jueves, 22 de octubre de 2020

POÉTICA EN DOS LENGUAS

Ahora que es tarde
Poesía 1990-2020
José Luis Morante
Prólogo de Antonio Jiménez Millán
La Garúa Editorial / Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2020

 

E-MAIL

 

               Bajo la noche solos,

               usando las palabras

               como inconscientes varas

               para tocar lo otro

 

                                IDA VITALE

 

El mensaje conciso,

sin tallo emocional,

sin hojarasca;

sólo el misterio

de la transparencia

y el hilo concesivo

del discurso coherente.

Que el teclado perciba

desnudez, eficacia,

y la respuesta fiel

del mensajero.

 

 

 

Traducción al francés de MIGUEL ÁNGEL REAL


E-MAIL

            Sous la nuit seuls,
            utilisant les paroles
            comme des bâtons inconscients
            pour toucher autre chose
 
                        IDA VITALE
 
Le message concis
sans tige émotionnelle,
sans feuillage ;
rien que le mystère
de la transparence
et le fil concessif
du discours cohérent.
Que le clavier aperçoive
la nudité, l’efficience
et la réponse fidèle
du messager.
 
 
        (De AHORA QUE ES TARDE, La Garúa Editorial, 2020)


miércoles, 21 de octubre de 2020

LOS QUE NIEGAN EL PAN Y LA SAL

El sitio exacto
Imagen
de
Archivo Pxfuel

 

                                                   

LOS QUE NIEGAN EL PAN Y LA SAL

El espejo del sueño me redime
de la edad y del tiempo

FRANCISCO DÍAZ DE CASTRO


   Hay que estudiar por qué el dichoso virus afecta a los principios matemáticos y al hecho de contar. Si se dan cifras oficiales de los fallecimientos en China son nueve o diez, cifra estupenda y creíble en un país que tiene mil trescientos millones de habitantes y una demografía transitoria y sin regular de más de doscientos millones. Si habla de puestos de trabajo futuro el presidente Sánchez augura ochocientos mil empleos, en un momento de pérdida del diez por ciento del producto interior bruto, de casi cierre de la actividad económica y de retraimiento extremo del consumo interior. Si cuentan los infectados diarios los responsables sanitarios de la Comunidad de Madrid serán cuatro o cinco - y todos en el Puente de Vallecas-, aunque el número real sobrepase los cuatro mil. Es innegable, por tanto, que la Covid desconoce el uso matemático de los números cardinales; ahora son espejismos y no elementos mentales para medir la exactitud. Oníricas cifras de quien cuenta con los dedos de la mentira.

  Una de las cicatrices más evidentes de nuestro tiempo es el rencor, ese largo garabato en el ánimo que exige la cercanía de una víctima en las aceras sociales. Encontrar un culpable ilumina el fracaso propio. Si uno es un pésimo escritor que solo deja borrones líricos, es muy fácil decir que el Premio Nobel de Louise Glück es un reconocimiento fallido. Obviamente lo que manifiesta es que su tontología verbal merece reconocimiento galáctico y no sabe por qué solo conocen sus libros el amante del cuarto y los abuelos del pueblo. Si uno falla en la gestión de la pandemia, el culpable es siempre la insólita presidenta de la comunidad de Madrid, aunque el asunto sea igual en París, Londres o Nueva York. Y si uno percibe indicios inconstitucionales en las actitudes del gobierno sobre la renovación del poder judicial, como subraya la Unión Europea,  lo mejor es pensar que el parlamento es inoperante en vez de buscar acuerdos. Y mientras, en cada amanecida, el rencor dejando su floración diaria en las aceras.

El comportamiento de muchos universitarios practicando vomitivos botellones, y de grupos sociales, desconectando su actitud de la prevención de la pandemia, evidencian que algunos hombres no descienden del mono sino que personifican el eslabón anterior, aquel que usó barro amorfo para moldear el cerebro. Muy chocante ver colegios mayores universitarios convertidos en etílicos planetas de los simios.

