viernes, 31 de julio de 2026

TEOREMA DE LA CONFIANZA

Con Gloria Díez y Juan José Martin Ramos
Biblioteca Mario Vargas Llosa de Madrid, 
4 de junio de 2026 

 

TEOREMA DE LA CONFIANZA

 

Confío en la existencia diaria, ese azar demediado entre intenciones y resultados.

Confío en la retina de aquellos que perciben un sol a medianoche.

Confío en las esfinges que no guardan secretos.

Confío en el sentido estético de los laberintos, en esa arquitectura que ubica en el sitio justo las entradas de urgencia.

Confío en la presencia incansable de lo que pasa desapercibido.

Confío en la inconsistencia de los ciclos que exploran lo real, ese deambular por los calendarios que lleva desde el almendro en flor a la rugosa cáscara del fruto.

Confío en los que abrazan cuando no estoy y me confunden conmigo.


(Aforismos  de gratitud)




miércoles, 29 de julio de 2026

CON LOS OJOS DE UN NIÑO

Mirar las cosas con los ojos del niño
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

PAN CON MIGA 

(Apuntes sobre el aforismo)

 

 

 El yo plural

 Cada sujeto personifica una identidad mudable, una vida ondulante, por decirlo con un aserto de Ramón Eder. La escritura aforística no pasa de ser la sombra larga de una fisonomía nómada, que traslada la unicidad de lo diverso. Un estar en los extremos buscando el centro. 

 Con Lemuel Gulliver

 Cuando duermo, las miniaturas cognitivas de la biblioteca trasladan mis aforismos a Liliput, esa nación insular ficticia de ubicación aleatoria. Allí, sus claves interpretativas ganan altura.

 Intimismo

 El tono confidencial habla de todos. Recrea el intimismo de un hombre concreto que habita callejones entre luces. Su estar en primer plano difunde rasgos de otros hombres concretos. Cada gota de agua imita formas, texturas y humedades de otras gotas.

 En la diana

 La conciencia reflexiva coteja el entorno desde la síntesis. Constata un compromiso con las palabras. Da forma una meditación fragmentada. Lo mínimo es un dardo.

 Vocación

No recuerdo una fecha exacta, pero los primeros aforismos de mi libro Mejores días (Mérida, 2009) nacieron hacia 2005, ya como textos autónomos para integrarse en un libro futuro. Un anticipo se editó en el cuaderno Sueltos (Amargord, Madrid, 2006) Antes escuché con frecuencia que muchos de mis poemas tienen un cierre aforístico; así que no fue una decisión brusca en la escritura personal sino un ejercicio de libertad y obediencia; de confianza en lo fragmentario para desobedecer la monotonía del todo desde las partes.

Elogio de la soledad

 En la soledad llama al timbre el decir breve. Suele presentarse con un detonante concreto: una vivencia, una lectura, un asunto laboral… Así alcanzan una primera redacción que después modifico varias veces. La intuición es una brújula perezosa y poco fiable, aunque siempre llena de matices. Con algo que decir.

Sobre el hermetismo

El enfoque de la frase corta requiere concentración, saber acotar el sentido. El aforismo no es un topo que busca sombras en medio de la noche.

Elementos de riesgo

La columna verbal del aforismo soporta dos elementos de riesgo: el sobrepeso y el esqueleto invertebrado.

Tradiciones

Las pautas arbitrarias del gusto propio se contrarrestan con la tradición. Mis estaciones de vuelta son mapas con una cartografía urbanizada. Friedrich Nietzsche, Elias Canetti, Wilde, o Chesterton no monopolizan mi trayecto; dejan sitio a los moralistas franceses, a clásicos y coetáneos que acercan al afán renacido de mis pasos el alborozo intacto de un descubrimiento. Ellos propician la voz cómplice, el verbo inconformista o la estricta reflexión.

Una novela de ideas

Con tantas definiciones válidas, me gusta pensar que en esas convergencias y divergencias cabe la propuesta de entender el aforismo como una novela de ideas, una ficción cuyo narrador omnisciente es la conciencia del sujeto que deja hablar a sus convicciones éticas y estéticas y cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad y soporta un continuo amotinamiento de los elementos textuales. El carácter autónomo de cada texto concede al hilo argumental un rumbo imprevisible.

Sin derroche retórico

En el centro indagatorio del aforismo la búsqueda de la transparencia, la voluntad de orden de los cantos rodados y la apelación a la empatía lectora sin derroches retóricos. Ascetismo verbal.

Procesos

Extendidos en el tiempo de la digresión, hay procesos tediosos y aburridos. El aforismo es el racimo, no la fermentación.

La vida es sueño

Calderón confinó en un aserto metafísico las vicisitudes del despertar: la vida es sueño. Y el axioma prosigue senda en el devenir. Se impone así la idea de la representación. La escritura necesita una máscara, un escenario que siembre pasos en situaciones ideales.

Disfraz

El aforismo testifica esas situaciones y es preciso elegir el disfraz del personaje. Toca ponerse el vestido pintoresco del payaso, el velo etéreo de la evocación o la chaqueta gris del moralista. Abro el ropero.

Respiraciones

Los aforismos respiran, como si concluyesen una inmersión bajo el agua de los significados y entraran en la luz, todavía con la humedad dormida en sus palabras.

En primera persona

El discurso principal de un libro de aforismos acepta bien el mirador directo de la primera persona; los incisos aislados nunca derogan el cauce principal que suele adaptarse al extraño viaje de la confidencia. A veces, la veracidad genera una obsesión de proximidad que hace aconsejable la laboriosa tarea del narrador omnisciente, a quien hay que exigir una claridad sin derroches retóricos.

