viernes, 22 de junio de 2012

RIVAS 1989. HISTORIA PERSONAL.



   Cuando llegué a Rivas-Vaciamadrid, en julio de 1989, era una ciudad en construcción, con terrenos acotados y grúas en pie. Todo estaba por hacer salvo el pequeño núcleo rural reconstruido en 1957, en el Plan General de Regiones Devastadas, tras desaparecer completamente en las operaciones de la batalla del Jarama, durante la guerra civil. Los nuevos habitantes teníamos la sensación del colono y parecía posible descubrir el Mediterráneo.

   En los jardines recién sembrados, que sustituían a las gramíneas, al centeno silvestre y al cardo, se plantaron carteles que enunciaban: “Cuidado. Niños en libertad” y todos los vecinos del chalet adosado pusieron ladridos insomnes en su nueva parcela, desaliñados chaldals en la práctica deportiva y animales domésticos en los cojines del sofá.

   No parecía el sitio ideal para radicarse; el entorno paisajístico era un páramo con vísceras calizas, cerca un vertedero asumía los restos de la capital y en la lejanía se veía bien la torre de televisión y las siluetas urbanas de los rascacielos madrileños. La capital estaba cerca y lejos porque las líneas de transporte público todavía no funcionaban y tuvimos que salir muchas veces detrás de una pancarta para que tunelaran el metro.

   Casi todos los edificios públicos se asentaban en naves prefabricadas; pero los escasos funcionarios que atendían tenían un gesto perenne de bienvenida, como si dieran confianza a los propietarios que hipotecaban en créditos bancarios veinte años del futuro.

   Ya entonces mi actividad predilecta era la literatura y con visible intranquilidad sacamos adelante algunos proyectos culturales que hoy enorgullecen. Fue el tiempo de la revista Luna llena, con Isabel Miranda y Manuel López, y en la universidad popular, con sede provisional en Pablo Iglesias, empezaron a programarse encuentros con autor. Por Rivas pasaron José Hierro, Francisco Umbral…

  De aquellos días hace veinticinco años y se corre el riesgo de que los recuerdos se olviden o se reescriba el pasado con esa ligereza que la mentira adquiere en algunas biografías prestadas. Hace mucho tiempo; tanto que el pasado ha envejido en la memoria y es necesario despertarlo de nuevo para reconocerme.  


2 comentarios:

  1. Quiero dar la enhorabuena a toda esa gente, tú incluido, José Luis, que ha hecho posible que Rivas sea una ciudad envidiable para vivir. Aquella estepa de tierra de cal, que yo recuerdo cuando pasaba hacia La Poveda, donde vive mi hermano, es hoy un lugar con buenas viviendas, parques, flores, centros de enseñanza, sitios para la cultura y el deporte, instalaciones municipales y comerciales y supongo que centros de salud adecuados (lo desconozco), para hacer de vuestra ciudad un sitio interesante para vivir.
    Y lo más importante, para vivir en libertad o casi. Por lo menos en más libertad que en otros lugares de nuestra Comunidad.

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    1. Querida Marisol, sólo soy un cronista parcial de la sociología de Rivas. Es verdad que aquí vivo y trabajo desde hace más de dos décadas y que mi libros han nacido en sus calles y plazas. Pero Rivas es una realidad global, un empeño colectivo en el que cada aportación personal es un puñado de arena que, antes o después habrá de convertirse en cronología remota.

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