J
Gloria Díez (El Entrego, Asturias), periodista y gestora cultural, ha hecho de la poesía una manera de mirar la hondura. Comienza travesía lírica con Mujer de aire, mujer de agua (Rialp, 1982). Aquel primer libro se asentaba en el mapa poético del momento y su autora no tardaría en integrarse en la Cuarta antología de Adonais (Rialp, 1983) y en el número doble 169-170 de la revista malagueña Litoral, publicado en 1987. La obra prosigue con Inocente ceniza (2018), un muestrario que se hace metáfora de amanecida y resurrección. Su última entrega es Seda torcida (2025), donde la poesía transforma emociones y pensamientos en resistencia, en rendijas de luz que cobijan lo perecedero.
Queridos amigos, gracias por acompañarnos en una tarde que es importante para nosotros, como biblioteca, para José Luis Morante, como escritor y para Mahalta, la editorial que hoy acoge su último libro de aforismos: Oficio de callar.
José Luis Morante ha dedicado su vida a la escritura y a la
enseñanza. Hoy tendremos que dejar a un lado al ensayista y al poeta, pero
conviene citar, aunque solo sea de pasada, que su obra en verso está recogida
en tres antologías: Mapa de ruta de 2010, Pulsaciones de 2017 y Ahora
que es tarde que se publicó en 2020. No quisiera dejar pasar la oportunidad
de resaltar su aportación al haiku en libros como A punto de ver, confieso
que es mi favorito, publicado en 2019 o Viajeros sedentarios que
apareció en una preciosa edición de La Garúa 2025.
Y ya, hecha la salvedad, quien hoy nos visita es el autor de
aforismos. Este género de escritura breve está presente en la obra de Morante
desde el ya lejano 2009 con Mejores días. A ese libro le siguieron Motivos
personales en 2015 y esta otra delicia editorial que es Migas de voz fechada
en 2021. La Isla de Siltolá publicó en 2024 un amplio ensayo sobre el aforismo,
que yo recomiendo a quien quiera acercarse al género: se titula Paso ligero.
La tradición de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI).
Y así llegamos al momento actual y no olvido el libro de
aforismos relacionados con el cine titulado Planos cortos, publicado por
Trea en 2021, con prólogo de Juan Varo Zafra. Cito ahora el libro y a su
prologuista porque habla de la mirada de José Luis Morante, una mirada
“melancólica, agridulce”, dos adjetivos que definen con bastante precisión su
talante y sabemos que cualquier creación, cualquier manifestación artística
parte de la mirada.
En Oficio de callar afloran, quizá pasados por un
último tamiz, el de la edad y la experiencia, temas que han estado presentes en
la ya amplia obra de José Luis. A Morante le inquietan los disfraces: los
disfraces verbales, las capas de cebolla tras las que se esconde la realidad, y
todos esos “otros”, tan ajenos, que nos multiplican en los espejos.
Elijo un aforismo: Escrita, con tinta invisible, sobre
osamenta y musculatura, el cuerpo disimula su condición de fraude.
Y otro: Aliento de vida, como esas casas vacías por las
que transita a diario tanta gente.
Habla Freud de esa especie de cortocircuito mental entre dos
palabras que da lugar al humor, que desencadena la risa, cuando completa esa
elipse, la metáfora emociona y el aforismo, al concentrar el pensamiento,
provoca la sorpresa, el buen aforismo nos hace sentirnos un poco más ligeros,
como el champán.
Morante al comienzo de Oficio de callar cita a
Chesterton: “La simplificación de una cosa es siempre algo extraordinario”. Y
si avanzamos un poco más, el enunciado sintético de una verdad, cuando lo es,
nos ahorra larguísimas explicaciones, donde se acumulan los argumentos y las
pruebas. Simplificar una cosa es siempre algo extraordinario.
Elijo otro aforismo: Conciencia de la edad; cada vez, en
mi diccionario personal, tengo más acepciones sentimentales en desuso.
El tiempo, ahí nos encontramos con otro de los caballos de
batalla de Morante. Un tiempo que avanza “a paso ligero” y que es, en sí mismo,
el más elusivo de los aforismos.
Morante sospecha de los espejos y adivina fantasmas, pero eso
no le impide entrar en terrenos mucho más cotidianos, la mirada melancólica y
agridulce se dota entonces de un afilado bisturí psicológico: Aunque parezca
nacer de un sustrato lógico, el rencor huele a cuarto de baño de pensión
antigua, escribe. Veamos otro: El número impar de su matrimonio acecha
el contraluz de la tristeza.
Leer aforismos requiere un desterminado estado de ánimo. Los
aforismos son píldoras, así que no conviene tomarse el frasco entero antes de
dormir. La lectura del aforismo requiere cierta calma y permitir que nuestro
propio pensamiento complete el texto, olvidar el libro sobre la mesa y devanar,
nosotros sí, el mundo en miniatura que esconde cada frase.
Bien leído, un libro de aforismos da para más que muchas
novelas. Eso os deseo si os animáis a compartir con José Luis Morante y con
Mahalta todas las horas que han quedado atrapadas, como colección de insectos,
en Oficio de callar.
Por mi parte es todo, cedo la palabra a otro aforista, editor
y amigo: Juan José Martín Ramos. Muchas gracias.
.jpg)





.webp)












.jpg)