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| El oro de los tigres |
José María Álvarez. Antología poética
Edición de Noelia Illán
Editorial Balduque, Cartagena, 2015
CIUDADES
Aunque adscrito a la etiqueta “novísimos” y a la generación del
lenguaje, el trayecto poético de José María Álvarez (Cartagena, 1942) contiene un
personalísimo acento, un carácter singular que alcanza su máximo exponente en
la entrega Museo de cera. Ese libro
central se estructura como una obra en marcha que, tras su amanecida en
1974, se va completando con sucesivas
incorporaciones poemáticas hasta alcanzar arquitectura definitiva en 2002.
Incansable activista cultural, narrador, ensayista y viajero que
mantiene el tipo en cualquier mapa geográfico, José María Álvarez ha impulsado
un sólido y vasto trabajo literario, por lo que resulta muy difícil realizar una
acotación significativa de cualquiera de sus facetas creadoras. La joven poeta
Noelia Illán, profesora de latín y griego, lleva muchos años estudiando el
discurrir creador de José María Ávarez; ahora edita en la emergente Balduque -con deliciosa
presentación y una atinada cubierta de Ángel Mateo Charris- una selección poética. El propiol escritor incorpora al libro una breve entrada de gratitud en la que diserta
sobre el azar y el orden, dos premisas unidas a la palabra de Jorge Luis
Borges, a quien también evoca el título de esta antología que la editora ha
subtitulado Los exiliados del mundo.
La lírica de José María Álvarez se define desde un culturalismo
vivencial en el que el protagonista poemático toma la palabra para exponer una
visión del mundo. El yo verbal se aleja del aspecto rampante de lo
cotidiano para captar los matices más relevantes del devenir existencial. A esa
percepción aristocrática de la vida de una biografía imaginaria al paso
contribuye el aporte culturalista y una existencia en tránsito, en la que el
viaje es conocimiento y expansión de las tenues fronteras del personaje central.
Esta edición de Noelia Illán selecciona textos de las sucesivas entregas
de José María Álvarez en los que el desplazamiento se define como un motivo central.
Pero la semántica tiene amplias bifurcaciones: el viaje es un
paseo por el pensamiento en el que, con apacible sosiego, el yo recorre los
secretos de la meditación, cuyos pliegues cobijan las preguntas de siempre; también la travesía es una línea en cuyo espacio se dan cita dos o tres cuestiones nucleares: el sentido
existencial y la temporalidad; Otro detonante es el viaje como itinerario cultural capaz de
cobijarse en las voces de clásicos que han fortalecido la educación sentimental
del escritor hecha “carne de cada página” ; y naturalmente el
viaje como trazado geográfico, como destino de llegada para que los sentidos
perciban las formas de luz que da a cada lugar una belleza indeclinable.
Unos versos de José María Álvarez, integrados en el poema “Soleils couchants”
vislumbran lo que aguarda al nomadismo visual del viajero: “hallar en algún
sitio una especial / mixtura de
exotismo, belleza y abandono donde / perderme “. Quien sabe que la actitud
diaria del sujeto ante lo cotidiano es también una página decisiva, una
expresión de belleza, se esmera en captar la perfección de cada instante, esa
plenitud que estremece, siembra gratitud y convierte el epitelio de lo real
en un delicado sueño.
El oro de los tigres compila
un caminar de largo recorrido, las variadas singladuras de José María Álvarez.
Los poemas seleccionados por Noelia Illán
proponen un diálogo vivo entre el ser cosmopolita y las distintas
ciudades, interlocutores que airean sus esquinas y despiertan el pasado
para dejar en la retina del viajero esa felicidad del itinerario cumplido.
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