martes, 14 de julio de 2015

ELIANA DUKELSKY. LA LENGUA O EL ESPEJO

Eliana Dukelsky (Buenos Aires, 1982)

A TRAVÉS DEL ASOMBRO

El II Premio Internacional José Bergamín de Aforismos saca a la luz una voz nueva, Eliana Dukelsky. Licenciada en Comunicación Audiovisual, en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, la autora nos deja en Cuadernos del Vigía su primer libro, La lengua o el espejo.
  
Magnífico inicio: primer paso, premio y publicación en una buena editorial. ¿Una brisa de confianza que anima a seguir en el género?

Sí, lo es. Llevo muchos años escribiendo aforismos y ese tiempo me sirvió para conocer las características del género: sus límites y sus libertades; y el engranaje de algunos libros. En ese sentido, la creación de La lengua o el espejo fue un proceso largo y necesario en el que probé diferentes estructuras, descarté muchos aforismos, y pulí todo lo que pude el lenguaje. Disfruté mucho durante el proceso pero también sabía que tenía pocas posibilidades de publicar el libro. Había pocas editoriales que se dedicaran al aforismo, y aún menos que editaran a nuevos autores. En ese contexto, el premio fue un bonito reconocimiento y un gran impulso creativo.

Como género, el aforismo está en plena evolución y crecimiento. ¿Qué causas justifican esta euforia editorial?

Creo que tiene mucho que ver con la época en que vivimos, un tiempo cada vez más fragmentado, y una realidad transfronteriza, multidisciplinar y crítica que ha tomado las nuevas tecnologías, las redes sociales y la cultura audiovisual como su mejor vehículo de expresión. Esto ha supuesto un campo de cultivo para el fragmento y para las formas breves. En mi opinión, el aforismo como forma breve, fragmentaria, en la linde de los géneros literarios, es un magnífico instrumento poético capaz de describir con precisión y contundencia los matices de la realidad en la que vivimos. En otro sentido, el libro de aforismos es un formato de lectura ameno y cuyo precio suele ser económico. Personalmente me alegra mucho que cada vez haya más editoriales que incorporen colecciones de aforismos en sus catálogos y que hace pocos días se convocara la tercera edición del Premio Internacional José Bergamín de Aforismos.

El aforismo mira a través del asombro. Para sus ojos no existen naturalezas muertas. Todos los elementos que salen al paso están vivos y disponibles… ¿En los tuyos existen preferencia temáticas?

Me interesa mucho el tema de la identidad, de su deconstrucción: la exploración de las paradojas, las contradicciones y las metáforas ocultas en el individuo, de sus ídolos y sus monstruos internos; la forma en que se relaciona con sus diferentes facetas y con el otro; la convivencia con sus locuras cotidianas, aquellas que posee en pequeñas dosis pero que no llegan a ser patológicas…

¿Qué nombres, clásicos o contemporáneos, están presentes en tu aprendizaje?

Empecé a escribir aforismos inspirada por la poesía de Alejandra Pizarnik, de Emily Dikinson y de Pessoa; una poesía muy concisa y muy honda en lo conceptual. De ahí pasé a la lectura de los aforismos introspectivos de Lichtenberg y de Cioran. Me encantó la lectura de Jules Renard, sus intuiciones precisas, sus personajes insólitos, su humor. De la lectura de los aforistas contemporáneos destaco la lucidez de Andrés Neuman y de Ramón Eder, y el lirismo de Miguel Ángel Arcas y de Erika Martínez.

Una de las características esenciales de La lengua o el espejo es la mirada introspectiva. ¿Tu libro refleja la propia identidad?

No exactamente, creo que refleja mi indagación sobre la identidad. Es decir, me sirvo del aforismo como forma de pensamiento para ahondar en el tema de la identidad, y me tomo a mí misma como sujeto de exploración. Pero el aforismo no deja de ser una construcción poética que transforma el yo en una voz ficcional. Por eso no puedo decir que el libro refleje mi propia identidad, pero sí afirmar que, dentro de ese mecanismo poético, hay aforismos menos ficcionales que podrían acercarse a mi yo más real; y otros donde he creado personajes ficticios, situaciones imaginarias, que se alejan de él.
            
Todo conjunto aforístico es fragmentario, hecho por acumulación de experiencias y sensaciones… ¿Existe en La lengua o el espejo Un hilo conductor, un pensamiento asociativo?

Podría haber un hilo argumental relacionado con el título actual del libro; título que, por cierto, me propuso Miguel Ángel Arcas. Tiene que ver con la construcción de la subjetividad; la subjetividad como relato que permite al individuo conocerse mejor y acercarse a su realidad interna y cotidiana. Sin embargo, dentro de esa subjetividad también hay relatos que encierran al individuo en una imagen o en un discurso alejado de dicha realidad. Distinguir entre aquellos textos e imágenes que nos ayudan a construir un discurso sano y cercano a la verdad, de aquellos que se alejan de dicho discurso podría ser el hilo conductor de La lengua o el espejo.

Es difícil no oír el ruido de fondo de un tiempo histórico complejo, hecho de desajustes y mutaciones ¿Esta situación exige al aforismo un sentido ético o una mirada crítica?

Bueno, creo que toda obra de arte contiene su propio sistema ético. Es inevitable pues sus autores viven en una determinada sociedad con unos determinados códigos y valores; y su contexto influye poderosamente en su forma de mirar, de pensar, de comportarse, de escribir. En cuanto a la mirada crítica, no creo que deba imponerse. Creo que debe surgir de forma espontánea o voluntaria, pero no obligada.
  
Uno de los aciertos de su escritura es el sondeo de sustratos temáticos de interés.  Por ejemplo el sentido del arte. ¿Su escritura ya tiene un ideario? 

Bueno, creo que la mayoría de mis aforismos contienen ideas que defiendo en mi vida cotidiana, por ejemplo: “Intentar la perfección de la obra, no de la persona”, “Más que en atriles, la ideología política se descubre en las actitudes domésticas”, “Imposibilidad de conocer al otro desde el otro. Humildad que supone conocer al otro desde el uno”, ”Es en la aceptación donde nos salvamos”…  En cuanto al sentido que le doy al arte que, en mi caso, se concentra en la escritura de aforismos, coincido plenamente con Miguel Ángel Arcas cuando habla del género como de un pensar poético. Para mí el aforismo es una forma de pensar poéticamente la vida íntima y la social.  

En las futuras ramificaciones de tu taller literario, ¿asoman otros géneros?

Asomar es la palabra, sí. Aparte de seguir con los aforismos, tengo el proyecto de extender el aforismo hacia prosas un poco más largas al estilo de Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro. Vamos a ver en qué queda todo esto…


La lengua o el espejo
Eliana Dukelsky
Cuadernos del Vigía, Colección Aforismos
Granada, 2015

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