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| Oficio de callar José Luis Morante Mahalta Editorial Ciudad Real, 2026 |
Puentes de papel
José Luis Morante
jueves, 30 de abril de 2026
HABITAR RESQUICIOS
miércoles, 29 de abril de 2026
NADAR EN SECO
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| La atracción del abismo Fotografía de Adela Sánchez Santana |
Su orfandad recolecta
el rastro delator de la raíz,
la herida de quien abre
los párpados del agua.
muestra la superficie
una espesura
que presiente en silencio
la colisión del fondo.
desdice la distancia;
impulsa más brazadas
hacia el barro salobre.
me carcoma.
Sacudo el agua ausente.
En los brazos maltrechos
hay fragmentos de mí.
martes, 28 de abril de 2026
RODOLFO SERRANO: HOTEL EN LAS AFUERAS
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| Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947) |
DESDE EL PONIENTE
Una luz amarilla y gastada alumbra la distancia entre la madurez y el camino de vuelta de la senectud. Es un recorrido vital que enseña a bajar la voz y moldea, en la esfera de todos los relojes, el instante gastado de un presente continuo. Ya no resulta necesaria la prisa. El ahora convierte su cronología en un lugar doméstico, una sala de estar con ventanas a la memoria y con tertulia sensitiva con el pasado. Lo vivido muda en constante página en reconstrucción, donde todo tiene la textura de lo contingente. Solo las cuestiones esenciales de cada ecuación diaria preservan las incógnitas sin resolver.
La palabra poética se convierte en crónica vital. Mira, con los ojos casi cerrados, un futuro que se diluye lentamente, mientras sus pasos rezagados conducen a ninguna parte. Mañana es un horizonte especulativo, un tranquilo páramo mesetario ajeno al maquillaje ampuloso y grandilocuente de la celebración. El pensamiento secuencia su fluir apoyado en la lógica de lo real, en la percepción sensible que depara el juego de impresiones de lo cercano. Así que la poética se convierte en una invitación a la confidencia sobre los procesos vitales que conducen al escepticismo y la decepción, al umbral del olvido.
Siempre que regreso al quehacer literario de Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947) el yo poemático muestra un cálido carácter confesional. El poema se convierte en un espejo privado que necesita ahondar en lo que permanece y en la validez de la experiencia. Los versos alumbran un espacio compartido, una senda llena de sensaciones que recorre los paisajes interiores de la naturaleza humana. La voz explora los rasgos del sujeto marcados en el tiempo e indaga en la identidad de quien sale a descubierta desde la meditación para acercarse a sí mismo.
Abunda en el poemario Hotel en las afueras la soledad desnuda de quien hace recuento de algunos paraísos perdidos: el amor, la belleza, la pasión, el deseo o aquellas arquitecturas sentimentales que cobijaban sueños, ilusiones y esperanzas. La voz de quien recapitula sobre la existencia como estela de adversidad y pérdida. Casi todo lo que tuvimos está detrás. El acontecer dibuja los relieves de un áspero mundo que muestra las cicatrices del trascurrir, mientras sobrevuela un aire denso, de melancolía y nostalgia. La felicidad parece una vivencia ajena, un reflejo fósil encerrado en resina. Como sugiere el título, se busca un refugio compartido, una trinchera a resguardo para suturar las heridas abiertas y proseguir ruta en el tablero de lo cotidiano, con la esperanza puesta en la evocación, aun cuando la memoria haya convertido en hábito la tristeza como ensimismada compañía. Toca vivir rebobinando fragmentos, siendo fiel en lo posible a los restos del naufragio.
lunes, 27 de abril de 2026
EL BIÓGRAFO DE BORGES
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| Poesía completa Jorge Luis Borges Editorial Alfaguara Madrid, 2026 |
El biógrafo de Borges
Con monolítico afán, labró durante una década una biografía de Jorge
Luis Borges. Se encerró en la buhardilla, ahuyentó compromisos, propició un
divorcio, y consultó la incontinencia escrita sobre el autor: ensayos, cuentos,
poemarios, reseñas, tesis, reescrituras y panegíricos circunstanciales. Tras la
enésima corrección de pruebas, se editó la obra. En las librerías aquella
novedad tuvo una presencia discreta y su autor nunca más hurgó entre las trabajosas
páginas de aquel libro. Nadie percibió la única errata, una azarosa paradoja. En
el paréntesis vital confundió fechas. Anticipó la muerte en Ginebra ochenta y
siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus ligero que hubiera entusiasmado
al mismo Borges.
