Mostrando entradas con la etiqueta José María Cumbreño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José María Cumbreño. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de abril de 2025

MARIO MONTALBETTI. EL PENSAMIENTO DEL POEMA

El pensamiento del poema
Mario Montalbetti
Pólvora Editorial, Marginalia Editores
Santiago, (2ª Edición) 

 

CONTORNOS TEÓRICOS

 

 Gracias al esfuerzo prometeico de Ediciones Liliputienses y al empeño de su director José María Cumbreño para enlazar la poesía en castellano de España y Latinoamérica, tuve la fortuna de conocer Lejos de mí decirles, el corpus lírico del lingüista y poeta peruano Mario Montalbetti (Callao, 1953). Fue la necesaria entrada a la complejidad de su obra literaria. Profesor universitario de Lingüística, director de QWXY, Seminario permanente de Filosofía del Lenguaje y fundador, con Mirko Lauer y Abelardo Oquendo, de la revista Hueso Húmero, es un escritor intenso y consagrado por completo a la interpretación del hecho lingüístico.
  Montalbetti inicia su trayecto creador en 1979 con la entrega Perro negro, 31 poemas. Después adviene una escisión, rota en 1995 con la obra experimental Fin desierto. Tampoco ahora el quehacer poético se hace rutina, pero en la década siguiente el trayecto se consolida con andenes como Llantos Elíseos, Cinco segundos de Horizonte, El lenguaje es un revolver para dos y Ocho cuartetas contra el caballo de paso peruano. Siempre consecuente con la percepción del lenguaje como magma exploratorio, publica en 2012 Cajas, un estudio especulativo sobre sentido y estética con sondeos nucleares sobre los espacios del poema. Esta faceta crítica aporta en 2014 la recopilación ensayística Cualquier hombre es una isla, trabajo que postula otro viaje interior a las cavidades semánticas del lenguaje, y en 2016 El más crudo invierno, monografía sobre un poema de Blanca Varela. La visión de análisis perdura con El sentido y la ceguera (2018), Epiciclos, escrito en colaboración con Marc Belderbos, y El pensamiento del poema, reeditado por segunda vez en 2024.
  En su quehacer poético, Mario Montalbetti busca la intersección y el corte, supone que el lenguaje deconstruye y no comunica. Los poemas buscan los márgenes del significado, por ello necesita símiles clarificadores para impulsar algo de luz entre el vacío y la sombra. Las claves significativas inquieren argumentos sobre la naturaleza de las palabras para no decir: “Escribo para contener / mi distancia con lo humano. / Escribo para estar solo, / para no ser poeta”.        
 Las meditaciones germinales de El pensamiento del poema remarcan una estela crítica en torno al material verbal como objeto teórico, aunque la construcción sienta, imagine o sea capaz de simbolizar. Aquí, Montalbetti parte de la propuesta analítica del filósofo francés Alain Badiou, formulada en 1988 en El ser y el acontecimiento: “El poema es una forma de pensamiento”. Desde ese enfoque Montalbetti se propone elaborar una serie de variaciones libres en torno a la formulación inductiva. No se trata de reconstruir la teoría filosófica de Badiou sino de avanzar en los caracteres ambiguos que proyectan un dibujo fragmentario sobre el poema. “El poema piensa parece un vehículo que ingresa a contramano en una calle de sentido único…”.  Sus divagaciones adquieren una cadencia discontinua, una percepción laberíntica del transitar del pensamiento. La temática se convierte en una operación sobre el lenguaje, como este axioma sobre la poesía: “Todo lo que participa del ser, sea simple o infinitamente múltiple, tiene un nombre. Lo difícil es inventarlo”.
  Aunque la sintaxis no es poetizable, queda patente la inquietud analítica, el discurrir más allá de la catalogación experimental que engloba cualquier huida de lo previsible para incorporar al poema rupturas léxicas, sustracciones sintácticas a partir del replanteamiento teórico de un poema de Trilce de César Vallejo, cuyos versos sostienen el deseo de abrir espacios y el afán de buscar puertas tras la puerta. La creación, como precisa Giorgio Agamben, se convierte en un acto de resistencia, en liberación de una potencia interna.
  En los vectores de sentido de Montalbetti las conclusiones se guardan fuera, como si pretendiera percibir el lenguaje con una cierta perspectiva de lejanía y futuro, como si se gestara desde una realidad con diferentes niveles de ficciones conceptuales. “El significado no clausura el lenguaje”; por eso “interpretar un poema es desandar el camino que quiso llevarnos fuera de él”, aunque sea atravesando una explanada de metapoesía donde se dan cita procesos lingüísticos, repletos de matices y argumentaciones.



JOSÉ LUIS MORANTE



 
 
 

martes, 23 de mayo de 2023

AL OTRO LADO DE MÍ (Diario)

Casa tomada
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

AL OTRO LADO DE MÍ

 

   Cuánto nos afectan los ecos de lo cotidiano, esas mínimas historias protagonizadas por identidades secundarias que muestran una lectura paradójica de lo existencial, cuajada de laberintos. El quejoso profesional, los vecinos oblicuos, los abducidos severos por el móvil, los seudoescritores sin obra pero expertos en habilidades sociales y maquillaje.
 
   La claridad mental es un don que no me pertenece. Sé poco y de lo poco que sé no estoy seguro. Soledad, cansancio, lectura y silencio. Ese es el umbral de cada día.
 
   Una paradoja que contradice lo aparente: la muerte de los que nunca vivieron.
 
    Planos de alzada. Hay identidades de planta baja, identidades con sótano y desván e identidades en ruina.
 
    Es el poeta joven de moda. Tiene un aire angélico, guedejas a lo Jimi Hendrix y una sonrisa perpetua que enaltece el primer plano en televisión o en el suplemento cultural. He leído sus poemarios y le escribo para hacerle una entrevista para el blog. Pasan los días y no me responde. La fama abruma la agenda y no deja huecos. Hay que emplear correctamente el ascensor para evitar accidentes. La tinta atonta.
 
   Qué gran labor editorial está haciendo estos años José María Cumbreño. Una rácana universitaria que no quiere gastarse quince euros adquiriendo un libro excelente le pide el PDF de la publicación, aunque quedan ejemplares publicados. Pasa todos los días: las incontables fotocopias para las clases, los enlaces de descarga gratuita. Normalización absoluta del saqueo que obvia los derechos de autor y el valor comercial del libro. Lamentable.
  
  El ruido de mis pasos al otro lado de mí. La vida suspendida entre las páginas de un libro. Envejezco. El corazón late más lento. Titubea.
 
