Mostrando entradas con la etiqueta Ediciones Rialp. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ediciones Rialp. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de abril de 2026

DESDE RIVAS

Senda y memoria
(Rivas Vaciamadrid, 2026)
Fotografía
 de
Adela Sánchez Santana
 

 

DESDE RIVAS


Aquí pierdo la voz, contemplo Rivas,
un nombre propio escrito en el asfalto,
un árbol que resguarda la memoria,
pulcra ciudad de espacios habitables,
igual y diferente a cualquier sitio.
Cada jornada intento sin demora
la gesta cotidiana de aventar
el cansancio de los días comunes,
mientras, bruñida y frágil, a lo lejos
una luna de plata abre la noche,
dibuja su contorno en el regazo
del cielo envejecido de Madrid.
Crece la sed aquí, varado en Rivas;
busco en vano la esencia de las cosas,
acumulo renuncias e inquietudes
y despide mi mano el tren vacío
de la vida que parte, no sé dónde.

     

        (Del libro  Largo recorrido, 2001)
Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz  



martes, 25 de marzo de 2025

MARCOS NOGALES. SALTO DE FE

Salto de fe
Marcos Nogales
Accésit Premio Adonáis, 2024
Ediciones Rialp
Madrid, 2025

 

DESVELOS


  Comienza la travesía lírica de Marcos Nogales (Móstoles, Madrid, 1994), graduado en periodismo y colaborador de cultura en diferentes publicaciones digitales, con el poemario Salto de fe, reconocido con un accésit del Premio Adonais de 2024 “por su capacidad para integrar el humor y la emoción en una poesía cercana y transparente y con un marcado tono generacional”, según el juicio crítico de un jurado formado por excelentes poetas y cualificados representantes de la línea clara como Eloy Sánchez Rosillo, Amalia Bautista, Julio Martínez Mesanza, Aurora Luque, Enrique García-Maíquez y Carmelo Guillén Acosta.
  El poeta abre su entrega Salto de fe con emotivas dedicatorias a quienes conforman la esencial compañía afectiva en el caminar por lo cotidiano. Ellos son los que estimulan e inspiran; los referentes vocacionales que necesita el intento de transcender emociones y pensamientos y buscar  el núcleo germinal de la existencia. De igual modo, las dos citas de Ana Merino y Óscar García Sierra reivindican el tanteo reflexivo del protagonista verbal, siempre observador del entorno  en su continua percepción de la incertidumbre y lo mudable. El transcurso de la temporalidad teje desplazamientos indagatorios para acercarse al conocimiento interior, a los estratos que componen la arquitectura fuerte de la identidad y su continua siembra de interrogantes.
   Desde los primeros versos, escuchamos la voz de un yo presencial, cercano, confidente, que hace de su palabra una manera de buscar y estar atento a lo que pasa. La existencia reitera pasos y recuerdos. Asume que la realidad es desbroce y poda; expansión y repliegue. Quien percibe, engulle dentro para dar significado a tantos paisajes de ida y vuelta. Llegan aleatorias ráfagas de luces y sombras y conviene acumular espejismos y sueños; la encubierta certeza de que el yo es población activa de un deambular hacia el crepúsculo de la finitud. Pero no hay quejas, sino un estar casi celebratorio que emparenta lo contingente de las aceras cotidianas con la memoria cultural del testimonio bíblico. Retornan Moisés y sus mandamientos, Jesús en el huerto de los olivos, las bodas de Caná, o Lázaro resucitado. El yo verbal se viste de ropa de calle, con la esperanza de encontrar en la casa del pensamiento consejos, similitudes y espirales para moldear y afianzar los sentimientos. Quien oye el aletear de la vida hace del amor, no un recuerdo, sino una vivencia que amalgama el ser y estar, una mirada circular que impregna cada percepción.
  En el acto de ser habita la extrañeza, una multiplicidad de estados de ánimo. El latir de los días va percibiendo las erosiones de seres cercanos y las deudas afectivas con muros firmes como la madre, tan presente en el poema “Acotaciones”. También afloran en los versos los contornos generacionales dictados por la precariedad laboral, que conectan Salto de fe con las preocupaciones estéticas de otros poetas que ya son coordenadas centrales de su promoción literaria como Rocio Acebal. También las incertidumbres de la fe son pliegues del discurrir argumental y sus posibilidades expresivas.
  El material lírico explora las posibilidades del registro conversacional. Figurativo y cercano, incorpora instantáneas e imágenes de la memoria, que buscan, en la monotonía de lo previsible, destellos de asombro y esperanza. Su carga sentimental enuncia la claridad transparente del mediodía; caligrafía respuestas que plasman en los poemas secuencias habitables, no con un mero afán enunciativo sino con el empuje de que al menos, en la habitación con vistas de las palabras, los cristales reflejen trinos y pájaros.



