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viernes, 30 de junio de 2023

JOSÉ ANTONIO OLMEDO (ed.) [EX]CENTRICIDAD

[EX]CENTRICIDAD
11 exopoetas que abren camino
en la poesía española contemporánea (1959-1986)
José Antonio Olmedo (Editor)
Editorial Celya
Colección Generación del Vértice
Toledo, 2022

 

 DISIDENCIAS

  

   Ignoro cómo dilata el discurrir diario José Antonio Olmedo (Valencia, 1977), pero ha logrado en un plazo muy breve de tiempo perfilar la realidad consolidada de un quehacer literario múltiple. Su taller aglutina poesía, investigación crítica, narrativa, aforismos, crítica de cine y columnas de prensa. Esa solvencia creadora ha dejado títulos de gran interés para el lector y, sobre todo, propicia una perspectiva muy amplia de la realidad poética contemporánea a la que ha dedicado los ensayos Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea 2010-2017, coeditado con el poeta y narrador Gregorio Muelas, y El pájaro en la rama. Conciencia del tiempo y tiempo de la consciencia en la poesía de Ricardo Bellveser (1977-2020).
  El volumen [Ex]centricidad, subtitulado “11 exopoetas que abren camino en la poesía española contemporánea (1959-1986)” compila voces líricas cuya condición identitaria es la disidencia. Los antologados personifican la disgregación de etiquetas gremiales y espacios normativos para afrontar la  dinamización del lenguaje como recurso metaficcional, propiciando estrategias y claves estilísticas, más allá de la ingeniosidad y de la ruptura de lo gregario.
  El prólogo de José Antonio Olmedo va precedido de un fragmento de la carta enviada a los escritores seleccionados. El antólogo busca “… Disidencia vocacional, irreverente, no violenta, indagadora, creativa y posiblemente, motor de nuevas tendencias. Poetas en un exilio voluntario de la llamada normalidad poética”. Tras el proyecto editorial del investigador está el estimulante propósito de recorrer la periferia orbital de nuestra lírica asumiendo, con pleno conocimiento de causa, otros modos de representación más allá de las supuestas premisas discursivas.
   De especial interés resulta el despliegue conceptual del prólogo. José Antonio Olmedo parte del contexto histórico porque supone que el material de cimentación de la expresión artística disidente está ligado a la situación de crisis. La convulsa inestabilidad social del presente tiene como vértices conjeturales la exaltación abrumadora del liberalismo económico, la desigualdad norte-sur, la deshumanización tecnológica y los conflictos armados alentados por las superpotencias. Son ámbitos destructivos que marcan su correlato en el hecho poético y que generan desde el poder actitudes de censura, control y estardarización, tendentes a crear una obra de arte homogénea, canónica y gregaria, hecha desde un discurso unidireccional. Ante esta situación la exopoesía es conflicto, ruptura, reacción preceptiva y formal.
   La nómina integrada en [Ex]centricidad está formada por los escritores Ramón Campos, Cleofé Campuzano, César Márquez, Blanca Morel, Eddie (J. Bermúdez), Nuria Ruiz de Villaspre, David Trashumante, Nieves Salvador, Julio César Galán, David Acebes y Eva Hiernaux. Son escritores nacidos entre 1959 y 1986, que pertenecen a diferentes generaciones y con idearios estéticos singulares, manifestados en las poéticas que sirven de entrada a la selección textual. La automirada conforma un soliloquio sintético; clarifica propósitos substanciales que dan la espalda a la erosión del tiempo y proporciona una contemplación en primer plano. En esta toma de conciencia de la materia poética los enfoques son muy divergentes: César Márquez opta por las teselas fragmentadas y concisas del aforismo con la certeza de que se marchita el misterio cuando se hace explícito y se nombra: “Una negra molestia: hacer, decir”, “Elevarse para hablar de la