(Notas para el diario)

        

viernes, 5 de marzo de 2021

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. LÍMITES Y PROGRESIONES

Límites y progresiones
José María Cumbreño
Ediciones Liliputienses
Colección Los cuadernos ególatras
Isla de San Borondón, España, 2021

 

AUTOBIOGRAFÍA DEL OTRO

 

   José María Cumbreño (Cáceres, 1972) comienza itinerario creador en el cambio de siglo con el libro Las ciudades de la llanura, un poemario escrito en plena exaltación del figurativismo y la escritura antiexperimental. Pero la estética del autor cacereño nada sabe de prefijados tópicos. Camina al margen. Difunde un trayecto ensimismado en el que persevera como centro gravitatorio la introspección. Ese bucear bajo la piel impulsa un ideario disidente y verista que exalta la sinceridad, sea cual sea la estrategia expresiva empleada: el relato, los aforismos, el ensayo, la poesía o el enunciado autobiográfico. Tras publicar el año pasado la antología poética bilingüe Teorías da Ordem, recupera la escritura fragmentaria de Límites y progresiones, libro editado por primera vez en 2010, dentro de la colección Narrativa de Baile del Sol.
   Se ha sugerido con frecuencia que el diario es un género de ficción empeñado en la construcción de un personaje que toma rasgos del sujeto biográfico. Esa aseveración define también los textos narrativos de José María Cumbreño, que arrancan con una hermosa dedicatoria. La copio aquí porque tiene un valor referencial y clarifica la identidad de uno de los personajes mejor trazados del diario: “Para Chose, que sabe mantener el equilibrio sobre el hielo”.
   El enunciado Límites y progresiones construye una proposición paradójica, depurada e intensa; el diálogo entre el sedentarismo del límite y el activismo nómada del afán de seguir en ruta, en las manos de un tiempo cotidiano que empuja a tantear desde el pensamiento. La conciencia del yo formula dudas, busca sentido a lo cotidiano, irrumpe en la zona de sombras de la inteligencia, surca las horas con la esperanza de que la existencia aporte conocimiento y plenitud. Pero el devenir temporal, que en las páginas del diario inicia su cronología en julio de 2007, deja un vacío abierto porque “No resulta posible copiar algo que no existe. No hay realidad alguna sino perspectivas de la realidad” (P. 13)
  Junto a las secuencias vitales, goteando la loza picada del entorno cotidiano, José María Cumbreño integra microficciones, aforismos y versos sueltos que potencian el significado de Límites y progresiones. Son esquejes hiperbreves, que dan continuidad al cauce manso de los días, como si las secuencias reales formaran parte también de un ciclo de sensaciones e incertidumbres, de teorías al paso que nunca acaban de fijar su anclaje: “El destino de la poesía es el lenguaje matemático, lleno de límites, equidistancias e incógnitas sin despejar”.
  El entrelazado convivencial, ratificado por la escritura, concede a cada protagonista un quehacer inacabado, disperso en varias direcciones. Quien escribe hace inventario, “lima las palabras hasta dejarlas sin aristas”, abriga la sensación de que percibe desde el papel la vida de otro, como si fuese un simple reflejo en la fría superficie del azogue. Mira también, desde la luz despierta de los sentimientos, el papel esencial de quien pone coordenadas de espacio y tiempo, como si el amor fuese núcleo central de la armonía; necesidad de equilibrio y orden.
   En Límites y progresiones José María Cumbreño caligrafía, con la letra menuda de la incertidumbre, los lugares, afectos y quehaceres que conforman el aterido balance de los días. Las anotaciones fechadas reinventan lo vivido, afirman los ejes básicos en los que se sustenta; sendas aleatorias que cumple un extraño aplicado en la tarea de ser y estar; en el melancólico empeño de conocerse un poco mejor. 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 


jueves, 24 de diciembre de 2020

A PROPÓSITO DE 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ (ENTREVISTA A JOSÉ LUIS MORANTE)

11AFORISTAS A CONTRAPIÉ
Edición, selección y prólogo
de
José Luis Morante
Ediciones Liliputienses
Isla de San Borondón, España, 2020

 

 A propósito de 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ

                                                   ENTREVISTA A JOSÉ LUIS MORANTE

 Isabel Alamar Torró (Valencia en 1970). Licenciada en Filología Hispánica y en Filología Valenciana por la Universidad de Valencia. Algunos de sus poemas, reseñas literarias o artículos sobre lingüística han aparecido en prestigiosas revistas como Prisma y periódicos como El correo, Todoliteratura.es y Culturamas.

 Isabel Alamar: ¿Cuándo empezó a fraguarse en su cabeza la idea de hacer esta antología?

 En los primeros meses de 2019, cuando me entrevisté en Cáceres con el poeta y editor José María Cumbreño y él aceptó de inmediato mi propuesta; pretendía hacer un balance de escritores que cultivan el aforismo de un modo más experimental, dejando el género en el umbral de la indefinición.

 ¿Qué diría que tienen en común todos los autores seleccionados en esta obra?

La singularidad expresiva, el hecho de tantear en el aforismo sendas nuevas y atajos, que se alejen de vías preferentes; todos comparten la propuesta de cambio y de hacer en su escritura una polifonía de una sola voz.

¿Por qué cree que goza hoy en día este género breve de tan buena salud?

Aunque es cierto que los medios digitales, han propiciado un territorio fértil para la fragmentación, los mensajes lacónicos y la diversidad de asuntos, el renacer del aforismo es multicausal; no es un fruto único del binarismo digital; es una estrategia expresiva con una tradición consolidada.

 Apórtenos algunos datos sobre su historia, curiosidades…

 El género se ha cultivado en todas las etapas de la historia y en todas las civilizaciones; muchas veces ligado a la ética o al sentido socializador; aunque con una diversidad terminológica notable: máximas, sentencias, preceptos, refranes, apotegmas o pensamientos mínimos son distintas pulsaciones verbales del decir breve que han estado presentes en el tiempo histórico.

¿Cómo cree que ha sido su evolución en el tiempo?

 Como síntesis, se podría decir que el aforismo ha realizado un largo viaje desde la objetividad del mensaje directo hacia el pensamiento subjetivo; creo que se ha reforzado la presencia del yo y la sensación de que el aforismo vela un fragmento autobiográfico.

 ¿Cuándo le empiezan a gustar a José Luis Morante los aforismos?