JOSÉ LUIS MORANTE


 


miércoles, 12 de marzo de 2025

ESTACIÓN DE PASO

Fregeneda (Salamanca)



ESTACIÓN DE PASO

Esta estación recien inaugurada
de sillares compactos, milenarios,
desliza su mirada en el invierno,
pasa revista al cuerpo diplomático
de las nieves y fríos de diciembre.
El estricto recinto no seduce,
exige pasajeros de etiqueta,
un protocolo de solemnes ritos,
el zoco abierto de la cortesía.
Esta estación restringe el auditorio,
es reverso de la hospitalidad.
Sus andenes no acogen, estimulan
las heridas de arena del viajero,
son una invitación para el exilio.

    (Del libro Largo recorrido, Rialp. 2001,
Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz)




domingo, 29 de diciembre de 2024

DESDE RIVAS

Cortados de El Piul
Rivas Vaciamadrid, Madrid
Fotografía
Ayuntamiento de Rivas



DESDE RIVAS

Aquí pierdo la voz, contemplo Rivas,
un nombre propio escrito en el asfalto,
ur árbol que resguarda la memoria,
pulcra ciudad de espacios habitables,
igual y diferente a cualquier sitio.
Cada jornada intento sin demora
la gesta cotidiana de aventar
el cansancio de los días comunes,
mientras, bruñida y frágil, a lo lejos
una luna de plata abre la noche,
dibuja su contorno en el regazo del cielo de Madrid.
Crece la sed aquí, varado en Rivas,
busco en vano la esencia de las cosas,
acumulo renuncias e inquietudes
y despide mi mano el tren vacío
de la vida que parte, no sé dónde.

    (De Largo recorrido, 2001)

lunes, 12 de febrero de 2024

JUAN DE YEPES

San Juan de la Cruz
(Fontiveros, Ávila)

 

 
JUAN DE YEPES
 
Las purgas arbitrarias del Calzado
me sumergen aquí, cárcel extraña,
áspero techo bajo de zaguán,
cisterna que sepulta mi alegría,
asedio de tapiales toledanos.
 
Vierte la madrugada su misterio
 y abruma una vigilia de ojos grises.
A tientas me visitan los recuerdos;
tornan desperdigadas, vulnerables,
imágenes de infancia y juventud:
la planicie otoñal de Fontiveros
en el sofoco de las rastrojeras;
el cardo, mancillando los majuelos;
el silbo del pastor en la vaguada...
Cobertizos de adobes y bardales
forman los arrabales de Medina;
en su insignificancia sobreviven.
 
Hubo lluvias y panes de cebada,
amanecidas de tenaz ayuno
y polvaredas sobre el pedregal.
No olvidaré tampoco a los maestros;
enseñanzas a la luz del candil
de Cicerón, Virgilio y Tito Livio
bajo la docta voz de Bonifacio.
Vagué escindido en la ciudad del hombre,
al margen de conflictos y disputas.
Acíbar en las aulas salmantinas,
ternura en Sebastián y Garcilaso,
y en el magno Cantar de los Cantares.
 
Otra vez en Medina. Grato encuentro,
Teresa de Cepeda, mujer libre,
rapto de fortaleza, compromiso
de fe, curtido temple reformista
que desplegó las alas del Carmelo.
Teresa de Jesús, ¡vasta memoria!
¡qué plenitud de dones imborrables!
 
Morosa nieve matutina
abrazando los yermos de Duruelo,
austera reclusión originaria
que generó los frutos de Mancera...
 
Porque bajo el techado más sombrío
el pensamiento se conforma libre,
siento el mínimo roce de unos versos.
Cada noche se afirman sin desmayo,
como si los forjara la impaciencia.
En su maduración hallo consuelo:
 
Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
Aunque es de noche.
 
Aquella eterna fonte está escondida,
Qué bien sé yo do tiene su manida,
Aunque es de noche...
 
La soledad multiplica mis rostros,
las indelebles huellas del pasado.
Pongo término a más ensoñaciones
que sugieren gravosa vanidad.
Se congrega el azul en la aspillera.
El nuevo día me dará quietud.
Si no encuentra sosiego mi cansancio
que desoiga mi sed la llamada del limo,
que la oración me ciña transparencia
y tome posesión de los sentidos.

     (Del libro Largo recorrido, 2001)


 
 

sábado, 17 de diciembre de 2022

SAN JUAN DE LA CRUZ

San Juan de la Cruz
(Ávila) 

 

JUAN DE YEPES
 
Las purgas arbitrarias del Calzado
me sumergen aquí, cárcel extraña,
áspero techo bajo de zaguán,
cisterna que sepulta mi alegría,
asedio de tapiales toledanos.
 