tierra”, “¿”Yo”en poesía? Todos y ninguno. Común elevado. Todas las personas del verbo. Pueblo”. Nuria Ruiz de Villaspre pone como andamio de su reflexión poética un enunciado del poeta serbioo Vasko Popa que alude al carácter inefable y no teórico de la escritura. La poesía es temblor, captura en tránsito, vuelo y raíz al mismo tiempo. Ramón Campos traslada a su poética abundantes elementos gráficos que resaltan el carácter fragmentario del ideario, muy lejos siempre de la lírica narrativa y discursiva. Blanca Morel ha sostenido en el tiempo una indagación reflexiva, asomada al fluir de la conciencia y la condición transitoria del yo. La poesía se hace cuestionamiento y profundidad, revelación abierta que sondea lo sublime desde el cuerpo y la mirada. Toda antología poética se asienta sobre una presencia clave y este es el papel que conjuga y personifica Julio César Galán, cuya investigación sobre el heterónimo y la identidad ha propiciado algunos ensayos imprescindibles. El poeta de Cáceres busca la heterodoxia; una escritura con carnalidad, hecha de sensaciones que exhibe también los elementos sonoros del poema. Su ideario aglutina un fragmentado despliegue formal que se organiza en cuatro acordes o etapas poéticas que alumbran una escritura en proceso que muestra también posibilidades inacabadas y tanteos expresivos. Eddie (J. Bermúdez) asocia su estilo con el poemario sin intermediarios teóricos. Su escritura protagoniza un viaje hacia dentro de la dicción, un continuo proceso introspectivo para que germinen los cambiantes matices de la senda verbal y su realidad endogámica. Cleofé Campuzano  percibe el hecho poético como transformación de la realidad y como escaparate cognitivo en el que se reflejan las coordenadas vitales del sujeto pensante. Asumiendo la práctica poética como una disciplina artística extraliteraria, más próxima al arte conceptual que al trayecto literario, David Trashumante reivindica la funcionalidad del lenguaje y su disposición para generar espacios comunes con otras disciplinas. Su escritura, por tanto, recrea la perfomance y los espacios de representación capaces de crear experiencias transformadoras en lo real. David Acebes apuesta por una poesía intelectual que plasma ideas y pensamientos. Supone que su obra poética aspira al palimpsesto, a esa ascensión de tachar lo escrito y sobreescribir de nuevo en ese vuelo inefable del poema ideal. Con caligrafía simbólica, plena de onirismo, Nieves Salvador Bayarri se acerca a la poesía desde la plenitud de la sensación; así postula una lectura interna de la palabra más allá de la epidermis del lenguaje y de la supeficie tangible de lo real. La poesía es un acto de libertad, una génesis del yo que se transforma a sí mismo para descubrirse. Por último, Eva Hiernaux suscribe una poética concebida como refugio capaz de gestionar relaciones internas entre el mundo y la identidad del sujeto. Una epifanía que se construye con materiales de la tradición y con las percepciones de otros que prestan sus perspectivas y sus enfoques argumentales; por tanto el poema es un ejercicio artesano que requiere esa luz final que lo singulariza y llena de claridad.    Recordemos una obviedad musculada en el tiempo: cada antología es un error. Es un lugar común del quehacer crítico, pero es también la certeza de que cada selección subjetiva cuestiona presencias y ausencias, responde a la voluntad fraguada del editor y a su incansable empeño reflexivo. José Antonio Olmedo articula en [Ex]centricidad una aldea gala, una estación de raros donde conviven idearios líricos que buscan lo intangible en el acontecer del poema. Y el resultado es una excelente invitación a lo distinto, una concentración de asombros que superan la moralina figurativa para explorar otras galaxias de la creación, esos puntos negros que son siempre apertura a la luz.



