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| Ausencia |
EL DINOSAURIO
con mi gratitud, a Augusto Monterroso
Fue un repliegue callado. Una mañana el dinosaurio se ausentó y al
despertarme ya no estaba allí. Desde entonces
la tibieza de mi dormitorio ha perdido su foco de luz, ese punto exacto
donde fijar la mirada. No dejo de preguntarme qué provocó su ausencia, mientras
guardo un colmado reguero de palabras no dichas. El recuerdo marca huellas en
mí.
A la distancia justa, la soledad del dinosaurio busca rescoldo en otros
Del libro Fuera de guion
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