica sobre la naturaleza de la poesía. Vicente Aleixandre defendía que la poesía era comunicación y Carlos Barral aseveraba que la poesía era conocimiento. Conciliador el aforismo es comunicación y conocimiento.


miércoles, 8 de abril de 2026

JORNADA LABORAL

Mesa de trabajo

 

JORNADA LABORAL

 

   Nunca hay excepciones. Cuando habla consigo se miente a cada instante. Confinado en esa actitud, el reloj insomne le obliga a un inacabable fingimiento, empeñado en demostrar que se cree a sí mismo. Su cuerpo se resiente. Sobrelleva un gravoso cansancio. Desempeña a diario una doble jornada laboral.

 

(De  Cuentos diminutos)


martes, 7 de abril de 2026

NUBE

Nubes algodonosas
René Magritte

 

NUBE
 
Conoce la indigencia
el pacto con mi sed adormecida.
Al abrir la mañana,
nada pido, por tanto;
tal vez el mapa blanco de una nube
que dibuje al descuido su textura,
la letra detenida de una niñez ingrávida.
 
Y que la nube un día
sea vuelo que no duerme el cansancio,
secreto fugitivo
que recorre el azul estepario;
lluvia fértil saliendo de la noche
para poner de nuevo
entre los párpados
un temblor auroral,
la claridad pujante del comienzo.

   (Del libro Nadar en seco, 2022)