Vierte la madrugada su misterio
 y abruma una vigilia de ojos grises.
A tientas me visitan los recuerdos;
tornan desperdigadas, vulnerables,
imágenes de infancia y juventud:
la planicie otoñal de Fontiveros
en el sofoco de las rastrojeras;
el cardo, mancillando los majuelos;
el silbo del pastor en la vaguada...
Cobertizos de adobes y bardales
forman los arrabales de Medina;
en su insignificancia sobreviven.
 
Hubo lluvias y panes de cebada,
amanecidas de tenaz ayuno
y polvaredas sobre el pedregal.
No olvidaré tampoco a los maestros;
enseñanzas a la luz del candil
de Cicerón, Virgilio y Tito Livio
bajo la docta voz de Bonifacio.
Vagué escindido en la ciudad del hombre,
al margen de conflictos y disputas.
Acíbar en las aulas salmantinas,
ternura en Sebastián y Garcilaso,
y en el magno Cantar de los Cantares.
 
Otra vez en Medina. Grato encuentro,
Teresa de Cepeda, mujer libre,
rapto de fortaleza, compromiso
de fe, curtido temple reformista
que desplegó las alas del Carmelo.
Teresa de Jesús, ¡vasta memoria!
¡qué plenitud de dones imborrables!
 
Morosa nieve matutina
abrazando los yermos de Duruelo,
austera reclusión originaria
que generó los frutos de Mancera...
 
Porque bajo el techado más sombrío
el pensamiento se conforma libre,
siento el mínimo roce de unos versos.
Cada noche se afirman sin desmayo,
como si los forjara la impaciencia.
En su maduración hallo consuelo:
 
Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
Aunque es de noche.
 
Aquella eterna fonte está escondida,
Qué bien sé yo do tiene su manida,
Aunque es de noche...
 
La soledad multiplica mis rostros,
las indelebles huellas del pasado.
Pongo término a más ensoñaciones
que sugieren gravosa vanidad.
Se congrega el azul en la aspillera.
El nuevo día me dará quietud.
Si no encuentra sosiego mi cansancio
que desoiga mi sed la llamada del limo,
que la oración me ciña transparencia
y tome posesión de los sentidos.

(Del libro Largo recorrido, Premio Internacional de Poesía
San Juan de la Cruz, Rialp, 2001)
 

miércoles, 16 de noviembre de 2022

RAFAEL SOLER. LOS SITIOS INTERIORES

Los sitios interiores
Rafael Soler
Cuadernos de la Errantía
Madrid, 2022
(1ª edición, Adonais, 1980)

 

