jueves, 12 de febrero de 2026

MANERAS DE LIMPIAR SOMBRAS

Interiores
Pueblos del Japón interior
(Mayo-Junio de 2025
Fotografia 
del
álbum ersonal


 

MANERAS DE LIMPIAR SOMBRAS

 Me ha causado estupor su alineamiento con los profesionales del insulto y la palabra hiriente. Creía que era una persona agradable y formada, dispuesta a celebrar generosidad y gratitud con  la gente y el territorio de acogida. No acostumbro a encender polémicas digitales, pero sus cotilleos y críticas, por inesperados, me impulsaron a responder. Escupir en la mano que ofrece pan es una mezquindad inaguantable.

 Detrás del pensamiento, la madurez cobija el sentir. Su frialdad es  solo apariencia.

 En la travesía hacia el olvido, la amistad escribe listas renqueantes, que se completan por omisión.

 Todos los géneros literarios despliegan en su recorrido la sensibilidad del yo; son espacios reflexivos de una mirada indagatoria que explora los matices de fondo, los ángulos dispares de su relación con el mundo.

La intrahistoria personal convive con las asimetrías colectivas en un tiempo marcado por una realidad paradójica: el que piensa distinto no es un adversario sino un enemigo, alguien que solo merece desprecio y odio. Y así no hay forma de hilvanar un proyecto colectivo.

Es  febrero y las aceras congregan un contagio de prisas. Como si yo caminase a trasmano, pongo lentitud en la mirada y en los zapatos. Tengo la cabeza y el corazón a pájaros.

 Alguien habla en voz alta. Otro asiente a intervalos. Una multitud conectada con un oído atento en la distancia. Sólo yo permanezco fuera de cobertura. Quité el sonido al móvil y cuando lo enciendo me he perdido llamadas y mensajes me recuerda los asuntos literarios que hay que programar. Debería ayudarme más a mí mismo; solo, no puedo.

Pido un café con leche y abro un libro. Apenas leo unas líneas. Junto a ella, elijo un ventanal que testifica el tránsito incesante. Frente a mí un asiento vacío y esa caligrafía de la ausencia que escribe en lluvia oblicua. Personifico un desamparo que no ocupa sitio y que mira en silencio, mientras bracea con las dudas del superviviente. No debo escribir un diario; me mana la tristeza y hay que ser optimista, aunque no sepamos cómo.


miércoles, 11 de febrero de 2026

EL EJEMPLO DE BLAS DE OTERO

BLAS DE OTERO
(1916, Bilbao-1979, Majadahonda, madrid)

 

EL EJEMPLO DE BLAS DE OTERO

 
Compromisos y palabras bajo el franquismo
Recordando a Blas de Otero (1979-2009)
Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre (eds)
Renacimiento, Sevilla, 2010
 
