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lunes, 4 de diciembre de 2023

GUILLERMO MARCOS REMÓN. PERDER EL TIEMPO

Perder el tiempò
Guillermo Marco Remón
Ediciones Isla Elefante
Palma de Mallorca, 2023

   

LA VOZ DE LOS RELOJES

   La trayectoria poética de Guillermo Marco Remón (Madrid, 1997), Ingeniero de Computadores y doctorando en Inteligencia Artificial, comienza con el poemario Otras nubes, accésit del Premio Adonais de 2018. Además ha participado en revistas y antologías y en 2023 fue becario de la Residencia de Estudiantes de Madrid.
  El poeta abre su nueva entrega Perder el tiempo con dos nombres de peso, Lucrecio y Fernando Pessoa. Las citas reivindican el afán observador del sujeto y su continua percepción de lo mudable, como si fuese necesario tejer recorridos indagatorios para llegar al conocimiento interior, a los sustratos que componen el yo. Un yo íntimo, cercano, confidencial, que hace de su palabra, como refrenda con hermosa textura el poema prologal “Resumen”, un espacio abierto; la existencia es reiterar pasos y erosiones, asumir que la realidad es desbroce y poda y que conviene interiorizar la certeza de que el yo protagoniza una continua despedida.
  En cada ser habita la extrañeza, una multiplicidad de estados que va perdiendo contornos en el devenir. Son los pliegues del discurrir, o como refrenda el título de la sección inicial: las “Maneras de relacionarse con el tiempo”. En Guillermo Marco Remón queda patente que lo cotidiano es una referencia temporal definitoria. Añade al registro conversacional intimista instantáneas, nombres propios,  imágenes de la memoria que anulan la soledad y el desamparo de estar a solas con el latir del tiempo. Se plasman en los poemas secuencias íntimas, filtradas por el tiempo, no con un mero afán enunciativo sino con ese punto de asombro que concede a lo diario ventanas a la imaginación.
  La poesía admite la participación activa del lector que completa el poema, como sucede en “Paternalismo”, un texto que admite varias versiones al rellenar los huecos que el autor deja en los versos. Hay palabras que nacen entre la sombra, que buscan habitar la ausencia con la desnudez pactada del intimismo. El paisaje se interioriza y crea su propio espacio interpretativo para servir de marco a instantes memorables del pasado; contemplar es apropiarse de colores y formas, buscar itinerarios visuales con orientación pactada.
   La amistad y el amor confluyen como continuos vértices de reflexión, como nidos de indagaciones y paradojas que en su hondura poética acercan el caminar biográfico y las tramas argumentales. El cauce vivencial está ahí, frágil y amarillento como una hoja otoñal,  y exige reflexionar sobre la propia escritura, como aseveran los versos del poema “Huyendo de la crítica”: “Y sigo caminando mientras doy vueltas… si habré hecho bien en abandonar toda formalidad, / en tender hacia la prosa, / en disfrutar de las rimas espontáneas y feas y precisas, / en haber mitificado la juventud siendo un niño viejo, / en fingir pessoanamente tanto lo que soy”.
   Desde Otras nubes hasta Perder el tiempo la voz poética de Guillermo Marco Remón ha perdido carga sentimental en la reelaboración del periplo existencial y se ha decantado más por la autoafirmación del hablante lírico, por la fuerza de una voz hecha desde la lucidez y la indagación. Por eso los textos necesitan un mayor desarrollo enunciativo y un espacio para el recorrido pensante. Se fue un tiempo auroral y cada vez queda menos de la infancia; quien se mira en la caligrafía confidencial del diario apenas se reconoce y se cambia el hábito de jugar por las tareas cotidianas; pasó la juventud y en el silencio fue madurando una poblada cosecha de certezas que concede al tiempo el primer plano, una continua presencia substancial.
  El breve conjunto “Un domingo a solas” focaliza el tiempo en mínimos objetos cotidianos; la silla no cobija, es una incógnita que exige buscar la postura y responder a las preguntas de la convivencia. Cada vez se hace más fuerte la sensación de soledad e intemperie, ese cálido hueco de la ausencia que invita al estar sedentario.
   El amor, con sus matices de nostalgia, evocación y melancolía, cobra un primer plano en “Me quedaría aquí” para buscar aquellos destellos a resguardo del primer beso o de las instantáneas que cobija el recuerdo y que salen al aire, como una cometa en vuelo. Pero el tiempo dispone su estrategia y convierte el suelo fértil de los sentimientos en un lugar donde habita el olvido. La realidad se llena, tras el quedo rumor de las palabras, de una historia en pasado, de un texto con erratas que solo el tránsito puede corregir.
   Queda la ausencia, un aire frío que entumece las manos y que pone en las palabras el epitelio de la despedida. Recordar es una manera de dar sentido al regreso, de pensar que todo sucedió hace mucho tiempo, en la lejanía de un estar compartido. Perder el tiempo hace de la escritura evocación y olvido. Una ventilación del cuarto propio que puso evocaciones en las estanterías para que las palabras se ordenaran y aprendieran a caminar a solas.
 