 Cuando descubro a los grandes escritores del 98 (Antonio Machado y Miguel de Unamuno) y a Juan Ramón Jiménez; ellos me enseñaron a valorar lo sintético, a saber que hay frases que cobijan todo un sistema filosófico. Yo empecé a escribir aforismos hace veinte años, aunque ha sido en la última década cuando el propósito creador ha focalizado el género con más fuerza.

Si le parece bien, terminaremos la entrevista con algunos aforismos de los antologados.

 Ser sincero te deja solo (Luis Felipe Comendador)

De las historias sin salida hay que salir (Karmelo C. Iribarren)

En la mirada del mendigo caben todas nuestras derrotas (Elías Moro)

La devoción auténtica consiste en seguir admirando al otro después de treinta años viéndolo en zapatillas (Mario Pérez Antolín)

En virtud del principio de incertidumbre todo intento de instalarse en la certeza nos conduce a la duda (Felix Trull)

En las agendas cabe la vigilia. Nunca los sueños (Ana Pérez Cañamares)

Hacerse a la mar con un puñado de tierra en cada bolsillo (José María Cumbreño)

Nací en el no saber y ahí sigo. Y a veces la verdad es que lo agradezco (Luis Arturo Guichard)

Dios es una inteligencia artificial que ya no nos necesita (José Antonio Olmedo López-Amor)

No soy frágil. Colecciono agujeros (Rosario Troncoso)

El zumbido azul antes de desfallecer (Sihara Nuño)

 

Muy agradecido por la entrevista, querida Isabel y felices fiestas a todos los lectores.

24 de diciembre de 2020



lunes, 14 de septiembre de 2020

HUELLAS (APUNTES DEL DIARIO)

Caminos de ida
Imagen
de internet


HUELLAS

en la mañana antigua de nuestras privaciones,
no hay nadie de nosotros que no asuma
la inminencia del agua,
las posibilidades de la luz

BASILIO SÁNCHEZ


Cuántas limaduras en la ejecución digital del ganador del Premio Espasa de Poesía. Nada sé de los hilos de sus composiciones; ni siquiera había oído su nombre tras casi cuarenta años de lectura continua del género, pero sospecho que en la geografía poética de Venezuela solo hay un Rafael: Rafael Cadenas.

Siempre que hablo con Joan de la Vega, poeta y director de La Garúa, recuerdo que una editorial es un árbol que da sombra y fruto, un espacio de soledad común.

La algarada córvida no despeja una cuestión mucho más relevante para proyectos independientes e instituciones que deambulan por los pasadizos de la edición: la mayoría de los humillados y ofendidos por las decisiones de algunos jurados literarios no compran casi nunca libros de poesía y solo han visto los poemarios premiados en los escaparates del centro comercial.

Era muy inteligente. Su cabeza contenía un cerebro marsupial.

El agua estancada de la aprobación presupuestaria en el Congreso, impulsada por el negativismo cerril de la derecha, justifica un gesto presidencial aberrante: el pésame por el suicidio de un etarra. Un asqueroso eructo en la casa de la palabra democrática. 

Qué hermosa vestimenta formal ha puesto José María Cumbreño a la antología 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ, en Ediciones Liliputienses. La selección soslaya expeditiva las costuras abiertas del decir breve, esa manera de sumar atajos y sendas sin transeúntes.

Tras el leve declive de la sombrilla, oigo la poética del mar: las olas retornan mar adentro por caminos distintos.

(Apuntes para el diario, septiembre, 2020)


jueves, 10 de septiembre de 2020

JOSÉ LUIS MORANTE. 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ

11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ
Edición, selección y prólogo
de
José Luis Morante
Ediciones Liliputienses
Colección Desalmados eruditos
Cáceres, 2020 



PAPEL DE ANTÓLOGO

(A propósito de 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ)

   No hay que engañarse. Las reflexiones que escribí cuando se publicó la antología de poetas contemporáneos Re-generación (Valparaíso, 2016) siguen desplegando pormenorizadas certezas. Asignarse la tarea de antólogo es personificar de entrada algunas limitaciones evidentes. Pensar, por ejemplo, que se ha leído todo es un desvarío fantasmal, así que seleccionar una lista de nombres propios es reconocer de inmediato la impresión subjetiva y parcial; ese rastro de realidad velada, sorprendido en los desplazamientos entre espacios creativos.
  Cada antología atestigua un proceso de conocimientos  previos, una acotación pactada y un criterio selectivo que unifica lo que por naturaleza está desperdigado. El resultado da cuenta de la pertinencia de un deseo integrador y de la determinación de fundar una suma enumerativa de voces que halla en la percepción del antólogo un reposado despliegue.
  La antología aparece como una experiencia comunicable protagonizada por un sujeto plural que pugna por resaltar el rostro versátil de los incluidos. Con mínimas vicisitudes, la compilación 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ comenzó a gestarse en enero de 2020, cuando viajé a Cáceres  invitado por El Aula de la Palabra de la Asociación Cultural Norbanova. El encuentro con José María Cumbreño dejó una tarde plena de amistad y la propuesta de preparar una antología de aforistas singulares para la editorial Liliputienses. El apoyo incondicional del poeta editor fomentó mi entusiasmo que tomó cuerpo en los meses de confinamiento hasta convertirse en libro de gratísima presencia formal en los primeros días de septiembre.  Así se acotó este recuento de once aforistas, nacidos entre 1957 y 1986, que dibuja el perfil expansivo del aforismo actual. El muestrario de textos, editados o inéditos, da cuenta con suficiencia del arte verbal del grupo escogido.
  En la antología de Ediciones Liliputienses está la energía lacónica de la diversidad; un elenco de autores que alienta una obra en soledad, que hace del decir breve revelación y conocimiento, que mira hacia el futuro con el deseo de ensanchar los límites del lenguaje.  



martes, 23 de junio de 2020

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. CURSO PRÁCTICO DE INVISIBILIDAD

Curso práctico de invisibilidad
(Casi poesía 2000-2020)
José María Cumbreño
Ediciones Liliputienses
Colección Los Cuadernos ególatras
Cáceres, 2020

