lunes, 3 de enero de 2011

JULIO MARISCAL

   Entre las variables del olvido está la falta de lectores; es la estrategia más efectiva para borrar el rastro de un escritor y afecta a muchas obras hoy convertidas en arqueología.  El virus contamina a individuos aislados y a promociones enteras. Por ejemplo, la generación del 50 sigue firme desde un núcleo central, La Escuela de Barcelona, con varias identidades complementarias, Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, Francisco Brines y José Ángel Valente, pero ha dejado en semipenumbra a itinerarios que sólo emergen en los rastreos de investigadores universitarios, en la copia autorizada de la epigonía y en el recuerdo firme de algún lector entusiasta.
   Uno de los cincuenta poetas del 50 fue el arcense Julio Mariscal Montes, ya casi una sombra sólo mitificada por los cualificados lectores y paisanos: Pedro Sevilla y José Manuel Sánchez Ribas. Pedro Sevilla caligrafió un emotivo homenaje al maestro que a mí siempre me transporta a mis días laborables en Arcos de la Frontera, cuando vivía bajo una peña de geografía provisional. Con José Manuel Sánchez Ribas he pasado una tarde de tertulia, lúcida, incisiva y crítica con un presente que construye su discurrir con procedimientos de reciclaje.
   Tras un largo paseo entre la niebla, vuelvo a casa. Anoto en el cuaderno de "asuntos pendientes": volver a los poemas de Julio Mariscal. 

1 comentario:

  1. Gracias, José Luis. Espero que pronto deje de estar pendiente volver a Julio Mariscal.

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