JOSÉ LUIS MORANTE


 

jueves, 30 de marzo de 2023

GUILLERMO MARCO REMÓN. PERDER EL TIEMPO

Perder el tiempo
Guillermo Marco Remón
Editorial Isla Elefante
Palma de Mallorca, 2023

  

LA VOZ DE LOS RELOJES

 

   La trayectoria poética de Guillermo Marco Remón (Madrid, 1997), Ingeniero y doctorando en Inteligencia Artificial, se dio a conocer con el consistente poemario Otras nubes, accésit del Premio Adonais de 2018.  En su avance por la literatura, ha participado en revistas y antologías que muestran su evolución pertinente y en 2023 es becario de la Residencia de Estudiantes de Madrid.
  El poeta revitaliza su nueva entrega Perder el tiempo con dos nombres de peso, Lucrecio y Fernando Pessoa. Las citas reivindican el afán observador del sujeto y su continua percepción de lo mudable, como si fuese necesario  adentrarse en recorridos indagatorios, desde la realidad inmediata, para llegar al conocimiento interior, a los sustratos que componen la identidad del yo. Un hablante verbal íntimo, cercano, confidencial, que hace de su palabra, como refrenda con hermosa textura el poema prologal “Resumen”, un espacio abierto; la existencia es reiterar pasos y erosiones, asumir que la orfandad del solitario es desbroce y poda, depuración emotiva y que conviene interiorizar la certeza de que lo cotidiano filtra una continua despedida.
  En cada ser habita la extrañeza, una multiplicidad de estados que va perdiendo contornos en el devenir. Son los pliegues del discurrir, o como refrenda el título de la sección inicial: las “Maneras de relacionarse con el tiempo”. En Guillermo Marco Remón queda patente que la contingencia es una referencia temporal definitoria. Añade al registro conversacional instantáneas cotidianas, nombres propios,  imágenes de la memoria que anulan la soledad y el desamparo de estar con el latir del tiempo. Se plasman en los poemas secuencias íntimas, alusiones tamizadas por el transitar, no con un mero afán enunciativo sino con ese punto de asombro connatural a lo cotidiano que pone ventanas a la imaginación.
  La poesía admite la participación activa del lector que completa el poema, como sucede en “Paternalismo”, un texto que admite varias versiones al rellenar los huecos que el autor deja en los versos. Hay palabras que nacen entre la sombra, que buscan habitar la ausencia con la desnudez pactada del intimismo. El paisaje se interioriza y crea su propio espacio interpretativo para servir de marco a instantes memorables del pasado; contemplar es apropiarse de colores y formas, buscar itinerarios visuales con una orientación pactada.
   La amistad y el amor confluyen como continuos vértices de reflexión, como nidos de indagaciones y paradojas que en su hondura poética acercan el caminar biográfico y las tramas argumentales. El cauce vivencial está ahí, frágil y amarillento como una hoja otoñal. Exige reflexionar sobre la propia escritura, como aseveran los versos del poema “Huyendo de la crítica”: “Y sigo caminando mientras doy vueltas… si habré hecho bien en abandonar toda formalidad, / en tender hacia la prosa, / en disfrutar de las rimas espontáneas y feas y precisas, / en haber mitificado la juventud siendo un niño viejo, / en fingir pessoanamente tanto lo que soy”.
   Desde Otras nubes hasta Perder el tiempo la voz poética de Guillermo Marco Remón ha perdido carga sentimental en la reelaboración del periplo existencial y se ha decantado más por la autoafirmación del hablante lírico, por la fuerza de una voz hecha desde la lucidez y la indagación interior. Por eso los textos necesitan un mayor desarrollo enunciativo y un espacio digresivo. Se fue un tiempo auroral y cada vez queda menos de la infancia. Quien se mira en la caligrafía confidencial del diario apenas se reconoce y se cambia el hábito de jugar por las tareas cotidianas; pasó la juventud y entre los pasos del silencio fue madurando una poblada cosecha de certezas que concede al tiempo el primer plano, una continua presencia substancial.
  El breve conjunto “Un domingo a solas” focaliza el tiempo en mínimos objetos cotidianos; la silla no cobija, es una incógnita que exige buscar la postura y responder a las preguntas de la convivencia. Cada vez se hace más fuerte la sensación de soledad e intemperie, ese cálido hueco de la ausencia que invita al estar sedentario.
  El amor, con sus matices de nostalgia, evocación y melancolía, cobra un primer plano en “Me quedaría aquí” para buscar aquellos destellos a resguardo del primer beso o de las instantáneas que cobija el recuerdo y que salen al aire como una cometa en vuelo. Pero el tiempo dispone su estrategia y convierte el suelo fértil de los sentimientos en un lugar donde habita el olvido. La realidad se llena, tras el quedo rumor de las palabras, de una historia en pasado, de un texto con erratas que solo el tiempo puede corregir.
   Queda la ausencia, un aire frío que entumece las manos y que pone en las palabras el epitelio de la despedida. Recordar es una manera de dar sentido al regreso, de pensar que todo sucedió en un ayer lejano, en el terreno yermo de un estar compartido. Perder el tiempo hace de la escritura evocación y olvido. Una ventilación del cuarto propio que puso briznas consumidas en las estanterías para que las palabras se ordenaran y aprendieran a caminar a solas.
 

