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jueves, 30 de marzo de 2023

GUILLERMO MARCO REMÓN. PERDER EL TIEMPO

Perder el tiempo
Guillermo Marco Remón
Editorial Isla Elefante
Palma de Mallorca, 2023

  

LA VOZ DE LOS RELOJES

 

   La trayectoria poética de Guillermo Marco Remón (Madrid, 1997), Ingeniero y doctorando en Inteligencia Artificial, se dio a conocer con el consistente poemario Otras nubes, accésit del Premio Adonais de 2018.  En su avance por la literatura, ha participado en revistas y antologías que muestran su evolución pertinente y en 2023 es becario de la Residencia de Estudiantes de Madrid.
  El poeta revitaliza su nueva entrega Perder el tiempo con dos nombres de peso, Lucrecio y Fernando Pessoa. Las citas reivindican el afán observador del sujeto y su continua percepción de lo mudable, como si fuese necesario  adentrarse en recorridos indagatorios, desde la realidad inmediata, para llegar al conocimiento interior, a los sustratos que componen la identidad del yo. Un hablante verbal íntimo, cercano, confidencial, que hace de su palabra, como refrenda con hermosa textura el poema prologal “Resumen”, un espacio abierto; la existencia es reiterar pasos y erosiones, asumir que la orfandad del solitario es desbroce y poda, depuración emotiva y que conviene interiorizar la certeza de que lo cotidiano filtra una continua despedida.
  En cada ser habita la extrañeza, una multiplicidad de estados que va perdiendo contornos en el devenir. Son los pliegues del discurrir, o como refrenda el título de la sección inicial: las “Maneras de relacionarse con el tiempo”. En Guillermo Marco Remón queda patente que la contingencia es una referencia temporal definitoria. Añade al registro conversacional instantáneas cotidianas, nombres propios,  imágenes de la memoria que anulan la soledad y el desamparo de estar con el latir del tiempo. Se plasman en los poemas secuencias íntimas, alusiones tamizadas por el transitar, no con un mero afán enunciativo sino con ese punto de asombro connatural a lo cotidiano que pone ventanas a la imaginación.
  La poesía admite la participación activa del lector que completa el poema, como sucede en “Paternalismo”, un texto que admite varias versiones al rellenar los huecos que el autor deja en los versos. Hay palabras que nacen entre la sombra, que buscan habitar la ausencia con la desnudez pactada del intimismo. El paisaje se interioriza y crea su propio espacio interpretativo para servir de marco a instantes memorables del pasado; contemplar es apropiarse de colores y formas, buscar itinerarios visuales con una orientación pactada.
   La amistad y el amor confluyen como continuos vértices de reflexión, como nidos de indagaciones y paradojas que en su hondura poética acercan el caminar biográfico y las tramas argumentales. El cauce vivencial está ahí, frágil y amarillento como una hoja otoñal. Exige reflexionar sobre la propia escritura, como aseveran los versos del poema “Huyendo de la crítica”: “Y sigo caminando mientras doy vueltas… si habré hecho bien en abandonar toda formalidad, / en tender hacia la prosa, / en disfrutar de las rimas espontáneas y feas y precisas, / en haber mitificado la juventud siendo un niño viejo, / en fingir pessoanamente tanto lo que soy”.
   Desde Otras nubes hasta Perder el tiempo la voz poética de Guillermo Marco Remón ha perdido carga sentimental en la reelaboración del periplo existencial y se ha decantado más por la autoafirmación del hablante lírico, por la fuerza de una voz hecha desde la lucidez y la indagación interior. Por eso los textos necesitan un mayor desarrollo enunciativo y un espacio digresivo. Se fue un tiempo auroral y cada vez queda menos de la infancia. Quien se mira en la caligrafía confidencial del diario apenas se reconoce y se cambia el hábito de jugar por las tareas cotidianas; pasó la juventud y entre los pasos del silencio fue madurando una poblada cosecha de certezas que concede al tiempo el primer plano, una continua presencia substancial.
  El breve conjunto “Un domingo a solas” focaliza el tiempo en mínimos objetos cotidianos; la silla no cobija, es una incógnita que exige buscar la postura y responder a las preguntas de la convivencia. Cada vez se hace más fuerte la sensación de soledad e intemperie, ese cálido hueco de la ausencia que invita al estar sedentario.
  El amor, con sus matices de nostalgia, evocación y melancolía, cobra un primer plano en “Me quedaría aquí” para buscar aquellos destellos a resguardo del primer beso o de las instantáneas que cobija el recuerdo y que salen al aire como una cometa en vuelo. Pero el tiempo dispone su estrategia y convierte el suelo fértil de los sentimientos en un lugar donde habita el olvido. La realidad se llena, tras el quedo rumor de las palabras, de una historia en pasado, de un texto con erratas que solo el tiempo puede corregir.
   Queda la ausencia, un aire frío que entumece las manos y que pone en las palabras el epitelio de la despedida. Recordar es una manera de dar sentido al regreso, de pensar que todo sucedió en un ayer lejano, en el terreno yermo de un estar compartido. Perder el tiempo hace de la escritura evocación y olvido. Una ventilación del cuarto propio que puso briznas consumidas en las estanterías para que las palabras se ordenaran y aprendieran a caminar a solas.
 