(Del libro Fuera de guion, Lastura, 2024)
domingo, 26 de abril de 2026
UNA CONVERSACIÓN CON AITOR FRANCOS
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| Templo de Karnak, Luxor (Egipto, 2026) Fotografía de Adela Sánchez Santana |
Hacer antologías es, la mayor parte de las veces,
granjearse enemistades. Seleccionar, decidir...sobre todo entre los autores
contemporáneos, es difícil, y Paso
ligero es un libro polémico (no sé si adrede), que da que hablar.
¿Dudaste mucho?
La vida literaria es un capítulo menor que gente ensimismada como yo no
escucha demasiado. Es verdad que los afectos y desafectos dejan turbulencias en
el ánimo, pero sería insólito escribir un libro pensando en los efectos sociales
secundarios y no en los contenidos. Mi experiencia como antólogo mitiga mucho
las reacciones afectivas; creo que hasta la fecha las propuestas compilatorias
buscan definir un criterio personal, un gusto lector macerado por el hábito
crítico: lo hice en Re-Generación
(Valparaíso, 2015) y 11 Aforistas a
contrapié (Liliputienses, 2020). Y guardo muy hermosos recuerdos de ambos
libros. Descarto que una antología sea una siembra de rencores, es el trabajo
intenso de un especialista que hace de su tiempo un generoso aprendizaje de la
obra ajena. Escribo con la certidumbre de quien busca escribir un libro
necesario (lo sea o no) y alejado de exclusiones y menosprecios.
Soy un degustador continuo de las novedades aforísticas del ahora, así
que no descarto en absoluto que la próxima entrega como crítico sea yuxtaponer
esas reseñas y mostrar una panorámica del presente minimalista.
Dudo mucho, sí, mis libros no tienen nunca un argumento definido,
reescriben sobre la marcha y cambian de rumbo para mostrar otros andenes. No
creo en los itinerarios cartesianos, que muestran todas las incógnitas
resueltas y ya saben el resultado final.
En el largo proceso de gestación de Paso
ligero barajé otros títulos, claro, que perduraron hasta la entrega al
editor; aquí también hay que elegir y apartar los rechazos.
La huella del aforismo habita en mis poemas desde el principio; las
primeras críticas, cuando comentaban mis libros iniciales, publicados en el
arranque de los años noventa, señalaban a menudo la importancia “aforística” de
los cierres poéticos, esos versos que culminan, como una veleta, la casa del
poema. Leí muy pronto Ideolojía, la
edición de Antonio Sánchez Romeralo sobre los aforismos de Juan Ramón Jiménez y
he tenido la fortuna de disfrutar del contacto con aforistas referenciales para
mí como Carlos Edmundo de Ory, Ángel Crespo, Dionisia García y tantos otros,
como Manuel Neila, Ricardo Virtanen y Javier Sánchez Menéndez que han marcado
mi forma de entender la escritura, mi pasión por lo mínimo.
Aunque mi centro sea el aforismo lírico, viajo continuamente a la
periferia de otras etiquetas críticas y en ellas también me siento muy cómodo.
Es lógico que el estudio se haya centrado en los siglos XX y XXI, partiendo del auge que ha tenido el aforismo en ese marco de tiempo, al menos en España. ¿Sientes, no ya solo como ensayista y crítico, también como escritor de aforismos, muy separadas las líneas entre lo que se está gestando en España y lo que va surgiendo en países de Latinoamérica o de habla hispana?
(La presente entrada es un fragmento de una entrevista del poeta, aforista y antólogo Aitor Francos. La entrevista completa se publicó en 2024 en 142 REVISTA CULTURAL )
sábado, 25 de abril de 2026
RODOLFO SERRANO/RAÚL CANCIO: MIRADA Y VERBO
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| La mirada y el verbo Rodolfo Serrano / Raúl Cancio Prólogo de Joaquín Estefanía Kasbah Editorial Madrid, 2025 |
INSTANTES SUSPENDIDOS
La introducción de Joaquín Estefanía “El tiempo en el que fueron inmortales” arranca de esa complicidad de cercanía que dejan los pasos entrelazados en la redacción. Han pasado los años y el ahora va adquiriendo un matiz crepuscular. Pero persisten las voces emotivas de la evocación, ese anecdotario que traza el perfil del recuerdo compartido y los rasgos singulares de su presencia creadora, más allá de la experiencia solidaria.