JOSÉ LUIS MORANTE 



martes, 24 de marzo de 2020

DIEGO MEDINA POVEDA. TODO CUANTO ES VERDAD

Todo cuanto es verdad
Diego Medina Poveda
Accésit del Premio Adonais, 2019
Ediciones RIALP. S. A.
Madrid, 2020


EL DESIERTO  DE ESTAR


   Desde su inicio creador, en 2009, con la carta de presentación Urbana Babel Diego Medina Poveda (Málaga, 1985), Licenciado en Filología Hispánica, Becario en 2014 en el Área de Publicaciones de la Biblioteca Nacional y Máster en Estudios Literarios, impulsa un caminar de producción sostenida, en un laborar reconocido con distintos premios. Con su entrega Todo cuanto es verdad obtuvo el accésit del Adonais, cuando consiguió el Premio María Elena Higueruelo con el libro Los días eternos.
   Todo cuanto es verdad toma su título de un mínimo fragmento de Séneca, contenido en Epístolas a Lucilio, que sirve de umbral al paisaje de composiciones. La cita deja en su semántica un rumor reflexivo, de exploración, como si alentara, más allá de algunas circunstancias biográficas, un criterio selectivo de búsqueda y conocimiento. El primer apartado “Mudanza” suma también un fragmento de Fray Luis de León ante el carácter cambiante y transitorio de lo real. El poema ofrece planos situacionales en los que se insertan pensamientos introspectivos y reflexiones sobre experiencias concretas. El sujeto verbal emplea la primera persona para reforzar la complicidad de la confidencia. Así lo percibimos en el excelente texto de apertura “Ropa limpia”: “HE optado por callarme, pero el eco / retumba tan profundo en las paredes, / que creo que es mi pensamiento / la voz de su blancura. / Cosa de locos / que escuchen las paredes a los cuerdos”. Así nace la idea de una ficción autobiográfica que condensa, con prolijo aporte de detalles, la dialéctica entre entorno y sujeto. El primero establece un entrelazado de cambios que aseveran la temporalidad o los puntos de punto de fuga que ponen espejismos en lo diario. El poema “Vigorexia” maneja la ironía con destreza para definir la nadería muscular del ejercicio físico como única meta personal y contrapone ese modo de estar con la soledad punzante de quien escribe esos monólogos que el poema pronuncia inadvertido.
   “El viaje”, poema de cierre de este tramo inicial puede entenderse como una poética que alude a la función catártica de la poesía y a la hondura de su significado, nunca definidas con plenitud, nunca evidentes. Toma como estela argumental una conocida composición de Cavafis que reitera algunos tópicos de uso frecuente: no hay nada nuevo bajo el sol  o esa terquedad de la historia para repetir huellas conocidas. Pero el final anticlimático anula de inmediato cualquier dogmatismo.   
   En el segundo apartado “Geografía del abandono” se yuxtaponen referentes diversos para hacer una lectura del presente a través de distintas situaciones que dejan en su desarrollo la textura de lo cotidiano. Contiene excelentes composiciones como “Deshaucio”, con un cierre rotundo: “Vivimos en la antítesis de un verbo / que muchos años antes se empleó /   para hablar de esperanza”. También cobra un fuerte significado afectivo,  para el estar del sujeto que se define por lo contingente el poema “Charcos”, cuyas imágenes crean esos trazos oscuros que humedece el discurrir temporal. Y es muy expresiva la queja reflexiva que formula el poema “Reciclaje”, donde el entrelazado de imágenes aventa una lectura simbólica.
   Del mismo modo, otros poemas parecen hechos de tramas autónomas. Sirven de cobijo al homenaje, como “Perspectiva del Sena”, en torno a Paul Celan, o hacen de las sensaciones que depara un encuentro fortuito una meditación sobre el fluir del tiempo.
    Todo cuanto es verdad muestra la caligrafía variable de un cuaderno de viaje existencial; en sus páginas la identidad paga el diezmo de la incertidumbre y los pasos sobre una superficie de certezas líquidas que deja sensaciones de soledad y desamparo. La palabra constata el tacto frío de la realidad, esa geografía de contraluces que  requiere siempre el callado resguardo del poema.

