viernes, 4 de enero de 2019

JULIO CÉSAR GALÁN. AHORA SÍ.

Ahora sí
Julio César Galán
Editorial Huesos de Jibia (HDJ)
Argentina, 2018



SELECCIÓN PROPIA


   Doctor en Ciencias de la Educación y profesor universitario con amplio quehacer docente, Julio César Galán (Cáceres, 1978), ensayista y poeta, alienta un trayecto lírico que hace de la experimentación norte de la escritura. Sus entregas, desde el poemario de amanecida Tres veces luz (2007) hasta el volumen Testigos de la utopía (2017), inciden en el ser magmático del lenguaje y en su capacidad para expandir estrategias formales y significados a partir del uso de recursos expresivos personales y de una heteronimia, que convierte el ser literario en un solista polifónico. Un ego proteico, capaz de acometer mutaciones identitarias que postulan singulares enfoques creadores y reflexivos.
   La selección Ahora sí permite adentrase en esta compleja trama creadora, mediante los poemas de cinco entregas ordenadas por fecha de salida editorial y representadas por composiciones de extensión variable. El crítico Antonio Ortega, siempre afín al magisterio decostructivista de Derrida y Barthes, aporta un texto de cubierta en el que expone su visual combativa respecto a la crítica tradicional, que para él no deja de ser una elemental interpretación programática y una tradición logocétrica; más allá de la infantil generalización que hace del bosque un ensamblaje de árboles iguales, deja dos o tres aseveraciones de interés: “se trata de mostrar las distintas vías de un poema en sus múltiples notas, versos excluidos, lecturas integradas, versiones, correcciones…”, contingencias que hablan del inacabamiento del poema y de la incierta realidad del mundo. Son dos ideas con vuelo, que deben constatarse a partir de la cribada selección de textos.
   El clima germinal de la antología se comenta con brevedad en la nota introductoria. En ella se contextualiza la retrospectiva que abarca un paréntesis de dos décadas, desde 1997 hasta 2017, y en el que se yuxtaponen seis entregas, aunque el paso inicial, El ocaso de la aurora, es considerado por el autor un trazado de tanteo, un aprendizaje reescrito parcialmente en la salida El primer día, por lo cual Tres veces luz, como se ha dicho, aparece como luz auroral.
  Los poemas iniciales siembran una sensibilidad evocativa e intimista. En su sencillez concentrada se perciben los reflejos de una entidad que humaniza las cosas y establece con ellas hacendosas correspondencias, que busca cobijo en sus fisuras para los desajustes del yo y confía en su recepción. En el estar del sujeto se hace fuerte el sentimiento crónico de irrealidad, un aprendizaje de las distancias que enseña a caminar, desde la constancia, hacia un horizonte lejano, sin la necesidad de mirar hacia atrás.   
  El segundo itinerario, Márgenes fue reconocido en 2012 con el Premio Villa de Cox. Las composiciones abren ventanas a un paréntesis existencial de tregua y mediodía. Es tiempo de mudanza, propicio al recuento y la rememoración, donde el vuelo sentimental mantiene su calma vertical que hace de la otredad paisaje franco; los versos son canto celebratorio, alba sin nieblas.
  El fluir como ejercicio de invención y alzada cobra fuerza en las composiciones de Inclinación al envés. Como si se abriese un nuevo ciclo, el poema aloja versos desechados y añade al pie de página apuntes digresivos que clarifican situaciones reflexivas. También aumenta el referente cultural, donde la lectura adquiere un carácter medular. El poema profundiza significados, como si velase claves, o el avance optara por desaprender y preguntarse de nuevo. Las palabras se borran para que sus significados se desvanezcan en la incertidumbre, como si la línea de horizonte abriese sus fisuras para alojar vacíos. Uno de esos vacíos es la enfermedad porque su impacto revierte la conciencia para dictar un tiempo de fragilidad y espera. Una nota (Página 49) habla de un centro poético construido desde la definición del horror, de ese descubrimiento en el cuerpo del tumor que hace recorrer en un instante la distancia entre joven y viejo, mientras queda patente que el dolor no enseña nada, salvo el miedo. Solo las palabras abrigan. Solo el poema.  
  En algunos momentos la textura que adquiere alguna nota a pie de página recuerda el quehacer de un diario. En su escritura se hilvanan fragmentos críticos, teselas metaliterarias o impresiones personales que clarifican la naturaleza del título; de este modo Inclinación al envés no es sino el empeño de fusionar en un punto de encuentro la sensación de estar dentro o fuera, la idea de hacer visible lo invisible, el trance de ser al mismo tiempo autor y protagonista del relato; en suma, el cauce paradójico de la escritura.
   Los poemas de El primer día recuperan textos antiguos y optan por la revisión y la reescritura para asumir sensaciones atemporales. La textura absorbente del pasado humedece el ahora y construye planos simultáneos. El verso es posibilidad, caligrafía subjetiva que deforma el sentido lógico para abordar itinerarios alternos, reconstruidos con el despliegue de elementos que convierten al poema en un espacio maleable, con pluralidad significativa.
 Una mirada abierta concede al título Testigos de la utopía una semántica de esperanza y cumplimiento. Con él cierra el singular proceso de su escritura Julio César Galán en torno a un núcleo básico, el viaje migratorio, una de las incisiones especulares de un tiempo arrumbado por los desajustes económicos y la aleatoria distribución del mercado laboral. De este modo el caminar hacia la lejanía se hace errancia y nomadismo obligatorio. El territorio se ocupa pero se acrecientan el desarraigo, la condición de extranjería y el estar solo, abocado a otro origen. Retornar es buscarse; del mismo modo, escribir el poema es tantear materiales para superar la contingencia, es fluir y alejarse de lo desechado, es crecer con otra savia que asciende sin cauces establecidos. 
   La poesía de Julio César Galán evidencia una cuidada elaboración en su propuesta formal, mantiene un singular sentido rítmico en el que se entrelazan el afán de ruptura y la tonalidad evocativa del discurso intimista. En Ahora sí se percibe el recorrido unitario, capaz de sumar tonalidades alternas que capturen la simetría emocional y el peso activo del lenguaje.
   La selección que acoge en su catálogo Huesos de Jibia enuncia la capacidad poética de Julio César Galán. Es una llamada a la disidencia de un lenguaje lineal, de esos trayectos acabados que no integran puntos de retorno. La antología reflexiona sobre las certezas existenciales y los claroscuros e imposiciones de un devenir que exige “hacer de la escritura poética un ejercicio de traducción”, una trasferencia de significados y significantes que hace de la posibilidad un proceso cumplido, un ahora sí.





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