AMANECIDA


   Siempre percibo en la poesía de Rafael Soler (Valencia, 1947) una significativa inclinación a la textura formal del texto y una lúcida conciencia para enlazar intimismo biográfico y temporalidad. Así se constata en los más de cuarenta años de vocación literaria compilados en el volumen Vivir es un asunto personal. Poesía 2021), itinerario creador que integra seis poemarios y que se completa con una densa obra narrativa que aglutina dos colecciones de relatos y seis novelas.
  El joven proyecto editorial Cuadernos de la Errantía recupera Los sitios interiores, una entrega cuya primera edición en Rialp apareció en 1980. La reedición, con ilustraciones de portada de Raúl Nieto de la Torre y Melissa Dillon, revisada y corregida, añade un pórtico epistolar que el poeta se dirige a sí mismo para evocar el largo tiempo transcurrido desde aquel primer viaje a la poesía. Luz de estreno, evocación, memoria de un tiempo que cumple su papel de ser testigo existencial. Entonces el poeta estrenaba voz y ahora mantiene su inalterable tono, como si las manos del tiempo no hubieran tenido el privilegio de erosionar nada. Poesía de amanecida que retorna con paso fuerte para constatar la certeza de estar vivo y de pedir la voz y la palabra.    
   El subtítulo del poemario Sonata urgente alude al procedimiento compositivo del libro y a su estructura argumental. Rafael Soler recobra el modelo clásico de la pieza musical y agrupa las composiciones en seis movimientos: Molto vivace, Alegro moderato, Intermezzo, Adagio, Andante y Largo y pianissimo sempre con un poema recapitulatorio final, a modo de epitafio conclusivo: “Hay que ser lo que se es o no ser nada”.
   Quien sale de amanecida tiene prisa. Elige al interpretar el decurso temporal una velocidad “Molto vivace”, como si el tiempo estuviese dispuesto a una consumación urgente, donde amoldar sentimientos y afectos, ese amor limpio y diáfano de la primera luz que tiene la piel de manzana de los días de infancia. Llama la atención en este tramo del libro el desafío ortográfico, esa libertad que busca en la grafía aleatoria de algunas palabras una reafirmación de lo subjetivo, del yo afirmándose en el propio discurso de su conciencia.
   La sección “Allegro Moderato” concede un paso tranquilo a los recuerdos. Otra vez en la memoria la realidad se pierde en el imaginario de la fantasía para transformar al sujeto en personaje de tebeo que lucha a trasmano con las obligaciones impuestas por la disciplina escolar. Quien explora los sitios interiores descubre al niño asomado en el tiempo y descubre también el fuego en las entrañas de la plenitud amorosa. Pero acecha cerca un fondo oscuro y un largo historial de soledades, donde se pierde la música y llega el frio de quien no supo guardar su fértil patrimonio entre las manos.
   La existencia entonces parece un Intermezzo, un estar al margen, en torno un mundo bajo llave que se va difuminando en el tiempo, haciendo de la evocación un laberinto de  idas y regresos. El paisaje ratifica también su percusión afectiva; así sucede con enclaves como Torre Ambolo, en Jávea, o las alturas mediterráneas del Montgó, o el mismo mar, dormido en sus azules. Su callada quietud ratifica el incansable laborar del tiempo y sus incontenibles mutaciones.
    Los cinco poemas que componen el apartado Adagio recrean la deriva del yo, ese paso furtivo de quien continúa desvelando paisajes de la memoria. Un largo viaje por rutas interiores, siempre con la brújula de la nostalgia y con la ilusión de comenzar de nuevo un tiempo compartido. Todo el apartado recrea un largo soliloquio derramado, ese empeño testimonial de poner fin a esa guerra perdida de poner sentido a la existencia.
   El desgarro interior de un tiempo frágil no se mitiga en la sección “Andante”. El sujeto lírico asume un proceso de despojamiento y vigilia en el que la ausencia supone un brusco desplome, un grito elegíaco de quien se despide con un largo adiós. Rafael Soler echa el cierre de un libro intenso, oscuro y cercano al magisterio de Vallejo, con el apartado Largo e pianissimo sempre, como un epílogo conclusivo que traza la coherencia del yo en el laberinto del tiempo. Otra vez la indagación introspectiva en el mapa atemporal de la memoria y la pulsión del estar enamorado como única razón de vida, como brújula con luz para el regreso.

JOSÉ LUIS MORANTE


  

miércoles, 25 de mayo de 2022

FÉLIX MOYANO. LA DEUDA PROMETIDA

La deuda prometida
Félix Moyano
Accésit del Premio Adonais 2021
Ediciones Rialp
Madrid, 2022

 

ÚLTIMO VIAJE

 
 