Con frecuencia, me asomo a muros digitales ajenos para actualizar un poco mi desconcierto. Y siempre lo consigo. Vivimos en un laberinto de cínicos, ambiguos, paternalistas e inquisidores cuya prepotencia convive con la buena gente. Pero no buscamos salidas sino tapiar vanos y puertas.

Un estallido en la conciencia: la decapitación en Francia de un profesor de historia por mostrar en las aulas las caricaturas de Mahoma, aludiendo a a la libertad de expresión como un derecho inalienable. El sueño de la religión engendra monstruos.

Tristeza; compruebo que las anotaciones de mi diario pertenecen a un sujeto deshabitado; un yo que convierte la autobiografía de Cioran en puro optimismo.

(Apuntes del diario)








martes, 20 de octubre de 2020

REVISTA CULTURAL 142, NÚM. 7, OCTUBRE-DICIEMBRE, 2020

142 Revista cultural
núm. 7, 7 Euros
Octubre-Noviembre- Diciembre 2020
Dirección: Paco González Fuentes
Ferran González
Suscripciones: revistacultural142@gmail.com

 

DESTELLOS

 

   Amanece la séptima entrega de la publicación 142 en pleno confinamiento pandémico y en un ambiente literario que muestra alarmantes síntomas de pesimismo. Es obligado, por tanto, felicitar a sus directores Ferran González y Paco González Fuentes por mantener el plazo de edición trimestral y seguir ofreciendo una propuesta cultural de excelente diseño y contenidos complementarios.
   El número concede a la poesía protagonismo vertebrador. De modo que sirve de apertura una entrevista de Ferran González al poeta, novelista, ensayista y crítico literario Toni Montesinos. El escritor ha publicado un intenso ensayo biográfico sobre Walt Whitman, circunstancia convertida en hilo central del diálogo, para comentar el periplo biográfico y el contexto histórico en el que adquirió fuerza su forma de entender el hecho literario.
   Por su parte, la conversación de Paco González Fuentes con José Luis Morante –se me disculpará que esta vez hable de mí- aborda los treinta años de escritura poética, integrados en la antología Ahora que es tarde, un volumen publicado por La Garúa editorial, al cuidado de Joan de la Vega y de la experiencia de un quehacer literario diverso que aglutina crítica, poesía y otros géneros.
   Otras entrevistas completan las indagaciones en facetas creativas como la música, la plástica visual o la narrativa. La dedicada al músico Faustino Núñez Pérez, con textos de Esther Paredes y Ferran González, recorre un trayecto profesional que busca, en su construcción progresiva” un estado de asombro y serenidad”. El diálogo entre Ricardo Benaim, creador visual, y la profesora e investigadora Daniela Pérez Larralde sondea el drástico contexto de la alarma sanitaria, su textura de soledad y la necesidad de reinventarse a través de un taller en línea, concebido como viaje para compartir sensibilidad, emociones y vivencias. La experiencia de vivir construye la conversación con Ernesto Pérez Zúñiga, poeta, narrador y autor de Escarcha, una novela de aprendizaje; lo cotidiano es solo la punta del iceberg de un territorio repleto de emociones, sentimientos e incertidumbres, en el que la infancia siempre se refugia como semilla de identidad afectiva.         
  Con su doble enfoque creador de poesía y relato, el apartado integra textos poéticos de César Rodríguez de Sepúlveda, Roxana Sánchez Seijas y Llanos Monteagudo Ródenas, completando sumario con un relato de Graziella Moreno.
  Como entreactos temáticos, los artículos breves muestran diversidad en sus hilos argumentales. Del exilio republicano y de la amplia diáspora de trasterrados se ocupa P. G. F. recordando el recorrido humano y literario de José Gaos. Por su parte, Marina Casado sondea la poesía como voz en el tiempo y cómo se hace nervio generador en Galdós y en las versiones cinematográficas. Palabras, recuerdos y paisajes conducen al pasado para mostrarnos la frágil condición del existir y la continua pérdida de nuestros refugios personales más añorados. Solo queda aspirar al tiempo de los dioses, esa forma de inmortalidad que se cobija en los mejores versos, dice la poeta que acaba de ser galardonada con el Premio de Poesía Carmen Conde.  El análisis de F. Javier Gallego Dueñas extrae uno de los temas musicales que definieron el final del franquismo y el cielo auroral de la Transición, el tema de Cecilia “Un ramito de violetas”; desde ese enfoque explora la sociología del secreto, cuya verdadera naturaleza, según su excelente definición “no es la ocultación sino la transmisión controlada” de su silencio comunicativo. Y clausura este abanico de artículos breves la mirada social de Laura Antonia Bosch Torres en “Mujeres supervivientes”, una evocación de su quehacer con mujeres víctimas de malos tratos y violencia machista. El análisis del problema requiere desterrar estereotipos  e ideas como al fragilidad femenina y su dependencia económica. Hay que impulsar procesos de liberación en el proyecto de una vida propia, expuestas en ejemplos concretos que sirven como didácticas de voluntad y superación afectiva.    
   Plural y actualizado, el escaparate de “Propuestas de Lecturas” recuerda entregas de Joan Margarit, Marcela Serrano, Joseph Roth  y Olga Tokarczuk, entre otros. La mirada a la estantería se enriquece con el análisis de Anna Miralles de la novela Las tres de la mañana de Gianrico Carofiglio, ficción sobre las relaciones paterno filiales, publicada hace unos meses por Anagrama. 
   La portada de esta séptima entrega de 142 admite una lectura simbólica; es un faro cuya silueta se refleja en el sosegado fluir de la corriente. Sería bueno pensar que, a pesar de este momento social penumbroso y de escarcha, la cultura sigue iluminando, conecta con los sentidos y la inteligencia, sigue nutriendo el engranaje emocional del yo para poner en los pasos cotidianos un poco de regreso y esperanza.