EN CADENA

  
   Ediciones Liliputienses reedita por tercera vez Curso práctico de invisibilidad, compilación del trayecto personal, ampliada con el material más reciente de José María Cumbreño (Cáceres, 1972). Condensa veinte años de práctica creadora. Esta visión de conjunto del poeta, profesor de instituto y editor se hace con una perspectiva peculiar. Su planteamiento, nudo y desenlace no responde al trazado habitual de publicaciones escalonadas en el tiempo, un criterio seguido, por ejemplo, en la conocida antología La parte por el todo. Las composiciones son poesía en cadena, una cartografía de montaje en torno a dos actitudes receptivas: “Mirar” y “ver”; ambas tienen como efecto secundario el “Contar”. De este modo el recorrido compone una superposición de estratos narrativos; una fluida presentación orgánica donde el laborar confidencial  adquiere el relieve de una superficie magmática.
  Se me permitirá también resaltar la textura del título, más ensayístico que lírico, en la asentada formulación de una certeza nuclear: “Si cierro los ojos, no soy yo el que no ve a los demás: son los demás los que no me ven”. También habla del subtítulo Casi poesía que no acalla el carácter mestizo del quehacer poético; ese entrelazado de poesía, aforismos, ficciones breves o apuntes casi autobiográficos del diario. La voz verbal desdeña lo previsible en las citas. Los solemnes versos del legado canónico son sustituidos por la reflexión coloquial de un deportista de ping-pong que, más allá de su obviedad coloquial, pone madera seca para una lectura simbólica, en la que participa el mismo autor a través del poema “Made in China (estrategia y método del jugador de tenis de mesa)”. La otra cita incluida, en boca del personaje Dr. Jekill, figuraba ya en la antología poética publicada por La Isla de Siltolá en 2011.
  El observador que mira en los poemas casi nunca describe; tiene conciencia de su condición reflexiva y se siente un simple peón en el tablero del discurrir. Es parte de un todo, que recorre las aceras sin atributos trascendentes; más que del grito, es un oyente de  signos callados. En ese entrelazado de espirales que descubre el afán de mirar, la escritura propicia destellos metaliterarios. Algunos se presentan casi con la precisa cadencia del aforismo: “ESCRIBIR. Enhebrar una aguja con los ojos cerrados”. Otros resaltan la función catártica y el aliento vital de la palabra: “ACUPUNTURA. Las agujas, como los poemas, hieren una parte del cuerpo a fin de sanar otra”.  Y, en otras ocasiones, pronuncian una razón de ser para el poema: “LÍMITES Y PROGRESIONES. El destino de la poesía es el lenguaje matemático, lleno de límites, equidistancias e incógnitas por despejar”.
  En el encuadre de José María Cumbreño se cobijan las continuas afinidades que transitan entre el poema y la ficción hiperbreve. Los versos se hacen prosa, otorgando al pensamiento una cadencia expandida; como si fueran incisos del contexto, acotaciones de un marco representativo. El discurso textual aparece fragmentado y diverso; se proyecta con una luz oblicua. Es complejo, por tanto, aislar los matices semánticos que diferencian a los dos epígrafes. El primero es “Mirar”; la DRAE lo define como fijar la vista en un objeto aplicando juntamente la atención; parece aseverar un acto volitivo e implicado. El segundo, “ver”, es casi un acto físico, la percepción de objetos por acción de la luz. Pero el lector encontrará en ambas secciones una similar sensibilidad. Prosigue la pluralidad formal y retornan los más esenciales asuntos temáticos. No es una cuestión de originalidad –que Cumbreño degrada como esa cualidad en la que creen los escritores ingenuos- sino un recorrido de largo alcance en el que conviven diferentes posibilidades expresivas. 
  La existencia aparece como largo trayecto de pasos perdidos sobre la piel de un mundo periférico que va fraguándose, discontinuo y extraño. Estar es ir hacia el vacío, conocer el magma herrumbroso de la incertidumbre al final de un camino donde no hay luz; pero también es abrazar más formas, abrir puerta al deseo y hacer de la presencia de la belleza un punto central de sensaciones, una razón de asombro en el despertar.
  Cuando la voz poética y el yo real dialogan sobre la caligrafía de la intimidad, la composición adquiere el peso de un balance que da razón de vida desde la corriente de los recuerdos. El acto de contar vuelve los ojos al tiempo lento de la memoria. es una inmersión en el balance vital para percibir qué fragmentos del pasado afloran todavía sobre la superficie. El poeta recuerda que “el pasado es la justificación del presente; el futuro su excusa” Así sucede en poemas que se asientan sobre las páginas del cuaderno como una filtración de impurezas y contradicciones, como voces de otro tiempo que conforman un aprendizaje donde se gesta la conciencia de ser.
  Proteica en la conjugación y unitaria en el afán permanente de explorar las posibilidades del lenguaje, el corpus acogido en Curso práctico de invisibilidad interpreta una personal banda sonora, tanto en sus desplazamientos temáticos como en los rasgos de estilo. La poesía de José María Cumbreño se hace savia, carbón y hoguera. Sus versos son estímulos; incisiones de la realidad próxima y el sustrato confesional. El discurso muestra su aporte cognitivo, esa utilidad de la materia verbal para asentarse. Es el suelo firme de quien cierra los ojos y realoja dentro los fértiles estratos del silencio.


José Luis Morante         

sábado, 20 de junio de 2020

FASE TRES

Gran Vía
Fotografía
de
Cultura Fotográfica



FASE TRES

El relojero conoce el mecanismo del reloj,
pero no sabría decir qué es exactamente el tiempo

JOSÉ MARIA CUMBREÑO


El largo encierro no ha cambiado nada; los internos del manicomio urbano hacen vida normal.


Amo la periferia, ese no lugar, sin rango ni pretensiones.


Cualquier especulación sobre transeúntes anónimos los convierte en personajes.


Verano y el festivo esplendor de la belleza afea los rostros cercanos.


Todos buscamos el efecto benefactor de la mentira.


El sedentarismo esconde trotamundos capaces de demorar el regreso.


La relajada complicidad de la avenida oculta una escritura secreta e indescifrable, un escenario.

(Aforismos en fase tres)



martes, 3 de diciembre de 2019

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. CUADERNO DE VERANO

Cuaderno de verano
José María Cumbreño
Ediciones Liliputienses
Colección Los cuadernos ególatras
Cáceres, 2019


