jueves, 12 de febrero de 2026

MANERAS DE LIMPIAR SOMBRAS

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Pueblos del Japón interior
(Mayo-Junio de 2025
Fotografia 
del
álbum ersonal


 

MANERAS DE LIMPIAR SOMBRAS

 Me ha causado estupor su alineamiento con los profesionales del insulto y la palabra hiriente. Creía que era una persona agradable y formada, dispuesta a celebrar generosidad y gratitud con  la gente y el territorio de acogida. No acostumbro a encender polémicas digitales, pero sus cotilleos y críticas, por inesperados, me impulsaron a responder. Escupir en la mano que ofrece pan es una mezquindad inaguantable.

 Detrás del pensamiento, la madurez cobija el sentir. Su frialdad es  solo apariencia.

 En la travesía hacia el olvido, la amistad escribe listas renqueantes, que se completan por omisión.

 Todos los géneros literarios despliegan en su recorrido la sensibilidad del yo; son espacios reflexivos de una mirada indagatoria que explora los matices de fondo, los ángulos dispares de su relación con el mundo.

La intrahistoria personal convive con las asimetrías colectivas en un tiempo marcado por una realidad paradójica: el que piensa distinto no es un adversario sino un enemigo, alguien que solo merece desprecio y odio. Y así no hay forma de hilvanar un proyecto colectivo.

Es  febrero y las aceras congregan un contagio de prisas. Como si yo caminase a trasmano, pongo lentitud en la mirada y en los zapatos. Tengo la cabeza y el corazón a pájaros.

 Alguien habla en voz alta. Otro asiente a intervalos. Una multitud conectada con un oído atento en la distancia. Sólo yo permanezco fuera de cobertura. Quité el sonido al móvil y cuando lo enciendo me he perdido llamadas y mensajes me recuerda los asuntos literarios que hay que programar. Debería ayudarme más a mí mismo; solo, no puedo.

Pido un café con leche y abro un libro. Apenas leo unas líneas. Junto a ella, elijo un ventanal que testifica el tránsito incesante. Frente a mí un asiento vacío y esa caligrafía de la ausencia que escribe en lluvia oblicua. Personifico un desamparo que no ocupa sitio y que mira en silencio, mientras bracea con las dudas del superviviente. No debo escribir un diario; me mana la tristeza y hay que ser optimista, aunque no sepamos cómo.


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