jueves, 16 de febrero de 2012

UN PERSONAJE DE J. M. COETZEE.

Desgracia
J. M. Coetzee
Mondadori, 2000

   De todo el corpus narrativo de  J. M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940), releo por tercera vez Desgracia, una obra editada en 1999 y publicada en España por Mondadori al año siguiente. Mi preferencia se basa en la entidad de su personaje principal, David Lurie.
   Es un profesor, sin vocación, que ejerce la docencia en Ciudad del Cabo, mientras pospone algunos trabajos de investigación sobre ópera y poesía que pudieran dar a su tedio vital una claridad nueva. Su intuición intelectual no responde y el fracaso de sus dos matrimonios lo ha convertido en un ser solitario y sin expectativas que rompe ocasionalmente el aislamiento con prostitutas y romances esporádicos, sólo impulsados por la fisiología. La relación con una de sus alumnas concluye con el escándalo que provoca la pérdida de su trabajo y la repulsa colectiva. David Lurie no aporta argumentos ni justificaciones, se encierra en un mutismo ególatra y la única salida es el abandono del centro, primero y de la ciudad, más tarde. Lo acepta sin más; el análisis de conciencia le parece un asunto íntimo y no está dispuesto a compartirlo públicamente; tampoco muestra interés por reeducarse y no ha tenido reparo en reconocerse culpable.
   Esa huida propicia el reencuentro con su hija Lucy. También ella tiene una personalidad singular. Lucha por sobrevivir en un hábitat rural de extrema pobreza, laborando la tierra y en un entorno peligroso para una mujer sola. En esa visita se produce el acontecimiento más convulsivo de la novela, una circunstancia que deja huella profunda en cada uno de los dos y que aleja definitivamente a David de su hija.
  Otra vez regresa para encontrarse que nada ha cambiado y que para su antiguo núcleo social, moralista y cínico, sigue siendo un proscrito.
   El otro protagonista principal del libro de Coetzee es Sudáfrica; el país que ha superado la segregación se ve envuelto en un proceso de cambio y mutación que alienta la violencia y el resentimiento, que retrata un colectivo sin valores éticos, primitivo y expuesto a la venganza. En la geografía de Sudáfrica florece la contradicción, como si no se hubiese superado el conflicto de civilizaciones del apartheid que tantos años mantuvo la minoría blanca. La llegada en 1994 de Nelson Mandela al poder abre un tiempo de transición, lleno de claroscuros, con un tejido social descuartizado. En esa etapa -1995-1999- se estructura la cronología de esta novela.
   Desgracia, como casi toda la narrativa del  Premio Nobel de 2003, atenaza porque se construye a partir de la inquietud que tiene el fondo de cualquier existencia; todos somos barro, finito, limitado y el conocimiento de la propia identidad nos depara una angustia incurable, un caminar a la deriva, un esforzado proceso de búsqueda del sentido vital.

2 comentarios:

  1. Clara y precisa disección de una pequeña gran novela, probablemente, como dices, de lo mejor de Coetzee, un autor que parece estar lejos de haberse agotado.
    Un saludo.

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  2. Querido amigo, gracias por tu reflexión. Coetzee es un autor de plena vigencia, como lo demuestra su último libro, VERANO. Además sus ensayos literarios indagan con lucidez y acierto en otros contemporáneos. Es uno de los grandes.
    Un cordial saludo.

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