COSECHA ESTIVAL


  Casi como brújula esencial de sus itinerarios, Ediciones Liliputienses abre los brazos a la heterodoxia y al ideario estético al margen. Así ha ido construyendo una estela de publicaciones que plantean campos estéticos a contracorriente y que han buscado puerto entre los lectores españoles a poetas hispanoamericanos de calidad. El responsable de esta propuesta en el cuerpo de letra de la incertidumbre es José María Cumbreño (Cáceres, 1972), licenciado en Filología Hispánica, profesor de Educación Secundaria y Bachillerato, gestor cultural y cultivador de una literatura diversa que amplía recorridos en la poesía, el ensayo, la introspección biográfica y el cuento breve.
  El activismo docente de José María Cumbreño inspira el título de Cuaderno de verano, como irónico homenaje al docente exiliado en cualquier playa mediterránea que lleva en la mochila, junto a las chanclas y la cerveza fría, la libreta de asuntos pendientes, ese recuerdo de que el año docente ni se crea ni se destruye. Solo se transforma, como corrobora el paratexto que abre el poemario y que encuentra en esta cita de Albert Guinon su temperatura ambiente: “Gracias a la instrucción hay menos analfabetos y más imbéciles”.
  El poema entonces muda de amanecida en “Ejercicio de comprensión lectora” para que inteligencia y percepción dejen sus marcas en la piedra, digo en el pupitre. Liberado de anclajes, el poema recurre a la apertura del lenguaje plástico y a los aportes de lo visual: blancos, imágenes, prosificación descriptiva del verso y signos ortográficos que anulan los esquemas rutinarios de la composición. Añadiría de inmediato el humor, un humor de tebeo, una viñeta de diccionario sociológico que sirve para cartografiar las calles del presente con elementos y mensajes aparentemente inconexos, como si el azar propusiera integrarlos a todos en una historia lógica, con planteamiento, nudo y desenlace.
   Poesía visual que se formula como un crucigrama, que tiene como condición imprescindible la lectura activa de quien concluye cada uno de los antipoemas para moldear una interpretación con final abierto. José María Cumbreño no dicta versos, ni siquiera los escribe, pero deja página intacta para que otros lo hagan por él.
   Yo creo que a estas alturas de la reseña, el lector tiene derecho a saber de qué estamos hablando (aunque sea por aproximación y tanteo) y dejo uno de los textos(poemas)  de José María Cumbreño: “Busca información e indica el nombre de tres animales que al igual que las salamandras, ciertas tortugas y los poetas que consideren que se les hace de menos, segreguen sustancias venenosas para defenderse”; otro que también me ha llenado la cabeza de sugerencias: “Marca con una cruz la reacción química que mejor define la vida de una persona: a) combustión B) descomposición c) Desplazamiento d) Neutralización  e) Oxidación f) precipitación“. De los poemas visuales, el lector debe fiarse por omisión, porque mis capacidades plásticas son más bien discretas.
  Seguramente un lector lógico aconsejaría a José María Cumbreño que pasara todo a limpio, o que hiciese una segunda edición de este cuaderno ególatra que diese compañía al inicial con un cuaderno de instrucciones. Y el crítico erudito formularía con asepsia que el poeta recupere en septiembre como demostraría cualquier informe Pisa sobre el talante poético. A mí Cuaderno de verano me ha parecido una coreografía singularísima de momentos docentes, divertida y rompedora, aunque la poesía, acostumbrada durante tantos siglos a sentar la cabeza, haya saltado de inmediato por la ventana del aula.  Fuerte abrazo, poeta, una provocación como Dios manda. Una alegría de libro.
      

miércoles, 10 de enero de 2018

MARIO MONTALBETTI. LEJOS DE MI DECIRLES

Lejos de mí decirlesPoesía reunida (1978-2016)
Mario Montalbetti
Ediciones Liliputienses
Cáceres, 2017

