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jueves, 25 de octubre de 2018

DÍAS SIN LUZ

Andar a solas



MISERIAS DEL PRESENTE

Desconfía de los que nunca ríen,
no son personas serias.

JULIO CÉSAR


   Las páginas de Cuadernos Hispanoamericanos (nº 820) difunden una entrevista con Luis Mateo Díez, realizada por Carmen de Eusebio con este fragmento: “El humor es un elemento esencial de la lucidez. Pertenece a la mirada más compasiva y comprometida, no como paliativo, sino como complejidad”. Sospecho que cuando nací hubo una distracción y mi humor se perdió en algún sitio. Así que busco a quién plantear una reclamación de urgencia.

   Escribir es descubrir… Pero qué.

   La ideología falsifica los sentimientos y la poesía. Se percibe de inmediato en la receptora del último Premio Nacional de Poesía Antònia Vicens. Convierte la entrevista de El País en una exaltación del independentismo y lleva al lodazal el estado de derecho de nuestra democracia. Un hecho absurdo que hace del ideario estelada mitinera. Los falsos argumentos transforman la inteligencia en arquitectura fantasmagórica.

   Hoy lo real tiene tal contundencia imaginaria que parece ficción pura.

(cuaderno de octubre)



lunes, 4 de junio de 2018

DISPERSAR NUBES ( Anecdotario II. Feria del Libro)

Itinerarios de papel
Fotografía Archivo general
Feria del Libro, 2018



DISPERSAR NUBES

(Anecdotario II)

Como humanos, tropezamos más de una vez
 en la misma piedra; pero siempre hay alguien
cambiándola de sitio.

                Miguel Cobo Rosa
(Tautogramas; Libros al Albur)

   Tras el propósito fallido del sábado, vuelvo con la calma matinal de quien espera un dispersar de nubes. Ayer la lluvia cayó por duplicado. La tormenta tenía el desborde pretencioso de quien busca señales de vida en el fastidio y la inquietud.
   Cae la moneda de la alegría y sale cara: encuentro con Luis Mateo Díez. Acude a firmar El hijo de las cosas (Galaxia Gutenberg, 2018). Es pronto aún y nos da tiempo a pasear bajo los árboles. Es muy afectivo; se detiene a cada paso, como si escuchase mejor el despertar de la memoria. Todavía recuerda los encuentros en Rivas, las tertulias comunes en la Plaza Mayor, o esa larga entrevista sobre su obra que publicamos en la revista Prima Littera. Me sigue agradeciendo la calle que tiene en Rivas, en el barrio de los escritores. Me emociono mucho, habla de un paréntesis existencial que ya pertenece al pasado. Prometo recogerle en Madrid y dar un paseo por ella, con el sosiego de sentir el homenaje de aquella etapa. Ya en la caseta, me firma la novela. Su registro ficcional parece inagotable.

   Antes de pasar por La Isla de Siltolá, acudo a Valparaíso Ediciones, pero no está Javier Bozalongo, y solo concreto la firma del jueves. Después me tomo un respiro y ejerzo de transeúnte curioso. Por allí, Alex de la Iglesia, con su textura habitual, como si tuviese que seguir rodando El día de la bestia. Me cruzo también con Ángel Gabilondo; lleva prisa y no puedo entregarle un libro; pocos saben que el político y profesor es un aforista y que formará parte de una antología de autores vascos que saldrá en los próximos meses.

   El mostrador de Renacimiento está repleto de novedades. Y paso a saludar a Christina Linares. Es entrañable. Como la afluencia del momento es pequeña, podemos hablar de esos géneros que sobreviven de espaldas al mercado como la poesía o el aforismo. Pero no hay pesimismo en sus palabras, sino afán de seguir fortaleciendo un catálogo poblado que muestra los muchos registros de la literatura contemporánea.

   Desde el interior de la caseta la feria se ve como un incesante deambular por una geografía fragmentaria. Se está cómodo entre libros y esa silla de tijera provisional, que amenaza plegarse en cualquier momento… El reloj camina con armonía: un poeta joven, Aitor Francos, que acaba de enviarme sus novedades y que siempre está lleno de afecto desde que hicimos aquella antología, Re-generación, que poblaba con veintitrés nombres propios la poesía contemporánea…Casi todos siguen publicando con fuerza, aunque también hubo errores, esperanzas que apenas se han concretado.

  Un amable paseante quiere algo de Góngora. No está. Otra afirma que es de Sevilla, que sabe dónde está la librería de Javier Sánchez Menéndez, que también es escritor; corrige mi callejero evocador de la ciudad andaluza y acaba sugiriendo que los libros carecen de ilustraciones. Son de poesía, aventuro. Sí, pero ahí está Mafalda y lo bien que quedan las viñetas…Si no, quién va a leer tanta letra. Eso sí, replico, rendido de inmediato a su lucidez brumosa. Si se cansan pueden leer aforismos…Que son cortos, Yo no sé, me dice, creo que son cuentos largos o así… Asiento, sí, la verdad en los aforismos hay mucho cuento…Se va tranquila. Nosotros nos quedamos también tranquilos.

Y llega Rosa Huertas y con ella la alegría de la evocación, el trabajo de estos años, el aula, la amistad…Vértices que demuestran que el todo siempre es mayor que la suma de las partes. Gracias Rosa. Muy feliz con tu presencia.

Un matrimonio quiere saber si para ser poeta hay que estar jubilado. Ella cree que es bueno hacer algo, aunque sean tonterías para los amigos. Él dice que solo aspira a pasar el día sin hacer nada. Los dos visten el pintoresco tejido reversible de la majadería. Por alguna grieta invisible se ha exiliado el cerebro. se van con el bufido de quien no acaba de estar cómodo entre tanto papel. Entiendo su cabreo: no hacer nada cansa muchísimo. 

Al salir coincido en el pasillo de autores con David de María. Nada sé de su música. En casa, mis hijas me sacan de dudas; su música ligera gusta e invita al meneíto bailón y tiene un recorrido de exitosos temas. Qué torpe soy; a ver si enciendo la pletina y lo escucho… Que no todo va a ser el Canon de Pachelbel.