sábado, 12 de marzo de 2011

ÁVILA


Ciudad privada

Una vez más regreso a la ciudad de siempre,
descifro con premura
una largo itinerario de recuerdos
mientras sube, con ardor renovado,
la hiedra de otros días
desde un lejano sueño hasta la boca.
Pero nada es igual, aunque contemple ileso
el dócil deterioro,
antiguos edificios maquillados de tiempo.
No logro adivinar qué signos, qué paredes,
ocultan las hogueras del pasado.
No hay rastros inmutables, no hay indicios
de una felicidad remota en la memoria.
Cuánta mano vacía, cuánta ausencia;
quedaría conforme siquiera vistumbrando
una imprevista huella, algún reflejo.
Se reiteran mis pasos por calles desoladas,
la soledad se enquista,
suena el reloj de un campanario,
aburrido neón de pupila naranja
vierte sobre mi busca un guiño cómplice,
una difusa luz precede al día.
La llegada del alba desvanece
una ciudad cuyo enclave es olvido.

                      (Mapa de ruta, pág 36)

3 comentarios:

  1. Cuántos recuerdos me trae el Chico.

    Y qué hermoso y medido poema el tuyo (más leña al fuego de mi nostalgia)

    En su día colgué algo que me sugirió una visión, en una calle que baja desde esa plaza. Tal vez ya no te suene la imagen.


    http://laantorchadekraus.blogspot.com/2006/09/desolacin.html

    Te enlazo. Salud y un abrazo.

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  2. Ayer regresé a Ávila. Hacía mucho frío y las calles estaban semidesiertas. Desde el Rastro el valle Amblés ocultaba en grisura la Paramera. En algún recodo del Mercado Chico latió un poco de vida y me encontré al joven que fui con el pelo largo, los primeros libros en las manos y un puñado de ideales irrenunciables. Y me pudo la melancolía. Un fuerte abrazo y gracias por tu lectura.

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  3. José Luis. Ávila es una de las ciudades de mi infancia. Estancias pasajeras, pero intensas, entrañables y llenas de afecto. De tiempos en que no había coches y sólo se oían las campanas de las iglesias (sic) Yo también me veo a veces cuando paso por el Grande, donde ha desaparecido algún café que otro que me trae recuerdo de tertulias, y no veas lo que son los ramalazos de las distancias. En fin...Siempre nos quedará Ulaca, jaj.

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