jueves, 2 de febrero de 2012

FERNANDO IWASAKI: RESCATES.

Navokovia peruviana
Fernando Iwasaki Cauti
La isla de Siltolá, Sevilla, 2011

   Hay libros que nacen desde la dispersión y sin embargo muestran una coherencia orgánica, un material dispuesto para construir un paisaje cultural. El enunciado Nabokovia peruviana se inspira en los procedimientos utilizados en la catalogación de lepidópteros y empareja dos debilidades del narrador y ensayista Fernando Iwasaki (Lima, 1961): la admiración por el itinerario creador de Nabokov y el sentimiento de pertenencia al mapa intelectual del Perú, lo que fomenta el interés por los meandros de una tradición localista.
  El conjunto aglutina, como especifica la coda bibliográfica, una docena de ensayos breves que halló sitio en la efímera página de revistas y periódicos; los textos nacieron con el propósito de descubrir con claridad la presencia en el acontecer literario hispano y europeo de escritores de la otra orilla que, impulsados por su afán vocacional, abandonaron su tierra para buscar nuevos espacios. Con frecuencia, como sucede en todas las tradiciones literarias, su camino vital sugiere un protagonismo anecdótico, lejos del sillón solemne de los manuales. Son siluetas tenues que duermen en las estanterías, exiliadas de la actualidad, arrinconadas en un párrafo breve, como si hubieran asumido con serenidad su condición de secundarios.
   La serie “Peruanos en la memoria”, difundida por el periódico El Comercio, explora páginas de Rafael Cansinos-Asséns, César González Ruano y Ramón Gómez de la Serna, verdaderos protagonistas de un periodo abrumado por las etiquetas del modernismo y las vanguardias. Su legado fue enaltecido por escritores de la talla de Jorge Luis Borges, que hizo de Cansinos-Asséns un predecesor.
   Iwasaki explora la referencia y desengrasa el párrafo que en unas pocas líneas dibuja el retrato de un autor. Así descubre en las páginas de Cansinos-Asséns al poeta José Santos Chocano, al dramaturgo y escritor de novelas eróticas Felipe Sassone, a Félix del Valle y a Manuel Bedoya. En la memoria literaria de César González Ruano habitan los hermanos Xavier y Pablo Abril de Vivero, vagas alusiones a la novelista Rosa Arciniega, Ventura García Calderón y el poeta Alberto Guillén, un experto inventor de malevolencias sobre sus compañeros de profesión. También asoman otros peruanos transterrados como Héctor Belarde, los hermanos Clemente y Angélica Palma y el perfil de César Vallejo, uno de los pocos paisanos cuya obra no duerme el sueño de la melancolía ante la ausencia de lectores.
   El buen gusto editor de La Isla de Siltolá permite disfrutar de las ilustraciones en blanco y negro de Marle Cordero, pintora y restauradora de arte, que sirven de pórtico a cada uno de los textos.
   Tan enaltecida en el ahora por la concesión del Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa, la literatura peruana cuenta en nuestro país con un aplicado valedor. Fernando Iwasaki rescata de la sombra itinerarios biográficos y episodios menores de la literatura que a través de su prosa recuperan el vitalismo y vuelven a la calle para dejar el tiempo sosegado de las librerías de viejo.

                                                                                         

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