Rayuela

Las compilaciones de aforismos son proteicas, abiertas, discontinuas, como la rayuela, ese juego infantil que se practica a saltos.

Estridencias

En la crítica aforística hay que desconectar de inmediato esa alarma interior del amiguismo. Más que aviso para despertar es estridencia y quiebra.

Hipótesis

El aforismo establece una hipótesis verosímil, una verdad creíble que desarrolla un cauce verbal construido desde la experiencia, sea ésta biográfica o literaria.

Mutaciones

El aforismo crece y evoluciona. Soporta las mutaciones del tiempo y no puede ignorar la piel fragmentada de la realidad. Cuando hace balance de su contingencia siente dentro la voz callada del superviviente.

Carta de navegación

En la escritura breve no es posible la desconexión vital; la estela autobiográfica es una brújula, una carta de navegación.                                                        

 

                                               JOSÉ LUIS MORANTE

(Madrid, 2019)

                                                

lunes, 27 de julio de 2026

FRANCISCO CARO. AQUÍ

Francisco Caro
(Piedrabuena, Ciudad Real, 1947)

  

COORDENADAS

 
Aquí
Francisco Caro
Mahalta Ediciones, Colección Poesía
Ciudad Real, 2020
 
   La labor poética de Francisco Caro (Piedrabuena, 1947) adquiere perfil definitorio en la antología Este nueve de enero, una compilación de trayecto, realizada en 2019. La selección recoge los poemas más conocidos y dibuja la evolución en el tiempo del dinamismo literario impulsado, con paso sosegado,  por el escritor castellano-manchego. En ese volumen se hacen suelo básico las resonancias del existir, esa expresión cotidiana, evocadora y reflexiva donde confluyen incisiones biográficas y el merodeo de la temporalidad. Así se define un ideario estético que fusiona intimismo y afán comunicativo, indagación en la identidad y esa ambivalencia contradictoria que propicia el diálogo entre sujeto y entorno, convertido en un refugio abierto.
   El poeta entrega ahora, en el complejo año de la pandemia que tanto ha transformado la condición de ser, el libro Aquí con una nota indicativa que advierte sobre la entidad literaria de esta obra. Las composiciones más tempranas se fechan en 1998 y las más actuales son de 2020; por tanto, a primera vista, no es un libro unitario sino un balance en el tiempo que postula una voluntad expresiva sostenida, articulada desde una expresión diáfana, desnuda y emotiva.
  El discurrir natural del poema deja como apertura una cita de Eliseo Diego: “Hay días en que el tiempo acude manso / y al lado de la luz”. Una reflexión relevante, empñada en recordar que la cotidianeidad del hablante lírico está siempre condicionada por la estela de contingencia y fugacidad del devenir. El ahora se percibe como un espacio de apertura, cuajado de vivencias aurorales que conforman la propia geografía del sujeto y las pulsaciones vitales del pensamiento: “Es aquí donde espero / a que nadie me nombre, a que calle / la prosa para siempre, aquí nací, en estas tierras cuarzo de interior…”. En la palabra se asienta la conciencia de pertenecer a un espacio afectivo, donde se entrelazan sensaciones existenciales que definen el presente como un tapiz sin brumas; un manantial de vida que siembra en las palabras frescor y transparencia, el rumor del origen. Evocarlo no exime de trazar una estela de leve melancolía. Los días de infancia, siempre alumbrados por la pura inocencia de la amanecida, son ahora un regreso cuajado de recuerdos. Desde esa voz evocadora nacen composiciones como “Verano de 1956”, “La fragua de Ángel” o  “El cine de Antonio”. Los poemas dibujan instantáneas pobladas por nombres propios que perduran, en las manos del tiempo, ocupando la escena de un modo personal y creíble, pleno de luz y mediodía.
  La presencia cálida del intimismo avanza en el cauce del tiempo hacia un verso más indagatorio, marcado por las dimensiones del discurrir vital. Cada amanecida es paradójica porque alienta una búsqueda de lo perdido y aporta un patrimonio afectivo en el que lo diario adquiere transcendencia y sentido. El poema construye, con serenidad y epitelio emotivo, su arquitectura de sensaciones. Quien vive yuxtapone búsquedas y sondeos, el veneno preciso de la decepción, la verdad sospechada de lo transitorio, la suma de derrotas que se van guardando en los rincones menos visibles su zumbido callado, su indolencia: “hoy que vuelvo / a escuchar su zumbido, su deseo / de paz o enemistades / ya sé que son las mismas, / que todo muere sé, que todo permanece, / que soy el mismo miedo, que acaso soy el mismo”.
  Al cauce central del temporalismo se adhieren otros sustratos temáticos, entre los que se vislumbra el afán metaliterario, si cabe, con un deje irónico, que resalta en la entrega Cuaderno de Bocaccio, aparecida en 2010, el mismo año de Paisaje (en tercera persona). Se divaga sobre los aspectos formales, la brevedad, el sentido comunicativo y dialogal de las palabras y esa noción conceptual de la escritura como proyecto inacabado, como conjetura que resguarda la luz debajo de la dermis oscura del sentido, sin tener que recurrir a aderezos retóricos ni trucos de magia. Alguna vez he leído que los versos figurativos amplifican el realismo desde la sugerencia. Es una excelente definición que hago mía de inmediato. El sujeto verbal no emplea un realismo enunciativo, busca para la arquitectura del yo protagonista andamios nuevos y anula marcas gastadas de etiquetas tópicas.
    En la práctica poética de Aquí la memoria es un epicentro fundamental, desde la sentida dedicatoria de la amanecida: “Con mis padres, Teresa y Leónides, en memoria. Con mis hijas, Ana y Julia. Antes, después”. Su paso indagatorio conecta pasado y presente, como orillas de un desahogo vivencial que nunca atenúa los pasos de la incertidumbre. Los poemas alzan andamios, van poblando la cartografía del recuerdo con los trazos cómplices de un yo cambiante que  salió a la mañana para percibir “el mundo en el instante que comienza”. Mientras, el tránsito diario dispersa las hojas de los días, esa fronda perecedera que abriga la condición de ser.