JOSÉ LUIS MORANTE


   
 
 

 

lunes, 26 de junio de 2023

ÓSCAR DE LA TORRE. LOS REALES AUSENTES

Los reales ausentes
(Antología. Heterónimos)
Óscar de la Torre
Prólogo de Julio César Galán
Editorial El Sastre de Apollinaire / Poesía
Madrid, 2022

 

MÁSCARAS
 

 
   Ningún poeta español contemporáneo investiga con más solvencia y hondura el fenómeno de la heteronimia literaria que Julio César Galán (Cáceres, 1978). El profesor universitario extremeño impulsa una senda poética fuerte, que integra las salidas El ocaso de la aurora (2004), Tres veces luz (2007), Márgenes (2012), Inclinación al envés (2014), El primer día (2016), Testigos de la utopía (2017) y la última amanecida lírica Un adiós abierto (2023), impulsada por la editorial Pre-Textos. Este empeño de búsqueda de una voz singularizada se expande en las propuestas creadoras de sus heterónimos Jimena Alba, Luis Yarza, Pablo Gaudet, Horacio Alba, Rafael Fuentes y Óscar de la Torre. El inventario de máscaras ha dado pie a una poesía especular que empuja ensayos, manifiestos cuadernos aforísticos y artículos breves. Un material de compañía que concede claves lectoras y clarifica referentes culturales, propósitos del taller y biografías imaginarias.
  El volumen Los reales ausentes, firmado por el personaje Óscar de la Torre, compila una antología de poemas de algunos heterónimos. Julio César Galán firma en el prólogo el necesario cuaderno de instrucciones sobre la otredad, una epifanía identitaria vivida hasta el extremo que disgrega el yo para habitar la experiencia de ser otro a través del lenguaje. Tras el desconcierto del hablante concreto y subjetivo, condicionado a recorrer una indagación limitada, está el estimulante camino ficcional de asumir otra conciencia y otros modos de representación.
   De especial interés resulta la información bibliográfica de cada heterónimo porque supone el material de cimentación de la memoria y su capacidad evocadora y expresiva. Así, el antólogo Óscar de la Torre (Bello, Teruel, 1973) es doctor en Sociología por la Universidad de Salamanca y desempeña un persistente quehacer investigador que tiene como vértices conjeturales el misticismo, la heteronimia, y el estudio de epígonos poéticos españoles de nuestra tradición.
   También se ahonda en el ideario estético de cada uno de los seleccionados, lo que, sin duda, sirve de brújula para enriquecer la lectura intuitiva de las composiciones. Jimena Alba, por ejemplo,  necesita la música para vislumbrar sus claroscuros existenciales y su resentimiento en horario continuo sobre las trincheras de la vida literaria. Más sosegado y transcendente, Luis Yarza percibe la cercanía del entorno natural y alienta un cántico de celebración y espiritualidad, haciendo del paisaje un recorrido anímico, una contemplación dialogal llena de briznas de luz. En sus versos cobija el cielo abierto de la espiritualidad y el rescate de tradiciones culturales como la sefardí, plena de sensualidad e intimismo. El heterónimo Pablo Gaudet, siempre proclive a la exploración reflexiva, añade una amplia muestra de sus libros ¿Baile de cerezas o polen germinando? (2010) y ¿Una extraña orquídea o un superviento estelar?, donde respira un ideario poético que acoge el fluir de la conciencia y el latido sentimental de lo emotivo, siempre singularizado frente a la presencia del otro. Poesía con carnalidad, hecha de sensaciones que busca también los elementos sonoros del poema y un fragmentado despliegue formal.
   Julio César Galán pluriemplea su voz mediante cosmovisiones ficcionales que exigen su propio estilo poético y la trama semántica de un perfil social e ideológico. En su cultivo de la heteronimia protagoniza un viaje metafísico que da voz a la ausencia a través de una personalidad proteica, desde donde afloran los cambiantes matices de la realidad interior. Si el yo nos encierra en el sitio angosto de nuestra identidad, las presencias ficcionales de los heterónimos permiten una modulación polimórfica del pensamiento lírico. Nace así una coral de reales ausentes que se asienta en otras coordenadas vitales y establece nuevas direcciones al sujeto pensante desde un yo diverso que niega a quien lleva dentro, un estar sedentario y remansado, para ser otro.
 

JOSÉ LUIS MORANTE





sábado, 6 de noviembre de 2021

JULIO CÉSAR GALÁN. CON PERMISO DEL OLVIDO

Con permiso del olvido
Antología poética (1996-2020)
Julio César Galán
Prólogo de Antonio Ortega y Marco Antonio Núñez
Epílogo de Eduardo Espina
Pre-Textos, Colección La Cruz del Sur
Valencia, 2021
 