domingo, 18 de octubre de 2020

JUAN IGNACIO GONZÁLEZ. EN TIERRAS COMO ESTAS.

En tierras como estas
(Poesía reunida, 1985-2020)
Juan Ignacio González
Prólogo: José Carlos Díaz 
Epílogo: José Luis Morante

  

TESELAS DEL CAMINO

 
   En la genealogía del poema se mantiene como verdad normalizada que nunca es solo una estrategia expresiva, abierta a modulaciones y matices, sino una forma de realización personal y de asumir, hasta las últimas consecuencias, el propio destino. Desde ese ámbito de compromiso con la condición de ser amanece, desde el impulso de BajAmar Editores, la producción total de Juan Ignacio González (Mieres, 1960), profesor universitario, integrante y fundador del grupo Cálamo y editor de varias colecciones poéticas. En tierras como estas reúne un intervalo creador de treinta y cinco años, desglosado en once entregas. Permite, por tanto recrear el trayecto completo de una voz que mantiene en el tiempo un fértil ritmo de trabajo y una lealtad de fondo al ideario realista. Los sucesivos andenes alumbran influencias y magisterios y así lo manifiesta, con cercana lucidez, la apertura de José Carlos Díez, que indaga en el recorrido desde su amanecida y en los elementos biográficos que han impulsado algunas entregas. Con enfoque similar, el epílogo insiste en la unidad orgánica del trabajo, la paulatina evolución y la importancia que tienen en la arquitectura literaria los significados y experiencias de la intersección entre sujeto y tejido social; ambos se definen desde un tiempo histórico concreto que moldea arquetipos sentimentales, ideológicos y éticos.
     El amanecer literario usa como umbral  Cuaderno de aves para un príncipe (2004-2011). El escueto principio de un solo poema emplea el monólogo dramático para dar luz a una identidad desgajada. El procedimiento, como se recordará, fue muy utilizado en el despegue culturalista de los años setenta, cuando alcanza su máxima expresión la caligrafía veneciana. El recurso está presente también en composiciones de El libro de las horas, lo que propicia en la expresión directa un sesgo enunciativo, donde adquieren rango la objetivación testimonial y el sustrato anecdótico. Léase, por ejemplo, el emotivo poema “Sobre la tolerancia, 1966”, marco evocador sobre el yo autobiográfico.
   El tema amoroso se aúpa en Otros labios, acaso, donde los acordes pensados del deseo evidencian el bálsamo de luz de la belleza y el intenso erotismo de los juegos carnales. Pero el nudo argumental sugiere otras perspectivas como el inciso reflexivo del solitario o la personificación y rescate de voces del canon como J. Milton, Rimbaud, Leopardi o G. Lorca que expanden otra sensibilidad vivencial del legado emocional del sujeto. Distinto es el contexto creado en El cuaderno de la ceniza donde la idea de temporalidad y acabamiento, evocada en la voz introspectiva de Seferis, de Andrade y Valente, percibe en el fluir cúmulos de pérdida y ceniza. La culminación del estar es el despojamiento de cualquier plenitud que tantea un tiempo de memoria y olvido. Esa percepción de finitud y melancolía sobrevuela también en Cuando enero fue pasto de las llamas; en su desarrollo toma forma una rebeldía amansada por el terco latido de los días, que aleja del protagonista lírico el vuelo de los sueños. Alrededor crece la ausencia, el denso respirar de sombras y certezas que acabarán tendidas en el barro de la decepción. El tejido sentimental y las palabras salvan, sostienen con cimientos humildes un canto renacido de esperanza.