JOSÉ LUIS MORANTE 



miércoles, 25 de mayo de 2022

FÉLIX MOYANO. LA DEUDA PROMETIDA

La deuda prometida
Félix Moyano
Accésit del Premio Adonais 2021
Ediciones Rialp
Madrid, 2022

 

ÚLTIMO VIAJE

 
 
   Nacido en Córdoba en 1993, Félix Moyano se incorpora al cauce poético contemporáneo en 2017 al ganar el Premio de Poesía Valparaíso con su libro de amanecida Insostenible. Comienza así un recorrido que añade entrega en 2019, Los amores autómatas, reconocido con el Premio Andaluz de Poesía “Villa de Peligros”. El periplo creador personal, ya presente en algunas muestras colectivas como Antología de las mejores poesías de amor en lengua castellana, con selección y prólogo del académico Luis María Ansón, deja el nuevo paso en el amplio camino del  Premio Adonais, con el accésit concedido a La deuda prometida, entrega publicada en 2022.
   En esa primera clave de afinidades y magisterios que conforman las citas encontramos dos itinerarios muy dispares: la solemnidad del Antiguo Testamento con una alusión al Deuteronomio, el libro que narra la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés; y el verbo confidencial, nacido desde el acontecer individual de Amalia Bautista, un voz reflexiva e intimista que hace del tejido emotivo el centro cardinal del poema. Ambos textos acompañan la labor creadora de Félix Moyano junto al magisterio de Claudio Rodríguez, cualificado representante del ideario estético de la Generación del 50, un grupo literario donde es nota diferencial la presencia continua de la memoria en los estratos temáticos.
    El tramo de arranque “Libro Primero: de todo lo visible” propone una reelaboración de la experiencia real; contrasta el pensamiento del sujeto real con un entorno mudable que adquiere de inmediato un fondo simbólico: si el sonido alborotado del tambor de la lavadora en la colada recuerda el temblor del mar y sus palpitaciones, el tacto limpio de la ropa en el cuerpo ha de ser provisional, dispuesto al último latido cuando llegue la ausencia. Partir es esa deuda prometida que conforma nuestra vocación de nómadas en la búsqueda del destino final. Lo recuerda el poema “Concesiones”: “A cambio de esta deuda prometida / no hay principio, ni fin, cielo ni tierra: / nada, plenitud sola / mortal como el deseo de las rocas, / pero deseo hasta el fin que nunca cede.”.
  Cada etapa vital necesita un entorno. Y en los poemas de Félix Moyano respira la cronología del momento. Son textos que incorporan una dicción digital que adquiere de inmediato un aire de normalidad y convivencia; los neologismos son parte del diálogo habitual: Black Friday, megabites, unexpected error, Skype, kickboxing o algunas plataformas digitales en el televisor conforman una semántica de tecnología y modernidad que no encuentra quiebras convivenciales con las palabras de uso común de los afectos o con el mosaico sentimental del poeta y los ineludibles ritos familiares. Pero la deuda, esa manera de nombrar la muerte, funciona como rastro visible del poemario. La conciencia de finitud está adherida a cada gesto, parece un cauce dispuesto a conducir las sombras.
  Se recuerda en la segunda sección del libro la gestación y presencia de lo invisible. Compone un espacio interior, otra ladera ajena a la realidad tangible que viaja por dentro de la conciencia hecha de sensaciones y carencias, de oquedades reflexivas  y hendiduras. En las composiciones prevalece un lenguaje directo, experiencial y comunicativo, en el que son perceptibles los hilos biográficos en la ambientación. El yo poético percibe al despertar el contraste entre el esplendor de lo real – ese pájaro que canta y abre la mañana- y las carencias físicas que muestra la propia desnudez, junto a las huellas ausentes de los que no están, o la firmeza de una fe que busca en el amor compañía y luz: “Qué extremaunción tu cuerpo, qué solar / más preciado. Alrededor de ti / cuánto escombro, qué luz sus expansiones. / Reflejo en carne viva, su materia.”. Directo y esencial en su escritura, La deuda prometida tiene como germen de escritura la mirada interior. Los poemas dan voz a un yo meditativo que busca, sin emboscaduras ni falsos consuelos, la certeza con luz de haber vivido.
 
JOSÉ LUIS MORANTE