José Luis Morante



domingo, 26 de julio de 2026

JORGE LUIS BORGES

Jorge Luis Borges: Mitologías

 

Un instante con Jorge Luis Borges 

   Hoy, los ordenados libros de Borges me miraron con el ceño fruncido. Hace meses que no los leo. Acepté de inmediato culpa y desidia, aunque argumentando que mi admiración por el escritor argentino sobrevive con tenacidad. Y diseñé, en pocos minutos, un plan de relectura.
   Antes, reconstruiré antes la personalidad del argentino con libros de Marcos Ricardo Barnatán, Alberto Manguel y con  la primera edición en castellano de Un ensayo autobiográfico, texto ilustrado con más de un centenar de fotografías.
   En algún cajón de mi escritorio, un cuaderno manuscrito relata una evocación detallada de mi pasión por Borges, expuesta en artículos, reseñas y poemas, y alimentada por la creencia de que no existe en su literatura una sola página que pueda considerarse territorio estéril.  
  Me espera un largo viaje de retorno, un desandar el tiempo, en el que me conviene recordar que “leer es una actividad posterior a escribir, más resignada, más civil, más intelectual”.

(Apuntes del diario)







viernes, 24 de julio de 2026

INCENDIOS


 

INCENDIOS

 

 . Frustración ante la ignorancia e irracionalidad de quienes cada verano provocan los incendios que convierten nuestras provincias en territorio estéril.

 . El sofista Protágoras, uno de los inspiradores de la pedagogía, pensaba que el problema fundamental del ser es la educación. Tiene razón: nadie civilizado quemaría un bosque.

 .Todos los años idénticos titulares en los medios de comunicación: miles de hectáreas calcinadas y un espacio desértico, sin rastros de vida. Todos los años también la misma impunidad e idéntica impotencia ante la ausencia total de políticas preventivas.

 . Pesimismo antropológico: las buenas intenciones sobre la prevención de incendios se olvidan en invierno.

 . Sin medidas concretas en la vida comunitaria – reforestación, educación medioambiental, limpiezas y podas programadas, aclimatación de nuevas especies, responsabilidad penal y civil para los infractores…- estas mínimas reflexiones no son sino una queja insistente, mera palabrería.

 . En la retina, la equilibrada serenidad formal del bosque antes del fuego. Naturaleza muerta.

Apuntes del diario






 

 

 

miércoles, 22 de julio de 2026

CARICIAS CON SED

Confidencias
Fotografía
de
ADELA SÁNCHEZ SANTANA

 

DESDE LA ORILLA

 Las golondrinas no refrendan la caricia canicular, pero guardan el vacío del nido.

 Cuántos manantiales sin agua potable.

 Esas páginas impolutas y frías, sin glóbulos rojos.

 El aspirante a personaje concede al ombligo un interés escénico.

 Discreto, en la mirilla de la mañana pide asilo el esqueleto de un dinosaurio.

 Mientras se aquieta la bruma, el sol es una lámpara minúscula, de segunda mano.

 Los insectos sobre la tierra fría del sendero.  Soledad camuflada de vida.

 La trastienda mental de quien sustituye amigos por animales domésticos.

 Como gesto de autoprotección, espío los versos sueltos de mi vecindario.

 La rutina carboniza el asombro.

 Aquel vegano mantenía un oficio rentable con sus contradicciones; practicaba la ganadería extensiva.

 Guarecidas en la laringe, las fibras del hambre se digieren mal.

 

 Del libro  Oficio de callar, Mahalta, 2026




lunes, 20 de julio de 2026

PREPARATIVOS

Microrrelatos
Sala Miguel Hernández
Centro Cultural Armando Rodríguez Vallina
Rivas Vaciamadrid (Madrid)


PREPARATIVOS

    Que salí a la calle mientras dormía, en esa soledad de quien tampoco va consigo. Que consumí un trayecto anodino entre edificios para buscar el callejón más íntimo. Que quise concluir, con alivio, todos los actos que no tuvieron nunca olvido y me han dejado traumas recurrentes, un palpitar de inconfesables frustraciones. Que a pesar de cumplir tempranos requisitos, sumando voluntad, sueño y leer en voz alta aquel panel indicador del callejero urbano, el pasado mantuvo su liviandad errática y no llegó a la cita. Que esta noche también siguió distante y frío, como una raíz oscura, insoportable, que sostiene la nada.



 

  

sábado, 18 de julio de 2026

LO SOCIAL COMO COMPROMISO DE TODOS

Tareas del yo
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

LO SOCIAL COMO COMPROMISO

 
  Nunca he creído en el tópico del intelectual encerrado en la torre de marfil de su pensamiento. En cada sujeto conviven lo privado y lo público y es un estímulo de la vida diaria alentar estrategias de convivencia entre ambos espacios. Desde que inciara mi trabajo de escritor -ya cerca de cuarenta años de práctica literaria- soy testigo directo del yo colectivo y de la formación de las señas de identidad del nosotros. El ser concreto se expande en un territorio más amplio, en el que se configuran intereses, actitudes y causan ajenas a la individualidad y el conformismo. Sólo el trabajo con los demás revaloriza la utopía, nos hace protagonistas en el escenario de lo histórico. Somos individuos solidarios. Todo yo es otro.

