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sábado, 25 de mayo de 2024

CRISTINA PENALVA PASTOR. LA PALABRA INVISIBLE

La palabra invisible
Cristina Penalva Pastor
Prólogo de María Ángeles Pérez López
Textos de cierre
de
José Pejó Vernis
Ángela Serna
Stefania Di Leo: 
Ediciones La Palma
Boadilla del Monte, Madrid, 2023

 

INTROSPECCIONES


  Frente a la proyección de su gestión organizativa, que ha convertido a Cristina Penalva Pastor en una de los promotoras más activas del entorno cultural de Alcalá de Henares, la estela poética de la escritora es un camino de sombras y permanece inédita casi al completo. En el devenir temporal de las últimas décadas ha colaborado en algunas publicaciones escritas y aparece también en muestras antológicas como Horizontes poéticos, selección traducida al rumano por la poeta y traductora Elisabeta Botan. De la extensa lluvia de inéditos, pese a la persistente vocación creadora, solo emerge la entrega La palabra invisible, un atinado rescate de Elsa López, quien propició  la oportuna vía de acceso al catálogo de Ediciones La Palma.
   La propuesta verbal de Cristina Penalva Pastor, técnica en publicidad y comunicación y responsable editorial de la revista Perfiles, acoge como umbral un cálido apunte prologal de la poeta, ensayista, editora y profesora universitaria María Ángeles Pérez-López. El texto es una meditada reconstrucción de impresiones al paso que alumbra la no pertenencia a etiquetados reduccionistas ni tribus literarias; con profundo anhelo vocacional, quien escribe “habla un idioma propio, telúrico y sideral” que se adensa en lo invisible para sondear el desamparo existencial, la culpada humillación de los sueños que no emprenden vuelo a pesar de su impulso ascensional.
   Sospecho que en la escritura de esta autora, con genealogía armónica como hija y nieta de músicos, el periplo biográfico conforma el mejor acuífero subterráneo de las palabras. El trazado poético busca dentro la razón de escritura, el legado de contingencias verbales que cabe entre las grietas del lenguaje. Con un verso cuajado de imágenes explora lo profundo; ese lugar donde conviven intuiciones y sentimientos, memoria de los propios instantes personales y secuencias que salen a la luz de la memoria con la cadencia reflexiva de lo autobiográfico.
   Creo también que la intensa musicalidad de estos versos muestra afinidades con el desempeño laboral del trabajo en radio que aglutina una extensa experiencia de oralidad como productora, guionista y conductora del programa «LETRA Pequeña» de la Radio Universitaria de Alcalá de Henares, y del programa de Radio Bukowski, «Desde el otro lado del Mar». De ese desvelo por la cadencia, nace en voz baja el aliento del aire, el rumor sosegado del poema que remonta las laderas del silencio para explorar a solas el terco deambular de la conciencia, el desandar de quien invierte la distancia gastada del trayecto para culminar el viaje a la raíz.
   Queda en el mapa de la memoria, cobijada ante cualquier asepsia sombría, el asombro infantil de la niñez, los destellos de una contemplación que buscaba la esencia de las cosas pequeñas. Esa lluvia de pétalos, cálida y acogedora, que alejaba del desamparo y la desolación. Sin embargo, el tiempo, “ese hilo sutil que conecta el tiempo con el tiempo” siembra erosiones y pérdidas y se hace desierto, un expandido mar de dunas en donde se pierde la caligrafía del yo, esa crónica íntima que mimetiza el dolor. La palabra aporta intensidad emocional, necesidad de escribir para mitigar el aislamiento y la sensación de soledad. Da cauce al afán de escritura constante que hace del poema terapia, caligrafía contra el delirio y testimonio: “Veo la poesía en los ojos de la tierra / me arrulla en cada gota que mana / en cada flor que grita hasta el delirio / y tirita en playas de lava incandescente”.
   En la voluntad autobiográfica de las composiciones perdura con paso firme la silueta deforme de la muerte como clausura de la última etapa existencial. Su presencia conforma una continua sensación de temporalidad y finitud, como si fuera inevitable en los episodios vitales mostrar a todos la sencillez de sus secretos. Se suceden en las cadencias textuales las reflexiones y pensamientos; el tantear de la escritura que busca conocer lo inexpresable desde “un arrabal de palabras imprecisas” pero capaz de construir un refugio vital, un arcoíris con techo.
   La edición de La palabra invisible de Cristina Penalva Pastor añade como coda un poema de José Pejó Vernis, escritor que, hasta su ausencia final, hizo de la amistad un tronco fuerte de sensibilidad y coherencia, junto a dos artículos críticos. El primero, “Al abrazo de la luz”, firmado por Ángela Serna, busca en el hilo suelto del poema el discurrir entre lo profano y lo sagrado para que se abra el surco de la palabra y suelte al aire cromatismos y aromas, la sed nunca saciada del adentro más hondo. Por su parte, la profesora universitaria y traductora Stefania Di Leo explora la intensidad imaginativa de La palabra invisible ahondando en un discurso lírico, abierto a una multiplicidad temática, como metáfora de la existencia. En la singularidad del yo reverbera en la conciencia una clara meditación sobre la pérdida y la conmoción que produce habitar la sombra y existir sin entender; a solas se impacientan los pasos del retorno hacia un espejo, una esperanza en gris que abriga en su interior el consuelo tenaz de la poesía.  