BOSQUE ADENTRO

   El amplio intervalo temporal que acoge la antología Con permiso del olvido de Julio César Galán (Cáceres, 1978), acotada entre 1996 y 2020, permite conocer con minuciosa perspectiva una modulación incesante. La obra asienta su razón de ser en la autoexploración lingüística y en el propósito transgresor, no exento, en ocasiones, de opacidad por el uso de una simbología hermética. Así lo ratifiqué en su día al comentar la selección propia Ahora sí, donde estaban representadas cinco entregas del autor, con apertura crítica de Antonio Ortega. Buena parte de la senda argumental del estudioso se reitera en el umbral “La escritura de Julio César Galán. Apuntes para una topología poética” escrito en colaboración con Marco Antonio Núñez. Gran especialista en la travesía versal de Julio César Galán y en su concepción constructiva, Antonio Ortega, junto a Marco Antonio Núñez, recuerda dos aspectos que permiten una interpretación programática de esta arquitectura. Por un lado, el magma conceptual de una identidad que supera el enclaustramiento limitado para transformarse en urdimbre de un relato diseminativo; el yo genera variaciones, se disgrega en entidades autónomas separadas entre sí, que adquieren un perfil de singularidad polifónica. La segunda clave advierte sobre la dimensión formal del texto, desde su presentación gráfica hasta el potencial de tramas referenciales. Con ambos asideros el breve ensayo sondea los pasos cronológicos del poeta y la progresiva solidez de la pulsión creadora ante lo contingente. La excavación ratifica el tanteo, habla del inacabamiento del poema y de la incierta realidad proteica del espacio exterior.
   El fresco indagatorio conecta con la praxis textual cuyo paso inicial es El ocaso de la aurora (2004) publicado en su día con una introducción de Miguel Ángel Lama. Quedan fuera los libros de poesía firmados con los heterónimos Luis Yarza, Pablo Gaudet y Jimena Alba; son propuestas que han disuelto la monotonía de una identidad concluida y deslían en el afuera poético sensibilidades complementarias. Con criterio retrospectivo, la primera página, la ya citada epifanía El ocaso de la aurora se considera una insinuación de signos, un cumplido segmento de aprendizaje donde se refugia el fluir de la conciencia y su magma de pérdidas, olvidos e incertidumbres hasta asumir una soledad progresiva, huérfana de certezas. Será reescrito parcialmente en Tres veces luz (2007), salida impulsada como nuevo empeño de claridad auroral. Los poemas iniciales dejan una sensibilidad evocativa e intimista, que humaniza las cosas y borra distancias entre la esencia interna del hablante verbal y el territorio entornal, como espacio de contemplación y quietud. La dimensión del contexto es percibida desde una observación meditativa que agrieta la superficie y se hace profundidad. En un diálogo lúcido que debe superar en el tiempo la sensación de continua irrealidad. El poema se hace ascensión cognitiva, busca altura sobre el nivel del mar, un aprendizaje de las distancias que enseña a caminar, desde la constancia, hacia un horizonte lejano, sin la necesidad de mirar hacia atrás.   
  La tercera página Márgenes fue reconocida en 2012 con el Premio Villa de Cox. Las composiciones dan voz a una senda existencial de continua mudanza, lumbre y luz renacida. Es tiempo de amor y calma, propicio a la rememoración y la esperanza. La plenitud sentimental es canto y júbilo que hace de la otredad paisaje franco donde buscar respuestas; casi la edad del paraíso; los versos son canto celebratorio, pupilas con la alegría por dentro.