   Una cronología, el trigésimo aniversario del fallecimiento de Blas de Otero, proporcionó el motivo para la convocatoria en Granada, entre el 27 y el 29 de enero de 2010, de un foro internacional. En torno al paradigmático poeta coincidieron más de veinte estudiosos de la lírica contemporánea. El volumen Compromisos y palabras bajo el franquismo, editado por Araceli Iravedra y Leopoldo Sánchez Torre, compila las actas del congreso y permite profundizar en el legado intelectual y en los claroscuros biográficos.
   Sabina de la Cruz, compañera sentimental del poeta desde 1971 y albacea testamentaria, aporta el trabajo liminar; centra su intervención en un paréntesis temporal (1943-1944) que coincide con la crisis que condujo a su primer internamiento psiquiátrico, y la penuria económica de posguerra que se convirtió durante años en un mal endémico y colectivo y fomentó la búsqueda de canales alternativos de supervivencia. Como privilegiada conocedora de entresijos coyunturales, nos descubre siete cartas inéditas dirigidas a un amigo cercano, Antonio Elías Martinena.
   La necesidad de integrar el material literario en el discurrir colectivo fue tratada con singular acierto por Jean Paul Sartre en su ensayo ¿Qué es la literatura? Aquel texto de 1948 se asentó de inmediato como bibliografía básica sobre la eficacia del valor estético. Fomentó un debate que todavía no ha periclitado y ahora se recupera al abordar la relación contextual de la poesía de Otero. A él se dedica el cuerpo central de Compromisos y palabras bajo el franquismo.
   Lo social como clave temática crea escuela, se convierte en elocuente epígrafe, sintetiza un recorrido en la que abren senda Blas de Otero y Gabriel Celaya. Sin embargo, la exigencia ética transciende ese periodo de humanismo utópico y deviene coordenada referencial en el quehacer de las promociones siguientes. El legado reitera vínculos con la Escuela de Barcelona, aquel subgrupo mediosecular que aglutina a Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo, también con Ángel González en cuya poesía abundan los ecos sociales, los ingredientes de denuncia y el empleo de una ironía crítica distanciadora.
    Esta filiación languidece en los años setenta, cuando se impone como tendencia dominante el formalismo esteticista, y vuelve a aflorar en el comienzo de los ochenta debido al impulso de “la otra sentimentalidad”. La estela de la poesía cívica no se apaga con Javier Egea, Álvaro Salvador y Luis García Montero, yuxtapone matices y crea enunciaciones que difunden la utilidad ideológica en el cambio de siglo.
   La posguerra, el franquismo consolidado y la postrera etapa de la dictadura fueron estrictos vigilantes de la libertad expresiva. En ese marco agónico los valores oterianos mantienen su vigencia; la escritura preserva su vocación transformadora y se hace portavoz de afanes colectivos. El entramado lírico difunde una actitud crítica ante la realidad circundante y propicia el ensanche de la conciencia individual. Su coherencia y unidad sigue pidiendo al tiempo la paz y la palabra.   
                                          

                                                                                             JOSÉ LUIS MORANTE  

martes, 10 de febrero de 2026

DIÁLOGOS INCONCLUSOS (NOTAS DEL DIARIO)

Lejanías
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana
f

DIÁLOGOS INCONCLUSOS

Salgo a comprar el pan el supermercado y ya me siento un explorador ártico.

En la infancia, sintió pronto una clara inclinación hacia las letras, que prosigue en su periplo laboral. Trabaja en el departamento de Hipotecas de una entidad bancaria.

Me recuerda, con gesto solemne, que su altura intelectual considera a la ortografía un detalle formal prescindible.

Cuántos empeños creativos mudan de inmediato en papelería dispersa.

Con los años, he aprendido a considerar las labores domésticas de nuestra casa como trabajos de escritorio.

Los bostezos son síntomas declarativos. Sustituyen al grito de rebeldía.

Los mensajes ideológicos tienden a la estridencia verbal.

  (Anotaciones)



lunes, 9 de febrero de 2026

GABRIELA KIZER. EN FALSO

En falso
(2005-2017)
Gabriela Kizer
Prólogo de Luisa Castro
Visor Libros
Fundación para la Cultura Urbana
Madrid, 2022

 

CARTOGRAFÍAS

 