JOSÉ LUIS MORANTE



  

martes, 12 de septiembre de 2023

ELISABETA BOTAN. VUELO ENTRE DOS MUNDOS

Vuelo entre dos mundos
Elisabeta Botan
Prólogo de Miguel Veyrat
Ilustraciones de Sorin Mihai  Bârgaoan
Editorial Nuevos Ekkos, Colección La Palabra Inquieta
Madrid, 2022

 
REGRESOS

 

   Fue en las rutas culturales abiertas por Gregorio Muelas Bermúdez, José Antonio Olmedo López Amor y Jorge Ortiz Robla, los directores de la revista Crátera donde cuando conocí por primera vez a la escritora, traductora, crítica y antóloga Elisabeta Botan. Juntos compartimos algunas veladas en la siempre recordada librería Nakama, en el barrio de Chueca, y en las aulas de la Universidad de Alcalá de Henares, ciudad donde vive desde el año 2002 y donde protagoniza con ánimo incansable una intensa labor cultural sin líneas divisorias. Nacida en Rumanía en 1972 sintió desde muy joven un intenso interés por la poesía y participó en premios y convocatorias que alentaron un itinerario de largo recorrido. Dispuesta a desarrollar su temprana pasión por la página escrita ganó, consiguió resultar ganadora en varios concursos de cuartetas, con rima preestablecida y recitando en directo obtuvo el Primer Premio del Concurso organizado por Radio Nacional de Rumanía (Juventud Bucarest- 1996) y ”Radio România Tineret”, en 1997.
   Aprender y domesticar un nuevo ámbito lingüístico y conocer los peldaños expresivos de su fluencia es una acción en progreso. En 2012 publica en castellano el poemario Dimensiones y cuatro años después la entrega Egometría (2016). De ambos libros se han realizado traslaciones al inglés, francés, italiano, chino, griego, árabe, búlgaro y catalán. Ha participado en antologías de relato breve y poesía del ámbito nacional e internacional. Coordinó la antología bilingüe Horizontes poéticos, que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Bucarest, Gaudeamus 2019, y ha traducido siete libros a diferentes idiomas, principalmente de rumano a español. Colabora con numerosas revistas culturales. En suma, una labor miscelánea que revela una actitud en vela y generosa.
   El mapa lírico de Vuelo entre dos mundos ofrece como apertura un prólogo del poeta Miguel Veyrat. Comienza con un recuerdo personal de su etapa de periodista, que justifica la idea motriz de la introducción. La palabra impone un magma aglutinador, conjunta una síntesis capaz de borrar diferencias entre espacios geográficos, entornos culturales y enfoques subjetivos. Tras ese umbral de partida, la poeta comienza su indagación verbal con una crónica de vivencias que sondea el sentido del ser. Las arterias grises del estar diario necesitan superar el conformismo y la quietud. El yo poético en su alineación sucesiva de momentos debe mirar más allá para superar erosiones y desajustes y repensar las relaciones entre creación poética y discurrir existencial.
   Desde el amanecer del libro se percibe que la palabra de Elisabeta Botan es intensamente humana. Asume un intimismo cercano y transparente que acomete una función dialogal y comunicativa. Los datos verbales se enriquecen con imágenes que agitan la fuerza sensorial del poema y su temblor emotivo. Andar el camino de las palabras no es más que abrir una perspectiva nueva al tránsito interior y una toma de conciencia del carácter nómada de cualquier destino tras el mágico asombro del amanecer.
   Los temas de Vuelo entre dos mundos tienden a la riqueza argumental. Los momentos de la confidencia personal conviven con el homenaje a figuras del canon como Federico García Lorca, a quien se dedica el poema “Noche de agosto”, o se abren interrogaciones sobre las propias coordenadas estéticas, como leemos en la composición “Ars Poetica”: El poeta se retira en la luz / de las palabras, / no necesita conquistar paraísos, / -pues él no cree en los infiernos-. / Le basta el lecho de sus versos”.  
   Otras composiciones conectan con la mirada del espectador que contempla y es capaz de interpretar signos y trazos de la pintura. Así sucede con “Cuadro I” dedicado al pincel de Jorge Vaca, o “Cuadro II” , otra composición empeñada en descubrir la luz y sus límites visuales a partir de la obra de Florin Buciuleac.
   La poesía amanece cuando descubre motivos argumentales por lo que las palabras abren resquicios; muchas veces el hilo fuerte que las convoca son las contingencias de la actualidad: el tiempo ensimismado de la pandemia, la indeclinable fuerza de la enfermedad, o los contraluces de una sociedad marcada por los fanatismos religiosos, la intolerancia o la violencia sexual.
   Otro sustrato básico de la poesía es el tejido sentimental del amor, los afectos familiares: el marido, la hija, el recuerdo del padre o la evocación de la figura materna. Junto a ellos los nombres propios del transitar del tiempo y ese destino personal de quien vive entre dos mundos, el de la infancia y el lugar de origen, y el del presente y la necesidad de que broten nuevas raíces para que sostengan la casa del ahora y las expectativas de la costumbre.
  En la voz de Elisabeta Botan cada poema es un refugio y un punto de encuentro, un espacio dialéctico, sencillo y complejo, que concentra significados y desdice la soledad del paseante solitario con la consoladora evidencia de la poesía. El discurso verbal nos habla de buena vecindad entre pasado y presente, entre los libros y la geografía indecisa en la que viven juntos y se abrazan realidades y sueños.
 

JOSÉ LUIS MORANTE