miércoles, 25 de marzo de 2026

INTERROGATORIO

Conversaciones sin voz
Archivo digital
Freepick

 

CASO CERRADO

 
   Pregunta otra vez, con el chisporroteo del cansancio. Sin mover los labios:
-¿Edad?
-No sé desde qué año mi madre sospechó que esta minúscula existencia tendría algún futuro…
  Calla y suspira. Cierra otra vez los ojos. La nueva pregunta tarda en abrirse paso. Cuando llega, arrastra sílabas inaudibles…
-Tampoco hay datos de tu vida laboral.
-No los hay, claro, es inexistente aunque, de cuando en cuando, el pensamiento urgía a inventar recorridos en la calle, al encuentro de un futuro oficio. No llegó nunca. Después me detenía en cualquier parque, esperando que la voluntad durmiese contraída.
   Agacha la cabeza y entreabre la boca humedecida. Se acerca un poco al empujar la voz:
-¿Sabes la fecha del suicidio?
Las palabras, a oscuras, responden por mí:
-Morí hace poco, cuando prescindí de la ingrata tarea de respirar; todavía escucho los restos náufragos de una conversación al otro lado. Las dudas gotean sin enigmas ni claves. En torno a mí, una página blanca sin tipografía ni extrañeza. Soy un caso cerrado.

(Fuera de guion. Casi cien microrrelatos, Editorial Lastura, 2024)







 

martes, 24 de marzo de 2026

ATARDECER EN EL NILO

El oro del crepúsculo
(Egipto, navegación por el Nilo, marzo de 2026)
Fotografía
de
Adela Sánchez santana

 

ATARDECER SOBRE EL NILO

 

Cuando decae la tarde sobre el río,  la realidad parece un decorado a punto de desmontarse.
 
Sueños en construcción entre el aparejo formal de los afectos.
 
Mis ilusiones sospechan que soy un escenario monótono y predecible.
 
En los espejos del Nilo los itinerarios del tiempo se bifurcan entre la antigüedad y el presente.
 
Descifro jeroglíficos, pero hay significados que nunca relleno con la palabra justa.
 
Sobre la cubierta del barco navegando plenitud existencial, entre las riberas del ser y la nada.
 
Si pides un favor al tiempo, las manecillas del futuro se atascan en lo inasible.
 
Cuando estoy solo, hablo demasiado.
 
Dejé de fantasear para centrarme en la imaginación.
 
Según todos los indicios, tampoco al despertarme desperté.
 
Durante el insomnio, aquella noche se contó a sí mismo la historia no vivida de su biografía.

Cuaderno de viaje





lunes, 23 de marzo de 2026

FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN. CUADERNO DEL QUE CALLA

Cuaderno del que calla
Francisco José Martínez Morán
La Garúa Editorial / Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2026


EN NOMBRE DEL SILENCIO

 