   En el puzle de J. I. González Los nombres de la herida es tesela central. Rescribe un largo paseo interior en el que afloran las cicatrices marcadas en la piel del tránsito; la veta argumental trasciende la realidad concreta del sujeto para asomarse a las grietas de un ahora convulso que atestigua en su rostro plural las marcas del camino. En esta entrega ocupa sitio el poema homónimo “En tierras como estas” que contiene las coordenadas definitorias del existir: salir al día es trazar la estala de un nomadismo que depara un contradictorio aprendizaje vivencial, y un afán de sosiego que busca sitio y raíz para quedarse. Otras anotaciones acentúan el sedimento indagatorio. Conforman percepciones crepusculares que acercan a un paisaje otoñal, hecho de soledad y dolor, en el que se van disolviendo inadvertidas las líneas que marcaron el mediodía luminoso de la infancia.
  La fortaleza expresiva del título El cuaderno de la guerra (y algunas notas sobre la paz) perfila la dimensión social de la entrega y los supuestos escenarios bélicos; pero también el tejido épico del vivir al paso, sabiendo de antemano que la realidad fuerza la previsible derrota. Queda entonces el peso del poema, su capacidad para dar voz a los desheredados o para poner nombre a las cosas, buscando sus aristas de verdad y belleza. Los versos construyen refugios de esperanza donde preservar maltrecho el intimismo; como alentara el eco fuerte de Joan Margarit: la poesía es la última casa de misericordia, una terapia para apaciguar los surcos de la herida.
  La senda renueva energías en el último tramo del camino y suma Los jardines en ruinas, un espacio verbal del romanticismo por el carácter simbólico que conecta la erosión exterior de la belleza con el ánimo interno del yo frente al paisaje. Quien escribe interroga la razón del poema; la palabra es imán que congrega emociones y pautas sensoriales, pensamientos, olvidos y regresos. El poema es también un eco fuerte de un legado cuyos versos reescriben la fuerza del amor, las crónicas del héroe o el frío entre las manos del invierno vital.
  El balance incorpora la pulpa metaliteraria en el libro Decir lo que no importa. Si los límites del lenguaje son los límites del yo, los vocablos alientan el latido de ser, miden la estatura del hombre, formulan un epitafio largo de preguntas que no buscan respuestas. Y queda como cierre del códice verbal Cuaderno del confinamiento donde un ahora de incertidumbre y miedo que constata la fragilidad y la clausura del sujeto en el envés del sueño. El silencio llama a la puerta, recuerda otros silencios de la historia que reencuentran su sitio en las palabras, y en un rincón oscuro del ocaso preserva la esperanza del regreso.
   En tierras como estas de José Ignacio González es una casa de poemas grande y espaciosa en la que se acomoda la existencia y anida la incertidumbre de ser. El diario de un viaje, sin héroes ni épica, que registra en sus versos la voz de un personaje cercano y humanista, compartiendo memoria y sueños. El afán de escritura nunca se distancia del muro frágil de lo colectivo, ese espacio que sigue buscando amanecida y abrazo, que proclama en silencio que la palabra será siempre audible melodía, la sombra en vela de algún sueño.