   El ovillo poético de Gabriela Kizer (Caracas, Venezuela, 1964), poeta y profesora universitaria, deja suelto su primer hilo en el umbral de siglo, cuando se publica Amagos (Monte Ávila Editores, 2000). Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela, y magister en Literatura Latinoamericana Contemporánea de la Universidad Simón Bolívar, no tardaría en publicar su segunda entrega, Guayabo (2002). Adviene después un largo silencio, roto por la concesión del Premio Internacional de Poesía José Barroeta a su obra Tribu, que saldría de imprenta en 2011. El libro Pavesa, ya en 2019, prosigue el viaje lírico hasta En falso, que se edita, con el apoyo de la Fundación para la Cultura Urbana, en la prestigiosa Colección Poesía de Editorial Visor.
   En el prólogo “Gabriela Kizer en verdad”, escrito por la poeta Luisa Castro, la autora gallega sostiene que la mejor poesía solo puede explicarse desde dentro. Los versos son una forma de compartir el misterio. Proponen un viaje, una progresión que intenta reflejar “la dimensión sagrada de lo corriente”, desde la interioridad de una singladura iniciática y evocativa. Con esa voluntad, En falso abre riberas entre el conocimiento y la incertidumbre, nos acerca los trazos orgánicos de una compilación de poemas que es también dolencia de país, genealogía e identidad. Gabriela Kizer añade una nota preliminar que versa, en su hondura reflexiva, en la percepción del yo lírico y en su empeño por captar la esencia del tiempo y su forma de modelar la conciencia.
  El itinerario de En falso, que contiene poemas escritos entre 2005 y 2017, se fragmenta en cinco tramos, de los cuales el último solo contiene un poema, donde se integran siete momentos. Todos muestran una clara diversidad argumental y un registro cultural con sensibilidad abierta, que se ajusta al intimismo confidencial de la evocación y se engarza con los pasos del transitar biográfico.
  El comienzo sugiere un desandar hacia el pasado para reactivar vivencias dormidas. La presencia de rostros difuminados por el tiempo, o los días de infancia están presentes en composiciones como “Gregorio”, “Caída”, “Filiación “, y “Cuarto oscuro”. También busca sitio en el texto el espacio onírico del sueño, ese lugar sin coordenadas donde conviven monstruos del inframundo, dioses y héroes; personajes dispuestos a una representación pictórica, que captan la mirada del arte, o la tela del tapiz que borda fábulas.
  En esta primera parte, la muerte adquiere una dimensión expandida. Es el andén que culmina cualquier existencia. Un aullido despacioso y lejano en la infancia que se hace de pronto vecindad, cuando alguien próximo se ausenta para siempre, dejando la hendidura del dolor, la indescifrable escritura de los cuerpos cuando no están.
  Una de las cualidades de En falso, como se ha dicho, es la amplitud de tramas que admite en su desarrollo; el segundo apartado cobija una interpretación lírica del despertar sentimental. El poema se hace marco reflexivo de una época con muchachas, que trepaban los árboles del despertar emotivo, lejos de la niñez, cuestionando las dubitaciones del propio estar frente a la incertidumbre.
  La cercanía del otro se hace odisea. Obliga a repetir el sueño cumplido de aquellas presencias de la literatura que inventaron Homero, Dante y los que acercaron a la belleza del mundo para dar voz natural a los sentimientos. Las emociones afloran, sin imposturas metafísicas, con la mera intención de ir dejando las migas sueltas de un trayecto autobiográfico. El lenguaje testifica los pasos perdidos. Se hace crónica de lo transitorio. Refleja las siete vidas que tiene el amor para seguir latiendo, después de erosiones y pérdidas, en la cartografía de lo cotidiano.
   La tercera parte cambia el diseño formal para alojar al poema en prosa, cuya lectura remite a la proximidad de un magisterio, el de la escritora venezolana Elisa Lerner, quien escribiera Así que pasen cien años. Crónicas reunidas (2016). Los poemas enunciativos fluctúan entre lo personal y lo colectivo, entre el repliegue anecdótico y la necesidad de que la experiencia sea un nítido testimonio del yo colectivo. La crónica social de unas vivencias históricas, nunca homogéneas, que se alzan entre el espejismo y la representación objetiva, que sirven para repensar la verdad y su significación en el seno del tiempo.
  En esta sección aparece un recurso expresivo poco utilizado hasta ahora: la ironía; desde un elemento de la cosmética se juega con el doble sentido de la máscara y su ambigüedad semántica. También se perciben reflexiones metaliterarias, tendentes a liberar al poema del argumento y de los moldes estables de lo convencional, de los que construyen el poema desde la idea. La palabra desvela, como un guisante bajo el colchón; pero el logos no sabe cómo explicar su misterio, su significado subterráneo.
  Otra sensación fuerte que deja este tramo del libro es que la obra creativa de Gabriela Kizer se aleja del perfil unitario para explorar vetas sin aparente conexión entre sí. Un ejemplo de lo dicho se percibe en la cercanía de poemas como “Abolengo”, que narra una contingencia de las revistas del corazón, y “Filosofía de la composición”, donde el eco de Poe da vida a una larga meditación sobre las razones del hecho creativo.  
  Otra seña de identidad es la cercanía a nombres del canon y la convincente selección de citas relevantes, que crean en el lector animosas afinidades. El apartado cuarto arranca con una cita de Vicente Gerbasi, incluida en el poema “Cuota mil” y, de nuevo, en las composiciones hay un trasiego de referencias culturales que orientan sobre gustos musicales, indicios de lecturas, o acordes que sostienen la experiencia vital. Los textos dan la mano a trámites personales que dan fe de vida y muestran los costurones opacos de una realidad esquinada, que necesita filtrar en su epitelio unos rayos de sol. Así se constata, de forma sobrecogedora, en el poema “Crónica, 204”, que denuncia, con mirada crítica y fuerte compromiso, los graves acontecimientos derivados de la protesta social contra un régimen totalitario, que abocó al país a una pobreza extrema y a una feroz represión. Esa relación de crisis entre sujeto poético y entorno genera también otras composiciones como “La última diosa” y “Tierra de Gracia”, donde la percepción de las cosas anula cualquier esperanza y pone fin a la utopía, en un entorno cotidiano cenagoso y oscuro.
   El poema homónimo “En falso”, friso de siete teselas, conforma la parte final del poemario. La evocación recupera figuras domésticas. Abre la conciencia al recuerdo. Suscribe que la memoria es un vacío dilatado, una paradoja con remansos existenciales, contaminados por la decepción y el rastreo de falsas amanecidas. Sobre el entorno habita una nube de amargura, un mundo que no es, y exige una interpretación trágica. El lugar propios se hace arquetipo de la carencia: “desolación / procacidad, desasosiego / humareda/ demencia / ruindad. Una ciudad asolada por el derrumbe. Dentro de los ojos del testigo solo hay huecos, arenas movedizas, la inhabitable sombra de la nada.
  En los poemas de En falso Gabriela Kizer da voz a una mirada que serpentea por las avenidas de la conciencia para seguir el rastro de la evocación. También del compromiso solidario con la inseguridad de la existencia y sus dolorosas grietas abiertas. Existir es tratar de comprender. Convertir las preguntas en las últimas brazadas del náufrago.


