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jueves, 10 de septiembre de 2020

JOSÉ LUIS MORANTE. 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ

11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ
Edición, selección y prólogo
de
José Luis Morante
Ediciones Liliputienses
Colección Desalmados eruditos
Cáceres, 2020 



PAPEL DE ANTÓLOGO

(A propósito de 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ)

   No hay que engañarse. Las reflexiones que escribí cuando se publicó la antología de poetas contemporáneos Re-generación (Valparaíso, 2016) siguen desplegando pormenorizadas certezas. Asignarse la tarea de antólogo es personificar de entrada algunas limitaciones evidentes. Pensar, por ejemplo, que se ha leído todo es un desvarío fantasmal, así que seleccionar una lista de nombres propios es reconocer de inmediato la impresión subjetiva y parcial; ese rastro de realidad velada, sorprendido en los desplazamientos entre espacios creativos.
  Cada antología atestigua un proceso de conocimientos  previos, una acotación pactada y un criterio selectivo que unifica lo que por naturaleza está desperdigado. El resultado da cuenta de la pertinencia de un deseo integrador y de la determinación de fundar una suma enumerativa de voces que halla en la percepción del antólogo un reposado despliegue.
  La antología aparece como una experiencia comunicable protagonizada por un sujeto plural que pugna por resaltar el rostro versátil de los incluidos. Con mínimas vicisitudes, la compilación 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ comenzó a gestarse en enero de 2020, cuando viajé a Cáceres  invitado por El Aula de la Palabra de la Asociación Cultural Norbanova. El encuentro con José María Cumbreño dejó una tarde plena de amistad y la propuesta de preparar una antología de aforistas singulares para la editorial Liliputienses. El apoyo incondicional del poeta editor fomentó mi entusiasmo que tomó cuerpo en los meses de confinamiento hasta convertirse en libro de gratísima presencia formal en los primeros días de septiembre.  Así se acotó este recuento de once aforistas, nacidos entre 1957 y 1986, que dibuja el perfil expansivo del aforismo actual. El muestrario de textos, editados o inéditos, da cuenta con suficiencia del arte verbal del grupo escogido.
  En la antología de Ediciones Liliputienses está la energía lacónica de la diversidad; un elenco de autores que alienta una obra en soledad, que hace del decir breve revelación y conocimiento, que mira hacia el futuro con el deseo de ensanchar los límites del lenguaje.  



miércoles, 14 de noviembre de 2018

ANDONI SARRIEGI. DIARIO DE UN VAGO

Diario de un vago
Andoni Sarriegi
Ediciones Liliputienses
Colección Desalmados eruditos
Cáceres, 2018


MIRADAS AL YO

   La imparable crecida del decir fragmentario sigue incorporando nombres nuevos e impulsos editoriales que diversifican el cauce genérico habitual. Así sucede con el sello Liliputienses, especializado en poesía hispanoamericana que aporta a su catálogo el volumen Diario de un vago. Una nota biográfica final da cobertura al periplo biográfico de Andoni Sarriegi. Su primer contacto con la escritura, a finales de 1988, se produce en las páginas del periódico Última Hora. Era el arranque laboral de un quehacer mantenido en más de cuarenta cabeceras, hasta especializarse en el periodismo gastronómico. Mientras, ha ido hilvanando aforismos, que fueron apareciendo en la revista La Bolsa de pipas  y que ahora se compilan, como si fuese un libro de pintxos, tras una larga condimentación de más de tres lustros.
   No viene mal el contexto biográfico para entender mejor el entorno natural en el que afloran estos frutos verbales. Tras un título condescendiente con el humorismo autobiográfico, Sarriegi aporta un florilegio de citas que no pierde el aire solemne, hasta la rabona final del brasileño Romario: “Es que si no salgo  por las noches, no meto goles”.
   Los aforismos de Andoni Sarriegi cultivan el decir natural, un coloquialismo intimista que está convencido de que los ingredientes básicos del fragmento son la exposición directa, sencilla, del enunciado y la intensidad compartida de lo previsible, capaz de hallar rincones en las aceras más recorridas de lo laborable: “Damos por hecho muchas cosas, pero sé de algunos gatos sin ningún interés por los ratones”. Este itinerario de brevedades certifica que quien sale al día sabe que cualquier faceta de la existencia exige depuración y análisis; así la convivencia con el entorno familiar o laboral es un continuo sumidero de reflexiones porque entraña la complejidad del laberinto. Nadie sabe dónde están las puertas. Todos somos el yo y otro y en esa convivencia afloran ángulos que presentan trazos nuevos.
  Frente al mensaje objetivo y reflexivo, Andoni Sarriegi confía en lo intuitivo, sabe que en la vivencia más insulta y anodina hay una hendidura para el humor y para dejar que el ánimo respire unos segundos en la superficie: “Ningún pensamiento se merece más de dos segundos”; y siempre es preferible la intensidad. Con esa aceptación de lo cotidiano, conviene no perder el paso y no tomarse demasiado en serio. La existencia es así: “Obviedad: siempre estamos a punto de morirnos” y hay que tener el balance resuelto en pocas palabras: “la madurez dura dos días”.
   Como ejercicio punzante del pensamiento, el aforismo cultiva la paradoja y la contradicción. Su ingenio y capacidad de síntesis contradicen esa solemnidad del vuelo alto que asciende en apariencia hacia el pensamiento profundo. Andoni Sarriegi despoja sus textos mínimos de consideraciones elitistas y emplea como materiales de uso la reticencia irónica y la acuarela luminosa del humorismo, aliñado a menudo con el son agridulce de la crítica: “A mí no me gustan las fiestas porque me pongo perdido de gente”, “Nada agota tanto como fingir que se trabaja”, “Mira, ni me cae bien ni me cae mal, pero es una persona inhumana”, “Hay que saber enloquecer dignamente”, “Yo, por el Futuro no paso”.
   Tras la lectura de Diario de un vago, uno sospecha que el trazo autobiográfico del libro no se refiere a una identidad concreta y que dibuja muchos de los tics que nos definen a diario, en la parada laboral de cada amanecida. Así que es difícil sustraerse a la de complicidad, a ese gesto furtivo que suele perdonar nuestra torpeza. Conviene prevenir: “Mirar al suelo, a veces, te lleva a levantar la cabeza".