ESCISIONES


   Ediciones Liliputienses, cuyo catálogo editorial dirigido por el poeta José María Cumbreño, ya sobrepasa los cien títulos, reúne en el volumen Lejos de mí decirles el cuerpo lírico completo del lingüista y poeta peruano Mario Montalbetti (Callao, 1953). Profesor universitario de Lingüística, director de QWXY, Seminario permanente de filosofía del Lenguaje, y fundador con Mirko Lauer y Abelardo Oquendo de la revista Hueso Húmero, a la que sigue ligado como miembro de su consejo editorial, Montalbetti inicia su trayecto creador en 1979 con la entrega Perro negro, 31 poemas. Después adviene una escisión solo rota en 1995 con la obra experimental Fin desierto. Tampoco ahora el quehacer impulsa rutinas, pero en la década siguiente el avance se consolida con Llantos Elíseos, Cinco segundos de Horizonte, El lenguaje es un revolver para dos y Ocho cuartetas contra el caballo de paso peruano. Siempre consecuente con la percepción del lenguaje como magma exploratorio, publica en 2012 Cajas, un estudio especulativo sobre sentido y estética que muestra, para algunos estudiosos, espacios próximos al poema. Esta faceta crítica aporta en 2014 la recopilación ensayística Cualquier hombre es una isla, trabajo que postula un nuevo viaje interior a las cavidades semánticas del lenguaje, y en 2016 El más crudo invierno, monografía sobre un poema de Blanca Varela.
   Lejos de mí decirles se edita por primera vez en México en 2013, cuando Aldus reúne el mapa literario de Montalbetti; aquella antología sirvió de guía para la presentación del poeta en España al año siguiente, en Ediciones Liliputienses; por tanto, la edición actual completa el recorrido cronológico.
 Los poemas germinales de Perro negro postulan en el apartado “poemas romanos” una reconstrucción aleatoria del tiempo histórico; el discurrir invita a la fabulación de acontecimientos con una mirada crítica e irónica; de este modo, la grandeza clásica y su legado en el tiempo abandonan contornos mitificados para airear el trazo discontinuo de la crueldad y el absurdo. El mundo es la imagen atinada del paraíso perdido. Esa reflexión también perdura en las siguientes secciones que entrelazan intimismo y voz confidencial hasta completar un poemario a trasmano de etiquetas. La temática deja una impresión aleatoria de la realidad, un dibujo fragmentario que rompe la línea lógica y aborda estampas dispares, enunciados que reinciden en una percepción laberíntica del transitar de la conciencia.
  Ya en este primer paso queda patente la inquietud formal, la huida de lo previsible para incorporar al poema rupturas léxicas, repeticiones de claves semánticas y de figuras literarias, ritmos abiertos, espacios blancos entre los versos, rimas; desde esa actitud de replanteamiento de logros y desconfianza en lo anterior nace  Fin desierto, editado dieciséis años después. Se proyecta en los versos el deseo de abrir espacios y el afán de buscar puertas tras la puerta. La voz lógica convive con momentos afines al surrealismo y con la floración de imágenes provistas de un fuerte hermetismo.
  Llantos Elíseos, obra de 2002, supone un abandono del verso sálmico y una opción por el poema corto, aparentemente más claro y enunciativo. Pero el tema esencial reincide: el lenguaje y sus vibraciones. Sobre el afán que rige estos poemas escritos en un lapso temporal de seis meses, entre septiembre de 2000 y junio de 2001, clarifica Montalbetti: “Quise hacerlos al margen de la lengua y por ello solamente las letras que he empleado para escribirlos son mías. El resto (las palabras, las frases, los versos esporádicos) son los perversos efectos de un idioma que arma sentidos porque no tolera que se le ignore”. Es obvio que el enunciado está más cerca de la lingüística que del discurso lírico tradicional.
   En la primera década del nuevo siglo la obra de Montalbetti adquiere continuidad y el contacto con el lector se reitera en plazos temporales más breves. En 2005 ve la luz Cinco segundos de horizonte, cuyo título parece aludir al carácter fugaz de cualquier percepción, como si fuese una secuencia visual proyectada sobre la pantalla de un cine. El hábito de ser es un recorrido que despliega alba y ocaso; sume a quien reflexiona en un estar dubitativo, de espera, para ser testigo de ese breve paréntesis existencial de lo sensible.
  En esta obra, la voz discursiva ensaya el verso largo, lo que concede al poema un ritmo denso, ralentizado por la reflexión conceptual. La escritura es un viaje que plantea cuestiones como “para quien se escribe”. Si se escribe para otros el poema es un lienzo receptivo de sensaciones, tejido emotivo e ideas; debe mostrar “el esplendor blanco de la luz”; así, en el tramo final del poemario prevalece una mirada intimista en torno a la identidad del yo, como en “El peruano perfecto” y al entorno doméstico, en “Pequeño ciclo lírico sobre el amor filial”. Los versos se hacen más diáfanos y postulan diálogos con el receptor del mensaje. La misma sensibilidad se percibe en el breve conjunto El lenguaje es un revólver para dos, que ve la luz en Lima en 2008 y que concluye con un clarificador ideario que entremezcla en el fuselaje del poema engaño, esperanza y verdad. De esa misma etapa procede 8 cuartetas en contra  del caballo de paso peruano. Tan extraño título invita a la conjetura. Si los referentes se descubren, los versos adquieren un sentido más nítido. Así el subtítulo “Pisco 4.11.2007” clarifica de inmediato el ambiente de desolación que recuerda el terremoto del 15 de agosto de 2007, cuyos efectos sembraron el caos en la región y fueron catastróficos para la población y el territorio. También se entiende mejor el poema “Billy Hare” si se conoce el quehacer creador del fotógrafo peruano y su trabajo sobre los efectos visuales que crea la repetición de una imagen o la captación instantánea de lo imprevisto. El poema “lejos de mí decirles”, que da título al corpus completo adopta el tono fuerte de la proclama para exponer una actitud frente al idioma común. En él se multiplican las aseveraciones contra la unidad, el gregarismo y el discurso institucional normalizado; por tanto, constituye uno de los parámetros centrales de Montalbetti para definir su escritura.
  Dos obras completas el proceso verbal del peruano. En Apolo cupisnique el contexto espacial de Perú tiene una presencia transparente en muchos textos a través de lugares arqueológicos emblemáticos de las civilizaciones precolombinas, cuyo legado constituye una forma de identidad colectiva que todavía perdura en el ahora peruano. La obra de 2016, Simio meditando, subtitulado (Ante una lata oxidada de aceite de oliva), coda aclaratoria repleta de ironía focaliza gestos cotidianos de los hábitos privados. El yo resulta la suma de sus actos hacia fuera, donde la realidad adquiere la apariencia de una explanada en la que se dan cita los procesos lingüísticos, sus matices y argumentaciones.
  El volumen integra como clausura las indagaciones poéticas publicadas en las páginas de Hueso Húmero. En ellas se puede percibir, sea cual sea el periodo de escritura, el continuo trabajo en el lenguaje, no para referir, argumentar o elaborar historias mínimas sino para descubrir que el valor de uso de la lengua se reduce a cero.
  Frente al poeta que impulsa una obra personal yuxtaponiendo aciertos y avanzando sobre cimientos antiguos, Mario Montalbetti busca la escisión y el corte, escribe afirmando que el lenguaje deconstruye y no comunica; sus poemas buscan los márgenes del significado, por ello necesita símiles clarificadores para impulsar algo de luz entre el vacío y la sombra, para buscar argumentos sobre la naturaleza de las palabras, para no decir: “Escribo para contener / mi  distancia con lo humano. / Escribo para estar solo, / para no ser poeta”.

         

martes, 4 de abril de 2017

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. EDICIONES LILIPUTIENSES

Novedades de Ediciones Liliputienses
(Un regalo de José María Cumbreño)

MAPA POÉTICO DE LILIPUT

  Todo encuentro es el relato de una confirmación y el manifiesto vitalista de nuevas incertidumbres. Así que tenía ganas de coincidir sin horarios con José María Cumbreño, poeta, impulsor de Ediciones Liliputienses y persistente convocante de “Centrifugados”, encuentro anual de literatura periférica (aunque el término es aleatorio y nunca se sabe dónde está el centro y dónde las afueras, porque con permiso de Jaime Gil de Biedma y de Pablo García Casado “estar en las afueras también es estar dentro”).
   Un viaje personal a Cáceres para participar en la Feria del Libro de Trujillo me concedió la oportunidad de la cita pactada y una tarde de amistad y poesía que paso a describir sin más esgrimas caligráficas que la gratitud y el afecto. Tras el paseo urbano por la ciudad y su casco antiguo, con despliegue de historia y vida, el poeta sacó de la chistera de la generosidad más de una decena de libros de poesía que puso en mis manos con la sonrisa de quien dice: disfruta sin más. Y mi silencio perplejo fue sumando datos de ediciones recientes y aprendiendo la orografía lírica de Liliput. Está llena de vértices y núcleos porque José María Cumbreño se ha propuesto saltar al otro lado del castellano para unir en su editorial autores relevantes como Eduardo Chirinos, Marcelo Díaz u Omar Pimienta, con casi recién llegados como Daiana Henderson o Valeria Román Marroquín que todavía no cumple los veinte años. Son salidas no reductivas; en la cartografía liliputiense también hay plaza para realidades de nuestro entorno, como Juan Carlos Mestre, Elías Moro, Pablo Fidalgo Lareo o Miriam Reyes.  Títulos y autores que dieron para una jugosa conversación sobre el panorama creador y sus líneas de fuerza, mientras se calentaba la cerveza y se quedaba frío el té con limón.
   José María Cumbreño tiene una percepción profunda del momento literario actual; sabe seleccionar aperturas, derivaciones y descubrimientos sin la imposición de un restrictivo canon estético. Los que están son y escriben.
  Solo me queda ahora ir conociendo estas novedades con el gesto tenaz del lector que busca ángulos abiertos. Y lo haré. Ya despliego sobre mi mesa de trabajo la claridad festiva del verano, un resplandor de tinta.