   Nacido en Córdoba en 1993, Félix Moyano se incorpora al cauce poético contemporáneo en 2017 al ganar el Premio de Poesía Valparaíso con su libro de amanecida Insostenible. Comienza así un recorrido que añade entrega en 2019, Los amores autómatas, reconocido con el Premio Andaluz de Poesía “Villa de Peligros”. El periplo creador personal, ya presente en algunas muestras colectivas como Antología de las mejores poesías de amor en lengua castellana, con selección y prólogo del académico Luis María Ansón, deja el nuevo paso en el amplio camino del  Premio Adonais, con el accésit concedido a La deuda prometida, entrega publicada en 2022.
   En esa primera clave de afinidades y magisterios que conforman las citas encontramos dos itinerarios muy dispares: la solemnidad del Antiguo Testamento con una alusión al Deuteronomio, el libro que narra la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés; y el verbo confidencial, nacido desde el acontecer individual de Amalia Bautista, un voz reflexiva e intimista que hace del tejido emotivo el centro cardinal del poema. Ambos textos acompañan la labor creadora de Félix Moyano junto al magisterio de Claudio Rodríguez, cualificado representante del ideario estético de la Generación del 50, un grupo literario donde es nota diferencial la presencia continua de la memoria en los estratos temáticos.
    El tramo de arranque “Libro Primero: de todo lo visible” propone una reelaboración de la experiencia real; contrasta el pensamiento del sujeto real con un entorno mudable que adquiere de inmediato un fondo simbólico: si el sonido alborotado del tambor de la lavadora en la colada recuerda el temblor del mar y sus palpitaciones, el tacto limpio de la ropa en el cuerpo ha de ser provisional, dispuesto al último latido cuando llegue la ausencia. Partir es esa deuda prometida que conforma nuestra vocación de nómadas en la búsqueda del destino final. Lo recuerda el poema “Concesiones”: “A cambio de esta deuda prometida / no hay principio, ni fin, cielo ni tierra: / nada, plenitud sola / mortal como el deseo de las rocas, / pero deseo hasta el fin que nunca cede.”.
  Cada etapa vital necesita un entorno. Y en los poemas de Félix Moyano respira la cronología del momento. Son textos que incorporan una dicción digital que adquiere de inmediato un aire de normalidad y convivencia; los neologismos son parte del diálogo habitual: Black Friday, megabites, unexpected error, Skype, kickboxing o algunas plataformas digitales en el televisor conforman una semántica de tecnología y modernidad que no encuentra quiebras convivenciales con las palabras de uso común de los afectos o con el mosaico sentimental del poeta y los ineludibles ritos familiares. Pero la deuda, esa manera de nombrar la muerte, funciona como rastro visible del poemario. La conciencia de finitud está adherida a cada gesto, parece un cauce dispuesto a conducir las sombras.
  Se recuerda en la segunda sección del libro la gestación y presencia de lo invisible. Compone un espacio interior, otra ladera ajena a la realidad tangible que viaja por dentro de la conciencia hecha de sensaciones y carencias, de oquedades reflexivas  y hendiduras. En las composiciones prevalece un lenguaje directo, experiencial y comunicativo, en el que son perceptibles los hilos biográficos en la ambientación. El yo poético percibe al despertar el contraste entre el esplendor de lo real – ese pájaro que canta y abre la mañana- y las carencias físicas que muestra la propia desnudez, junto a las huellas ausentes de los que no están, o la firmeza de una fe que busca en el amor compañía y luz: “Qué extremaunción tu cuerpo, qué solar / más preciado. Alrededor de ti / cuánto escombro, qué luz sus expansiones. / Reflejo en carne viva, su materia.”. Directo y esencial en su escritura, La deuda prometida tiene como germen de escritura la mirada interior. Los poemas dan voz a un yo meditativo que busca, sin emboscaduras ni falsos consuelos, la certeza con luz de haber vivido.
 
JOSÉ LUIS MORANTE



 

martes, 24 de marzo de 2020

DIEGO MEDINA POVEDA. TODO CUANTO ES VERDAD

Todo cuanto es verdad
Diego Medina Poveda
Accésit del Premio Adonais, 2019
Ediciones RIALP. S. A.
Madrid, 2020


EL DESIERTO  DE ESTAR


   Desde su inicio creador, en 2009, con la carta de presentación Urbana Babel Diego Medina Poveda (Málaga, 1985), Licenciado en Filología Hispánica, Becario en 2014 en el Área de Publicaciones de la Biblioteca Nacional y Máster en Estudios Literarios, impulsa un caminar de producción sostenida, en un laborar reconocido con distintos premios. Con su entrega Todo cuanto es verdad obtuvo el accésit del Adonais, cuando consiguió el Premio María Elena Higueruelo con el libro Los días eternos.
   Todo cuanto es verdad toma su título de un mínimo fragmento de Séneca, contenido en Epístolas a Lucilio, que sirve de umbral al paisaje de composiciones. La cita deja en su semántica un rumor reflexivo, de exploración, como si alentara, más allá de algunas circunstancias biográficas, un criterio selectivo de búsqueda y conocimiento. El primer apartado “Mudanza” suma también un fragmento de Fray Luis de León ante el carácter cambiante y transitorio de lo real. El poema ofrece planos situacionales en los que se insertan pensamientos introspectivos y reflexiones sobre experiencias concretas. El sujeto verbal emplea la primera persona para reforzar la complicidad de la confidencia. Así lo percibimos en el excelente texto de apertura “Ropa limpia”: “HE optado por callarme, pero el eco / retumba tan profundo en las paredes, / que creo que es mi pensamiento / la voz de su blancura. / Cosa de locos / que escuchen las paredes a los cuerdos”. Así nace la idea de una ficción autobiográfica que condensa, con prolijo aporte de detalles, la dialéctica entre entorno y sujeto. El primero establece un entrelazado de cambios que aseveran la temporalidad o los puntos de punto de fuga que ponen espejismos en lo diario. El poema “Vigorexia” maneja la ironía con destreza para definir la nadería muscular del ejercicio físico como única meta personal y contrapone ese modo de estar con la soledad punzante de quien escribe esos monólogos que el poema pronuncia inadvertido.
   “El viaje”, poema de cierre de este tramo inicial puede entenderse como una poética que alude a la función catártica de la poesía y a la hondura de su significado, nunca definidas con plenitud, nunca evidentes. Toma como estela argumental una conocida composición de Cavafis que reitera algunos tópicos de uso frecuente: no hay nada nuevo bajo el sol  o esa terquedad de la historia para repetir huellas conocidas. Pero el final anticlimático anula de inmediato cualquier dogmatismo.   
   En el segundo apartado “Geografía del abandono” se yuxtaponen referentes diversos para hacer una lectura del presente a través de distintas situaciones que dejan en su desarrollo la textura de lo cotidiano. Contiene excelentes composiciones como “Deshaucio”, con un cierre rotundo: “Vivimos en la antítesis de un verbo / que muchos años antes se empleó /   para hablar de esperanza”. También cobra un fuerte significado afectivo,  para el estar del sujeto que se define por lo contingente el poema “Charcos”, cuyas imágenes crean esos trazos oscuros que humedece el discurrir temporal. Y es muy expresiva la queja reflexiva que formula el poema “Reciclaje”, donde el entrelazado de imágenes aventa una lectura simbólica.
   Del mismo modo, otros poemas parecen hechos de tramas autónomas. Sirven de cobijo al homenaje, como “Perspectiva del Sena”, en torno a Paul Celan, o hacen de las sensaciones que depara un encuentro fortuito una meditación sobre el fluir del tiempo.
    Todo cuanto es verdad muestra la caligrafía variable de un cuaderno de viaje existencial; en sus páginas la identidad paga el diezmo de la incertidumbre y los pasos sobre una superficie de certezas líquidas que deja sensaciones de soledad y desamparo. La palabra constata el tacto frío de la realidad, esa geografía de contraluces que  requiere siempre el callado resguardo del poema.

