domingo, 15 de mayo de 2022

RAMÓN ANDRÉS. CAMINOS DE INTEMPERIE

Caminos de intemperie
Ramón Andrés
Editorial Galaxia Gutenberg
Barcelona, 2022


UN GOTEO ESPACIADO

 

   La polivalencia de Ramón Andrés (Pamplona, 1955) impulsa entregas que exploran una amplia conjunción de registros, desde la poesía al ensayo y desde la música al aforismo. Tan intenso trayecto ha merecido reconocimientos como el Premio Nacional de la Crítica 2020 por su libro de poemas Los árboles que nos quedan  (Hiperión, 2020) y el Premio Nacional de Ensayo 2021 por Filosofía y consuelo de la música (El Acantilado, 2020), un recorrido en el tiempo por el legado musical y sus necesarios aspectos terapéuticos en la sensibilidad del ser.
   También el laconismo es una parcela habitual en el taller del escritor navarro. Sus textos breves se reunieron en 2016 en el volumen Poesía reunida y aforismos, en Lumen, con edición de Andreu Jaume. Tras un primer tramo que recopila la cosecha integrada por Siempre génesis y Poemas anteriores, muestra de lo escrito entre 1978 y 1998, se completa la segunda parte con el quehacer conciso, formado por las entregas inéditas Puntos de fuga y Malas raíces junto a Los extremos, ya publicado en Lumen en 2011, cuidado abanico de incisiones reflexivas que transparenta una cercanía natural con la sensibilidad poética y sus derivaciones metaliterarias.
   La voz que habla en Caminos de intemperie tiene un fuerte epitelio introspectivo: “En este aforismo yace un hombre”. El pensamiento despereza sueños y percibe el reverso del día. Constata el incansable trasiego de verdades mudables y el continuo diálogo con el tiempo, siempre acodado en una subjetividad difusa, que hace complejo percibir lo sencillo. El stocks del presente es limitado; propende a acumular en las estanterías aspiraciones futuribles, como si fuera más fácil habitar el mañana que someter el ahora a un cansado rastreo de reparaciones. Por tanto, es necesario abrir el aula de la experiencia y acunar algunas esperanzas; dejar serenos mente y percepciones, sabiendo que “la melancolía, los infiernos racheados, la inquietud, la repentina acedia, son gajes del oficio". Percibir es recolectar conocimiento y experiencia, asumir que el ánimo sosegado es una necesaria estrategia que hará más llevadero el largo viaje hasta la ausencia porque también “El futuro no es más que un presente idealizado”.
   Aunque predominan las teselas meditativas en las que se transparenta la imprescindible filosofía vital, los aforismos integrados en Caminos de intemperie alientan una curiosidad de mirada amplia, como corresponde al inevitable nomadismo existencial: hay breves metaliterarios: “El libro es un hornillo barato que da de comer a uno solo”, “La literatura deja más damnificados que la música, y la música menos que el silencio”, “El lenguaje nos articula como a esos muñecos de madera que sirven de modelo para aprender a dibujar. Nos perfila en todos sus movimientos, y hace que comprendamos que la existencia solo es posible en las formas”; enunciados autobiográficos y evocativos que alumbran lo doméstico, exploraciones lectoras que rescatan el legado de la tradición y hay textos más largos, que pierden el carácter conciso del aforismo para convertirse en circunvoluciones fragmentarias que necesitan una puesta en escena y una argumentación completa. Tal circunstancia se percibe en los debates autobiográficos que el escritor hace con la educación recibida, cuyos contenidos asocia con ideas mesiánicas donde solo perviven la imposición y el conflicto. También en el sentimiento de extrañeza y ajenidad que guarda el discurrir del presente, en el que se reconocen signos de desplome de cualquier utopía. El progreso tecnológico ha reemplazado creencias religiosas pero ha perdido el ámbito humanista del conocimiento para abrazar un pragmatismo materialista que siembra desigualdad y resentimiento. Como escribe con atinada resignación el aforista, ahora los manantiales de la nueva civilización se remontan a Bill Gates y Steve Jobs, quienes han diluido por completo las sombras germinales de Platón y Aristóteles.
   Cristalizan en los aforismos de Ramón Andrés atisbos de armonía y concordia; en su diversidad buscan distanciarse de la estridencia para nombrar “la plenitud de existir sin reparar en ello”; el gozo de encontrar en la literatura una salida de emergencia cuando “la tierra acoge y el mundo expulsa”. 
 
 
                     JOSÉ LUIS MORANTE

 

 

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