   

sábado, 30 de mayo de 2015

A MANO. NOTAS DE UNA FIRMA DE LIBROS

Firma de Libros, 29 de mayo, 2015
Fotografía de Adela Sánchez
Stand de DISTRIFORMA
Feria del Libro de Madrid

A MANO. NOTAS DE UNA FIRMA DE LIBROS
 
   El insomnio, interlocutor inquieto de mis noches, se durmió conmigo. La tarde en la caseta cuarenta de Distriforma cumplió expectativas y dejó en mi cuaderno blanco un registro variado de asuntos resueltos.
   Vino puntual Dolores Leis, para argumentar con el silencio y su lógica demostrativa que la buena amistad no es florecilla de un día y que el café pendiente tiene más sentido que nunca.
   María Millán nunca cedió el testigo de su apoyo sincero ni de su compañía desde que coincidiéramos hace más de veinte años en las aulas del Colegio Victoria Kent para hacer de lo laborable un apéndice enriquecedor de armonía y para reafirmarse en lo esencial porque lo demás casi nunca importa.
   Jacinto y Luisa reconstruyeron en mi memoria un pasado de secuencias vivas y un viaje a Canadá que perdura intacto en el mapa del ahora y en los futuros itinerarios por compartir.
   Pooja Anil me llegó de la mano de la poesía de Rosario Troncoso en Casa del Libro de Fuencarral y hoy regresó, con toda la familia, para abrirme las puertas del trabajo común y proponerme la traducción de algunos de mis poemas al hindi, un ilusionante proyecto.
   Fue mágico e inesperado saludar de nuevo a José María Cumbreño, siempre grande, que inscribe el sello de ediciones Liliputienses en el cauce continuo de la buena literatura, y me regaló varias novedades que ya buscan hueco en mi tiempo lector.
   Las interferencias de firmas y saludos a futuros lectores impidieron una conversación sosegada con Nuria Cubero, hecha de música, y con Esperanza Hernández, que animó conmigo muchos años la vida cultural del instituto.
   Y abracé en la despedida con cerveza y terraza la amistad de Luis García Montero, epítome del poeta en la calle, que pone brújula en sus versos tras la tormenta sin puerto de IU.
   Regreso a casa con sonrisa de mayo, tras llenar mis pulmones, con el aire proteico del Parque del Retiro. Volveré pronto. Mañana o cualquier día; siempre soy un sedentario feliz entre renglones escritos por amigos y libros. 

lunes, 24 de septiembre de 2012

JOSÉ ANTONIO LLERA. TRAYECTO.


El desierto está creciendo
José Antonio Llera
Ediciones Liliputienses
Cáceres, 2012
 
   Desde su inicio el catálogo de Ediciones Liliputienses, impulsado por el poeta José María Cumbreño, nace con vocación minoritaria y tiradas reducidas, abriendo campo a labores creativas de difusión restringida o que apenas asoman a los reiterativos titulares de los suplementos literarios.
   El desierto está creciendo es un compendio breve del verbo poético de José Antonio Llera (Badajoz, 1971), profesor universitario y firmante de las colecciones de poemas, Preludio a la inmersión, El monólogo de Homero y El síndrome de Diógenes, las tres representadas en este volumen que se completa con varios inéditos del libro en preparación Transporte de animales vivos.
   Un preliminar da cuenta de algunas circunstancias biográficas, de algunos ilusorios propósitos juveniles y del criterio selectivo de una entrega que parte del ahora escritural para remontarse al primer libro. El que los versos iniciales de El desierto está creciendo sean los más recientes sugiere la importancia que el autor concede en la modulación de una voz propia de madurez. Son textos narrativos, que buscan la objetividad de una lente de cámara y que ofrecen planos situacionales en los que se insertan reflexiones de corte aforístico o experiencias concretas. Así nace la idea de una ficción autobiográfica que condensa, con prolijo aporte de detalles, la dialéctica entre entorno y sujeto. El primero establece un punto de fuga, reajusta los pasos del trayecto personal e inunda la retina con aristas cortantes.
   Aparecido en 2009, El síndrome de Diógenes  emplea la acumulación como método escritural del yo poético; se yuxtaponen referentes diversos para trasladar la idea de que cada texto releva la auténtica textura de lo cotidiano. Como esos contenedores urbanos donde la materia concluye su trayecto de uso, el sujeto se define por lo contingente, por lo que está abocado a desaparecer.
   El poema “Sala de espera” no prosigue un hilo argumental definido. Las imágenes crean diferentes ambientes que despiertan la sugerencia del lector con largos periodos narrativos que abocan en una reflexión conclusiva: “No cubráis una herida que sólo el aire puede sanar. La piel no tiene estrías para los que esperan a las afueras del último equinoccio”. Del mismo modo, otros poemas parecen hechos de párrafos autónomos que sirven de cobijo a pensamientos en torno a lo existencial, una existencia en la que encuentra cobijo lo alucinatorio.
    Un breve fragmento sirve de muestra de El monólogo de Homero, libro concebido como un monólogo dramático sobre un icono cultural; la identidad paga el diezmo del acto creador y su actitud es válida en cualquier tiempo. También un texto breve representa el punto cero escritural, Preludio a la inmersión, en el que es perceptible la apoyatura cultural.
   Uno de los mayores atractivos de El desierto está creciendo es la constatación de que la propuesta escritural de José Antonio Llera es singular y se aleja de lo predecible. El poeta y ensayista se siente cómodo utilizando el poema en prosa como factura formal, Los versos alzan un andamiaje narrativo para desvelar desde la palabra una realidad de contraluces.

martes, 19 de abril de 2011

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO: UN CAMINO HACIA EL SUR.

