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INTERNOS
Marchitará la rosa el viento helado
GARCILASO DE LA VEGA
Tras el confinamiento insular, regreso al Pabellón de internos. De su alambrada hostil sobresale una
fila de adelfas florecidas. Dentro no cambia nada, hay un callado pacto con el tiempo. Algunos internos deambulan
dubitativos, miran mi presencia con desconfianza. Después se aproximan; me
piden euros y tabaco, y premian la súbita generosidad con confidencias. Alguien,
susurran, empujó al celador en la escalera central; hubo suerte, aunque
sobrevivió se fracturó la cadera y las piernas; y estará lejos varios meses.
En la tapia de entrada siguen juntas las sillas de plástico, alineadas frente a la avenida. La soledad permanece sentada. Siempre inmóvil, como semilla que espera un buen final.
(De Cuentos diminutos)