El preámbulo insiste en que imágenes y textos están perfectamente imbricados con la realidad. La palabra y el verbo se dan la mano para recobrar las dispersas teselas del pasado y concretar los vuelos del instante suspendido, de esas vivencias irrepetibles que el tiempo deja entre las manos. Resalta el carácter unitario entre textura visual y el meditado orden poético. Ambos suman pasos para la búsqueda de un sentido orgánico a través de ese lenguaje dual. El emotivo prólogo es un buen umbral. Anticipa la senda verbal de Rodolfo Serrano y la densidad conceptual que guardan las imágenes de Raúl Cancio.
La palabra poética de Rodolfo Serrano alumbra una voz figurativa, dispuesta a ser testigo de lo que sucede. Pone de relieve un recorrido exploratorio que convierte el entorno en material literario, en territorio de inmersión y búsqueda, de rescate y retorno a la claridad. Ese ámbito, no pocas veces penumbroso y sombrío, ofrece una visión subjetiva y sentimental. Llegan como involuntarias protagonistas del poema la soledad, la desolación y los recuerdos, acaso embellecidos por la memoria para certificar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Se cobijan entre los versos mínimas historias que se solapan entre sí y suceden como si la existencia negase la posibilidad de un mundo en calma, ni siquiera en los sueños, aunque el yo poético se empeñe en rescatar una amanecida de luz. El sujeto verbal afronta el respirar como un empeño en recordar las ciudades que amó, ahora vistas como siluetas inmóviles que recorta una puesta de sol. Llega la oscuridad y un estar triste que rememora un amplio listado de cosas pendientes. Cada vez más, la existencia asume un aleatorio descenso hacia sombra. Abre las manos para dejar en ellas el ébano tenaz de la tiniebla, la oscuridad y el desconcierto. El tedio de la tarde, descrito con versos concisos y lacónicos que dejan la conciencia de ser una presencia frágil, ya instalada en el derrumbe físico y en la vencida arqueología de la soledad. El ser ahora es un tantear pausado, con las asimetrías del fatigoso transitar que permite volver a casa, aunque no haya nadie.
Todos los poemas de Rodolfo Serrano argumentan una clara disposición enunciativa y emplean una dicción cercana y limpia, en la que cabe una realidad cercana, que deja grietas y hendiduras para el onirismo y la fantasía. Los textos mantienen una serena continuidad visual con las fotografías de Raúl Cancio. En ellas predominan los grises y negros, una estela de secuencias, repletas de emoción, que deja sus picotazos en la retina. La existencia cotidiana es luz y sombra, el despertar sentimental de la esperanza y las débiles señales del camino que lleva hacia el crepúsculo. Las imágenes recuerdan las páginas sueltas de un cuaderno de luz que habla en silencio. Se abren al testigo con un grueso epitelio sentimental. En ellas, persiste en la conciencia la sensación de finitud y soledad, como se plasma, con el intimismo confidencial de su escritura, las composiciones de Rodolfo Serrano.
La mirada y el verbo dibuja rincones de una realidad signada por un tono existencial. Los poemas nacen desde el fluir de una conciencia que retorna al pasado y pierde el rumbo, que capta secuencias vitales marcadas por la soledad y el desamparo, por un largo recorrido que se demora hasta el fin de la noche, en el que se van sumando indicios de oscuridad y contingencia: “Vivir en paz es fácil. Sobre todo / a estas altas edades en que uno / tiene más añoranza que deseos. / Y el recuerdo es solo niebla del pasado”. La conciencia de ser se va despojando de pretensiones; las manías y rarezas se van borrando y solo se presta atención a un cielo limpio que invita a vivir el ahora sin brújulas ni mapas. Real o simbólica, la noche está ahí, con su laberinto de imágenes, con su tacto oscuro, como un espejo que acogiera en el frío de su superficie las sombras interiores, la desnudez de un corazón a solas que quiere estar en paz con todos.
JOSÉ LUIS MORANTE
viernes, 24 de abril de 2026
DESDE RIVAS
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| Senda y memoria (Rivas Vaciamadrid, 2026) Fotografía de Adela Sánchez Santana |
DESDE RIVAS