  La voz que gesta Inclinación al envés (2014) quiebra el conformismo y rompe enlaces con el cauce anterior. Como si el poeta abriese un nuevo ciclo, al que se sumarán en el tiempo El primer día Testigos de la utopía, las directrices del poema son definidas como “poesía non finito”. Se muestra a través del esbozo,  del boceto, mediante imágenes que parecen inacabadas y de sentido abierto. El texto retiene los momentos del proceso creador. Se guardan versos desechados o, mejor, versiones expresivas que descosen un único sentido; y se añade a pie de página  la punzada estricta de una idea objetivada. Las notas conforman ceniza digresiva que diluye los límites concretos del texto. El poema profundiza significados, como si velase claves u optara en el avance por desaprender y preguntarse de nuevo. La línea de horizonte argumental abre fisuras para alojar la enfermedad y el horror. Solo las palabras abrigan. Solo el poema, en cuya escritura se hilvanan fragmentos críticos, teselas metaliterarias o impresiones personales que clarifican la naturaleza del título; de este modo Inclinación al envés no es sino el empeño de fusionar en un punto de encuentro la sensación de estar dentro o fuera, la idea de hacer visible lo invisible mediante variaciones, tanteos y reescrituras, asumiendo que, más que la consumación del resultado, el proceso es el fin.
   El primer día (2016) opta por una intensa libertad transgresora. Desde la ruptura, recupera textos antiguos y los somete a revisiones y reescritura para asumir sensaciones atemporales. La textura absorbente del pasado humedece el ahora y construye planos simultáneos. El verso es posibilidad, despliegue de conexiones, caligrafía de una escritura subjetiva, barroca, intertextual, que deforma el sentido lógico para abordar itinerarios alternos –poesía non finita, intrapoesía, poesía especular…-, reconstruidos con el despliegue de elementos que convierten al poema en un espacio maleable con pluralidad significativa.
   Percibo en el aserto Testigos de la utopía (2017)  una semántica de esperanza y cumplimiento. Con él aborda Julio César Galán un núcleo básico, el viaje migratorio, una incisión autobiográfica en Argelia y Mallorca en un tiempo arrumbado por los desajustes económicos y la aleatoria distribución del mercado laboral. De este modo la existencia se hace errancia y nomadismo en un territorio donde se acrecientan el desarraigo, la condición de extranjería y el estar solo. Del mismo modo, escribir el poema es tantear materiales y mostrar la travesía procesual; es fluir y alejarse, crecer con otra savia que busca puntos de fuga.
   El volumen anticipa composiciones de un próximo libro, Un adiós abierto, cuya disposición formal concede la apariencia de una yuxtaposición de textos que proponen conexiones insólitas o aperturas de sentido aparentemente caóticas. El tratamiento discontinuo de asuntos alienta más la sensación que la glosa, como una destilación de la conciencia en la que se licúan recuerdos, voces del afuera, evocaciones o estelas oníricas. 
   El poeta y ensayista de Montevideo Eduardo Espina añade un epílogo interpretativo en torno a la hermenéutica innovadora de Julio César Galán y a su libre albedrío rupturista. De alguna manera dialoga con Correos a los editores (2021) propuesta ensayística aparecida casi al mismo tiempo de Con permiso de olvido que abre interpretaciones y expone procesos constructivos a partir de respuestas editoriales. La obra se construye a partir de cartas con tonalidades alternas que capturan rechazos, sugerencias, asentimientos y propuestas, en suma; el peso del lenguaje dialogal.
   La antología Con permiso del olvido nos adentra en una poética signada por el riesgo y la singularidad. Exige un lector activo que no acomode su percepción a la semántica impuesta por el manso cauce de la tradición, y desdeñe el empleo de una terminología asentada en un contexto histórico concreto. El conjunto hace visible la realidad indagatoria del avance y la asunción de incógnitas en la resolución formal y en las rupturas de sentido. Poesía indefinida, signada por la metafísica del boceto, que hace de la escritura un espacio abierto, tensional, ajeno al perímetro. Poesía germinal de sorpresa y asombro, que nunca olvida aquella amonestación de Frank O’Hara:”No seas aburrido, no seas flojo, no seas trivial”.

