domingo, 23 de junio de 2013

ELOGIO DE JULIO MARISCAL.

Julio Mariscal

ELOGIO DE JULIO MARISCAL. 
 
A José Manuel Sánchez, claro.
 
    Apenas pisé el laberinto en cuesta de Arcos de la Frontera, me integré en su ambiente lírico. En el pueblo de la peña había tres poetas oficiales, enaltecidos, premiados y con exitosa sociología, y un poeta semiclandestino: Julio Mariscal. La sombra lírica de Julio vagaba pensativa por la admiración juvenil de Pedro Sevilla, entonces cordial amigo, confidente sensible y acompañante asiduo a las tertulias de Jerez de la Frontera. Julio Mariscal gozaba de notable predicamento entre autores como Francisco Bejarano y Jesús Fernández Palacios, y permanecía muy cerca de voces en ciernes como José Mateos o José Manuel Benítez Ariza. Había que leer al arcense. Y lo hice, con la perseverancia de quien pasa las arduas páginas del aprendizaje.
   Aquel primer encuentro fue más un chaparrón que una tormenta. Las gotas de sus poemas secaron pronto y yo defendí mi escepticismo ante la obra alegando una dicción envejecida y un cierto localismo temático; mis preferencias generacionales no variaron, seguían en el altar Jaime Gil de Biedma y Ángel González. Con mansedumbre de arroyo, discurrió el tiempo en el que fueron naciendo los primeros poemas, creamos una tertulia literaria, con mucho de trastienda de tendero, e hicimos algunas lecturas en las que percibí de inmediato afinidades y disidencias; ciertos conspiradores no me perdonaban la dicción castellana y haber nacido de Despeñaperros para arriba.
  Poco después, el granadino Emilio Quintana se inventó una revista Nada nuevo y me pidió un artículo para su sección “Una casa con goteras”, comentando el itinerario de Julio Mariscal y no lo hice. Seguía con mis dudas, condicionado por los pedestales inalterables de los poetas más emblemáticos del 50.
  Ya en Rivas, tras ocho años de estancia en Arcos de la Frontera, al comenzar la andadura de la revista Luna Llena me encontré una vez más con su poesía; sentí en su voz la fuerza de un existencialismo atormentado, la perfección técnica del verso, el sentimiento amargo de la incomprensión y esa soledad de quien se mueve entre el deseo y la conciencia, entre la religión y el hombre.
   Ahora, tras muchos libros leídos y deshabitados, sé que Julio Mariscal es un buen poeta. No es poco. Uno de esos poetas de la promoción más importante del siglo XX –sí, la Generación del Medio Siglo, no la del 27 o la del 36, o la de los novísimos…- y aguarda en las estanterías una nueva conversación en voz baja, llena de emoción y ternura. 
 
 
 

10 comentarios:

  1. Qué gran poeta Julio Mariscal, y qué injusta su escasa difusión. Gracias por recordarle en tu blog, José Luis, con este texto tan lúcido y hermoso sobre él y su obra. Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Al recordar a Julio, querida María, he recordado también una época vital llena de contradicciones, en la que se forjó mi ilusión por los libros. Después el tiempo cambia el enfoque; pero fueron años llenos de experiencias.
      Julio mariscal merece un rescate literario con urgencia.
      Abrazos, María, y muchas gracias por tu cercanía.

      Eliminar
  2. Ay aquellos años de Luna Llena, cuando después nos conocimos en Sevilla durante la presentación de mi cuarto libro... No sabes cuánto me alegro de que perdure nuestra amistad. En cuanto a J. Mariscal, yo hago lo que puedo poniendo citas suyas en alguno de mis libros en espera de edición. Gracias a ti siempre.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo también percibo esa cercanía, María, recuerdo muy bien tu apoyo a mi poesía y además recuerdo siempre tus consejos.
      Ya sabes que mi carácter no soporta mucho la teatralidad social, pero mi memoria -de profesor de Historia- siempre tiene el pasado al lado.
      Estás, María. Y me alegra que sigamos así en el futuro.
      Tengo en imprenta el nuevo libro que sale en Sevilla. Creo que es un libro duro, pero es la etapa vital de la vida de mis padres y eso marca.

      Eliminar
  3. Disculpa, quise decir que nos conocimos antes del comienzo de la revista Luna Llena, lapsus.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Claro, viniste a Rivas por mi admiración por tu poesía; aquella etapa fue maravillosa, como lo fue PRIMA LITTERA, me permitió conocer a todo el mundo y organizamos muchas cosas.
      Después nos vimos en Ávila, en otro ambiente y en otro tono. De cada instante se aprende. Somos lo que fuimos viviendo al paso.
      Besos.

      Eliminar
  4. Gracias, José Luis. Julio Mariscal merecía un ríncón en tu blog. Julio fue un buen poeta, lamentablemente menos conocido de lo que su obra merece. Cuando de su verso eliminas localismos y descubres su técnica, cuando entiendes lo que llamas existencialismo atormentado, cuando lees su soledad, sus sufrimientos, su Dios, su experiencia de lo trágico, conoces, valoras y amas su poesía. Mí tío Julio es siempre una referencia y además hizo que tú y yo charlásemos por primera vez.
    Gracias por la dedicatoria, gracias por la entrada. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué puedo decirte, sino trazar estas líneas con la esperanza de que percibas mi agradecimiento y la sensación de proximidad.
      Arcos nunca fue una ciudad dormitorio ni un destino de paso, hizo que el apredizaje literario se consolidara, me dejó muchos nombres propios y pobló de afecto muchos días.
      Julio Mariscal permanece. Está en cualquier página de buena literatura. Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  5. Es que la madurez, como dice mi madre, nos quita muchas "zarandajas". Estupenda entrada, José Luis.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya sabes, querida Herme, cuánto debe mi poesía a algunos nombres del 50.
      Soy un lector tenaz que cada vez se decepciona más con las novedades de última hora. Prefiero el café con libros en el lugar de siempre. Y, a ser posible, contigo cerquita.
      Muchos besos.

      Eliminar