viernes, 16 de octubre de 2020

ACERCA DEL SUEÑO (TRADUCCIÓN DE MIGUEL ÁNGEL REAL)

Niñas en el mar
Joaquín Sorolla
(Óleo, playa de Valencia, 1909)

            

ACERCA DEL SUEÑO
                            
                      A Irene

 

Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.
 

 AUTOUR DU REVE

A Irene

 

Qu’est-ce que le rêve, me demandes-tu,
avec la naïveté accablante
de celle qui présuppose ma réponse.
Et j’évite l’écueil
en modulant une phrase convulsée
dans la rhétorique des désarrois.
Je te dis : le don généreux
que la fatigue obtient de la nuit,
un brin de lumière qui gravit l’ombre,
l'envers d’une histoire
quotidienne et absurde ;
toi-même, ma fille,
chacun de tes mots, chaque geste.
Je ne sais pas si le rêve
est l’apanage de l’homme
ou si les animaux et les choses partagent les rêves.
De même, j’ignore quel fil tisse
leur texture de soie,
quelle hauteur trame
leur présence hermétique
ou quelle boussole guide
le sillage de leurs voyages.
Je sais qu’il y a des rêves tristes et joyeux,
sombres et diaphanes,
occasionnels et obsédants ;
je sais aussi qu’il y a des rêves si beaux
que le temps les gracie et ils persévèrent,
et jamais ils ne vieillissent.
 
II

 

    Para Ana


Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.
 
 
 
II
     Pour Ana
 
Il y a des rêves qui, une nuit,
consument leur existence
et d’autres qui se prolongent avec les jours.
Les premiers ressemblent
à une espèce commune de lépidoptères
et ils finissent par être la proie
du débarras et de la poussière,
comme une expérience avant-gardiste.
Les autres éclairent de très légères planètes
comme des étoiles filantes qui convoquent
des traversées multiples et hasardeuses.
Devant notre regard leurs figures composent
un paysage céleste,
matière intangible au repos serein,
où habite la lune du désir.
 
 
                                          (De Causas y efectos, 1997)

Traducción al francés de Miguel Ángel Real

 

jueves, 15 de octubre de 2020

VICENTE ALEIXANDRE. EL VIGÍA EJEMPLAR

El vigía ejemplar
Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898- Madrid, 1984)
Archivo personal del poeta 

 

LA POESÍA DE VICENTE ALEIXANDRE

  