JOSÉ LUIS MORANTE



 
                                                      
 

viernes, 17 de julio de 2026

FANTASMAS

Fuera de guion
José Luis Morante
Lastura ediciones
Madrid, 2024

 

FANTASMAS

   Sin saber el motivo, guardo desde niño todos mis fantasmas. Mi precaria economía de certezas sugiere que tal vez perduran, ajenos a cualquier variación, porque nacieron en un tiempo de asombro y atestiguan la configuración exacta de lo perecedero. Sus pasos huelen a caserón deshabitado. Mientras leo, ocultan entre las páginas del libro el cobijo de voces donde se traspapela la nostalgia. Juntos percibimos el repliegue del día en el crepúsculo y la arisca llegada de la noche. Nada codician, salvo la larga deuda de seguir conmigo. Son el tazón de caldo que bebe mi alegría.
 
JOSÉ LUIS MORANTE



jueves, 16 de julio de 2026

PRIMERA CLARIDAD

Aurora
Archivo general de Internet

 

CON LOS DEDOS ROSADOS

Hay biografías luminosas a las que una doble vida les parece poco.

 Persistencia del ojo para recorrer en la pared intacta una ranura.

No sé fingir el paso cuando la conversación lleva al exilio.

 Pierdo palabras; pronto seré un diccionario deshabitado.

 La edad recicla la ternura en desuso.

 Existen muchas formas de soledad. En mí viven las más gregarias.

 Tras el despertar, qué eficaz la demolición de quien contradice siempre.

 La caligrafía en cursiva de la aurora imita la espontaneidad del niño que amplifica sonidos y oye la voz del mar en el caño oxidado de la fuente.

 En el callejón de lo cotidiano, en cualquier rincón, las huellas dactilares del absurdo.

Habla poco de euforias infantiles. Fue un adulto inmaduro desde niño.

 Hay amanecidas que confían en la pericia de la imaginación para sobrevivir.


(Del libro Oficio de callar, Editorial Mahalta, 2026)



 

 

miércoles, 15 de julio de 2026

MIGUEL CATALÁN

Suma breve
Pensamiento breve reunido (2001-2018)
Miguel Catalán
Ediciones Trea / Aforismo
Somonte Cenero, Gijón, Asturias, 2018

 

ELOGIO DE LA PARADOJA

 
   El momento cenital del aforismo como estrategia expresiva tuvo en Miguel Catalán (Valencia,1958-2018) un cultivador vehemente. Doctor en Filosofía, profesor universitario, narrador y ensayista, su cosecha paremiológica abarca seis entregas dedicadas a la concisión expresiva. Todas se compilan en el volumen Suma breve. El trayecto completo abarca desde 2001 hasta 2018, un intervalo conformado por las ediciones El sol de medianoche (2001), La nada griega (2013), La ventana invertida (2014) y el aporte inédito que añaden tres conjuntos que anticiparon diferentes textos en revistas, Así es imposible, El altar del olvido y Paréntesis vacío.
  El conjunto permite definir, con lúcida solvencia, el carácter ontológico del aforismo y su evolución en el discurrir. El término siempre está vinculado a un territorio de intersección entre literatura y filosofía que es base común de todas las entregas. Así lo recuerda el texto de apertura de José Montoya Sáez, quien también examina de cerca el concepto de paradoja como implosión del lugar común. A través de la paradoja se puede expresar la constante fluctuación del entorno social y humano; de esta forma adquiere un notable potencial subversivo en la contundente concisión de sus reflexiones.
  El aforismo postula la complejidad de su contenido. Emprende en su decir una interpretación del sujeto y de la realidad externa, en la que sondea una continua búsqueda de sentido. Su exigencia estética se asoma a los estantes de la verdad, con lo que adquiere en su definición una cierta claridad metafísica al intentar captar la significación de la experiencia. El texto se llena de matices, de este modo, dentro del material común del género, cada libro presenta rasgos específicos, aunque estos a veces sean contradictorios o definan estados de ánimo dispares, como si en su amanecida la escritura plegara pasos a la condición de ser.
  Ya se ha comentado que el primer paso aforístico de Miguel Catalán es El Sol de medianoche. El fenómeno natural observable en las proximidades de las geografías polares ejemplifica bien antítesis y contrastes. Esa visión de lo claro en la noche, que prolonga el día entre la sombra. Desde el inicio, Miguel Catalán asume el desvelo incansable del observador. Sabe que el comportamiento del yo es reflejo de las actitudes aleatorias del otro; por tanto, es necesario sondear su sentido para que el aprendizaje surta efectos interiores. Nada de lo humano resulta ajeno; de ahí que la ética sea siempre un relevante proceso reconstructivo. Pero hay que evitar los juicios sumarios, revestir las opiniones de calidez y argumentar con el tacto sosegado de quien sabe, como Marcel Proust, que “cualquier idea clara tiene el mismo grado de confusión que las nuestras”.
  El corpus textual, tras la entrega epifánica, abre un largo tiempo de silencio de más de doce años, pero ese acantilado temporal no varía el paisaje y su cartografía meditativa. Como si quien escribe apostara por una senda coherente, los aforismos caminan de un asunto a otro, con un paso constante. De cuando en cuando varían los ingredientes para que nunca pierdan fuerza meditativa. O hacen del humor una ventana para que salga al día la carcajada:”ANUNCIO POR PALABRAS. Se pintan casas a domicilio”.
  Como un regalo lector se recibe el material inédito de Suma breve, cuya voz siempre en guardia otea el paisaje frente a la opinión recibida y común. Los textos, breves y lapidarios, aunque a veces con un tallo argumental que los aproxima al microrrelato, marcan linden a la experiencia en su etapa de madurez. Más allá del contraste y del juego de palabras, apuntan una unidad vertebradora que confirma la permanencia del ser frente a una realidad mudable, propicia al desmontaje. La lógica interna del yo resiste la extrañeza, abre el paraguas frente a la intemperie de la contradicción y defiende la razón como brújula para buscar el norte del sentido.
 Suma breve descubre el excelente volumen conceptual del decir fragmentario de Miguel Catalán. Apunta que la lógica no es un logro en sí sino una aspiración que se aplica en solventar las contradicciones de la existencia. sobrelleva el discurrir bajo un cielo informe de nubes y claros, que obliga a caminar bajo el paraguas desplegado de la introspección. Así nace un quehacer continuo, atomizado, fresco, que tiene la claridad del manantial, esa sensibilidad que aleja la sed y empuja a sumar sin cansancio pasos nuevos. 
 

