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| Pétalos con luz Fotografía del archivo entrejardines |
OLORES PERDIDOS
Con fija obsesión, cuando era niño solía agarrarme a las ramas del
ensimismamiento, silencioso y ausente, como quien cruza espejos. Don Emilio, el maestro, insistía en llamar mi atención con aspavientos teatrales. Hasta que su cansancio reconocía
lo inútil de su empeño y proclamaba en voz alta mi condición de raro, una cabeza
firme empeñada en plantar rosales árticos. Indeciso y sin brújulas yo
regresaba a casa. Sólo mi madre mostraba desacuerdos con el juicio docente. Me
abrazaba fuerte y alborotaba alegre mi flequillo. Después se perdía en el
mediodía incierto de lo diario o pasaba las horas en el patio, entre olores perdidos, deshojando
pétalos de luz.
(De Cuentos diminutos)