   En el ensayo Dios es azul. Poesía y religión en la Generación del 27[1] la profesora e investigadora Nuria Rodríguez Lázaro indaga el aleatorio marco que define el concepto «Generación» cuando se aplica a la nómica poética del 27. El aserto grupal no se formula hasta los años cincuenta y, aún entonces, fertiliza incontables reparos críticos. Solo adquiere solvencia si se asume como estrategia de análisis para abordar con mirada totalizadora un contexto histórico que nunca niega la individualidad. Al cabo, cada poeta vive desde los límites del yo su experiencia creadora. Personifica un exilio interior que aglutina carga autobiográfica –el transcurso existencial abastece incansables veneros temáticos- y los incontenibles trasvases relacionales entre sujeto y entorno. Es en la intersección de ambos núcleos donde precisa se revela la identidad pautada del escritor en el tiempo. La fisonomía colectiva requiere cierta fe en el conjunto de rasgos comunes que, conforme a las tesis de Julius Petersen, expuestas en su obra Filosofía de la Ciencia Literaria[2], abarcarían estos factores: a) herencia o continuidad de carácter y espíritu con magisterios y predecesores del canon, b) fecha de nacimiento coincidente, punto de partida en un mismo año o en años muy próximos, c) homogeneidad formativa y afinidad de sustratos educativos integrados en las escalas mentales, d) comunidad personal y vivencias histórico-culturales compartidas, e) experiencias generacionales y creaciones coetáneas que conforman y abarcan una etapa evolutiva simultánea, f) existencia de un guía organizador, modelo o mentor, y de ideales determinados, que conceden al intervalo temporal significación, g) cultivo de un lenguaje trasversal, concebido como organismo vivo y con metabolismo mudable y activo; y por último h) anquilosamiento o presencia crepuscular de la generación precedente. Conviene meditar cómo se reafirman estas cualidades en la voz de cada poeta y en su carácter reflexivo e introspectivo. En la voluntad común del 27 la conciencia de grupo y amistad está presente en los recuerdos autobiográficos y en las variadas manifestaciones escritas de sus integrantes. Así lo reflejan los prolijos epistolarios, donde se hace sustrato la voluntad de recalcar, con más o menos intensidad, una estela común, y se percibe en las abundantes dedicatorias mutuas a medida que el quehacer creador afronta iniciativas y deja constancia de la pluralidad estética. El poeta y ensayista Francisco J. Díaz de Castro analiza así la vigencia del aporte plural:   

              El hecho de que no se resistieran al uso –ajeno y propio de la palabra “generación" a  la vuelta de pocos años pudo deberse a varias razones a la vez. Una de ellas, a la modernidad de un concepto que tanto Miguel de los Santos Oliver, como Azorín, como Ortega, entre otros, había esgrimido para sustentar una visión de la literatura reciente y que, entendido de manera laxa, les ajustaba bien. Otra posible razón obedece a una estrategia literaria nada ajena al diverso propagandismo de las vanguardias, que en ellos estaba reforzado por el intenso sentido de amistad.[3]

    En esa convivencia de contemporáneos que constituye casi una actividad permanente, Vicente Aleixandre conforma una personalidad paradigmática. Ilustra en el conjunto el maltrecho continuismo poético que provocó la Guerra Civil de 1936-1939 y el inacabable itinerario de la dictadura. Con sitio propio en el entorno anquilosado de la España interior del franquismo, se convertirá en figura esencial con un resonante itinerario creador que culmina con la concesión del Premio Nobel de Literatura. Desde su sedentario estar en la casa de Velintonia 3, en el madrileño Parque Metropolitano, creó durante medio siglo un ineludible punto de observación de la realidad poética española. Fue el vigía ejemplar. Escucha y centinela siempre insomne, y generoso mentor de amanecidas poéticas...".

VICENTE ALEIXANDRE: el vigía ejemplar

JOSÉ LUIS MORANTE

Université Jean Monnet

Saint Etienne

Congreso: NUEVAS PERSPECTIVAS SOBRE LA GENERACIÓN DEL 27



[1]  Nuria Rodríguez Lázaro, Dios es azul. Poesía y religión en la Generación del 27, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2015.

[2] Julius Petersen, Filosofía de la ciencia literaria, México, primera edición en castellano en Fondo de Cultura Económica, 1946.

[3] Francisco J. Díaz de Castro,  Poesía, pasión de vida. Ensayos y estudios del 27, Málaga Centro Cultural de la generación del 27, 2001, pág.  13.

[4] Luis Cernuda, «Vicente Aleixandre» (1950), recogido en Prosa II, en Obra completa volumen III, edición a cargo de Dereck Harris  y Luis Maristany, Madrid, Ediciones Siruela, Colección Libros del Tiempo, 1994, pág. 201.


miércoles, 14 de octubre de 2020

LOUISE GLÜCK. ARARAT

Ararat
Louise Glück
Traducción de Abraham Gragera
Editorial Pre-Textos, Colección Cruz del Sur
Valencia, 2008

 

ROMPER LO FRÁGIL

  