JOSÉ LUIS MORANTE

  
 
 
 

viernes, 4 de enero de 2019

JULIO CÉSAR GALÁN. AHORA SÍ.

Ahora sí
Julio César Galán
Editorial Huesos de Jibia (HDJ)
Argentina, 2018



SELECCIÓN PROPIA


   Doctor en Ciencias de la Educación y profesor universitario con amplio quehacer docente, Julio César Galán (Cáceres, 1978), ensayista y poeta, alienta un trayecto lírico que hace de la experimentación norte de la escritura. Sus entregas, desde el poemario de amanecida Tres veces luz (2007) hasta el volumen Testigos de la utopía (2017), inciden en el ser magmático del lenguaje y en su capacidad para expandir estrategias formales y significados a partir del uso de recursos expresivos personales y de una heteronimia, que convierte el ser literario en un solista polifónico. Un ego proteico, capaz de acometer mutaciones identitarias que postulan singulares enfoques creadores y reflexivos.
   La selección Ahora sí permite adentrase en esta compleja trama creadora, mediante los poemas de cinco entregas ordenadas por fecha de salida editorial y representadas por composiciones de extensión variable. El crítico Antonio Ortega, siempre afín al magisterio decostructivista de Derrida y Barthes, aporta un texto de cubierta en el que expone su visual combativa respecto a la crítica tradicional, que para él no deja de ser una elemental interpretación programática y una tradición logocétrica; más allá de la infantil generalización que hace del bosque un ensamblaje de árboles iguales, deja dos o tres aseveraciones de interés: “se trata de mostrar las distintas vías de un poema en sus múltiples notas, versos excluidos, lecturas integradas, versiones, correcciones…”, contingencias que hablan del inacabamiento del poema y de la incierta realidad del mundo. Son dos ideas con vuelo, que deben constatarse a partir de la cribada selección de textos.
   El clima germinal de la antología se comenta con brevedad en la nota introductoria. En ella se contextualiza la retrospectiva que abarca un paréntesis de dos décadas, desde 1997 hasta 2017, y en el que se yuxtaponen seis entregas, aunque el paso inicial, El ocaso de la aurora, es considerado por el autor un trazado de tanteo, un aprendizaje reescrito parcialmente en la salida El primer día, por lo cual Tres veces luz, como se ha dicho, aparece como luz auroral.
  Los poemas iniciales siembran una sensibilidad evocativa e intimista. En su sencillez concentrada se perciben los reflejos de una entidad que humaniza las cosas y establece con ellas hacendosas correspondencias, que busca cobijo en sus fisuras para los desajustes del yo y confía en su recepción. En el estar del sujeto se hace fuerte el sentimiento crónico de irrealidad, un aprendizaje de las distancias que enseña a caminar, desde la constancia, hacia un horizonte lejano, sin la necesidad de mirar hacia atrás.   
  El segundo itinerario, Márgenes fue reconocido en 2012 con el Premio Villa de Cox. Las composiciones abren ventanas a un paréntesis existencial de tregua y mediodía. Es tiempo de mudanza, propicio al recuento y la rememoración, donde el vuelo sentimental mantiene su calma vertical que hace de la otredad paisaje franco; los versos son canto celebratorio, alba sin nieblas.
  El fluir como ejercicio de invención y alzada cobra fuerza en las composiciones de Inclinación al envés. Como si se abriese un nuevo ciclo, el poema aloja versos desechados y añade al pie de página apuntes digresivos que clarifican situaciones reflexivas. También aumenta el referente cultural, donde la lectura adquiere un carácter medular. El poema profundiza significados, como si velase claves, o el avance optara por desaprender y preguntarse de nuevo. Las palabras se borran para que sus significados se desvanezcan en la incertidumbre, como si la línea de horizonte abriese sus fisuras para alojar vacíos. Uno de esos vacíos es la enfermedad porque su impacto revierte la conciencia para dictar un tiempo de fragilidad y espera. Una nota (Página 49) habla de un centro poético construido desde la definición del horror, de ese descubrimiento en el cuerpo del tumor que hace recorrer en un instante la distancia entre joven y viejo, mientras queda patente que el dolor no enseña nada, salvo el miedo. Solo las palabras abrigan. Solo el poema.  
  En algunos momentos la textura que adquiere alguna nota a pie de página recuerda el quehacer de un diario. En su escritura se hilvanan fragmentos críticos, teselas metaliterarias o impresiones personales que clarifican la naturaleza del título; de este modo Inclinación al envés no es sino el empeño de fusionar en un punto de encuentro la sensación de estar dentro o fuera, la idea de hacer visible lo invisible, el trance de ser al mismo tiempo autor y protagonista del relato; en suma, el cauce paradójico de la escritura.
   Los poemas de El primer día recuperan textos antiguos y optan por la revisión y la reescritura para asumir sensaciones atemporales. La textura absorbente del pasado humedece el ahora y construye planos simultáneos. El verso es posibilidad, caligrafía subjetiva que deforma el sentido lógico para abordar itinerarios alternos, reconstruidos con el despliegue de elementos que convierten al poema en un espacio maleable, con pluralidad significativa.
 Una mirada abierta concede al título Testigos de la utopía una semántica de esperanza y cumplimiento. Con él cierra el singular proceso de su escritura Julio César Galán en torno a un núcleo básico, el viaje migratorio, una de las incisiones especulares de un tiempo arrumbado por los desajustes económicos y la aleatoria distribución del mercado laboral. De este modo el caminar hacia la lejanía se hace errancia y nomadismo obligatorio. El territorio se ocupa pero se acrecientan el desarraigo, la condición de extranjería y el estar solo, abocado a otro origen. Retornar es buscarse; del mismo modo, escribir el poema es tantear materiales para superar la contingencia, es fluir y alejarse de lo desechado, es crecer con otra savia que asciende sin cauces establecidos. 
   La poesía de Julio César Galán evidencia una cuidada elaboración en su propuesta formal, mantiene un singular sentido rítmico en el que se entrelazan el afán de ruptura y la tonalidad evocativa del discurso intimista. En Ahora sí se percibe el recorrido unitario, capaz de sumar tonalidades alternas que capturen la simetría emocional y el peso activo del lenguaje.
   La selección que acoge en su catálogo Huesos de Jibia enuncia la capacidad poética de Julio César Galán. Es una llamada a la disidencia de un lenguaje lineal, de esos trayectos acabados que no integran puntos de retorno. La antología reflexiona sobre las certezas existenciales y los claroscuros e imposiciones de un devenir que exige “hacer de la escritura poética un ejercicio de traducción”, una trasferencia de significados y significantes que hace de la posibilidad un proceso cumplido, un ahora sí.