   Con título paradójico, prosigue senda poética con el libro Cuaderno del que calla Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981). Recuerdo a los posibles lectores los trazos biográficos esenciales del poeta: Doctor en Literatura Comparada, Licenciado en Filología, investigador literario, gestor cultural y docente en ejercicio. Su espacio creador levanta vuelo en 2006 con Variadas posiciones del amante, reconocido con el Premio Nacional de poesía Félix Grande. Desde entonces cultiva con pasión la poesía, publicando las entregas Tras la puerta tapiada (2009), Obligación (2013), Tacha (2018), Los cuadernos del frío (2021), No (2021) y Fábula del fragmento (2023). Como narrador incorpora a la editorial canaria Baile del Sol la novela Amistades comunes (2018). Colabora en revistas y radio y dirige la colección de poesía de la Universidad de Alcalá de Henares.
  Hablaba al comienzo del texto del carácter paradójico del título y explico brevemente mi consideración. El cuaderno es una herramienta de trabajo en la que el escritor reúne apuntes al paso y organiza la materia verbal; es, por tanto, el umbral de la palabra; una despierta vocación de memoria que se opone a la sílaba quebrada del que calla. Desde esa pauta y con una hermosa dedicatoria a la poeta Marina Casado, compañera sentimental y autora del breve texto de contraportada, se compilan ochenta y siete poemas breves, organizados en cinco secciones: “De un cuaderno sin luz”, “Parafernalia”, “De un cuaderno sin frutos”, “De un cuaderno cerrado” y “Tumbado”; todos con trazos meditativos de despojamiento y desnudez.
   El poema inaugural del apartado “Cuaderno del que calla” emparenta con el vislumbre lacónico del aforismo: “Terminará la luz / y no te habrá bastado.” Ese afán de definir el poema con la soledad habitable y el carácter íntimo del pensamiento moldean los versos con mínimos recursos. La voz, limpia y precisa, derrama transparencia. Es lenta y premiosa. Se adentra en las lindes de la noche hasta sentir el tacto de lo perdido, el frío de un cielo desmembrado. Sabe que el despertar supone aceptar la quiebra que conforma la perspectiva del yo poético: “Cuanto te gustaría que lo roto / ya no formase parte de quien eres, / que no fuera tu sangre y tu osamenta, / que no constituyese / el único sentido de tus años”. 
   El tono introspectivo de las composiciones hace del tiempo y sus certidumbres uno de sus vectores básicos. Los textos moldean soledad, ratifican sensaciones de hondura, asumen la caducidad, liberan sombras. Buscan respuestas, a través de la escritura, que hagan más habitable la casa, que aligeren la presión ominosa del pasado y diluyan la banalidad de quien percibe los puntos de cruce del entorno. Como si la representación hubiera concluido, toca bajar el telón, asumir las exactas dimensiones del teatro y abandonar las tablas para buscar sitio en otra parte: “vuelvo porque ya me he marchado para siempre”.
   Lo cotidiano forjó usos habituales. En torno a las cuerdas de sujeción del atardecer pende una monotonía hecha quietud, de la que conviene liberarse. Este afán se recoge en el segundo apartado, “Parafernalia”. Hay que recuperar la sensación de ser otro y estrenar un vacío en el que ya no este cobijado un pasado común, repleto de incisiones y recuerdos. Promesas e ilusiones conspiraron para ser Ícaro y habitar la caída, el error y el desengaño. Para ascender por los peldaños de un futuro imprevisible en el que no estarán los pasos del nosotros. ´Solo serán compañeros de viaje la “despresencia” y el olvido.
    Llega un tiempo de hastío y queda entre las manos, como enuncia el título del tercer apartado, la austera caligrafía de “Un cuaderno sin frutos”. Se impone, como tercos garabatos infantiles, la plenitud cansada de lo frágil. Los espejos resguardan quejas. Son apuntes de una realidad testimonial y objetiva que habla de soledad y carencia, de la triste penumbra del pasillo sin nadie. Todo el apartado amplifica con sus breves trazos la sensación de naufragio, ese dejarse arrastrar por un oleaje que no deposita en ninguna playa. Solo perduran algunas emociones como escueta terapia contra la conciencia de la ruina. Todo parece conspirar alrededor. El yo se hace refugio de sí mismo.   
   El apartado “De un cuaderno cerrado” atestigua un camino de vuelta. Otra vez el paso encuentra norte, una presencia firme que tiende la mano a la esperanza. La noche deja sitio al tacto rosado de la primera luz, aunque todavía perduren indicios de frustración y desconcierto, las reiteradas versiones de una misma decepción. Una orfandad cercana a la que conviene poner distancia, para que suene en el transitar de la mañana el rumor de la brisa que tiembla entre las ramas.
  La composición final de “Tumbado” reúne, con ritmo entrecortado, las huellas del yo frente a sí mismo: “Yo estoy tumbado / y así seguiré”. La quietud parece un horizonte estable y monocromo. Todo está en pausa. Espera, mientras el tiempo se desliza con vocación de ausencia. La realidad es un extraño hueco inhabitable. 
   Francisco José Martínez Morán vislumbra en las composiciones de Cuaderno del que calla el paisaje fallido de la realidad, sus luces mínimas, los trazos de un tiempo que se desvanece. Queda el silencio y la evocación, el parpadeo de la memoria, donde apenas se cobija el frío. Mas la vida persiste, reclama la mirada y pone en la ventana luz diáfana, la taza de café para el regreso.
 
 JOSÉ LUIS MORANTE





domingo, 22 de marzo de 2026

REGRESO

Cosecha

 REGRESO A RIVAS

Aquí pierdo la voz, contemplo Rivas,
un nombre propio escrito en el asfalto,
un árbol que resguarda la memoria;
pulcra ciudad de espacios habitables,
igual y diferente a cualquier sitio.
Cada jornada intento sin demora
la gesta cotidiana de aventar el cansancio
de los días comunes,
mientras bruñida y fragil, a lo lejos,
una luna de plata abre la noche,
dibuja su contorno en el regazo
del cielo envejecido de Madrid.
Crece la sed aquí, varado en Rivas.
Busco en vano la esencia de las cosas,
acumulo renuncias e inquietudes
y despide mi mano el tren vacío
de la vida que parte, no sé dónde.