jueves, 30 de mayo de 2019

JOSÉ ALCARAZ. EL MAR EN LAS CENIZAS

El mar en las cenizas
José Alcaraz
Accésit Premio Adonais 2018
Ediciones Rialp S. A.
Madrid, 2019


HACIA LOS PÁJAROS


   Poeta, codirector con María del Pilar García de la editorial Balduque y profesor de Lengua Castellana y Literatura, José Alcaraz (Cartagena, 1983) es accésit del Premio Adonáis en la convocatoria de 2018 con su cuarta entrega El mar en las cenizas. El reconocimiento confirma la estela firme que proyecta el escritor murciano. Refrenda el alcance de su libros Edición anotada de la tristeza, que consiguió en 2013 el V Premio de Poesía Joven RNE y Vino para los náufragos, ganador en 2018 del XI Premio de Poesía Antonio Gala.
 El mar en las cenizas recurre al poema breve para dar voz a una escritura reflexiva que deja en su mirada un estar testimonial, ajustado al discurrir, hecho de ese misterio inadvertido que aposa lo diario. Las palabras tantean, se esfuerzan en dar voz a un silencio convertido en impulso vital. Preservan un resguardo misterioso del que afloran interrogaciones y palabras, como si el tiempo se justificase a sí mismo como simple tránsito. De ese itinerario nace una conciencia de finitud que empaña el epitelio de las cosas cercanas. El deambular tras el largo viaje integra en su esencia un puñado de sombras y ceniza.
  El poema también explora la naturaleza cambiante del yo, esa voz que habita dentro y se hace rincón y música, humedad y herida. El estar argumenta pasos en los que nunca se define una quietud conforme sino una búsqueda, un hollar inquieto entre los caminos cercanos de lo temporal: “Pasan los días / y ni una sola palabra escribo, / pero versos y versos / en blanco se suceden, / vacías y hermosas páginas / sin nada que importe / ni que temer”. Y en lo transitorio germina con fuerza un epitelio sentimental que hace del otro el puerto franco de plenitud, un puente  cuya cimentación no requiere ninguna materia extraordinaria sino un sustrato básico, previsible, cercano: “No es especial; / demasiado burdo para ella. / Si, tiene la piel clara, / a nadie cuestiona. / Muchas noches / damos solo una vuelta / mezclando risas y palabras: Nuestro único hogar / es el tiempo que pasamos juntos, le digo / y me abraza muy fuerte”. Desde esa mirada la soledad adquiere un sentido nuevo, ya no está lastrada por la finitud, es cielo que se expande hacia los pájaros, la transparencia del agua borrando la grisura de la ceniza.
  Uno de los veneros esenciales de El mar en las cenizas es el sustrato metaliterario, esa indagación exploratoria de la escritura en las estructuras profundas del pensamiento. La pulsión de las palabras no requiere más justificación que enlazar existencia y poesía: “Escribir / como si cada golpe de tecla / -cada contacto de la tinta en el papel- / fuera llevar el dedo a la llaga de la vida / para creer en ella una vez más”. Y en esa creencia caben distintas actitudes que se van entrelazando con la sencilla claridad del agua: la palabra es celebración y canto, pero también fe de vida y constancia del error que no busca la purificación sino el pulso sencillo de lo cotidiano, la presión justa del silencio y el reposo del tiempo.
   La palabra se despoja de aderezos retóricos para aflorar esencial y prístina, como esas charcas de montaña que tras el deshielo muestran su profundidad. Todo adquiere una dimensión reducida, se hacen habitantes tenaces de Liliput, como si cada mínima dimensión no fuese más que la formulación de una paradoja. El poema es una manera de calcular la grandeza, una semilla que busca tiempo para ser raíz y árbol, fronda y sombra.