JOSÉ LUIS MORANTE




lunes, 13 de julio de 2026

EL OJO SIN FONDO

Capturas
Fotografía
Archivo general de internet


 

OJO SIN FONDO 

Todo se precipita en un ojo sin fondo 

OCTAVIO PAZ 

   Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

(De Cuentos diminutos)





sábado, 11 de julio de 2026

NADAR EN SECO

Soledad
Archivo general de Internet

 

 NADAR EN SECO
 
 
El tiempo que no tuve  nada en seco.
En él, cada brazada recolecta
el secreto de la profundidad.
Solo de cuando en cuando
rasga la superficie un hueco húmedo
cuyo fondo merece
estelas de luciérnaga.
Mas un sudor salobre
desdice la quietud,
impulsa otra brazada
hacia el perfil exacto
del subcielo.
 
No dejo que el cansancio
se carcoma en reflejos.
Sacudo el agua ausente.
En los brazos maltrechos
hay jirones de mí.
 
                          JOSÉ LUIS MORANTE
 
 
         (Del libro Nadar en seco)




viernes, 10 de julio de 2026

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. LO QUE IMPORTA

Lo que importa
Antonio Rivero Taravillo
Editorial Renacimiento
Colección Calle del Aire
Sevilla, 2015


 LO QUE IMPORTA

    Hace mucho tiempo que la poesía contemporánea dejó de ser un patio de vecinos  lleno de conflictos y con la pretensión de escribir a la contra. El presente muestra un discurso sosegado y plural. En la lírica actual conviven elementos de varias tradiciones que alientan la intención de acercarse entre sí, en el tratamiento del lenguaje y en los veneros argumentales. De esta digresión previa, la senda de Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963-Sevilla, 2025) podría ser ejemplo paradigmático. El equipaje literario del melillense afincado en Sevilla durante muchos años es copioso y diverso. A su faceta de traductor al castellano de autores como W. Shakespeare, John Keats, Robert Graves o Harold Bloom, suma cuadernos de viajes, ensayos, biografías –imprescindible su trabajo sobre Luis Cernuda-, la novela Los huesos olvidados, colecciones de aforismos y un sendero poético que abarca entregas como Farewell to Poesy, El árbol de la vida, Lejos, y  La lluvia.
   Desde su inicio, la palabra poética emplea una perspectiva realista y figurativa. El texto acoge una anécdota aparentemente menor y cotidiana y profundiza en su indagación hasta perfilar destellos cognitivos sobre el ser y el estar. De ese modo, el hilo conductor de cada salida concede al pensamiento un amplio recorrido en el proceso de percepción de la realidad y sus interpretaciones. En las composiciones de Lo que importa nos sale al paso una reflexión que aglutina casi ochenta poemas organizados en tres conjuntos. La observación del testigo directo especula con la ficción autobiográfica y con las contigencias de un yo que percibe en su acontecer diario los pliegues del asombro. Sus apreciaciones conceden al tiempo un valor añadido y resultan brújulas eficaces en los itinerarios por completar.
   La lectura, y sus efectos secundarios, constituye una actividad central del hablante verbal. Varias composiciones abundan en el sostenido diálogo con la biblioteca. Por esa escala asciende “Rey Lear”; el poeta será una ausencia en las lejanas luces del quinto centenario, pero la versión al castellano de aquel hito de W. Shakespeare hablará por él, renacido en las manos de un lector. También el poema dedicado a W. Morris, cuyo ideario se esboza en una sugerente poética final: “El hombre es narcisista: así prefiere / un espejo a su semejanza, un sucio / andrajo de dudoso gusto, / agua turbia en la que reconocerse; / nunca la claridad, la transparencia / que exigen transparencia y claridad. “
   Transita por el segundo apartado la voz de Humberto Fabbro. El mismo autor hace memoria de su encuentro con él y nos desvela unas escuetas pinceladas biográficas que no hacen sino acrecentar la certeza de que el personaje es un alter ego que añade matices al personal camino de Antonio Rivero Taravillo. Se acrecienta el registro coloquial para glosar evocaciones; la dicción se desnuda para tejer secuencias de las que emanan indicios éticos. Las idealizaciones parecen avocadas a formar la textura de un campo de cenizas. Pero no solo cambia el sesgo reflexivo; también el formato experimenta bifurcaciones, como sucede en el poema “Asta y cuerpo” donde la repetición versal establece una llamativa combinatoria.
   El tramo final, “Sala de espera” compila el cajón diverso de lo cotidiano, como si fuese una fragmentaria lectura de la realidad en clave poética. Es la cronología de un tiempo que aglutina elementos al paso –qué atinados los poemas “Ciruelas” y “Biblioteca descarrilada”- o de lugares y sitios que acentúan la ubicación del sujeto entre lo transitorio mientras se desgajan inadvertidos “trozos, migajas raspaduras”.  Las palabras alumbran un terco análisis de las formas que confluyen en el entorno y son interlocutores que borran las cesuras entre pasado y presente.
   Suele mirarse con asombro el quehacer variado y humanista. Antonio Rivero Taravillo está en el extremo de cualquier práctica monocorde. Ya se ha dicho que en su taller conviven varios géneros que se complementan entre sí. Pero es sobre todo un poeta. Lo que importa destaca por su riqueza temática, por su originalidad metafórica y por el manejo de formatos que integran el escueto esquema del haiku y el poema narrativo que se demora en la descripción de lo percibido. Y en los dos casos, el lector percibe la palabra necesaria, el poema que habla con tono acogedor. La espiral de palabras que en el ruido diario preserva lo que importa.