miércoles, 3 de abril de 2019

GUILLERMO MARCO REMÓN. OTRAS NUBES

Otras nubes
Guillermo Marco Remón
Accésit Premio Adonais, 2018
Ediciones Riaps. S. A.
Madrid, 2019



AURORA


   La trayectoria poética de Guillermo Marco Remón (Madrid, 1997), estudiante de Ingeniería de Computadores y de Lengua y Literatura Españolas,  comienza de forma fulgurante con el poemario Otras nubes, accésit del Premio Adonais 2018. Es su primer fruto literario, aunque ha participado en iniciativas culturales universitarias, tiene en cartera otros dos poemarios, que forman parte de su etapa de aprendizaje, y coordina el programa de radio de Campus Sur, enfocado a la entrevista a fondo a personalidades relevantes de la cultura actual.
 Alguna vez el joven poeta afincado en Rivas-Vaciamadrid, municipio de amplia tradición literaria, ha comentado su predilección por el experimentalismo lingüístico de Ramón Gómez de la Serna; resulta coherente que ilumine esta amanecida con una cita del autor de Automoribundia (1888-1948). De ella procede el título “… mirando unas piedras y escribiendo de otras cosas, de otros paisajes, de otras nubes”. El yo poético reivindica con ese aserto el afán observador y el estar junto a lo mudable, como si fuese necesario tejer recorridos indagatorios para llegar al conocimiento interior, a los sustratos que componen el yo.
  En cada ser habita la extrañeza, una multiplicidad de estados que va perdiendo contornos en el devenir. No resulta raro, por tanto, esa búsqueda del yo desdoblado que alumbra en el primer poema, “A Guillermo para que vuelva”. Recuerda aquella insólita travesía de los espejos que asumiera la Alicia de Lewis Carrol. En esa primera composición también queda patente un cierto registro irónico “(crepúsculo tiene las mismas sílabas / pero el peso de un lector afectado)” y la convivencia entre un lenguaje de un registro conversacional intimista, con rupturas de sentido e imágenes que dan vuelo al poema y anulan la mudez de lo previsible.
  Se plasman en los poemas secuencias íntimas, filtradas por el tiempo. No con un mero afán enunciativo sino con ese punto de asombro que concede a lo cotidiano una ventana a la imaginación. De este modo, el párvulo que tanteaba ojales de su uniforme en el jardín de infancia es capaz de enseñar a una percha cómo abotonar su oscura quietud en el armario, o se descubre en el interior de un juguete la voz de un niño perdido en el mapa de la memoria.
  La poesía es mágica porque salva a las sensaciones del territorio plano del olvido o de esos derrumbes inadvertidos que van acumulando los días del pasado. Desde ese lado del tiempo regresa la anotación del diario de Adriana que subraya “¿Por qué me haces esto” o cobra forma el rostro de la abuela cantando estribillos, y se hace presente la nostalgia por Cuzco, un animal doméstico mirando con los ojos lejanos de quien ya no está, aunque perdure intacta la tranquila tarde del paseo por el olivar o las calles de las urbanizaciones.
   Vivir es aceptar también que el barco de papel se deshace en el agua y pone serio al mirar puro que enuncia su naufragio. El pasado está ahí, dando sentido a las raíces del ahora, y es el lenguaje del poema quien se ocupa de capturar de nuevo esos instantes que se marcharon un día como hijos pródigos.
   La poesía de Guillermo Marco Remón retiene en la geografía del poema los ecos de lo biográfico. Es una reelaboración del periplo existencial, hecha desde la lucidez, el onirismo y la ternura. En ella se abrazan el propio sentir y la cercana presencia del entorno afectivo. Abre las manos con esperanza, para guardar en ellas la inadvertida estela de los días, “el dócil sonido de papel que confirma un verso y  / una vida”

JOSÉ LUIS MORANTE