    


 

miércoles, 3 de abril de 2019

GUILLERMO MARCO REMÓN. OTRAS NUBES

Otras nubes
Guillermo Marco Remón
Accésit Premio Adonais, 2018
Ediciones Riaps. S. A.
Madrid, 2019



AURORA


   La trayectoria poética de Guillermo Marco Remón (Madrid, 1997), estudiante de Ingeniería de Computadores y de Lengua y Literatura Españolas,  comienza de forma fulgurante con el poemario Otras nubes, accésit del Premio Adonais 2018. Es su primer fruto literario, aunque ha participado en iniciativas culturales universitarias, tiene en cartera otros dos poemarios, que forman parte de su etapa de aprendizaje, y coordina el programa de radio de Campus Sur, enfocado a la entrevista a fondo a personalidades relevantes de la cultura actual.
 Alguna vez el joven poeta afincado en Rivas-Vaciamadrid, municipio de amplia tradición literaria, ha comentado su predilección por el experimentalismo lingüístico de Ramón Gómez de la Serna; resulta coherente que ilumine esta amanecida con una cita del autor de Automoribundia (1888-1948). De ella procede el título “… mirando unas piedras y escribiendo de otras cosas, de otros paisajes, de otras nubes”. El yo poético reivindica con ese aserto el afán observador y el estar junto a lo mudable, como si fuese necesario tejer recorridos indagatorios para llegar al conocimiento interior, a los sustratos que componen el yo.
  En cada ser habita la extrañeza, una multiplicidad de estados que va perdiendo contornos en el devenir. No resulta raro, por tanto, esa búsqueda del yo desdoblado que alumbra en el primer poema, “A Guillermo para que vuelva”. Recuerda aquella insólita travesía de los espejos que asumiera la Alicia de Lewis Carrol. En esa primera composición también queda patente un cierto registro irónico “(crepúsculo tiene las mismas sílabas / pero el peso de un lector afectado)” y la convivencia entre un lenguaje de un registro conversacional intimista, con rupturas de sentido e imágenes que dan vuelo al poema y anulan la mudez de lo previsible.
  Se plasman en los poemas secuencias íntimas, filtradas por el tiempo. No con un mero afán enunciativo sino con ese punto de asombro que concede a lo cotidiano una ventana a la imaginación. De este modo, el párvulo que tanteaba ojales de su uniforme en el jardín de infancia es capaz de enseñar a una percha cómo abotonar su oscura quietud en el armario, o se descubre en el interior de un juguete la voz de un niño perdido en el mapa de la memoria.
  La poesía es mágica porque salva a las sensaciones del territorio plano del olvido o de esos derrumbes inadvertidos que van acumulando los días del pasado. Desde ese lado del tiempo regresa la anotación del diario de Adriana que subraya “¿Por qué me haces esto” o cobra forma el rostro de la abuela cantando estribillos, y se hace presente la nostalgia por Cuzco, un animal doméstico mirando con los ojos lejanos de quien ya no está, aunque perdure intacta la tranquila tarde del paseo por el olivar o las calles de las urbanizaciones.
   Vivir es aceptar también que el barco de papel se deshace en el agua y pone serio al mirar puro que enuncia su naufragio. El pasado está ahí, dando sentido a las raíces del ahora, y es el lenguaje del poema quien se ocupa de capturar de nuevo esos instantes que se marcharon un día como hijos pródigos.
   La poesía de Guillermo Marco Remón retiene en la geografía del poema los ecos de lo biográfico. Es una reelaboración del periplo existencial, hecha desde la lucidez, el onirismo y la ternura. En ella se abrazan el propio sentir y la cercana presencia del entorno afectivo. Abre las manos con esperanza, para guardar en ellas la inadvertida estela de los días, “el dócil sonido de papel que confirma un verso y  / una vida”