JOSÉ LUIS MORANTE




      

miércoles, 8 de julio de 2026

DESPUÉS DEL FRÍO

Mar adentro

 


CAPTURAS DEL OJO


No estuve, pero soy testigo.

 *

 Arena y argamasa, alza el pasado los ocultos cimientos del ahora.

 *

 Siempre lo supe; encarno un pedazo suelto de la actitud de todos.

 *

 El inasible tiempo abre lecciones para enseñarnos a llorar sin llanto.

 *

 Para salvarse hay que escalar el muro que no existe.

 *

En la oquedad de la memoria, sin hibernación, con la acronía de un fresco pintado en el aire, toda esta oscuridad.

*

La vela encendida recortó un minúsculo pedazo de noche e intenta contar un cuento antes de dormir.

*

Urgencia para vaciar la vejiga del odio.

Reconozco un camino de regreso, busco, como un quehacer irrevocable, el hilo leve del origen, pretendo desnacer.

*

Nos ahoga el mar del conformismo. La singladura borra olas, mareas y corrientes de lo traumático; nadie percibe dentro el desasistido silencio del fondo.

(Capturas del ojo)



lunes, 6 de julio de 2026

DAVID UCLÉS. LA CIUDAD DE LAS LUCES MUERTAS.

La ciudad de las luces muertas
David Uclés
Premio Nadal de Novela 2026
Ediciones Destino
Colección Áncora y Delfín
Barcelona, 2026 

 

OSCURIDAD


   La reciente propuesta ficcional de David Uclés (Almería, 1978) La ciudad de las luces muertas, tras el irrepetible terremoto literario que supuso su entrega La península de las casas vacías, en 2024, llega avalada por el Premio Nadal de Novela y una contradictoria acogida de lectores y crítica.
   El libro es, ante cualquier otra cosa, un relato coral que sirve de homenaje atemporal a Barcelona y convoca, en su caminar narrativo, a un completo inventario de personajes relacionados con la cartografía urbana de la ciudad. Incluso el paratexto de las citas iniciales es también una deuda afectiva con la emblemática urbe, en la que participan Carmen Laforet, Mercè Rodoreda y Montserrat Roig. También el prólogo, que tiene como figura central a Carlos Ruiz Zafón en el intervalo crepuscular de su despedida entre los rascacielos neoyorkinos, sirve de excusa para ubicar un visión insólita: la llegada en barco de la catedral de la Sagrada Familia de Barcelona, la obra arquitectónica de Antoni Gaudí, por fin concluida que, de forma extraordinaria, se despega de su emplazamiento convencional para huir de una contingencia inexplicable. Ha desaparecido la luz y en esa densa negrura envolvente, el discurrir en cada rincón parece imitar la silenciosa paz de un cementerio. Las construcciones respiran, vacías y desoladas, como si todos sus habitantes se hubieran acogido a una extraña ausencia inexplicable.
   Los capítulos rescatan presencias literarias conocidas, cuyo encuadre crea un clima de complicidad con el lector. Así sucede al comienzo de la novela cuando, en la grisura de 1941 en una Barcelona desangelada y ruinosa que muestra con estrépito las heridas de la guerra civil, emerge la juventud inquieta de Carmen Laforet. Una misteriosa invitación, que llega a las manos de la futura escritora de forma casual, le hace partícipe de unos pintorescos juegos florales que reivindican al amparo de la noche la celebración del catalán y la poesía. El escenario tiene mucho de propuesta teatral, por donde deambulan actores, artistas y músicos, como Paul Casals.    
   Al regreso, el laberinto urbano acoge otras identidades como Julio Cortázar, trasmutado en fotógrafo, cuyos recuerdos depuran la pretensión de buscar los pasos de la Maga en el callejero barcelonés. La libertad imaginativa dibuja un plano misterioso e irreal, cuyo tejido se trastoca de continuo. Monopolizan los enclaves reconocidos figurantes: Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Jaime Gil de Biedma y Simone Weil. Son nombres que postulan un yo narrativo enriquecido por incontables referentes culturales.
  Aunque el estilo de David Uclés es mucho menos exuberante que en su libro anterior, no pasa inadvertido el propósito de buscar un lenguaje más despojado y comunicativo que explora también algunos recursos formales como el texto manuscrito o páginas negras en las que se personifica el apagón y la textura de un tiempo que siembra oscuridad en cada rincón y trastoca la sucesión lineal de la cronología. El complejo estar se debe a una contingencia ilógica que desconcierta al mismísimo Pablo Picasso, visitando una librería que contiene ediciones del futuro.
   En este estado de oscuridad perpetua, la ciudad asume un desconcierto de tiempos y ambientes. Es un lugar inquietante con textura onírica, cuya naturaleza nadie acierta a comprender. Se genera una compleja situación política que siembra el caos cívico. Épocas, acontecimientos y personajes, solapados de continuo, crean una atmósfera de imaginación y fantasía que convierte las calles y plazas en escenarios imposibles y caóticos. La paz social finiquita, como si sobrevolara sobre cualquier existencia un cataclismo inabordable. Aquel mínimo deseo de la joven Carmen Laforet -el personaje vertebrador del relato- de aspirar a ver la Sagrada Familia con luz perenne, más allá de cualquier oscuridad, ha generado una densa sombra sobre lo diario, a la que se buscan explicaciones ideológicas y beligerantes.
   Uclés afirma el hilo narrativo con apariciones instantáneas de nombres propios ligados a la ciudad, que alguna vez fueron activos protagonistas del arte, la cultura o la vida social. Esa riqueza nominal de personajes genera asociaciones insólitas y añade a la lectura distintos planos de comprensión y significados simbólicos, no exentos en ocasiones de una persistente gratuidad en la ramificación argumental. El caudal digresivo genera desconcierto y rompe el ritmo lector, hace que la lectura no encuentre un ritmo pausado, esa maravillosa cualidad de otras novelas que hicieron de Barcelona un escenario inolvidable como las de Eduardo Mendoza y Juan Marsé, tan distintos, tan sólidos, tan dispuestos a crear sensaciones de añoranza y nostalgia ante el experimentalismo desbordado de David Uclés.