   La concesión del Premio Nobel de Literatura de la Academia Sueca genera una incontenible tormenta verbal que suele ser más riñas de gatos que opiniones y vislumbres inteligentes. Eran candidatos transeúntes Adonis, Margaret Atwood, António Lobo Antunes, Anne Carson, Haruki Murakami o Javier Marías. Pero la ganadora anunciada el día 8 de octubre de 2020 fue Louise Glück, poeta y ensayista norteamericana de reconocido palmarés cuyos libros están en el catálogo de Pre-textos desde hace casi dos décadas. Gracias al traductor de Ararat, el poeta Abraham Gragera conocí la poesía de Louise Glück (Nueva York, 1943) a finales de 2008. En una grata tertulia madrileña, donde intercambiamos libros, Gragera recalcó el ideario figurativo y el aire frágil de aquellos poemas donde lo autobiográfico se convertía en vigoroso argumento. Así que para introducirse en el faro de Louise Glück, formado por una decena de poemarios, entre los que sobresalen Praderas, AraratAverno y El iris salvaje, es recomendable sondear en elementos biográficos que tienen una simbiosis misteriosa con el material poético. Nacida en la metrópolis, pasó una ensimismada primera infancia en Long Island de contornos sombríos, trazados por el fallecimiento de una hermana antes de que ella naciera, que disolvió la armonía familiar. Tejió silenciosamente una fuerte voluntad lectora, que creció en la adolescencia cuando se diagnosticó una anorexia incontrolada. La enfermedad exigiría un prolongado tratamiento de psicoanálisis y la interrupción de su formación académica en Columbia. En este tiempo es cuando aflora su poesía,. cuyo despertar poético supone una imitación de los modos poéticos de William Blake, T.S. Eliot y W. B. Yeats. La prolongada soledad y la terapia le permiten una indagación profunda en las secuencias vitales y un cuestionamiento del clima relacional. Esas dolorosa incisiones no se oculta tras nubes metafóricas, sino que la palabra se convierte en terapia objetiva, como escribe en la indagación crítica Educación del poeta o en el rescate evocativo de Ararat, cuya configuración explana las relaciones familiares, la extrañeza, la sensación de estar fuera de sitio, el proceso erosivo de lo cotidiano y el precipicio final. Son aspectos descritos, como subrayaba la comunicación de Anders Olsson, presidente del comité del premio Nobel, con austeridad minimalista, que enuncian enfoques de grisura desde una ética muy exigente que busca trascender el intimismo emocional. Por tanto, la clave argumental de Ararat es la familia, grupo de cohesión donde los vínculos afectivos exigen una intensa relación, como parte del crecimiento personal. Pero la perspectiva de Louise Glück en estos poemas es el desasosiego, una relevante vigilia que revisa grietas y necesidades nunca cubiertas. El yo poético muestra una potente capacidad observadora que asimila y rechaza secuencias vitales. Así amanece un método reflexivo que cuestiona la realidad interna del núcleo familiar. Cada miembro ha sido expulsado del paraíso para afrontar sufrimientos y absorber sentimientos contradictorios. Así se gesta una identidad separada, un esqueje no exento de frustración que busca clarificar su experiencia emocional. Ararat propicia una imagen autobiográfica en la que el hablante lírico intenta romper su fragilidad. Su voz revisa estereotipos sin estridencias, con un lenguaje lacónico, sin la tela cálida de los adjetivos. Como ha manifestado, al comentar su estética despojada, Louise Glück hace poesía en el páramo verbal: “Me atraen las elipsis, lo no dicho, la sugerencia, el silencio elocuente y deliberado. Lo que no se dice, para mí, ejerce un gran poder: a menudo desearía poder hacer un poema completo con este vocabulario. Es análogo a lo invisible, por ejemplo, al poder de las ruinas o las obras de arte dañadas o incompletas”. Poesía que hace de la humildad una aspiración mística y una cicatrización, para que las palabras encuentren su lugar y su afán de conocer. Latido humano y sangre tibia que surgen de la vida y la experiencia de un yo ubicado en el caos, que se sabe fuera de lugar y se amarra al poema y la esperanza.