  (Antología Ahora que es tarde, 2020)


 

jueves, 12 de marzo de 2026

LECTURA PERSONAL DE OFICIO DE CALLAR

Oficio de callar
José Luis Morante
Mahalta Ediciones
Colección Axiales, nº 3
Ciudad Real, 2026


CARTOGRAFÍA DE LA MADUREZ

 

Envejecí de golpe y cayeron las piedras

                    OSWALDO FLORES

 
   El poeta de Aguilar de la Frontera Vicente Núñez, tan aficionado al sofisma, escribió: “Cualquier lectura de un texto es válida. Excepto la de su autor”. Es una afirmación contundente que en mi caso genera un sosegado desconcierto. Defiendo exactamente la postura contraria: “El autor es el primer lector de su escritura. Conoce la raíz de cada renglón y las observaciones particulares de su contingencia”. Como admiro la obra del cordobés, mi disentimiento busca de inmediato entre ambas opiniones polares un ecuador conceptual, un eje de simetría en el centro: “Cada lectura es válida en sí misma; aporta una respuesta más, un reflejo, una certidumbre, aunque sea desvaída”
  Quien recorra los aforismos de Oficio de callar percibirá que esta recopilación de breverías se apoya en unos pocos núcleos de fuerza. Recalca la concepción existencial del yo pensante; muestra vínculos con el discurso de viva voz del tipo humano que protagoniza el andar biográfico. No hay despersonalización de la trayectoria vital; cultivo la dinámica continua de un aprendizaje que ha superado esa confrontación romántica entre escritura y vida. La identidad no es una aleación momentánea. Tampoco es un sendero lineal la expansión hacia el otro de la convivencia social.
   Desde el título, los aforismos cobijan una ironía sutil que desaloja certezas fósiles e inamovibles; escribí con la tranquila caligrafía de la madurez, en un intervalo temporal de grandes cambios sociales. En ese marco buscó sitio una mirada que tiende a la introspección. Quité sentimentalismo, fracturas afectivas y acepté que la amistad tiene una naturaleza efímera y tiende a diluirse en el tiempo.
  Me gusta pensar que el tipo humano que habita en mis aforismos se inserta en un paisaje cultural; forma parte de una tradición de valores que debe perdurar frente a la degradación. Abundan las reflexiones que sondean la cualidad ética de la escritura. El escritor está inserto en un marco histórico y sus enunciados definen un paréntesis cronológico convulso; adquieren, por ello, el carácter de una representación.
   Toda ontología personal supone un deslizamiento de onda variable. En esta superficie de abarcable diversidad el motivo amoroso constituye un núcleo central. El amor es un cristal- transparente o con niebla- que deja a descubierto el lenguaje contradictorio de la realidad. Entre la plenitud y la ausencia han ido escribiéndose textos cortos de una introspección que tiende a la solitaria quietud de la edad madura, a su carácter intimista y simbólico. Ellos ponen materia a un ideario estético que no es sino un puñado de certezas con límites difusos. Mis aforismos hablan de mí; son textos domésticos, si los dejo en la calle vuelven solos a casa. Buscan sitio en el lugar de siempre, ese rincón llamado yo.
  


miércoles, 11 de marzo de 2026

LAS HORAS OCIOSAS

Desvelos
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


LAS HORAS OCIOSAS 


 
Se dispersan mis horas, exiliado en la buhardilla. Rodeado de libros y proyectos inacabados que saben de fracasos y carencias y me definen con precisión. Soy una trastienda repleta de soledad. Nunca he sentido nostalgia de la compañía. Colisiono conmigo.
 
Sin embargo, aquí en esta lejanía del ruido diario, en la que me sorprende el amanecer, soy un robinsón con isla utópica.
 
Ánimo depresivo cuando descubro patéticos ejemplares de egos desbordados. Escritores que para hablar de sí mismos necesitan un narrador omnisciente.
 
Entre tinieblas, la memoria activa del presente. Un ahora cada vez más sometido a la barbarie imprevisible de dos tiranos. Son perturbados, huidos de alguna página de Dostoievsky, epicentros de cualquier amenaza, aplicados hacedores de muerte y escombros.

(Páginas del diario)


 

 

martes, 10 de marzo de 2026

PRIMERA CLARIDAD

Nieve
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


PRIMERA CLARIDAD

 
1
 
Vivir la claridad del despojamiento, su estar limpio, su ascesis hasta la otra orilla. Abro las manos. De la quimera existencial me llevo casi nada.
 
2
 
Aunque esté lejos, qué trasluz cercano empareja al asombro.
 
3
 
La germinación de la belleza  requiere constancia; instantes con levedad de nube.
 
4
 
De  la voluntad, la respiración fatigosa de todo aquello que no pudo ser.
 
5
 
No ser nunca quien sobrevuela márgenes y levita sin estar dentro ni fuera.
 
6
 
Tengo una brújula para extraviarme en mí.