La parte por el todo. (Antología poética 1998-2011)
José María Cumbreño
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2011

   La preceptiva literaria denomina sinécdoque a la figura que nombra la parte por el todo. Tan meticulosa definición sirve a José María Cumbreño (Cáceres, 1972) para agrupar una amplia muestra de su itinerario poético, un camino hacia el sur de las palabras, desde 1998 a 2011.  Las citas liminares aglutinan diversidad, apenas condicionan la libertad del lector para sumergirse en una escritura que inicia Las ciudades de la llanura. Nos hallamos ante una lírica de escasa confesionalidad, proclive a la paradoja y al tono aforístico. Se alternan textos largos y breves, compartiendo un discurso enunciativo y lógico, inspirado en referencias culturales. Sodoma, la bíblica ciudad destruida por la ira divina, es el escenario paradigmático que concede al lugar una existencia onírica, fuera del tiempo. Varias composiciones adoptan el formato de un monólogo dramático, entre ellas resaltan “La estatua de sal” y “Condiciones para encender una hoguera”.
   La siguiente entrega, Árbol sin sombra, aporta seis textos de semántica unitaria. Los versos aparecen como fragmentos desgajados que refuerzan la pausa meditativa, el sosiego sensorial ante el paisaje. Cada poema se hace con estrofas autónomas, con reflejos semánticos sin ilación causal.
   De los espacios cerrados opta por el poema en prosa; la voz sugiere acotaciones teatrales. Véase “Decorado”. La existencia es un juego escénico en el que cada identidad  interpreta un papel. El decorado acoge una secuencia enlazada en una trama. El núcleo central del libro funciona como un muestrario semántico en el que cada término se asocia a una definición implicativa, al aporte inédito. Otros textos emplean la enumeración caótica hiperrealista y el efecto humorístico; así sucede en “Cosas que me sacan de quicio”, una hilarante conjugación del femenino singular.
  Un título que recuerda el universo narrativo de Julio Cortázar, Estrategias y métodos para la composición de rompecabezas aglutina versos en los que el sujeto recurre a la paradoja y a la reflexión. El poema homónimo que da título a esta antología es muy breve: “Todas las casas se construyen con presencias y ausencias. / El ladrillo que se pone será un muro. / El ladrillo que no sé pone será una puerta”. 
    Cada escritura define una cartografía de senderos que se bifurcan en pasos y obsesiones. En Diccionario de dudas volvemos a hallar el poema en prosa que funciona como definición de un aserto sustantivo (La muerte o su símbolo: la guadaña y la muerte), de un verbo o de cualquier término gramatical. Leemos en la extrema condensación de  “Maestro”: “El maestro debe tener menos certezas que sus alumnos”.
  La conciencia evocadora de una personalidad identificada sirve de pretexto para la Breve biografía apócrifa de Walt Disney. Se opta por una formulación discursiva, hecha de mínimos textos autónomos.
   Quienes gusten de la retórica bibliográfica percibirán dos datos de interés en los últimos títulos: Límites y progresiones amanece en la Colección Narrativa, de Baile del Sol, y Retórica para zurdos sale de imprenta en la Colección Ensayos Literarios de la Editora regional de Extremadura; de este modo se evidencia una estética que obliga a los géneros literarios a una confabulación para alzar una casa común, de habitaciones homologadas. Es el lector quien establece tipologías, quien sugiere si es un poema en prosa, o un aforismo, un relato hiperbreve o un apunte.
   Cierra el volumen Genealogías que hace suyo un principio iconográfico: la yuxtaposición de imágenes crea una sensación de movimiento; del mismo modo, el poema se convierte en un texto omnívoro que aglutina, actos, pensamientos, mensajes externos, sensaciones. El personaje verbal tiene rostro especular; un alter ego derivado del pacto autobiográfico que lleva una existencia verificable.
Se clausura con una composición metaliteraria: “Una misma palabra puede significar una cosa y la contraria. /  Igual que un mismo color unas veces representa la pureza y otras, / la muerte. / De hecho, las palabras pueden significar cualquier cosa. / Cualquier cosa. / Excepto la verdad. “
   El decurso creador de José María Cumbreño concilia géneros, amalgama lirismo y pensamiento en un claro propósito de captar sentidos múltiples mediante formas abiertas. Diversa y singular, en la antología La parte por el todo subyace una cohesión armónica y las señas de identidad de un escritor que bucea con ánimo exploratorio, que se acerca a la práctica poética de antecedentes como Antonio Gamoneda y José Ángel Valente. Una voz que impone una codificación reconocible, una vía más para el poema del siglo XXI.


sábado, 15 de enero de 2011

RETÓRICA PARA ZURDOS

  1.                      DE VARIA INTENCIÓN

Retórica para zurdos
José María Cumbreño
Editora Regional de Extremadura
Cáceres, 2010

   Uno de los más conocidos esquejes de Antonio Machado, Juan de Mairena suplantó la retórica por un compendio de reflexiones encaminado a persuadir y conmover, a difundir argumentos que ayuden al lector a elaborar su personal punto de vista ante los límites difusos de la realidad. En esta línea puede leerse la antología de breves Retórica para zurdos, nueva entrega de José María Cumbreño (Cáceres, 1972), autor con un amplio inventario de géneros.
   Una nota previa, aquí reproducida por su utilidad, traza las coordenadas del volumen: “Éste es, a la vez, un libro viejo y nuevo. Viejo porque en él se recogen textos que pertenecen a otros libros anteriores (publicados o inéditos), aunque, eso sí, unidos por un motivo común: la literatura dentro de la literatura. Nuevo porque parte de lo que aquí aparece lo hace habiéndose escrito expresamente para un cuaderno de estas características, donde el arte y su tramoya protagonizan una peli que, como todas, tiene entre sus personajes a un bueno, un malo y un villano.” El texto aclara la propensión a lo metaliterario, a extraer literatura de la literatura, pero la autonomía textual diversifica la intencionalidad incluso dentro de cada una de las cuatro secciones que componen esta salida.
   Hay fragmentos que buscan la esencia, que sacuden su hojarasca para que muestre  una oculta carga simbólica, podrían ser versos o integrarse sin más en el discurso lírico de un poema minimalista; otros sugieren escenas que actúan como memoria activa de lo cotidiano, de ese devenir aleatorio del que podemos tomar todo tipo de argumentos y situaciones proclives al microrrelato. Otros aportan literatura pedagógica, son entradas de una enciclopedia particular que propone enunciados y definiciones en los que la paradoja o la sorpresa sirven para ensanchar aristas conocidas.
   El conceptismo, esa savia concentrada que alienta en la severa brevedad de aforismos y epitafios, es nota común que se reitera a lo largo del libro en el que no falta sitio para las enseñanzas de la tradición.
   Retórica para zurdos aglutina piezas verbales, eslabones sutilmente enlazados que en su conjunto crean una ilusión de realidad, un entramado coherente que multiplica la carga expresiva de las palabras. El trabajo del autor – escriba con la diestra o con la zurda; es decir cambie enfoques o perspectivas - es siempre el mismo, buscar, seleccionar y combinar significados que ayuden, sea cual sea el formato, a conocerse y a caminar hasta el otro, esa prolongación cercana de nuestra identidad.