José Luis Morante




domingo, 8 de febrero de 2026

OJO SIN FONDO

Resquicios
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

OJO SIN FONDO

 

Todo se precipita en un ojo sin fondo

 

OCTAVIO PAZ

 

Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

 

(De Cuentos diminutos)

viernes, 6 de febrero de 2026

AFORISMOS CON REFLEJO

Transparencia
Fotografía
Archivo Freepick

 

AFORISMOS CON REFLEJO 

 

A menudo la vida carece de sentido, es abstracta y compleja. La literatura no.

Considera cada libro como un ejercicio de aprendizaje.

Todo escritor soporta el previsible anclaje de la lectura.

La realidad tiene signos secretos.

Bajo la gota fría, el trazado del sendero se diluyó. Rumbo incierto.

Amo las noches de doble fondo, en las que caben vigilia y sueño.

Esa manía de la memoria de revisar apuntes atrasados.

 Siempre que concluyo un libro, firma la escritura discreta del aprendizaje.

 La verdad no es un área reservada para soledades ariscas.

 Cuando avanzo hacia ti te desvaneces.

 Consumo la relación incierta del autista y su temporada en el invierno.

 Un porte sólido. De fantasma.

 Cuando tenía veinte años, Jaime Gil de Biedma no era un poeta cualquiera. Era el poeta.

 La biblioteca, ese amplio gremio de deudas contraídas.

 Crepúsculo, aleteo, sopor, engarce, azul… palabras con reputación asentada.

 Los malos poemas tosen; tienen respiración errática.

 Una página: conspiración entre sustantivos comunes, verbos fríos y adjetivos ecuánimes.

 Ya no recuerdo; el final de una biografía deja sitio para mucho olvido.

                                                      


                                                 

 

 

jueves, 5 de febrero de 2026

UN SILENCIO QUE FLOTA SOBRE EL AGUA

Huida
Oropesa del Mar, febrero de 2026
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana 

 

FINAL
 
 
Callo mucho conmigo,
cuando  no necesito el hilo medular de las palabras.
Me gusta compartir el despliegue del frío
o calcular la usura de mis rasgos tras el velo de sombras.
Nunca veo el círculo de luz
que migra ensimismado
dentro de la absorbente pupila de las cosas.
Tengo mirada líquida.
No despejo mis nubes;
quiero verter la lluvia
en el hondo misterio de las desolaciones,
como si fuera un  signo que despliega
la masa fibrilar de los significados.
 
Todo reconfigura un linaje vacío.
He buscado refugio en ese hueco
del que ya, sin fisuras, formo parte.
La nada es otro modo de empezar.

   (Del libro Nadar en seco, 2022)