José Luis Morante



 
 
   

sábado, 4 de julio de 2026

EREMITAS DIGITALES

a solas
Archivo digital
de
Internet

 

EREMITAS DIGITALES

 

   Acostumbrados al paso lento de la edición tradicional que llevaba el manuscrito hasta la imprenta, el blog sorprende por su disposición e inmediatez para acoger cada uno de los escritos seleccionados, sean estos asuntos personales o impresiones lectoras. Las entradas se suceden con apremio y  la escritura no conoce descanso; nada queda del latido acompasado que, con morosidad, analizaba las pautas de un momento histórico o los estados de ánimo de una identidad concreta. Hay que aceptar un axioma de partida: lo que se publica no se somete al mutismo de la distancia para que acreciente sabores y cualidades. El blog exige una caligrafía de la urgencia que no se extravíe en digresiones; marca un itinerario sin rotondas con la promesa de una receptividad colectiva, tangible y medida con exactitud por el contador de visitas que, además, nos deja una cartografía diferenciada de lectores habituales y esporádicos.
   Como en cualquier manifestación escrita, la función última del blog es caminar juntos sobre la geografía del lenguaje, superar ese nuevo formato de aquella vieja torre de marfil, de aquel exilio en lo individual, meditando la quiebra de ilusiones vitales y el aplazado viaje a tantos paraísos perdidos. La pantalla encendida del ordenador nos convierte ahora en tercos eremitas digitales.
 
                                                      JOSÉ LUIS MORANTE
 
                

                                       

viernes, 3 de julio de 2026

LOUISE GLÜCK. RELECTURA

Louise Glück (1943-2023)


 