JOSÉ LUIS MORANTE 

lunes, 25 de enero de 2016

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN. BARBARIE

Barbarie
Andrés García Cerdán
Ediciones Rialp. S. A
Premio Alegría.
Madrid, 2015

RUIDO DE FONDO

   Una digresión previa. No sé si les ocurre a los demás críticos pero, en mi caso, las cubiertas de Adonáis difunden un valor añadido, la condición histórica, esa mirada atemporal que tiene sitio en las estanterías centrales del hoy. Al río continuo de Adonáis se incorpora Barbarie, libro con el que Andrés García Cerdán (Fuenteálamo, Albacete, 1972) ganó el Premio Alegría en 2015, el mismo año en que publicaba La sangre, entrega relevante de un corpus formado por Los nombres del enemigo, Los buenos tiempos, La cuarta persona del singular, Curvas y Carmina. Tan considerable trayecto permite establecer algunas pautas. Andrés García Cerdán hace del sondeo existencial y la temporalidad espacios recurrentes. El estar precario es condición que pone techado en cada singladura. La palabra poética enuncia, pero sobre todo incide en las cualidades del lenguaje como elemento matérico del que deben manar las posibilidades expresivas; el verso es un temblor emotivo, alejado del son convencional y estable. Ya el título es denotativa declaración; los comportamientos absurdos y la barbarie son zonas pobladas que se van sucediendo en el acontecer. El tiempo avanza a trechos en esa evolución natural que niega el logos. Si esa semántica alejaba la condición del yo del sedentarismo calmo y rutinario, el poema de apertura, “Flash” abre otra grieta al postular que la poesía es convulsión y catarsis, regreso al interior para enfrentarse a lo nocturno y a la nada. El poema no cierra los ojos; se convierte en interpretación de lo convulso, saca a plena luz las fotografías del contexto. Así se percibe en composiciones como “Pescadores”, versos que propician una lectura en clave sociológica de la precariedad, o “Los bárbaros”, que aporta un significativo contraste; el arte y su quietud pretérita, que durante años ha sido testimonio vivo de una civilización y su estela cultural, se convierte en objeto de destrucción y barbarie del fundamentalismo. La intolerancia distorsiona el significado y lo convierte en escombros.  Pero no es un hecho aislado. La geografía de la devastación multiplica enclaves y etapas ; y así van emergiendo en el poema secuencias de esa animalidad inherente que emprende a cada paso sendas destructivas: “Sobrevive la piedra, ennegrecida y vil, / la tierra ensangrentada sin sus frutos. / Sobrevive la infamia de saber / que somos la alimaña más dañina, / más inconsciente y más cruel del mundo “.
   Barbarie cobija algunos homenajes literarios, esas lecturas que tararean el ruido de fondo de la afinidad y el modo común de sentir el poema como trasiego de la biblioteca, según deja constancia el poema “19 de marzo”. Allí habitan el hombre común de Raymond Carver, ese yo inmerso en la nadería doméstica aguantando hilos que se quiebran en cualquier momento, y personajes arquetípicos como Yorick, el bufón danés que W. Shakespeare crea en su tragedia como excusa entre ser y no ser.
   El mundo personal del sujeto verbal es también un conjunto de signos que hablan de un tiempo cotidiano y de un lugar habitable, donde queda a trasmano el brusco discurrir de la intemperie: el sabor de las fresas, un día en la piscina, la claridad del mediodía, o ese fluir que se hace gozo en lo minúsculo, que inunda las palabras con el verbo agradecido de la celebración, que habla del afecto y la amistad. Resulta entrañable el poema "Eloy" en el que sobrevuela la voz y la palabra de Sánchez Rosillo, quien hace de la poesía entrega, soledad y oído dispuesto al rumor de las cosas.
   En su pautada evolución desde el grito hasta el silencio, Barbarie muestra el trazo continuo de la buena poesía, esas palabras que iluminan por dentro y sacuden el corazón porque conocen los oxidados mecanismos del tiempo.   


   




miércoles, 21 de octubre de 2015

HABITACIÓN CON VISTAS

Bodegas en Logroño
Fotografía de Javier Cabañero
HOMENAJE

    (A Monterroso)

El pasado perdura. Vive cerca.
Comparte mi litera al despertarme.
Imperturbable, como un dinosaurio

    (De Largo  recorrido, Rialp, 2001)


viernes, 16 de octubre de 2015

UN PERDEDOR



UN PERDEDOR

                             A los que se van,
            mientras cantan los pájaros

Esa reiteración a ritmo lento
de la lluvia tranquila en el tejado
suspende el caminar de los relojes
y la ansiedad que hiere los sentidos.
Armonía. Apática ficción,
negligentes señales de una tarde
que un perdedor elige como fecha
precisa para huir del futuro.
Un ligero temblor precede al gesto;
el rojo se despliega en la distancia.
No camuflo detalles; soy el muerto.

   (De Largo recorrido, Rialp, 2001)