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| René Magritte |
EL TIEMPO SIN VOZ
PARADOJAS
He tenido un sueño muy extraño. Todo alrededor era un extenso espacio de silencio, un tiempo sin voz. Alzo los ojos y allí están mis carencias dinámicas y orondas, repletas de vida, con el mismo entusiasmo de siempre. Sí, soy yo, no hay duda.
Cuánto “no sé” en las respuestas de algunas amistades en retirada.
Me reconoció por la voz y me abrazó con fuerza, pero había perdido su entusiasmo vital. No sé por qué me pidió perdón mientras me comentaba que durante años había vivido en él un estúpido de oficio, con una intensa vida laboral. Me dejó en las manos una inquietud desconcertante que tardaré tiempo en enfriar.
Qué pronto se hace hábito el trastorno crónico.
Los impostores de identidades digitales se detectan de inmediato, como los falsos lectores que han leído todas las novelas de Borges.
Se preocupa tan poco de mí que
siempre contesta con lugares comunes. Actos reflejos que significan lo mismo si
viajo a Madrid o a Tokio. Pero su actitud no pasa inadvertida; percibo que para
mí hace muchos meses que es invisible y solo escribe libros sin palabras.
El tiempo moldea en mí un perfil de isla ártica.
(Anotaciones del diario)

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