domingo, 25 de mayo de 2014

JULIO CÉSAR GALÁN. SIGNOS Y PÁJAROS.

Inclinación al envés
Julio César Galán
Editorial Pre-Textos, Valencia, 2014

 
SIGNOS Y PÁJAROS
 
   Nuevo lugar de encuentro. Me enfrento por primera vez con la poesía de Julio César Galán (Cáceres, 1978), a pesar de su bagaje creador y de sus sondeos en una identidad múltiple que ha creado heterónimos como el ornitólogo Luis Yarza, el vitalista Pablo Gaudet y la inconformista Jimena Alba. Así que me viene bien apoyarme en algunas entrevistas digitales y en el asidero del prólogo, una introducción de Juan Andrés García Román, firmada en el futuro, ese tiempo especulativo en el que apenas quedan indicios, con una zona cero para recordar que la tradición lírica murió por reiteración y agotamiento. Buen comienzo para alertar sobre una poesía que borra cualquier afinidad con una estructura argumental basada en el intimismo autobiográfico y que considera al poema como un ensayo sensitivo, una definición que amalgama en el verso reflexión metaliteraria y percepción, o lo que es lo mismo: razón y sentimiento. 
   Una nota inicial confirma el dilatado espacio de escritura de un libro que integra composiciones escritas entre 2004 y 2013 y que es sólo un vértice de una trilogía, conformada por las entregas Tres veces luz y  Márgenes. Sólo queda, tras las citas de apertura estar atentos a la respiración del poema que nunca se concibe como meta final sino como una obra abierta a las variantes, en el que tienen sitio marcas textuales que sugieren otros itinerarios, otros puntos de fuga.   La poesía de Julio César Galán nace desde la indagación, no es un reencuentro con las pavesas preservadas en la memoria; por eso es una lírica de interpretación compleja para la subjetividad del receptor. El sesgo enunciativo del discurso no crece en línea recta, a través de un avance cuya brújula es un soporte anecdótico; los versos buscan imágenes - el pájaro es un símbolo reiterado-que confían en la sugerencia y en la imprecisión: “No era un día más en la tierra, / las manos difuminan tanto sus formas / que deshacen sus bordes. / la claridad es siempre una presencia, / ha dejado de ser una abstracción, / ya puedo acariciarla “.
  El ser del poema nace de lo que se intuye, es una forma abstracta que resalta su presencia y genera una fuerza expansiva, un impulso que traspasa lo concreto para definir una filosofía que consiga entender el misterio de espacios y tiempos.   En las notas finales el poeta adopta la identidad del erudito para abrir nuevos significados. El material glosado es muy diverso. Se clarifican pormenores del taller de autor citando versos excluidos y se citan textos complementarios que fueron detonantes poemáticos; en último término, las notas sugieren una faceta más del poemario a través de la prosa con definiciones muy precisas como la que sigue: “Soy Inclinación al envés, libro de poesía que gira en torno a lo invisible y trata de hacerlo visible.  Que expresa –por decirlo rápido- la forma del vacío, que es indecible, y nos la devuelve convertida en ruptura e imprevisibilidad”.
   En el publicitado contexto poético actual, Julio César Galán aparece como un raro que se resiste a una caracterización gregaria. No sólo porque puedan buscarse sus predecesores más en la lírica latinoamericana que en la hispana – Raúl Zurita, Eduardo Millán o José Watanabe…- sino porque su poemario conecta con sensibilidades poéticas singulares como Julieta Valero, Yaiza Martínez o Juan Andrés García Román. Su poesía da forma a los interrogantes de la conciencia, sondea paradojas en las que el yo solitario coteja cicatrices y, al mismo tiempo, percibe la epifanía del amor, un pájaro simbólico que aletea en la luz.