ROMPER LO FRÁGIL


   La concesión del Premio Nobel de Literatura de la Academia Sueca genera en cada convocatoria una incontenible tormenta verbal que suele ser más riñas de gatos y preferencias personales no fundamentadas que opiniones y vislumbres inteligentes. En 2020 eran candidatos transeúntes Adonis, Margaret Atwood, António Lobo Antunes, Anne Carson, Haruki Murakami y Javier Marías. Pero la ganadora, anunciada el día 8 de octubre, fue Louise Glück, poeta y ensayista norteamericana de reconocido palmarés cuyos libros están en el catálogo de Pre-textos desde hace casi dos décadas. Gracias al traductor de Ararat, el poeta Abraham Gragera, conocí la poesía de Louise Glück (Nueva York, 1943) a finales de 2008. En una grata tertulia madrileña, donde intercambiamos libros, Gragera recalcó el ideario figurativo y el aire frágil de aquellos poemas donde lo autobiográfico se convertía en vigoroso argumento.
   Así que para introducirse en el faro de Louise Glück, formado por una decena de poemarios entre los que sobresalen Praderas, AraratAverno y El iris salvaje, es recomendable sondear elementos biográficos que tienen una simbiosis misteriosa con el material poético. Nacida en la metrópolis, pasó una ensimismada primera infancia en Long Island de contornos sombríos, trazados por el fallecimiento de una hermana antes de que ella naciera, que disolvió la armonía familiar. Tejió silenciosamente una fuerte voluntad lectora, que creció en la adolescencia cuando se diagnosticó una anorexia incontrolada. La enfermedad exigiría un prolongado tratamiento de psicoanálisis y la interrupción de su formación académica en Columbia. En este tiempo es cuando aflora su poesía,. cuyo despertar poético supone una imitación de los modos poéticos de William Blake, T.S. Eliot y W. B. Yeats. La prolongada soledad y la terapia le permiten una indagación profunda en las secuencias vitales y un cuestionamiento del clima relacional. Esas dolorosa incisiones no se oculta tras nubes metafóricas, sino que la palabra se convierte en terapia objetiva, como escribe en la indagación crítica Educación del poeta o en el rescate evocativo de Ararat, cuya configuración explana las relaciones familiares, la extrañeza, la sensación de estar fuera de sitio, el proceso erosivo de lo cotidiano y el precipicio final. Son aspectos descritos, como subrayaba la comunicación de Anders Olsson, presidente del comité del premio Nobel, con austeridad minimalista, que enuncian enfoques de grisura desde una ética muy exigente que busca trascender el intimismo emocional.
   Por tanto, la clave argumental de Ararat es la familia, grupo de cohesión donde los vínculos afectivos exigen una intensa relación, como parte del crecimiento personal. Pero la perspectiva de Louise Glück en estos poemas es el desasosiego, una relevante vigilia que revisa grietas y necesidades nunca cubiertas. El yo poético muestra una potente capacidad observadora que asimila y rechaza secuencias vitales. Así amanece un método reflexivo que cuestiona la realidad interna del núcleo familiar. Cada miembro ha sido expulsado del paraíso para afrontar sufrimientos y absorber sentimientos contradictorios. Así se gesta una identidad separada, un esqueje no exento de frustración que busca clarificar su experiencia emocional.
   Ararat propicia una imagen autobiográfica en la que el hablante lírico intenta romper su fragilidad. Su voz revisa estereotipos sin estridencias, con un lenguaje lacónico, sin la tela cálida de los adjetivos. Como ha manifestado, al comentar su estética despojada, Louise Glück hace poesía en el páramo verbal: “Me atraen las elipsis, lo no dicho, la sugerencia, el silencio elocuente y deliberado. Lo que no se dice, para mí, ejerce un gran poder: a menudo desearía poder hacer un poema completo con este vocabulario. Es análogo a lo invisible, por ejemplo, al poder de las ruinas o las obras de arte dañadas o incompletas”.
  Poesía que hace de la humildad una aspiración mística y una cicatrización, para que las palabras encuentren su lugar y su afán de conocer. Latido humano y sangre tibia que surgen de la vida y la experiencia de un yo casi siempre ubicado en el caos, que se sabe fuera de lugar y se amarra al poema y la esperanza.
   El día 13 de octubre de 2023 fallecía lLouise Glück con ochenta años de edad y dejo en mi despedida particular la lectura de Marigold y Rose. Una ficción, un libro en prosa poética publicado por Visor este año en su colección de poesía  en edición bilingüe y con versión al castellano de Andrés Catalán.
  El planteamiento argumental del libro sorprenderá de inmediato, como sorprendió a su editor habitual en USA. Dos mellizas, todavía bebés, con un expansivo mundo interior desgranan pensamientos y acciones, como si hubiesen superado las tradicionales etapas del aprendizaje y ya estuvieran respirando en la vida adulta. Marigold, aunque no sabe leer, es una lectora brillante, y está escribiendo un libro en su pensamiento aunque no conozca todavía las palabras. Vendrán después. Mientras Rose es un ser social que disfruta participando en actividades sociales como el baño y que goza de una hermosa presencia física. Son dos identidades muy diferenciadas y, por tanto, complementarias al asomarse al mundo.
   Cada niña percibe un entorno insólito que acentúa su soledad y su asombro, que les hace mirar al mundo adulto con ese punto de recelo de quien apenas entiende lo que sucede alrededor y de lo que, antes o después, pasará a formar parte, cuando empiece la vida oficial. Mientas constatan a cada instante la dependencia de “Madre”, el continuo refugio para estar a salvo, mientras “padre” está lejos sumando o resolviendo enigmas cotidianos. A veces las dos añoran la vida adulta por su enorme cargamento de palabras.
   De las reflexiones interiores de las dos mellizas nace la casa familiar y sus pobladores con una sensibilidad irónica en ocasiones y en otras repleta de ternura al poner silueta propia a los comportamientos de Madre y Padre o al discurrir de un tiempo que camina hacia el primer año de vida.
   En algunas entrevistas de prensa Louis Glück ha definido el libro como una novela poética dividida en breves capítulos. También ha señalado que la ficción nació a partir de los vídeos de sus nietas, grabados por el padre de las mellizas en California, y a quienes no podía visitar en 2020 por la pandemia. De las visualizaciones nacieron observaciones en torno a las bebes y su capacidad de relacionarse entre sí o con los adultos.
   El mundo interior en formación concede a la escritura de Marigold y Rose una perspectiva inédita frente al misterio del tiempo, una forma de expresión sencilla y delicada que se anticipa a las palabras y ayuda a vivir. Por eso resulta paradójico que la ausencia de Louise Gluck coincida con el retorno a la infancia de su escritura, con la vuelta a ese tiempo que abre puertas y teje amanecidas, como si confirmara la presencia continua de quien ya no está. Descansa en paz, querida poeta.







   

jueves, 2 de julio de 2026

PALABRAS AZULES

Parque natural de Cabanes
Julio, Torre de la Sal, Castellón, 2026
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana



 Manso rompiente,
las palabras azules
guardan silencio.



miércoles, 1 de julio de 2026

POR LAS CALLES VACÍAS

Beber aire
Avda de los Almendros, Rivas-Urbanizaciones
Verano de 2026

 

UNA CALLE VACÍA
 
Hoy recorren mis pasos esa calle
que no esconde ningún itinerario.
Todas las calles fluyen dócilmente
al mar de cualquier sitio,
cierran con parsimonia una distancia;
pero ésta alarga al infinito su trazado,
pretendiendo ignorar dónde concluye.
Amo el cuello sumiso de sus verdes farolas,
los reflejos chillones de sus autos a plazos,
la cal que habitan líquenes y musgos;
y amo sus papeleras –cielos para despojos-,
singulares regazos donde nada perturba
el aliento feliz de lo caduco.

           

                           Antología Ahora que es tarde (1990-2020), La Garúa editorial