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| "Pequeños vigías", Sal de Plata, 2012 |
A Patricia Jiménez, por estar.
Decepción. Ese globo vacío donde tanto cabe.
En el camino a trasmano, los pasos más arduos, el ritmo más lento, más incierta la llegada, los encuentros más agradecidos.
Derramado sobre el butacón, puntualiza erudito, con la suficiencia que conceden la calvicie y la barba de dos días: "Mis pareados no son haikus".
Menguan los años en el pausado giro de las convicciones.
Abro los ojos. Miro. Veo otra vez aquello que no existe.
