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Clausura Fotografía de Javier Cabañero Valencia |
PASAR DENTRO SIN LLAVE
En la lectura habitual, una y otra vez compruebo que los
indicios biográficos, impregnan la escritura. Parece que lo personal nunca
encuentra una reclusión perfecta. No puede vencer su impulso por mostrarse.
El pálpito de la huida. Viajo mucho para disimular mi apego
excesivo a la vida sedentaria, esa quietud doméstica que tanta actitud
paternalista hace crecer en los que me recomiendan programar la gimnasia en mis
horarios.
Felipe González no es el enemigo; es solo un barco
desanclado, a la deriva, que no supo sobrevivir a sus principios. No proceden
los mensajes de odio. Hay que soportarlo a distancia, como se preservan las
ruinas arqueológicas, con ironía, respeto y condescendencia.
Aprendo a liberarme del sabotaje de los algoritmos. A no
decir lo que pienso cuando me preguntan. A pensar, sin más.
Cuesta creerlo, ahora que sufro a diario los estragos del insomnio. Hubo un tiempo en el que durante el libre discurrir de la noche también dormía.
(Apuntes del diario)
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